La Nueva Emperatriz
Capitulo 1
Asustada y confundida caminaba entre las demás jóvenes hacía las puertas del recinto al que estábamos siendo guiadas con las pocas fuerzas que la manera en como temblaba mis piernas me permitían mostrar en aquella confusa y engorrosa situación. El lugar al que me dirigía no se parecía en nada a lo que había visto hasta ese momento. Contrario a las fachadas polvorientas y desgastadas de las casas de madera que había en el pueblo en que vivía, la entrada de este lugar era simplemente hermosa, imponente. No había que mirarlo mucho para darse cuenta de que pertenecía a alguien muy importante, lo que hacía que entendiera menos que hacía yo a punto de entrar en un lugar como ese.
Cuando abrí los ojos hace solo unos segundos, me encontraba en un carruaje junto a otras jóvenes más o menos de mi edad algunas de las cuales parloteaban entre ellas. No pude entender con claridad lo que decían porque aún estaba desorientada, pero pude percibir que ellas si sabían dónde estábamos y por qué. A pesar de querer indagar en cuanto a esto y así aclarar mi cada vez más confundida mente, no tuve tiempo de hacerlo pues inmediatamente se detuvo el carruaje y unos hombres nos pidieron bajar.
No tardé en reconocerlos, y en respuesta mi cuerpo comenzó a temblar con violencia, me quedé paralizada por unos instantes incapaz de mover un solo músculo, pero al ver que todas las demás bajaban pacíficamente obligué a mi cuerpo a hacer lo mismo.
Bajé del carruaje como me lo permitieron los nervios y seguí a las demás chicas quienes se dirigían a una puerta custodiada por otros dos hombres. Al divisar sus espadas envainadas y sus rostros inexpresivos, la poca valentía que había logrado reunir hasta ese momento se desvaneció y sentí la tentación de huir, pero al mover mi cabeza de un lado a otro tratando de detectar la mejor ruta de escape, no tardé en recordar que aquello era una pésima idea, después de todo, el dolor punzante detrás de mi cabeza consecuencia del golpe que había recibido la última vez que intenté escapar era un recordatorio constante de que lo mejor era no rebelarme. No tendría oportunidad frente a aquellos hombres, sin duda quedar inconsciente nuevamente era lo menos que podía pasarme.
Miré a las demás chicas que caminaban junto a mí y me sentí aún más desconcertada. Ninguna parecía estar asustada, yo era la única que temblaba como una hoja. ¿Acaso ellas sabían algo que yo no?
Aquella mañana todo había sido normal: después de despedir a mi padre y madre me dediqué a hacer mis quehaceres cotidianos y al terminar me senté cerca de la ventana de mi habitación para internarme en la lectura de mi libro como acostumbraba a hacer en mis ratos libres. Pero un inusual ruido me desconcentró. Parecía provenir de la calle del frente y cada vez se hacía más intenso, me levanté de la silla y me asomé a la ventana para distinguir mejor lo que estaba ocurriendo, pero cuando menos lo esperaba, escuché un grito. Me espanté a tal grado que estuve a punto de caer por la ventana, logré sujetarme a tiempo pero solté mi libro en el intento.
Sin pensármelo dos veces, intenté colarme hacía afuera para recogerlo y evitar que alguien más se lo llevara, y una vez en mis manos lo coloqué en mi delantal y me dispuse a entrar nuevamente en la casa y proseguir mi lectura, pero me detuve de golpe cuando estaba a punto de llegar a la puerta. Un hombre se hallaba de pie frente a esta y una larga espada sobresalía de su cinturón mientras su rostro hosco y huraño permanecía inexpresivo. Jamás lo había visto por allí y estaba seguro de que no se trataba de un amigo de mi padre. Traté de retroceder sobre mis pasos silenciosamente intentando pasar desapercibida pero de repente unas manos ásperas y agresivas me sujetaron por los hombros y escuché una voz masculina detrás de mi.
-Esta es bastante bonita. - dijo el hombre mientras tocaba mi rostro y un sudor frío recorrió mi espina mientras mis piernas comenzaban a flaquear y veía al sujeto que había estado frente a la puerta girarse hacía nosotros y acercarse a mí. Podía sentir la sed de sangre en los ojos azules de aquel hombre y su rostro y brazos llenos de cicatrices me decían que no era precisamente una persona pacífica.
- Llévala con las demás.- Ordenó con la voz más escalofriante y fría que jamás había escuchado y de inmediato el que me tenía sostenida por los hombros me empujó con brusquedad para que avanzara.
Entendí al instante la situación tan peligrosa en la que estaba y al divisar el carruaje al que querían subirme, luché por resistirme y escapar, pero el hombre afianzó su agarre alrededor de mi esta vez sujetándome por la cintura y levantándome levemente del suelo. Guiada por mi instinto y como último recurso, le mordí la mano con la esperanza de poder escapar pero sentí un golpe detrás de mi cabeza como respuesta y luego perdí el conocimiento.
Eso era lo último que recordaba antes de despertar en el carruaje y estaba segura de que había sido secuestrada por esos hombres con algún vil propósito, pero ¿porque las demás chicas lucían tan tranquilas? ¿Que se suponía que estaba pasando? ¿Acaso aquello no era un secuestro?
Pensé en preguntar a la chica que caminaba a mi lado acerca de estas cuestiones y así disipar las dudas que carcomían mi mente y que aumentaban con cada paso, pero no me salía la voz, estaba demasiado aterrada y confundida.
Cuando vine a percatarme de ello ya estábamos dentro del recinto y las puertas se cerraron tras de nosotras. A partir de ahí nos condujeron por los amplios pasillos de la casa hasta llegar a una puerta. Uno de los hombres tocó la puerta y está se abrió lentamente tras lo cual salió una mujer con su pelo negro atado en un inmenso moño mientras sus canas se hacían visibles entre las hebras de cabello.
-Estas son las jóvenes residentes en Segal. – Explicó uno de los hombres al instante, tras lo cual la mujer se paseó brevemente de un lado a otro observándonos de arriba a abajo. Sus ojos eran tan negros como la noche y su rostro no era menos arisco que el de los hombres que hasta ahora nos habían custodiado, de hecho al mirarme casi sentí como si deseara robar mi alma.
Se dio la vuelta y volvió a caminar en dirección a la puerta para luego ordenar que nos hiciera pasar una a una y estuvieran preparados para escoltar a las que no fueran aptas, luego de lo cual se perdió tras la puerta una vez más.
Casi de inmediato el hombre ordenó a una joven que entrara y luego se cerró de nuevo la puerta. Pasaron unos minutos y la chica salió otra vez y uno de los guardias la llevó afuera, luego sucedió lo mismo con la siguiente y así con todas las demás. Aunque la mayoría de las que entraron salieron otra vez por la misma puerta, otras dos chicas no volvieron a salir, pero nadie parecía darle importancia. La incertidumbre estaba despedazando mi mente mientras trataba de escuchar algún sonido proveniente de la habitación que me permitiera entender lo que estaba pasando detrás de aquellas paredes, pero nada lograba disipar mis dudas, no podía percibir que destino me esperaba cuando llegara mi turno de cruzar aquella puerta. Inmensos temblores se apoderaron de mi cuerpo cuando observe la mano de uno de los hombres señalándome para que entrara a la habitación y vi a la chica que aún estaba conmigo allí mirarme. Tragué en seco. Había llegado la hora.
Con los pies pesados como plomo y el corazón palpitándome sin control me adentré a la habitación lentamente rogando al cielo que el destino que me esperaba no fuera ni la mitad de horrible de lo que mi mente sospechaba.
El camino hacía la puerta se me hizo eterno, pensé que moriría en cualquier instante por la intensidad con la que latía mi cada vez más angustiado corazón. El rechinar de la puerta al abrirse erizó mi piel y una vez crucé por esta y escuché que se cerraba tras de mí una corriente helada recorrió mi cuerpo de pies a cabeza. Estaba aterrada como nunca lo había estado en mi vida. ¿Qué me pasaría ahora? Era lo único que podía pensar mientras mi cuerpo se quedaba petrificado y mis manos sudaban sin parar.
-¿Cuál es su nombre?- Me preguntó de repente la voz de una mujer y al llevar la mirada a ella pude distinguir a la señora que varios minutos antes había salido de la puerta y a otras dos mujeres sentadas a ambos lados de ella, además de un hombre de pie con un pergamino y una pluma en sus manos.
-Pregunté que cuál es su nombre señorita.- Rectificó la señora está vez con un tono ligeramente molesto.
-Perdone- contesté haciendo una reverencia, mientras mi cuerpo temblaba y luchaba porque mis piernas no me hicieran caer al piso.- Soy Sakura... Sakura Kinomoto.
-Sakura, díganos su edad y fecha de nacimiento.
-Tengo 18. Nací el 1 abril. - Contesté sin levantar aún la cabeza mientras continuaba examinando mi alrededor con recelo, el lugar no parecía contener ningún elemento de tortura, de hecho, salvo unas gruesas cortinas que dividían una sección de la habitación, los tres asientos en que estaban las señoras, y una segunda puerta justo a la derecha de mi, no había ningún otro mueble en la habitación, de hecho, la escasa luz que aún entraba por la inmensa ventana a sus espaldas dejaban ver una exquisita pintura de pared carmesí con adornos de dragones dorados. Tal y como solo había visto de lejos en…
-Escolta a la joven.- La escuché ordenar de repente y un "sí, mi señora" se escuchó a mi lado. Solo entonces me fijé en la joven de largo pelo azabache y ojos amatistas que había permanecido junto a mi hasta ese instante y que ahora se acercó lentamente a mi y hizo una pequeña reverencia.
-Sígueme por favor. Todo estará bien.- Me susurró con voz dulce mientras levantaba un poco la mirada hacía mi y sonreía. Supongo que al estar tan cerca de mi todo ese tiempo se percató de mis nervios y quiso calmarme. Por alguna razón su sonrisa y sus palabras lograron tranquilizarme un poco, al menos lo suficiente para escuchar su recomendación y seguirla. Caminamos hacía las gruesas cortinas y haciéndolas a un lado ella me invitó a pasar, era una habitación sencilla con solo un diván en su interior. Sentí de repente como ella se acercaba para quitar los botones de mi vestido, a lo que respondí dándome la vuelta mientras retrocedía varios pasos.
-Tranquila. No te haré nada malo. Esto es sólo para que la Señora Kagami pueda asegurarse de que llenas los requisitos básicos del decreto.- Me explicó volviendo a brindarme una sonrisa que aunque tranquilizadora solo consiguió incrementar mis dudas.
-¿Qué decreto? ¿De que requisitos hablas?- Pregunté y entonces ella me miró profundamente preocupada, como si no creyera posible que no supiera aquello.
-¿No sabes por qué estás aquí?- Me preguntó en voz baja, yo solo alcancé a asentir mientras un inmenso nudo se formaba en mi garganta ante su pregunta y sentía unas inmensas ganas de llorar. No sabía por que estaba allí ni mucho menos donde me encontraba. Mis padres debían estar muy preocupados, yo estaba demasiado aterrada. Como ella podía sonreír cuando yo me estaba muriendo de miedo. La sentí tomar mis manos conmovida y susurrarme un todo estará bien mientras limpiaba una lágrima que se había escapado de mis ojos. Su empatía no parecía ser simple amabilidad, en serio se veía profundamente preocupada por mi.
-¡¿Aún no está lista?!
-Un segundo mi señora ya casi hemos terminado.- Contestó ella alzando un poco la voz tan pronto escuchó aquella pregunta, mientras me miraba a los ojos y acariciaba dulcemente mis manos. - Si te quedas te prometo contarte todo, mientras tanto, confía en mí. Todo pasara rápido.
Sus palabras me tranquilizaron un poco y dado que no parecía tener otra opción decidí hacerle caso a todo lo que me dijera. No la conocía, pero algo me decía que podía confiar en ella, en sus palabras, en sus buenas intenciones. La dejé desvestirme y me recosté en el diván que había allí, tal y como ella me había dicho y cuando se aseguró de que estaba lista avisó a la mujer para que pasara y esta se acercó a mí, no sin antes recomendarme que cerrara los ojos para que todo pasara más rápido, obedecí y cuando me di cuenta la joven me estaba ayudando a levantarme, la verdad a aparte de un poco de cosquillas en la entrepierna no había sentido nada pero me estaba muriendo de la pena de que aquellas personas que no conocían me estuvieran viendo desnuda. Por último la señora se paseó alrededor de mi para examinar mi piel y luego salió para que me volviera a colocar la ropa.
Una vez estuve vestida salimos de detrás de las cortinas y la joven me pidió que me colocara justo en frente de las señoras que había visto anteriormente, mientras el hombre tomaba su pluma para comenzar a escribir lo que iba a decir la mujer que había estado conmigo detrás de las cortinas.
-Sakura Kinomoto.
-Si.- Respondí mientras me paraba derecha y la calma que había adquirido hasta ese instante se desvanecía tan pronto escuché aquella voz tan llena de apatía decir mi nombre. – Yo Kagami Chang, una de las miembros del consejo de damas del harén imperial y encargada del cuidado de las concubinas de nuestro excelentísimo señor, pude comprobar que, tal y como lo ha exigido el joven emperador Xiao Lang III, no tienes ninguna cicatriz, mancha o salpullido en ningún lugar de tu piel, que tienes una apariencia agraciada entre las jóvenes del reino y que aún conservas tu virginidad. Por tanto, el consejo de damas en conjunto a convenido en que llena los requisitos previos para ser acogida en el harén y recibirá la preparación necesaria durante los siguientes 6 meses. Esperamos que valore el honor que ha sido extendido frente a usted y que actúe a la altura de este inmenso privilegio. A partir de ahora Tomoyo estará a su servicio durante el día así que cualquier cosa que necesite comuníquesela. Guía a la señorita hasta su habitación y que antes se de un baño y cambie de atuendo.
-Si señora Kagami-. Escuché decir a la chica que ahora sabía que se llamaba Tomoyo y no pude evitar mirarla con terror y confusión, sin saber si lo que me provocó tales escalofríos era escuchar la palabra harén en aquella declaración o el que afirmara que aquello no acabaría pronto. Quería gritar, llorar y patalear hasta que alguien allí me ordenara marcharme pero por la manera en que me estaban mirando aquel grupo de personas estaba segura de que no sólo me obligarían a permanecer allí sino que no dudarían en usar la fuerza de ser necesario. Me sentía entre la espada y la pared, no sabía que iba a hacer. Aquello era una auténtica pesadilla. Paseé mi vista por la habitación encontrándome de nuevo con los ojos amatistas de la joven que hasta ahora había permanecido a mi lado y de algún modo percibí en su mirada una invitación a seguirla y confiar en ella. Sabía que seguirla implicaría meterme aún más en aquella situación pero en ese instante parecía ser mi mejor opción.
Obligué a mis piernas a avanzar y entonces ella avanzó un poco más adelante de mí para mostrarme el camino, atravesando así una puerta diferente a la que había usado para entrar a la habitación abriéndonos paso a un camino empedrado rodeado de el más verde pasto.
A pesar de mi angustia no pude menos que asombrarme ante la imponencia y encanto de lo que veía. Un hermoso jardín lleno de las más gráciles flores rodeaba toda la zona, mientras una gran fuente llena de el agua más cristalina añadía frescura al magnífico paisaje, paisaje que pretendía embellecer su atractivo principal. Una enorme torre con varias chicas caminando cerca de las ventanas.
Apreté con fuerza mi estómago sintiendo un duro bulto en el delantal que aún llevaba puesto y solo entonces recordé el libro de mi padre que por suerte aún no había perdido. Un nudo se formó en mi garganta. Aquello no podía ser verdad.
-Ama Sakura…- Escuché en un susurró mientras la chica de pelo azabache tocaba mi mano para llamar mi atención consciente de lo perturbada que me encontraba, la miré como quien acaba de perder la razón de su existencia y entonces la vi apretar un poco los labios antes de hacer el anuncio que sabía necesario para no dejar dudas.
-Este es el harén de palacio.
-Papá ¿Qué es esa inmensa torre que se ve a lo lejos detrás de las murallas?- Indagó la castaña mientras tomaba la mano de su padre para escalar aquella colina llena de piedras. A esa altura podía verse casi todo el imperio, pero aquella edificación en especial llamaba su atención.
-Bueno, ese es el harén de palacio, o al menos lo era, ahora está desocupado.
-¿Desocupado?- Preguntó curiosa. A decir verdad jamás había escuchado que hubiera un harén también en aquel imperio.
-Verás, hace unos 20 años, el antiguo emperador Hien IV ordenó que las casi cien jóvenes que en ese entonces ocupaban el harén como concubinas, fueran devueltas a sus hogares con el objetivo que iniciaran una nueva vida, solo quedaron de ellas tres jóvenes que se negaron a abandonar palacio por considerarlo una humillación. A estas se les permitió quedarse para que cuidaran de la seguridad de las sirvientas de palacio y se les conoce como consejo de damas, ellas son las únicas que ocupan la torre en este momento.
-Ya veo.- Murmuró mientras llevaba sus manos a su delantal y recordaba la historia de Sherezade, seguramente aquellas jóvenes liberadas debieron sentir un inmenso alivio al ya no tener que limitarse a ser un objeto de placer para alguien con demasiado poder monárquico. Era la primera vez que escuchaba de un gobernante tan bondadoso y considerado.
-¿Cómo era el emperador Hien, padre?- Indagó de pronto interesada en aquel asunto, si bien vivió buena parte de su vida bajo su gobierno, no es como si en su casa se hablara mucho de asuntos políticos así que no estaba al tanto de casi nada de él.
-Bueno, era un hombre en serio excepcional muy distinto a todos los gobernantes que he conocido, con una sabiduría y bondad superior a la de muchas personas, por eso todos en el pueblo amaban. Aunque lamentablemente…
-Murió.- Terminó ella, recordando lo mucho que escuchaba hablar en los mercados acerca de esa tragedia. Según contaban hace unos siete meses mientras viajaba al este en busca de la cura para la enfermedad mortal que se desató en la nación, lo atrapó una emboscada enemiga y lo ejecutaron. Cualquier otro rey hubiese enviado a alguien para una tarea tan arriesgada pero él amaba tanto a su pueblo que decidió hacer aquel largo viaje el mismo, a pesar de que eso le costó la vida.
-Papá, ¿Cómo es posible que la cura llegara si él falleció?
-Bueno, el emperador no estaba solo. Para ser sus escoltas había elegido tres de sus soldados más confiables, entre ellos un joven soldado cuyo nombre jamás se mencionó. Este fue el único superviviente de la tragedia y después de durar 7 días completos vagando en el desierto, lleno de heridas y sin agua ni alimento llegó a las puertas de la ciudad y entregó la cura. Dicen que falleció más tarde presa de las terribles condiciones que tuvo que pasar.
-Que lastima. Fue un héroe. Gracias a él mamá aún está con nosotros.- Reconoció ella mientras pensaba con cierto pesar en lo lastimero que era ver a su madre con aquella enfermedad, muchas veces lloró pensando que moriría tal y como muchos de sus vecinos. Pero afortunadamente en el momento más crítico, el equipo médico de palacio tocó su puerta para administrarle la cura. Todos en el reino estaban agradecidos por aquella hazaña aunque no tanto con el anuncio que dieron después. - Lastima que el emperador Hien perdiera el juicio en los últimos días de su vida y pasara el trono a su hijo bastardo.
Su padre se dio la vuelta desconcertado al escuchar su comentario y pudo ver cómo pocas veces el terror dibujado en sus ojos.
-¡¿Por qué dices algo como eso Sakura?!
-Es que… fue lo que oí en el pueblo, mientras acompañaba a mamá a vender en el mercado.- Aclaró un poco asustada notando por primera vez en mucho tiempo a su padre disgustado.
-Lo siento hija. ¿Qué es exactamente lo que escuchaste?
-Dicen que en vez de elegir al príncipe Yuna quien había sido instruido para ser el auténtico sucesor, decidió mediante un decreto que un chico que fue el resultado de una aventura amorosa del emperador durante su juventud fuera nombrado su sucesor. Nadie lo conocía, nadie sabía quién era, ni donde estaba hasta ese día, por eso… dicen que esa desafortunada decisión llevará a la ruina al imperio.
Siguió observando a su padre mientras este se retiraba los lentes y ponía sus dedos en el puente de su nariz como cuando algo en serio le molestaba. Día a día escuchaba por doquier ese tipo de argumentos e incordios contra el difunto emperador y eso en serio le afectaba mucho. Sin embargo era obvio que su hija solo estaba repitiendo lo que había escuchado y que no tenía la culpa de adoptar la opinión general cuando no conocía todos los detalles.
-Hija…- Se acercó a ella y tocó su brazo mientras la miraba a los ojos con aquella gentileza que lo caracterizaba. - las personas siempre tienen opiniones erradas de los verdaderos sucesos. Yo tuve la oportunidad de conocer cara a cara al emperador unos meses antes de que falleciera y te puedo asegurar que estaba en su pleno juicio, de hecho era mas cuerdo que la mayoría de los hombres del pueblo o el palacio. Si él decidió que Xiao Lang estaba más capacitado para gobernar que Yuna D Kaito, estoy seguro de que tenía buenas razones para decretarlo. Él jamás pondría el destino de la nación en juego por un capricho. Así que, intenta no dejar que la opinión de los demás condicione tus pensamientos. ¿Si?
-De acuerdo padre. Lo lamento.
-Eres una buena chica.- Murmuró mientras la abrazaba a su pecho y besaba su cabeza. Sabía que en realidad se avecinaban tiempos críticos para aquel pueblo, pero estaba seguro de que no se debía a la elección de Hien. Lamentablemente la podredumbre de los grandes gobiernos no siempre provenían de los sucesos que ocurrían en su futuro sino de los cimientos de su pasado y el nuevo emperador debía enfrentarse a las figuras del pasado que seguro le harían la vida de cuadritos. Pero claro eso era algo que Sakura aún no estaba preparada para entender. Y tal vez eso era lo mejor. -¿Qué tal si seguimos buscando las hierbas medicinales?
-Si, Padre.- Murmuró ella algo más animada mientras seguía a su algo ya mayor progenitor. Se dio la vuelta un segundo para ver aquella edificación una vez más antes de alejarse. A pesar de lo que había sido en el pasado aquella torre debía reconocer que era realmemte hermosa. Tal vez no sería tan mala idea ir allí alguna vez solo para conocerla.
-Entonces… eso fue lo que decretó el emperador Xiao Lang.- Murmuré entre dientes mientras sentía a Tomoyo tallar mi espalda y dejar caer sobre mi piel el agua fresca de una vasija. La idea de que alguien más tuviese que bañarme me hacía sentir muy incómoda pero, si algo había entendido es que aquella chica no aceptaría un no por respuesta en cuanto se trataba de sus deberes. De cualquier modo después de escuchar en lo que estaba involucrada era claro que aquel era el menor de mis problemas.
-Si. Por ello, si todo sale bien en seis meses podría ser la próxima emperatriz de Liones.
Aquellas palabras me cayeron como un balde de agua fría. ¿Ser la emperatriz? ¿Acaso mi destino podía llegar a ser tan turbio?
-No parece emocionarle mucho la idea.- La escuché comentar mientras ahora enjugaba mi pelo con sus dedos en una suave caricia que buscaba desprender el polvo y la suciedad de mis hebras, caricias que si bien resultaban relajantes no conseguían aminorar ese sentimiento de inconformidad e inquietud que llenaba mi cuerpo.
-No parece emocionarme por qué no lo hace. No quiero ser la esposa de ningún gobernante que obliga al pueblo a cumplir sus tontos caprichos.
Dije con un tono que reflejaba todo el desprecio que solo pensar en eso me hacía sentir haciendo que un pesado silencio llenara el lugar.
-Ama Sakura no debería decir esas cosas, ni siquiera conoce al emperador. Juzgar a otros solo por lo que cree es…
-¡Deja de decirme ama!- Demandé con todas mis fuerzas mientras me giraba hacía ella y la miraba al rostro. -Apenas acabamos de conocernos, tu y yo debemos tener la misma edad, hasta hace un par de horas no era más que la hija de un comerciante herbolario que vive con su esposa en las afueras del imperio, cerca de las montañas. Yo no quiero ser tu ama, yo no quiero ser la emperatriz, yo no quiero estar aquí. Solo… -Mi voz se quebró mientras un agudo sollozo salía de mi garganta. – yo solo quiero regresar a mi casa, con mi familia.
-Lo entiendo A.. señorita Sakura. – Murmuró ella mientras tocaba mis hombros con la misma dulzura que había manifestado desde el principio. -debió haber sido muy difícil que sus padres decidieran enviarla en contra de sus voluntad, pero…
-¿Mis padres? ¡Mis padres ni siquiera saben que estoy aquí Tomoyo!
Los ojos de ella se agradaron de manera inconmensurable ante la seriedad de mis palabras. Si yo no quería estar allí y mis padres no eran conscientes de mi paradero ¿qué era lo que realmente había pasado?
-¿Qué hacen ustedes dos ocupando la ducha? ¿Acaso no saben que es la hora de que la duquesa Meiling tome su baño?- Escuchamos decir a nuestras espaldas y al girarnos vimos entrar al cuarto de baño a una señora de pelo negro corto y ojos rasgados, con una vestimenta similar a la que llevaba Tomoyo.
-Lo lamentamos mucho. La señorita Sakura acaba de llegar y… - Escuché decir a Tomoyo mientras hacía una leve reverencia a lo que la señora que había tomado la palabra hasta ese momento se acercó y le dio una bofetada.
-¿Señorita? Acaso no conoces tu lugar vil sirvienta. No debes llamar como tu igual a quien se te ha ordenado servir. Deberían enviarte a la horca.
Mi sangre hirvió de tan solo ver como Tomoyo se quedaba inmóvil mientras aquella persona la trataba de aquella manera.
-Déjala. Yo le pedí que no me llamara ama. No es su culpa.
Solo entonces la chica llevó su mirada a mi y examinó mi alrededor. Solo había una sirvienta y a parte mi ropa llena de parches y polvo yacía en un rincón. Me miró con una mezcla de desprecio y burla.
-Ya veo. Solo te tratas de una campesina. Eso lo explica todo. No debiste venir aquí, no tienes oportunidad. Es obvio que la ama Meiling, será la próxima emperatriz, tal vez con suerte te toque ser una concubina.
-¡No seré ninguna concubina! Deja de tratar a otros como si fueran basura.
-Así que te atreves…
-Basta ya Mai. Deberías estar preparando mi baño en vez de perdiendo el tiempo.
La señora que hasta ahora se había mantenido prepotente y confiada se puso pálida con solo escuchar aquella voz. Se trataba de una joven más o menos de mi edad ataviada con un hermoso y brillante vestido verde jaspe. Su largo y sedoso cabello negro caía a ambos lados de sus hombros dándole una elegancia atronadora mientras su hermoso rostro era iluminado por aquellos ojos que daban la apariencia de ser carmesíes. Era una hermosa joven, tal y como en su mente se imaginó siempre que se veían las auténticas princesas.
-Lo… lo siento ama Meiling. Es que estás vulgares están ocupando el baño cuando es su turno de usarlo.- Se disculpó la señora temblando mientras hacía una reverencia y su rostro continuaba igual de pálido, la recién llegada continuó mirándola con un rostro inexpresivo mientras paseaba su vista hacía nosotras y nos examinaba con la mirada, era extraño pero si bien me recorrió de pies a cabeza no sentí en su mirada el mismo desprecio de los demás en aquel lugar, aunque de cualquier modo resultaba imposible decir que era lo que en realidad le pasaba por la cabeza.
-Mientras no hagan ruido pueden quedarse.- Soltó de repente mientras se giraba sobre sus pasos y continuaba caminando siendo seguida por unas cinco chicas más que no había notado hasta ese momento por lo mucho que me había impresionado su apariencia. Estaban vestidas como Tomoyo y la otra señora así que debían ser sirvientas sin duda. La señora también se dispuso a seguirla sin que la palidez abandonara su rostro, aterrada sin lugar a dudas por la idea de haber provocado el descontento de la chica a quien se le notaba el nacimiento noble hasta en la forma de caminar. Se sintió un poco más aliviada. Si en el harén habían chicas de tal categoría entonces las posibilidades de que fuera elegida en aquel tiempo eran de una en un millón, lo que limitaba su preocupación a solo sobrevivir durante seis meses lejos de sus padres.
-Sakura… ¿Cómo exactamente llegaste hasta aquí?- Escuché susurrar a Tomoyo y de inmediato salí de mi reflexión e intenté mirarla, su ceño estaba fruncido y se veía muy, pero muy seria. De hecho la manera en como apretaba los puños y sus ojos habían cambiado de color dejaba clara su indignación.
Tomé aire en mis pulmones y miré al techo sobre mi cabeza, tal vez aquel no era un lugar sucio y maloliente en el que me torturarían pero sin lugar a dudas seguía siendo tan malo como algo así. Por que aunque fuera a vivir en aquella hermosa torre con las mejores atención y fuera a ser tratada como alguien importante, me habían privado de mi libertad y obligado a competir por algo que al fin y al cabo no deseaba hacer. Porque aunque mi padre confiara en la decisión de Hien y le hubiera aconsejado no ser prejuiciosa, aquello no era una invención general ni una calumnia. Era obvio que todo lo que había escuchado era cierto y que aquel monarca era la ruina de la nación. Por que al fin y al cabo yo y quien sabe cuantas jóvenes más…
-Fui raptada.
Cómo lo prometido es deuda aquí está el primer capítulo. Disculpen la tardanza, he estado algo ocupada y no quería subir un trabajo pobre o incompleto, pero espero que con esta introducción al marco real de la historia sea suficiente para compensarlos por ahora.
Lamentablemente la desagradable experiencia de Sakura le ha creado grandes prejuicios hacía nuestro Xiao Lang así que esto representará un gran problema para que ella llegue a desear ser su esposa si es elegida. ¿Conseguirá él salvar aquellos prejuicios? ¿Será ella la elegida como emperatriz? ¿Qué papel pintará nuestra buena Tomoyo en todo esto?
Eso y más lo descubriremos en los próximos capítulos. No duden en escribirme sus opiniones y comentarios. Siempre me hace feliz escuchar lo que van viendo en mis historias.
En fin no los aburro más. Mil gracias a todos los que se han tomado el tiempo de leer y dejar sus comentarios, así como decir que les gusta y seguirla. Me hace muy feliz ver que les interesa.
Nos leemos pronto.
Att: Brie97
