Draco estaba nervioso.
Hoy cumplía cuatro años de relación con Hermione y ella no estaba en el castillo. San Potter se la había llevado volando en un Threstral a solo Merlín sabe dónde y él sentía que no podía respirar de la angustia.
Draco había cambiado mucho durante su relación. Ya no era un muchacho malvado, prepotente, cruel u oscuro. Tenía bien en claro de qué lado de la mecha se encontraría cuando la Guerra Mágica que se avecinaba estallara. Estaría del lado de la chica, casi mujer, que amaba.
Ambos habían cumplido los dieciséis hacía poco poco tiempo, y ambos sabían que la relación que habían comenzado hace años siendo niños, de manera furtiva y prohibida había crecido, y querían más. Mucho más.
Y ahora, en su aniversario, Hermione se iba sin importarle nada.
Draco se escondió en las sombras toda la noche, esperando que ella vuelva, de ser posible viva y en una sola pieza. Pensar en ella lastimada le daba grima y lo asustaba hasta la a todo lo divino, ella volvió. Nerviosa y llorosa, pero lo hizo.
Estaba magullada, ansiosa y se notaba que necesitaba a toda costa un abrazo.
-A la mierda todo- masculló.
Y se acercó, y en medio de San Potter y todos sus amiguitos se le acercó con cautela.
-Piérdete, Malfoy.- le dijo con desprecio el pobretón, acercándose de manera protectora a su novia, y eso lo enfureció hasta la mierda.
-¿Estás bien?- Preguntó con una indiferencia glacial, mostrándose altivo pero con sus ojos echando puro fuego. Era una mirada hermosa, demostrando que a él ls caretas ya le importaban una mierda, y rogaba silenciosamente que ella hiciera lo mismo.
Y en ese momento la leona mandó todo al carajo y llorando se abrazó al chico que amaba y lo besó con fervor, para sorpresa de todos. Ron estaba en estado catatónico.
-Oh Draco- sollozó- Fue horrible. Tu padre estaba allí y tu tía... tu tía lo mató. Me duele Dragón, nunca dejará de doler. No sé qué hacer, amor, no sé qué hacer...- y aferrándose a Draco como una lapa, lloró en su amplio pecho, y el le devolvió el abrazo, con odio burbujeando en su corazón.
Draco estaba seguro de que si tenía que elegir entre su novia o su familia, no había discusión alguna. Durante años él estuvo guardando dinero en su propia cámara de Gringotts y ya manejaba una pequeña fortuna que le alcanzaría para huir con Hermione a cualquier lado, costase lo que costase.
-Herms- la tranquila voz de Potter lo sobresaltó, y se giró para encontrar una olla a presión a punto de estallar. Chispas verdes salían de la punta de su varita que él sabía que se estaba esforzando para no utilizarla contra él. Se volvió, con su novia aún en sus brazos- ¿Qué leches hace Malfoy abrazándote, preciosa? Creo que hay algo que se me está escapando y esta noche no estoy para más circo.
Y Hermione, armándose de valor, enfrentó a sus amigos en la fatídica noche.
Y partiendo de esa base, el trío empezó a mutar lentamente. Yq no eran tres, sino cuatro los apiñados para salvar el mundo mágico. Y así fue que, cuando partieron en busca de las Reliquias de la Muerte, fueron todos juntos, como equipo. Y qué equipo, joder. Porque cada uno de ellos estaba dispuesto a saltar al vacío si le decían que uno de los otros tres estaría ahí para atraparlo. Confianza ciega y pura.
Pero esa es otra historia, y debe ser contada en otro momento.
