(¡Hola de nuevo con todos!, espero que hayan tenido un buen fin de semana, aquí les traigo el segundo capítulo, ¡espero les guste!)
Crónicas de Runaterra – La guerra de los últimos Ciemno
Capitulo II: Huye
Ruidos incesantes y estruendosos hacían eco en la cabeza agitada de Yasuo quién apenas abría sus ojos. Destellos de luz de color morado mezclados con el anaranjado de las llamas se podían observar desde la ventana de su hogar, gritos de desesperación inundaban la lejanía y el joven espadachín tomó sus cosas y salió en busca de sumarse a los problemas.
- ¡Iki! ¡Iki! ¡Responde Ikimura! – Gritaba Yasuo mientras se acercaba a la zona poblada de la aldea corriendo.
Yasuo no paró de correr hasta encontrarse con el catastrófico panorama, las casas de sus conocidos y compañeros de entrenamiento todas destruidas o en proceso de su destrucción, incendiándose entre llamas que consumían incluso a la flora cercana.
Entre las casas destruidas obviamente estaba la casa de Ikimura, su mejor amigo, quién ahora tenia un paradero desconocido. Los gritos de los aldeanos se escuchaban a lo lejos todavía, debían haber ido todos a defenderse de la amenaza, pero ¿qué podía causar tanta destrucción en tan poco tiempo?
El panorama a medida que Yasuo avanzaba ya no era solo catastrófico, ahora era también irreal, había cadáveres de aldeanos como si se les hubiese succionado la vida de ellos, más adelante la cosa se tornaba aún más irreal, en el suelo había cadáveres de criaturas que Yasuo jamás había visto, criaturas horrendas y con estructuras óseas imposibles, exoesqueletos, huesos sobresalidos como armas, algunas incluso con patas puntiagudas o tentáculos.
Parecía algo sacado de una de las historias del anciano Shyan, imposible de creer.
- ¡Yasuo! – Se escuchó la voz del anciano Shyan
- Anciano Shyan! ¡¿Qué está sucediendo?! ¡¿Qué son estas cosas?! – Pregunto Yasuo con desesperación en su tono a lo que su distancia con el líder de la tribu del viento disminuía.
- No hay tiempo de explicar Yasuo! ¡Debes salir de aquí! – dijo el anciano Shyan mientras que sostenía su gran Katana con una de sus manos.
- No te voy a dejar morir aquí anciano Shyan – dijo Yasuo colocando sus manos sobre el mango de su espada.
- Eso no esta a tu elección Yasuo! ¡Mi deber como jefe de la aldea es protegerlos a ustedes y he fracasado! ¡ahora al menos debo asegurar que el futuro de la tribu del viento se preserve! – Gritó Shyan a Yasuo de manera frenética
Un sonido inhumano se hizo audible desde la cercanía detrás de uno de los grandes caminos de bambú que rodeaban la aldea.
- Shyan… ¡¿qué es esa cosa?! – Pregunto Yasuo con notable miedo en su expresión mientras observaba a una enorme criatura de un solo ojo emerger de entre la tierra que se cuarteaba con su ingreso.
- ¡Sal de aquí Yasuo! ¡Ikimura está en el templo esperándote! ¡Debí saber qué sucedería antes! – dijo entre grito el anciano Shyan mientras se daba la vuelta para enfrentar a la criatura
- ¡Oh! Otro espécimen excepcional, veamos que tanto puedes aportar a mi… Investigación – Se escuchó una voz grave y monstruosa pronunciar dichas palabras.
- ¡No mires atrás! – dijo Shyan empujando a Yasuo
Yasuo consumido por el miedo intentó quedarse, pero su instinto le rogaba hacer caso a las ordenes de su maestro, sin dar un segundo vistazo a la situación el samurái echó correr en camino al templo del viento, el joven espadachín corría como nunca había corrido en su vida y en menor tiempo del que jamás lo había logrado, llego hasta el templo del viento donde vio a Ikimura esperándolo sentado en las gradas y con dos maletas de viaje a cada lado.
- ¡Levántate Iki! ¡Debemos salir de aquí ahora! – Exclamó Yasuo con una expresión de terror en su rostro.
- Yasuo? Pensé que estabas dentro del templo, el anciano Shyan me pidió que te esperará aquí cuando de repente un gran estruendo sucedió y me dijo que tenia que venir solo – dijo Ikimura mirando a Yasuo con una expresión desconcertada.
- Iki yo tampoco sé que está pasando, pero debemos salir de aquí rápido, son ordenes de Shyan ir al Placidium – dijo Yasuo tratando de calmarse
- está bien Yasuo, te sigo, pero antes toma tus cosas, el anciano Shyan las preparó para ti – dijo Ikimura con una expresión de miedo ligera en su rostro.
Yasuo e Ikimura corrieron hacia el sendero que llevaba a uno de los pueblos cerca de la cima de la montaña, sus pasos eran a la par los del uno con el otro y el silencio que inundaba su caminata era mortuorio.
- Yasuo, los de la aldea… ¿están muertos verdad? – preguntó Ikimura mirando al suelo
- creo que si Iki – dijo Yasuo sin mirar atrás hacia su compañero.
- ¿sabes que eran esas cosas? – hizo otra pregunta Iki
- no tengo ni la menor idea Iki, solo sé que no son como nada que hayamos visto antes – explicó Yasuo
- ¿a qué te refieres? – dijo Iki mirando ahora hacia su guía de viaje
- me refiero a que en todos mis viajes por Jonia jamás había visto algo como eso – dijo Yasuo mientras trepaba el sendero de piedra que llevaba al pueblo al tope de la montaña.
- ¿ni si quiera cuando competiste en el torneo de guerreros Jonianos? – pregunto con sorpresa Ikimura
- ni si quiera ahí – afirmó el samurái.
- que raro… - dijo Ikimura, por último, a lo que Yasuo no respondió más para sumirse en sus propios pensamientos mientras trepaba por su camino.
Los pensamientos de Yasuo lo ahogaban mientras su paso se mantenía a lo alto de la montaña, ¿Que eran esas cosas que había visto frente al bosque de bambú?, ¿por qué el anciano lo había enviado y no había ido él mismo?, ¿Por qué junto con Iki?
Todas las preguntas de Yasuo parecían no tener respuesta, parecía que se sumía en un abismo sin respuestas y a medida que la madrugada culminaba con el tiempo, el brillo tenue del amanecer iluminaba los cielos y les proporcionaba visión al par de viajeros sobre el pueblo al que se dirigían.
-Llegamos… - dijo Yasuo quién sin una gota de cansancio en su tono volteó a mirar hacia su compañero quien no parecía estar tan cansado.
- vale, ¿qué hacemos aquí? – preguntó curioso Iki.
- no toques nada, no hables con nadie, sígueme y ya – dijo Yasuo por último antes de continuar su camino.
El par de viajeros siguió con su camino hasta llegar al otro extremo de la aldea y salir de la misma para poder iniciar su descenso hacia la pradera Navori para llegar al Placidium.
- ¿Por qué no querías interactuar con nadie de esa aldea Yasuo? – preguntó Ikimura con un tono de voz curioso.
- Hace tiempo que llevo pasando por ese pueblo y me solía quedar a dormir en la posada que tienen para viajeros, lo malo de eso, es que ellos siempre me echaban la culpa cuando algo se perdía dentro de la posada… así que me había metido en un par de problemas – Dijo Yasuo a su mejor amigo
- oh, ya veo, ¿y que me puedes decir de la señorita Irelia? ¡He oído que es hermosa y muy elegante! – Pregunto Ikimura quien sabía que Irelia había peleado junto a Yasuo a temprana a edad en una de las batallas para defender el puerto Joniano de la Provincia de Navori de una serie de ataques Noxianos.
- ella es… hmmm peculiar, una buena amiga y excelente compañera de batalla… pero eso no quita su temperamento increíblemente explosivo – dijo Yasuo dejando salir un suspiro al final de la oración.
Iki soltó una carcajada pequeña – ¿entonces no es verdad que usted y la señorita Irelia tuvieron un lío amoroso? – Preguntó Iki nuevamente ahora mirando a Yasuo con ojos brillantes.
Yasuo se tropezó con una piedra por el shock ocasionado por la pregunta – ¡¿espera que?! Niño, ¡¿de dónde sacaste esa pregunta?! – Preguntó Yasuo deteniendo su paso y volteando a mirar a su compañero de viaje.
- Pues, en el pueblo los guerreros que regresaron de la batalla del sur de Navori dijeron que ustedes dos tenían una especie de relación especial – dijo Ikimura mientras que caminaba todavía por el sendero de bajada hacia las praderas.
Yasuo suspiró y siguió su camino de bajada – pues no, nunca hubo nada romántico entre esa mujer y yo, eso no tendría sentido solo somos buenos compañeros de guerra – Especificó Yasuo a su mejor amigo.
Iki soltó una pequeña risa debido a la reacción de Yasuo y siguió caminando detrás de su guía de viaje. La tarde avanzaba y el punto máximo del día había pasado ya. El sol lentamente iba disminuyendo y las praderas de Navori eran lentamente visibles desde la lejanía.
- más adelante hay un poblado de granjeros y criadores de ganado, frente a esa población hay una buena zona para descansar, aguanta hasta ahí Ikimura – dijo Yasuo quien notó que el paso del menor de los dos ya estaba lentamente reduciéndose por el cansancio.
-está bien – dijo el sin más.
La tarde seguía transcurriendo y el cielo lentamente se tornaba anaranjado y los pasos del mas joven de los dos viajeros ya se arrastraban contra la tierra haciendo sonar las piedras. Yasuo dio la señal de que habían llegado al lugar donde descansarían, era una estructura muy conveniente de rocas de que apilaban de tal manera que formaban una choza improvisada triangular, cabían con espacio de sobra ambos viajeros, así que se acomodaron y se dispusieron a conversar para aligerar la carga del viaje.
- ya estamos cerca del Placidium? – Preguntó Ikimura a su compañero.
- no falta mucho, mañana al atardecer ya estaremos ahí – Dijo Yasuo mientras se recostaba contra una de las piedras que les hacían de pared.
- ¿sabes Yasuo…? – preguntó Iki para iniciar una conversación.
- ¿qué pasa niño? – Respondió Yasuo
- tengo miedo, no puedo evitar pensar en que mi madre y mi padre ya no están y no podré verlos nunca más – dijo Ikimura mientras que sus ojos lentamente se llenaban de lagrimas
- … - Yasuo guardó silencio y dejó que su amigo se desahogara.
- no sé, ni entiendo lo que está pasando, hoy todo parecía andar como si nada cuando caminábamos hacia aquí, pero en la madrugada creí que estaba dentro de una pesadilla – Intentó explicarse Ikimura sin poder contener sus lágrimas.
- Yo tampoco sé que está pasando Iki, pero lo que sí sé es que estaremos bien, el viejo Shyan y tus padres se sacrificaron para que podamos estar aquí, así que no desperdicies ese regalo que nos dieron – Dijo Yasuo intentando con todo lo que podía, calmar al más joven de ambos.
- está bien Yasuo, gracias… - Dijo el más pequeño mientras se quedaba lentamente dormido.
Yasuo se dio cuenta de que era un buen momento para salir y meditar y revisar que no hubiese bandidos cercan que los pudiesen asaltar. Yasuo se sentó en la entrada de la choza improvisada donde cruzo sus piernas y se dispuso a practicar una de las ultimas enseñanzas que le había dado el anciano Shyan.
Escuchar al viento, era una habilidad que solo que podía obtener mediante la meditación y quietud completa, esta técnica se basa en que el viento les habla a los portadores de su técnica, pero solo unos pocos pueden escucharlo, el viento siempre te cuida la espalda y te puede guiar cuando lo necesites. Yasuo aún no era capaz de aplicar esta habilidad, pero sabía que con la suficiente concentración le podría ser posible.
El joven samurái se sumió en su concentración y dejó que la noche pasara de esta manera.
Así de rápido como anocheció, llego el amanecer. Yasuo fue levantado de su estado de meditación por su compañero de viaje mediante una palmada en el hombro.
- ya vamos Yasuo, ¡si no, demoraremos mucho en llegar al Placidium! – Exclamó Iki quién ya estaba listo para salir.
- vale pásame mi maleta y vamos para allá – Dijo Yasuo en lo que se levantaba del suelo frustrado por no haber podido lograr aprender la última habilidad que le había dejado su maestro.
- aquí tienes, ahora ¡vamos! – Dijo Iki con entusiasmo.
- vale vale, vamos – le respondió Yasuo mientras que guiaba de nuevo el camino hacia el Placidium.
(¡bueeeenoooo muchachos eso ha sido todo por este capítulo! Espero haya sido de su agrado, saben que sus comentarios siempre son un impulso para seguir adelante con la historia y me encanta saber que tal les parece la historia y sus sugerencias u opiniones sobre la misma. ¡Hasta una próxima vez!
Fenrisk)
