El segundo capítulo inicia... Ahora.
Capitúlo 2: Él me quiere... ¿No?
Lola descansaba en su cama. Había recibido una muy buena paliza por parte de su gemela y hermana mayor, Lana, la cual continuó pegándole incluso mientras estaba inconsciente. La rubia de gorra roja estaba muy molesta con su gemela, ni siquiera le importó en lo más mínimo que Lola haya regresado después de casi un mes pérdida.
—¡No! —Gritó de repente la diva de rosa. Pues ya no usaba el overol con el que suplanto a su gemela, gracias a Lincoln que le compro un vestido nuevo, el albino quería que su princesa luciera siempre hermosa... Para él.
Lola tenía la respiración sumamente agitada, miró a todas partes y se dio cuenta rápidamente de que estaba en la habitación de sus padres. Hubiera seguido indagando pero...
—¡AAAAAAH! —Un fuerte dolor en varias partes de su cuerpo la hicieron chillar de dolor.
Le dolía mucho el estómago, uno de sus brazos y lo peor de todo, le dolía muchísimo su bien cuidada cara.
—M-me duele mucho... —Entre lágrimas sacó un espejo que estaba en uno de los cajones de uno de los muebles en la habitación de sus padres. —¡AAAAAAH! —Pegó un grito de horror al ver que su lindo rostro estaba todo desfigurado.
Uno de sus ojos estaba hinchado, tenía un muy feo corte en su frente, varios moretones alrededor de sus cachetes, tenía arrancado un poco de su cabello en la parte del frente y lo peor de todo... Le faltaban alrededor de cinco o seis dientes, tres en la parte de abajo y los demás en su parte superior, haciendo que su línea de dientes que le faltaban por crecer se viera mucho más amplia, todo gracias a Lana, quién no tuvo piedad a la hora de repartir justicia con su propia mano y con su propia llave inglesa.
(¡Crash!)
Arrojó el espejo al suelo con fuerza, rompiendolo en el acto.
—¡Nooo! ¡Mi hermoso rostro! ¡Esta arruinado! —Gritó con dolor y enojo mezclados.
—Nooo, tu hermoso y feo rostro esta arruinadoooo... ¡Jajaja!
Lola medio detuvo su llanto y volteó a ver quien había dicho eso. La sorpresa y la ira se hicieron presentes al ver a su gemela parada en el marco de la puerta.
—¡Tu! —La señaló con su dedo. —¡Pagarás por esto! —Gritó señalando su rostro, para después levantarse de la cama y correr difícilmente hacia su gemela con toda la intención de hacerle incluso algo peor de lo que le hizo.
(¡Pam!)
Pero un puñetazo bien colocado en su nariz la hizo caer sentada al suelo.
—M-mi... Mi... M-mi... ¡Mi nariiiiiiz! —Empezó a llorar por el golpe que recibió, rápidamente se sujeto el rostro con sus manos, le dolía y muchísimo.
—Puff, llorona... —Murmuró Lana con cansancio para luego retirarse a su habitación. Lo bueno es que sus padres y hermanas no estaban, estaba castigada por lo que le hizo a Lola hace horas. Su ausencia era muy oportuna, así podría decirle una ultima cosa a su hermana menor.
Volteó a ver a Lola y casi vomita al verla llorar de forma tan patética, pero se contuvo y decidió hablarle.
—Ya que estas despierta te diré una ultima cosa... —Esas frías palabras hicieron que Lola la volteara a ver con miedo. —Tus cosas están en el pasillo, será mejor que te busques un nuevo lugar para dormir. —Finalizó para después dejar sola a su gemela.
Ella simplemente negó con la cabeza.
—No, esto no me puede estar pasando... —Se negaba a creer que su gemela la odiaba y la había echado de su habitación. —¿Por que a m-mi? —Continuó llorando de forma desconsolada hasta que los demás volvieron y la vieron ya despierta.
Más tarde.
La platica con sus padres fue un tanto... Tonta.
—Lola, cariño, ¿Donde habías estado? No sabes lo preocupada que estuve... —Dijo su madre.
—Estuve con Linky... —Dijo sin titubear.
Sus padres se miraron entre sí y luego a ella. Algo en ellos no les dejaba creer lo que su hija les decía.
—Y-y... ¿Cómo está él? —Preguntó su madre con pesar. Era muy sabido por todos que habían perdido la custodia de Lincoln y estuvieron muy cerca de perder la de todas, aunque los jueces fueron muy piadosos con Lincoln al separarlo de los monstruos que conocía como padres.
—N-no quiero hablar de eso... —Habló con pesar la rubia. En ese momento tenía ganas de llorar, no sólo por el dolor que sentía en su pecho, si no por todo el dolor que sentía en su cara.
Sus padres decidieron no presionarla más, aunque eso no quería decir que sus demás hermanas hicieran lo mismo.
—¡Oh vamos! ¡Dinos donde esta Lincoln para ir por él! —Gritó Lynn con enojo. Poco le faltaba a la deportista para tomarla del cuello y hacerla hablar.
—¡Lynn! —La regañó Lori. —Ella dijo que no quería hablar de eso y respetaremos su decisión, ¿Esta claro? —Dictó la mayor.
La deportista simplemente frunció el ceño y eso hizo enojar a la rubia mayor.
—¿O qué? ¿También la vas a amenazar con un bate de béisbol para obligarla a ir donde tu quieras y cuándo las cosas no salgan como te plazca, le echarás la culpa y la tacharas de tener mala suerte, para que al final sea libre como Lincoln? ¿Eso quieres? —Lori le sonrió con malicia.
—Pe-pero... –Lynn simplemente se quedó muda ante tales palabras. Volteó a ver a sus hermanas buscando apoyo, pero todas le echaban la culpa por lo que paso.
—¡Lori! —Gritó su madre con horror. —¡Espera Lynn! —La señora Loud intento detener a la deportista al ver que esta salía corriendo por la puerta del frente.
(¡Slap!)
El fuerte sonido de la cachetada que Rita le propinó a Lori retumbó por toda la sala, en donde se supone que debían hablar y hacer sentir bien a Lola, cosa que no iba a suceder en una familia tan disfuncional.
—¿¡Pero que te pasa mamá!? —Gritó Luna.
Antes de que pudieran resolver algo, empezó una discusión muy fuerte entre algunas hijas mayores y los señores Loud.
Para evitar que las jóvenes escucharán una mala palabra, Leni con una sonrisa triste sacó a Lucy, Lola, Lana, Lisa y Lily de allí.
—Vayan a sus habitaciones... Y no salgan por nada del mundo... —Murmuró la rubia sonriente y luego se fue a su habitación.
Se recostó en su cama y abrazo con fuerza contra su pecho el conejito de peluche que era de su hermano, se puso a llorar en silencio, tal y como lo hacía desde hace días. Desde que oficiales armados se llevaron a Lincoln a la fuerza y que a los pocos días, su hermano había escapado de la casa en donde se estaba quedando.
Sin duda alguna, Leni era la que se sentía más inútil con respecto a la desaparición de su Linky.
Mientras tanto.
Lisa se había llevado a Lily a su habitación y Lucy se había ido a su respectivo escondite, desde hace días que se cortaba en secreto, se sentía mucho más sola que de costumbre.
—¿Qué quieres tu aquí? —Respondió Lana con frialdad, la pequeña rubia estaba apoyada en el marco de la puerta impidiendole el paso a su hermana gemela.
—Q-quiero dormir un poco... —Habló con timidez la diva de los Loud.
—¿Recuerdas que te dije que ya no te quería volver a ver en mi habitación? —Le recordó Lana. —Tal vez debería recordartelo. —Amenazó con golpear a Lola otra vez, pero esta tembló del miedo.
Rápidamente tomó su maleta rosa en donde tenía lo único que Lana no le destruyó y corrió despavorida hacia un lugar que muchas de ellas recordaban con pesar.
—¡Sal de allí! —Gritó Lana al otro lado de la puerta. —¡No puedes estar en la habitación de mi hermano! ¡Lincoln puede regresar en cualquier momento y no creo que te quiera allí dentro!
(¡Pam!) (¡Pam!) (¡Pam!)
Lola escuchaba un extraño silbido en sus oídos. No fue consciente de donde se había metido hasta que Lana lo mencionó.
De repente toda la habitación empezó a dar vueltas, la basura y los muebles que quedaron en ella se volvían enormes, de pronto empezó a escuchar voces lejanas que poco a poco se escuchaban muy cerca.
De pronto comenzó a temblar cuando las sombras empezaban a cubrir el cuarto y era cuestión de tiempo para que ella fuera absorbida por estas... Hasta que...
—No te escaparas de mi... —La voz de su hermano se escuchó en su oído.
Eso solo hizo que Lola cayera al suelo en posición fetal mientras su cuerpo temblaba mucho y las lágrimas no paraban de salir de sus ojos.
Tenía problemas y nadie de su caótica familia la ayudaría.
Ni mucho menos la persona que acababa de abrir la puerta, removiendo la cerradura con sus herramientas.
—Te dije que salieras de... —Lana no pudo continuar al ver el estado tan patético de su hermana. —Patética. —Rodó los ojos y decidió dejarla dormir en donde pertenecía, junto a la basura.
No valía la pena enseñarle una lección mientras lloraba como una bebé.
Los días pasaron y las cosas empeoraban para Lola. No sólo debía aguantar el odio de su hermana gemela, si no que también debía aguantar las odiosas preguntas que algunas de sus hermanas le hacían.
–¿Pero donde se está quedando Lincoln? —Preguntó Luan muy preocupada. —Vamos Lola, dímelo... Necesito verlo... —Pidió la comediante pero lo único que logró fue que la rubia saliera corriendo hacia la habitación de Lincoln para encerrarse en ella.
Pero lo peor de todo eran las alucinaciones. A Lola le parecía ver a su hermano en todas partes.
En el baño mientras ella orinaba o se bañaba. A través de la ventana mientras estaba en la sala. En la habitación de Lincoln mientras dormía, cuando apagaba las luces y sus ojos miraban una silueta negra que se acercaba a ella y amenazaba con hacerle cosas sucias. También parecía haberlo visto en el jardín trasero, observándola y sonriendole de forma provocativa.
La pequeña tenía un serio problema mental y este iba en aumento a medida que pasaba el tiempo.
Además de Lincoln, Lola juraba ver a Mildred en todas partes. La chica tímida que ella mató accidentalmente la seguía a todas partes... O tal vez era el alma de la pequeña.
—Ya no puedo más... Necesito a... ¿Uh? —Lola entraba al cuarto de su hermano para dormir un poco. Pero encontró un sobre de color rosa sobre su bolsa de dormir.
Sentía que no debía abrirlo o leerlo pero su curiosidad de niña de seis años pudieron más con ella en esa momento. Un tanto insegura tomó el sobre en sus manos e intentó leerlo un poco.
—D-de de-de L-Linc-Lincoln... —Era muy lenta leyendo. Pero al notar que era una carta de su hermano, tuvo que cerrar la puerta con delicadeza para asegurarse de que nadie la espiara.
Tenía mucho miedo, nunca sintió tanto miedo en su vida. Ni siquiera cuando era un día antes del día de las bromas y Luan amenazaba con hacerles bromas.
Según la carta, la que tardó como dos horas en leer. Debía estar a la una en punto en un barrio que estaba a una hora aproximadamente de distancia de su casa. Al principio se asombro al ver que el barrio era uno muy elegante con gente de clase alta.
Tuvo que decirle al taxista la dirección para llegar ya que Lincoln le dejó algo de dinero en el sobre para que pidiera un taxi por que siendo una niña no podría conocer mucho del Estado dónde vivían.
Aunque al llegar algunas personas la miraban con asco por su apariencia. Había tenido que usar una pantalón azul algo desgastado junto con una camisa blanca que tenía una mancha en el centro y unos zapatos cafés de Lisa, si, ya no era la Lola de antes, ahora era una niña de seis años muy sucia y normal. Además que su cara se veía aún mal gracias a los golpes que Lana le dio. También se le dificultaba hablar por la cantidad exagerada de dientes que le faltaba en su boca.
Pero eso poco le importó, miró la llave en sus manos, la cuál estaba en el sobre aquel y luego la puerta frente a ella. Después de dar un suspiro cansado, introdujo la llave en la cerradura y abrió la puerta.
Se asombro al ver lo lujoso que se veía por dentro. Se adentró hasta el interior de la casa con sumo cuidado y la examinó de arriba a abajo. Era tan grande como la casa Loud, pero tenía todo nuevo, cocina nueva, habitaciones nuevas, televisión y reproductor de DVD nuevo, muebles de sala con un hermano mayor sentado en uno de ellos mirándola con enojo, nuevo y...
—L-Linky... —Tembló al darse cuenta de la presencia de su hermano mayor.
Lincoln se levantó y se acercó hasta donde estaba una muy aterrada Lola. El albino la tomó de una mano y la llevo hasta una habitación del segundo piso. Estando allí la paró frente a un gran espejo y la hizo verse en el.
—¿Qué es esto Lola? —Preguntó con enojo. —¿Por que demonios no estas vestida de forma linda? —Con brusquedad la hizo voltear y la hizo verlo a los ojos.
Lola con miedo empezó a explicarle todo a Lincoln, el cuál se echó a reír de forma divertida haciendo sentir muy mal a la rubia.
—Vaya, Lana si que estaba en sus días, ¿No? —Bromeó Lincoln pero no espero respuesta de su hermana y simplemente la tomó nuevamente de la mano y la jaló hasta la puerta de la entrada. —Ven, vamos a comprarte ropa. —Dictaminó el muchacho a una sorprendida Lola.
Más tarde.
Eran pasado las siete y ambos se encontraban durmiendo en una muy cómoda cama. Ambos fueron de compras y no sólo eso, su hermano la llevó a un salón de belleza y luego a un dentista, no hace falta decir que quedó cómo nueva. Lincoln pagó todo de forma despreocupada.
Lola tuvo un día muy feliz, hasta que se veía en el espejo y su hermano se acercó por atrás y la abrazó por la espalda.
—Es un vestido muy bonito... —Ese alago hizo sentirse bien a la pequeña diva. —Ahora quitatelo... —Ordenó Lincoln.
Nuevamente la joven rubia estaba metida en una situación muy embarazosa.
—Vamos Lola, obedece. Sabes no fue fácil enterrar a Mildred... —Mencionó Lincoln con seriedad haciendo que Lola se sintiera horrible. —... Ahora quiero mi recompensa.
Sin esperar a que ella reaccionará, la tomo de la mano y la empezó a desnudar. Lola parecía una muñeca de trapo mientras era violada nueva mente por su hermano mayor... Ese que le leía cuentos hace mucho tiempo, pero que ahora todo eso había quedado en el pasado.
Lola miraba sin emoción alguna a su hermano mientras dormía. Una parte de ella se había dado por vencida y la otra... No tardaría en darse por vencida también.
—B-buenas noches Linky... —Murmuró en silencio para luego proceder a dormir también.
Cuándo llego a casa, nadie notó su presencia y mucho menos notó su cambio de imagen, ni lo hermosa que se veía.
Tampoco le preguntaron sobre la nueva casa que Lincoln le había comprado y que era solo para ella, con la condición de que no le dijera nada a nadie, tampoco le preguntaron sobre la relación secreta que tenía con Lincoln y que la obligaba a guardar en secreto.
—Estoy bien... No se preocupen por mi... —Susurró en silencio esperando a que alguien la escuchara pero al ver que nadie en la sala le prestaba atención, se fue directo a dormir a la habitación de su hermano.
Se sentía sola y usada, pero algo en ella la quería hacer sentir bien, una voz le decía que pronto todo mejoraría para ella.
—Mentirosa... —Susurró en silencio antes de caer en un profundo sueño.
Lola ahora tenía doce años. Con el paso del tiempo logro mejorar un poco su estado de ánimo. Se seguía viendo con Lincoln, aunque cada reunión en su linda casa terminará en sólo sexo, al finalizar su hermano la consentía mucho. Cosa que sus pobretones padres no podrían hacer.
Además ninguno de ellos notó que ya no participaba en certámenes de belleza, seguramente era porque siempre la miraban con una o que otra tiara elegante. Aunque si, los señores Loud eran malos padres. Por eso Lori, Leni, Luna, Luan y Lynn dieron las gracias al cielo cuando se fueron de casa, además ya ninguna de ellas se llevaba bien.
Aunque todas tenían algo en común... Extrañaban a Lincoln.
Pero Lola podía presumir eso. Ella era la única que logró que Lincoln la perdonará y no sólo eso, el aceptaba sus regalos con felicidad.
Cómo en la navidad de hace un año.
—Toma tu regalo Linky —dijo Lola con emoción entregándole un gran regalo de color rojo en las manos a su hermano.
—¿Me preguntó que será? —Lincoln sonrió y lo agitó un poco.
—Pues es una sorpresa jeje... —La rubia se agachó por abajo del regalo y después de soltar una risita traviesa.
—¡Taraaaaan!
—¡Woah Lola! —El albino se asombro al ver que ella se metia por debajo de la caja y asomaba la mitad de su cuerpo por arriba de esta, abrazándolo del cuello y besándole el cachete.
—¡Muak! ¡Muak! ¡Muak! —Lo besaba y besaba. —Feliz navidad. —Volvió a desearle nuevamente.
—Feliz navidad Lola —Lincoln la abrazó contra su cuerpo también. Era un lindo momento de hermanos que nadie podría interrumpir.
Lola recordaba ese día con mucha alegría. Aunque Lincoln había cambiado mucho, ella aun lo amaba. Él le confesó que como ella era muy linda, él iba a ser muy fuerte y musculoso para ser digno de ella. Y lo cumplió, él se puso a hacer ejercicio desde los once y a los casi dieciocho, era un chico muy apuesto.
Pero eso no era lo importante. Ahora mismo Lola debía ir a visitarlo. Era de noche, se había puesto su mejor vestido y se dio una ducha rápida de una hora para estar presentable. Pero... Había un problema...
—Se me acabaron los anticonceptivos... —Se lamentó Lola. La rubia recordaba lo que Lincoln le dijo cuando ella tenía diez y le explico sobre los anticonceptivos y las pruebas de embarazo.
Flashback.
Lola estaba sentada observando a Lincoln. En sus manos tenía una caja de pastillas y un paquete de pruebas de embarazo.
—Escucha bien Lola, debes tomar esas pastillas cada semana antes de que tengamos relaciones ¿Entendido? —Explicó Lincoln.
—Entendido hermano y... ¿Esto? —Preguntó mostrando las pruebas de embarazo.
—Eso sirve para cuando tienes un retraso y sirve para ver si estas embarazada o no... —Lincoln comenzó a explicarle como funcionaba.
Al final Lola asintió que había entendido y desde entonces tomaba esas pastillas cada semana.
Fin del Flashback.
Pero ahora estaba en un dilema. Se le habían acabado las pastillas y había olvidado pedirle más a Lincoln.
—No hay problema, seguramente Lincoln me dará más —dijo de forma confiada para después tomar su bolso. Salir de la antigua habitación de Lori y Leni y dirigirse a la salida. —¡Volveré tarde! —Avisó antes de salir.
—Como sea... —Lana alcanzó a responderle. La gemela mayor estaba viendo la televisión desde el gran sofá. Ella si había cambiado mucho, bueno en el aspecto. Nunca volvió a querer a su gemela de la misma forma que la quería antes.
Mientras veía la televisión, Lana levantaba una pequeña pesa con su mano. Se había vuelto muy fuerte gracias al ejercicio que hacía siempre, y el resultado se veía en el abdomen marcado que se dejaba ver por dejado de su pequeña camiseta blanca. Aunque también usaba una gorra roja en su cabeza como siempre.
Lola bajó la cabeza al escuchar la dura voz de su gemela. Pero no podía desanimarse o faltar a su cita, no espero a que sus padres salieran a despedirla y se fue rápidamente.
Llegó en un taxi hasta la casa que Lincoln le recordaba siempre que era de ella, caminó a paso relajado y entro a ella sin tocar.
—¡Ya llegue! —Se anunció.
—Vaya... ¡Hic! Ya era tiempo... —Lincoln estaba ebrio y así en estado de ebriedad dejó la botella de licor vacía por allí, se levantó del sofá de la sala y camino hasta donde estaba su hermana recién llegada.
—Hola Linky, ¿Cómo estás? —Preguntó Lola con una sonrisa mientras dejaba su bolso en una mesa cercana.
—Estoy caliente... —Mencionó Lincoln con un fuerte sonrojo en su rostro.
El albino se quitó la camisa y la aventó a un lado. Dejo al descubierto su abdomen perfectamente marcado provocando un sonrojo en el rostro de Lola.
—Lola... —Lincoln se puso de rodillas y la abrazó de la cintura.
—Linky... —La rubia lo abrazo del cuello.
Se miraron fijamente por un breve instante. De repente se empezaron a besar de una forma muy apasionada.
Estuvieron en el mismo lugar por un tiempo hasta que Lincoln la llevó hasta la habitación en donde la recostó en la cama quedando encima de ella mientras continuaban con su sesión de besos.
Aunque Lola recordó algo.
—"¿Deberia decirle que se me acabaron los anticonceptivos?" —Pensó ella. Pero un repentino movimiento de lengua en su boca la hicieron perder la razón. —"Nah, seguramente no abra problema con que no los use una vez...". —Al final no le dio mucha importancia y dejó que continuará el tan esperado encuentro que tenía con su hermano cada semana desde hace seis años.
Los movimientos en la cama eran muy rápidos. El constante rechinido de esta parecía dar la sensación de que se rompería en cualquier momento.
—¡Ah! ¡Oh si, Linky! ¡Quiero más! —Pedía la joven rubia a su hermano.
Lincoln arremetía con fuerza la inocente intimidad de su hermana menor con su miembro. Entraba y salía a voluntad de su interior causando un sin fin de extasis a la rubia.
Mientras el albino le besaba el cuello Lola tenia su mirada dilatada con sus ojos viendo hacia arriba, su lengua estaba fuera de su boca y su expresión era una inadecuada para una joven de su edad. Su cuerpo desnudo era restregado agresivamente con el del albino.
El sudor no podía faltar y es que con tanta intensidad era imposible para ambos no sudar.
—¡Ooooh si! —Por quinta vez Lincoln se corría en el interior de su frágil y corrompida hermana y por quinta vez Lola arqueaba su espalda hacia atrás mientras dejaba que su hombre inundará su interior con su abundante semilla.
Cuando disparó lo último de su corrida en su interior, Lincoln retiro su miembro de la intimidad de la niña y se acostó en su cama para dormir toda la noche y todo el día de mañana si era posible.
Hubiera seguido así pero un par de brazos lo rodearon por la espalda, soltó un gruñido cuando un par de pechos suaves y en crecimiento se restregaron contra su espalda desnuda.
—¿Lola que haces?, Ve a casa —Habló sin abrir los ojos.
—Pero quiero quedarme a dormir aquí contigo... —Suplico ella.
Pero lo que ella quisiera era irrelevante e importaba tanto como que una mosca muriera.
—Hasta la próxima semana Lola.
(¡Slap!)
Lincoln se despidió de ella para después cerrarle la puerta en la cara con un fuerte azote. La joven rubia miro a todas partes, estaba sola en la calle y era muy tarde. Lo único que podía hacer era correr, correr lo más rápido que pudiera de vuelta a la casa Loud.
—(Jadeo) (Jadeo)...
Estaba cansada pero al final pudo llegar a casa en una pieza. Rápidamente entró a su casa por la puerta de enfrente y se dirigió a su habitación.
Seguramente nadie notó su ausencia, desde hace años que nadie se preocupaba por nadie, aun no sabia cómo es que seguían en la escuela o cómo fue que sus hermanas se fueron a la universidad, si sus padres los ignoraban a todas desde qué Lincoln se fue de sus vidas para siempre.
—Corrección, Lincoln se fue de la vida de ellos, no de la mía... —Murmuró con un poco de alegría para sí misma aprovechando que estaba sola en la habitación.
O no...
—Entonces, ¿Tu si puedes ver a Lincoln?
Lola se dio rápidamente la vuelta y se encontró con su gemela apoyada de espaldas contra la pared, estaba usando su pijama, bueno, si a un short gris y a un sujetador negro se le puede llamar pijama.
—Primero robas mi identidad... ¿Y ahora a mi hermano? —Mencionó con frialdad la mayor. Aunque sonaba un poco triste también.
Lola retrocedió un poco cuando vio que su gemela se acercaba de forma amenazante hacía ella.
—N-no me hagas daño... P-por favor... —Suplicó Lola.
Pero Lana simplemente la miró con repudio y levanto su puño para darle un buen golpe en la cara a su quien sabe como, bien cuidada y hermosa hermana.
La tensión fue demasiada que Lola cayó en el suelo en posición fetal y empezó a temblar como si tuviera un frío demoledor. Nuevamente sufría de un ataque de nervios y nuevamente nadie la ayudaría.
—¡Rayos! Si que eres patética —Lana se molestó por eso, pero aún así le dio una muy fuerte patada a su hermana en la espalda.
—¡Agh! ¡N-no! —Lola lanzó un pequeño gritó muy titubeante mientras temblaba.
La mayor simplemente rodó los ojos y se fue a dormir.
—Si crees que Linky será tuyo, pues te equivocas querida Lola —susurró con malicia antes de perderse por la escalera.
Mientras tanto, Lola seguía temblando en el suelo. Tuvo que esperar una hora hasta que se pudo recuperar por completo. Aunque se sentía muy débil, pudo obtener pocas fuerzas para lograr irse a su habitación y acostarse en su cama.
Solo quería dormir de una vez por todas.
—... Linky, ayúdanos —fue lo último que murmuró antes de caer dormida.
Unas semanas después.
Lola estaba en el baño. La joven rubia miraba con preocupación la prueba de embarazo que tenía en sus manos, según como le había dicho Lincoln, cuando tuvo un retraso en su periodo, no dudo en usarla y había salido positiva, fue algo que no se pudo evitar y eso que Lincoln le compró más anticonceptivos.
—¿Qué haré? ¿Qué haré? —No sabia que hacer en ese momento. —¡Ya sé! —Tuvo una idea que ella consideraba muy buena. —Iré a decirle a Linky, él sabrá que hacer.
Aunque hoy no era día de visitas y seguramente Lincoln se molestaría al verla. Aun así se baño y arreglo para ir a ver a su hermano mayor con el que ella creía, tenían una bonita relación estable.
—¡Volveré más tarde! —Avisó a sus demás familiares y después de unos segundos de que nadie le contesto, decidió irse de todos modos.
Su familia era muy ignorante de todo lo que le pasaba a la joven rubia. Excepto por una persona.
—¿Otra ves irá con Lincoln? —Se cuestionó Lana viendo a su gemela irse, desde la ventana de su cuarto. —Creó que deberé seguirla la próxima vez. —Murmuró la rubia entre dientes para después regresar a hacer sus ejercicios de la tarde.
El futuro se empezaba a poder más oscuro para ambas chicas.
Continuará...
Nos veremos en la próxima, chao :'3.
