Con menos tiempo del que esperaba por un buen arrebato de inspiración... dejo el segundo capítulo. ¡Buena lectura!


Eran casi las diez de la mañana cuando abrió la puerta de su oficina en el cuartel de aurores. Esperaba encontrarlo vacío pero allí, sentado cómodamente en el sillón, un hombre de cabello rubio lo miraba con intriga.

—Llegas tarde— dijo al verlo entrar estudiándolo con la mirada—. Y tienes la misma ropa de ayer... Dame una buena razón para haber cubierto tu trasero cuando preguntaron por ti.

Harry sonrió enigmáticamente a su amigo. No era la primera ni la última vez que llegaba tarde al ministerio. Y no era ni la única vez que su amigo o él se habían cubierto las espaldas. Harry se aseguró de cerrar la puerta y no tener interrupciones antes de responder.

—Tuve el mejor sexo de mi vida. Lo juro.

El joven rubio arqueó una ceja pero sonrió de lado.

—¿En serio? No sueles alardear de tus revolcadas de una noche. En general te quejas de lo insípidas e interesados que son las pocas —destacó la última palabra— mujeres que te lleva a la cama.

—Son pocas porque la mayoría son insoportables... Me ven una vez y piensan que les voy a pedir matrimonio o algo así. Suelen ser buscadoras de fama o de dinero, lo sabes bien Draco. Pero no, te juro que esta vez fue diferente. Corto porque había poco tiempo, pero increíble.

—¿Con aquella pelirroja despampanante de anoche? ¿Por qué corto?

Draco, un hombre apuesto que también se encontraba en la lista de solteros más codiciados según la revista de Corazón de Bruja, se inclinó hacia delante con interés.

—La misma. No me acuerdo cómo diantres llegué a su casa... pero increíblemente ayer no tuve sexo. Estaba demasiado ebrio aparentemente... —Harry se rascó la nuca intentando recordar algo de la noche anterior, pero solo recordaba escenas salteadas—. Cuando desperté estaba en su cama, en bóxer. Vive con dos personas más. Lo importante es que esta mañana me redimí. Y no me arrepiento en lo absoluto.

—¿Y eso de que fue poco tiempo?

—Estaba llegando tarde—. Harry se encogió de hombros y se sentó en su butaca detrás del escritorio.

—¿La volverás a ver?

—No tuvimos mucho tiempo para hablar al respecto. Tampoco tengo idea de qué tipo de persona es.

Harry lo pensó durante un momento. La verdad que sí, quería volver a verla, quería volver a sentirla y al menos poder disfrutar durante más tiempo de ese maravilloso sexo. La realidad es que no tenía idea de quién era ella, pero una mala persona no podía ser porque no había sido envenenado, ¿verdad?. Por otro lado, estaba seguro de que no lo había reconocido, aunque sí sabía que su querido amigo Colín sí sabía quién era. Ginny, era una mujer completamente hermosa. Delgada, de curvas definidas, pechos y caderas proporcionados, del tamaño justo para encajar en sus manos. Algunas pecas le cubrían el rostro y se perdían en su cuerpo de forma casi poética. Tenía unos ojos marrones que combinaban a la perfección con el cabello rojo fuego que le llegaba a la altura de la cintura. En resumidas palabras, era una de las mujeres más hermosas que había visto.

—¿Entonces?

—Bueno, entiendo que no sabía quién era, pero su amigo sí, que por cierto parecía querer estar él en el lugar de ella ... —Draco rió ante el comentario haciendo un gesto con su mano indicando que el chico era gay—. Según pude ver es jugadora de Quidditch y si no me equivoco está en el equipo de las Arpías de Holyhead. Mucho más no pude saber, había poco tiempo.

—Tan poco que te dio tiempo para tirártela. Por cierto, me debes una —Draco se levantó del sillón y se acercó al escritorio para tomar el periódico que le habían dejado a Harry esa mañana—. Así que ... una jugadora de las grandes ligas, ¿eh? ¿Cómo se llama?

Harry se encogió de hombros y tomó algunos papeles de su escritorio para comenzar su día laboral. El papeleo de esa mañana implicaba un estudio minucioso de un grupo de magos que secuestraban a muggles para torturarlos. Hacía unas semanas, el ministro les pidió que investigaran la desaparición secuencial de unos muggles. Se creía que había un asesino en serie en Londres puesto que las desapariciones tenían un patrón que relacionaba los casos entre si pero que la policía muggle no podía resolver. Según lo que habían averiguado, alrededor de diez desapariciones se habían denunciado en tres meses. Un número muy alto para tratar de algo normal. Hasta ese día, lo único que habían logrado averiguar era que en efecto se trataba de un grupo de magos, bastante inteligentes de hecho, puesto a que se encontraban en constante movimiento, evitando dejar rastros.

—Creo que me dijo Ginny... pero que yo sepa no hay ninguna jugadora con ese nombre.

Draco, en silencio, abrió El Profeta en la sección de deportes y comenzó a ojearlo.

—Acá hablan de las Arpías, pero no veo ningún nombre que sea Ginny ... ¿estás seguro que se llama así?

Harry asintió con la cabeza sin levantar los ojos de los papeles que estudiaba. Estaba tratando de detectar si había un patrón o una posible característica en la selección de las víctima... rogaba que no fuera algo fortuito, ya que en ese caso sería aún más difícil poder identificarlos.

—Pues no... se menciona a la capitana Elin Samay que juega como guardián; las golpeadoras Danae Neferet y Calipole Leire; la buscadora Abril Sancsa; Kendra Elider que juega como cazadora junto a Zenda Habacuc y Ginevra Weasley que está reemplazando a Ronnie Reitman... pero no, ninguna Ginny.

—Espera —Harry levantó la cabeza de sus papeles— ¿cuál fue la última que dijiste?

—¿Ronnie Reitman?

—No, no, la anterior.

—Ginevra Weasley.

—Es ella. Recuerdo a su amigo haberla llamado así... aunque apenas me despertaba cuando lo escuché y tenía un horrible dolor de cabeza.

—Ginevra Weasley —repitió Draco centrando su lectura donde hacían mención de ella en el artículo—. Dicen que es el nuevo gran descubrimiento de las Arpías. No hay foto de ella, pero la califican como una de las mejores cazadoras de todos los tiempos. Weasley... me suena ese apellido.

—Te suena porque los Weasley pertenecen a la lista de los Sagrado Veintiocho. Como tú.

Draco hizo una mueca de disgusto al escuchar a su amigo hacer referencia a su sangre. Detestaba llevar el apellido Malfoy, sobre todo después de haber sido él quien había metido en la prisión de Azkaban a su propio padre.

—Ya... ahora recuerdo, era una de las familias que tenían en mente mis padres cuando querían casarme con alguien para mantener el linaje de sangre pura. Los descartaron por ser una familia pobre.

Harry miró a su amigo comprensivo. De chicos habían sido algo así como enemigos, pero cuando crecieron se dieron cuenta que lo único que los enemistaba era el odio de sus propios padres.

—Por cierto—Draco dejó el periódico a un lado y volvió a sentarse en el sillón mirando a su amigo y jefe con ojos entrecerrados— ¿cómo es que estás tan... como nuevo?

—Ginny me dio una poción par la resaca—explicó sin darle mayor importancia. Draco enarcó una ceja pero no realizó comentario alguno—. Necesito que me hagas un favor.

—¿Averiguar donde se encuentra cierta sensual pelirroja? —preguntó adelantándose a lo que le pediría Harry.

—Quiero saber algo de ella. Donde entrena, qué hace... cómo la puedo contactar.

—Vaya amigo... de verdad tuvo que haber sido el mejor sexo de tu vida para que quieres volver a verla.

—Esa pelirroja está para el infarto. ¿Qué te puedo decir?


Una semana había pasado desde el encuentro con Harry Potter. Una semana en la que Ginny pensó que todo quedaría como un recuerdo y la vida seguiría siendo simple y común, como siempre.

Ese día Ginny había tenido una tarde ardua de entrenamiento. Las Arpías pronto tendrían uno de sus partidos clásicos, pero importantes, y Ginny sabía que aquél partido definiría su pase a titular de cazadora, por lo que estaba entrenando el doble que un jugador normal. Sus compañeras de equipo estaban seguras de que, junto a Ginny, tendrían una gran temporada para ese año y era por eso que Ginny no las podía decepcionar.

Después de haber tocado tierra firme junto a sus compañeras de equipo, Ginny se encaminó a los vestuarios. Estaba sudorosa y cansada, pero satisfecha por los resultados obtenidos en ese entrenamiento.

—¿Ginny? —la llamó una voz masculina.

Ginny se giró mirando a su alrededor en busca de la persona que la había llamado pensando que quizás sería alguno de sus amigos o hermanos. Generalmente los entrenamientos eran privados, pero uno podía llevar familiares y o amigos de invitados. Por otro lado, había amigos o fans que podían llegar a esperarlas fuera del estadio sin haber sido invitados, con lo cual no le resultaba raro que alguien la llamara. Lo que Ginny no se esperaba era encontrar a un hombre desconocido apoyado contra la pared; llevaba puestos unos jeans azul oscuro, una campera de gabardina negra de cuello alto con la que tapaba parte de su rostro, unos anteojos oscuros de sol y una gorra que ayudaba a cubrirle también el rostro. Ginny entrecerró los ojos tratando de identificar al sujeto.

—Sabía que eras tú —dijo el hombre sonriendo de lado. Sonrisa que a Ginny le revolvió un poco el estómago. Lo conocía.

—¿Todo bien Ginny? —preguntó la capitana Elin Samay mirando al sujeto con desconfianza— ¿lo conoces?

Elin era una mujer que rondaba los treinta años de edad, delgada, alta y tonificada. Como buena capitana, Elin desconfiaba de todo sujeto que estuviera rondando por allí, sea hombre o mujer, ya que creía que todos los desconocidos que rondaban por ahí lo hacían para poder robar información de sus entrenamientos y así poder vencerlas en los partidos.

El hombre sonrió en dirección a Elin y bajó la visera de su gorra un poco más, escondiendo un poco más su rostro.

—Si, es un... tonto amigo —sonrió a su capitana, quien siguió observando con desconfianza mientras se metía en el vestidor de mujeres.

Ginny, asegurándose de que nadie la viera, se apresuró a tomar la mano del sujeto y arrastrarlo hacia el vestidor de hombres para poder hablar.

—¿Qué diablos haces aquí? Si alguien te reconoce... se pondrán histéricas —murmuró metiéndose dentro de uno de los cambiadores, el más lejano a la puerta.

—Se cómo pasar desapercibido, ¿cómo crees que salgo sino? —preguntó Harry sacándose la gorra y los lentes.

—No lo se, y no me importa... pero los fans son insoportables. Si alguien te ve... te reconoce, me ven... —negó con la cabeza imaginándose una atención que no quería sobre si misma— No deberías estar aquí. Vete.

Ginny corrió la cortina que los cubría dentro del vestidor y se hizo a un lado para que Harry se fuera. Mas sin embargo, Harry no se movió de su lugar, sino que volvió a cerrar la cortina.

—Así que Colin, si no me equivoco su nombre, ya te dijo quien soy.

—Tarde o temprano lo iba a saber... que sea media despitada con la gente, no quiere decir que sea tonta. Simplemente no me importa —dijo en tono ofendido cruzándose de brazos y mirándolo con ojos entrecerrados—. ¿Qué haces aquí? ¿Cómo sabías donde encontrarme? No te dije mi nombre completo.

—Digamos que soy un muy experimentado auror, que, suponiendo que ya sabes todo sobre mi, pasará a ser jefe de aurores muy pronto. No me fue difícil saber quién eras.

Ginny tomó aire profundamente. No entendía muy bien por qué estaba yendo a verla y una gran parte de ella no quería saber nada más acerca de él. No obstante, sus entrañas se revolvieron pidiéndole a gritos que se abalanzara sobre él para revivir el placer que él le había otorgado una semana atrás.

—Repito la pregunta... ¿qué estás haciendo aquí? —preguntó haciendo caso omiso a su cuerpo.

Harry se removió en el pequeño espacio dentro del cambiador, algo incómodo.

—Tenía... que volver a verte.

—Ah no, no... —negó con la cabeza con evidente espanto reflejado en su rostro—. No me digas que te gusto y todas esas chorradas, ¡por favor!

Harry la miró extrañado, sin comprender mucho su reacción.

—¿Estás loca? Apenas te conozco, no vengo por eso.

Ginny suspiró con evidente alivio.

—Lo siento, las pocas personas que tengo de fans apenas me ven y por poco me proponen matrimonio. Intento evitar salir en la prensa —explicó ante la mirada inquisidora del morocho.

—No serás muy conocida aún, pero eres lo suficientemente buena en el Quidditch como para ya haber llamado la atención de los corresponsales del El Profeta —dijo encogiéndose de hombros —. He de admitir, que realmente eres buena.

—Gracias —carraspeó—. Entonces ¿por qué? ¿Olvidaste algo en mi casa?

—No, yo... quiero otra cosa.

—Espera, espera...—hizo una mueca negando con la cabeza— No soy ni por asomo tu tipo... somos de mundos completamente diferentes. Yo no quiero fama, ni dinero, ni nada. Solo quiero vivir felizmente en paz y en el anonimato.

—Eh, tranquila, tranquila —Harry la tomó por los hombros para tranquilizarla—. Es justamente por eso. Eres diferente a todas las demás mujeres que he conocido. Además... yo no quiero una relación ni nada que se le parezca. Estoy en plena cima de mi carrera, no quiero nada que me saque de ahí. Pero... sexo es sexo, y me parece que congeniamos bien en eso. Solo quiero hacerte una propuesta.

—¿A qué te refieres con que soy diferente a toda las mujeres que has conocido? —preguntó recelosa.

—Pasó una semana entera y no supe nada más de ti. Cualquier otra mujer hubiese estado al otro día en la puerta de mi casa, en el ministerio o cualquier lugar al que yo asista tratando de ver si... les pido que salgan conmigo o algo así. Y tu apenas me viste, básicamente me rechazaste y llamaste tonto —sonrió Harry ante ese último comentario.

—No me interesa el dinero —repitió frunciendo los labios.

—Me doy cuenta, por eso quiero hacerte una propuesta.

—De acuerdo... ¿Qué tipo de propuesta? —preguntó analizándolo con la mirada.

—Me parece que congeniamos bien, sexualmente hablando, claro —Ginny sin poder negarlo asintió con la cabeza—. Eso es lo que quiero. Sexo, solo sexo. Sin relaciones, ni celos, ni compromisos, ni nada. Que cada uno haga su vida como venimos haciéndolo y cuando tengamos ganas, encontrarnos para tener sexo.

Ginny lo pensó por un momento. La verdad era que sí, quería volver a tener sexo con él, y tampoco quería ninguna relación formal. Amaba su libertad. Por otro lado, Harry estaba bárbaro, era completamente un deleite para su vista y sus ojos... verdes ardían de deseo, un deseo que le hacía estremecer el cuerpo. Ginny se mordió el labio inferior algo indecisa.

Harry, en un arrebato de deseo, colocó una mano a cada lado de la cabeza de Ginny acorralándola contra la fina pared del cubículo. Acercó a su rostro al de ella, casi rosando sus labios.

—Si tienen alguna duda, con gusto puedo deshacerme de ellas.

Ginny cerró los ojos sintiendo el aliento de Harry sobre su boca. La tentación le recorría el cuerpo como una corriente eléctrica y el deseo ardía como una llama que crecía en su estómago.

—Nada de romance —dijo rosando los labios del pelinegro—. Nada de peleas. Solo sexo... como dos profesionales.

Harry sonrió contra los labios de Ginny y asintió con la cabeza. Como una bomba que estaba esperando a ser encendida para explotar, el arrebato de ambos por volver a encontrarse estalló dentro del cubículo del vestuario. Harry atacó los labios de ella con frenesí y Ginny saltó para rodearle las caderas con las piernas, devolviéndole el beso con intensidad. No era el mejor lugar para tener sexo, pero sí para cerrar un trato entre medio del silencio del vestuario de hombres. ¿Cuánto tiempo tenían antes de que el próximo equipo llegara para el entrenamiento? No lo sabía, ni le interesaba.