—Iwa-chan ¿Habías quedado con Tobio? —preguntó más que extrañado de que así fuese.
—Oikawa-san, ayer vine a buscarte pero no estabas…—se excuso el moreno provocando que la ira de Oikawa subiese.
—Le estoy hablando a Iwa-chan, no a ti. Al fin y al cabo solo eres un pequeño gusano…
Iwaizumi le dio un golpe en la espalda que le hizo retorcerse. Kageyama se quedo paralizado al ver al escena.
—¿Pero qué te has creído? Ten respeto a los chicos menores —espetó secamente y visiblemente molesto por el comportamiento de Oikawa.
—¡No tienes derecho a pegarme! Yo quería irme contigo y ahora este se mete por en medio —hizo énfasis en la palabra "este" con desagrado.
—Ayer fuiste tú el que se marcho sin decir nada ¿Te acuerdas? —no pretendía reprochárselo pero al acabar de decirlo, Iwaizumi reparo en que sonaba como tal.
—Oh ya veo. Así que te sentó mal y no has tardado nada en remplazarme —argumento atando cabos.
Kageyama que observaba desde otra perspectiva se atrevió a hablar.
—No pasa nada. Yo puedo irme.
Iwaizumi le cogió del brazo y miro desafiante a su compañero.
—No. Aquí el que se larga es él —Oikawa echo un último vistazo y aún con el cuerpo desbordado por toda clase de emociones se fue dejando a los dos chicos a solas.
—Buff como se ha puesto —acabo diciendo Kageyama disgustado.
—Tsk. Ni caso. Es un maldito caprichoso, acostumbrado a que todo salga como él quiere y que todo el mundo le vaya detrás. Cuando algo no sale como espera, se mosquea.
—Vaya. Lo conoces muy bien.
—Claro. Desde críos que hemos estado juntos.
—¿Por eso se enfada tanto de que otro pueda tomar su lugar? —Iwaizumi prestó atención a lo que acababa de decirle el más bajo.
—¿Tomar su lugar?
—Sí. Todo lo que ha dicho...parecía como si estuviese celoso. Como si pensase que yo iba a robarle algo suyo —dijo dejando pensativo al otro.
—Puede ser...Por cierto ¿Para qué me citaste?
—He pensado que….ya que Oikawa-san no pretende ayudarme. Mucho menos lo haría ahora. ¿Te importaría reforzar mis colocaciones?
—¿Yo? —Kageyama le miro con fuego en los ojos.
—Tú también eres muy bueno. Por favor, me ayudaría muchísimo para progresar en mi equipo.
Iwaizumi un tanto desconcertado e incapaz de negarse termino accediendo. Ambos estuvieron casi una hora entera entrenando. Mientras Iwaizumi le daba buenos saques, Kageyama trataba de dar con la colocación exacta. Después era Kageyama quién se la colocaba a Iwaizumi y este remataba.
—Madre mia chico. Tú no sabes lo que es estar exhausto ¿Eh? —comento el mayor casi empapado en sudor y adolorido después de tanto entrenar —. Lo dejamos por hoy.
—Vale, gracias —se agacho en pose de agradecimiento —Iwaizumi -san, eres el mejor.
El sub-capitán le dedico una pequeña sonrisa.
—Que va. Lo hago con gusto.
—Y siento que por mi culpa hayas tenido que pelearte con Oikawa. La verdad no me gustaría que a raíz de eso estéis enfadados.
—No te preocupes. Muchas veces lo hemos estado. Tiene que aprender que no ser tan infantil y comportarse —recogieron varias pelotas que estaban en el suelo y salieron del gimnasio cerrándolo —. Sabes, a pesar de sus aires de grandeza y su ego subido. Es muy inestable.
—¿Por qué lo dices? —volvieron a emprender la marcha juntos.
—Se frustra con facilidad cuando ve que alguien puede hacerle sombra. Alguien como tú —Kageyama le miro con detenimiento —. Y es por eso que siempre te trata así de mal. No habría cosa que le fastidiase más que ver como uno de sus súbditos le pasa por encima ¿Entiendes lo que te quiero decir?
Kageyama asintió.
—¿Por eso siempre se ha negado a enseñarme nada? Menos mal que tú no eres así.
—Yo no creo que nadie esté por encima de nadie. Cada uno tiene su puesto en el equipo y es gracias al conjunto y a las jugadas de cada uno que se logra llegar a la victoria. Nunca nadie ha conseguido vencer yendo por su cuenta.
Las palabras de Iwaizumi tocaron hondo en Kageyama quién ahora había empezado a entender el significado de ellas.
—Adiós Kageyama —se despidió el del Johsai cogiendo el camino hacía su casa.
· · ·
Cuando llegó a su hogar se encontró en el portal con el chico de sus pensamientos.
Oikawa tenía el semblante serio y no le saludo como solía hacerlo de forma efusiva, simplemente soltó un hola.
—Tu comportamiento de hace un rato ha sido muy patético —le recrimino segundos después y Oikawa lejos de saltar por el comentario como lo hubiese hecho de forma natural, hablo un tanto decaído.
—Has estado con Tobio más de una hora ¿Qué habéis estado haciendo?
Iwaizumi se quedo parado ante lo dicho.
—¿Qué?
—¿Que qué habéis estado haciendo? —repitió —. ¡Maldita sea! Me estaba muriendo de la angustia de pensar una y mil cosas. Hasta se me ha ocurrido regresar y partirle la cara a Tobio si fuese necesario.
—¿De qué hablas? —estaba alucinado por las cosas que le decía.
—Es que no lo entiendo. ¿Te puede llegar a gustar un simple chico de primero? Comparado conmigo que soy mil veces más guapo ….
—¡Eh, eh para ya! No se de que me estás hablando. Pero corta el rollo. No quiero oír tus estúpidos comentarios sobre lo genial que eres. Me molesta.
Oikawa en un impulso se tiro sobre el pecho de su amigo.
—Que rápido te olvidas de mí —el de cabello de punta bufo fastidiado —. ¿Ya no te gusto? … —dijo en apenas un susurro. Su voz esta vez salió lastimada.
—Oi...no te pegues tanto ….—Oikawa se estrecho más e intensifico el agarre abrazándose al cuerpo de su compañero como una lapa.
—No voy a soltarte. Vas a tener que soportarme y no me voy a ir hasta que me cuentes todo lo que ha pasado —argumento seguro de lo que decía.
Iwaizumi entonces percibió como una pequeña lagrima se escurría por la mejilla de su capitán.
—¿Por qué te pones así? —acabo diciendo esta vez correspondiendo al abrazo y cogiendo de la nuca a Oikawa condujo su cabeza hasta su hombro —¿Esa cabeza hueca tuya no piensa con claridad?
—¡Iwa-chan es tremendamente cruel conmigo! —sollozo —. ¡No me tiene en cuenta!
—Eso no es verdad y lo sabes. ¿Qué te ha hecho pensar eso?
—Me tratas fatal.
—Te doy simples avisos, ya que te pasas tres pueblos y no sabes controlarte. No puedes ir por la vida como si todo el mundo tuviese que lamarte los pies.
Varias lágrimas más cayeron e Iwaizumi empezó a desesperarse. Estrujo los cabellos de Oikawa entre su mano.
—Para ya de llorar… ¡Para ya! —noto el fuerte cuerpo de Oikawa volverse débil en segundos, al comprobar que temblaba sutilmente por el contacto —. ¿Tienes frio o algo?
—Estoy bien —al separarse Oikawa paso su mano por sus ojos despejándolos —. ¿Puedo quedarme?
Iwaizumi abrió la puerta y la dejó entreabierta.
—Venga, entra —los dos chicos entraron —. ¡Ya estoy en casa! —dijo en voz alta mientras le indicaba con el dedo a Oikawa que subiese a su habitación —. ¿Quieres algo de comer? —Oikawa negó.
Cuando Iwaizumi entró en su cuarto se encontró con su compañero echado en la cama.
—Te dije que no quería nada —hablo al ver a Iwaizumi con una bandeja con varios platos.
—¡Cómo no te lo comas te daré una buena!—argumento serio.
Oikawa se incorporo, le cogió la bandeja y la puso en el centro de la cama.
—¡Qué bien me cuidas Iwa-chan!
Iwaizumi tomo lugar en la cama y ambos empezaron a comer en silencio.
—Todavía no me has contado que te traes con Tobio.
—Nada, solo entrenamos.
—¿Entrenar? —indagó curioso —. ¿Y ya está?
—¿Y qué te pensabas?
—¡No me gusta que le entrenes! —comento esta vez bastante serio.
Iwaizumi alzo una ceja incrédulo por lo que acababa de oír.
—No se trata de que te guste o no. Lo he hecho y punto.
—¡Pues no lo hagas más! ¿Por qué tienes que hacerlo? —hablaba bastante alterado. Dejo a un lado su comida y fijo su vista en el moreno —. ¡Entrename a mi!
—¿Qué demonios te pasa? ¿Acaso eres un crio de parvulario? No me vengas con esas ahora…
Oikawa trato de mantener la compostura.
—¡Me jode que pases tiempo con otro que no sea yo! —acabo diciendo sin saber muy bien la magnitud de aquellas palabras.
—¿Ah si? ¿No tienes suficiente con todo tu grupito de chicas tontas que te lamen el culo? —le devolvió la mirada desafiante y sin flaquear.
—¿Por qué siempre me sacas en cara lo mismo? ¡Iwa-chan es diferente!
—¡Eses un caprichoso de mierda, eso es lo que te pasa!
—Tú me gustas! —le cogió de la camiseta y lo atrajo lo suficiente para plantarle un beso en la boca—. ¿Cuántas veces tendré que repetírtelo? ¡Me gusta Iwa-chan y nadie más!
—Si has terminado de comer me llevaré la bandeja —dijo levantándose.
—Iwa-chan… —su expresión se convirtió en una afligida.
Iwaizumi salió de la habitación y Oikawa se acurruco en la cama. Acaricio la almohada y percibió el olor tan característico que ya conocía, el de su inseparable amigo. Uno que llevaba desde siempre muy dentro.
¿Sería que en verdad Iwaizumi sentía algo por él? ¿O se lo había imaginado? ¿Y si todo eran fantasías suyas? ¿Y si solo le consolaba y trataba de hacerle sentir bien por lástima, por la cantidad de años que llevaban siendo amigos?
No, definitivamente no podía ser eso. Iwaizumi tenía que sentir algo.
Cuando el moreno volvió a entrar y se encontró con su amigo acurrucado y con la cabeza metida en su almohada algo le desconcertó. Solo se le ocurrió cortar la situación dando un portazo que hizo reaccionar a Oikawa, quien se incorporo de inmediato.
—¡Me has asustado! —dijo rápidamente.
—Eso te pasa por estar en las nubes. Deja de soñar despierto y comete esto —le tendió un pequeño cup cake en una servilleta —. Ni se te ocurra despreciarlo, los ha hecho mi madre.
Oikawa sonrió al escucharle decir aquello.
—Nunca sería capaz de rechazar nada que tú me des —lo cogió e Iwaizumi desvió la mirada.
Se empezaba a sentir incomodo cuando Oikawa le lanzaba esas indirectas y es que desde que Oikawa le había dado ese primer beso, algo había cambiado. Oikawa se había vuelto más directo de lo normal, más si cabe, esa clase de comentarios que soltaba y no sabía como contestar, le ponían nervioso.
—Come y calla —bufo.
Observo como Oikawa se lo comía con gusto. Era tal cual un niño. Tan firme y mandón que llegaba a ser y tan frágil y sensible en la intimidad. Eso era algo que estaba seguro que solo él conocía. Que era un lado que solo Oikawa le dejaba ver a él y por egoísta que pareciese, le hacía sentirse increíblemente especial.
—Los postres de tu madre son deliciosos —comento sincero —. Siempre ha sido una excelente cocinera.
—Tú madre también lo es.
—Iwa-chan…
Iwaizumi fijo su mirada en la del castaño atento a lo que iba a decir.
—¿Dormimos juntos?
Los ojos del moreno se abrieron como platos, entre alucinado y atónito. Al reaccionar y meditar lo que acababa de oír se apresuró a contestar de inmediato.
—¡¿Qué dices?! ¡¿Qué te has tomado?! ¡Ni de coña! —soltó firme.
Oikawa hecho una pequeña risa.
—No hace falta que te pongas tan tenso Iwa-chan. No pensaba hacerte nada.
—¡Para ya con tus bromitas! —le corto algo avergonzado.
—Pero quiero quedarme a dormir, lo digo en serio. No quiero irme a mi casa —concluyo esta vez sin ningún tono de burla de por medio.
Iwaizumi al percibir el cambio en su voz le contesto sin entender.
—¿No habrás vuelto a hacer enfadar a tu madre, verdad? —pregunto sabiendo de antemano que Oikawa muchas veces se pasaba de la raya con su madre, y le hacía rabiar por alguna de sus bullas.
Oikawa no contesto e Iwaizumi supo que estaba en lo cierto.
—Aquí no vas a quedarte —sentenció secamente.
—¡¿Qué?! ¡¿Por qué?!
—Porque no. Lo mejor es que te vayas a tu casa y arregles las cosas con tu madre. Ya no tienes cinco años.
—Lo mejor es que me quede aquí contigo.
Iwaizumi le miro desafiante.
—No me metas en tus líos.
—No va a pasar nada, te lo juro —puso ojos de cachorro —. Solo necesito estar un poco alejado aunque sea por una noche —termino diciendo a lo que Iwaizumi no supo recriminarle.
—Pero la vas a llamar y le dirás que te quedas.
—¡Lo que tú ordenes! —asintió feliz de que su amigo hubiese terminado accediendo.
En algunos momentos Iwaizumi se preguntaba como es que muy en el fondo le terminaba gustando la compañía de esa cabeza hueca de Oikawa. Que por mucho que le hiciese hervir la sangre en más de una ocasión y aunque se pasasen la mayor parte del día entre piques y rabietas, disfrutaba de tenerle al lado.
Las horas iban pasando. Iwaizumi se había puesto a hacer algunos deberes y Oikawa alegando que no tenía cabeza para eso estaba encima de la cama volteando de un lado para otro, crispando los nervios de Iwaizumi.
—Ya podrás ponerte a hacer algo.
—Ya lo hago -dijo divertido.
—¿Ah si?
—Sí, te miro.
Iwaizumi frunció el ceño.
—Vuelve a decir algo así y te saco de la habitación a patadas.
—¿Por qué eres tan borde? ¿Te molesta que el guapo de Oikawa se haya fijado en ti? —soltó al aire sabiendo que ese tipo de cosas hacían enfadar a su compañero y le picaban. Le divertía picarle.
—Me molesta que seas un imbécil de mierda.
—Bueno, pues a este imbécil de mierda le vuelves loco.
Iwaizumi por primera vez alzo la vista de su cuaderno y fijo sus ojos contra los de Oikawa. Se levanto tomando completamente desprevenido al otro y se fue hacía él. Cuando estuvo enfrente suyo y con una frialdad que heló la sangre a Oikawa pronuncio;
—Deja de jugar niñato. Repitelo y no vas a poder levantarte de esta cama en días.
.
.
,
