CAPÍTULO 2

El corazón de Sasuke latía con fuerza, mientras el auto se acercaba a Gillemot Hall. Las lágrimas corrían por sus mejillas, y sus manos estrujaban su pantalón a la altura de los muslos. La desesperación ya no se reflejaba en gritos, solo su rostro manifestaba la angustia que sentía. El llanto de Elizabeth lo enloqueció; lo hacía siempre que lo escuchaba, solo que esta vez, lo había sentido diferente. Sabía que ella tenía ataques de nervios.

El primero que presenció fue gracias a un vídeo de seguridad, del día en que ella no pudo salir del país; sin embargo, lo que escuchó en la voz de su esposa, era algo más que un ataque de nervios a causa de la pesadilla pasada, lo que sintió fue pánico puro. Sus sollozos angustiados, sus palabras diciéndole que lo necesitaba, su gran desasosiego, todo eso le indicaba que estaba asustada, aterrada, como hasta para temer por los tres.

Al principio, pensó que algo le había ocurrido al bebé, pero el alivio de saberlo a salvo, en lo que cabía, no duró mucho, al sopesar las posibilidades de lo ocurrido con su mujer; y lo único que evitaba que él también estallara, era que ella le había asegurado que estaba bien… Al menos, físicamente hablando. Por fin, los altos muros que rodeaban la propiedad se mostraron ante él, y un minuto después, ya se encontraba frente a las enormes puertas abiertas. Cuando el auto comenzó a entrar, Lissa apareció, y le hizo señas para que se detuviera.

―Detén el coche ―ordenó Sasuke, y bajó el vidrio de la ventana―. Dime que está bien, Lissa ―suplicó, emocionado.

―Sí, se…señor. ¿Puedo subir? Sasuke le abrió la puerta, y una vez ella estuvo dentro, ordenó al chofer que se apresurara.

―La señora qui…quiere que rodee la mansión y entre por atrás. No quiere que hable con nadie, sino que se dirija directamente a la habitación ―explicó la chica, quien se encontraba sentada lo más alejada posible de su acompañante, muerta de miedo. Sasuke no demoró en trasmitir la orden, y se apresuró a preguntarle si la había visto y qué le había dicho.

―No quiso abrirme la puerta, se…señor. Pero sí le puedo decir que estaba llorando, y no parece ser porque le duela algo. Está muy asustada, solo que no sé porqué. No me lo dijo. Cerré la puerta del vestíbulo de la recámara para que nadie la molestara, aquí está la llave.

Sasuke la tomó; en ese momento, el auto dobló por el camino que llevaba a la zona de la piscina, del lado izquierdo de la mansión, y estacionó junto a la puerta. Agradeció rápidamente a la chica, y salió del auto. Decidió subir por las escaleras de servicio de esa ala de la casa, que casi nadie utilizaba, al estar las habitaciones desocupadas. Corrió por los pasillos hasta llegar al vestíbulo, abrió con la llave que Lissa le había dado y entró, agradeciendo no haberse topado con nadie en su camino.

La puerta que daba a la habitación se encontraba cerrada, y rogó porque Sakura no la hubiese atrancado, ese no era el caso. Al ingresar, miró hacia la cama y la encontró arrodillada junto a ella, de espaldas hacia él, limpiando el suelo. Naomi lo vio acercarse y maulló; no como acostumbraba a hacerlo en tono de advertencia o rabia, sino con emoción, como si se sintiera aliviada de que él estuviera ahí. Se agachó entonces detrás de la chica, la rodeó con los brazos por la cintura, y declaró en su oído: ―Aquí estoy, mi amor. Ya estás segura entre mis brazos. La sintió temblar, y al instante, se dio la vuelta para abrazarlo por el cuello, y aferrarse a él con llanto renovado.

Sasuke la apretó contra su pecho, y se acomodó en el suelo para sentarla en sus piernas. No pronunció palabra alguna, sino que se limitó a acunarla, besar sus cabellos, y llorar con ella en silencio. Quería apartar de ella todo sufrimiento y angustia, y en esos momentos, sentía que fracasaba por completo en su misión.

―Lo siento ―sollozó Sakura, con su voz reprimida por la ropa de él―. Soy una tonta.

―No lo eres, mi amor ―la consoló, acariciándole el cabello y la espalda.

―No tenías que venir. Yo no tenía que hacerte venir. Perdiste tu reunión.

―Eva quedó a cargo de la reunión, en compañía de Kendal y Naruto, y así ellos no hubiesen podido, yo habría dejado cualquier cosa por estar a tu lado. Ven ―dijo, apartándola un momento para ponerse de pie, y luego a ella―. Siéntate en la cama. Yo me ocupo de esto.

―¡No! ―exclamó Beth cuando lo vio arrodillarse, y tomar la toalla que tenía en la mano―. No lo hagas, es mío, yo puedo…

―Shhh, nena. Yo también puedo hacerlo. Encárgate de calmar a Naomi. Cuando terminó, Sasuke se dirigió al baño, y luego de lavar la toalla y sus manos, regresó por ella.

―Vamos a bañarte ―dijo, y la tomó en brazos. Sakura lo observaba con detenimiento, al tiempo que la desvestía, y a él a su vez. Esperó ver algo de fuego en su mirada, cuando se halló desnuda ante él, pero no fue así. En sus movimientos no se percibía lujuria alguna, sino el deseo de consentirla, de calmarla; y al momento de entrar en la ducha, se dedicó a acariciarla, como si deseara borrar todas sus penas y miedos.

Sakura comenzó a excitarse, no podía impedir que su pasión se despertara, al sentir las manos de su esposo acariciando su cuerpo, y ver su miembro irguiéndose a cada segundo; y sobre todo, al verlo ignorar su propio deseo, para mimarla y brindarle una sensación de seguridad. Sasuke la recostó contra su cuerpo, aplicó champú en su cabello, y jabón con una esponja por toda su piel; luego, dejó que el agua la limpiara.

Se encontraba tan agotada, que se olvidó del deseo que se formaba en su interior, y un sopor la invadió. Sasuke la alzó en brazos y la llevó a la cama. La acostó, y se estaba acomodando tras ella, cuando escuchó su celular sonar. Fue al baño donde había quedado, lo silenció, regresó a la cama para recostarse, y respondió.

―Sakura está dormida, por eso te hablaré en voz baja ―aclaró.

―¿Está bien? ―preguntó Eva con voz preocupada.

―Tuvo un ataque de nervios, pero no sé qué lo produjo. No he querido preguntarle para no alterarla de nuevo.

―¿Y el bebé? ―Lo sentí moverse mientras la bañaba, y ahora está tranquilo. Creo que está bien.

―¡Gracias a Dios! ¿Qué dice la enfermera?

―Sakura no quiere ver a nadie. Me pidió que no me cruzara ni hablara con los empleados, así que la complaceré. Pasaré el día aquí con ella, y solo llamaré a Lissa para las comidas. Sin embargo, mañana la haré revisar por un especialista, para asegurarnos de que no hay problemas.

―Me parece bien. La primera parte de la reunión ya terminó ―explicó Eva―. Vamos a almorzar y continuamos en la tarde. Todo va bien, no tienes de qué preocuparte.

―Gracias, Eva. No te imaginas lo que he pasado.

―Sasuke, sé que no es el mejor momento pero… llamaron. Sasuk soltó una maldición, y Sakura se removió un poco, aunque no se despertó, por lo que él habló un poco más bajo.

―¿Qué quería? ―preguntó con desprecio.

―Lo de siempre. Exige…

―¿Exige? Yo le diré lo que puede exi… ―Se detuvo cuando Sakura se removió de nuevo, murmuró algo que sonó a molestia, y continuó durmiendo.

―Eso lo hablamos después. Aquí viene Naruto, tuve que explicarle, porque sospechó cuando notó mi preocupación, y le dije a Kendal que no estarías en la reunión. Sasuke suspiró, resignado.

―Supongo que debe estar enterado ―dijo con fastidio―. Comunícamelo.

―¿Qué le pasó a Sakura? ―preguntó Daniel sin preámbulos, luego de que Eva le entregara el celular.

―Me llamó llorando, pero no dijo el motivo ―explicó, y besó delicadamente el hombro de su esposa―. Tuvo un ataque de nervios.

―¡Mierda! ¿Está bien ahora?

―Está dormida… Daniel, ¿sabes por qué se originan estos episodios?

―Los tiene desde niña, según me contó Amelia. La llevaron con un médico una vez, y él dijo que bien podría deberse a conflictos a la hora de afrontar situaciones difíciles. Lo raro es que cuando se presentó lo de su padre, no los sufrió en ningún momento; incluso después, se mostró siempre fuerte, y si le dieron, no fue delante de su madre. Aunque…

―Aunque, ¿qué? ―preguntó Sasuke, creyendo que sabía lo que Daniel le iba a decir.

―No lo sé, Sasuke. Hay algo que no encaja. Ella no los sufrió en los exámenes finales, no los sufrió cuando su padre, ni cuando tuvo otros momentos difíciles o de mucho estrés… Ella los sufre cuando tiene miedo.

―Continúa, por favor ―pidió Sasuke cerrando los ojos con fuerza, y acercándose más a Sakura. Sus sospechas eran confirmadas.

―Unas veces es gracioso verla, en cambio en otras… es muy difícil. En algunas ocasiones es miedo a ser reprendida, y en otras es un miedo más intenso, pero siempre es lo mismo. Sasuke, tú no me caes bien y nunca lo harás, pero ella dice amarte…

―Ella me ama ―aclaró Sasuke. ―Y he podido notar que tú también la amas ―continuó, ignorando la corrección.

―Más que a mi vida.

―Lo sé, y es por eso que te estoy diciendo esto. No sé qué es, y desde que la conocí, estoy tratando de descubrirlo. Creo que ni ella misma lo sabe, porque ya me lo habría dicho…

―O a mí. ―Estoy seguro de que a ella le pasó algo muy malo, quizás cuando era muy niña, y ahora no tiene consciencia de ello, que ha hecho que sus temores se intensifiquen en ciertos momentos, y es ahí cuando sucumbe a los nervios. Algo le hicieron, Sasuke, que le ha hecho tener miedo toda su vida. Sasuke apretó la mandíbula, y con el sufrimiento reflejándose en su rostro, plantó un beso en los cabellos de la mujer que permanecía dormida.

―¿Crees que su padre…? ―No, eso es imposible. Yo no lo conocí, pero sé que él fue un buen hombre, y ella no hacía más que adorarlo; además, tú debiste comprobarlo en la noche de bodas.

Sasuke se tragó una maldición, por el recuerdo de lo sucedido esa noche, y pensó en decirle la verdad a Naruto, para que él le hiciera pagar por dañarla, y más por acusar a un hombre inocente de su propio crimen. Se arrepintió al instante.

―Entonces, ¿qué crees que puede ser?

―No se me ocurre nada, porque por Amelia, sé que Sakura tuvo una infancia como la de cualquier otro niño, y esto se presenta desde que ella era muy pequeña.

―Los dos guardaron silencio por un momento, y luego Daniel continuó―: Yo quería apartarla de sus miedos, y ahora ya no puedo hacerlo. Eso te toca a ti.

―Te prometo, Naruto, que dedicaré mi vida a esa empresa. Haré hasta lo imposible, para que no vuelva a tener miedo nunca más.

―Gracias. ―Naruto colgó, y Sasuke se quedó abrazado a su esposa, tratando de descubrir el origen de sus angustias y temores, sin resultado alguno. Varios minutos después, unos golpes suaves en la puerta llamaron la atención de Sasuke, y fue ahí cuando se percató de que Naomi dormía plácidamente junto a Sakura, y por primera vez, sin atacarlo. Desconcertado por el hecho, se bajó de la cama y abrió la puerta, para encontrar a Lissa del otro lado, con una bandeja de cama llena de comida en las manos.

―Señor, les traje el almuerzo. Tuve que decirle a Katy que usted decidió volver porque le hacía falta la señora, como… su esposa, y pues… aquí está la comida ―tartamudeó la chica, sin levantar la vista ni una sola vez.

―Muchas gracias, Lissa ―dijo Sasuke, recibiéndole la bandeja―, por esto y por toda tu ayuda. La chica asintió con el rostro sonrojado, y se apresuró a abandonar el vestíbulo. Sasuke cerró la puerta con el pie, y se acercó a la cama para dejar la bandeja.

―Preciosa, es hora de almorzar ―anunció, besándola suavemente en los labios. La chica se estiró perezosamente, y enseguida, se acomodó contra los cojines, para que Sasuke colocara la bandeja de cama en sus piernas. Se veía más tranquila; aunque sus ojos estaban hinchados de tanto llorar, ya no había miedo en su mirada, sino vergüenza, y eso le molestó.

―Ya déjalo, Sakura.

―No sé de qué me hablas ―inquirió, bajando la mirada. Sasuke suspiró y se acomodó a su lado, le pasó un brazo sobre los hombros, y con la otra mano le levantó la cabeza, para que lo mirara a los ojos.

―No tienes por qué avergonzarte de tu actitud, y mucho menos conmigo

. ―Me comporté como una tonta, no tenía que haberte llamado. Sasuke cerró los ojos, y cuando los abrió, parecían llamear.

―Te aseguro, Sakura Uchiha, que si esto te vuelve a pasar, y decides no llamarme, ¡vas a conocer lo que es la furia personificada! ―gritó Sasuke, y se lanzó al cuello de la chica para morderlo. Sakura gritó y trató de huir, pero la bandeja se lo impidió, la cual casi termina volcada sobre la cama, por lo que tuvo que dejarse devorar por su esposo, entre risas y más griticos traviesos, hasta que Naomi intervino en defensa de su dueña.

Luego de eso, Sasuke tuvo que llamar a Lissa a su celular personal, para pedirle, con el permiso de Sakura, que entrara a la habitación para cambiar la ropa de cama, manchada con salsas y jugos de fruta… además de llevar más comida, y el botiquín de primeros auxilios. La tarde la pasaron encerrados en la habitación, entre besos y caricias, y cuando ya no pudieron más, hicieron el amor con tanta pasión y necesidad, que si no hubiesen encerrado a Naomi en el vestidor, al otro lado del vestíbulo, Sasuke habría terminado siendo atacado de nuevo.

Sakura movía sus caderas lo mejor que su peso extra se lo permitía, aunque no era necesario, porque con el desenfreno de Sasuke bastaba, para que los dos quedaran exhaustos y satisfechos, al menos de momento. Al terminar la tarde, se produjo el cambio de enfermeras sin que la pareja se percatara de ello. Solo se dieron cuenta cuando Becca tocó la puerta de la habitación, exigiendo revisar a Sakura, para cerciorarse de que el dolor de estómago, que todos comentaban que la señora tenía, gracias a los informes de Carla, no fuera nada grave; obligándolos así a vestirse.

―¿Hannah ya se fue? ―preguntó Beth con recelo.

―Así es, señora. Y me parece el colmo que no haya acudido a ella, ni le haya permitido verla para que la atendiera.

―Becca, por favor, no empieces.

―Yo no empiezo, señora ―refutó la mujer con indignación―, yo cumplo con mi deber, así que recuéstese y permítame hacer mi trabajo. Sakura miró a Sasuke, pidiendo ayuda, pero él negó con la cabeza, indicándole que estaba totalmente de acuerdo con la experimentada enfermera. Cuando el exhaustivo examen terminó, Becca le dijo que según sus conocimientos, el bebé se encontraba bien, aunque ella tenía la presión arterial un poco alta, por lo que intuyó que había tenido una emoción fuerte.

―Le recuerdo que usted está embarazada, y debe tener mucho cuidado con las emociones. ―Giró la cabeza hacia Sasuke, y lo miró con reprobación―. Sobre todo con agitarse demasiado. Sakura se sonrojó por la insinuación de la mujer, y se limitó a asentir. Luego de que Becca se retirara, la pareja cenó y se acostaron en la cama, para reposar

y volver a agitarse. Una vez la pasión se halló saciada, y los gemidos y jadeos se convirtieron en un silencio placentero, Sasuke decidió tocar un tema que consideró importante.

―Sakura ―dijo, mirándola a los ojos―, hablé con Naruto mientras dormías, y los dos llegamos a la conclusión de que tus ataques de nervios, se deben a que le temes a algo. Sakura lo miró sin entender el porqué de sus deducciones.

―Los médicos dijeron que se debía a que tenía un carácter débil, y esa era la manera en que podía expresar mi angustia, y de paso protegerme. Que no tenía la capacidad para afrontar situaciones difíciles.

―Eso no tiene sentido. Nunca he conocido a alguien más fuerte que tú. Has pasado por tantas cosas, que cualquier otra persona ya habría sucumbido, incluso mortalmente. Lo sé porque muchas de esas situaciones las originé yo, y ahora soy consciente de ello. En los momentos más difíciles de tu vida te mantuviste firme, y solo cuando llega el momento de temer algo, que aún no logramos relacionar, es que presentas esos estados que, según tengo entendido, los sufres desde muy pequeña.

―No entiendo adónde quieres llegar.

―Sakura, ¿qué pasó en tu vida, si es que la memoria te alcanza hasta cuando aún eras un bebé, que te hace tener tanto miedo, como para perder el control de esa forma? Sakura se lo quedó mirando, tratando de asimilar sus palabras y buscarle una respuesta. Comenzó a recordar todas las veces que había sufrido esos episodios, y se dio cuenta que Sasuke tenía razón, en que en todos había tenido miedo de algo.

En algunos casos eran nimiedades, y el resultado terminaba siendo gracioso para otros, y ridículo para ella; en cambio en otros era algo serio, temores tan grandes, que sentía que todo a su alrededor desaparecía, dejándola aislada e impotente, ante aquello que podía dañarla. No siempre era miedo justificado, no obstante, ella lo sentía, y eso bastaba para desatarlo todo. Trató de recordar también desde cuándo le sucedía, y no pudo definir un momento, pues su memoria no llegaba tan lejos, pero sea lo que fuese, tenía que haber sucedido cuando ni siquiera hablaba o caminaba…

«O incluso mucho antes», la idea llegó a ella como una revelación divina, y entonces todo se aclaró en su mente. Sus miedos no provenían de su vida actual, no era culpa del descuido de sus padres, o algo que sus familiares pudieran evitar, sino que databa de cientos de años en el pasado; y así como el amor por Christopher, y la resistencia a aceptar ese sentimiento por temor al dolor, trascendieron en el tiempo, también lo hicieron sus dos mayores sufrimientos: la muerte de su amado y la suya propia.

En esos momentos, las imágenes aparecieron ante ella, así como las emociones: el dolor más desgarrador al saber muerto a Kopján, cuando lo prefería mil veces vivo, así fuese en brazos de otra mujer; y luego, cuando vio a Sarolta acercarse a ella con un puñal en las manos.

Al saber que moriría, no sintió temor por ese hecho como tal, porque lo anhelaba con todas sus fuerzas, pues su vida había dejado de tener sentido alguno, y cada respiración, cada latido, dolía como lava ardiendo corriendo por sus venas; incluso, podía afirmar que ese habría sido el momento más feliz de su vida

―por saber que iría a reunirse con el hombre que tanto amaba―, de no imaginar el dolor que su familia, y en especial su querido hermano, experimentarían al hallar su cuerpo sin vida. Esos dos instantes de infinita angustia y terror, se quedaron en su alma hasta el momento de su nuevo nacimiento, cuando encontraron un modo de poder ser exteriorizados, con la más mínima provocación.

―Respóndeme, Sakura. ¿A qué le temes tanto?

―A perderte para siempre, y a ver sufrir a los que amo ―respondió con seguridad.