La chica de sudadera celeste camino hacia la cancha de la escuela, donde se encontraban posiblemente el equipo de baloncesto y algunas porristas. El rubio iba detrás de ella.
— Esther, espera! — le grito el rubio desde lejos, la pelinegra volteó a verlo y detuvo su pasó.
— Oh, disculpa Bradley — hablo la chica con una sonrisa algo tímida — Solo quería caminar un rato, ya me conoces — soltó unas pequeñas risas.
— Si claro... — También soltó unas pequeñas risas. — Entonces, si veras las estrellas? — cuestionó, aunque ya sabía la respuesta.
— Claro, sabes que me gustan las estrellas — sus hermosos ojos se iluminaron, eran perfectos para el rubio... — y tu que harás? — ahora cuestionó ella.
— yo? ah... bueno, siendo sincero no lo había pensado... — hablo el chico entre nervios.
— No planeas invitar a alguien? — pregunto la pelinegra.
— Si quería invitar a una chica, pero ella estará ocupada con sus estrellas... — lanzo una indirecta.
— bueno, ella se lo pierde! Si no estuviera ocupada con mis estrellas te acompañaría — respondió sin entender, a veces Esther puede llegar a ser muy distraída.
— Si claro... — respondió el rubio desanimado.
No era la primera vez que le lanzaba una indirecta, siempre lo hacía pero Esther nunca captaba, quizás sea hora que le diga que la ama y sin indirecta.
— Quieres ir a ver las estrellas conmigo? — le pregunto Esther, haciendo que el rubio se saliera de sus pensamientos.
— Claro, no tengo nada que hacer! — dijo ruborizado, si no podía invitar al baile, por lo menos la acompañaría a ver estrellas.
— Bien, mañana a las 8:00 Bradley ~ — beso la mejilla del chico y se retiró de la cancha.
