NOTAS:

Con este one shot comienzo un reto de 15 publicaciones durante 15 días. Sé que muchos están encerrados en casa, en cuarentena. Espero que esto alivie un poco las tardes aburridas.

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El cap es largo, CUUUURSI, y sin relación con el anterior. Espero sus comentarios. Disfruten la lectura!

Advertencia de contenido: este capítulo tiene una implicación clara sobre abuso sexual, no descriptivo.


Amortentia no. 4

Lessa Dragonlady

Cuando escuchó el golpeteo en la puerta supo que se trataba de Hermione. En muy pocas ocasiones ella tenía la delicadeza de llamar antes de entrar a su habitación, algo que sus compañeros de Gryffindor, entre reclamos y sonrojos, habían soportado durante seis años. Pero cuando ella tocaba, siempre repetía el mismo sonido: dos golpes cortos, silencio, el desliz de sus nudillos al dejar caer la mano.

Tampoco había otra opción sobre quién llamaba a su puerta a las dos de la mañana. Ellos dos eran los únicos habitantes de Grimmauld Place desde una semana atrás, cuando Hermione regresó de Australia.

Se deslizó fuera de la cama, sintiendo los músculos arder por el ejercicio brutal de la Academia de Aurores. Realmente necesitaba dormir. Sin embargo, la promesa que le hizo a su mejor amiga lo obligó a sonreír mientras abría la puerta. Vio que traía un libro de aspecto infantil en los brazos, a diferencia de los gruesos tomos polvorientos que prefería leer.

—Cierra, rápido —ordenó la bruja, entrando.

Contuvo un bufido. Sabía que ella tenía la extraña idea de que Grimmauld Place podía escucharlos. Considerando que se trataba de una antigua mansión mágica, era posible, pero Harry no quería gastar energía en pensar que su nuevo hogar estaba poseído.

Se giró hacia ella, apreciando la pijama color azul claro de dos piezas y la trenza que no lograba atrapar por completo los rizos castaños; iba descalza.

—¿Tuviste pesadillas?

Ella le dirigió una mirada condescendiente —No tengo ocho años. ¿Puedo sentarme? Es extraño, aquí hace más calor que en el resto de la casa.

Harry dejó que Hermione recorriera la habitación con sus grandes ojos mieles, sentada en medio de la cama matrimonial. Seguía abrazando el libro colorido.

Aprovechó para prender el candelabro en el escritorio. La luz dorada creó sombras entre los muebles antiguos y los adornos con forma de serpientes. Un perfecto hogar Slytherin. Miró de nuevo a su mejor amiga. Uno de los tirantes de su blusa cayó de su hombro, pero ella pareció no notarlo o no darle importancia.

—¿Necesitas algo? —preguntó con la voz ronca. Hermione dio un brinco, como si la hubiera descubierto pensando en algo indebido. El hecho de que se sonrojó al verlo a los ojos, le hizo creer a Harry que quizás acertó.

Volvió a ver el hombro desnudo. No le pareció apropiado tenerla con esa ropa en su cama a la mitad de la noche. De alguna forma, los papeles en su amistad se habían intercambiado. Ahora él tenía que hacerse cargo de ella… no distraerse por un poco de piel expuesta.

—Me siento mal de estar en casa de Sirius —respondió, llenando su rostro de una tristeza muy conocida para Harry—. Comprendo que es un lugar seguro, y que es necesario que revises lo que te heredó. Pero esta casa… Sirius no fue feliz aquí, ni en su infancia ni durante su etapa como prófugo de la justicia.

Harry asintió. Él también odiaba Grimmauld Place, era como si esa maldita casa hubiera sido la verdadera cárcel de su padrino. Pero resultaba muy conveniente vivir ahí hasta que supiera qué rayos haría con su dinero, su vida, su futuro…

Volvió a mirar a Hermione. Le pareció que era más vulnerable que nunca, más pequeña que él, incluso. De nuevo cayó en cuenta que era su nuevo papel ser la estabilidad en esa amistad.

—Mañana buscaré un lugar más agradable para vivir —comentó, aún parado frente a ella, sin saber si era mejor sentarse a su lado o ir a la silla del escritorio, del otro lado del cuarto inmenso.

Hermione casi sonrió —No es necesario que transformes tu vida sólo porque llegué de improviso a pedirte un cuarto donde dormir. Soy una adulta…

—Mañana buscaremos un mejor lugar para vivir, ¿de acuerdo?

La vio sonrojarse —Gracias.

Quedaron en silencio. Harry sintió una pequeña victoria al escucharla aceptar su propuesta. Iba mejorando en esto de de ayudar a Hermione.

Los diez meses que pasó sin ella pusieron en perspectiva muchas cosas. Se sintió como un extraño en su propia casa o en la Madriguera. Se descubrió mirando a su derecha, siempre a la derecha, esperando que ahí estuviera su amiga.

Las llamadas telefónicas no fueron suficientes, ni las esporádicas postales de algún nuevo rincón de Australia. Sólo acrecentaban la distancia entre ambos. Cuando ella por fin encontró a sus padres, Harry creyó que regresaría, pero los Granger prefirieron pasar unas merecidas vacaciones juntos.

La única razón por la que Hermione estaba de vuelta en Inglaterra, era porque cursaría su último año en Hogwarts, que iniciaba en dos semanas.

—No podía dormir —siguió diciendo la bruja—, así que fui a la biblioteca. Espero no te moleste.

—¿Por qué habría de molestarme?

—Bueno, ahora es tu biblioteca. Podrías prohibirme la entrada, si lo deseas.

Harry tuvo que sonreír al detectar su tono sarcástico. Cortó la distancia que los separaba y se sentó a su lado. Hermione giró sobre la cama, cruzando sus piernas para verlo de frente. Él imitó la posición.

—No creo tener el valor para intentar algo como eso —respondió.

—Me da gusto que lo sepas.

—Así que robaste uno de mis libros, de mi biblioteca, de mi casa.

Hermione giró los ojos —Lo tomé prestado. Y vengo a compartirlo contigo. Es un libro para pequeños magos y brujas. Está lleno de actividades ingeniosas que ponen en práctica su magia.

—Suena divertido.

—Hubiera dado todo por tener este libro cuando era niña. Más aún si hubiera tenido con quién usarlo. Mira esta sección.

Harry leyó las hermosas letras rosas: Encantamientos para mejores amigos. Tomó el libro, revisando los "pactos" que un par de niños con magia podían hacer sin severas consecuencias.

—Son pequeñas muestras de afecto —dijo Hermione, emocionada—. Este sirve para que puedas sentir el latido de tu mejor amigo, durante cinco segundos. Este se usa si quieres que tu mejor amigo sepa que necesitas un abrazo. Pero mi favorito es este, seguro puedes reconocerlo.

—¿No es un juego muggle? —preguntó Harry, observando la ilustración de dos manos conectadas por los dedos meñiques— ¿Pinky Promise?

—No sé si la tradición es originalmente muggle o mágica. Aquí tiene un efecto muy interesante. Dice que si dos personas con magia realmente son mejores amigos, entonces son capaces de llamar un pacto de "verdad". Mientras estén tomados de los meñiques, no le podrán mentir al otro. Amicitia vera.

El brillo en los ojos de Hermione le dio una señal muy clara de a dónde iba todo esto.

—¿Quieres que hagamos estos juegos?

Harry se contuvo de decir que era más de medianoche y que en serio estaba exhausto. Tenía entrenamiento al siguiente día, era irresponsable que no durmiera lo suficiente.

Ella le regaló una gran sonrisa —¿Tú no quieres? ¡Anda! Nos merecemos un poco de simpleza. Seguro Ron lo hizo con todos sus hermanos.

Esa sonrisa deshizo cualquier réplica de Harry. Le pareció encantador que ella hubiera pensado en él al leer este libro. Obvio, eran mejores amigos.

—De acuerdo.

Eso animó más a la bruja —Hagamos primero el del latido del corazón. ¡Ni siquiera necesitamos nuestras varitas! ¿Listo?

Asintió, leyendo las sencillas instrucciones para niños. Ambos cerraron los ojos, pronunciando el hechizo. Harry sintió sobre su pecho una burbuja de agua tibia que comenzó a latir. Su propio corazón reaccionó acelerado por la extraordinaria sensación. Al mismo tiempo, la burbuja latió más rápido.

—¡Merlín! —susurró Hermione, tomando su mano.

Harry no abrió los ojos, disfrutando demasiado de ese otro latido. Los cinco segundos pasaron muy rápido. El hechizo terminó.

—Es tan lindo —dijo ella, sin soltar su mano.

—Se siente bien. ¿Crees que podemos hacerlo por separado?

—El libro dice que ambos niños deben realizar el hechizo al mismo tiempo, o no funcionará.

—Pero no somos niños —replicó, sonriente. Ella hizo un gesto de molestia por haber sido corregida de forma tan obvia—. Lo intentaré. ¿Lista?

Volvió a cerrar los ojos, pronunciando en su mente el hechizo: Amicitia Cordis. El latido de su mejor amiga regresó, más estable que la última vez, firme y cálido.

—Puedo sentir tu corazón.

Hermione lo soltó, como si su mano se hubiera quemado. Harry abrió los ojos, curioso, cuando el latido de ella se disparó como un caballo de carreras.

—Es mi turno —dijo, sin darle tiempo de prepararse. Harry sonrió al verla iluminarse al sentir su corazón—. Va muy rápido.

—Esto es emocionante —intentó explicar.

—¡Sí! Hagamos el otro. ¿Listo?

—Bien.

Esta vez no cerraron los ojos. Seguían llenos de una extraña alegría cuando pensaron en el nuevo hechizo. Hermione no sintió nada. Harry, en cambio, tuvo la sensación de pequeñas descargas eléctricas en sus manos.

—¡Quieres un abrazo! —le dijo, riendo.

Hermione se sonrojó —Me gustan los abrazos, ¿qué tiene de malo?

Él la tomó de los hombros, antes de abrazarla con fuerza. Al deslizar las manos por la espalda femenina, le pareció que la blusa azul de tirantes era demasiado delgada. Tras un momento de permanecer abrazados, la sensación en sus manos desapareció.

—¿Tú no quieres un abrazo? No sentí nada —murmuró Hermione con el rostro escondido en el cuello de Harry.

—Vuelve a pensar en el hechizo.

Pasó un par de segundos, luego Hermione soltó una risa satisfecha, abrazándolo con más fuerza de la necesaria.

Harry se contuvo de soltar un gruñido por la presión en sus costillas. Ese era el riesgo de querer un abrazo de Hermione Granger: morir de gusto y asfixia.

—Fue fantástico —dijo, separándose de él.

—¿Hacemos el último?

Ella extendió su meñique derecho. De inmediato, Harry lo atrapó con su propio meñique. Pensaron el hechizo: Amicitia vera.

—Bueno, intenta mentirme —apuró Hermione.

—¡Odio vo... —su lengua se pegó en el paladar. Soltó un gemido, asustado. Tres segundos después, su lengua volvió a la normalidad.

Ella observó todo, satisfecha —Ibas a decir "volar".

—Sí.

—¡Funciona!

—Ahora tú.

Hermione no lo pensó dos veces —Odio le… —su lengua se pegó.

Harry estalló en risas —¡Oh, sabía que dirías eso! ¡Leer!

Seguían tomados de los meñiques.

—Esto puede ser muy divertido —dijo Hermione cuando recuperó control de su lengua.

—O desastroso. Supongo que deben haber verdades dolorosas.

—El hechizo no nos obliga a responder, sólo a no mentir. Me parece sano tener la opción de guardar silencio, si realmente lo deseamos.

Harry miró sus dedos entrelazados —Te extrañaré mucho cuando partas a Hogwarts.

—Yo más. Los últimos días aquí han sido increíbles. Necesitaba esta quietud tras vivir medio año con mis padres en Melbourne. Aunque Grimmauld me da escalofríos, es tu casa. Eso me hace feliz.

—No te vayas.

La súplica los tomó desprevenidos. Harry tuvo que aclarar su garganta, haciendo tiempo antes de explicar su comentario.

—No es necesario que obtengas su título de Hogwarts. Más de la mitad del Ministerio te ha ofrecido empleo, incluso San Mungo. Podrías pedir una especialización con cualquier mago o bruja reconocido. Podrías… seguir viviendo conmigo.

Hermione bajó el rostro, conteniendo las lágrimas.

—No quiero conseguir trabajo por ser la mejor amiga del Salvador. Necesito construir un nombre por mi cuenta.

—Ya lo hiciste. Hermione Granger salvó al mundo mágico, no yo.

—Eso lo crees tú. Pero muchos siguen pensando que soy una sangre sucia aspiracionista. Que tuve suerte de conocerte. Que sólo soy una biblioteca andante sin algún tipo de habilidad extraordinaria.

—Ellos no importan…

—¡Soy extraordinaria! —chistó la castaña, quitando las lágrimas de su rostro con la mano izquierda— Para mí es importante dejar eso en claro. Cuando me llegó la carta de bienvenida a Hogwarts juré que obtendría mi título, que haría historia en ese colegio. Por ahí debo comenzar.

—Ya hiciste historia.

"Nuestra historia" quiso agregar Harry, pero pareció que su mejor amiga leyó su mente.

—Necesito hacer historia. ¿Comprendes eso?

Por supuesto que sí. Era por la misma razón que él hizo los exámenes para ingresar a la Academia de Aurores. Kingsley casi le dio su propia oficina en el Departamento de Seguridad, pero Harry le suplicó que no le diera tratos preferenciales.

—Te iré a visitar cada fin de semana a Hogsmeade —dijo después de un rato—. Sé que los alumnos de octavo grado tendrán más libertades.

Hermione se inclinó para besarlo en la mejilla —Gracias.

Se soltaron de las manos.

—¿Sabes qué hora es? —preguntó Hermione, dejando caer su espalda en la cama.

Harry miró hacia el vejestorio con manecillas, colgado en la pared contraria —Un poco antes de las tres de la mañana.

—Esa no es hora exacta —masculló adormilada.

—Muero de sueño —se excusó, acostándose junto a ella.

A la mañana siguiente, Harry despertó prácticamente encima de Hermione, abrazándola por la cintura. Se separó, nervioso y sonrojado, justo antes de que ella se diera cuenta al abrir sus lindos ojos mieles.

. . .

El primero de Septiembre, Harry terminó de preparar el último desayuno que compartiría con su mejor amiga hasta diciembre. Amaba usar la cocina brillante y moderna de la casa que compró una semana atrás. Nunca pensó que buscar un nuevo hogar resultaría tan divertido. Hermione se había encargado de revisar las propiedades durante el día, mientras él estaba en la Academia, y por las noches le mostraba las mejores opciones en una carpeta perfectamente organizada. Al final habían preferido esa pequeña mansión victoriana por el jardín, la cocina y el increíble salón que Hermione deseaba convertir en biblioteca.

Le gustaba la idea de que su mejor amiga tuviera planes para la casa. Eso significaba que las posibilidades de que ella viviera con él de manera fija tras su último año en Hogwarts eran altas.

En sentido opuesto, a Ron le había parecido descabellado. Mencionó, incómodo, que no estaba bien que dos amigos vivan juntos y hagan planes así con una casa. Hermione le dijo que en el mundo muggle era en extremo normal vivir con amigos antes de iniciar una vida más independiente o en pareja. A Harry no le gustó esa explicación, pero disfrutó de la calma que trajo entre Ron y ellos. Por suerte, al pelirrojo no se le había ocurrido pedir vivir en la nueva casa; las cosas en la Madriguera seguían sensibles tras el fallecimiento de Fred.

—¡Estoy lista! —anunció Hermione en su mejor actitud de Premio Anual y alumna modelo, entrando a la cocina como un pequeño torbellino Gryffindor.

Harry sintió la boca seca al verla con la falda tableada y los zapatos boleados. Se veía tierna y sexy al mismo tiempo. Definitivo, el uniforme de Hogwarts no era para brujas de la edad de Hermione.

—Te serví té.

—Oh, extrañaré estas mañanas contigo —dijo tomando asiento.

—Pienso lo mismo. Hay que apurarnos.

—¿Adelantaron tu entrenamiento?

—No, pero quiero irte a dejar a King Cross antes de irme al Ministerio… ¿por qué haces esa cara?

Hermione intentó usar su tono "amable", que Harry calificaba de "¿eres idiota o qué?".

—Sería raro que vayas conmigo, ¿no crees? Lo último que necesito es recordarle al mundo mágico que eres mi mejor amigo.

Ouch.

—Cierto. Tu propia historia. Sin mí. Perfecto.

—Oh, Harry, lo lamento, no te pongas triste…

—No estoy triste.

—Esa es tu cara de triste.

Para dejar en claro sus sentimientos, Harry puso frente a ella el plato con panqueques. La mesa vibró por la fuerza de su movimiento.

—Estoy bien.

Hermione miró el panqueque: tenía ojos de zarzamoras y una tira de tocino curvada en forma de boca.

—Hasta el panqueque sabe que mientes. Mira, pusiste el tocino al revés.

Harry miró alarmado la carita triste del panqueque. Joder.

—Me distrajiste —intentó usar su tenedor para voltear el tocino, pero Hermione atrapó su mano y dejó un beso en su muñeca.

Harry brincó lejos de ella, de pronto muy abochornado. ¿En serio lo besó de esa forma tan casual?

Hermione empezó a reír —¡Te extrañaré!

Y con eso cerró el tema de King Cross.

. . .

En una simple semana, Harry ya estaba enterado por completo de todo lo que hacía Hermione en el castillo. Lamentablemente, esa información llegaba de los encabezados en la prensa, y no de la mano de su mejor amiga. Al parecer, el simple hecho de que Hermione Granger regresó a Hogwarts generó una ola política que Harry no terminaba de comprender por completo.

Pero ahí estaba, cada mañana en El Profeta: la foto de su amiga acompañada de algún titular que señalaba la increíble colaboración del Ministerio con Hogwarts para la restauración del castillo. Hermione había sido elegida para representar a los alumnos y voluntarios, como si no tuviera suficiente con sus estudios y obligaciones de Premio Anual.

Harry ya quería verla. Necesitaba confirmar que Hermione se sentía bien con todo esto. Apareció en la estación de Hogsmeade y caminó hacia las Tres Escobas. Sonrió al reconocerla en la entrada del establecimiento; traía un suéter delgado, a pesar del frío. La tomó de la cadera, por detrás.

—¡Hola!

Hermione torció el cuello, molesta por el acto confianzudo e indeseable. Aguzó los ojos mieles, dispuesta a abrir la boca por primera vez en el día para exigir espacio.

Harry la soltó enseguida al notar aquella mirada furiosa; su rostro se llenó de sorpresa, y levantó las manos en señal de paz. Antes de que pudiera terminar de comprender por qué su mejor amiga parecía a punto de golpearlo, ella se arrojó a su brazos, gritando su nombre.

Sonrió, más tranquilo, cerrando sus brazos en la cintura de Hermione. Respiró aliviado de recibir un abrazo suyo. Dejó que la castaña hablara sin sentido contra su pecho, acostumbrado a esos momentos donde ella increíblemente no actuaba de manera racional. Miró por encima del gorro dorado de su mejor amiga que la gente en las Tres Escobas parecía muy interesada en ellos. Típico. Se giró para que su espalda diera un poco de privacidad al reencuentro; le pareció que Hermione necesitaba ese abrazo más de lo normal.

Después de unos minutos, ella se separó de su pecho, sonriendo de forma brillante. Harry observó que traía los audífonos puestos; le devolvió la sonrisa.

—Te extrañé —confesó sin pensar.

Hermione leyó sus labios. Removió la diadema y apagó el minidisc.

—Lo sé. Yo también.

Entraron a la taberna, yendo directo a la primera mesa vacía que vieron. Madam Rosmerta ni siquiera les preguntó antes de poner dos cervezas de mantequilla frente a ellos.

—Invita la casa. Disfruten.

Harry agradeció, sonrojado. Hermione aprovechó para pedir un almuerzo completo para ambos. Cuando quedaron a solas, se miraron expectantes.

—Tengo mucho que contar —dijo Harry.

—Oh, perfecto. Comienza tú. Mi vida no puede ser más aburrida en este momento.

Harry le dio un sorbo a su cerveza —Me cambiaron de equipo. Fue idea de Richter. Al principio me negué; no quería dejar de trabajar con Ron. Sentí que era una forma de traicionar el plan de vida que trazamos juntos. Pero Richter me dijo: "¿Pensé que no querías un trato especial por ser El Salvador? Entonces cierra la boca y obedece".

—Te atrapó con eso.

—Claro. Es lo que más deseo: dejar mi fama atrás. Pero ya sabes cómo funciona mi vida.

Hermione se quitó el gorro dorado y agitó la cabeza. Su cabello se revolvió sobre sus hombros. Harry notó que estaba más largo de lo que recordaba.

—Ya. Por eso Ronald no quiso venir hoy. Sigue enojado contigo.

—¿Cómo lo supiste?

—Porque los conozco demasiado bien —chistó.

Harry bajó los hombros —Ron cree que en realidad me promovieron. Me dijo que sí recibí un trato preferencial porque mi nuevo equipo es de clase élite.

—Supongo que ya no patrullas Diagon en horarios ridículos, ni haces guardias aburridas en zonas poco peligrosas.

—No.

—Es extraño decir esto, pero parece que Ron está en lo correcto.

Los ojos ambarinos de Hermione brillaron divertidos. Harry bebió más de su cerveza, ignorando el cosquilleo en su pecho. En ese momento, madam Rosmerta dejó en la mesa un pequeño banquete que estaba muy por encima de la calidad de su menú normal.

—¡Disfruten!

Más trato preferencial.

Harry se abstuvo de comentar lo obvio. Hermione simplemente estaba harta de esos detalles, así que dejó que la conversación siguiera su rumbo.

—¿Por qué te sientes culpable de ser un gran mago?

—¿Culpable? ¿Yo?

Ella hizo un sonido de incredulidad, comiendo sin abrir la boca. Harry bajó el rostro.

—Mis compañeros nuevos tienen experiencia, habilidad, destreza y, sobre todo, camaradería. Están acostumbrados a ser ocho miembros. Uno de ellos murió en la última misión que tuvieron, por eso necesitaban a alguien nuevo.

Hermione apretó los labios.

Harry continuó hablando —Vieron mis entrenamientos en la Academia y les gustó lo que puedo hacer. Quieren probarme un par de meses.

—Suena como algo sacado de tus sueños —comentó, aceptando que este era su mejor amigo y no iba a cambiar—. Supongo que no me puedes contar qué harás exactamente, al tratarse de un equipo élite —se encogió de hombros—. Verte feliz es suficiente para mí. Sólo… cuídate, por favor.

—Lo prometo.

Hermione tomó un poco de cerveza, desviando la mirada hacia las otras mesas. Sus compañeros de Hogwarts reían sin preocupaciones. Harry miró el contraste entre ellos; le pareció que eran mucho más jóvenes que ella.

—Estoy orgullosa de ti —dijo después de unos minutos.

—¿En serio?

—Siempre he estado orgullosa de ti —le recordó, alzando una ceja—. No reacciones como si fuera una nueva experiencia.

Harry pasó una mano por su cabello negro —Lo sé. Aún así, es importante para mí contar con tu aprobación.

Hermione giró los ojos, sonrojada —¿Por qué?

—¿En serio me preguntas eso?

Quedaron en silencio. Ella siguió comiendo, ignorando la incomodidad del momento.

—¿Tú cómo estás? —preguntó Harry, cansado de seguir callado.

—Sofocada. Realmente deseo tener mi título. Necesito vencer el récord del máximo promedio en la historia de Hogwarts. El único problema es que ya no me siento parte del colegio. Ni siquiera duermo en la torre de Gryffindor; le pedí a McGonagall una habitación con mayor privacidad. Ahora todos creen que estoy deprimida o una tontería así. Además, Ernie Macmillan prácticamente hizo una votación en la que resulté elegida como "Líder de la Restauración", ¿puedes creerlo? Así que me falta tiempo para mantener mi promedio, cumplir mis obligaciones como Premio Anual, organizar los grupos de voluntarios para terminar la restauración de Hogwarts y, por si fuera poco, ¡pedir espacio!

Harry se congeló al escucharla gritar. Pensó que encontraría a una Hermione hiper feliz de haber regresado a su adorado colegio lleno de reglas. De nuevo se preguntó por qué rayos no insistió más en obligarla a quedarse con él en la casa nueva.

—¿Falta mucho para que el castillo esté completo?

—No te imaginas cuánto —bufó la castaña, terminando su cerveza de golpe—. Reconstruir un edificio mágico de este calibre no debería estar en manos de algunos voluntarios y alumnos inexpertos. Se lo dije a McGonagall, ¿sabes qué me respondió? "No hay presupuesto".

Harry quitó las manos de la mesa cuando Hermione hundió su tenedor en una inocente zanahoria con mantequilla, casi rompiendo el plato. Le dio curiosidad que ella hablara de McGonagall con esa falta de formalidad, siendo que ahora es su directora escolar; supuso que a eso se refería con ya no sentirse "parte" del colegio. Se aclaró la garganta, intentando disimular su patético intento de recuperarla de tiempo completo en su vida.

—¿No te interesaría finalizar tus estudios desde casa?

Ella hizo una mueca infantil con sus labios —Puedo con esto.

—Hermione, sé que puedes hacer cualquier cosa que te propones… eso no implica que debas hacerlo.

—Me voy a graduar de Hogwarts sí o sí.

Terca, insufrible, encantadora Hermione Jane Granger.

Harry abrió la boca para responder, pero Ernie Macmillan apareció junto a la mesa en ese momento.

—Oh, Hermione, gracias a Merlín te encontré. Hay un problema en el ala oeste del castillo. Te necesitamos.

El chico le sonrió tentativo a la bruja, sus grandes mejillas haciendo pequeños los ojos azules.

Harry vio a su mejor amiga brincar de emociones en un par de segundos: molestia, cansancio, pesadumbre y resignación.

—Bien. Iré en cuanto me despida de Harry.

Ernie volteó a ver al Auror como si apenas se hubiera dado cuenta de su presencia.

—Hey, no te vi. Hola.

—Hola —saludó Harry, recordando lo extraño que siempre le pareció Ernie.

Hermione le echó una mirada de cero tolerancia al Hufflepuff —¿Algo más?

—Nop.

Siguieron esperando a que se fuera. Cuando fue obvio que Ernie no planeaba moverse de ahí, Harry apuró el asunto.

—Quiero hablar a solas con Hermione, ¿por favor?

—¡Oh, claro, claro! —volvió a sonreír ampliamente— Fue un gusto verte, Harry. Adiós.

—Es tan denso —se quejó Hermione en cuanto el rubio estuvo fuera de vista.

—Creo que le gustas.

—Ni siquiera bromees con eso.

Harry le sonrió para ocultar su irritación —En serio.

—Lo último que necesito es un novio. Los hombres exigen tiempo, atención y esfuerzo que no me sobra.

—Te recuerdo que yo soy un hombre.

—Exacto.

—¿Por qué me siento ofendido?

—Al contrario. Estoy aquí dándote tiempo, atención y esfuerzo.

—Vaya, ¡gracias!

Ella le sonrió triunfal —De nada.

Harry se alegró de verla actuar con la misma petulancia de antes. Extrañaba a la Hermione sabelotodo y hasta cierto punto creída que dejaba muy en claro su opinión para cualquier tema. Quizá su regreso a Hogwarts no fue tan malo, después de todo.

—Anda, te acompañaré al castillo.

Ella transformó su sonrisa vanidosa en una llena de cariño y agradecimiento. Harry adoraba lo transparente que era Hermione en cuanto a sus emociones.

—Iré rápido al tocador —avisó la bruja.

Harry aprovechó para ir con madam Rosmerta y pagar la cuenta. Después de una acalorada discusión en la que tuvo que insistir que no quería un trato preferencial, puso cinco galeones en la barra. Entonces, se dio cuenta que Ginny estaba sentada en uno de los bancos, justo a su derecha.

—Hola, Harry.

Se avergonzó de no haber notado la presencia de la pelirroja mucho antes. En general era muy observador, casi paranoico, en cualquier sitio. Esta cualidad sólo se acentuó en la Academia de Aurores. Supuso que la emoción de ver a Hermione después de una semana fue suficiente para distraerlo. Se juró que no volvería a suceder.

—Hola.

Ginny pareció buscar algo alrededor; sus ojos brillaron por un segundo —¿Viniste por mí?

Harry no supo cómo responder sin sonar grosero. El destino resolvió su problema, ya que Hermione regresó del tocador.

—Listo. Vamos, Harry.

La reacción de Ginny fue de absoluta frialdad —Ya veo.

Harry le dirigió una mirada cansada a su ex novia. A inicios del verano tuvo que terminar su relación con ella por las interminables peleas que surgieron debido a que Hermione se mudó a Grimmauld Place.

La castaña se mordió el labio inferior, sin saber qué hacer. No tenía idea de que ella fue el motivo por el que sus amigos se separaron.

—No respondiste las últimas lechuzas que te mandé —dijo Harry—. Supuse que no querías verme.

Ginny bajó el rostro —Porque sigues sin disculparte. Si lo hicieras, nosotros podríamos…

—No voy a pedir perdón. No hice algo malo.

—¿En serio crees que estoy molesta por eso? Lo que me afectó fue que ni siquiera me consideraste para tomar esa decisión. Creí que era obvio.

—¿Hubieras opinado distinto a mí sobre esa decisión?

Seguían hablando sobre el hecho de que Hermione se mudó a Grimmauld Place. Harry le ofreció su casa cuando ella regresó de Australia para alistarse antes de ir a Hogwarts. No entendía por qué eso hizo enojar tanto a Ginny.

—No —respondió la pelirroja—. Claro que no. Pero que me hubieras considerado para decidir eso me habría hecho sentir parte de tu vida.

—Eras parte de mi vida.

La reacción de Hermione y Ginny le hizo saber que debió pensar mejor su respuesta.

—¿Era? —siseó su ex novia.

—¡Harry! —masculló la castaña— Ten más delicadeza…

—¿Qué dije de malo?

Ginny se fue corriendo. Harry estuvo seguro de ver una lágrima antes de que partiera.

Su mejor amiga soltó un largo suspiro —Honestamente.

—¿Me puedes explicar qué pasó?

—Le dijiste a Ginny que ya no la consideras alguien importante en tu vida.

—¿Qué? ¿Cómo?

—Porque aclaraste que antes sí lo era, por lo tanto, hoy ya no lo es.

—No. Dije que Ginny era importante en mi vida en ese momento, eso no quiere decir que dejó de serlo.

—Pues se entendió diferente. ¿Ya me vas a decir qué pasó entre ustedes?

Harry no estaba dispuesto a que Hermione se sintiera responsable de su fracaso amoroso. Ella necesitaba un lugar donde vivir, y él no arriesgaría eso por nada.

—–Supongo que ya no tiene sentido.

—¿Lo dices en serio? ¿No vas a regresar con Ginny?

Le sonrió astuto —Lo último que necesito es una novia. Las mujeres exigen tiempo, atención y esfuerzo que no me sobra.

Hermione contuvo una carcajada, intentando no perder el punto de la conversación —Hablo en serio, ¿ya no la amas?

—Claro que la amo. Pero… hay otras cosas más importantes.

—La verdad, me tranquiliza saber que darás prioridad a tu nuevo entrenamiento. Te prefiero soltero y concentrado.

—Después de este encuentro con Ginny, creo que tus deseos se cumplirán.

Le ofreció su brazo; ella aceptó. Caminaron en silencio hacia Hogwarts, disfrutando de la compañía. Un poco antes de llegar, Harry se detuvo.

—Estaré dos semanas encerrado en la Academia, en un entrenamiento intensivo. No podré escribirte ni visitarte.

—Comprendo.

Harry la abrazó. Sabía que ella odiaba perder comunicación con él, pero esta vez era necesario.

—En cuanto salga del entrenamiento, te enviaré una lechuza.

—Más te vale —susurró en tono amenazante, pero su cuerpo seguía temblando entre los brazos del Auror.

. . .

La siguiente vez que la vio, supo que de nuevo había acertado en hacerla feliz.

Hermione lo esperaba en la mesa de las Tres Escobas, sus ojos mieles brillando de emoción. Se lanzó a sus brazos en cuanto lo tuvo lo suficientemente cerca.

Respiró el aroma de su amiga. La casa ya no olía a ella.

—Es demasiado, Harry. En serio. No debiste.

—Hey, ¿te está ayudando?

—Sí.

—¿Eres feliz a cargo de la Fundación?

.

—Entonces debí hacerlo mucho antes.

Ella giró los ojos, tomando su mano para dirigirlo a la mesa.

—¿Cómo se te ocurrió?

—Fui a Gringotts. Ellos se encargaron de todo —respondió Harry.

—Cuando McGonagall me dijo que ya teníamos presupuesto para la restauración, le respondí que "gracias a Merlín", y ella dijo: Gracias a Harry Potter, en realidad.

—Corrección. Al dinero de mis padres.

Hermione lo miró divertida —En serio no puedo creer que fundaste una organización de beneficencia social a nombre de su madre. Menos que me pusieras a cargo del proyecto.

—No confiaría en nadie más para manejar el dinero de mis padres. ¿Espero que sea suficiente para Hogwarts?

—Oh, servirá para mucho más. Hice un plan de múltiples obras humanitarias que se implementarán en los próximos diez años, aunque la restauración de Hogwarts es de las prioridades.

—¿Diez años?

Por Merlín, sabía que ella haría buen uso de la fortuna Potter, pero no esperó un proyecto tan largo. Debió considerar esa posibilidad, conociendo a Hermione.

—Tranquilo. Seguirás teniendo dinero. De hecho, aumentaré tus utilidades en el banco un 7%.

—No me preocupa eso, pero gracias.

—Gracias a ti, Harry. ¡Estoy muy emocionada! Toma la carpeta, debes revisarla, por favor.

—Perfecto. Lo haré en la noche.

—Si deseas cambiar algo, sólo dime…

—Confío en ti, Hermione.

Eso la hizo sonreír de nuevo. Harry observó sus mejillas coloreadas y el sencillo abrigo de algodón que traía.

Pasó el resto de la comida escuchándola contar sobre sus nuevas ocupaciones en Hogwarts y sus amigos. Sintió que la distancia entre ellos no era tan grave como cuando se fue a Australia. Algo había cambiado.

—Oh, Ron vino el fin de semana pasado —dijo molesta—. Supo que tú estabas en entrenamiento, así que aprovechó para verme.

—¿Qué tal estuvo? ¿Sigue enojado conmigo?

—Obvio. Como sea, Neville quiso aprovechar para tener una cita doble. Invitó a salir a Hannah. En realidad fue mi idea. Hannah le dijo a Susan, y ella a Parvati, que luego me confirmó, que a ella le gustaba Neville pero que quería salir primero en una reunión de amigos.

—Hay una cadena de información ahí muy sospechosa. ¿Las brujas se comunican todo?

Ella le sonrió enigmática —Sólo las brujas que nos cuidamos entre nosotras.

Harry asintió. Sabía que las alumnas de octavo habían decidido ser más cercanas tras la guerra, en una especie de pacto de fidelidad tras el asesinato de Lavender...

—¿Dijiste cita doble? ¿Ron y tú…?

—Ah, no. Fue un favor a Neville. Ron y yo no… Sólo fue un estúpido beso en la batalla final.

Harry se mantuvo quieto, esperando una explicación si es que su amiga tenía ganas de darla. Después de unos minutos, Hermione se soltó a hablar.

—Es un cretino. Claro, también es encantador, gracioso, guapo, pero no deja de ser un cretino. En junio le pedí que regresara conmigo a Hogwarts. Se negó, por supuesto. Me dijo que él ya tenía planes contigo. Cuando le dije que él jamás tendrá las mismas posibilidades que tú, se puso furioso. "¿Estás insinuando que no soy tan bueno como él?" —fingió una voz aguda y melindrosa— No, Ronald, estoy recordándote que tú no tienes una bóveda llena en Gringotts, ni las habilidades innatas de Harry para combatir, ni su humildad y cabeza fría.

Harry reinició su comida, asintiendo de pronto a lo que escuchaba. Pensó un momento antes de responder.

—Eso fue duro.

Y halagador para él. Sintió su corazón acelerarse.

—Intenté protegerlo. Ron necesita su título de Hogwarts, no podrá vivir eternamente de la fama. La gente olvida, las noticias cambian. En un par de años, el furor post Voldemort será superado. Será cuando comiencen a exigirnos conocimientos reales para llenar puestos importantes. Neville me dijo que espera que eso sea verdad porque está un "poco tenso ser tratado como un héroe". ¿Puedes creerlo? Tuve que recordarle que la fama no dura, pero que él siempre será un héroe. Protegió al castillo y mató a Nagini. Eso es real. Estoy orgullosa de ser su amiga.

Harry la miró con cariño —Lo sé. Neville es un gran mago.

—Igual que tú —replicó, usando la varita para aparecer hielos en su vaso de agua.

Se sintió sonrojarse —Gracias… ¿Te encuentras bien? —dijo en voz baja, observando el aparente bochorno en su amiga, a pesar de la baja temperatura.

—Sí, madam Pomfrey me revisó. Creo que la ansiedad me causa fiebres, pero es psicosomático.

—¿Segura?

—Claro. Es una tonta reacción mágica. En fin, volviendo al tema. Le diré a Susan que hable con Marietta.

—¿Para qué?

—Escuché que Astoria Greengrass y Draco Malfoy tendrán una cita la siguiente semana. Hannah y Neville podrán ir con ellos.

—¿Qué tiene que ver Marietta? ¿Y en serio quieres que salgan con ellos?

—Marietta es conocida de Doreen Pizack, una chica de Slytherin de cuarto grado. Ella es mejor amiga de Rodgers, que es prima política de las Greengrass.

—No entiendo…

—De esa forma, Astoria sabrá que tendrán una cita doble —Hermione jugó un momento con su servilleta—. Es importante que Hogwarts muestre un frente común ante el mundo. Las acciones después de la guerra son más importantes que el hecho de haber ganado. Que ellos cuatro pasen una tarde juntos, ayudará a sanar al país, créeme.

Harry comenzó a creer que no era tan fortuito que su amiga apareciera todos los días en El Profeta —¿Qué otras cosas así has estado montando?

—Oh, ¿además de la Fundación Lily Potter y hacer citas dobles? Mucho. Ya te enterarás. Por cierto, te llegará una carta de Gringotts por una donación muy generosa para la Fundación.

—¿De quién?

—Draco Malfoy. Digamos que es el primer ladrillo del enorme monumento que nos debe. Veamos cuántos ladrillos podemos extraerle antes de que termine el curso. No tiene opción, si quiere limpiar su nombre. En lo personal, adoro usar el dinero de su familia para ayudar al mundo mágico a través de una fundación que lleva el nombre de una bruja hija de muggles.

Harry se sintió admirado. Su corazón volvió a acelerarse.

—Suena divertido. Me uno al plan.

Ella lo miró con cariño —Gracias por todo, Harry.

Deslizó su mano para tomar el meñique de la bruja. Dijo el hechizo que aprendieron en Grimmauld Place, colocando el pacto de verdad entre ambos.

—Lo que sea por ti —respondió.

Hermione tomó un poco de aire, como un suspiro entrecortado. Sus ojos brillaron.

Ernie Macmillan apareció junto a la mesa en ese momento.

—Oh, Hermione, hay un problema con los acreedores de la Fundación Lily Potter. ¿Puedes volver al castillo, por favor?

La bruja soltó su mano, abochornada.

—Claro que sí, Ernie. Mira, Harry está aquí.

El Hufflepuff saludó alegre —¿Cómo estás, amigo?

—Bien, gracias. Te ves bien, Ernie.

—Oh, ¿en serio? Terry me está obligando a acompañarlo todas las mañanas a correr por los jardines del colegio. Me está matando.

—Lo que sea, está dando resultado.

Hermione tomó distraídamente el brazo del rubio —¿Te veo en veinte minutos?

—Sí, ¡hasta luego, Harry!

—¡Adiós! —regresó su atención a su amiga —¿Coqueteaste con Ernie Macmillan?

—¿Qué? No.

—Tomaste su brazo.

—¿En qué universo eso es coquetear?

Aceptó que él no era experto en ese tema —Supongo que tienes razón.

—Aunque… —Hermione quedó pensativa.

Se inclinó hacia ella —¿Qué? Termina esa oración, por Merlín.

—Bueno, es que Ernie ha sido muy útil con la Fundación Lily Potter. Creo que nos hemos vuelto cercanos.

—¿Te gusta?

No estaba preparado para que su amiga se fijara en alguien más.

—¿En serio? ¿Ernie? ¡No!

—Bien…

—¿Me acompañas de regreso a Hogwarts?

—Claro que sí.

. . .

El 31 de octubre en la noche usó la chimenea para llegar a la oficina de la directora de Hogwarts. Se sacudió la ceniza del disfraz de renegado espacial.

—Bienvenido, señor Potter… ¿qué rayos trae puesto?

Saludó a McGonagall, dando una vuelta para mostrar su disfraz y sacando su pistola de plástico —Soy Han Solo.

—¿Qué es eso?

—Un personaje de ficción muggle.

—Cierto, irán a la fiesta de Halloween del Ministerio. Lo había olvidado.

—¿Hermione no está aquí?

—No debe tardar. Tome asiento, ¿quiere un poco de té?

—Sí, gracias.

Harry se sentó frente al hermoso escritorio de nogal, intentando no mirar al retrato de los dos ex directores de Hogwarts. No estaba listo.

McGonagall aprovechó para agradecer profusamente el apoyo económico de la Fundación Lily en la restauración del colegio.

—También es una gran estrategia de cortejo —agregó, pasando la taza de té humeante.

Harry la miró confundido —¿Qué?

—Oh, señor Potter, no disimule. Debo admitir que me parece muy ingenioso y atento de su parte. Cualquiera usa flores, chocolates, quizá joyería, pero crear una Fundación humanitaria para cortejar a la bruja con mayor compromiso social es… perfecto. Lo está haciendo bien.

—Yo… uh… la verdad no… ah….

La gárgola dejó pasar a Hermione. Harry casi brinca de su silla, demasiado tímido tras lo que dijo su antigua profesora.

—¡Lamento la tardanza! Este peinado es más difícil de lo que aparenta. Luego Ernie necesitaba algo y Luna… No importa, ya estoy aquí.

Harry admiró la túnica blanca que se pegaba al pecho de su mejor amiga, y el cinturón de cuero negro con la pistola de plástico que acentuaba la cintura femenina. Para completar el conjunto, Hermione traía el cabello amarrado con el clásico peinado de la Princesa Leia.

—Te ves hermosa.

La bruja soltó una risa nerviosa —Oh, lo mismo dijo Ernie, pero si tú también lo crees, entonces valió la pena. ¡Ah! Conseguí el hechizo para que nuestras armas se vean más reales. Y pude hacer una espada láser mágica para Derek.

Harry asintió, emocionado. Derek era su nuevo compañero de combate en el equipo élite del cuerpo de Aurores. Era un hombre de treinta años, hijo de muggles, fanático de Star Wars. Fue su idea ir disfrazados así. Harry lo llevó a su clásico almuerzo con Hermione, un par de semanas atrás, y ambos conectaron enseguida. Le hacía feliz que Derek y ella fueran amigos.

—¿Estás lista? —le ofreció el brazo.

Había sido difícil convencer a Hermione de permitirse una noche de fiesta, lejos de sus estudios y la organización de la Fundación, pero parecía que ella no se arrepentía de haber aceptado.

—Volveré mañana temprano, Minerva —dijo la castaña, alegre.

—Pasen una excelente noche. Se lo merecen.

. . .

Había un rumor en el Ministerio sobre las legendarias fiestas de Halloween que montaba el Departamento de Accidentes y Catástrofes Mágicas. Se habían suspendido cinco años consecutivos por cuestiones políticas y la guerra, pero este año decidieron regresar con todo.

Harry disfrutó cada momento de la fiesta. Fue gratificante que la comunidad de hijos de muggles estaba presente con disfraces que los sangres puras no entendían. Pronto, Han Solo y la Princesa Leia fueron un éxito. Cuando Derek apareció vestido como Darth Vader la fiesta creció en euforia. Harry pensó que nada podía superar el estado de alegría de sus compañeros de trabajo, pero entonces Hermione sacó las espadas láser y eso fue suficiente para que el mundo perdiera la cabeza.

—Es una simple combinación de cuatro hechizos —explicó por quinta vez, sonrojada por el alcohol y los halagos.

—Debes trabajar en el Departamento de Misterios —insistió un mago—. Eres brillante.

En ese momento, Harry puso su mano en la cintura de Hermione, y no la quitó el resto de la noche. Sentía que todos querían llevarse a su inteligente y poderosa princesa. Pero sólo él tuvo ese placer cuando decidió que era momento de volver a casa: su mejor amiga estaba casi dormida sobre su pecho.

Harry se despidió de tanta gente como pudo, feliz de comprobar que ya era más conocido en el Ministerio por su puesto como Auror que por su historia legendaria. Le gustó ver que Hermione recibía el mismo grado de atención.

—Nos encanta lo que estás haciendo con la Fundación Lily Potter —dijo una bruja antes de dejarlos ir a la chimenea más cercana—. Cuenta con todo el apoyo del Departamento de Cooperación Mágica Internacional. Yo soy la Directora. Toma mi tarjeta.

—Gracias —susurró Hermione, en shock.

Cuando entraron a su casa, ella seguía mirando la tarjeta.

—¿Estás bien? —preguntó preocupado.

Hermione despegó la mirada miel de la tarjeta, colocando su atención absoluta en él. Harry contuvo la respiración: cuando ella hacía esa cara, algo grande iba a pasar en el mundo.

De pronto, lo besó.

Harry había pensado que quizás en diciembre, durante las vacaciones de Hermione, podría explorar con ella la posibilidad de que su amistad cambie a algo más. Era obvio que tenían que hablarlo, porque arriesgarse a lo desconocido era algo que le parecía mala idea si ponía en juego su amistad.

Claro que la bruja en sus brazos siempre iba más rápido que él.

Antes de que pudiera reaccionar, Hermione se separó.

—Espero que estés consciente de lo que haces —dijo con la voz temblorosa y los labios rojos.

Harry parpadeó, confundido —¿Qué?

—Me diste una casa con una biblioteca. Me ayudaste a tener la forma de cumplir mi propósito en el mundo mágico. Me estás involucrando en las partes más íntimas de tu vida, mientras esperas que yo siga construyendo la mía. Lo que quiero decir, es que si te arrepientes de esto nunca te lo perdonaré.

Harry en serio estaba confundido —¿De esto?

Hermione asintió —De todo lo que estás haciendo para que me enamore de ti. Buenas noches.

La vio irse a su cuarto, ondeando aquella túnica blanca que atrajo demasiadas miradas esa noche.

. . .

—Creo que le voy a pedir a Hermione que se case conmigo.

Harry escupió su jugo de naranja. Ron lo miró entre asqueado y sorprendido. Por un momento, la cafetería de los Aurores quedó en silencio mientras Harry seguía tosiendo para recuperar aire.

—¿Qué?

Ron limpió la mesa con un hechizo —Creo que le voy a pedir a Hermione que se case conmigo.

Quiso golpearlo —¿De dónde sacaste esa idea?

Era la primera vez que comían juntos desde que Ron se enojó porque los separaron. Harry pensó que ya lo había perdonado, no que iba a decirle una noticia tan aterradora.

—Hace un par de meses tuvimos una cita doble con Neville y Hannah.

—¿No fue para ayudar a Neville? Hermione y tú ni siquiera son novios, ¿cómo pretendes casarte con ella?

—Es lo normal. Todos saben que ella y yo vamos a terminar juntos. Mejor apurar el asunto. Además, ya no quiero vivir en la Madriguera.

—Claro, así que por eso te quieres casar.

—Y porque la amo.

—¿Ah, sí? ¿Sabes algo de lo que está pasando en la vida de Hermione últimamente? ¿Sabes la clase de mujer que es hoy en día?

Ron se encogió de hombros —Debe estar metida en la biblioteca, como siempre. ¿Qué tiene que ver eso?

—Es importante que conozcas a la persona con la que quieres casarte.

—Prácticamente vivimos juntos siete años. Creo que sé quién es Hermione.

—Ha cambiado, ¿sabes? No es la misma niña que buscaba todas las respuestas en la biblioteca. Cada vez que la veo, me doy cuenta de todo lo que ha avanzado. La gente cree en ella. Personas de renombre y poder la están considerando para varios proyectos del mundo mágico. Y ella es más sociable, tiene mayor confianza.

—Y se ha puesto más buena, lo sé. Por eso debemos casarnos pronto. ¿Te has fijado cuánto habla de Ernie Macmillan? Siempre lo menciona en sus cartas, y cuando voy a Hogsmeade a verla, ese cretino nos interrumpe a la mitad de la comida para llevársela.

Harry tuvo que reconocer que todo eso era cierto.

—A ella no le interesa Ernie. Me lo dijo.

Ron negó —Hay algo raro ahí, amigo. ¿Te has fijado que Hermione parece tener calor todo el tiempo? Dice mamá que eso es prueba de que está enamorada.

—¿Qué?

—Dice que una bruja poderosa, cuando se enamora, produce mucho calor con su magia. Papá dijo que es cierto.

—Hermione no está enamorada de Ernie.

—No voy a perder más tiempo y averiguarlo. Cortaré de tajo a ese imbécil. Voy a proponerle matrimonio a Hermione este sábado. Sería amable de tu parte que nos dejes solos.

—Pero siempre la veo los sábados…

—Ve el domingo, o lo que sea. Pero no ese día, amigo. ¿Lo entiendes, verdad?

Harry le sonrió demasiado amable —Suerte.

No tenía ni una duda de cuál sería la respuesta de su mejor amiga. No después del beso que le dio tras la fiesta de Halloween.

. . .

Harry no esperaba que Corazón de Bruja hiciera un trabajo periodístico tan profundo sobre el duelo en las Tres Escobas, también conocido como "El Rechazo Granger".

Al parecer, Ron no tomó bien que su propuesta de matrimonio en pleno local de comida, sin anillo ni contexto amoroso, fuera rechazado. La situación escaló, una cosa llevó a otra y de pronto Hermione sacó la varita. Ron, con más confianza gracias a su entrenamiento en la Academia, también sacó la varita. De ahí, el resto es historia. Según Corazón de Bruja, Hermione hizo varios hechizos nuevos, no registrados, que dejaron a Ron del tamaño y la forma de una pelota de playa, con la piel de color morado.

Ron salió rodando de las Tres Escobas, acompañado de Ginny.

Hermione recibió una ovación del resto de las brujas que presenciaron lo que Susan Bones describió como: "la propuesta de matrimonio más ofensiva, machista y humillante de la historia".

Harry dejó la revista en su escritorio cuando Derek se acercó.

—Tu bruja es aterradora —mencionó, mirando el artículo.

—Lo sé.

Y nunca había respondido algo con tanta pasión y orgullo.

. . .

Sin embargo, Ron había señalado un verdadero problema para Harry: la inesperada importancia que Ernie estaba adquiriendo en la vida de Hermione. De pronto, las cartas de su mejor amiga contaban menos detalles sobre sus proyectos, y más momentos extraños con Ernie.

Harry no quería hacer una escena de celos. No tenía derecho ni era sano. Pero joder con el Hufflepuff que podía convivir con Hermione todos los días, mientras que él tenía que conformarse con un par de horas cada sábado.

Decidió que era momento de cambiar la estrategia.

—Es bellísimo —dijo Hermione, sonriendo, al entrar en el restaurante italiano que Harry eligió para este sábado. Lejos de Hogsmeade. Lejos de Ernie.

—Y la comida es grandiosa. Pide lo que quieras, yo invito.

—Siempre invitas. Cuando tenga trabajo, pagaré nuestras comidas por un año.

—No hay deudas entre nosotros, Hermione. Lo sabes.

Ella le echó una mirada coqueta —Sigues haciéndolo.

—¿Qué? —preguntó inocentemente, aunque por fin estaba listo para reconocer que estaba cortejándola de manera descarada. Es lo mínimo que ella se merecía. Además, Ron también había dado el clavo en otro tema: si no se apuraba, Hermione muy pronto se rodearía de muchos magos que reconocerían su inteligencia y dedicación. Era sencillo enamorarse de ella.

—Pediré lasaña —comentó la bruja, viendo la carta—. Ernie ama la lasaña.

Harry perdió la sonrisa —¿Estás pensando en él?

Ella lo miró expectante —¿Es malo? Oh, hace mucho calor aquí, ¿no crees?

—Estamos en una terraza, en pleno inverno. No hace calor.

—Qué raro.

—¿Segura que madam Pomfrey dijo que es normal esto de los… bochornos?

Hermione dejó de sacudir la carta, como un abanico, avergonzada —Sí. Fui a verla hace una semana. No hay nada raro en mí. Ernie dice que debe ser mi magia…

—¿Podemos dejar de hablar de Ernie?

—Claro —sonrió, distraída—. ¿Qué vas a pedir?

—Lo que sea menos lasaña —gruñó.

—Estoy a punto de salir de vacaciones —dijo Hermione—. Serán dos semanas lejos de Hogwarts. Planeo ir a Australia a ver a mis padres.

Harry intentó no verse tan desilusionado —Es una gran idea.

—Estaré con ellos una semana. ¿Te parece si nos alcanzas un par de días? Por favor…

Levantó la mirada de la carta. Ella parecía nerviosa y esperanzada de que acepte su propuesta.

—¿Lo dices en serio?

—Por supuesto. Luego regresaremos juntos a casa. Quiero estar una semana en Rosemont. Podemos iniciar la decoración del ala oeste de la mansión, ¡y llenar la biblioteca!

Rosemont fue el nombre oficial con el que registraron la casa en la Red Flu. Decidieron que quedaba perfecto por el jardín de rosas mágicas que rodeaba la propiedad.

Harry olvidó por completo el asunto de Ernie.

—Me parece perfecto.

. . .

La casa de los Granger en Melbourne, Australia, era pequeña y muy iluminada, llena de cristales. Al final se habían establecido mucho mejor ahí que en Cambridge, Inglaterra, y decidieron quedarse.

Harry dejó sus maletas en la habitación que le asignaron para los dos días que pidió de descanso en la Academia. Le gustó la decoración moderna, en tonos pasteles, del cuarto. Incluso había fotografías de la familia, y una de él y Hermione en sus disfraces de Halloween.

Pasó el fin de semana con ellos, disfrutando del cambio de ambiente y la renovada dinámica de Hermione con sus padres. Le gustó bastante que los Granger eran cariñosos y unidos, pero sin el escándalo, los reproches y bromas de los Weasley. Todo era tranquilidad, buen humor y deliciosa comida a domicilio.

Harry tuvo una fuerte conexión con Australia en ese sentido. Al parecer, era uno de los lugares del mundo donde había una mezcla de culturas y gastronomía asombrosa. Quiso planear un viaje extenso para conocer Sydney, ir a todos los restaurantes, incluso navegar en los lindos veleros. Cuando se lo dijo a Hermione, consiguió otro beso en los labios, así que lo tomó como una excelente idea para el futuro cercano.

Supo que los Granger lo estuvieron "estudiando" el fin de semana. La curiosidad de los padres de Hermione era casi palpable. Necesitaban conocer más del jovencito por el que su hija se fue a la guerra, y con quien ahora vivía. Harry supuso que era normal.

—¿Por qué no vienen una temporada a Rosemont? Tenemos espacio de sobra. Los llevaré cada fin de semana a Hogsmeade para que vean a Hermione, y el resto del tiempo pueden ayudarnos a llenar la biblioteca. Es grande.

Cameron Granger sonrió de inmediato, con el mismo brillo y aprobación que Hermione usaba cuando quería felicitarlo.

—Nos encantaría, Harry. Gracias por invitarnos a tu casa.

—También es la casa de Hermione.

Eso, en cambio, provocó que las cejas del señor Granger se contrajeran. El hecho de que Cameron y Hermione se miraron nerviosas, fue suficiente para que Harry supiera que su buena racha había terminado.

. . .

Días después, Harry regresó de la Academia sólo para encontrar a Hermione en el piso de la sala, acostada en el mármol con su computadora portátil frente a ella. Crookshanks estaba echado a su lado, cerca de una tetera.

—Sabes que tenemos muebles para sentarnos, ¿verdad?

Ella siguió tecleando —Me cansé de estar en el sillón. Estuve un rato en el comedor. Luego fui a tu escritorio –deberías arreglarlo, por cierto–. De ahí me pasé a la mesa del jardín. Pero aquí está fresco. Encanté el piso de mármol para que estuviera bien frío.

Harry dejó su abrigo lleno de nieve, los guantes, el gorro, la bufanda y las botas en la entrada de la casa. Caminó hacia ella, agachándose.

—¿Cuántas horas llevas en la computadora? ¿Y por qué tienes calor si estamos a 7 grados?

—Desde que te fuiste. Por un bochorno, obviamente.

Harry cerró la computadora, casi atrapando los dedos de su amiga en el teclado.

—¡Hey!

—Vamos a cenar. Necesitas alejarte de este aparato.

Hermione rodó en el piso, imitando a Crookshanks —Pero tengo muchas ideas para la Fundación. Y la Directora del Departamento de Cooperación Mágica Internacional quiere abrir una oficina para nuestro nuevo proyecto de avance tecnológico y mágico. ¡Estoy tan emocionada por eso!

Harry se acostó junto a ella —Cuéntame todo.

—¿En serio?

—Claro.

La observó feliz mientras ella hablaba sin parar. Esto era lo que deseaba: su propia historia, lejos de él, de la guerra, de Voldemort. La oficina que estaba por abrir, en cuanto se graduara, era el comienzo de su carrera política. Tenía decenas de planes sobre cada pequeño detalle del mundo mágico que iba a cambiar.

—No sé si lo lograré —susurró al final—. Tengo nervios, ansiedad… ¿y si sólo soy buena en la teoría?

Harry tomó su mano, entrelazando sus meñiques —Tú eres la bruja más increíble de nuestra generación. Cambiarás al mundo, Hermione, no lo dudes. Al principio será difícil, pero eso te confirmará que estás haciendo lo correcto. Algún día, dirigirás este país, y todos seremos afortunados de eso.

Quedaron en silencio.

Harry le sonrió cuando ella por fin giró el rostro para verlo.

Hermione respiró muy profundo —Te amo.

Seguían con los meñiques enlazados.

—Yo también.

No esperó que ella casi brincara para quedar sobre él mientras lo besaba, pero la recibió gustoso, apretando sus manos en la cintura de la bruja. Sintió que ese momento era todo por lo que había vivido.

—Te amo —repitió Hermione cuando se sentó en él, antes de quitarse la blusa color crema que traía.

Harry la imitó, deshaciendo los broches de la túnica roja de Auror, sin dejar de mirarla a los ojos. Hermione suspiró al ver su abdomen.

—¿Cuánto ejercicio haces?

—El suficiente para hacer esto.

La tomó de los muslos, levantándola al mismo tiempo que se puso de pie. Siguió besando el cuello de Hermione, mientras ella lo rodeaba con sus piernas y brazos. Tembló al escucharla gemir.

—A mi cuarto —ordenó impaciente.

Harry asintió, subiendo las escaleras.

—No, olvídalo. Aquí.

—¿En las escaleras? —tuvo ganas de reír.

Ella se agarró del barandal, frenando la subida. Usó su otra mano para bajar el cierre del pantalón de Harry.

—Tenemos ocho habitaciones —le recordó el mago, sentándose con ella sobre las piernas. Subió una mano por la piel suave de Hermione, hasta cubrir uno de sus pechos—. Joder, eres hermosa.

—¿Es tu primera vez?

—Sí. ¿Tú?

—Igual.

Harry se levantó lo suficiente para que ella pudiera quitarle el pantalón. Mientras, levantó la falda azul de algodón, gimiendo al sentir la piel de sus piernas contra las de él.

—¿En serio quieres hacerlo aquí?

Por toda respuesta, Hermione volvió a besarlo, poniendo el peso de su cuerpo sobre las rodillas para colocarse sobre Harry.

—Espera, ¿y si te lastimo?

—Harry, no seas anticuado. Las mujeres podemos aguantar este dolor.

—Sólo quiero ser cuidadoso…

—Tócame.

—¿Qué?

Tócame.

Obedeció. Con una mano, sostuvo a Hermione por debajo de su trasero, con la otra metió suavemente los dedos entre las piernas de la bruja. Estaba completamente mojada.

Harry cerró los ojos, concentrándose. No podía tener un orgasmo sólo por tocarla. Sería patético. Joder. Joder. Joder. Joder.

—Estoy lista. ¿Tú?

Tuvo que reír —Imaginé que esto sería más romántico.

—Tenemos el resto de nuestras vidas para ser románticos. Llevo meses pensando en ti, en hacer esto contigo. Ya no aguanto.

Harry se dio cuenta que de hecho la piel de Hermione estaba demasiado caliente.

—¿Segura estás bien?

—¿Me vas a hacer el amor o no? —chistó, pegando su pecho al de él.

Harry besó su cuello, abrazándola —¿Qué tanto has pensado en esto? —susurró, divertido.

Hermione se tensó —Mucho.

—¿Has pensado en esto cuando estás sola en tu cama, en las noches?

La escuchó gemir.

—Sí.

—¿Has imaginado mis manos en tu cuerpo, cada noche?

—Sí. Oh, Harry. Y tus labios. Tu lengua.

La apretó más. Lamió uno de los hombros femeninos. Ella arqueó la espalda.

—Tú… —susurró Hermione, enredando sus manos en el cabello negro de Harry— ¿Tú has pensado en mí?

Harry volvió a meter su mano entre las piernas de ella, arqueando los dedos.

—Cada noche.

Oh, Harry. Por favor. Ya.

Obedeció, sólo porque tras años de conocer a la mujer entre sus brazos, sabía que la vida siempre era mejor si le cumplía cualquiera de sus caprichos.

. . .

Dejar ir a Hermione a Hogwarts, cuando terminaron las vacaciones decembrinas, fue la peor prueba para Harry.

Tras el día que hicieron el amor en las escaleras, habían decidido no salir de nuevo de Rosemont, ni siquiera al baile del Ministerio al que fueron cordialmente invitados. Prefirieron quedarse en casa, desnudos.

Ahora, de nuevo, estaba solo.

Miró con anhelo cada rincón de Rosemont, pensando en las veces que tuvo a Hermione debajo de él. O encima. O en cuatro. O de pie, contra la pared.

¿Por qué tuvo que regresar a Hogwarts? Miró el calendario en su escritorio de la biblioteca: sería doloroso pasar sin ella tantas semanas hasta su graduación. Pero tendría que aguantar porque la amaba, y sabía que la felicidad de Hermione residía en su plan de probarse ante el mundo.

Se tiró en la cama de su novia, disfrutando el aroma que había en las cobijas. Usó el hechizo que aprendieron a inicios del verano, sintiendo el corazón de Hermione cerca de él. Repitió incontables veces el hechizo, hasta que cayó dormido.

. . .

El siguiente mes sucedió de manera extraña para Harry. Al principio, Hermione le escribió diario, aunque fuese una nota rápida para decir que lo extrañaba. Luego, poco a poco, las lechuzas dejaron de llegar. El primer fin de semana de enero, apenas estuvo con ella un par de minutos cuando Ernie los interrumpió, cortando la cita de golpe. El resto de los fines de semana, Hermione canceló con anticipación cada oportunidad que tenían para verse. Y ahora ni siquiera respondía las lechuzas que él mandaba.

—Se arrepintió —dijo en el silencio de Rosemont.

Se sentó en las escaleras, donde hizo el amor por primera vez con ella. Puso la frente entre sus rodillas, aguantando el llanto. ¿Qué clase de imbécil fue por arriesgar su amistad con Hermione? ¿Por qué pensó que ella lo podía amar?

Decidió dejarla de molestar. Ya no le escribiría. De ser necesario, él regresará a Grimmauld Place cuando ella se gradúe.

. . .

El 14 de febrero fue un bodrio en el Ministerio. Derek pasó todo el día intentando invitar a salir a Diane, la asistente del Director de la Academia, sin éxito.

—¿Me consideras atractivo, Harry?

—Claro que sí, Derek.

—Del 1 al 10, siendo 1 como un troll y 10 como una versión masculina veela, ¿qué calificación me pones?

—Un sólido ocho.

—¿Verdad? Entonces Diane debe estar ciega.

—Estoy de acuerdo.

—¿Tú qué plan tienes con tu bruja?

Harry intentó no verse como el hombre destruido emocionalmente que era.

—Nada. Hermione debe quedarse en el castillo. Creo que los alumnos de sexto, séptimo y octavo harán una fiesta o algo así.

—¿No irás?

—No.

—Hey, compañero. ¿Estás bien?

Harry sintió su quijada temblar —Perfecto, compañero.

—Mierda de dementor. ¿Qué pasó? ¿Hermione se enojó contigo?

Harry deslizó su silla lejos del viejo escritorio. Estaban haciendo el archivo de un caso sin resolver. Derek se cruzó de brazos, expectante.

—Hermione y yo dimos el siguiente paso en la relación. Creí que todo estaba bien, pero ya no me devuelve las lechuzas ni quiere verme.

Derek alzó las cejas —¿Fue su cumpleaños? ¿Aniversario? ¿Prometiste algo que se te haya olvidado? Haz memoria.

—Nada. Lo juro.

—No puede ser. Esa bruja está enamorada de ti. Todos en el Ministerio lo comentaron tras el Halloween. Parecían recién casados.

—Yo tampoco lo entiendo, pero eso no lo hace menos real. Hermione se arrepintió y ahora me quiere lejos de su vida.

—Escucha, Harry. Eres un gran Auror. Te he visto concluir cosas increíbles en todos los ejercicios de inteligencia deductiva, en los entrenamientos de estrategia y de duelo. Eres ingenioso, capaz y rápido. Pero sigues siendo un completo mocoso. Te llevo diez años de experiencia en esto de relaciones amorosas, así que hazme caso: ve y habla con ella. No supongas, no des por hecho, no interpretes. Toda esa capacidad deductiva que tienes en el trabajo, no te funcionará en casa. Esa es una lección que debes aprender ya. ¿Entiendes?

—¿Crees que estoy interpretando mal a Hermione?

—Positivo, compañero. Sigue mi consejo. Habla con ella.

Harry asintió, de pronto más tranquilo. Claro que había una explicación para todo esto. Hermione jamás le haría algo tan cruel, por lo menos lo buscaría para hablar las cosas y solucionar todo.

—Gracias, Derek.

—Cuando quieras.

Quiso volver a decirle gracias, pero su timidez le ganó. Era bueno contar con alguien mayor que quería guiarlo.

. . .

Regresó a Rosemont a las diez de la noche. Cubrió el turno de otro compañero que sí tenía planes para San Valentín, así que estaba exhausto. Dejó la gabardina en la entrada y se detuvo en seco al escuchar el llanto amortiguado en la sala.

Hermione estaba sentada en suelo, con un precioso vestido color rosa, pegado al cuerpo. Tenía las manos en el rostro, ocultando las lágrimas.

Harry corrió hacia ella, aterrado. No la había visto llorar de esa forma desde que Ron los abandonó en el bosque de Dean.

—¿Qué sucede? ¿Estás lastimada?

Ella negó, brincando lejos de él cuando lo sintió tocarla.

Harry apretó los puños, conteniendo la urgencia de sostenerla en sus brazos. Pensó en su entrenamiento como Auror. Fue a la cocina, donde sirvió agua, té y puso una toalla húmeda caliente sobre una charola. Regresó a lado de Hermione, dejando todo entre ambos, creando distancia pero contención al mismo tiempo.

Ella miró confundida la charola, como si fuera incapaz de procesar lo que ocurría. Luego tomó la toalla caliente y comenzó a pasarla por su pecho y sus brazos.

Harry observó cuidadoso la situación. Nunca le había visto un vestido tan revelador a su mejor amiga, y estaba seguro que ella no se sentía cómoda usando eso. El escote era pronunciado, sin mangas; la falda llegaba por por encima de las rodillas. Le preocupó que Hermione usara la toalla para limpiar algo de su cuerpo.

Siguió llorando mientras restregaba la toalla por sus piernas. Su piel adquirió una tonalidad rojiza por la fuerza que usaba. Cuando por fin pudo dejar de llorar, se acostó en el piso helado de la sala, soltando un gemido por el cambio de temperatura.

Harry se mantuvo en silencio. La única pregunta que quería hacer era transgresora y podría detonar otro ataque de llanto: ¿quién te hizo esto?

Decidió ser más delicado, así que se acostó frente a ella.

Hermione le desviaba la mirada. ¿Estaba enojada? No. Avergonzada.

—Te amo —le dijo—. Y nada de lo que hayas hecho o que haya ocurrido va a cambiar eso.

La bruja puso la toalla contra su rostro, soltando un sollozo tan largo y profundo que Harry temió que se haya lastimado la garganta.

—No merezco que me ames —susurró, aún escondida en la toalla—. Tuve sexo con Ernie.

Harry se levantó de golpe, en un reflejo que lo obligó a tomar verdadera distancia de ella, porque sus nervios se encendieron como si lo hubieran quemado desde adentro. Apretó los dientes. ¿La había escuchado bien?

Se giró, dándole la espalda. Ellos no habían definido nada. Pensaba en Hermione como su novia porque para él eso era, pero en realidad no llegaron a un acuerdo ni pusieron reglas de fidelidad o monogamia. No creyó que fuera necesario. Se amaban, ¿no?

—¿Por qué? —preguntó tan herido que su voz sonó vacía.

—No sé. Ernie es… No sé. Me siento mal. Fue lógico. Estábamos juntos en la fiesta de San Valentín. Me acompañó de regreso a mi habitación. Me dijo que yo era la mujer de sus sueños y me besó. No sé qué pasó después.

Eso prendió cada alerta en la mente de Harry. Se giró de nuevo, mirándola con terror y urgencia.

—¿A qué te refieres con que no sabes qué pasó después?

Hermione no paraba de llorar —¡No sé! Es el maldito calor, me sentía mareada. Por un momento pensé que me iba a derretir. Cuando Ernie me besó, fue como un baño de agua fría. Sólo estaba pensando en eso, Harry. Quería sentirme mejor. Te lo juro. Yo no…

Harry la interrumpió —Es una pócima. Te drogaron. ¡Llevas meses consumiendo algo!

Alguien se atrevió a drogar a su mejor amiga, sabiendo que vive con un Auror, con el maldito Elegido.

Hermione lo miró esperanzada —¿Crees…?

La dolió el pecho al verla más tranquila de pensar que alguien la está envenenando, que el simple hecho de haberlo engañado.

La tomó en brazos —Vamos a San Mungo. Por favor.

—¿No me odias?

Harry la abrazó, angustiado —Claro que no. Te amo. Te amo. Lamento no haberme dado cuenta antes. Tranquila, resolveremos esto, ¿bien?

Hermione asintió, débil y cansada —Sólo quiero sentirme mejor. Quiero dejar de sentir este calor.

—Lo sé, cariño. Vamos.

. . .

Llamó a Derek mientras Hermione era atendida en una habitación privada. No quería estar solo. En su mente sólo había un escenario posible: Hermione fue dosificada con Amortentia, dirigida a Ernie Macmillan. Por eso cuando lo besó, el efecto del calor disminuyó.

Derek escuchó su teoría, preguntando un par de cosas para terminar de comprender la situación.

—Suena plausible —aceptó, preocupado—. Esto es un crimen mayor. Amortentia puede ser venenosa a largo plazo. Lo más probable es que Hermione la ha consumido desde septiembre. Eso es medio año.

—Lo voy a matar.

—Enfría tu cabeza, compañero. ¿Crees que Kingsley tomará con tranquilidad que alguien haya drogado a Hermione Jane Granger? El Reino Unido pedirá justicia. Ernie pagará.

Harry revolvió su cabello —La violó. Hermione tuvo sexo con él bajo los efectos de Amortentia. Eso es violación.

Derek tuvo que hacer uso de toda su paciencia —Enfría–tu–cabeza —repitió de manera seca y dura, con el tono que usaba en las misiones más estresantes para mantener la calma.

Harry apreció el tono. Asintió dos veces, sabiendo que tomó la mejor decisión al llamar a su compañero Auror.

Un Sanador los llamó para dar los resultados. Era oficial: Hermione tenía una concentración muy poderosa de Amortentia No. 4.

Derek tomó control de la situación.

—Iré por un equipo para arrestar a Ernie y comenzar la investigación. Debes quedarte con Hermione.

—¿Qué? No. ¡Voy a arrestar yo mismo a Macmillan!

—No puedes. Esto es personal. Yo me haré cargo.

Harry sabía que Derek estaba en lo correcto, pero lo odió un poco.

—Completo y exhaustivo —pidió. Ese era el lema de su equipo cuando se trataba de investigar un crimen.

El otro Auror asintió, muy serio, antes de desaparecer.

. . .

Harry le sonrió a Hermione cuando ella despertó.

—Hola.

Hermione devolvió la sonrisa brillante, aún adormilada por las pócimas que limpiaron su sangre y el elixir que depuró la Amortentia de su mente. Cuando recordó lo sucedido, su sonrisa se borró.

—Tenías razón. El Sanador me dijo —murmuró.

Harry tomó su mano —Lamento muchísimo no haberme dado cuenta antes. Soy un maldito Auror y no vi todos los síntomas. Lo lamento.

—Nadie vio los síntomas. Ni siquiera madam Pomfrey. Amortentia no. 4 es el filtro más especializado para dosificar sin matar ni ser detectado. No es culpa tuya.

—Ya la purgaron de tu cuerpo. ¿Cómo te sientes?

Hermione respiró profundo —Normal. Por fin me siento normal. Pasé meses creyendo que los bochornos eran por el estrés o incluso por… —se sonrojó— el deseo que me despiertas. Con todo lo que sucedió entre tú y yo, el efecto de la Amortentia se potenció. Creo que si no me hubiera enamorado de verdad de ti, los síntomas habrían sido casi imperceptibles. Nunca me habría enterado, quizás me habría casado con Ernie o algo así.

Harry quiso vomitar de pensar en esa posibilidad.

—Derek está haciéndose cargo de la investigación.

—Me da gusto.

Harry la miró ansioso —¿Quieres que le hable a tu madre? ¿Quieres algo?

Necesitaba sentirse útil.

Su novia lo pensó unos momentos —No. Lo último que mamá necesita es saber que fui drogada y que tuve sexo sin mi consentimiento.

Lo dijo tan clínicamente…

Harry apretó los dientes —Quiero matarlo.

—¿A Ernie? Sería un error de tu parte. Estoy segura que él no está enterado. Ernie es un simplón, bueno para nada, mago promedio. Jamás podría crear una Amortentia de este nivel.

Tuvo que aceptar que sonaba lógico —Pero él te forzó…

—No. Ernie está enamorado de mí, supongo. Este último mes yo le di todas las señales de que el sentimiento era recíproco. Hoy me vestí así para él. Cuando lo besé, debió pensar que yo de verdad quería…

Hermione contuvo la respiración. Miró el techo, intentando no llorar. Harry guardó silencio, sin saber qué decir.

Después de un rato, Hermione volvió a hablar.

—No quiero que esto se haga público. Sería dañino para la Fundación y mis planes después de la graduación. ¿Puedo contar con la discreción de Derek?

—Por supuesto.

—Harry… lamento haberte lastimado.

—No tuviste control en lo sucedido. Eres la víctima, Hermione. No te disculpes.

Ella asintió —Aún así. Yo no sé si podría aguantar la idea de que tú estés con otra mujer.

Harry agradeció que Derek lo obligó a quedarse. Este era el lugar donde más lo necesitan.

Se subió a la cama, abrazando a su novia —No tendrás que aguantar eso nunca, porque sólo te amo a ti. Por otra parte, esto es mi responsabilidad. Yo soy el que tiene el entrenamiento para detectar un crimen como este. No te sientas culpable. Concéntrate en sanar poco a poco.

—¿Sigues queriendo que viva contigo? —susurró contra su pecho.

—Quiero todo contigo, Hermione. Al ritmo y de la forma que tú desees.

Ella por fin lo abrazó —Todo suena perfecto.

. . .

La culpable fue Trisha Macmillan, madre de Ernie. Su plan era tener a la famosa Hermione Granger como nuera. "Sólo lo mejor para su hijo". En su confesión declaró que el uso de Amortentia no. 4 tiene una larga historia en la familia Macmillan y otras, como los Weasley. Por eso no creyó que era un crimen, sino una "ayudadita" para su hijo.

Fue condenada a cuarenta años en Azkaban.

Ernie dejó Hogwarts, incapaz de enfrentar a Hermione cuando supo del fiasco en el que estuvo involucrado. Le escribió una carta para pedirle perdón, y darle su dirección en caso de que ella quisiera proceder legalmente en su contra.

Hermione no estaba dispuesta a desperdiciar un día más de su vida en los Macmillan. Tenía un futuro demasiado ocupado y brillante en qué concentrarse.

El resto del año escolar pasó sin complicaciones. Las cartas diarias a Harry ya no fueron necesarias, porque después de clases, cada día, Hermione volvió a Rosemont para dormir en brazos de su novio.

. . .

En la graduación, dos generaciones de magos y brujas celebraron que esa etapa de sus vidas terminó. Hermione, de la mano de Harry, recibió la placa que tanto deseaba: el mejor promedio en la historia de Hogwarts.

—Eres aterradora —dijo Harry, siguiéndola por los pasillos del colegio—. No entiendo cómo pudiste alcanzar ese récord con todo lo que tuviste que hacer este año.

—Lo sé —sonrió satisfecha—. El mundo no está preparado para mí, claramente.

Harry la abrazó, besando su cuello en la zona que siempre le hacía cosquillas —¡Presumida!

Minerva, adelante de ellos, giró un poco el rostro para amonestarlos —¡Manos donde pueda verlas, Potter! La señorita Granger sigue bajo mi cargo hasta que salga del colegio.

Hermione soltó una carcajada.

Harry alzó las manos —Sí, profesora. Lo lamento, profesora.

Llegaron a la sala de galardones del colegio. Minerva abrió la vitrina donde la placa de Hermione reemplazaría el récord anterior.

—Esto será recordado como su última colaboración a Hogwarts, señorita Granger.

Hermione recibió la vieja placa, sus ojos se llenaron de tranquilidad —No podía permitir que esto siguiera así.

Harry leyó el nombre de la placa —¿Tom Marvolo Riddle? ¿Él tenía el récord de Hogwarts?

—Sí. Estaba aquí, en plena vista. Odiaba que algo de él quedara en Hogwarts —respondió la castaña.

Harry la abrazó —¿Cómo haces que te ame cada vez más?

—No lo sé. Es una habilidad innata —dijo con su tono presumido. Harry volvió a reír, besándola.

McGonagall les dio quince segundos antes de interrumpir —Por favor, señorita Granger, ponga su placa.

Harry vio con orgullo a su novia poner su nombre para siempre en la historia de Hogwarts. Admiró la falda tableada alzarse un poco cuando ella se estiró para colgar la placa. Pensó que la falda de Gryffindor definitivamente sería un accesorio muy útil en el clóset de ambos.

Hermione se giró, feliz y libre —Es momento de irnos.

. . .

Decidió llevarla a cenar como celebración. Eligió un restaurante en Sydney, para que después tuvieran oportunidad de visitar a los Granger.

Hermione agradeció el gesto, contenta de que su novio supiera bien cuáles eran sus prioridades. Harry se felicitó mentalmente por ser tan bueno haciéndola feliz.

Cuando estaban compartiendo el postre, Hermione habló.

—Estuve pensando. Quería hacer mi historia, lejos de ti. Sin ti. Pero no tiene sentido. Yo no sería Hermione Granger sin Harry Potter.

Sonrió al escucharla —Yo tampoco sería yo sin ti.

—Obvio.

Harry giró los ojos, comiendo más helado.

Hermione continuó hablando —Sé que cambiaré la historia del mundo mágico. Algún día, incluso, seré Ministra de Magia. Ya no tengo miedo de creer en mí.

—Me da gusto, cariño. Yo siempre he creído en ti.

—Estoy lista.

Harry miró el helado a medio terminar —¿Ya quieres que nos vayamos?

—No, aún falta helado.

—¿Entonces para qué estás lista?

Hermione soltó un largo suspiro —A veces eres muy lento, Potter. Estoy lista para casarme contigo, obviamente.

Harry detuvo su cuchara a centímetros de su boca. La miró incrédulo.

Luego, poco a poco, una enorme sonrisa apareció en su rostro. Dejó la cuchara en la mesa y entrelazó sus meñiques.

—La última vez que un mago te propuso matrimonio, fuiste primera plana en varios periódicos y revistas, pero creo que me arriesgaré.

—¿Oh? ¿No le tienes miedo al "Rechazo Granger"? ¡Dijiste que soy aterradora!

Harry soltó una carcajada. Se sentía extremadamente feliz.

—Me confío porque sé que tú no puedes decirme no.

—Vanidoso.

—¿Me dirás que no?

—¿Me lo pedirás en este momento? Apenas te dije que ya estoy lista.

—Lo sé. Pero yo llevo listo desde el momento en que me besaste.

Con su otra mano, sacó de su bolsillo un anillo de oro delgado, con tres pequeñas esmeraldas en forma de rombo engarzadas. Discreto y hermoso, como ella.

Dejó la sortija en la mesa, junto al helado.

Hermione miró largo rato el anillo —No te diré que no.

—Lo sabía.

Ella comenzó a reír —Imaginé que esto sería más romántico.

—Tenemos el resto de nuestras vidas para ser románticos. Llevo meses pensando en ti, en hacer esto contigo. Ya no aguanto.

—Esas son mis palabras —dijo, sonrojada.

Harry le puso el anillo —¿Ves? Siempre pongo atención a lo que dices. Esto será muy útil en nuestro matrimonio. Creo que seré un gran esposo porque las co–

Hermione quitó el helado y se aventó sobre él para besarlo. Harry la tomó de la cintura, riendo y besándola mientras ella hablaba y lo besaba.

—Quiero dos hijos.

—Bien.

—Quiero una luna de miel en Marruecos.

—Bien.

—Quiero que tú siempre seas el encargado de hacer los panqueques.

—Bien.

La bruja se separó de él —¿Vas a seguir aceptando todo lo que te diga? Seré una esposa insufrible si me consientes así.

Harry la acomodó sobre sus piernas, rozando su nariz con la de ella —Te lo dije, Hermione: quiero todo contigo.

Ella suspiró, feliz —Bien.

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Notas: Gracias por leer. Amé escribir este oneshot. ¿Les gustó? Nos vemos mañana. ¡A ver si puedo cumplir con las 15 actualizaciones, jaja!