Disclaimer: Los derechos reservados de Bleach pertenecen a Kubo Tite y la Shonen Jump.

N/A: Gracias a mi primer día de cuarentena les tengo un capítulo fresquito. Espero que todas y todos estén bien en esta pandemia. Cuídense y lávense las manitos.

Psique

CAPÍTULO 2. Cada uno hace lo mejor que puede

24 de diciembre

Considerando lo vergonzoso que resultaba aceptar que tenía que asistir a terapia junto con Rukia por algo malo que hizo que aún no entendía del todo, dejó que la rumorología estudiantil volara libre y no contestó las miles de preguntas con las que lo asediaron sus compañeros. No fue una de sus mejores decisiones y se dio cuenta ese mismo día.

La mitad de la población estudiantil se había convencido para mediodía que Ichigo le había hecho algo nefasto a la alumna modelo Kuchiki que involucraba violencia física y psicológica. La otra mitad, lo miraba con complicidad por haber consumado quién sabe qué.

Luego de la larga jornada de clases especialmente de una brutalidad bestial matemática con derivadas e integrales que su cerebro no alcanzaba a procesar del todo y que sus amigos resolvían con eficiencia exasperante, tuvo que caminar solo hasta la parada del autobús que lo llevaría al lugar donde lo vería tanto el profesor como los tesistas. Rukia estaba citada para el día siguiente por lo que se fue a casa sin despedirse.

No es que esperara que lo acompañara a la parada del autobús. No.

Cuando bajó del autobús se sorprendió al ver que se trataba realmente de una clínica psiquiátrica. No estaba en ningún sueño y la realidad de su castigo se hizo más evidente. El silencio era muy inquietante. Además, pudo ver a un par de espíritus de tierra atados al lugar, al que les hizo un breve y ruidoso entierro de almas, después recordó que al menos debió dejar uno para que molestara a Rukia al día siguiente como una pequeña ofrenda por su desprecio.

Al entrar, lo esperaban el profesor Highmore junto con dos estudiantes de pregrado en una sala color celeste y un sillón gris que se veía bastante cómodo. Luego de un par de reverencias lo invitaron a sentarse. Ichigo le echó un vistazo rápido a la habitación y vio tras el escritorio a la entrada una gran fotografía con la generación de su madre. Ella estaba adelante junto al profesor con una gran sonrisa. Esto lo llenó de una pena inmensa rodeada de una culpa.

Uno de los estudiantes observó muy atentamente las emociones del menor y fue el que habló.

—Tu nombre es Ichigo Kurosaki ¿verdad? —dijo con una amable sonrisa—Mi nombre es Murakami Jyn y hoy seré tu psiquiatra.

—Bien—contestó Ichigo acerbamente más por lo forzado de la situación al tenerlo obligado que por otra cosa.

—¿Cómo te sientes hoy? —contratacó mientras el resto de los psiquiatras escribían algo en sus libretas.

—Cabreado. Muy enojado. En un castigo injusto. Así me siento—se sinceró el pelinaranjo.

—¿Por qué crees que es injusto?

—No hice nada malo. No agredí a Rukia, jamás lo haría—dijo abrumado después de un largo silencio.

—Kurosaki-san, ¿qué sientes cuando no te escuchan?

—Frustrado. Luego, me duele la cabeza, pero eso es una constante con Rukia. Rukia nunca me escucha siempre hace lo que quiere y escucha solo cuando le conviene.

—Ella no te escucha.

—Sí, no es eso lo que estoy diciendo—respondió Ichigo comenzando a irritarse por un laberinto de preguntas que no lo conducían a ninguna parte.

—Ella es la que no te escucha.

—Por supuesto.

—Tú siempre la escuchas.

—Esas no fueron mis palabras. La oigo como un zumbido constante. "Ichigo, has esto, Ichigo has esto otro." Es muy mandona. Desde que la conocí aprendí a escucharla selectivamente. La oigo todo el tiempo, pero la escucho solo algunas veces.

—Entonces, no siempre la escuchas. Pero cuando ella no te escucha te enojas ¿Cómo crees que se siente ella cuando tú no la escuchas?

—Pues no lo sé, habría que preguntárselo. Aunque lo que sí sé es que ella hablaría por varios minutos sobre como nunca la escucho y hago lo que se me viene en gana lo que sería de por sí irritante, prefiero ahorrármelo.

—¿Por qué asumes cómo ella va a responder ante la pregunta?

—Porque la conozco muy bien. Estamos literalmente todo el día juntos. Ustedes ya saben que vive en mi casa. Mi padre es su tutor.

—Pero por lo que me estás diciendo la conoces muy bien, quizás deberías saber como se siente y no cómo va a actuar.

—No sé cómo se siente. Nosotros no hablamos de sentimientos. Nunca lo hemos hecho, salvo una vez…—respondió Ichigo y rápidamente se autocensuró.

—¿Qué pasó esa vez?

Ichigo no quería responder, pero sabía que no lo dejarían en paz hasta que contestara la pregunta y alargaría la agonía. Tres pares de ojos expectantes lo observaban como un bicho a punto de hacer algo extraordinario como hablar.

—Esa vez fue… en el aniversario de la muerte de mi madre.

Los tres escribieron rápidamente en sus libretas.

—Lo siento mucho, Kurosaki-san—dijo Jyn sinceramente—¿podrías compartirnos lo que ella te dijo? Está de más recordarte que esto quedará en el pacto de confidencialidad entre paciente-tratante.

Ichigo miró a los tres reticentemente, después de un largo silencio suspiró. Puso su mano detrás de su cabeza como si algo le molestara allí.

—Ella me dijo que cuando quisiera hablar sobre mi madre ella esperaría, porque no tenía la forma de ella misma llegar a mi corazón—Ichigo se ruborizó al decir esa palabra en frente de otras personas—sin mancharse. Me dejó bien claro que estaba para mí, pero que no me presionaría.

—Eso es bastante sensato y muy respetuoso ¿Y has hablado con ella?

—Por supuesto que no. No he hablado con nadie sobre lo que pasó ese día. Ni tampoco lo voy a hablar… nunca.

—¿Crees que podrías decírselo a ella un día?

—Yo creo que ella ya lo sabe. No creo que sea necesario decírselo.

—Otra vez asumes cosas de ella que no le has preguntado o hablado. Veo que estamos llegando a un punto aquí.

Ichigo no vio el punto al que se refería.

Jyn se levantó y recogió una libreta color borgoña del escritorio. Era de cuero sintético, muy bella.

—Tienes unas notas excesivamente buenas en Lengua, Kurosaki-san ¿te parece si escribes de ahora en adelante lo que Kuchiki-san te hace sentir día a día y qué es lo que siente ella? Mientras más lo hagas menos sesiones con nosotros puedes llegar a tener.

Ichigo lo sopesó y recibió la libreta.

—¿Podrían ser cero sesiones más?

—En tus sueños, chico—dijo claramente el profesor e Ichigo se hundió más en el cómodo sillón.

Se quedó bastante rato sentado en la parada de autobús en soledad. Jugó con la libreta entre sus dedos. Había dejado de escribir diarios el día que su madre murió, que ahora le obligaran a escribir uno el mismo día que había nombrado su muerte en voz alta era muy decidor. No sabía si quería hacerlo porque haría esta pesadilla más real.

El autobús de vuelta a casa paró frente a él y se subió. Estaba casi vacío. Se sentó atrás y apoyó su cabeza en el cristal empañándolo parcialmente. Había sido un largo día y estaba desanimado. No había intercambiado una conversación amistosa con Rukia desde que la cargó a casa hace tres días, incluso una pelea amistosa le habría venido bien. Quizás esta vez sí que se había molestado aunque no entendía por qué ¿Quizás era porque ella quería la beca? Si ni siquiera había manifestado deseos de ir al bachillerato de la universidad y a decir verdad, necesitaba saber qué es lo que Rukia quería hacer porque así él también haría un plan en que pudieran seguir estando juntos, por su trabajo. Obviamente.

A quien quería engañar. Le preocupaba Rukia. Por supuesto, cómo no se va a formar un lazo si estás todos los días con esa persona salvando a otras, si Rukia venía de otro mundo y lo asediaba con preguntas de usos y costumbres de esta época. Ella ya no tenía sus poderes de shinigami. Él los tenía todos y se sentía en el deber de protegerla a toda costa. Se supone que ella había pretendido darle tan solo la mitad, pero quedó paulatinamente sin poderes con el tiempo. A él no le molestaba mucho, ya que Rukia solía ser en extremo altruista a pesar de que le quedaran pocos poderes, sin poderes kidoh, ya no se exponía a tal grado de peligrar su vida, sin embargo, siempre lo acompañaba a cazar vacíos. No solo eso había cambiado, durante todos estos años aunque tenía un gigai, Rukia comenzó a crecer también, había aumentado 6 centímetros y su cara se había vuelto un poco más afilada, sus labios más definidos y su cintura más estrecha.

Se sorprendía que alguien no hubiese enloquecido por ella aún en el Instituto, pero lo prefería así, no quería un equipo de tres. Además, siempre que alguien había manifestado el mínimo interés en ella, él se había encargado de cortarlo de raíz con su puño.

Odiaba estar en esta extraña situación con Rukia. Ella era su amiga, diría que su amiga más preciada aunque jamás lo admitiría en público.

El autobús se detuvo cerca de su casa. Bajó sin mirar hacia ningún lado y comenzó a caminar.

Alguien tomó su muñeca, iba tan absorto que lo sorprendió. Miró hacia atrás y luego hacia abajo, se encontró con Rukia.

—No quiero que sigamos enojados, se supone que eres mi amigo—le dijo Rukia. Ichigo le regaló una media sonrisa y se quedaron mirándose varios segundos.

—Ya cállate y camina, Rukia—le contestó Ichigo ubicándose al lado de ella. Preguntó muy suavemente—¿Han aparecido vacíos en mi ausencia?

—Un par de vacíos menores. Ishida los destruyó bastante rápido.

—ah.

—¿Cómo estuvo tu sesión de tortura? —bromeó la chica.

—Había espíritus y preguntas sin sentido, casi como estar contigo.

Rukia le dio un golpe suave en su brazo.

Compartieron una carcajada antes de entrar en la casa Kurosaki.

Al llegar a su casa, comieron la cena hablando de la prueba que tendrían al otro día antes de los feriados de fin de año. Era un examen de Literatura. Rukia aún no era experta en esa asignatura así que le pidió sus apuntes a Ichigo. Ichigo le dijo que no mientras abría su mochila y se los pasaba. Ni modo, o si no ella misma se los iba a sacar sin su permiso y Rukia sabía cómo se ponía el chico cuando alguien tocaba sus cosas.

Después de bañarse y lavarse los dientes, Ichigo volvió a su habitación y se tiró en la cama. Iba a sacar su libro de texto para darle una ojeada antes del examen, pero de pronto vio la libreta que le había dado el psiquiatra.

Era muy suave. El color era elegante. Lo abrió y puso su nombre. Olía a libro nuevo.

La segunda página en blanco. Miró su puerta. Todo estaba en completo silencio desde que Kon estaba en casa de Urahara.

Sacó un portaminas y escribió la fecha.

oOo

Tatsuki había crecido unos centímetros y seguía siendo tan buena en el kárate como antes. Inoue la saludó e ingresó a su casa.

La familia de Tatsuki recibió con cariño a Inoue. Estas subieron a su pieza en un ritual que se remontaba al inicio del instituto.

Orihime sacó una carta de su mochila y se la mostró a Tatsuki.

—¡Felicitaciones, Orihime!—Tatsuki le dio un gran abrazo a su amiga.

—Gracias. Ishida-kun también recibió una. Podré ingresar al bachillerato de ciencias para ingresar a medicina más adelante. Estoy muy feliz.

—Esto lo tenemos que celebrar.

Orihime, quien no estaba acostubrada a que nadie se preocupara especialmente por ella, se sonrojó y le insistió que no era necesario, pero Tatsuki ya tenía el teléfono en la mano y estaba llamando a todos sus amigos.

oOo

Al día siguiente, Rukia salió el examen de Literatura derrotada. No tenía caso, tener que redactar respuestas tan largas sobre motivos y conflictos de los personajes en un libro le parecía una pérdida de tiempo, es decir, si alguien quería saberlo podía leer el libro y ya. Siempre en esos exámenes le gustaba mirar a Ichigo quien escribía como si no hubiere mañana y si no existiese nada más que su prueba. Desgraciado.

Las vacaciones de año nuevo habían comenzado y para su mala suerte sus amigos se iban a juntar en un parque cercano, mientras ella debía ir a esa maldita sesión de la que ella no tenía la culpa. Todo para salvarle el trasero a Ichigo en su ingreso a la universidad si es que ese era el camino que quisiera seguir.

Fue a la parada de autobús sola y supo que el día anterior Ichigo se había marchado igual de miserablemente.

Llegó a la clínica psiquiátrica y entró preocupada, había demasiado silencio para ser un lugar seguro. El profesor Highmore y dos de sus estudiantes estaban esperándola. Rukia los saludó cordialmente y la invitaron a sentarse en el sofá gris. Ella miró a sus alrededores muy atentamente tal como lo había hecho Ichigo el día anterior reparando en la imagen de Masaki, la madre de Ichigo que tenía muy grabada en su cabeza gracias al constante recordatorio de Isshin. Se recordó mentalmente averiguar qué conexión había entre esto y la historia de Ichigo.

—Buen día, Kuchiki Rukia. Mi nombre es Kawabata Tetsu y seré tu psiquiatra en estas sesiones.

—Está bien—replicó Rukia pensando que el joven era bastante guapo. Era muy alto, de ojos y cabello azabache, usaba lentes con bastante aumento y parecía muy relajado y misterioso a la vez, como ya casi tenía 30 años parecía más maduro que la continua población de puertos que rodeaba sus días en la Tierra.

—¿Cómo te fue hoy en el instituto?

—Fue un día muy agotador, el examen de Literatura era larguísimo, señalar los motivos y conflictos de Lady Macbeth fue muy tedioso—contestó honestamente.

—¿Te gusta la asignatura?

—No mucho en relación con otras como Matemáticas, Ciencias o Deportes, pero gracias a los apuntes de Ichigo he podido mejorar bastante.

—¿Él te los presta?

—A regañadientes.

—Entonces ¿por qué crees que te los presta?

—Pienso que sabe cuánto me ha costado adaptarme a este…a esta ciudad. Al nuevo sistema de Karakura. Desde que llegué en primer año me ha tratado de ayudar a su manera.

—Perdona lo directo, pero ¿suele prestarle los apuntes a alguien más?

—No que yo sepa.

—¿Le sueles agradecer por el gesto?

—Nunca hemos necesitado agradecer todo lo que hacemos el uno por el otro. Si fuese así, sería algo incómodo. Trato de hacerlo solo cuando son cosas únicas.

—¿Das por sentado que Ichigo estará ahí para ti, Kuchiki-san?

—Desde que nos conocimos ha sido de esa manera.

—¿Y qué pasaría si Ichigo se fuera a otra ciudad o se fuera con otra persona?

Rukia guardó silencio tomando por primera vez consciencia que eso sí que podía suceder de un momento a otro. Solo quedaban unos meses. Quizás Ichigo se quería ir a estudiar lejos o quería irse a vivir con alguien aunque el idiota nunca había manifestado interés por ningún ente hasta ahora.

—No sé lo que pasaría. Probablemente lo aceptaría si eso lo hace feliz, al fin y al cabo lo he aceptado antes con… no importa.

Tetsu escribió en su libreta y luego tachó algo.

—¿y a ti qué te hace feliz?

Rukia nuevamente guardó silencio y los tres psiquiatras escribieron en sus libretas. Esto puso a Rukia mucho más nerviosa.

—Esto quedará en completa confidencialidad, Kuchiki-san—remarcó Tetsu al ver la reticencia de Rukia.

—Bien, pasar tiempo con mis amigos de aquí, entre ellos Ichigo sin que haya un rango o título que nos distancie, podría decirse que en mi pasado me vinculé con la aristocracia. Nosotros en verdad pasamos un montón de tiempo juntos y de manera libre. Ahora se vienen muchos cambios y es inevitable que nuestros caminos no sean los mismos.

—¿qué piensas que va a querer él?

—Tiene muchos talentos. Podría estudiar lo que quisiera, excepto algo muy jerarquizado donde él no pudiera hacer las cosas a su manera. Eso lo frustraría demasiado.

—¿y tú?

—Al contrario, tengo pocos talentos innatos. Ni siquiera sé si existe un área donde me pueda desarrollar. Soy muy buena respetando estructuras jerárquicas. Pienso que me gustaría seguir ayudando a las personas. Quizás el área de medicina a futuro.

—Eso sería maravilloso, Kuchiki-san. Me decías que ya habías dado un paso al costado para que otro fuese feliz, ¿lo volverías a dar tanto por alguien como Kurosaki?

Rukia lo miró con recelo, estaba tratando de relajarla para luego encontrarla con la guardia baja. Ella no quiso responder esa pregunta. Tetsu estaba siendo demasiado directo.

—No te preocupes, Kuchiki-san. Para ser plenos necesitamos proyectos propios y luchar por estar con quienes queremos. No está mal si quieres seguir viendo a Kurosaki y relacionándose libremente como lo señalas. Mucho menos si estás en una etapa de formación de tu personalidad, lo que queremos es que ambos sean menos rudos el uno con el otro, es como si sus heridas hablasen por ustedes. Aunque no te hayas dado cuenta todavía, los dos proyectan en su relación los desbalances que provocaron los traumas de su pasado.

La imagen de ella atravesando con Sode no Shirayuki a Kaien pasó frente a sus ojos y no pudo evitar mostrar una mueca de dolor.

Tetsu se levantó y buscó en uno de los cajones del escritorio una libreta de cuero sintético azul marino y se la entregó.

—Necesito que anotes ahí, cuáles crees que son tus cualidades como persona ¿quién eres? Todos los días anota una cualidad. Así podrás tener menos sesiones.

—¿Podrían reducirse a cero sesiones más? —preguntó Rukia con anhelo.

—Otra oportunista más. Ni lo pienses, Kuchiki-san—dijo Highmore.

oOo

A pesar de llevar un abrigo y guantes, esa noche era especialmente fría. Rukia sacó un papel de su bolsillo y vio la línea de autobús que debía tomar con la extraña caligrafía de Ichigo. Había una nota en el margen en que destacaba que llegara antes de las 21 horas junto a un chappy mal hecho que mostraba un reloj. Lo arrugó con irritación y alegría, una mezcla de emociones que Ichigo solía provocarle con sus acciones.

Esperó muy poco en el autobús a su hogar. Sí, con nostalgia pensó en que esa pequeña clínica de Karakura se había transformado en su hogar. Nunca antes había tenido plena consciencia de un sitio al que llamar hogar. Todavía la sorprendía que la Sociedad de Almas no la persiguiera. Urahara le había dicho que lo había solucionado, pero lo mejor era seguir con bajo perfil, así ambos estarían seguros.

Le preocupaba Ichigo. Estaba lidiando sorprendentemente bien tanto con el Instituto como con su trabajo de shinigami. Ella lo estaba ayudando en todo lo que podía, pero sabía que a veces llegaba a su límite de estrés.

También se había dado cuenta que desde que lo conoció cuando él tenía 15 años había cambiado. Ahora con 18 medía doce centímetros más, su mandíbula se había ensanchado un poco haciéndolo lucir un poco más varonil y su cuerpo se había fortalecido. Además, estaba su carácter, cada vez parecía más enojado con la vida, a pesar de que siempre tuvo detalles dulces con ella entremedio de toda la lija, veía a todo el mundo como una amenaza. Se imaginaba que tal vez era un comportamiento propio de la edad y las circunstancias que estaba atravesando. El único problema es que ella no estaba dispuesta a permitir que la ahogara más con su posesividad. Ella había sido una guerrera toda su vida, que ahora cambiaran las circunstancias a unas más favorables para él no quería decir que ese rasgo no estuviera presente.

El autobús se detuvo y lo vio de pie esperando.

Su cabello anaranjado estaba más revuelto que de costumbre y tenía los ojos somnolientos.

—Estaba durmiendo una siesta después del festejo a Inoue e Ishida por su beca, ¿sabes?

Le dijo Ichigo cuando vio que Rukia lo miraba inquisitivamente, nadie se lo había comunicado aún y eso le sacaba un gran peso de encima.

—Le pedí al viejo si podíamos caminar un rato antes de llegar a casa.

Rukia nuevamente levantó la vista y lo miró preocupada, quería decirle que tenía frío y estaba cansada, sin embargo el semblante del chico la detuvo. Ichigo parecía en un conflicto muy feroz consigo mismo así que lo acompañó a caminar por las vacías calles de Karakura. Llegaron a la ribera del río que cruzaba el pueblo. Ichigo se sentó en la barandilla y Rukia lo siguió. Entremedio de su batalla interna murmuró entre dientes "por supuesto" y sacó de la mochila que cargaba una manta y se la puso en los hombros a Rukia.

En momentos como esos el terciopelo le ganaba al papel lija.

—Gracias—dijo Rukia mientras acomodaba la manta en sus hombros.

Otro momento de silencio incómodo.

—Ichigo, ¿vas a decirme lo que quieres decirme o prefieres que te lo saque a patadas?

Lo adornó con una risita para que no fuese tan evidente la amenaza.

—Mira, necesito preguntarte algo y no sé cómo hacerlo.

—Con palabras, de qué otra forma, idiota.

—Primero quiero que sepas que no sabía que estabas haciendo eso para asegurar la beca de Inoue e Ishida en la universidad, hoy me enteré y me alegro que hayas contribuido a que logren su sueño, esto me lleva a la pregunta, ¿cuál es tu sueño?

Rukia sonrió al ver que Ichigo estaba medio sonrojado y se rascaba la parte posterior de su cabeza, lo que hacía siempre que estaba nervioso y sorprendentemente solo lo hacía con ella, sopesó la respuesta porque vio que era importante para él.

—No lo sé aún. Nunca pensé que mi vida aquí en el mundo de los vivos sería tan larga. Pensé que era una misión de unas semanas y nada más. Llevo más de tres años aquí y no tengo idea de qué camino tomar porque no sé cuánto va a durar, ni en que soy buena. Nunca me plantee tener una vida normal.

—Rukia…

—Ichigo, no te preocupes. No estoy estresada ni nada por la falta de claridad. No es que nadie espere mucho de mí tampoco.

—Eso no es verdad. Rukia. Lo sabes.

Ichigo estaba dispuesto a amoldarse al plan que Rukia armara en su cabeza, sin embargo, ahora que sabía que ella no tenía un destino claro podía darle perspectiva.

—Yo si iré a la universidad, Rukia, quiero seguir los estudios de mi mamá, se lo debo al mundo. No me lo hagas repetir lo que voy a decir a continuación… nunca. No espero menos de ti, eres mucho más inteligente que yo por eso espero mucho más de ti que de mí, serás parte de este mundo como residente permanente a menos que tú decidas lo contrario. Me encargaré de ello—dijo lo último como un susurro apenas audible.

—Vaya, Kurosaki-kun, me halagas—respondió Rukia con la voz que tanto irritaba a Ichigo. Estaba muy sorprendida de la claridad de Ichigo en esos momentos y la cantidad de información que le había dado gratuitamente, pero era mucha la tensión profundizar y estaban bien en esos momentos, no quería que esto rompiera la tregua que llevaban hace poco.

Ichigo estaba rojo a pesar del frío de la noche invernal. Miró molesto su reloj y le tendió la mano a Rukia y desvió la mirada después de unos segundos. Esta soltó una pequeña risita y unió su mano a él para levantarse.

La cabeza de Ichigo planeó. Planes en los que Rukia ni soñaba estar incluida, pues ella solo pensaba con anhelo en la cena que Yuzu le tenía preparada al llegar.

oOo

¿Cuáles serán esos planes? Espero sus comentarios que me alienten o desalienten a seguir jajaja.

El siguiente capítulo, una fiesta de año nuevo con fuegos artificiales. Una limpieza de casa a fondo y un intercambio de libretas entre tus protagonistas preferidos.