II -
La Biblioteca
La reina de Arendell era una mujer enigmática a su criterio, solo habían pasado cinco años desde su coronación. Ni una sola vez había aparecido en público, inclusive recordaba como el anuncio de su coronación había sido exclusivo a la vista de los aliados más cercanos del reino y la vista exclusiva de los generales más fieles a la corona y demás. Se decía que desde pequeña había sido una persona en extremo reservada y bastante misteriosa. Con tan solo 22 años recién cumplidos, se consideraba la monarca más joven en la historia de Arendell.
Muchas historias rondaban siempre alrededor de de la reina.
Pero si de algo estaba segura es que la reina era una mujer de respeto y frío trato. Seguramente habría sido por el aislamiento a muy corta edad o por la prematura pérdida de los reyes. Realmente la reina tenía muchas razones por la cual era tan reservada y distante no solo con su pueblo, si no también, con sus empleados. Puesto que a pesar de llevar ya casi tres años en el castillo ni una sola vez había visto a la regente.
Las criadas y los guardias de los módulos superiores del castillo (y aquellos que habían tenido la oportunidad de ver a la reina) solían hablar sobre su extraordinaria belleza pero semblante severo. Solían asegurar que una mirada suya era capaz de helarte hasta el alma misma. Decían, que nadie nunca la había hecho reír, ni la sombra de una sonrisa; su cara siempre era seria e inexpresiva. Nunca serías capaz de saber lo que pensaba y esa era la clave del éxito en las negociaciones diplomáticas. Bueno, era eso y el extraño rumor que corría sobre la reina.
No solamente era admirada por todos, también era temida. No solamente era su seriedad y su severidad ante las leyes y su régimen. Había algo más, todos lo sabían, pocos se atrevían a hablar de eso.
_ Están todos reunidos aquí, porque habrán cambios.- Decía el jefe de guardia. Detrás de él se encontraba su ayudante. _ Debido a las circunstancias que la mayoría ya está al tanto, la reina ha ordenado una reestructuración del personal-. gritaba con seguridad mientras su ayudante erguido esperaba a su orden.
_ Entonces era verdad...-. Escucho a alguien susurrar en medio de la gente.
Anna observaba todos sus compañeros, mirarse unos con los otros con preocupación. Las palabras "cambios" y "reestructuración" la mayoría de veces no eran sinónimo de buenas noticias. Los nobles tendían a ser crueles cuando se hallaban ofendidos. No les importaban acabar con el futuro de otras personas con tal de apagar su fuero interno, la cantidad de personas afectadas no les importará siempre y cuando pudieran sentir que su orgullo estaba nuevamente restablecido. Y si lo que había dicho Kristoff era verdad, no solamente alguien había perdido la cabeza, seguramente varios aparte de perder su empleo, perderían sus casas.
Con impotencia cerró sus puños mientras escuchaba el discurso del jefe de guardia. Algo sobre el honor, sobre el respeto y devoción a la reina. Lealtad y obediencia, gratitud sobre nuestro esfuerzo pero desilución sobre el actuar de aquellas personas. Algo sobre el castigo y la justicia.
_ Finalmente, la reina a ordenado que todos aquellos que tengan tres años en adelante dentro del castillo, se trasladaran al modulos altos del mismo.- vociferó aquel hombre mientras su asistente comenzaba a sacar los pergaminos. _ Serán asignados a labores según la cantidad de años en lo que han estado aquí, los nuevos, seguirán en los primeros niveles.- Y acto seguido comenzó a nombrar nombre por nombre a cada uno de los que serían reasignados.
-No es justo- pensó mientras miraba su nuevo horario y las nuevas tareas, así como también miraba sus nuevos puntos de trabajo. Tenía si mucho un par de horas para mover sus pertenencias hacia las habitaciones de los pisos más altos. Seguramente ya no vería la luz del sol a este paso y tendría que irse despidiendo a la idea de volver a ver a sus amigos peludos. Un suspiro de frustración le abandonó mientras se dirigía a su habitación.
_ !Anna!.- escuchó que gritaban su nombre. Volteo su cara.
_ Aurora, !hola! -. Respondió con entusiasmo.
_ Escuche que vas a las plantas altas.- contestó su amiga mientras comenzaban a caminar las dos rumbo a sus habitaciones.
_ Si, al parecer me tocará limpiar la biblioteca y pasillos aledaños.- contestó Anna sin mucho ánimo.
Escuchó un suspiro salir de los labios de su amiga._ al menos e escuchado que esa sección es bastante tranquila, sabes? .- dijó mientras abrió su propio pergamino. _en cambio a mi me toca asear las habitaciones de los duques y duquesas allegados de la reina, con todo y aseo de ropa.- dijo mientras terminaba de leer sus nuevos quehaceres.
Una ola de simpatía la inundó haciendo que posara su mano derecha sobre el hombro de la chica. _ ya verás que no será tan horrible como piensas-.
_ espero que no Anna, solo de pensar en las exigencias de toda esa gente, siento pánico -. Decía sus amiga mientras se sujetaba el rostro.
_ Vamos Aurora, no puede ser tan malo, muchas veces los duques no están dentro de sus habitaciones-. Dijo con una sonrisa.
_ Esperemos que así sea Anna, no solo ya me había acostumbrado a los pasillos menores.- se lamentó mientras llegaban a sus destinos. _ bueno, nos veremos luego-. Y tras una sonrisa Aurora siguió su camino.
LLevaba un mes tratando de acostumbrarse a su nueva rutina, sin embargo, comenzaba a creer que nunca se acotumbraría del todo. Por las tardes a través de uno de los ventanales era capaz de ver los vastos jardines de aquel castillo y más allá si lograba concentrarse lo suficiente a veces podía ver los caballos corretear. Era entonces cuando suspiros abandonaban su cuerpo en forma de anhelo y tristeza al darse cuenta que no volvería a ver a sus amigos cuadrupedos. Pero no todo resultaba ser tan malo, a veces cuando se pierde algo también se gana algo; y eso era la biblioteca. Tan basta como como sólo podía serlo la biblioteca real, Anna no era capaz de compararlo con absolutamente nada de lo que ella hubiera visto antes. Quizás un gran salón repleto de libros con al menos, calculaba ella, tres pisos igual de bastos. Todos y cada uno de los pisos siempre en circular viendo hacía el área principal. Grandes paredes repleta de distintos libros de distintos colores e idiomas que nunca en su vida espero ver. Fue ahí donde descubrió quizás su segundo amor, después de los caballos, leer.
_ Anna, tienes que tener cuidado, lo sabes ¿no? _ Dijo Kristoff un día mientras descansaban dentro de la biblioteca.
Ella lo vio indignada mientras se llevaba a la boca un chocolate,- que su mejor amigo le había obsequiado-, como aperitivo. _ Pero, !claro que si! _ respondió ella. _ Ademas, no es como que se vayan a dar cuenta y los regreso siempre lo más rápido posible _ comentó mientras se llevaba lo que quedaba a su boca.
_ Anna, esto no es un juego _ le reprocho Kristoff mientras él terminaba su sanwich.
_ ¿Quién dijo que lo era? _ Inquirió ella aún indignada. _ Oye, no estoy hurtando nada, hago mi trabajo a tiempo _ Hizo una pausa _ quizás no taaan a tiempo _ bacilo un poco. _ Pero aun así lo hago con el suficiente tiempo para poder leer un poco, !mira! _ Sacó uno de sus bolsillos, un pequeño libro verde.
"Joan du arc "Se leía en la portada de aquel mediano libro color verde.
Kristoff se llevó la mano a la cara. _ Anna, Dios puedo apostar a que ni siquiera sabes que dice _ Dijo su amigo mientras tomaba aquel libro y lo examinaba.
_ Claramente de alguien llamada Joan _ dijo ella con obviedad. _ Ademas, mira _ dijo mientras le quitaba el libro de las manos y rebuscaba en las páginas como buscando algo en especifico. _ Aquí _. Dijo ella mientras señalaba una página específica.
Era una ilustración color roja con amarilla y en centro una joven de cabello castaño vestida en armadura, de una mano sostenía una espada alzada hacia arriba mientras que con la otra mano sostenía el asta de una bandera blanca la cual se alzaba detrás de ella con más figuras.
_ Es ella _ dijo Anna mientras señalaba continuamente con su dedo. _ Y creo que es un caballero o algo así _ Dijo mientras extendía más el libro buscando observar más detalles de aquella ilustración.
Kristoff solo pudo verla con compasión. Mientras que internamente le pedía a Dios porque no fuera descubierta por algún noble. Aún sabiendo que su amiga no se detendría con los respecto a los libros. Si algo admiraba de ella era su determinación y su valentía, algo que en ocasiones carecía pero que necesitaba. Un suspiro le abandonó mientras se ponía de pie. Ofreció su mano para que su mejor amiga pudiera levantarse también, puesto que ambos habían estado sentados en el piso recostados en una de las paredes a las afueras de la biblioteca.
_ Me tengo que ir Anna, te cuidado, que no te descubran _ advirtió el mientras comenzaba a alejarse entre los pasillos.
Mientras tanto ella tras sacudir las migas de chocolate de sus ropas, se dispuso a regresar a sus labores. Una vez dentro de aquel enorme lugar y absoluto silencio, se dio ánimos y se dirigió hacia uno de los pasillos más alejados de la estancia. Era una de las áreas más difíciles para Anna, la luz era escasa aun con los candelabros reforzando la luz del sol. El olor a papel era más denso y en ocasiones la temperatura tendía a ser más baja que el resto de la estancia.
Hoy era uno de esos día en los que la temperatura estaba baja, un escalofrio recorrio su espalda mientras se dirigía con sus utensilios en mano. La carreta para depositar los libros y limpiar los estantes. Le llevaría su tiempo pues, tendía a distraerse con las portadas de los libros y sus títulos. Mientras ignoraba el frío de aquella estancia, poco a poco comenzó a retirar los libros y colocarlos en orden dentro de la carreta, ya después los ordenaría. Comenzó desde el lado donde la luz era más favorable hasta el lado más oscuro, al final del pasillo había un doblez que conducía a unos escalones hacia arriba. Su paso estaba completamente prohibido o eso le habían dicho cuando recién le enseñaban el oficio.
A veces se preguntaba el porqué.
Mientras las horas pasaban Anna trataba de pelear contra el frío que se incrementaba minuto a minuto. Comenzó a darse cuenta como gradualmente sus dedos se entumecían en su deber de retirar libros y limpiar. Así como también comenzó a notar como su aliento poco a poco se comenzaba a reflejar en el ambiente. Esto sin duda no era para nada normal.
_ Cálmate Anna _ Se dijo por tercera vez mientras evitaba entrar en pánico y continuar con su trabajo. Faltaba muy poco pero conforme avanzaba, su cuerpo instintivamente reconocía el miedo.
Podía visualizar el final del pasillo y sentir el frío emanar de aquellos escalones. Podía sentir el miedo recorriendo su cuerpo así como también las incontrolables ganas de salir huyendo de aquel lugar y nunca más volver. También podía sentir como la frustración se apoderaba de ella pues tenía que luchar contra sus instintos. De un momento a otro comenzó a escuchar ruidos leves, como sordos provenientes de lo que fuera que llevaran esos escalones. Era imperceptible a si estuvieras en un lugar medianamente concurrido pero en aquella biblioteca desierta, se podía escuchar claramente.
Fue cuando Anna comenzó a sentirse aun mas nerviosa, y rara vez Anna se sentía así en especial desde que trabajaba en aquel castillo.
_ ¿Hola? _ dijo fuertemente mientras sus manos instintivamente se dirigían a su pecho. _ ¿Hay alguien aquí? _ Volvió a preguntar sin recibir respuesta. Los sonidos provenientes de los escalones se detuvieron. _ Me llamo Anna _ se presentó con voz temblorosa mientras que con su mano derecha se detenía en uno de los estantes.
_¿Hola?_ volvió a preguntar, sentía su cuerpo temblar, pero ya no sabía si de frío o de miedo. _ Trabajo aquí, lamento si interrumpí algo.. _ comenzó a hablar temblorosamente, si algo caracterizaba a Anna era que mientras más incómoda o nerviosa estuviera más era su capacidad de hablar. _ Llevo solo un mes dentro de la biblioteca, no se como funciona el sistema aquí..._ espero un momento en busca de una respuesta. _ Por Favor, si eres eres un noble, que espero que no sea así, ¿podrías por favor mostrarte? _ preguntó más nerviosa aún. Podía sentir su corazón latiendo rápidamente mientra su respiración errática se reflejaba sin problema alguno. Su cuerpo temblaba descontroladamente y sentía como el ambiente era cada vez más frío. No fue sino hasta que comenzó a escuchar pasos en aproximación que su cuerpo y su instinto pudo más su razonamiento obligándola a hiperventilar y mover su cuerpo a retroceder.
Un golpe sordo fue el detonante para que su cuerpo tenso reaccionara obligando a huir del lugar no sin antes divisar una bota asomándose de aquellos escalones hacia la biblioteca. Sin embargo Anna ya se encontraba corriendo por los pasillos del castillo rumbo a su habitación.
