¡Sorpresa, he vuelto! XD
No me he olvidado de actualizar, solo que tuve ciertos problemas con mi inter. Pero acá estoy de nuevo, y con conti.
Al final del capítulo les dejare una listita de aclaraciones muy importantes que han de leer.
Sin otra cosa importante que decir, los dejo para que lean el capi.
Disclaimer
Los personajes no me pertenecen. Son propiedad de Riot Games.
Sense8 no me pertenece, es propiedad de Netflix.
Capítulo 2 – Hijos del mundo
Piltóver
―Espero que de ahora en adelante si hagas caso a lo que te digo.― En muy pocas ocasiones esa voz, que generalmente le parecía dulce y sexy, la irritaba o le provocaba dolor de cabeza sobre un dolor de cabeza. ―No tienes idea de lo preocupada que quede anoche cuando pregunte en a la estación y me dijeron que habías salido sola.―
Esa era una de esas ocasiones.
―¿Cuántas veces te he dicho que no lo hagas, Vi? Esta vez fueron solo unos golpes, pero la próxima vez te puede ir peor.―
La pelirrosa lo único que hacía era asentir y caminar sin ganas al lado de la morena de ojos azules que la acompañaba mientras le daba una regañina de tal calibre. A su vez, las personas que pasaban junto a ellas no podían evitar lanzarles miraditas al par de mujeres que iban de camino a la oficina de la sheriff de la ciudad. Y es que era imposible no reparar en el hecho de que la pelinegra, mas bajita y evidentemente con menos masa muscular que la de ojos violeta, era la única capaz de hablarle a Vi de esa forma sin que esta se encabronara o intentara asesinarla.
―Ya está bien, cupcake, ya entendí.―
Comento la pelirrosa de manera calmada, pero hastiada de su cháchara y queriendo que el regaño acabara ya. Aunque la verdad es que no estaba prestándole mucha atención, esta, desde la noche anterior cuando se enfrentaba a aquel grupo de maleantes, estaba puesta era en la imagen de aquella mujer de cabellos magentas que había visto.
―No me hables en ese tono, Vi.― Se detuvo en medio del pasillo y se giró para verla. ―Te advertí que la próxima vez que ocurriera algo así, te suspendería por una semana.―
―¡¿Qué?! ¡¿Hablas en serio, Cait?!―
Caitlyn asintió, y sin nada más que decir, dio media vuelta y reanudo el paso hacia su oficina. La cara de molestia de Vi fue acompañada de un puñetazo que fue a parar directamente a la pared, haciendo sobresaltar a todos en la estación de policía. A todos, menos a la sheriff, que solo ignoro la rabieta de su compañera. No lo podía creer.
Jonia
―Auch.―
Si no es porque estuviese acostumbrado a puñetazos que dolían más que eso, Sett habría soltado la taza de café que llevaba en la mano derecha cuando sintió como si hubiese golpeado una pared con esta. Se miró extrañado su extremidad, dejo la taza en la mesa y abrió y cerró el puño, comprobando que estaba perfectamente. Bufo, ignorando la situación, y volvió a tomar de su preciado elixir.
―Buenos días cariño.― Una dulce voz femenina lo saco de sus pensamientos, y cuando se giró, observo a su madre entrar a la cocina. ―¿Te duele algo? Escuche que te quejabas.―
La mujer, ya entrada en años, de cabellos negros y aspecto algo cansado, tomo asiento en la mesa frente a su hijo y lo miro con algo de preocupación. Con una sonrisa, el joven pelirrosado se levantó de su silla y busco el desayuno para servírselo a su madre, como todas las mañanas. Sett sabía perfectamente que ella era lo más importante y que debía darle todo lo que quisiera y necesitara. Justo como ella había hecho con el cuándo solo era un niño. Aunque a veces le costaba más de lo que podía dar, aunque a veces debía esforzarse el doble, ella dio lo mejor para criarlo correctamente y él le estaba plenamente agradecido. Es por eso que hacía lo mismo ahora que ella necesitaba de su hijo.
―Buenos días, mami.― Dijo en respuesta luego de dejar la bandeja con el plato de comida, observándola sonriente. ―Nada importante, ha de ser un calambre.―
Se excusó restándole importancia, tomo su taza y termino lo que quedaba de café, mientras observaba a su madre comenzar a ingerir su comida.
―¿Llegaras tarde de nuevo?― Él asintió, sin dar detalles. ―Ten cuidado.―
―Debo irme, ma. Asegúrate de tomar tu medicina, y no te esfuerces. Deje el almuerzo en la nevera, y la cena la enviare con Luke, como siempre.―
Se levantó de su asiento, rompiendo el silencio. Camino hasta su madre y se inclinó para darle un beso en la frente. Sonrió y salió de la casa, la mirada preocupada de su madre siguiéndolo. Si bien la mujer no tenía idea de que era lo que hacía Sett para ganar el dinero que ganaba, estaba casi segura de que su trabajo en el bar no era su única entrada. Sin embargo, se equivocaba y a la vez no.
Con las manos en los bolsillos, camino por las calles jonianas hasta llegar al Sorieketon, bar donde trabajaba. O al menos en el que trabajaba de día. Dicho lugar, de noche, transformaba su sótano en un lugar de peleas clandestinas. Y el peleaba allí. Era el luchador estrella, y la carta de triunfo de Yasuo, el dueño del lugar. Por su puesto, su madre no tenía idea de eso, aunque sabía que comenzaba a sospechar algo.
Siguió caminando, encendiendo un cigarrillo mientras lo hacía y llevándolo a su boca. Esperaba que eso al menos aliviara la jaqueca que llevaba desde la noche anterior.
Freljord
Supo que Tryndamere había estado fumando de nuevo cuando sintió el hedor del humo de tabaco al verlo entrar a la tienda. Sin embargo, esta vez no solo podía sentir el picor en su nariz, sino que en su boca se notaba el sabor del cigarrillo.
Trago saliva, con la molestia en la garganta y crispando el rostro en una mueca de desagrado.
―¿Pasa algo?―
Levanto la vista cuando la voz de su noble guerrero la saco de sus cavilaciones. Con pasos largos se acercó hasta ella y la inspecciono algo preocupado. Desde que se convirtieron en pareja, esa característica barbarie mermo lo suficiente como para que la amabilidad de Ashe penetrara las murallas de su corazón. Así, poco a poco, en el corazón del Rey Bárbaro se empezó a gestar un amor incondicional hacia la peliblanca. Convirtiéndose en su jurasangre, unió su gente a los avarosanos y demostró con furia su lealtad hacia la reina de Freljord.
―Has estado fumando de nuevo.― Sin embargo, en el corazón de ella no había cabida para el mismo sentimiento. Le tenía cariño y agradecimiento, pero el amor no existía en su vocabulario. ―Deja de hacerlo.―
―No lo he vuelto a hacer, pero como usted ordene mi Reina.―
Con un gruñido de indiferencia, volvió a centrar su mirada en el mapa que había estado mirando antes de que el entrara. Esperaba que él se alejara o saliera de nuevo, pero se quedó allí parado, mirándola. Incomoda, se aclaró la garganta y se movió un poco, esperando dejar notar por el guerrero que quería quedarse a solas.
―Sejuani me comento lo sucedido ayer cuando iban en su drüvask.― Comento de repente, cruzándose de brazos. Ella levanto la cara una vez más y le sostuvo la mirada. ―Desde que volvieron de esa cacería estas rara.―
Ashe se sobo la sien, el dolor de cabeza que tenía no hacía más que incrementar. Por supuesto. Era obvio que la rubia le contaría aquel incidente a Tryndamere. Sin embargo, no entendía porque darle tanta importancia. Ella misma lo había alejado de su mente y centro su atención en cosas más importantes.
―Estoy bien, solo creí ver algo pero me equivoque.― Le sonrió un poco, intentando calmar su preocupación. ―Suele suceder en medio de una tormenta de nieve.―
El guerrero asintió. No sonrió, pero nunca lo hacía, en realidad. Una vez más, centro su vista en el mapa donde estaban marcados los lugares en los que la caza estaba siendo más fructífera. Su preocupación yacía allí. De los siete jinetes que envió a investigar, uno no volvía aun, y era justamente el que se había dirigido hacia la frontera con el bosque donde habitaban los cambiapieles.
―Esto, sin embargo, sí que me preocupa.―
Señalo a su jurasangre la parte del mapa donde se encontraba dicho lugar. Lo observo, esperando su reacción. Como siempre, el bárbaro no tuvo ninguna. Solo negó con la cabeza señalando el mismo lugar con su mano.
―Si no ha vuelto aun, está muerto.― Ashe entrecerró los ojos, mirando con desaprobación a su mano derecha. ―No es algo que diga yo, te apuesto a que Sejuani opina lo mismo.―
Y tenía razón. De hecho, su amiga le había repetido varias veces que no enviara a nadie allí. Pero ella tercamente lo hizo, y ahora se daba cuenta de que probablemente mando al muchacho a una muerte segura. Suspiro. No podía perder las esperanzas, no ella, no delante de su gente.
―Entiendo que no te guste dejar a nadie atrás.― Comenzó a hablar su compañero, acercándose más a ella y tomándola de los hombros. ―Pero ahora debemos centrarnos en conseguir comida. La peor época del año se acerca y no podemos darnos el lujo de perder más hombres rescatando a un solo soldado.―
Tryndamere sabía perfectamente la opinión de su reina respecto a aquello, pero no la dejaría caminar por una senda que no la llevaría a nada productivo cuando podía ayudarla a hacer otras cosas mejor.
―Mira, hagamos algo. Tú concéntrate en conseguir provisiones que yo iré por el chico.―
―No.― Corto en seco. ―Tienes razón, si no ha vuelto, debe estar muerto. Nadie, mucho menos tú, ira por él. No puedo permitirme perder a nadie más.―
Al fin, el fantasma de una sonrisa cruzo por el rostro de Tryndamere cuando Ashe expreso aquella ligera preocupación por su bienestar. Aunque luego lo disimulara. Separándose un poco de ella, hizo una ligera reverencia antes de dar media vuelta y disponerse a salir de la tienda. Sin embargo, una mano de la peliblanca lo sostuvo, deteniéndolo. Él se giró y la miro. Ella no lo hacía y un ligero rubor cubría sus mejillas. Sabía lo que significaba aquello. La reina necesitaba atención.
―Como ordene.―
Y él no se negaría a dársela. Si no podía conseguir su corazón, al menos se conformaría con su cuerpo.
Shurima, al Norte de la Tumba del Emperador Azir
Esa noche hacia más calor del que debía, considerando que estaba en un desierto.
Desde que había abandonado la tumba de Azir, esa misma mañana, e instalado su carpa en las afueras de la antigua ciudad, Ezreal se sentía cansado y adolorido. Y la verdad no tenía idea de porqué. No debería sentirse así, al menos no adolorido. No es como si hubiese peleado con un grupo de hombres solo con sus puños.
Luego de aquel extraño suceso ocurrido dentro de la tumba, y recuperar la Lagrima, se alejó un poco del lugar e instalo un pequeño campamento cerca de un oasis que encontró. Allí descanso un poco y durmió un par de horas, esperando despertar revitalizado y listo para continuar su viaje por el desierto shurimano. Sin embargo, al despertar sus músculos se quejaban con cada movimiento que realizaba, y sus articulaciones crujían con cada paso. Estaba aún más cansado que antes y el dolor de cabeza que lo aquejaba no era normal.
Aun así, continuo su viaje hasta llegar a un pequeño pueblito. Recargo provisiones y pago una habitación para pasar esa noche cómodamente. Pero el lugar resultaba terriblemente caluroso. Y eso que estaba ya acostumbrado al calor de Shurima. Llevaba unos seis meses allí, y nunca había sufrido tanto por ello.
―Rayos, siento como si ardiera en fiebre.―
Despojándose de la camiseta que llevaba puesta y sus pantalones de exploración, decidió irse a la cama en ropa interior. Tal vez eso lo ayudase un poco con el tema.
Oh no.
Salió del cuarto de baño dispuesto a irse a dormir. Pero sus intenciones se vieron truncadas cuando al lanzarse sobre la cama, que esperaba fuese suave y mullida, sintió como si lo hubiesen estampado contra el suelo. Tosió como si le faltara el aire y se incorporó, sobándose el cuello y mirando el colchón con extrañeza.
―Joder, hombre ¿Para esto pague tanto dinero?―
Noxus
Katarina se levantó de un salto, adolorida y con lo que estaba segura sería un nuevo moratón en su espalda. Tomo una respiración profunda, le faltaba el aire, pero podía seguir. Su contrario, Talon, el favorito de su padre, no era precisamente un contrincante fácil. De hecho, estaba segura de que él era el único con el que podía pelear con todo sin temor a herirlo. Sin embargo, el no hacía lo mismo. La cuidaba, disimuladamente, pero lo hacía. Y no sería capaz de lanzarse con todo contra la hijita de su jefe.
Aunque supiera que ella podría matarlo con extrema facilidad.
¿Y todo porque? Porque esperaba algún día poder tener el puesto de jefe. Y la mejor manera de hacerlo, era casándose con la heredera del maldito negocio familiar.
―Acabemos por hoy.― La pelirroja bufo, molesta. Sabía que eso pasaría. ―Estoy agotado, Kata.―
Rodo los ojos. Estaba completamente segura de que esa no era la razón por la que acababan el entrenamiento allí, pero no diría nada al respecto. Después de todo, ella si estaba cansada. Además, esa molesta jaqueca que llevaba desde temprano no la dejaba pensar con claridad. Suspiro, abandonando su postura defensiva y llevándose una mano al cuello para masajeárselo un poco.
―¿Adolorida?―
―Un poco.―
Afirmó. Talon sabía que ella no era una mujer de muchas palabras, así que no se molestaba en decir mucho en su presencia.
―Ven, déjame ayudarte con eso.―
―No, está bien.―
―Vamos, sabes que no tocare más de la cuenta. No podría sin perder un par de dedos… o la mano entera.―
A veces se sorprendía a si misma pensando que su compañero de prácticas sentía hacia ella era algo más que solo un interés estratégico. Pero rápidamente eliminaba esos pensamientos de su mente y se centraba en su ahora. Mantener el negocio familiar, el tráfico de armas, a flote. Y eso, con el actual conflicto interno que sufría Demacia, el aumento del vandalismo en Jonia, y los crecientes crímenes en Piltóver, iba viento en popa. Aunque la realidad es que ella quisiera hacer otras cosas.
Cuando sintió al pelinegro a sus espaldas, se tensó un poco. Estaba acostumbrada al contacto físico debido a los continuos entrenamientos a los que se sometía, pero aun así le molestaba que la tocaran.
―¿Has pensado en lo que hablamos?―
La voz del asesino calo en sus huesos y la hizo estremecer cuando lo sintió hablarle tan cerca de su oído.
―Si quieres obtener algo, Talon, cásate con Cassiopea.― Se alejó bruscamente del más alto y se alejó del lugar. ―Igual no pretendo estar en este lugar toda mi vida.―
Saltando del ring, Katarina se dirigió al baño del gimnasio bajo la mirada afligida del pelinegro. Aunque no lo supiera, o más bien se negara a saberlo, él no quería más que estar con ella. Pero ella quería estar sola. O eso creía.
Camino hasta el lavabo, abrió el grifo y se mojó la cara, esperando que con un poco de agua fría el dolor de cabeza y sus ideas se aclararan un poco. Cuando levanto la vista y se miró en el espejo, retrocedió un poco, asombrada.
Había un hombre con espuma de afeitar en el rostro y en paño, mirándola del otro lado. No supo porque, pero la imagen de aquella mujer pegándose un tiro en la cien, llego a su cabeza de repente.
Demacia
Se quedó mirando fijamente, con incredulidad, a la hermosa pelirroja en el espejo frente a él. De momento no pudo más que simplemente esbozar una muy ligera sonrisa, pero cuando la imagen de esta fue sustituida por la suya propia y noto lo idiota que se veía sonriéndole a su propio reflejo, sacudió la cabeza y continuó rasurando el vello que comenzaba a crecer en su rostro.
―Deslumbrado con tu propia belleza, Garen.―
Mientras lo hacía, la voz de su mejor amigo, Jarvan, le llego desde atrás justo antes de sentir la mano de este sobre su hombro a manera de saludo. El moreno no pudo evitar sonreír al notar la presencia de su compañero, por lo que se giró para darle un abrazo al que consideraba su hermano.
―¿Qué tal amigo? ¿Por qué tan pronto de vuelta? ¿Qué paso con tus vacaciones?―
―Oh no, ni por asomo.― Negó con la cabeza el de ojos azules, y comenzó a hacer lo mismo que su amigo. ―Shyvana no estaba muy de acuerdo con este regreso, pero no me quedaba de otra. El deber llama, parece que tenemos una misión fuera de Demacia.―
―Mierda.―
Frunció el ceño, recordando. La última vez que habían tenido una misión fuera de Demacia, en Freljord, fue a parar en la UCI casi un mes entero al enfrentarse a Sylas y su grupo de revolucionarios, y la reina del país helado había terminado muerta a manos de este terrorista. Suspiro, solo esperaba que las cosas no terminaran igual o peor que aquella vez.
―Entonces habrá que entrenar duro.―
―Así es, amigo mío, así es.―
Shurima, Ciudad Capital
Kai'Sa no acostumbraba regresar tan temprano a casa, pero ese día había sido realmente agotador. Su cuerpo dolía por ocho, sus parpados ya pesaban del sueño que llevaba acumulado y el hambre la estaba matando. Sin embargo, cuando entro al apartamento y vio a su compañera cocinando, se alegró un poco.
―Hey.― Saludo la mujer de piel bronceada al escucharla entrar en la pieza. ―¿Día duro?―
―Ni me lo digas.― La bailarina se lanzó en el sofá de la sala-comedor, pero en seguida abandono ese lugar para acercarse a la cocina y ver a la otra trabajar. ―¿Qué haces?―
―Ven y veras.―
Emocionada, se le acerco por la espalda rodeándola con los brazos y apoyando su barbilla en el hombro de la morena, curioseando un poco.
―¿Shuizhu?― La encargada de la comida asintió, dándole un motivo a la hija del vacío para alegrarse aún más. Con una sonrisa, la pelimorada le dio un beso en la mejilla y se movió un poco, como bailando. ―Por eso te amo, Siv.―
Entre risas, Sivir observo como Kai'Sa viajaba hasta la nevera para sacar los ingredientes que más le gustaba que llevara su plato favorito. Pero no era necesario, la shurimana de nacimiento sabía perfectamente lo que a su novia le encantaba y ya tenía todo preparado. Le guiño un ojo a su chica, y volvió a centrarse en la comida.
―Si quieres ve a ducharte mientras termino aquí.―
―No, prefiero verte.―
Sentándose en una de las sillas, reposo ambos brazos sobre la isla de la cocina y apoyo su cabeza en ellos. No pudo, por más que trato de concentrarse en ver a su novia cocinar, dejar de pensar en la mujer de la mañana. De cabellos magenta y ojos dorados, sonriéndole mientras corría en el parque, Kai'Sa sintió una especie de conexión con ella. No entendía porque, pero creía sinceramente que Evelynn había aparecido en su vida para cambiarla.
―… ¿Kai? ¡Kai!―
Pudo escuchar la voz de la morena y sacudió la cabeza un poco para centrarse en el momento. Sonrio a la otra chica y la observo con una mirada distraída y algo distante.
―¿Mmm?―
―¿Quién es Evelynn?― Su pregunta la descoloco un poco ¿Cómo ella sabía ese nombre? ―Acabas de mencionarla, mientras murmurabas otras cosas. No sabía que también hablaras ixtali.―
Levantó las cejas sorprendida ¿ixtali? Ella no tenía idea de hablar ixtali. De hecho, jamás había puesto un pie en Ixtal o escuchado su idioma lo suficiente como para poder decir algo. Sin embargo allí estaba su novia afirmando que había dicho algo en aquel antiguo dialecto.
―Entonces ¿Quién es Evelynn?―
Ixtal
―Mi madre.―
No supo porque pero aquellas palabras salieron de su boca en cuanto sus pensamientos fueron a parar de nuevo en la mujer que se esfumo ante sus ojos. Tampoco sabía cómo, pero estaba seguro de que su nombre era Evelynn Shadows y se había pegado un tiro en la sien. Frunció el ceño ¿Cómo sabía todo aquello?
Fácil, nada era real y se lo habia inventado todo. Si, ya la soledad lo estaba volviendo loco.
No lo había pensado, pero tal vez debería volver a visitar el pueblo. Alejarse unos días de la selva. Convivir más con humanos que con animales y relacionarse con otras personas. Después de todo, era uno.
―Estás loco, Rengar. Loco definitivamente.―
Se repetía una y otra vez mientras terminaba de atar una red que pretendía utilizar para pescar su comida, dado que su intento inicial había fallado gracias a la terrible alucinación que tuvo. Al terminar, se levantó y miro al cielo, empezaría a oscurecer pronto, por lo que tendría que dejar la red toda la noche y volver al día siguiente para comprobarla.
Tomo su cuchillo, su cuerda y la red y emprendió su camino al rio. Sin embargo, de camino a este vislumbro varias veces la imagen de Eve. Con un gruñido cada vez que la veía, se desviaba y tomaba un camino distinto. Tal fue la insistencia de su mente en enseñarle a dicha mujer, que cuando llego al fin a su destino, allí estaba; esperándolo.
―¡Ya déjame en paz!―
Jonia
Aquel grito logro hacerlo saltar donde estaba, a tal punto que dejo caer el vaso que limpiaba. Solo se dio cuenta cuando lo escucho estrellarse contra el suelo, a sus pies. Levanto la vista y noto como todas las personas en el bar lo observaban, incluido su jefe. Con un chasquido de su lengua, dejo el paño a un lado y fue en busca de lo necesario para comenzar a limpiar el desastre que había hecho.
―Chico.―
Cuando escucho la voz masculina llamarlo, esperaba un regaño. No uno molesto y humillante, como eran normalmente los de Zed cuando iba al bar. Más bien consideraba los regaños del hijo de Souma como consejos, aunque Yasuo fuera un poco brusco para esto.
Se giró y sus ojos se encontraron con los del hombre de la cicatriz.
―¿Está todo bien? Te veo distraído desde que llegaste.―
La preocupación en la voz del espadachín no era evidente, pero tampoco hacía falta ser un genio para saber que el mayor se preocupaba por el chico. Sett medio sonrió y se rasco la nuca, asintiendo ante la pregunta del moreno.
―Tranquilo, viejo, es solo un dolor de cabeza.―
Yasuo asintió, relajando su expresión un poco y señalándole la puerta del bar. El pelirrosado volteo y observo a un hombre entrar y tomar asiento en la barra. Sin decir nada más, el joven se acercó hasta donde el nuevo cliente estaba y le ofreció una sonrisa amable.
―Buen dia, señor ¿Tomara algo?―
Llevaba sombrero, y la cara gacha. Pero cuando levanto la mirada y sus ojos se cruzaron con los del luchador, el dolor de cabeza que tenia se intensifico de momento, tanto, que tuvo que sostenerse la cabeza.
―Duele, lo sé. Pero pasara, y luego de que pase, veras el mundo de manera muy diferente, Sett.―
Pregunto confundido. Aquel desconocido de barba espesa y ojos oscuros, definitivamente era raro. Aún más raro era el hecho de que sentía que lo conocía de algún lado.
―¿Cómo sabes mi nombre?―
―Ella me lo dijo antes de morir.―
Le respondió Tobias Fate con una sonrisa, y automáticamente el pelirrosa supo a quien se refería.
―Evelynn.―
Susurro el nombre de su madre sensate antes de caer desmayado.
Me di cuenta de que debí aclarar esto en el primer capítulo, pero mas vale tarde que nunca ¿no? XD
En fin, esto es solo una lista de cosas (probablemente importantes) que deberían saber sobre la historia y que aclarara un poco las cosas.
En esta Runeterra no hay magia ni súper poderes ni súper tecnología, como en el juego. Al contrario, es un mundo relativamente normal en el que las personas viven su día a día. Es como aquí, pero allá.
Por esa razón tanto Rengar como Sett, y cuanto personaje haga su aparición acá, es 100% humano. Algunos puede que sepan pelear, y hasta sean un tanto más fuertes, rápidos o inteligentes que los demás. Pero nada exagerado.
Respecto a las personalidades de los protagonistas. Intento mantener sus personalidades intactas, sin embargo, con Kai'Sa no será así. La Kai'sa que aparece en este, si no se dieron cuenta ya, tiene la personalidad del universo K/DA. Sin embargo, acá K/DA no existe.
No, Katarina y Talon no son hermanos. Nunca los he considerado hermanos, y después de leer la última narrativa de ellos, menos lo hago. De esto no hablare mucho, pues daría spoilers. Más adelante sabrán de que hablo.
Garen y Jarvan pertenecen a una unidad especial, no son policías, aunque si ex soldados. Con respecto a eso, cuando hablo de ellos y menciono armas me refiero a armas de fuego XD no espadas ni lanzas, etc, etc.
Ashe y los avarosanos, acá tuve un dilema. No quería dejarla tirada en el terrible Freljord alejada de todo tipo de tecnología, pero la verdad es que tampoco quería transformar mi región favorita. Es por eso que decidí que ellos fueran una tribu sin contacto exterior (hoy en día aún existen muchas, busquen a los Sentineles, se distraerán un rato). Saben del mundo, conocen de este, pero prefieren vivir sus vidas como tribu. Ellos si usan espadas, lanzas y esas cosas XD.
Oh si, los idiomas. No se si originalmente el lore de cada región indique que tienen sus propios idiomas. Se que los vastaya lo tienen, pero es por ser una tribu antigua. Yo acá haré como que cada región la tiene.
Mmmm… creo que ya no hay más que aclarar. Sin embargo, si hay alguna duda con respecto a algo, no duden en hacérmela saber y se las aclarare con la mayor prontitud posible.
En fin, espero que hayan disfrutado leer de este capítulo como yo disfrute escribiéndolo. Si es así, dejen su review; si no, también déjenlo, igual los leere.
Ahora si me despido.
Recuerden, quédense en casa y laven sus manos. Les deseo lo mejor a ustedes y a los suyos. Suerte y hasta la próxima semana.
Un beso. Bye.
Agrotera.
