APROVÉCHATE DE MI

Disclaimer: Ninguno de los personajes que aquí se mencionan me pertenece

Warning: [M] [BakugoxOc] [Lemmon] [Lenguaje obsceno]

Terminología:

"Pensamientos"

—Diálogos

::::::::::::::Cambio de escena:::::::::::::::::


CAPÍTULO DOS

It started out with a kiss, how did it end up like this? - Mr. Brightside, The killers.

BEEP BEEP

Una vez sonó la alarma, Roku supo que la había cagado.

No solamente por la jaqueca que amenazaba con estallarle la cabeza, sino por los recuerdos flotando en su cerebro en un carnaval de imágenes y sensaciones. Abrió los ojos al punto de desorbitarlos y se sentó abruptamente en su cama, mareándose.

Bakugo la había besado.

Se llevó una mano a su boca, tocando con sus dedos índice y medio sus labios hinchados. No fue un sueño creado por su retorcida imaginación, fue real.

Pero lo grave no era que la hubiera besado jugando a la botella, porque anoche se besó con muchas personas. Lo grave era que luego estuvieron revolcándose en el sofá de la sala, y casi los descubren. Y lo más grave, era que no sabía cuánto había deseado hacerlo, hasta ayer. Nunca había caído en cuenta que Bakugo le gustaba, y mucho.

"¡¿Cómo pude meterme con ese volátil?!"

Había sentido la tensión en la habitación mientras su corazón bombeaba desbordado. Lo había observado coquetamente toda la noche, y no se detuvo, provocándolo hasta besarlo. Su instinto había anticipado algo, pero no supo exactamente qué estaba esperando. Se había ido antes de que tuviera la oportunidad de asimilarlo, y a decir verdad eso fue lo mejor. Estuvo segura de que ninguno de los dos sabía exactamente qué estaban haciendo en ese punto, pues aquel beso había escalado rápidamente a una zona bastante pasional. No podría usar otro adverbio para describirlo mejor. Fue tan primitivo y tosco, que automáticamente logró que le respondiera en igual medida. Sus mejillas se ruborizaron al recordar cómo se había atrevido a tantear el bulto en su entrepierna.

Mierda, Bakugo la había besado.

Incluso le había agarrado las tetas.

La alarma sonó de nuevo, logrando sacarla de sus pensamientos y de la cama. En modo autopiloto se preparó para el devenir diario y antes de que lo notara ya estaba con el cabello lavado, el uniforme en su sitio y dirigiéndose a la clase 1A.

"¿Qué esperabas de un tipo con la impulsividad y el carácter de Bakugo?"

Era más que evidente la tensión sexual entre ese par, y una parte de ella estaba completamente segura de que la próxima cercanía, lograría enredarlos entre las sábanas. Y si por azares del destino volvía a repetirse, existía la remota posibilidad de que ella subiera al cielo, y él le cortara las alas. ¿Dejaría atrás su romanticismo y sería capaz de regalarle su cuerpo, como una vil ramera?

"¡Por supuesto que sí!"

Al entrar al aula, supo que no era la única con conflictos internos, pues todos sus compañeros se veían como si hubieran cometido un crimen. Sin embargo, bastó con verlo sentado con su típica postura apática con las piernas apoyadas sobre la mesa, para sentir que el mundo se le venía abajo.

"Diablos, Roku. ¿En qué te metiste?"

Hasta ayer había sido relativamente fácil pretender que los sentimientos instalados en la esquina más profunda de su corazón eran inexistentes.

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La siguiente semana pasó tal cual como ambos lo planearon: se evitaron completamente. Estaban tan agotados ejercitándose y estudiando para los exámenes finales, que no se tropezaron ni siquiera en los pasillos, y nunca los emparejaron en entrenamientos ya que todos eran individuales.

Bakugo agradeció mentalmente el tiempo a solas. Para pensar sin que la esencia de ella se colara en sus pensamientos y opacara su juicio. Y aunque los primeros días intentó al máximo ignorarla, la terminó subestimando ya que era difícil ignorar a alguien cuando ya esa persona lo estaba haciendo. Pensó que correría tras él, reclamando explicaciones a gritos y entrando de cabeza en algunas exigencias de ámbito romántico.

Pero no.

Lo estaba ignorando adrede y la maldita lo estaba haciendo, muy bien.

Y pasada la semana de exámenes, después de romper la incómoda tensión post-party, todos se reunieron en el comedor para cenar juntos, de nuevo.

No quería ir, pero la comida la había preparado Sato y sabía que sería deliciosa. Además, Kirishima se instaló tercamente afuera de su habitación y casi lo llevó a rastras. Fue el último en llegar a la cena, y se sentó al lado de Kirishima, justo al frente de Roku.

Era la primera vez que compartían recinto, sin evitarse.

Kirishima sonrió. Era más que evidente que ese par traía algo entre manos. No olvidaría el gesto sin aliento de Bakugo al ver a Roku sentada frente a él. A pesar de la distancia, Kirishima podía palpar la tensión y gravedad del asunto. Y tampoco olvidaría el encuentro de miradas, cuando se descubrieron vergonzosamente disfrutando de su propio instante de gloria. Simplemente era difícil ignorar ciertas cosas. Como, por ejemplo, la forma en que la pelirroja podía tocar con tanta insolencia a Bakugo, y éste apenas pestañeaba. Aún recordaba aquella vez en que intentó pegarle un sticker en el traje y casi pierde una mano, y eso que él se consideraba su amigo. Mientras que la pelirroja lo tomaba de la mano, despeinaba su cabello, picaba su nariz… Y el único "castigo" que recibía era un gruñido. Por supuesto que se veía cabreado -como de costumbre-, pero Kirishima estaba segura de que no lo estaba. Por supuesto que no le importaba. Solo observaba. Observaba cómo la risa de la pelirroja se hacía más fuerte de lo usual cuando estaba cerca del rubio. Observaba cómo el genio de Bakugo se tornaba peor cuando la pelirroja coqueteaba con los demás. Observaba su comunicación etérea y cifrada, la cual no podía ser entendida por alguno aparte de ellos.

"Por supuesto que hay algo"

El bullicio y las risas corrían de un lado a otro, con comentarios que hacían ruborizar a más de uno. Se especulaba que Yaoyorozu salía con Todoroki, y al preguntarles directamente se hacían los de la vista gorda. Iida los sermoneaba, haciéndoles jurar que nunca más harían algo ilegal dentro y fuera de la institución, y que no estaba bien poner la amistad en riesgo por juegos peligrosos. Todos reían y compartían, y Bakugo arqueó la boca en un gesto de desagrado, dispuesto a ignorarlos a todos por el resto de la noche, sin embargo, la actitud extraña de la pelirroja lo distrajo de su plan.

La atrapó observándolo con intensidad, para después apartarle la mirada rápidamente con expresión nerviosa cada vez que la descubría. Ese pequeño y tonto juego comenzaba a ser constante y exasperante al pasar varios minutos sin que le dirigiera ni una sola palabra.

Estaba terriblemente callada aquella noche. Y en las contadas ocasiones en que intervino lo hizo con palabras cortas y precisas. Era obvio que algo rondaba en su cabeza rojiza y que él era el motivo de su mutismo.

En un momento dado se acercó para tomar un pan del cesto frente a él, justo en el instante en que Roku se disponía a hacer lo mismo. El destino burlón logró que sus manos se rozaran, logrando que la pelirroja brincara asustada, y él continuara su maniobra como si no hubiese pasado nada, esta vez sosteniéndole intensamente la mirada. Aquella tonta estaba haciendo una escena con aquel inusual sonrojo en sus mejillas, y hasta el descerebrado de Kaminari podría notar que algo no estaba bien entre ellos.

La pelirroja era tan transparente.

Roku zarandeó el rostro, excusándose para ir al baño. El rubio la siguió con la mirada, notando que iba justamente en la dirección contraria. Sin medir palabras, se levantó para seguirla.

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—¡Reacciona, Roku Ozaru! — apoyando su espalda en la pared del corredor, Roku se pegaba palmadas en las mejillas. –Tú nunca te comportas así. Es solo un chico. Uno de los tantos con los que has estado—

—Sabía que estabas demente, pero nunca a este nivel—

Roku brincó nuevamente asustada, al escuchar la voz de su mayor tormento explosivo. Incluso tuvo que sostenerse de la mesita a su lado, pues sintió que desfallecía. Lo observó tomando tranquilamente de su lata de refrescos, sin quitarle la mirada ni un segundo.

En un súbito y desesperado acto, cambió su rostro pálido por uno de completa armonía.

—Oh, eres tú, Kacchan. ¿Pasa algo?

—Dilo—

—¿Decir qué?— llevó la mano a su boca, ocultado su risa alterada. Observó al rubio, quien le sostenía la mirada y cruzaba los brazos, dando a entender que esperaría hasta que hablara. Le desvió la vista, con el rubor tiñendo sus mejillas.

—No mientas. Ambos sabemos que eres pésima en eso—

Casi gruñó al notar que la pelirroja, temeraria y osada en otrora, ni siquiera era capaz de mirarlo al rostro. Aquella actitud lo sacaba de casillas. Simplemente no estaba acostumbrado a eso.

Roku obligó a su corazón a calmarse, tomando varias bocanadas de aire. Bakugo parecía tener alguna habilidad para detectar cuando alguien estaba actuando, por eso con él no tenía otra táctica aparte de ser sincera. Además, bastaba con que vislumbrara su figura imponente para que todo su disimulo se evaporara.

Después de un momento de silencio, se decidió a hablar. —Aquella noche en la sala…No he tenido tiempo de hablar contigo sobre aquella vez, por lo de los exámenes y eso... – se detuvo un segundo para tomar aire y colocar en orden sus ideas para mostrarlas con claridad. Lo miró a los ojos –Escucha Kacchan, sé que hay veces que nos dejamos llevar por la impulsividad y el apremio del momento, y no vengo a discutirte que yo no sea así. Pero sí tengo derecho a saber al menos lo que hicimos esa anoche. —

Bakugo arrugó el ceño.

—¡¿Qué diablos estás insinuando?! ¡Nunca me aprovecharía de una mujer insconciente!

Tomó aire —Nos besamos… nos besamos de nuevo en el sofá.

Bakugo asintió, tomando otro sorbo de su bebida.

—¿Y cómo sucedió?

—Tú empezaste

—¿Yo? —replicó crispada. Ahora que lo recuerda, a pesar de que Bakugo la apresó contra el sofá, fue ella la que dio el primer paso.

—B-bueno… pero supongo que continuaste. ¿Por qué no me detuviste?

Roku esperó que el rubio iracundo le profiriera insultos y se marchara aprisa. Se sorprendió al escucharlo.

—Porque quería superar el primer beso. —esperó impaciente, viendo que Bakugo permanecía imperturbable. Continuó —Tú me retaste. Tenía que quitarte esa estúpida idea de que Deku besaba mejor—

—¿Lo dije? — la pelirroja rascó su cabeza —Bueno, fue mentira, obviamente. ¿Pero eso lo sabías, cierto?

Se silenció al notar que Bakugo le sostenía la mirada. —Quería repetirlo.

Roku no lo podía creer. Abrió los ojos —¿Lo dices en serio? Porque si sólo lo dices para hacerme sentir mejor y no como una chica fácil, entonces…

—No soy del tipo que inventa historias patéticas y busca palabras suaves que se amolden a las emociones de los demás.

—Cierto— sonrió —¿Y fue mejor?

—Si— se acercó a ella para dejar la lata de refresco en la mesita al lado de Roku y sacudió su mano helada. —Supuestamente, te ofreciste a enseñarme—

—¿Y? ¿Fue agradable? ¿Más agradable? ¿Menos agradable? ¿Super agradable?

—Preguntas mucho, simio.

Se permitió relajarse un poco. Se preguntó mentalmente cómo Bakugo era capaz de hablar con tanta desfachatez sin sentir ni una pizca de vacilación o vergüenza, cuando ella a duras penas podía ocultar el tono quebradizo de su voz. Luego recordó con quién estaba tratando: con el confiado, arrogante e intrépido Bakugo. Simplemente no estaba en su naturaleza.

Y eso que ella siempre había sido llamada "vulgar" y "descarada" por parte de él.

—Soy una chica insaciable.

Ahora que estaba más serena, se permitió recorrerlo con descaro como hacía mucho tiempo no lo hacía. Se relamió mentalmente al sentir la imperiosa necesidad de pasar su lengua por aquella piel. ¿A qué sabría? Cielos, la voz dentro de su cabeza ahora le gritaba sobre lo absurdamente delicioso que se veía aquel cabeza dura. No pudo evitar ocultar la sonrisa en sus labios.

—Deja de hacer eso

—¿Hacer qué?

—Esa risa tonta como si hubieras ganado el premio mayor.

Roku carcajeó aún más fuerte. Él se giró, dispuesto a irse.

—¡Hey! Aún no hemos terminado

—Desde mi punto de vista, sí. No volverás a preocuparte por buscar este tipo de charla.

Súbitamente, el temperamento de la pelirroja cambió a uno de completa indignación.

—¡Bien! ¡Mientras puedas tener tus manos y tu boca lejos de una chica tan bonita como yo, no volveremos a tenerla!

Bakugo sonrió a medio lado al escuchar aquel alarido chillón. Había vuelto todo a la normalidad.

—Eso no será ningún problema

—¡Imbécil! ¿Eso sonó muy ofensivo, sabes?

El rubio se encogió de hombros y se devolvió para tomar su lata de gaseosa. Pero esta vez, se decidió por pasar el brazo por encima de ella, acercando su rostro al de ella. —Logró su cometido.

Un hormigueo se esparció por todo el cuerpo de Roku al sentir el aliento cálido del rubio chocando contra su oído. Estaba segura de que Bakugo se estaba regocijando al ver su expresión sonrojada. Hizo un sobreesfuerzo por tragar saliva. Buscó fuerzas para no decaer al sentirlo tan cerca, y casi sin aliento, habló.—¿No te ibas?

—No me das órdenes— replicó, separándose de ella y tomando de su bebida. Se acercó nuevamente en un acto mal fingido para depositar la lata en la mesita, esta vez estirando el brazo lo suficiente para poder rodear su cintura. Roku ni siquiera fue capaz de despegarse de la pared, al sentirse acorralada por sus biceps y al percibir su nariz aguileña rozando su mejilla mientras retrocedía. Notó que sus ojos rojizos se volvieron mucho más voraces, más hambrientos. Fue recorriendo su rostro, analizando cada detalle y escaneándolo para guardarlos en alguna caja dentro de su memoria, en caso tal de que la cercanía no volviese a ocurrir.

—Pero se te dio muy bien cumplirlas…

Fue Roku la que avanzó en dirección hacia sus labios, moviéndose tan lentamente que imaginó escuchar los suspiros de impaciencia por parte de él. Quería conservar la ansía del momento, el romanticismo mágico y cursi, el latido alocado previo al acto, quería que el momento fuese eterno, y sobre todo, consciente. Cuando por fin fusionaron sus labios sedientos, la tormenta de serotonina los abrigó con fuerza, como aquella vez. Con igual deseo se degustaron el uno al otro, grabando cada caricia, cada sabor, cada aliento. Roku lo probaba y podía jurar que no le quedaban ganas de desear otra boca, de conocer otras texturas ni otras humedades. Levitaba en ensoñaciones futuras y sentía cómo cada poro de su piel destilaba satisfacción, cómo se hinchaba cada vena de su cuerpo y qué tan grande se dilataban sus pupilas. Era una unión perfecta y peligrosa, como la de un tornado y un volcán, intrépidos por abatir todo a su paso.

Escucharon pasos en el pasillo y la pareja se separó rápidamente. Roku planchó su blusa con las manos y peinó sus cabellos. Sus ojos rojizos brillaban, ella los había hecho brillar así. Y lo seguía trémula, totalmente embrujada.

Para el momento en que Yaoyorozu cruzaba el pasillo, Bakugo entraba al ascensor y desaparecía.

—¿Roku-chan? ¿Estás bien? —la pelinegra se acercó a su amiga, batiendo las manos al frente de su rostro ensoñada —¿Pasó algo?—

"Besar a Kacchan es como ser golpeada por un relámpago… dos veces"

—Te diré un secreto—la pelirroja cerró los ojos y suspiró profundamente. –Kacchan me encanta…