Dominancia
Lección 33. Entre la población del segundo género hay aún más divisiones que sólo alfas y omegas: la dominancia y la no dominancia. Éstas son cualidades presentes en ambos grupos e indica la potencia de la feromona desprendida por el individuo. Las feromonas son sustancias químicas que segrega el cuerpo para atraer a las parejas y las glándulas que las fabrican juegan un rol muy importante porque están involucradas en procesos que estimulan el desarrollo en los órganos. Los individuos dominates tienden a tener glándulas con una mayor producción de feromonas y hormonas que hacen más fuertes, fértiles e inteligentes a sus poseedores. En conjunto, hacen a los dominantes más atractivos para la procreación.
—En resumen, chicos: los dominantes atraen más parejas—parafraseó la profesora—. Si son alfas serán muy listos y buenos en deportes; por otro lado, si son omegas, podrán atraer a un montón de alfas y tener niños alfas—el bullicio estalló tras la declaración—. ¿Tienen alguna duda?
La profesora se sorprendió cuando una cabecita azul levantó la mano. Ella asintió para que hiciera su cuestionamiento.
—¿Los omegas especiales son lo mismo que los omegas dominantes?—ella borró su sonrisa ante tal pregunta. Un niño de ese grado no debería de saber del tema.
—No, Kageyama—dudó un poco si era apropiado hablar de "eso"—, los omegas especiales tienen un tipo más de feromonas, uno que es capaz de matar a los alfa.
—¿Por qué?—cuestionó de nuevo.
—Nadie lo sabe—suspiró—. Se cree que es un defecto genético, ya que es incontrolable y eso los hace un peligro. Debido a su inestabilidad, cuando uno se manifiesta como un omega especial es puesto en custodia policial ¿dónde has escuchado ese término?
Kageyama alzó los hombros y dijo:
—Lo olvidé.
.
Kei no tuvo problemas para encontrar al pequeño fugitivo. La clave era seguir su aroma. Si bien él no era un alfa con un excelente sistema de reconocimiento olfativo, Hinata era un omega en demasía dominante por lo que sus feromonas eran esparcidas a un rango amplio y dejaban un rastro que tardaba mucho en desaparecer. Siguió el un camino de petricor hasta una cafetería a tan solo unas calles del sitio de escape.
Kei supo que fue notado mucho antes de poder establecer contacto con Hinata porque el olor se intensificó. Era muy clara su señal: alerta. Poco le importó la advertencia y se dirigió hasta el rincón más apartado del lugar.
—Vamos a mi casa—dijo Kei tratando de sonar amable.
—No voy a ir—con esas palabras, Hinata batió un home run con su amabilidad.
El pelirrojo ni siquiera se dignaba a mirarlo, contestaba mirando algún punto perdido en la pared azul frente a él.
—Si lo que quieres es una disculpa, lo lamento—se mordió la lengua—ahora vamos.
—Tú no lo lamentas y tampoco me quieres cerca de ti así que deja de pretender que si—Hinata se tapó la cara con su mano izquierda—. No es fácil lidiar con la situación si debo de sumar tu indiferencia y tus mentiras—así que sí había detectado la presencia de Yamaguchi.
Muy emotivo y todo pero era claro que Hinata no era el único que lo tiene difícil. A Kei aún le costaba aceptar que ambos estaban unidos para toda la vida, que no podría estar jamás con Yamaguchi.
—¿Dónde están mis sentimientos aquí, Hinata?—se sentó en el asiento vacío frente al chico para que viera lo mal que también se sentía.
Hinata sintió su corazón ser estrujado ante la cara dolosa de Tsukishima. Su mano empieza a deslizarse sobre la mesa de madera para tocarlo, lenta y cautelosa. Tiene la necesidad de consolarlo. De besarle la piel hasta que una sonrisa se dibujara en sus labios.
—¡Hinata!—la mano se detiene y se pone rígida.
La pareja mira al portador de la voz.
Un muchacho hecho un desastre, se notaba claramente que había venido corriendo después de recibir la llamada. Vestía con un traje formal de pantalon y saco azul marino; una camisa en tres tonos más bajos acompañada de una corbata negra, las mangas estaban alzadas hasta los codos. Su cabello negro guardaba la promesa de que había sido integramente peinado hace no tanto tiempo. Se había tardado quizás unos 25 minutos, un récord comparado con la impuntual llegada de Kei.
En sus orbes azules podía ver un inmenso y devoto amor tan pronto y miró a la pequeña criatura de cabello naranja.
Kei rechistó al verlo. Ambos se odian, porque desde el punto de vista de cada uno, esta terrible situación era culpa del otro.
Hinata se levantó del asiento, tomó sus pertenencias dispuesto a irse con el moreno.
—Lo siento, pero no quiero verte en un tiempo—dijo Hinta a Kei con la mirada fría—. Creo que eso te hará feliz.
Tsukishima lo agarró del brazo para evitar que se marchara.
—Yo tampoco quería esto y en eso no hay diferencia.
Hinata se liberó de su agarre sin ningún esfuerzo y le respondió:
—Tal vez no querías, pero al menos tú si tuviste la capacidad de elegir a diferencia de mi.
..
Atsumu se sacó la sudadera tan pronto llegó a su hogar.
—Estoy en casa—dijo con suficiente fuerza para que resonara el saludo en toda la casa.
—Bienvenido a casa—la voz de su hermano gemelo respondió desde la comodidad de la sala. Estaba desparramado de forma vergonzosa mientras veía una película—. ¿Qué tal el trabajo?—preguntó con ironía.
Por encima de las injusticias y la gente que cree en los horóscopos, Miya Atsumu odiaba el trabajo de vigilancia peatonal. Su jefe lo sabía muy bien por lo que cuando supo que el oficial se había metido en una pelea con un civil, no dudó a castigarlo con cinco días de vigilancia de calles. No le quitó la placa, ni tampoco le dio vacaciones sin sueldo, no, lo mandó a cuidar el cruce de los niños de preescolar. Ese Kita era terrible.
El recién llegado caminó hasta la voz y se sentó con ella.
—En realidad—le quitó el bote de palomitas—, hoy fue entretenido.
Osamu pensó que posiblemente el mundo se acabaría, Atsumu diciendo que su trabajo más odiado era entretenido.
—¿Quién eres y que has hecho con mi herman...—Osamu meditó un poco antes de continuar—, na, mejor quédatelo.
—Lo digo enserio—un puñado de botanas fue a su boca—. Vi a un enano escapar de un gigante en plena vía pública.
—¿Se supone que eso es divertido?—su hermano realmente era un sádico o un idiota.
—Por supuesto, el rubio alto quedó como un idiota en vía pública—sí, realmente un sádico—. Me encantaría conocer a ese niño pelirrojo.
Si lo volviera a ver le pediría una cita.
Capítulo dos :)
Gracias por leer, espero que les haya gustado.
Nos leemos~
