Lori, parte I
Miraba el agua sucia del lavado de la cocina, imaginaba que así era como debía de lucir su alma si es que se tiene una. Alimentó a las mascotas con algo de ánimo e incluso jugo un poco con ellos. Sacó la basura de la casa y al final se dirigió al jardín a juntar las hojas. La brisa de otoño golpeaba con suavidad su rostro y revoloteaba con ligereza las hojas ya recogidas. La puerta principal se abrió, apareció Leni que cargaba un pequeño traje de gala dentro de una bolsa transparente, llevaba puesto unos jeans entubados, un suéter nada feo de color negro con patrones de rombos y unos botines beich. Curioso, Lincoln se acercó.
- ¿Leni, vas a salir? -La chica se detuvo en medio de las pequeñas escaleras algo sorprendida, volteo a ver a su hermano que tenía una mirada afligida.
-Linky, voy a ver a Jackie, le llevaré el traje de su hermanito a su casa. Cuando vuelva veremos una película y comeremos helado, ¿te gustaría? -Alegre el niño se abalanzo sobre la pierna de la rubia, ella se agacho hasta la altura de él, lo abrazó y le dio un beso en la frente. -No tardo.
Lincoln sólo sonrío, se despidió de su hermana. Leni a sus ojos no era una chica tonta, era la hermana perfecta y lo único que quería es que algunas de sus hermanas volviesen pronto.
- ¡Lincoln, ¿ya terminaste con lo que te pedí? -Como si alguien jugara con la suerte del niño, una fuerte brisa pasó por enfrente de la casa, no sólo entumeció sus mejillas también disperso las hojas que ya había juntado. Corrió lo más que pudo hacia el patío trasero, con energía juntó las hojas y escuchó la puerta trasera abrirse.
-No puedo creer que aún no termines. -Con algo de enfado, Lori vio el aparente poco progreso que realizo Lincoln. -Dame el rastrillo, ve a la cocina y trae la bandeja que está en la mesa.
Lincoln miró a Lori, traía un cinturón con herramientas de limpieza en la cintura, un pañuelo rojo con puntos blancos atado en su cabeza como diadema y una pequeña coleta de caballo.
-No tengo todo el día, ¡muévete! -Se quedó anonado con la vista ya que en ningún momento pensó que Lori lo ayudaría en hacer los quehaceres. -Literalmente me estoy haciendo más vieja con cada segundo que pasa.
Se apresuró a entrar a la cocina, miró la bandeja de la mesa con mucha curiosidad. -Lori, ¿qué es esto? -Dijo mientras extendía la bandeja hacia Lori.
- ¡Oh! Esto se llama champurrado. La abuelita de Bobby me enseñó a hacerlo aquella vez que fui a verlos por mi aniversario con Bobby. -Lori tomó una de las tazas y se la dio a Lincoln con una sonrisa.
- ¿Champu…ra…do? Por un momento pensé que era algún tipo de chocolate caliente. -Algo de duda se dibujó en su cara.
-Se parece al chocolate caliente, pero sin duda no es lo mismo sólo tienes que probarlo para averiguarlo. ¡Vamos, pruébalo! -Lincoln visualizó por un instante a su hermana con profundo cariño, amaba las ocasiones en los que le mostraba aprecio y consideración, además, disfrutaba la forma como ella pronunciaba el español con su acento americano. Agarró la taza con confianza y la llevó a sus labios.
- ¡Está muy bueno, Lori! Deberías de hacerlo más seguido. -Al hablar Lincoln dejo ver un bigote de champurrado en su labio superior, Lori río por la escena y limpió a Lincoln con una parte limpia de su blusa. Él se sintió un tanto incomodo al ver que su hermana mostraba con suma facilidad su cuerpo, le molestaba que todo pudiera cambiar de manera abrupta.
-No es fácil conseguir los ingredientes, aparte, tampoco voy tan seguido a ver a los abuelos de Bobby como para que me ayuden a conseguirlos. -Observó el suelo con un ápice de alegría, alzó su mirada y diviso su patio con melancolía. Se acercó al árbol del jardín, recargó su espalda contra el tronco y se sentó en el suelo. -Ven Linky. -Pronunció con voz quebrada.
El muchacho se acercó con algo de precaución. Su hermana le ofreció su mano, al tomar al niño lo jalo un poco hacia si misma para obligarlo a sentarse entre sus piernas y se recargará en su pecho.
-Ven, ven, ven, ven, ven, ven… Acércate mi cielo -Decía entre susurros. Envolvió a Lincoln con sus brazos alrededor de su pecho, puso su frente sobre el hombro del niño. Lincoln sentía como se humedecía su hombro izquierdo y como se contraía su hermana contra él.
-Tú no te iras de mí, ¿no es así, Linky? Tú no me dejaras sola, estarás conmigo por siempre, literalmente viviremos el uno por el otro, ¿verdad Lincoln? -Labios temblorosos se posaban sobre el hombro del muchacho, subieron a su cuello encertando pequeños besos cálidos. En vano, trato de zafarse del agarrare moviendo sus brazos tanto como pudo. -Lincoln, por favor. Te lo suplico, no te vayas. -Decía entre sollozos.
Sintió como los brazos sobre su pecho perdían fuerza. Se giró para ver a la chica bañada en lágrimas, a la chica desdichada. Una profunda tristeza era todo lo que reflejaba su mirada. Se acercó un poco a su pecho, beso la piel sobre la clavícula de la rubia; cuando se aproximó a su cuello, la respiración del chico le erizo la piel provocando que se abalanzará hacia atrás con algo de cuidado. La imitaba para intentar calmarla. Sobre sus rodillas, trató de alcanzar sus labios. El viento soplaba con persistencia, las hojas volvían a caer y dos cuerpos se mezclaban.
Se acostaron en el césped de lado viéndose el uno al otro junto a una charola que derramaba un par de tazas. Se hicieron cosquillas, jugaron con sus manos también se ensuciaban con el champurrado y la tierra que alzaban cuando rodaban en el suelo. Vieron como terminaron manchados, se rieron por ello, tomaron la charola entre risas y entraron a la casa con una persecución amistosa. Lavaron los trastes usados, se atacaron algunas veces con la espuma del lavado al mismo tiempo que se empujaban levemente con sus caderas.
Dentro del baño, arrodillada con una toalla caliente, Lori limpiaba con cuidado el polvo de la cara de su hermano, el champurrado de sus brazos. Le quito su ropa sucia, dejándolo únicamente en calzoncillos. Paso la toalla por el pecho del niño, por su cuello, procurando dejarlo lo más limpio posible aun sin tomarse en consideración. Tomó la mano de Lincoln, acaricio y admiró ese color rosado que emanaba de su piel, la llevo a su mejilla por unos segundos manchándola un poco sin querer y le dirigió una mirada tierna.
- ¿Por qué a pesar de todo Linky, sigues soportando a una basura cómo yo? ¿Por qué no dirías algo, incluso si me atreviese a tocarte justo ahora? -Lincoln se había sentido relajado, había jugado con ella como cuando Lori aún estaba en sexto grado, hasta que ella comenzó a hablar. Lamentaba haber tenido que besar a su hermana para reconfortarla, lamentaba no saber que hacer para ayudarla, se culpó así mismo por pensar que sus acciones sólo le provocarían más daño.
- Perdón Linky, por haber dicho que eras un niño malo. -Pronunció una voz muy dulce y silenciosa. -Tú eres el hermanito perfecto. Tú eres el que siempre nos procuras siendo tan servicial, siendo tan atento con cada una de nosotras, sobre todo conmigo, ¿no es así Linky? -Dijo mientras se quitaba la blusa y le dedicaba sonrisas. Se puso de pie, sacudió la cabeza para que su cabello le cubriera los labios burlones que se arqueaban en su cara.
-Ven hermanito, quiero que me ayudes a quitarme esto. -Metió los pulgares en su short corto a la vez que meneaba las caderas.
-Por favor, por favor, por favor, por favor, Lori. No quiero hacer esto. -Pensaba Lincoln de forma desesperada con una mirada perdida en los azulejos del baño. Una mujer desnuda apareció sobre unos ojos rojos, se acercó a Lincoln y susurro a su oído. -Vamos Lincoln, te vas a divertir.
Un techo tambaleante era el paisaje que se presentaba ante él. Lincoln angustiosamente usaba sus brazos para zafarse del agarre de su hermana. Una mano empujó su pecho al suelo, divisó un puño acercándose a su cara y otro, y otro, y otro más. El techo tambaleante empezó hacer consumido por un mar de sombras, por una sombra sonriente.
Hace cuatro años.
Una chica rubia de trece años entró sumamente triste a su casa, había tenido un pésimo día pues las personas que consideraba sus amigos le habían jugado una broma muy pesada. En la hora del receso intercambio uno de sus emparedados favoritos que su papá le preparaba con un chico, y este como agradecimiento le dio uno con tierra acompañado de un alfiler como ingrediente sorpresa. Inclusive, después haber vomitado en el baño, además de haberse limpiado la sangre de su labio inferior; tuvo que atravesar corriendo el patio de la escuela para defender a su hermana Leni, la cual era acosada por un par de muchachas junto con otros dos tipos. Su día en definitiva no fue bueno.
Enfrente de su habitación, agarró con fuerza su mochila para lanzarla contra la puerta de su cuarto. Llevó sus manos a sus ojos en cuanto caía de rodillas. En ese pasillo solitario, al fondo, una hebra de sol se asomaba de una puerta. Pasitos apresurados llenaban el vacío de aquel lugar y una calidez rodeó el cuerpo de la preadolescente.
- ¡Lori! ¡Ya llegaste Lori! -Inerte, la joven no respondía a los llamados de ese niño de cabellos blancos. Como si estuviera a punto de desvanecerse, Lincoln apretó su abrazo un poco más pues no contaba con mucha fuerza. Aún no la veía directamente. Era pequeño, lo suficiente como para alzar su mirada y ver la forma en la que Lori tomaba su propio rostro, su cabello rubio formaba sombras alrededor del brillo azul de sus ojos los cuales tenía muy abiertos, miraba a Lincoln con suma sorpresa. Estrujó sus manos sobre sus mejillas como si quisiera arrancarse la piel y suspiró un par de veces.
-Lori… -Al no recibir ningún tipo de respuesta por parte de Lori, Lincoln decidió verla directamente, en cuanto ella vio eso, Lori rápidamente se arrodilló para darle un profundo abrazo, pasaba una mano sobre la cabeza del niño.
Lori estudiaba el octavo grado, era una chica que le encantaba hacer manualidades, pasar tiempo con su familia y jugar con sus hermanas, sobre todo con su único hermano varón. En muchas ocasiones fue la fuente de un sinfín de momentos graciosos y juegos, en los que el niño formaba pieza angular, en juegos como: el doctor, fiestas de té o el de la familia. Pero al crecer, naturalmente le empezó a llamar la atención otro tipo de cosas; empezó a maquillarse sin tener mucho éxito, sus gustos musicales dejaron de ser infantiles, quería usar lentes de contacto, deseaba cambiar de guardarropa. Uno de sus nuevos intereses a destacar fueron los chicos. Lori en aquel entonces era alguien muy tímida, no se atrevía ni siquiera a acercarse un metro de distancia al muchacho que le gustara. Lori era muy tímida, pero cuando se trataba de hacerse cargo de defender o de ayudar algunos de sus hermanos, su proactividad salía a la luz y se disponía a hacer lo necesario con tal de salvarlos de cualquier tipo de aprieto.
Sus inseguridades no la dejaban avanzar pues se sentía fea ya que usaba: brackets, anteojos espantosos, su ropa le empezaba a chocar, era pésima para arreglarse, pero sobre todas esas cosas detestaba su rostro. La piel de su cara estaba cubierta de granos rojos, amarillos, incluso llego a ver uno gris. En más de una ocasión intentó exprimirlos, pero sus padres le habían advertido con insistencia de que eso sería un grave error para su cutis, que le dejarían marcas de por vida sí hacía eso, además, le dijeron que desaparecerían con el tiempo, que no se preocupara.
En una ocasión se armó de valor e invitó a un chico al baile de bienvenida de la secundaria, ella no pudo imaginar que sólo aceptó para dejarla plantada en la entrada de la escuela; durante las horas que duró el baile de bienvenida ella se mantuvo afuera esperándolo, preocupándose si algo le había sucedido a su compañero. Grande fue su sorpresa, al estar concluido el baile ver como el muchacho al que había invitado salir con alguien más. Líneas de lagrimas y maquillaje bajaban por sus mejillas pues sus esfuerzos en ningún momento fueron recompensados, su bello vestido color azul cielo jamás apareció en el salón de baile.
Lori se arrodillo a abrazar a su hermanito que imploraba con sus ojos, que por favor dejara de llorar. Su cuello cubierto de sudor hizo contacto con el de él. Su mano se posó en la nuca de Lincoln enredando sus dedos en unos mechones blancos. La pequeña mujer daba bajos gritos ahogados que delataban su dolor, sus penas. Lágrimas negras salían, acariciaban sus heridas.
-Lori, ¿qué sucede? -No sabía con ningún tipo de certeza que le sucedía a su hermana mayor, sólo sabía que estaba sufriendo, que llegaba enfadada con el mundo cuando regresaba de la secundaria desde que inicio el séptimo grado, que ya no pasaba tiempo con él.
¡Odio todo! ¡Odio la escuela! ¡Odio las burlas, los maltratos! ¡Odio esto! -Casi al escupir su última queja, llevó con violencia su mano abierta la cual paso desde su frente hasta su barbilla, Lori sentía como si salieran puntas de clavos desde su piel y martillaran su mano. - ¡Me odio! ¡Me odio!
-Lori, no digas eso. -Llorando. - ¡Nuestra familia te ama! -Sumergida en su miseria, Lori no podía hacer caso a los intentos desesperados de Lincoln. - ¡Yo te amo, Lori! -En ese momento sintió como su pecho dejaba de contraerse en llantos y una calidez brotó. -Yo estaré para ti, siempre que me necesites, Lori.
Enternecida y emocionada, Lori llevo sus labios a la frente de su hermano, pero se detuvo a medio camino pues pensaban que, si lo hacía, de alguna forma infectaría a Lincoln con una horrenda infección de acné.
Lincoln vio que su hermana revelaba una mirada de arrepentimiento, de vergüenza. Podía ver perfectamente a través de sus hermanas desde hace ya un tiempo, algo increíble para un niño de siete años.
- ¡No me importa que estés llena de espinillas! ¡Yo quiero un beso de mi hermana! -Se paró de puntillas para propinarle unos cuantos besitos en las mejillas de Lori, sin querer, uno de ellos había tocado levemente una de sus comisuras. Roja por lo sucedido, sacó coraje de quien sabe dónde y le dio unos cuantos besos en la frente y cachetes de Lincoln, lo volvió a abrazar, sin querer, el peso de su cuerpo fue llevado por la gravedad al suelo. Se vieron a los ojos unos segundos, empezaron a jugar haciéndose cosquillas en el estómago, rodaron por la alfombra, casi tiran un jarrón de flores. Se acostaron de nuevo, viéndose a los ojos, tomó al niño y lo llevó a su pecho. Lincoln sentía el calor corporal de su hermana, la suavidad de su cuerpo. Se estaban empezando a dormir sino fuera que escucharon pasos pesados subiendo las escaleras. Se apresuraron a levantarse, Lori agarró la muñeca de su hermano para llevarlo a su habitación. No supo por qué lo hizo, sólo fue algún tipo de impulso que la llevo a hacerlo. Tras su puerta, colocó a Lincoln contra esta, acerco su oído a la madera para poder escuchar mejor, sin querer, su cuerpo envolvió al peli blanco contra esta. El abdomen de Lori tocaba la nariz de Lincoln dificultando la respiración de este.
Lori, ¿qué pasa? -Dijo, con duda en su voz, con esfuerzo.
Shh… Guarda silencio Linky. -Pronuncio a la vez que volvía a poner su oreja en la puerta.
Una vez más una niña rubia apareció afligida por su suerte, pero un poco más pequeña. -Leni, mi cielo, ya pasó todo. Esos muchachos no volverán a meterse contigo, yo me encargaré de eso. -Era evidente que le era difícil calmar a su hija a pesar de ya tener experiencia en tratar con ellos algo raro en ella, pensó Lori.
¡No es cierto! ¡Tú siempre estás ocupada al igual que papá! De no ser por Lori y de ese… ese chico, ellos me hubieran clavado más de un alfiler. -Desesperación, impotencia, coraje era lo que el brotaba del pecho de Lori. Recordó cuando llegó hasta donde estaba Leni, tirada en el suelo siendo sujetada por un par de niños mientras que dos niñas intentaban clavar el segundo alfiler en el brazo de su hermana. Sus dientes rechinaron de sólo pensarlo, pero recordó como uno de sus compañeros llegó a socorrer a Leni. Su corazón empezó a latir con fuerza pues el chico con valentía se había enfrentado a dos preadolescentes más grandes que él. Inspirada por la escena, Lori se aventuro a atacar a las otras dos chicas. Sin lugar a duda no fue el rescate de una princesa de cuentos de hadas, ni siquiera ella había sido la rescatada, pero cualquiera que tuviera el valor para defender a alguno de sus hermanos, podría ganarse su amor, podría llamarlo como su príncipe azul.
-Bobby… -Susurro con anhelo.
Lincoln no sabía por qué su hermana sonaba de forma soñadora, pero sonrío con la idea de ver feliz a su hermana.
Gracias por leer hasta aquí una vez más. Aprecio que algunos de ustedes se hayan tomado el tiempo de hacer un comentario en el capítulo pasado. Sin más que decir, cuídense y espero que les haya gustado.
