Disclamer: Antes que nada y como siempre; los personajes y parte de la trama, así como los lugares pertenecen a la prodigiosa mente de Rumiko Takahashi, yo solo los uso para divertirme sin ánimo de lucro y ofrecer un final alternativo más para este maravilloso manga ^^

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Aviso Especial: Durante los próximos meses, muy a mi pesar, tendré que ralentizar la publicación de fanfics de este reto. ¡No voy a dejar de subir relatos! Pero los próximos meses en lugar de subir uno cada quince días, será uno cada treinta días, más o menos. Ha surgido un proyecto inesperado que me va a robar mucho tiempo, pero este reto especial seguirá en marcha, y espero recuperar los relatos que me haya dejado en el camino más adelante. Por lo demás me seguiré esforzando igual porque los relatos que suba sean de lo más entretenidos para vosotros. ¡Gracias por leer!

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Aviso 2: Este relato es post-manga, se desarrolla justo después de la temible boda fallida pero no tiene nada que ver con mis otros relatos pertenecientes a #TrilogíaJusenkyo. Sé que temporalmente se ubican en el mismo lugar en la historia, pero no están relacionados. Este relato es independiente, solo sigue al final del manga.

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Relato 13: 01/04—01/05

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Después de todo… Solo nosotros

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2.

Destrozos (1)—

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. . . Unas Horas Antes . . .

El eco de la explosión zumbó en sus oídos durante todo el tiempo que Ranma permaneció aturdido, pero solo fue consciente de ello al empezar a volver en sí.

A lo largo de su vida habían sido muchas las ocasiones en que un golpe, un ataque por sorpresa o una mala caída le habían dejado en ese confuso estado de semi consciencia. Lo conocía bien. Los primeros instantes después de que tus ojos vuelvan a enfocar y tu mente se llene de pensamientos, ocurren como a cámara lenta para ti.

Ranma parpadeó y sobre sí mismo alcanzó a ver ligeras volutas de humo, fruto de la explosión, deshaciéndose de forma perezosa mientras ascendían hacia el agujero del techo. Oía sonidos incoherentes, distorsionados y temibles a su alrededor; gruñó con rabia cuando el dolor volvió a activarse en su cuerpo y le costó reconocer su propia voz débil y chillona.

Intentó moverse, pero su cuerpo se sentía demasiado pesado, incluso siendo en su forma femenina. Resopló cerrando los ojos y deseó caer inconsciente de nuevo. Recordó lo último que había visto antes de que la bomba estallara ante sus narices y lo lanzara volando contra el suelo; el maestro Happosai se había bebido el nannichuan, hasta la última gota.

Ya no había esperanza.

Pero entonces su mente le señaló algo más importante.

¡Akane! Recordó súbitamente. ¡La explosión!

Ranma apretó los dientes e hizo un nuevo intento por moverse. Sintió un agudo dolor en su espalda que le sobrevino con tanta rapidez que gimió en contra de su voluntad. Logró girar la cabeza y sus ojos, que empezaban a aclararse, distinguieron figuras que se movían.

Sus oídos también empezaron a acostumbrarse al ruido atrapado entre las destrozadas paredes del dojo. Sí, Ranma oía voces, movimientos y pasos por todas partes. Intentó girar su cuerpo en alguna dirección y sintió la presencia de alguien que llegaba a su lado corriendo.

Un borrón negro, de voz aguda que le puso los pelos de punta.

—¡Ranma-sama! ¡Ranma-sama! ¿Dónde estás? —Kodachi arrastraba su horrendo vestido negro por los restos del suelo, mirando en todas direcciones con la ansiedad de un sabueso. El rímel se le había corrido formando dos surcos negros bajo sus ojos, el rojo de sus labios le emborronaba parte de las mejillas y se mordía el labio inferior con excesiva fuerza—. ¡Ranma-sama!

Ranma fue capaz de registrar todos esos detalles cuando Kodachi se inclinó a su lado para mirarle. El chico se temió lo peor, sin fuerzas para defenderse solo pudo sostener esa mirada nublada de locura; por suerte Kodachi no sabía que Ranma chica y Ranma chico eran la misma persona. Cuando reconoció a la resuelta pelirroja, hizo una mueca de disgusto, cogió de nuevo su vestido y se alejó gritando.

Ranma suspiró aliviado. Pero entonces, un poco más allá divisó otra figura, esta vez envuelta de blanco, que se movía sin problemas mirando a su alrededor también como si buscara a alguien.

—Akane… —gimió Ranma. ¡Parecía estar bien! El alivio le aflojó la tensión que agarrotaba su pecho y pudo removerse en el suelo con más facilidad. Intentó girarse para estar bocabajo; no sabía si podría andar, así que optaría por arrastrarse. Sin embargo chilló fuertemente por el dolor que le azotó al caer sobre su pecho dolorido. Apretó la mandíbula sin apartar sus ojos de la joven—. A-Akane… —Trató de llamarla, pero su voz también se vio afectada. Apoyó los antebrazos en el suelo y quiso incorporarse, pero quedó sin aliento—. Akane…

Entonces oyó la voz de su prometida.

—¡Qué me dejéis en paz!

Alzó la vista de nuevo y vio que tanto el maestro Happosai como Kuno la rodeaban.

¡No! Ranma lo intentó de nuevo y logró descargar su peso sobre sus brazos. ¡Dejadla o sino yo…!

—¡Akane, yo soy tu esposo! —gritaba alegremente el maestro. Saltaba alrededor de la chica intentando aferrarse a la falda de su vestido como lo haría una pulga repugnante a los pelos de un perro.

Akane giraba sobre sí misma sin quitarle los ojos de encima, rechazando sus acercamientos con certeros puñetazos.

—¡Akane Tendo! —Kuno se alzó sobre ella y su mano agarró el vestido—. ¡Debemos casarnos de inmediato!

—¡Apártate de mí! —Akane le asestó una patada que fue directa a su rostro.

Ranma vio que el chico caía hacía atrás, pero volvía a levantarse al instante.

—¡Akane Tendo, casémonos ahora!

—Akane… —Ranma empezó a arrastrarse hacia ellos. Tenía que ayudarla, tenía que proteger a su prometida de esa panda de enfermos así fuera con los huesos del cuerpo rotos—; ya… voy…

Lamentablemente no pudo avanzar demasiado cuando sintió un fuerte tirón en su brazo derecho que le incorporó con brusquedad. Le hizo chillar de nuevo y cerrar los ojos, al abrirlos tenía a Shampoo encima.

—¡Airen! ¿Tú herido? ¡Yo cuido!

La joven le apresaba del brazo, tirando hacia ella como si pensara levantarlo de ese modo. No pudo resistirse porque el dolor era terrible, pero casi inmediatamente sintió exactamente el mismo tormento en su otro brazo. Movió la cabeza y se topó con Ukyo.

—¡Ran-chan! ¿Estás bien?

Ranma cabeceó casi sin fuerzas y su sufrimiento aumentó sin remedio.

—¡Eh, tú! ¡Cocinera, soltar! ¡Yo ayudar Airen! —protestó Shampoo, tirando más fuerte de él hacia ella. Pero Ukyo no se quedó atrás ante semejante gesto e hizo lo propio, incluso con mayor brutalidad.

—¡Yo curaré a mi Ran-chan!

Ranma tosió, mareado y con nauseas en su estómago a causa del dolor.

—¡Soltarme las dos! ¡Ahora! —Miró a una y a otra, pero ellas solo se miraban con odio entre sí. Ranma volvió la cabeza una vez más, buscando a su prometida—. Akane…

La vio, entonces, saliendo del dojo y a Kuno y al maestro en el suelo, inconscientes. Debía estar furiosa…

La disputa entre ambas prometidas continuó pero Ranma estaba demasiado dolorido como para prestarles atención. Aprovechó para mirar a su alrededor y se sorprendió ante el bizarro espectáculo que se había montado.

El dojo estaba casi destruido pero la gente seguía llegando mostrando sus invitaciones a una Nabiki con la mano extendida ante ellos, exigiéndoles dinero por entrar; también estaba Kasumi dándoles la bienvenida con una sonrisa de diplomacia. Su tío Soun lloraba amargamente en un rincón, su padre rodaba por el suelo convertido en panda bajo la fiera mirada de su esposa que, aunque apretaba la katana contra su pecho, no parecía saber qué hacer con ella. Y para rematar, la profesora Hinako (que ni siquiera sabía de dónde había salido) estaba devorando los restos de la tarta nupcial destrozada.

A pesar del mareo, del dolor y la confusión que aún gobernaban su cerebro, Ranma recorrió el espacio con una mirada circular y se preguntó qué era eso que estaba viendo. ¿Era real? Porque no lo parecía. ¡No podía serlo!

Tiene que ser una pesadilla se dijo, de pronto, muy convencido.

Pero el dolor le recordó que no; aquello era sin duda la realidad. Su realidad.

Por fin, se soltó de las manos de las dos chicas y cayó al suelo de rodillas. Cuando levantó los ojos, estos desprendían ascuas de furia y aun así tanto Ukyo como Shampoo se acercaron a él de nuevo, sin flaquear.

Las dos estaban distintas, se habían arreglado para asistir a su supuesta boda, Ranma no sabía con qué intenciones. No sabía si ellas habían participado en aquel desastre, pero claramente debían estar muy felices de que la ceremonia no se hubiera celebrado y no habían perdido el tiempo para abalanzarse sobre él.

—No os acerquéis… —Las advirtió. Ellas detuvieron sus manos y se miraron entre sí. Ranma comprobó, aliviado, que sus piernas funcionaban. Incluso era probable que no tuviera nada roto.

Milagro pensó con sarcasmo.

—Shampoo muy enfadada —Le soltó entonces la amazona—. ¿Cómo atreverte, Airen…? Tú casi casas con chica violenta…

—¡Eso, Ran-chan! ¡¿Cómo has podido?!

—¿Yo? ¿Q-qué cómo he podido yo…?

¡¿Le tomaban el pelo?!

—Bueno, no importar. Todo salir bien al final —comentó Shampoo sin más. Su expresión se suavizó y hasta sonrió—. Shampoo perdona.

—¿Qué…?

—Yo también te perdono, Ran-chan —convino Ukyo, sacudiendo la cabeza—. Seguro que todo ha sido un plan de Akane…

—¿Qué vosotras... me perdonáis a mí? —Sus dos prometidas no parecieron oírle, ambas habían recuperado su buen humor y se acercaron de nuevo como si pretendieran abrazarle, pero Ranma retrocedió escapándosele un nuevo gruñido—. ¡No os acerquéis! Ni se os ocurra…

Airen… ¿qué pasar?

Ranma negó con la cabeza, fuera de sí. Miró a su alrededor más confundido que nunca y lo único que atinó a ver fue el enorme agujero en el techo que había creado la explosión. No sabía si podría, pero flexionó sus rodillas y con un desgarrador chillido dio un salto y se encaramó en el tejado.

Se balanceó unos instantes en el borde, a punto de caer, pero logró estabilizarse.

¡Airen!

—¿Ran-chan, qué haces?

Sabía que ellas le perseguirían, siempre lo hacían. Tenía que quitárselas de encima así que, casi sin detenerse a respirar, el chico saltó hasta el tejadillo del portón y de ahí, hasta la siguiente casa.

Fue difícil y doloroso, pero siguió saltando sin mirar atrás, alejándose de aquel desastre y siendo consciente de que dos chicas gritonas y ataviadas para una fiesta le perseguían pisándole los talones.

Pero no; no dejaría que le alcanzaran. De ningún modo.

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No supo cuánto tiempo estuvo saltando de tejado en tejado. Continuó incluso cuando dejó de oír los alaridos furiosos de las chicas a su espalda; su mente y su cuerpo habían entrado en un estado automático que apaciguaba el dolor que lo torturaba lo justo para que él pudiera seguir huyendo.

Huyendo sin pensar en nada. Sus pensamientos también estaban como anestesiados.

Finalmente, se dejó caer sobre una azotea baja. Le pareció un buen lugar porque quedaba protegido de la vista por los edificios colindantes, más altos, y era relativamente tranquilo porque daba a un oscuro callejón.

Se dejó caer, sin preocuparse por nada y se miró las manos. Durante su desesperada escapada se las había ingeniado para hacerse con un poco de agua caliente de la manguera de un jardín sin vigilar y había recuperado su cuerpo. Las heridas y quemaduras seguían ahí, pero al crecer su cuerpo se habían hecho más pequeñas y no le molestaban tanto.

Respiró hondo, mirando al cielo anaranjado y se dispuso a descansar para terminar de recuperarse. Antes de derrumbarse del todo, se quitó la molesta chaqueta del traje y la usó para apoyar la cabeza. Le costaba creer lo que había ocurrido pero justamente sentir la tela contra su piel le convencía de que todo había sido real.

Sus padres habían organizado una boda trampa para Akane y para él.

Soun había conseguido agua de Jusenkyo.

Pero todo había sido un fracaso. La boda había sido reventada por la pelea provocada justamente por el agua y esta finalmente había acabado en el buche del maestro.

No había más agua. Y no había habido boda.

Él estaba agotado, destrozado y dolorido. Y Akane… debía estar más furiosa que nunca. ¿O, quizás, estaba aliviada por no haber tenido que casarse con él? No, Ranma sabía que lo ocurrido debía haberla disgustado aunque solo hubiese accedido al matrimonio por ayudarle a él.

Una pandilla de locos había destruido el día de su boda y su dojo. ¡Incluso él estaba disgustado!

En parte ha sido por mi culpa… ¡Pero yo no quería que pasara algo como eso!

En cualquier caso, tendría que disculparse con ella. Lo sabía. Y en otro tiempo eso ya le habría preocupado pero… para su propia sorpresa, seguía horrorizado con todo lo que había pasado. Es decir, estaba acostumbrado a contratiempos de ese tipo, al caos, la violencia, la intromisión egoísta de los demás en su vida pero… esta vez no era como siempre.

Ranma sentía un malestar que no reconocía pero que le estaba haciendo polvo por dentro. Sentía una rabia impropia en él, una furia… Y mientras trataba de controlarla, preguntándose contra quién era que se sentía así, oyó un ruido proveniente del callejón.

Se incorporó para asomarse y descubrió que había alguien allá abajo que acababa de darse de bruces contra la pared del callejón. Alguien a quien él conocía.

¿Ryoga?

El chico estaba, muy probablemente, de nuevo perdido. No recordaba en qué momento había dejado el dojo, pero sí que había luchado por el nannichuan junto a su padre, Mousse y él mismo. Y por tanto era uno de los culpables de que el barril hubiese caído en manos del maestro y el agua se hubiera perdido.

¿Lo era, verdad?

Al igual que era en parte culpable de todo el desastre posterior. ¿Acaso él no había atacado también al maestro después de que se bebiera el agua, provocando que el viejo lanzara la bomba? Pero, por supuesto, Ryoga (como todos los demás implicados) podían marcharse del dojo y seguir con sus vidas como si nada. ¡Siempre era así! Todos acudían a la propiedad de los Tendo para causar problemas y después se iban sin un ápice de remordimientos. Nadie se quedaba para limpiar, ni reparar los daños o pedir disculpas a los Tendo.

Y por eso Ranma era siempre el responsable de todo lo malo que ocurría.

Él tenía que hacerse cargo. O bien se pasaba semanas trabajando donde podía para reunir el dinero que sirviera para reformar la casa o él mismo tenía que remangarse y reparar los daños. Únicamente Akane le ayudaba en esos casos y solo ella le agradecía sus esfuerzos. Y pasados unos días, alguien regresaba para causar problemas nuevamente y todo volvía a empezar.

¿Por qué soporto algo así? Se preguntó Ranma mientras observaba a un Ryoga que parecía incapaz de salir de aquel callejón por sí solo.

El mismo que se vanagloriaba de ser un gran amigo de Akane y preocuparse tanto por ella… pero que desaparecía para no tener que mover un solo dedo ni asumir la culpa de nada.

Fueron esos pensamientos y la extrañeza de ser la primera vez que se planteaba esas cosas lo que hizo que Ranma saltara para plantarse ante su supuesto amigo. El otro dio un respingo al verle.

—¿Ranma? ¡¿Qué haces aquí?! ¡¿Me has seguido?!

—¿Para qué iba yo a seguirte, cerdito?

—¡¿Es qué aún buscas pelea?! —Ryoga adoptó una postura defensiva, pero Ranma no hizo el más mínimo gesto en respuesta. Se miraron fijamente hasta que Ryoga resopló—. Es increíble que aún vengas a molestarme después de que haya perdido el nannichuan por tu culpa.

—¿Qué tú lo has perdido por mi culpa? —Ranma chistó, asombrado—. ¡Ese nannichuan me pertenecía a mí! ¡Y lo habría obtenido de no ser porque tú y los demás os metisteis por medio!

—¡Desgraciado! ¡El nannichuan debía ser mío! —replicó el otro.

—¿Y eso por qué?

—¡Porque mi maldición es mucho peor y más humillante que la tuya!

—Pobre cerdito…

—¡Cállate! Además, no olvides que si estoy así es por tu culpa —Le repitió una vez más—. Todo lo que ha ido mal en mi vida desde que caí en esa poza ha sido por culpa tuya.

. Así que… ¿quién tiene más derecho a curarse, Ranma?

Aquello le sorprendió.

Nunca se había percatado de hasta qué punto le irritaba oír a Ryoga quejarse de lo desgraciado que era por transformarse en cerdo y que encima, le culpara a él de todo. Y no era, ni mucho menos, la primera vez que lo hacía.

Pero sí fue la primera vez que Ranma se preguntó por qué permitía algo así.

¿Realmente le debía algo a Ryoga? ¡Si había sido él quien decidió seguirle a Jusenkyo en primer lugar! Lo que le pasara allí era solo responsabilidad suya… ¡¿Acaso Ranma culpaba a alguien de su maldición?!

No puedo soportar esto por más tiempo.

—No quiero oír más tus lloriqueos —Le dijo en primer lugar—. Estoy harto —Ryoga dio un respingo, dispuesto a responder pero él le detuvo—. Estoy cansado de que me eches la culpa de todo lo que te ha ido mal en la vida, estoy cansado de que aparezcas por mi casa cuando se te antoja para armar problemas y estoy harto… de que te aproveches para dormir con mi prometida.

—¿Qué…? ¡Eso no…!

—Se acabó, Ryoga —Le cortó, entornando los ojos con firmeza—. He tomado una decisión. La próxima vez que veas a Akane más te vale contarle la verdad sobre P-chan o lo haré yo.

—¡Ranma, no puedes…!

—No vas a seguir tomándola por tonta, ¿me oyes? Ni a mí tampoco.

—¡No es justo! ¡No puedes contárselo, me lo debes!

—Yo no te debo nada —respondió Ranma a toda velocidad. Se dio cuenta de que era cierto, aunque hasta ese momento había pensado otra cosa muy distinta—. En todo caso, es a ella a quien le debo sinceridad.

. Es mi prometida. Y la protegeré de embusteros interesados como tú…

Ryoga se echó a temblar de pura ira cuando se dio cuenta de que el otro iba totalmente en serio. Ni siquiera Ranma sabía el grado de convencimiento que sentía al decir aquello, pero debía decirlo.

Aquel día era un punto de inflexión. Su vida no podía seguir siendo un caos en la que los demás le hacían todo tipo de horrendas trastadas y él miraba hacia otro lado. No quería vivir así para siempre. Las cosas debían cambiar.

Él solo quería dejarle claro a Ryoga que no cargaría más con sus penas, que no consentiría la manipulación a la que sometía a Akane sin que ella lo supiera y que simplemente quería que les dejara en paz de una vez.

Pero claro, Ryoga no era de los que entendían de primeras. Y no solía elegir las palabras para responder.

Lanzó un alarido de odio y se abalanzó sobre Ranma con su dedo índice extendido. Logró esquivarle, pero el dedo se estampó en la pared y el edificio entero se estremeció. Los cimientos cedieron y el muro se agrietó.

Maldición, Ryoga pensó molesto. Siempre a lo bruto.

Ranma no sentía especiales deseos por pelear, todavía estaba cansado y sus músculos no se habían recuperado del todo de la explosión, de modo que se dedicó a esquivar los desesperados y erráticos ataques de su rival. Intentó hacerse oír por encima del escándalo de destrucción que Ryoga iba sembrando tras de sí; en verdad lo que él quería era hacerle entender sin más. Pero sus palabras fueron desoídas.

Entonces Ranma se despistó un momento y recibió un fortísimo golpe en el estómago que le dejó sin aire unos instantes. Dio un salto hacia un nuevo callejón y se apoyó un par de segundos queriendo recobrar el aliento.

Estúpido cerdo pensó.

Levantó la cabeza justo cuando el otro llegaba hasta él. Se sacó de la espalda su paraguas y le apuntó con él. Su rostro estaba sudoroso y respiraba con cierta dificultad, pero aun con todo su voz sonó clara cuando dijo:

—¡Todo ha sido culpa tuya, Ranma! ¡Akane sufre siempre por tu culpa!

Fueron, cuanto menos, unas palabras desafortunadas.

Ranma se quedó mirándole, perplejo, para seguidamente erguirse y apretar los puños. Inmediatamente sintió que su cerebro volvía a entrar en ese estado automático que anestesiaba el dolor y le había servido para huir de sus prometidas un rato antes.

No era la primera vez, ni era él el primero que le acusaba de herir a Akane cuando, en realidad, si había algo que Ranma jamás, por ninguna razón haría, sería justamente eso. Estaba harto. Ese día no pensaba consentirlo.

Había muchos culpables de lo que había pasado, lo sabía muy bien. De modo que no permitiría que se le culpara como siempre. Esta vez no se callaría asumiendo toda la responsabilidad. No era justo. Y si nadie más que él quería verlo así, sería él quien impartiría justicia.

Ranma se fue hacia él, silencioso pero certero y antes de que Ryoga pudiera reaccionar ya había sido derribado. Utilizó sus ataques más contundentes contra él y por una vez, no se contuvo pensando que su rival podía ser más débil. ¿Acaso Ryoga se reprimía cuando le golpeaba?

Ranma, que no se movía por la furia, el ansia de venganza, ni por ningún otro sentimiento negativo o explosivo fue, sin embargo letal. Y en menos de diez minutos la pelea había terminado.

Ryoga acabó sobre el suelo sin fuerzas para seguir luchando y sangrando en algunos lugares. Quedó bocarriba, respirando muy deprisa y con la mirada perdida en el estrecho pedazo de cielo que quedaba a la vista en aquel callejón mugriento. Ranma aguantó de pie aunque infinitamente más dolorido que antes.

—Eres un desgraciado… —Oyó gruñir a Ryoga en un momento dado.

—Dile la verdad a Akane —Le repitió antes de darle la espalda—. Y a mí déjame tranquilo de una vez.

Ryoga lanzó un quejido que no impresionó al artista marcial. Se alejó con calma y no volvió la vista atrás,

Algo en su interior trataba de decirle que quizás debía sentirse culpable por sus acciones, pero lo cierto era que no se sentía así.

Siempre conteniéndose, teniendo miramientos, reprimiendo su fuerza y recibiendo la violencia injustificada de los demás. ¿Para qué? No le había servido de nada

¿Por qué debía reprimirme? ¡Él siempre me ataca con toda su fuerza! Se dijo. No era como si Ryoga hubiese estado indefenso, ¿verdad? Él también era un luchador y bastante fuerte.

—Tampoco pienso permitir que vuelva a intentar ponerme en contra de Akane —decidió, molesto. Seguramente ese cerdo aparecería por el dojo en unos días, exhibiendo sus feas heridas y culpándole a él de todo. Intentaría darle pena a su prometida para que ella le reclamara. ¡No permitiré su sucio juego nunca más!—. Como se le ocurra intentarlo, destaparé su secreto ante Akane…

Ya no le preocupaba si era poco honorable… Estaba empezando a ver su vida bajo una mirada muy distinta y tomaba conciencia de que las cosas podían ser diferentes sí él quería que lo fueran.

Él tenía el poder para cambiarlas.

Pero no podía detenerse ahora. Por desgracia para él, había mucho que cambiar…

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¡Hola, de nuevo!

Aquí os dejo el capítulo dos de este fic. Aquí empieza a verse un poco el cambio de actitud que va a tomar Ranma a partir de ahora, ¿qué os parece? ¡Os advierto que no se detendrá ahí!

Bueno, antes que nada, hemos hecho un pequeño flahsback a unas horas atrás. Si recordáis el manga, hay una viñeta final de la boda donde se muestra una imagen general del dojo donde salen todos los personajes justo antes de pasar a la viñeta donde Soun les está diciendo que la boda se retrasa, etc. Pues me inspiré en esa viñeta para el inicio de este capítulo (echarle un ojo, veréis que es lo más parecida posible a ella).

Este cambio de actitud de Ranma que es como una de las cosas más importantes de esta historia. Yo personalmente siempre esperé que en el manga, en algún momento, Ranma se planteara estas cuestiones. ¿Por qué permite que tanta gente, incluso desconocidos a los que no ha hecho nada, aparezcan de pronto a amargarle la vida, a manipularle… a no dejarle ser feliz o simplemente estar tranquilo? Yo si fuera él me lo preguntaría… y me pareció que esta historia que es el final, sería una buena oportunidad para que Ranma reflexionara un poco sobre ello.

No sé, ¿qué pensáis vosotros de todo esto?

Como siempre os doy mil gracias a todos por la acogida a esta nueva historia, gracias por todas vuestras reviews que espero haber contestado sin dejarme ninguna. Por cierto;

Yamila Rojas y RanmaXAkane gracias por vuestros comentarios ^^

Espero que todos y todas estéis bien, resistiendo en vuestras casas. Cuidaos mucho y nos vemos en el próximo capítulo.

¡Muchos besotes para todos y todas!

EroLady—