¡Nuevo capítulo! Huele a amor a primera vista, juzguen ustedes mismas ;)

Capítulo 2

EPOV

Me despierto a la mitad de la noche, es ella, ella ha vuelto a protagonizar mis sueños, por segunda noche consecutiva se ha revelado en mi inconsciente. Esos ojos azules que van desde el azul más claro cerca de su pupila hasta llegar a un azul tan intenso como los zafiros, esa mirada intensa que puede sentirse como una caricia, esos rasgos delicados de su rostro, esos labios seductores, en especial su labio inferior ligeramente más grueso que el superior tentando a morderlo; pero en esta ocasión no se trata de un sueño caliente como el anterior, en éste ella era embestida por la camioneta de Sam, yo corría hacia ella y la encontraba empapada de sangre, pronto su rostro comenzó a distorsionarse hasta convertirse en él. Sacudo mi cabeza con furia, estoy harto de ello.

Miro el despertador, son cuarto para las cinco, sé que no podré conciliar el sueño de nuevo, no tendría caso, tengo una reunión a las siete y media, me siento y otro sueño regresa a mi mente, de nuevo es con ella, pero esta vez es ella en mi cama, justo aquí en mi habitación, está cubierta de encaje, mi cuerpo comienza a calentarse mientras continúo con las imágenes de su cuerpo debajo de mí mientras la venero, el sabor de su piel y la suavidad de su contacto; el calor está invadiendo mi cuerpo, pero se concentra gran parte en mi sexo. Necesito descargar toda esta energía que de repente se ha acumulado en mi cuerpo, me quito mi pantalón de pijama y me pongo unos pantalones deportivos, tomo en una mano mis tenis y me dirijo hacia el pequeño gimnasio instalado en el sur del penthouse; abro la puerta y enciendo las luces, me dirijo hacia la caminadora y programo la velocidad e inclinación, comienzo a correr mientras me pierdo en la vista frente a mí; gracias a la pared de cristal puedo admirar la ciudad que continúa en penumbra y pernoctando, sólo se ve con claridad el Space Needle gracias a las luces que lo rodean y si me acercara más al ventanal y mirara hacia abajo admiraría el Seattle Center. Cuando me doy cuenta he llegado casi a los cuatro mil metros y podrían continuar, pero me apetece más ir hacia la máquina de remo donde me pierdo por media hora, después paso al press de banca y son otros diez minutos; miro el reloj y me percato de tener el tiempo justo para una ducha.

Tomo una corbata azul y la combino con mi traje gris y camisa blanca, me detengo a pensar que el color de la corbata se parece a los ojos de Bella, por lo menos al azul que se encuentra cerca de su pupila; suelto una carcajada, esto se está convirtiendo en algo completamente absurdo.

—Edward, Edward —me recrimino mientras me abrocho los botones del saco y salgo de mi habitación.

—Señor, su desayuno —me dice Sue al verme pasar de largo la barra.

—Hoy no, Sue. Llego tarde.

—Edward —Sue acaba de usar ese tono de verdadera advertencia.

—Está bien, sólo un bocado —regreso y comienzo a picar con mi tenedor el omelette que me ha preparado, picoteo un par de veces más mi comida y por último doy un enorme sorbo a mi jugo para dar por terminado mi desayuno.

—Buen chico —me dice cuando me levanto, entrecierro mis ojos. Sue sigue tratándome como si fue un niño.

—Que no se te suba a la cabeza —le grito.

Salgo al vestíbulo que sirve como recibidor y que se encuentra entre mi pent house y un pequeño loft para invitados, oprimo el código y mi elevador personal se pone en marcha; es bastante amplio, tal cual lo mandé a hacer cuando compré el edificio. Al principio tenía planeado usarlo para poner las oficinas centrales de Cullen Holding, pero al final el espacio no era el suficiente y terminé convirtiéndolo en un edificio de lofts, dúplex y por supuesto mi pent house. Al final terminó siendo una magnífica inversión. Bajo directo hasta el estacionamiento subterráneo donde ya me espera Sam, nos saludamos como es costumbre y subo a mi Lexus. Conduzco por las calles de Seattle para dirigirme a Seattle Tower y como en los últimos ocho años una camioneta con mi equipo de seguridad va detrás de mí; es cierto que el número de miembros ha disminuido en el último año, en cuanto a guardaespaldas se refiere; soy consciente que no puedo bajar la guardia y en ningún momento podré hacerlo; forma parte de las consecuencias de la vida que alguna vez elegí vivir.

—Sam ¿puedes mandar a alguien por el Lexus y lo lleve a lavar? —pregunto por el intercomunicador directo a mi equipo que he instalado personalmente. No puede ser hackeado, ni corre cualquier otro peligro. Es un sistema diseñado por mí mismo y actualizado en cada ocasión oportuna.

—Por supuesto, señor.

—Bien —corto la comunicación, me bajo del auto y me preparo para un nuevo día.

Reviso mis alrededores con discreción, es un hábito aprendido y que quizá pueda ser paranoico, pero me ha salvado la vida en un par de ocasiones. Entro al edificio con el enorme letrero de Cullen Holding; es un edificio de quince pisos, de apariencia moderna y lo mejor de todo, con el mejor sistema de seguridad de todo el continente, con tecnología de punta y diseñado por mi equipo. Me rodeo de aquellos quienes son los y las mejores en su rama y en todo lo que hacen, personas ambiciosas, talentosos, hábiles, creativos, pero sobre todo honestos, comprometidos y generosos. Así es como Cullen Holding ha llegado a donde está, siendo la empresa mejor posicionada en el país e incluso de las mejores en todo América y Europa, empezamos siendo una empresa especializada en sistemas de seguridad y terminamos expandiendo nuestros campos, invirtiendo en otras áreas tan disímiles como la turística, incluyendo restaurantes, clubes, hoteles, complejos turísticos, y demás; actualmente nos hemos involucrado en el ámbito de la salud con investigaciones y tecnología, comenzamos con la adquisición de un laboratorio farmacéutico para la producción de medicamentos a bajo costo y de alta calidad. Puedo pecar de pretensioso y engreído, pero es el menor de todos de mis pecados.

Mientras subo en el elevador me voy preparando para un día más. Al abrir me encuentro con la amplia recepción de la presidencia. Heidi ya me espera con mi lista de pendientes, juntas, actualizaciones en mi agenda y mensajes.

—Buenos días, Edward. En la sala ya lo esperan para la reunión. Todo ya se encuentra preparado para la conexión a Alemania. Ha llamado la señora Esme y le he confirmado su asistencia al almuerzo del fin de semana como me has pedido. No hay respuesta todavía de Kivanck, continuamos intentando.

—Perfecto, gracias Heidi. De Kivanck me encargo yo.

Voy hacia mi oficina, dejo mi maletín sobre una pequeña mesa redonda ubicada a un costado y tomo la carpeta que Heidi me ha preparado para esta reunión. Me reúno con mi equipo en la sala de reuniones.

—Buenos días a todos —saludo.

—Buenos días —el coro del saludo me recibe.

—Al parecer sólo falta Emmett —digo al señalar el asiento desocupado a mi derecha.

— ¿Alguien me llamaba?

Emmett va entrando mientras se anuda la corbata, sólo puedo rodar mis ojos, ese único gesto me da más información de la que necesito, sacaré todo esto de mi mente para centrarme en la reunión que está por comenzar, no quiero un recordatorio de que mi hermana y mi mejor amigo acaban de acostarse, así que sí, Emmett además de ser mi mejor amigo y mano derecha es casi mi cuñado. Rosalie lo atrapó desde la primera vez que lo llevé a casa.

— ¿Todos listos? —pregunta al sentarse a mi lado. Tiene la misma sonrisa bobalicona de aquella vez cuando los encontré follando en el cuarto de lavado de la casa de mis padres. Sigo preguntándome cómo llegaron ahí después de la cena.

—Realiza la conexión, Scott —ordeno.

Scott teclea en su computadora portátil y después saca un control donde oprime un par de botones más, al final de la mesa aparece un cristal; es una mezcla de pizarra digital y un proyector. En la pantalla aparece una llamada en espera y pronto es remplazada por la mitad del cuerpo de mi abogado principal en Alemania, Schmidt.

— ¿Qué tenemos Schmidt? —podía ver en sus ojos que eran buenas noticias.

—Lo tenemos, Cullen. La licitación es nuestra. Mañana todo quedará concluido, la única condición es que te presentes en las próximas semanas y seas tú personalmente quien reciba el contrato para el sistema de seguridad de Berlín.

—Me parece perfecto, háblalo con Heidi, ella te dará fechas posibles y disponibles para el viaje. ¿Cuál es el otro asunto que querías tratar?

—Otra licitación, pero se trata en esta ocasión por la adquisición de unas acciones.

— ¿Cómo te enteraste de ella?

Me puse en una actitud seria y cautelosa, cuando se trata de adquisiciones, transferencias e inversiones hay que ir con cuidado, pensando y analizando, manteniendo la cabeza fría. Un mal paso, una mala decisión, un movimiento en falso y todo estaría perdido; no puedo negar el parecido a mis tiempos en las operaciones. No puedo darme ese lujo cuando cargo con una plantilla de poco más de treinta y cinco mil trabajadores y la mayoría de ellos con una familia. En una inversión me juego su empleo y lo que éste implica para su futuro.

—La empresa Security Lincoln es de las más grandes de Berlín, tiene potencial, bastante, pero su último directivo ha tomado malas decisiones y está pasando por una crisis, así que para salir de ella pondrá a la venta cierto porcentaje de las acciones.

— ¿Qué porcentaje?

—Todavía no han ventilado la información.

—De acuerdo, lo discutiré con las personas aquí presentes ¿Cuándo es la licitación?

—Dentro de dos semanas.

—Bien, nos estaremos comunicando.

Doy una señal a Scott y éste oprime los botones necesarios para terminar la llamada.

—Antes de comenzar con algún plan sobre la licitación que ha comentado Schmidt quiero saber su opinión.

Les hablo a mis personas de confianza y encargados de los distintos departamentos. Keira al frente en cuanto a lo legal se refiere; Evan encargado del equipo de proyectos y adquisiciones; Scott es el experto en sistemas, Leila mi especialista en finanzas e inversiones; por supuesto Emmett y Jasper encargados y especialistas del departamento de sistemas y protocolos de seguridad y tecnología, además de ser mis manos derecha en esta carrera. Ellos son los constantes en las reuniones.

—Si es tan reconocida como Schmidt lo dice, es una buena forma de comenzar a abarcar mayor mercado en Alemania. No es una prioridad en este momento para Cullen Holding ya que nos encontramos enfrascados en Londres tanto con los nuevos dispositivos de GPS para automóviles como con la instalación del laboratorio, pero es una manera de avanzar, llevamos dos años en Alemania, es momento de avanzar —dice Evan.

—Cierto, es una buena oportunidad, sin embargo, hay muchos factores a tomar en cuenta. La crisis por la cual cruza podría traernos problemas y no dudo de nuestra capacidad para rescatarla, pero hay cosas más importantes en las cuales concentrarnos, y una crisis es lo que menos necesitamos ahora que hemos comenzado en la rama de la salud. El que hayamos ganado la licitación para el sistema de seguridad es un buen arranque para ir avanzando en el mercado —dice Emmett.

—Bien, opino lo mismo que Emmett, la prioridad en este momento para Cullen Holding debe de ser todo aquello relacionado en la rama de la salud, un movimiento que pueda llevar a especulaciones podría ser perjudicial no para nosotros, sino para aquella gente que cuenta con nuestros proyectos. Sin embargo, para poder tomar una decisión debe de hacerse la investigación pertinente. Programaremos una junta para revisar sus informes, recuerden tomar en cuenta hasta el mínimo detalle. ¿Algún otro tema a tratar?

—Hace unos minutos recibimos el permiso de construcción del gobierno de Brasil para el nuevo hotel —nos informa Keira mientras revisa su teléfono y al lado su portátil.

—Bien, Evan necesito me contactes con los arquitectos e ingenieros, quiero volver a revisar esos planos y los sistemas de seguridad empleados. Con esto damos por concluida la reunión.

Todos nos levantamos de nuestros asientos, pero Emmett y yo nos esperamos a que el resto saliera.

—Siento llegar tarde, pero ya sabes cómo es Rose —Emmett mueve sugerentemente las cejas.

—No necesito conocer los detalles.

— ¿Qué puedo decir? —Emmett se encoge de hombros.

—Creí que Jasper te acompañaría esta vez.

—Sabes que detesta todos estos asuntos burocráticos.

Continuamos caminando y de pronto me siento tentado en preguntarle por ella, ha sido él quien se ha encargado y mantenido al tanto de todo lo relacionado al accidente, quiero preguntarle si ella realmente está bien, es una extraña necesidad a la cual no le encuentro explicación, si las cosas se han ido solucionando, o si es necesaria mi presencia para resolver cierto asunto, esto último es una absurda muestra de desesperación, y sí, anhelo de volver a verla. Así que me arriesgo a preguntarle a Emmett, claro que encuentro una manera de disimular mi particular interés.

— ¿Hay algún pendiente?

—Sobre qué —se muestra contrariado.

—No sé, sólo una pregunta, y, por cierto, cómo van los arreglos del accidente de hace unos días. ¿Estás seguro de que el niño está bien? ¿Han arreglado todo con la chica? —trato de no plasmar todo el interés que siento al preguntar por Bella.

—Isabella es su nombre.

¡Bella! Ella prefiere Bella. Bella, su nombre es una dulce caricia en mi boca, un sabor dulce en mi lengua. Es increíble y aterrador lo que sólo pensar y pronunciar su nombre provoca en todo mi cuerpo. Un aterrador estremecimiento, un encogimiento en mi pecho y un calor dulce y apasionado en cada centímetro de mi cuerpo.

— ¿Todo está arreglado? No quiero escatimar en nada, lo que sea necesario para reparar los daños.

—El seguro ha realizado algunas evaluaciones y lo más seguro es que no se pueda salvar el auto, está para el traste, así que el seguro quiere pagar una indemnización.

—Quiero estar informado hasta del más mínimo detalle.

—De acuerdo, te comunicaré con ellos; te informarán de todo y así también podrás tomar decisiones.

Somos interrumpidos por su teléfono, su sonrisa me deja claro de quién se trata ¡Por Dios! Acaban de follar hace un par de horas. ¿Qué tanto pueden decirse? No, mejor no pensar en lo que tienen que decirse. Me despido de él con un gesto de mano, él me ignora por completo. Esto es lo que sucede cuando te atrapan.

Cuando estoy por llegar a mi oficina Heidi me detiene, sólo espero sea algo de rutina, ya tengo demasiados pendientes para encargarme de otra cosa.

—Sam se encuentra dentro.

Frunzo el ceño, es raro que Sam suba a verme, en un segundo mi pecho se contrae por la preocupación. Una alarma se enciende dentro de mí, pero pongo todo mi autocontrol en ser racional; si algo hubiera sucedido, algo de urgencia, hubiera marcado o mandado el código de emergencia, no hubiera esperado a que saliera de la reunión. Él tiene la orden estricta de interrumpir o intervenir sea donde sea, me encuentre donde me encuentre, en caso de existir alguna emergencia o situación de riesgo. Sabe que quiero y debo ser informado inmediatamente. Entro y me encuentro a Sam parado justo en medio de las dos sillas frente a mi escritorio, su rostro me confirma que no se trata de nada preocupante.

— ¿Qué sucede Sam?

—Ya se mandó a lavar su coche, pero el chico me ha entregado esto —Sam saca algo de su bolsillo, es tan pequeño que toda su mano lo cubre y me impide ver de qué se trata—. Lo encontraron debajo del asiento del copiloto —lo deposita con suavidad sobre el escritorio.

Dos objetos brillantes llaman mi atención, los tomo en mi mano para examinarlos. Se trata de una cadena de oro delgada, con un tejido bastante fino y delicado, observo de cerca y me doy cuenta de que el broche está reventado; paso al siguiente objeto que llama aún más mi atención, es un anillo, un anillo bastante peculiar, el aro en su totalidad de color negro, no muy delgado y en el frente hay un intricado diseño que comienza a enredarse creando una especie de nido que yace alrededor de una perla, parece un poco antiguo el diseño en su totalidad. Resulta un poco extraño en un primer vistazo, pero al mismo tiempo tiene cierta belleza.

—He pensado que puede tratarse de la chica del accidente, quizá la cadena se reventó con el impacto.

Miro los objetos en mi mano y en especial el anillo, hay algo en él que llama mi atención y despierta mi curiosidad; pero sí, definitivamente tienen que ser de ella, no existe alguna otra explicación, ni mi madre, ni mi hermana han subido a mi auto en las últimas semanas.

—Sí, deben ser de ella.

— ¿Desea que lo examinemos para tener la certeza?

—No es necesario, son de ella. Gracias Sam, me haré cargo a partir de ahora.

Sam me deja solo, estoy centrado exclusivamente en los objetos colocados sobre mi escritorio mientras golpeo rítmicamente los descansabrazos con mis dedos. Tomo el anillo, el interés que ha despertado en mí va más allá de la peculiaridad de su diseño, pero una sonrisa se dibuja en mi rostro, éste es el pretexto perfecto para buscarla.

Contacto con Seth, es el chico perfecto para conseguir cualquier tipo de información de cualquier persona, un jodido hacker, lo conseguí durante uno de sus ataques al sistema que creé cuando estaba en el campo, desde entonces supe el potencial que tenía, sólo debía de llevarlo por el camino correcto con los incentivos correctos. Le encargo averiguar algunos datos de la vida de Isabella Swan, a los pocos minutos obtengo un informe.

*Nombre: Isabella Marie Swan

*Edad: 28

*Ciudad natal: Burlington, Vermont.

*Estado Civil: Soltera (sin pareja en el último año)

*Padres: Charlie Swan (muerte a causa de un paro cardiaco. 2017) y Renée Swan (muerte por causas naturales. 2017)

*Lugar de residencia: Keystone Place 508.

*Compañeros de vivienda: Alice Brandon y Jacob Black.

*Profesión: Diseñadora y organizadora de eventos.

*Empleo: Flynn Projects (Fotografías adjuntas)

Dentro del informe venían algunos otros datos como la universidad a la que acudió, el número de su seguro, su récord criminal, por supuesto está limpio, a excepción de un par de multas de tránsito, su historial académico, entre otros documentos. Sin embargo, hay un solo detalle que termina siendo de mi interés. Ella es soltera, no hay rastro de novio alguno desde hace un año y sin entender por qué, pero ese jodido dato me hace sonreír. Miro su horario de trabajo, sale a las cinco y cuando menos cuenta me doy ya tengo un plan para esa tarde. La señorita Swan estará ocupada la tarde de hoy.

— ¿Adónde vas? —me pregunta Emmett cuando me lo encuentro en el vestíbulo al bajar del elevador.

—Tengo unos asuntos importantes que arreglar.

— ¿Quieres que te acompañe? —me mira extrañado, no acostumbro a salir de la oficina antes de las seis al menos que se trate de reuniones o asuntos de la empresa.

—No, puedo arreglarme con esto solo.

Paso a su lado y me dirijo hacia el carro que ya me espera fuera, por supuesto detrás de mí va Sam, preferiría que no fuera así, pero no puedo dejar cosas a la deriva y menos cuando no se trata únicamente de mí. Conduzco hacia Bellevue Ave. Falta poco para volver a verla y darme cuenta si es tan hermosa como en mis recuerdos aparece. Mientras manejo me comunico con Sam y le pido que espere varios metros más atrás de lo establecido.

Llegamos puntual, diez minutos antes de que termine su jornada laboral. Salgo de mi auto y me recargo en él, he metido sus pertenencias en una bolsa pequeña de terciopelo negro que llevo en el bolsillo interior de mi saco. Me pongo mis lentes de sol, extrañamente hace demasiado calor para ser Seattle, y espero, espero pacientemente por ella. Me enderezo en cuanto la veo aparecer, va riéndose y joder, es mucho más hermosa de lo que recordaba y esa sonrisa podría iluminar hasta la noche más oscura. Hay algo en ella que me hace caminar hacia donde se encuentra, es como un puto imán que me controla y jala ¿Qué pasa contigo Cullen? Eres un hombre de treinta y cuatro años, haz uso de todo el autocontrol que has adquirido en estos años.

—Buenas tardes, Isabella.

Ella alza la vista enseguida y cuando ese hermoso par de tonalidad azules se encuentra conmigo me doy cuenta de que puedo perderme en ellos, con sólo verlos es un deleite absoluto. La señorita Swan, Bella, me ha cautivado. Coloco en mi rostro una sonrisa de suficiencia. Ella parece absorta de verme ahí, se ha quedado pasmada, qué le sucede, pareciera que realmente le ha sorprendido verme aquí.

—Señor Cullen, hola —dice en tono confundido.

—Creí que nos hablaríamos de tú —le digo mientras me acerco a ella. Abandona la postura de sorpresa y se planta con firmeza, pero ese pequeño gesto de colocarse el cabello detrás de su oreja demuestra que está nerviosa.

—No recuerdo que hayamos llegado a ese acuerdo —alza su barbilla de manera desafiante, yo entrecierro mis ojos, no estoy acostumbrado a que alguien lo haga y de manera tan premeditada como Bella.

Sonrío con suficiencia.

—De acuerdo, señorita Swan ¿le molesta si nos hablamos de tú? No veo razón alguna para continuar con formalismos.

—No, supongo que está bien —sonríe—. Dime qué te ha traído por estos rumbos después de dos días sin saber de ti, claro sólo aquello necesario por parte de tu seguro —no sé si es mi imaginación o escucho cierto reclamo en sus palabras; esto me hace sonreír incluso más.

Aprovecho que tengo puestas mis gafas de sol todavía para darle un buen repaso a la señorita Swan que parece ese mismo instante un poco molesta. Esos preciosos ojos azules profundos y limpios, pero al mismo tiempo reflejan picardía y decisión, es como si cada tono de azul en ellos fuera un aspecto de su personalidad, los tonos más claros y cercanos a su pupila son la calma, tranquilidad y pureza, mientras que los más oscuros la pasión, audacia y fogosidad. Bajo un poco más en su rostro y me encuentro con sus labios melocotón, cremosos y perfectos, parecen tan suaves y deliciosos que mis labios y lengua pican por probarlos, especialmente su labio inferior que es ligeramente más grueso y sobresaliente que el superior. Siendo un poco más descarado recorro su cuerpo donde destacan su cintura estrecha y sus caderas anchas, sus delicadas y bien formadas curvas destacan gracias al vestido vino que lleva puesto; sus piernas no se quedan atrás, lucen firmes y fuertes, con las curvas precisas, es lo que yo llamaría un buen par de piernas y no están a la vista, pero si mi memoria no me falla también tiene un buen par de nalgas de donde agarrarme.

—Me gustaría conversar contigo.

—Sus trabajadores ya se han encargado de contactarse conmigo y mantenerme al tanto de todo el proceso.

Estoy por responder cuando una chica alta y bastante delgada se acerca a ello.

—Todo listo, Bella. Te llevo a casa.

—Oh, eso no es necesario. Llevaré yo a Bella después de conversar con ella, señorita… —espero a que me diga su nombre.

—Ángela Weber.

—Señorita Weber, gracias por la oferta, pero yo me encargaré de llevar sana y salva a Bella hasta las puertas de su hogar —la chica me mira con desconfianza y después a Bella que parece estupefacta—. No desconfíe, mi nombre es Edward Cullen —tomo una tarjeta de las que llevo en mi saco y se la entrego—. Su amiga está en buenas manos.

Ángela centra su mirada en Bella intentando comunicarse con ella. Ambos nos encontramos a la espera de su respuesta.

—Ve, el señor Cullen y yo tenemos algunos asuntos de los cuales hablar.

—Creí que nos tutearíamos señorita Swan —recibo una fulminada de ojos como respuesta, debería ponerme serio ante esa mirada, pero termina siendo todo lo contrario y se me escapa una pequeña carcajada.

Ambos vemos marchar a su compañera.

—No veo, honestamente, cuál es la gracia, señor Cullen —comienza a caminar hacia el lado contrario por el que se fue su amiga.

—Y dale con lo de señor Cullen —ella continúa caminando— ¿Adónde va, señorita Swan? —corro tras ella y la detengo.

—Supongo que si quiere conversar no será en la calle. Hay una cafetería a la siguiente cuadra —empieza a caminar de nuevo, pero yo la detengo.

—Tenía pensado otra cosa, iremos en mi carro —inclino mi cabeza hacia mi automóvil.

—Vaya, ¿hay alguna otra cosa que ya haya decidido, señor Cullen?

—Bella ¿podemos en verdad tutearnos?

—No, me encuentro bastante bien tratándonos de usted.

—Me pregunto qué ha sucedido con la simpatía de nuestro primer encuentro.

—Se esfumó en el momento en que comenzó a actuar como un patán sin pedirme mi opinión. ¿Cómo sabe usted que no tenía planes?

—¿Los tienes? —pregunto.

—No, pero ese no es el punto.

—Está bien, te ofrezco una disculpa, sólo quiero conversar contigo, si quieres ir a esa cafetería vamos a esa cafetería.

Ella sólo hace un gesto de consentimiento y la sigo, miro de reojo que Sam baja de la camioneta y se queda varios metros detrás de nosotros mientras nos sigue.

Al llegar, Bella elige una mesa pegada a un ventanal por el cual cae una cascada de agua.

—Y bien, ¿qué es aquello de lo que tiene que hablar?

—Primero hay que ordenar algo para acompañar nuestra charla —le sonrío y ella mira hacia otro lado.

Vaya, la señorita Swan realmente está enfadada.

— ¿Por qué nos ha seguido ese hombre de allá todo este tiempo? —apunta con su barbilla unas mesas más allá donde se encuentra Sam—. Me hubiera alarmado, pero me he dado cuenta de que usted lo conoce.

—Háblame de tú, Bella.

— ¿Por qué?

—Porque si esto sale como tengo planeado no será la última vez que nos veamos —sus ojos se abren sorprendidos por unos escasos segundos.

—Me refería al porqué es que ese hombre viene siguiéndonos —vuelve a apuntar hacia Sam.

—Él es Sam, es mi guardaespaldas —sus ojos vuelven a abrirse desmesuradamente— Créeme, es mejor que él esté aquí.

— ¿Acaso anda tras de ti algún delincuente, la mafia rusa o algo así?

La miro fijamente y ella sólo se encoge de hombros, si tan sólo supiera lo cerca que ha estado de dar en el blanco. No puedo evitar sentirme ruin por la sola posibilidad de ponerla en peligro por estar aquí conmigo, debí haberle entregado sus pertenencias y dejado marchar.

— ¿Y bien, es algún asesino en serie o la mafia rusa?

—No, la mafia rusa no esta vez —trato de sonreír.

—De acuerdo, entonces hablemos.

—Primero hay que ordenar algo, qué te apetece.

—Un macchiato está bien, con eso es suficiente —veo cómo sus ojos se desvían hacia el aparador con algunos pastelillos.

—Bien, iré por ello.

Paso directamente a caja ante la falta de personas en la fila. Ordeno el macchiato de la señorita Swan junto con un moca y para acompañar y satisfacer su deseo pido unos cuantos pastelillos, me entregan todo el pedido de inmediato y me reúno con ella en nuestra mesa.

—He comprado algunos pastelillos para acompañar nuestras bebidas.

Extiendo la pequeña caja con los pastelillos hasta dejarla frente a ella, ella la mira y muerde sus labios, debatiéndose si debe tomar uno o no.

—No me digas que eres de las chicas que cuentan las calorías y se matan de hambre con tal de no engordar.

—Creo que mi cuerpo habla por sí mismo, si fuera de esas chicas no tendría estas caderas, aunque mi madre decía que era genética pura y me gusta pensar eso —se encoge de hombros y toma un pastelillo con chispas.

—Bendita sea la genética entonces —la miro con intensidad y lo admito, el estar sentados me priva del enorme placer de admirar su cuerpo. Esas curvas sensuales acompañando ese rostro dulce y hermoso.

—De todas maneras, no creo que me preocuparía por la comida.

Tomo otro pastelillo igual al de Bella y le doy una buena mordida, invitándola a que haga lo mismo.

—Me alegra —le digo cuando he pasado el bocado—. Es fastidioso ese tipo de chicas.

—Hay que disfrutar de los pequeños placeres sin culpa —me mira y después aparta su mirada de manera rápida.

Lo siento y puedo apostar que ella también lo siente, la tensión entre ambos ha aumentado y es una tensión puramente sexual. Al hablar de su cuerpo el deseo en mí ha comenzado a despertar y sólo puedo imaginar esas benditas caderas agitándose con mis embestidas, o esas piernas alrededor de mis caderas mientras la penetro. Carraspeo incómodo por la erección dentro de mis pantalones.

—Supongo que no estamos aquí para hablar de mis caderas —me sonríe.

Pues no, pero eso no quiere decir que no sea de algo que lo que me gustaría hablar. Sonrío de lado y vuelvo a mirarla profundamente.

—No en esta ocasión —meto mi mano en el bolsillo de mi pantalón y busco la bolsita de terciopelo negro—. Creo que el día del accidente dejaste algo olvidado en mi auto.

Ella me mira extrañada.

—Encontré esto, bueno, no yo, el chico que lavó mi auto lo encontró bajo el asiento del copiloto —le doy la bolsita negra.

Ella comienza a abrirlo, pero se detiene a la mitad.

— ¿Cómo sabes que es mío? Puede que sea de tu novia o algo así—me pregunta.

—Por fin, me has hablado de tú —ella rueda los ojos—. Yo no tengo novia ni algo así, Bella.

Puedo casi afirmar que se formó una pequeña sonrisa en su rostro.

—Así que deben de ser tuyos.

—Lo son —toma los objetos en su mano y los aprieta, es un gesto que denota un verdadero aprecio y posesividad—. Gracias, los había dado por perdidos, la cadenita no importaba, el anillo es lo importante.

— ¿Algún regalo de un exnovio? —es mi turno de saber; al final el que no tuviera pareja durante el último año podía tener varios significados y uno de ellos era precisamente ese, un exnovio sin olvidar.

Me mira con los ojos entrecerrados, se ha dado cuenta de la información que quiero obtener.

—No, de un ex no. Era de mi abuela, es el único recuerdo que me queda de ella.

—Lamento eso.

—No tienes por qué.

Ambos nos quedamos callados por unos segundos, pero en ningún momento apartamos la mirada el uno del otro, sólo hasta que ella se mordisquea su labio inferior, era un movimiento demasiado sensual para perderlo de vista. Deseo ser yo quien tenga el placer de enterrar suavemente mis dientes, de probar el sabor de sus labios, de recorrer con mi lengua su dulzura.

— ¿Cuál es la otra razón de que estemos aquí?

— ¿Otra razón? —pregunto.

—Sí, una persona como tú, con las múltiples tareas y todo un imperio por dirigir no perdería el tiempo viniendo a entregarme esto y a preguntar por el accidente cuando seguramente tienes personal que puede hacerlo.

— ¿Has estado investigándome? —le pregunto con una sonrisa en mi rostro.

La señorita Swan ha estado haciendo su tarea.

Bella abre sus ojos desmesuradamente y se pone colorada al verse atrapada. ¡Carajo! Yo que creí que sería imposible que pudiera verse más hermosa. Es un ángel de la tentación y estoy seguro de que sólo ha venido a torturarme. Me golpeo mentalmente por pensar en semejantes idioteces y estar perdiendo los papeles, pero debo de excusarme en la mujer que tengo delante de mí; éste para nada soy yo, no me escudaría en una mujer.

—Un poco, quizás —admire aun colorada—. Tenía que saber quién era la persona que se encargaría de pagarme los daños de mi auto, además de satisfacer mi curiosidad respecto al hombre con la pinta de dueño de un imperio y no me equivoqué, un hombre con un equipo de seguridad, autos de último modelo y bien equipados junto con trajes a la medida y caros. Bueno, no cualquiera puede permitirse ese derroche.

—Así que he llamado tu curiosidad —utilizo mi sonrisa torcida.

Me siento abrumado de repente. Es una extraña sensación de satisfacción y júbilo lo que se instala en mi pecho al saber que Bella se ha mostrado interesada en mí, por lo menos para investigarme.

—Supongo que cualquier respuesta que dé a eso puede ser usada en mi contra, así que utilizaré mi derecho a quinta enmienda. Regresemos al asunto que te ha llevado a no dejar que tu equipo se haga cargo.

—Ninguno —me cruzo de brazos y vuelvo a sacar al hombre de la máscara o por lo menos eso me ha dicho mi madre.

—Me gustaría que estuviéramos en las mismas condiciones —me dice.

—No te entiendo —frunzo mi ceño.

—Tú puedes mirarme a los ojos, yo a ti no —apunta con su delicado dedo a mis lentes de sol. Y en cuanto lo hago y nuestras miradas hacen contacto sin barrera alguna un deseo ferviente se apodera de mí desde el centro de mi pecho, va más allá de lo carnal, es completamente extraño; aunque tampoco mentiré y diré que su cuerpo no me tiene embelesado. La tensión crece todavía más, me es difícil controlarme, mis instintos están ganando la batalla y me empujan a ella. Afortunadamente tengo una mesa en medio de nosotros, esa es mi barricada. El tiempo se está agotando, puedo sentirlo y con ello se plantea la decisión a tomar: dejarla ir o no.

—Entonces el cometido está cumplido.

—Sí, supongo que sí.

—Bueno, fue un placer verlo de nuevo, perdón, verte de nuevo, Edward.

Comienza a mordisquear sus labios mientras recoge sus cosas. Es como si quisiera tentarme más, llevarme al límite para perder el control, es la invitación que mis deseos necesitan para mandar al demonio mi autocontrol; la tomo del codo en cuanto se pone de pie, me levanto y tiro de ella hasta que choca con mi cuerpo, sin darle tiempo a reaccionar tomo con mi otra mano su rostro y la beso; estrello mis labios con los suyos y comienzo a moverlos para profundizar el contacto. Mierda, sus labios saben mejor de lo que pensé, son dulces y bastante suaves, no puedo conformarme con un único roce, necesito mucho más. Paso la punta de mi lengua por sus labios, acariciándolos, ella se abre para recibirme, calidez y dulzura me reciben; rodeo su cintura con un brazo y con mi mano libre tomo su cabello, tratando de pegarla a mí todo lo que me es posible. Me maravillo al ver lo bien que encaja entre mis brazos y con mi cuerpo, es una sensación tan placentera tenerla así; continúo con el beso, quiero gozar de este momento todo lo que me sea posible. El beso termina y con ello la sensación de tenerla entre mis brazos. Miro su rostro, es tan hermosa.

Ella sonríe mientras abre sus ojos lentamente, mira mis labios mientras acaricia con la punta de su lengua su labio inferior, ahora sus labios están ligeramente colorados.

—Has tardado demasiado —su sonrisa se acentúa.

Mi sonrisa acompaña la suya, vuelve a mirar mis labios y se pone de puntitas para depositar un casto beso en la comisura de mis labios.

—Adiós, Edward —se aparta y comienza a andar hacia la salida, la sigo de cerca para detenerla justo antes de salir de la cafetería.

—Espera, dije que te llevaría.

—No es necesario, Cullen. Te lo agradezco, puedo irme sola —me guiña uno de sus preciosos ojos azules y sale.

Mientras la miro avanzar sin mirar atrás ni una sola vez sé que he tomado mi decisión: iré por ella.


¿Qué les ha parecido? Ufff, este Edward tiene un pasado que lo atormenta ¿Qué creen que sea? Por otro lado, su fascinación con Bella; la respuesta de Bella me ha encantado, está bien que se la ponga difícil a Edward, pero ese beso promete mucho para esta parejita. La siguiente semana les traeré otro capítulo de esta historia, tardaré un poco más con No ha terminado porque estoy un poco confundida sobre el rumbo que debe ir tomando, pero MIL GRACIAS por leer y dejarme sus comentarios ¡Las amo, mis divinuras!

Gracias por sus bellas palabras: saraipineda44, JadeHSos, Adriu, tulgarita, liduvina, patymdn, Car Cullen Stewart Pattinson, miop, Pameva, Mar91, Lore562, Lizdayanna, angryc, Lidia withlock, Esal, bbluelilas, piligm, Gabs Frape, Liz Vidal, Elizabeth Marie Cullen y lectoras anónimas.

¡¡Espero sus comentarios, ya saben que me encanta leerlas!