Capítulo II. Pesadilla

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Sus orbes se abrieron con lentitud, sin apuro ya que su cuerpo mismo estaba programado para madrugar.

Sus movimientos automáticos de incorporarse y salir de la cama fueron seguros, caminó hacia el baño aún un poco confuso por aquel sueño lleno de ojos avellana.

Estaba por hacer sus necesidades cuando algo en su interior, una pequeña alerta, la insistencia en lavar el rostro primero, modificando levemente su rutina de aseo. El agua grabó su rostro y sus ojos por fin se fijaron en la imagen en el espejo.

Uno, dos, tres segundos.

Su corazón dio un brinco doloroso, con miedo y asco.

Suficientes para que diera media vuelta y adentrará de nuevo a la cama, cerrando los ojos con fuerza.

Era un sueño, solo un maldito sueño. O mejor dicho, una pesadilla.

Se removió con frustración en la cama, intentando conciliar inútilmente el sueño. Esperó hasta que experimentó aquella neblina que inducía al mundo de morfeo. Sus ojos se abrieron de nuevo.

La siguiente escena, similar a la de momentos antes se repitió, como si de un robot se tratara.

Cejas pobladas, espantoso corte de tazón, facciones horribles. Tragó saliva aceptando a regañadientes aquella situación.

Neji Hyuga, el prodigio, estaba en el cuerpo de su sensei.

Respiró profundamente, intentando mantener una completa calma. Todo esto se arregía.

Primero buscaría a su infame sensei, que por supuesto estaba en su cuerpo. Segundo resolverían esto antes que su cabeza analizará por completo la situación. Su mente, ya sea por el cuerpo y la poca seriedad que almacena en gran medida, se negaba a procesar toda la idea.

Un solo pensamiento llenaba todo.

Necesitaba su cuerpo ya.

Sin demorarse en un segundo más abrió sin reparar el armario para elegir algo para salir de ahí.

Uno, dos, tres .

El determinado Hyuga regresó sobre sus pasos, acostándose en la cama y cerrando los ojos. Fue el peor error ya que una imagen llenó su cabeza.

Mallas verdes, muchísimas mallas verdes.

Esto no podría ser más que una maldita pesadilla. El miedo comenzó a originarse en su cuerpo y cuando se abrió para abrir nuevamente elm closet se le cayó el alma a sus pies, sus manos sudaron y su rostro adquirió una mueca de completo desagrado.

La tela entre sus manos era porosa.

Tiró cada uno de los trajes al suelo, huyendo de la simple idea de hacer semejante estupidez.

Neji Hyuga podría morir pero jamás, jamás ¡se pondría mallas y menos verdes!

O eso es lo que el pensaba.