Buenos días:

Espero que todos estéis bien. Aquí teneís el siguiente capítulo. Comentarios, insultos, halagos y suplicas, a la cajita del review. El resto... no tengo ni idea. Y recuerdo, si alguien sabe hacer un diclaimer en condiciones, que me explique. Mientras:

Disclaimer. Todo lo que reconozcan no es mío. No pretendo obtener beneficio lucrativo. Rechazo toda resposabilidad? Ni idea.


El sol salió. El sol se puso. Otro día había pasado en la vida de Renee Swan, anteriormente conocida como Renee Higginbotham. Otro día más había pasado en su vida… pero no había sido un día típico. Para empezar, se había casado. Ya no le debía lealtad a su madre… sino que se la debía a su nuevo esposo. El vizconde Swan, quien le había pedido con las orejas rojas que cuando estuvieran a solas le llamase Charlie. Ahora bien, Renee sabía que Charlie no era un nombre heroico; pero bien pensado, un hombre como el vizconde tampoco permanecería nunca a sus novelas de aventuras y romances. Así que Charlie seria. Ella en cambio le había pedido que la llamase Renee. No porque tuviera ningún excesivo afecto por el vizconde… sino porque aún no se acostumbraba a su nuevo apellido y no quería volver a oír el apellido del que se regocijaba su madre.

Su madre. Ese era otro tema. Se había subido por las paredes de la ira cuando se había enterado de que la cría se había comprometido con alguien sin su consentimiento. Oh, pero Renee había ido un paso por delante por primera vez, y había pedido a una de sus pocas amigas quedarse unos días en su casa. Cuando volvió acompañada por Charlie y un notario, su madre no tuvo más opción que darles su beneplácito y las bendiciones correspondientes. Y mientras con la boca exclamaba su deleite y gozo, con los ojos la acuchillaba. Los arreglos fueron realizados, los contratos firmados, la celebración preparada, y hoy, apenas dos meses después de la pedida de mano que tuvo lugar en un balcón durante una de las fiestas de la familia Newton (sin que Swan se arrodillara ni a Renee se le acelerara el pulso por la emoción) el vizconde Swan y la señorita Renee se casaron.

Alguien llamó a la puerta de su habitación. El vizconde abrió levemente. Al ver que le esperaba en camisón, abrió la puerta un poco más. Despidió a las criadas. Él llevaba un conjunto más cómodo que el de la ceremonia. Sus orejas estaban más sonrojadas que nunca. Se detuvo unos cuantos segundos sin hablar.

- ¿Qué parte de la ceremonia te ha gustado más? -pregunto Charlie. Renee no pudo entender por qué hacia esa pregunta en lugar de…

"No te va a gustar," le había dicho su madre el día anterior "pero igualmente cerrarás los ojos y le dejaras acabar. A algunos hombres les gusta quedarse después contigo, y otros prefieren irse. Puede que te deje conservar la dignidad y la ropa, pero a algunos hombres les gusta que la mujer este desnuda. Las primeras veces es cuando más duele, y…" Renee no pudo seguir escuchando. Sus pensamientos se habían alejado de la conversación con su madre, que volvía ahora a su mente. Se pregunto qué clase de hombre sería Charlie.

- Me han gustado mucho las flores. ¡oh, y tu regalo! Muchísimas gracias. Nunca había tenido un pianoforte tan bonito -las orejas de Charlie se enrojecieron todavía más, si eso era posible.

- Me, me alegro de que te haya gustado –pausa. Otra vez el silencio.

- ¿Qué es lo que más te ha gustado a ti? -preguntó esta vez Renee. Charlie murmuro algo tan bajo que Renee no lo entendió- ¿Perdón?

- La novia -Renee fue la que ahora se puso roja. Desvió la mirada, pero después de un momento la volvió a centrar en Charlie. Él la observaba ahora, con mayor determinación en los ojos y todavía rojo como el bermellón-. Sé… sé que no te has casado conmigo porque me ames desaforadamente. Yo tampoco me he casado contigo por eso. Sino porque… porque necesito una mujer para que se encargue de mis casas, para que me apoye en mis decisiones, para crear un hogar. Para crear descendencia. Y sé que tú necesitabas un marido. Me honra que me hayas aceptado. No soy lo mejor que hay ahí afuera. Pero intentaré ser un buen marido. Y me gustaría empezar prometiéndote que a mi lado siempre tendrás un hogar. Que te respetaré, y te apoyaré. Quiero… quiero que intentemos ser compañeros. No sé si llegaremos a amarnos como hombre y mujer deben hacerlo, pero creo que podemos llegar a querernos como amigos. Creo, sinceramente, que puedo llegar a respetarte como la dueña de mis casas y de mi hogar. Si lo intentamos… siento preguntarte esto ahora, pero… ¿estás dispuesta a intentarlo conmigo?

Renee había escuchado en silencio el discurso, pero su mente corría vertiginosamente tras las nuevas opciones que proponía el vizconde. ¿Podía ser verdad? ¿Podían intentar ser amigos? Nunca había sido amiga de ningún hombre. Pero buscar una camaradería cordial, un cómodo compañerismo, ¡Oh! Era más de lo que se había atrevido a esperar.

- Quiero intentarlo. Quiero ser tu amiga. Y tú compañera. Me has ayudado. Quiero ayudarte yo a ti. Intentarlo. Sí, sí quiero. Charlie.