"Este relato participa en la tabla Alergias de Primavera organizado por De aquí y de allá by TanitBenNajash"
Palabra: Embrujo
Personaje: Neville Longbottom
Cantidad de palabras: 709
Noticia
Hannah no dejaba de temblar y estaba poniendo más nervioso a Neville.
—Tranquila.
Rodeó sus hombros y le dio un apretón cariñoso en el brazo. Ella le sonrió agradecida.
—Es solo que estoy un poco preocupada. ¿Y si no le gusto? —preguntó, verbalizando el motivo de su temblor.
—A mi abuela no le gusta nadie, ni si quiera yo —bromeó.
Por mucho tiempo había creído eso. Pero ahora que era un adulto y había pasado por tantas cosas, entendía un poco mejor a su abuela. Ya habían hablado y la anciana le había expresado que en realidad estaba muy orgullosa de él.
A pesar de eso, tenía que reconocer que también estaba un poquito nervioso. Era muy importante para él que su abuela viera en Hannah todo lo que él veía: a una bruja inteligente, valiente, amable y hermosa. Además, le asustaba que a su ahora prometida le intimidara tanto la mujer que quisiera cancelar todo y mandara a volar a Neville de pronto. Aunque ella le jurara que eso no iba a pasar, aprobación de la abuela o no.
Se aparecieron en la entrada de la casa de Augusta, tomados de la mano. Antes de que pudiera tocar la campana la puerta se abrió y Paltry, el elfo doméstico, los saludo con una profunda reverencia.
—Mi ama los espera en el salón, amo Neville.
Los años no habían sido amables con su abuela, pero a pesar de las arrugas y el cuerpo empequeñecido por la edad y las angustias, seguía siendo majestuosa.
—Neville, querido, veo que trajiste a alguien. ¿No vas a presentarme?
—Abuela, ella es Hannah Abbot, mi novia.
—Mucho gusto, señora —la saludó Hannah.
De todas las reacciones posibles que había imaginado, nunca pensó que vería a su abuela sonreír de esa manera.
—¡¿Tú novia?! ¿Desde hace cuándo? ¿Por qué no me habías dicho nada? —Dio unas palmadas a un lado suyo en el sillón—, ven querida, siéntate acá, quiero verte bien. Como entenderás estos ojos ya no son lo que solían ser.
Hannah rio, mucho más tranquila ante la reacción de la abuela e hizo lo que le pedía.
—Oh, eres muy guapa —Neville asintió complacido de ver que todos sus temores habían sido infundados y al ver a Hannah sonrojarse hasta las orejas—, aunque estoy segura de que mi nieto no cayó en tu embrujo sólo por tu cara bonita.
Más tranquilo decidió sentarse en otro de los sillones y esperar a que su abuela volviera a dirigirse a él. Pese a las preguntas que le había hecho, parecía que se había olvidado de requerir una respuesta.
—Espero que no, señora —contestó Hannah, abrumada por las atenciones.
—Oh, llámame Augusta, por favor, querida. Dime, ¿dónde conociste a mi nieto?
—Nos conocimos en Hogwarts.
—Ah, maravilloso. El mejor lugar sin duda para conocer al hombre ideal. Ahí conocí a mi esposo —la mirada de la mujer se ensombreció un poco— y los padres de Neville ahí se conocieron también.
Hannah no podía más que asentir. Neville mientras estaba esperando el momento ideal para que su abuela dejara de hablar para hacer el anuncio que le ponía nervioso
—Abuela —carraspeó un poco—, hay algo importante que venimos a decirte.
La mujer se puso seria de pronto y los nervios le regresaron a Neville de pronto. Se puso de pie para acercarse a Hannah y tomarla de la mano derecha.
—Ayer le pedí matrimonio a Hannah —soltó la noticia así sin más.
—Oh.
Neville vio reflejado en el rostro de la mujer cientos de emociones, y por segunda vez en la noche lo sorprendió la reacción. Pues su abuela empezó a llorar de pronto. La pareja la observó sin saber qué hacer. Neville nunca la había visto llorar y no estaba preparado para ello.
Después de cinco incómodos minutos Augusta sacó su pañuelo y se limpió las lágrimas.
—Discúlpenme, la edad me ha vuelto blandengue. Me alegro mucho por ambos.
—Gracias, abuela.
Todo había salido mejor de lo que esperaba. Esa velada cambió muchas cosas de la forma en la que veía a la mujer que lo había criado y eso lo hacía feliz. Estaba seguro de que Hannah se sentía de manera similar: tranquila y feliz. No había nada más que pudiera pedir.
