Capítulo 2: Sentimientos bajo cero.
Para Gray Fullbuster no había nada más frustrante que ver una estufa con patas y cabello tan rosa como el algodón de azúcar sentarse a pensar las cosas. Natsu era su mejor amigo, el hermano que nunca tuvo, pero esta era la clase de situaciones que lo hacían divagar entre su fría personalidad o socorrer a un idiota de fuego en apuros.
—Oye, Natsu —El azabache se rascó la sien, aun incómodo ante lo sucedido hace un par de horas —, ¿me podrías explicar qué demonios sucede contigo? Tú nunca piensas demasiado las cosas.
El pelirrosa levantó su rostro, aun sopesando la insufrible idea que rondaba en su mente. Era cierto que él no era la persona más inteligente, ni un estratega de primera, pero cuando se lo proponía podía ser casi tan perspicaz como Levy.
—¿Crees que Lucy quiera hacer un nuevo equipo con Erza? —El Dragon Salyer de fuego cruzó sus brazos y apoyó su cabeza sobre un gran roble, pensando en lo que la nevera nudista podría decir al respecto.
El alquimista enarcó sus cejas y miró un punto fijo en la nada, pensando tal vez que su amigo estaba exagerando las cosas; pero, ¿qué otra explicación podría darle a la extraña petición de Lucy? Si ella quería volverse más fuerte, ¿por qué no entrenaba con sus espíritus estelares?
—¿Has echado un vistazo a su bitácora otra vez? —El pelirrosa palideció ante la pregunta y volteó su rostro con cierto sentimiento de culpa —. Bueno, a lo mejor esté molesta y tan solo quiere que le des espacio.
—¡Me niego rotundamente a dejarla sola! —Refunfuño al mismo tiempo que escuchaba la voz de Happy llamándolo para ir de pesca —. Voy a convencerla de que no se vaya con Erza, ya lo veras…
Gray lo dejó ser y tomó entre sus manos el anillo de plata que ahora colgaba de su dedo. Echaba de menos a Juvia, pero no podía darse el lujo de perderse en sus pensamientos; estaban en un punto crucial en su misión para derrocar a los cinco dioses dragón y no iba a bajar la guardia.
El matrimonio era de las cosas que más le aterraba, nunca imaginó que llegaría tan lejos con ella. Estaba seguro que la amaba y la protegería con su vida de ser necesario; arriesgaría todo lo que estuviera en sus manos para devolverle tantos años de rechazo y espera.
—¿Gray, no vienes con nosotros? —La voz de Happy lo sacó de sus pensamientos y asintió con desgana ante la sonrisa bobalicona que le dirigía Natsu al señalar con su cabeza un tumulto de ropa que estaba en el suelo.
El azabache no pudo evitar dirigir su vista ante la brisa que recorría su ahora piel desnuda. —¡¿Cuándo demonios me quité la ropa?! — preguntó para sí mismo mientras de un salto todas sus preocupaciones se esfumaban y se vestía antes de que Erza lo apaleara por sus extraños hábitos.
—Estoy seguro de que Juvia está esperando por ti, sin importar la respuesta que le des —Declaró el pelirrosa al ver que Happy se había adelantado y ahora veía al alquimista con un leve sonrojo —. Intenta ser sincero contigo mismo, de seguro ya tienes la respuesta a su pregunta.
Gray se congeló en su sitio y sintió con el anillo se aferraba cada vez más a su dedo. Natsu había perdido la cabeza, ¿cómo podría tener la respuesta así de fácil frente a algo tan complejo? No sabía siquiera que el pelirrosa estuviera al tanto de la petición de Juvia; pero lo que más le daba escalofríos era el hecho de que sabía a ciencia cierta lo que era el matrimonio.
—No pensé que supieras tan siquiera el significado de amar —Espetó con voz socarrona y una media sonrisa —. Todos te tomamos por un idiota gran parte del tiempo, pero eso no quita que tengas tus momentos de lucidez.
El Dragon Slayer se limitó a encogerse de hombros y dirigir su mirada al gran cielo que se extendía sobre sus cabezas. Un sentimiento de nostalgia pareció invadir su pecho al recordar a Igneel, pero antes de reconocerlo por completo, sus pies ya se movían por si solos.
—Natsu, los corazones de los humanos son frágiles —Habló su padre adoptivo con una voz tan serena que erizó los bellos de su piel —, es por esa razón que nunca debes subestimar el poder de los sentimientos. Ellos te guiaran a la felicidad.
—¿El poder de los sentimientos? —El pelirrosa pareció procesar la información —. ¿Podre ser tan fuerte como tú, si consigo entenderlos? ¿Es esa cosa del matrimonio a lo que te refieres?
—Algo así —Igneel usó su garra y dibujó en la húmeda tierra un hombre y una mujer —, dos personas sabrán si quieren estar justas por el resto de sus vidas, solo si comprenden la magnitud de sus sentimientos. Puede que no lo entiendas ahora, pero con el pasar del tiempo…
—No me interesa sí eso significa que puedo llegar a ser tan fuerte como tú —El pequeño hijo de Igneel borró con su mano la feliz pareja en el suelo, y dibujó en su lugar la figura de su padre —. Mira, este eres tú. Tú eres mi fuerza, papá.
El gran rey dragón de fuego sonrió con calidez al pequeño pelirrosa y miró con cariño el dibujo que antepuso su hijo. A pesar de que no le quedara mucho tiempo a su lado, estaría dispuesto a enseñarle lo que fuera necesario para verlo crecer y vivir su vida tanto como le fuera posible.
—Te amo, hijo mío —Una traicionera lágrima recorrió las escamas escarlatas de Igneel, llamando la atención de Natsu.
—Y yo a ti papá, más que nadie en el mundo —Sonrió el pelirrosa en respuesta, abrazando a su padre y quedando profundamente dormido, justo antes de desaparecer y dejarlo a su suerte durante diecisiete angustiosos años.
—¿Escuchaste, Natsu? —Preguntó Erza con una mirada amenazadora mientras el pelirrosa volvía a la realidad y se echaba hacía atrás —. No quiero que cuestiones mis ordenes durante el entrenamiento.
El pelirrosa cayó en la cuenta que el día se había pasado tan rápido que en un abrir y cerrar de ojos el sol ya se había puesto; no podía evitar pensar que era peligroso estancarse en el pasado, pero allí estaba, con sus amigos y la marca del gremio sobre su hombro izquierdo.
—No sabes de lo que te está hablando, ¿verdad? —Happy cubrió su boca para no reír tan alto, fallando estrepitosamente —. Es una suerte que esté tan entusiasmada con el entrenamiento de Lucy como para darse cuenta que tenías la mente en las nubes.
—¿Acaso no estás molesto por el hecho de que Lucy ya no pase tanto tiempo con nosotros? —Natsu no pudo evitar sentirse solo al pensar que el pequeño Exceed no le daba mayor importancia al asunto.
—¿Por que debería estarlo? Ella hizo una promesa, así que no hará nada para romperla. Somos sus amigos y ella nunca nos abandonaría.
El Dragon Slayer de fuego no supo que contestar al respecto. Si bien parecía que estaba delirando con el hecho de que Lucy se fuera del equipo, la verdad era que muy en el fondo sentía que ella se empezaba a alejar de formas que el nunca imaginó posibles.
Podría ser idiota, pero su instinto nunca le fallaba. No importaba si Lucy quedaba impresionada con las habilidades de Erza y le ofrecía ser un equipo, él iba a ser cientos de veces mejor que ese demonio escarlata.
¡Hola nuevamente a todos!
Quería agradecer a las lindas personas que me dieron su apoyo en este nuevo proyecto, y decirles también como va a ser la dinámica en los próximos capítulos. El primero aludía a Erza y Lucy, y el segundo hace alusión en esta ocasión a Gray, Natsu e Igneel; sé que puede llegar a ser un poco confuso al principio, pero a medida que pase el tiempo —espero yo— que pueda dilucidarse la forma en que desembocará todo.
Pensé que sería buena idea tener presentes las enseñanzas de igneel, sabemos que Natsu es muy denso a la hora de interpretar situaciones complejas, pero aun así hay un rayo de esperanza para Lucy al final del túnel.
Los quiere y espera siempre, su fiel servidora Etherias.
