Chico malo

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Los personajes usados le pertenecen a Koyoharu Gotōge NO a mí. La historia SÍ es mía y NO la pueden copiar.

OoC tal vez.

ONESHOT.

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Kanjori leía entusiasmada, demasiado. Sus expresivos orbes brillaban. Y fue ese brillo, poco usual, que llamó la atención de Obanai cuando arribó en el punto de encuentro.

—Lamento la tardanza, tuve un contratiempo —se disculpó realmente apenado, ella llevaba un buen rato esperando, mas levantó la mirada del libro unos escasos segundos para sonreírle diciendo "descuida"—. ¿Kanroji, todo está bien? —se aproximó al tronco donde la chica estaba cómodamente sentada embelesada con la lectura que a él ya comenzaba intrigarle.

La de cabello rosa suspiró finalmente, apartando la atención. La mirada verdosa tenía casi una forma ilógica de corazón.

—Iguro-san, es que yo... yo... —murmuró emocionada conteniéndose a duras penas—, ¡no puedo con esto, mira, mira! —Obanai frunció el ceño, encorvándose para inspeccionar lo que la fémina le señalaba con el dedo.

Una novela romántica a simple vista.

Ilustraciones de un hombre parecido a Rengoku, sonrisa perfecta y capa ondeante, besando ¿besando? a una mujer con lágrimas en los ojos. Iguro evaluó los cuadros de previa pelea con el supuesto villano y el encuentro de la pareja en un apretado abrazo y un ósculo que le pareció exageradamente aberrante. Tan azucarado que le provocaron nauseas. La Pilar del Amor nuevamente suspiró como enamorada cerrando por completo la historieta, preparada para disfrutar de una tarde de exquisita comida y una charla animada. Sin embargo, el panorama ensombreció en un instante al poner atención en el rostro masculino. ¿Angustia? ¿Decepción?

—El antagonista se parece a mí. —siseó el espadachín de serpiente, apartándose en un ademán que Mitsuri nunca antes percibió en la relación de amistad, frunció el ceño y buscó en las páginas anteriores para negar el argumento—. Soy el chico malo y tú eres como la princesa de la historia, eh —agregó, entreviendo el tormento que le provocaba percatarse de lo obvio. Kanroji era hermosa como una flor de primaveral y él un monstruo, perseguido por un pasado sangriento y antepasados sádicos y trastornados, jamás sería un príncipe de cuento.

Con sorpresa, la fémina, notó que la semejanza era efectiva. El adversario de la historia romántica tenía el ojo izquierdo vendado y el cabello negro surcaba el pálido rostro, acompañado siempre de ropajes negros que cargaban de tensión cada recuadro en el que salía dispuesto a liquidar al protagonista y quedarse con la doncella. Mitsuri abrió la boca tratando sin éxito de apaciguar el ambiente con suaves palabras, a menudo conseguía extinguir toda amargura con un par de palabras cargadas de melosidad.

—Iguro-san no es un chico malo, ¡no lo creo! —movió la cabeza de un lado a otro, colocando especial énfasis, apretó los puños con firmeza. Obanai la observó imperturbable con la cara ladeada—, ¡Iguro-san es lindo, atento, siempre me envía cartas y me da regalos! —añadió dando un paso hacia el muchacho, cogiéndolo de la mano con rudeza, él la miró con cierto desconcierto debido a la cercanía de ambos—, ¡si vuelves a decir eso tendré... tendré que golpearte con un gatito! —tomó aire nuevamente luego de hablar impetuosamente. Sus mejillas ardían.

Obanai la escuchó atento, procesó la última parte del diálogo. Enrollado en el cuello, Kaburamaru casi cae de la impresión.

Quiso reír. Reír a carcajadas. Se la imaginó con un gato esponjoso entre manos propinándole golpes en la cabeza que no significarían nada. Relajó el semblante y se permitió, con el corazón latiendo disparado, posar su propia mano sobre la femenina, de inmediato, la joven del amor contempló la expresión afable del exterminador. Bajo esa capa de desinterés con el resto del grupo y desmesurada prudencia, vislumbraba a veces la naturaleza atractiva del muchacho. También podía ser un príncipe que rescataría a cualquier mujer en peligro, compartiendo al final un anhelado y húmedo beso. Un beso. Un beso.

—Está bien Kanroji siempre logras que me calme y animarme. ¿Tienes hambre, quieres ir a comer? —preguntó él con preocupación.

La nombrada movió los dedos deseando perdurar el contacto un poco más. No obstante, la posición cercana -mucho- y sus manos entrelazadas la hicieron despertar, logró distanciarse rápidamente con el sonrojo retratado en ambos pómulos. Se llevó las palmas a la cara, avergonzada de la situación.

Su corazón no paró de latir alocado dentro de su pecho.

-o-

Ya casi anochecía cuando decidieron volver en una silenciosa caminata por el pueblo.

El tema no se volvió a retomar. Disfrutaron de una cálida y entretenida comida, aunque claro, Mitsuri sufrió de dolor estomacal después de comer el mochi de cerezo número diez, ignorando las advertencias del vendedor y las miradas curiosas -otras entretenidas- de los demás comensales.

Estaba acabando el té con un último sorbo, cuando Iguro se detuvo abruptamente.

—Kanroji —llamó de manera seca y cortante, el flequillo negro le cubría la mirada bicolor. La nombrada se detuvo atenta—. ¿De verdad no prefieres a los chicos malos? —preguntó sin más.

La consulta capciosa, la desconcertó momentáneamente.

—Oh, ¿qué dices?

De manera inesperada, la tomó de la muñeca -el pocillo con resto de infusión cayó al suelo- y la arrinconó contra la pared más cercana.

Con los ojos colmados de expectación la pilar del Amor no logró concebir respuesta ni efectuar algún movimiento de forcejeo.

—El malo no dejaría escapar a la princesa, la querría sólo para él —habló bajito, Kaburamaru se desenrolló del cuello humano y viajó hasta el brazo femenino, dando un ligero apretón. La lengua inquieta del animal rozaba levemente el cuello de la chica propinando un efecto cosquilloso y, con tintes, oscuros—. La amaría tanto como ella se lo permitiera y la cuidaría como un tesoro —Kanroji tragó saliva de manera nerviosa al escucharlo y aumentó al segundo; al reparar que el color amarillo del ojo derecho del cazador de demonios llameaba con vehemencia. Como puro fuego quemándose.

La evidente diferencia de estatura en ese momento restó importancia. El espadachín con la postura dominante logró someter a la fémina de cabello rosado, eso la enloqueció, notarse subyugada de una forma no física, sino que emocional. Debido a la proximidad de ambos, ella sintió la respiración agitada del joven removerle el flequillo verde.

Encantador, adorable, lindo. Mitsuri enumeró en los pensamientos con la llama el amor ardiendo dentro de su pecho, característico de su base como Pilar.

—Si —se mojó la boca antes de continuar—, si Iguro-san lo dice de esa forma no me importaría quedarme con el villano... —su mano se trasladó a la mejilla masculina, palpando la textura de la venda que siempre cubría la zona y parte de la pálida piel, dando firmeza a lo que acababa de contestar.

El suave toque de la joven hizo reaccionar al Pilar de la Serpiente, quien se apartó de un brinco y se giró, claramente perturbado. El bochorno era indescriptible.

Ella se tomó la cara con ambas palmas.

—Lo siento Kanroji-san —murmuró al cabo de un rato—, me he sobrepasado. Kaburamaru, vuelve... —la víbora se deslizó rápidamente del brazo femenino, luego por el suelo y se posó, como de costumbre, en el cuello de Obanai—, ¿quieres que te acompañe a casa? —consultó aún sin voltearse. Cuando la vorágine lo abandonara podría hacerle frente.

Mitsuri asintió sabiendo que él no podía verle.

Claramente, cuando leyera la novela romántica o Rengoku le prestara otro volumen, desearía que la princesa optara por el chico malo y que fuera secuestrada las veces que quisiera.

Lo había decidido.

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Espero no estar haciendo OoC, estoy de a poquito conociendo más aun los personajes y actitudes. Hay varios doujinshi, y fue uno que me inspiró a escribir hoy, me pensé la idea toda la noche (bah, no toda la noche, pero si una parte jejeje)

Lo pensé mejor y prefiero ir colgando acá mis historias de ObaMitsu (amor, puro amor), TENGO QUE ACLARAR QUE NO TENDRÁN HILO ARGUMENTAL DEL PASADO, son independientes uno del otro, ya? :3 amo a la pareja!

Un beso cargado de buenas vibras! gracias por leerme desde al anonimato.