La primera vez que lo mire fue a inicios del semestre. Un chico muy callado y serio que rara vez sonreía o se juntaba con alguien más que no fuera su amigo moreno.

Pese a que él era tan simple, llamo por completo mi atención.

No es como que tuviera un tipo, pero él parecía ser la clase de persona que solo te encuentras una vez en la vida.

Yuuri Katsuki era su nombre.

Y si alguna vez me hubieran dicho que ese chico podía ser tan atrevido nunca se los hubiera creído, bueno, con un poco de alcohol en las venas cualquiera pierde la timidez, pero Yuuri no era cualquiera.

En aquella fiesta había ido únicamente con la intención de chocarme accidentalmente apropósito con él, pero cada que quería acercarme una chica se interponía en mi camino y solo lograba ver como me dedicaba miradas furtivas. Lo cual hacia crecer mi interés en él más y más.

Justo cuando creía que simplemente no podría lograr mi cometido en toda la noche, paso. Yuuri se acerco por su propio pie a hablar conmigo. Fue uno de los momentos más divertidos e inolvidables de toda mi vida.

Escuchar como arrastraba las palabras y como me invitaba a bailar fue de lo mejor que pudo ocurrirme, aquella noche conocí una nueva fase del chico que se había llevado mi atención con su sencillez y dulzura.

Al final se desapareció su amigo que más tarde descubriría se llamaba Pichit. A duras penas, entre risas y tropezones, llegamos hasta su dormitorio. Él vivía dos pisos abajo de mi cuarto por lo que no fue tanto el problema llevarlo. Ya estando en su cuarto, me invito a dormir con él. Oportunidad que no desaproveche por supuesto.

Fue la primera vez que compartí la cama con Yuuri, fue muy divertido. Aunque si lo pensaba bien, toda esa noche fue divertida. A la mañana siguiente fui el primero en despertar. Yuuri se miraba muy cansado por lo que no me moleste en levantarle para las clases. Me puse mis zapatos y salí de su cuarto tan silenciosamente como me había sido posible.

Ese día él no asistió a clases.


—¿No vino ayer tu bulto de amor? —se burlo Chris mientras me empujaba con su codo. Fruncí levemente el ceño. Odiaba cuando lo llamaba así pero ya me había rendido de corregirlo.

—No, y no sé si hoy también faltara —dije suspirando.

—Oye, se me estaba ocurriendo algo que probablemente te guste.

—No sé Chris, tus gustos y los míos difieren un poco.

—¿Qué te parece si te haces compañero de mesa de Yuuri? —inquirió y para mi sorpresa no era mala idea.

Pichit no solía tomar casi ninguna clase con Yuuri, por lo que el siempre estaba solo en su mesa. Por ende, si se lo pedía tendría muchas más excusas para poder hablar con él.

—¿Estas bien quedándote solo? —pregunte no muy seguro.

—Todo sea porque consigas a tu bulto de amor.

De pronto, como si lo hubiera invocado, lo mire caminar unos metros más al frente. Chris siguió mi vista hasta toparse con el pelinegro.

—Mira que cara se carga —silbo al decirlo y luego volvió a darme otro codazo—, deberías de comprarle un café, ya sabes, para ver si eso lo anima un poco —sugirió para luego guiñarme un ojo.

Me tomo un par de segundos captar a que se refería.

Camine hasta el puesto de café y compre dos expreso, una vez los tuve en mi poder me di la vuelta y camine rápidamente para poder interceptar a Yuuri. Cuando Yuuri por fin reparo en mi presencia ya estaba de pie frente a él con una de mis mejores sonrisas. Le extendí uno de lo cafés, el cual tomo después de un instante muy incomodo.

—¿Ya te sientes mejor? —había dicho lo primero que se me vino a la mente.

Yuuri sonrió quedo.

—¿Fuiste tu quien me llevo a mi habitación?

Solo atine a sonreír ante la pregunta. Y a él le basto eso.

—¿Te molestaría si el resto del semestre soy tu compañero de mesa? —pregunte de pronto antes de que mis cinco minutos de valía pasaran. Él me miró sorprendido pero no se negó, es más, el que no lo hiciera me tomo desprevenido.

Todo salio tan bien que inclusive temía meter la pata.

Al principio Yuuri era un poco retraído, casi no hablaba y por lo regular me contestaba por cortesía, sin embargo, conforme las semanas pasaban comencé a romper la burbuja en la que se había sumergido hasta que por fin me sonreía sin esfuerzo.

Pese a que constantemente le invitaba a salir conmigo y mis amigos, rara vez aceptaba y cuando se negaba prefería quedarme a su lado y saber un poco más de él. Se que eso le molestaba pero él no conocía mis intenciones detrás de mis acciones. Durante tres años fuimos amigos y durante tres años conocí tantas cosas nuevas de aquel dulce y sencillo chico.

Cuando cumplimos tres años de conocernos, comencé a planificar con mis amigos como declararme, si bien para ellos ya me había tardado tiempo -en parte era cierto-, ellos no conocían a Yuuri tan bien como yo. Y es por ello que el declararme de la nada habría causado que él se cerrara como una ostra.

Durante dos semanas cuidamos cada detalle de lo que ocurriría ese día, exceptuando una cosa: la respuesta de Yuuri.

Aún cuando Mila decía que si me diría que aceptaba, ese pequeño gusano de inseguridad me decía que Yuuri no me veía de esa forma -aun cuando en la fiesta de hace varios años se había portado coqueto-

Y cuando el momento llego, dijo que si. Bueno, lo hizo tácitamente pues estaba llorando debido a la emoción.

Después de eso todo marcho sobre ruedas. Haber estudiado el idioma de las flores me había servido mucho. Con ello pude enamorar de una forma diferente a Yuuri. Conforme el tiempo pasaba, más me daba cuenta de que Yuuri era mi alma gemela. Y para cuando nos graduamos, comenzamos a vivir juntos.

Él adoro a Makkachi. Y sabía porque, le recordaba a su cachorro que había perdido.

Y como si el destino nos sonriera, un tiempo después nos casamos. No podía pedir más. Tenía al chico más hermoso y dulce del mundo, una hermosa familia y una casa preciosa. Todo era tan perfecto, que cuando la realidad nos alcanzo fue devastador.


Yuuri no me dice nada cuando de estar enfermo se trata. Los japoneses son muy, como decirlo... ¿cerrados?

Todo lo malo se lo guarda para él, no quiere preocuparme, pero no sabe que al no decírmelo, me preocupa más que si me lo hubiera dicho. Se que lo hace "por mi bien", pero bueno, Yuuri muchas veces es un poco -por no decir mucho- ignorante de lo que los demás puedan sentir.

Y si bien Yuuri no me decía nada, sus amigos no eran precisamente disimulados, en especial Yura. Ese chico se había convertido en el hermano menor de mi cerdito que lo cuidaba con su vida.

Al principio no le tome mucha importancia, supuse habría sido un mal día en el trabajo, sin embargo, conforme los días pasaban algo cambiaba poco a poco en Yuuri. Su humor estaba por los suelos, cada vez hablaba menos conmigo y se chocaba bastante con las cosas, aún con sus lentes puestos.

Cuando comencé a sugerir que tal vez necesitaba otra graduación él solo me sonreía y decía que no era nada, que simplemente tenia la vista cansada. Pero yo sabia que no solo era eso, había algo más, mucho más importante detrás de todo eso que no quería contarme.

Y eso comenzó a molestarme.

¿No tenia la confianza para decirme si algo le molestaba? ¿Por qué no me lo contaba? ¿Qué le detenía de hacerlo?

Cientos de preguntas se arremolinaban en mi cabeza, como un torbellino tratando de buscar una respuesta, una que no llegaba.

Mi dulce y sencillo chico cada vez se cerraba más, se distanciaba más y ya no sabia que hacer con eso, no sabia como tratar con la depresión de Yuuri.

Intente hablar con Yura, pero el tampoco me dijo nada, solo que fuera lo que le pasara a Yuuri no le incumbía a él.

¿Qué puedo hacer cuando la persona que más amas no te dice lo que tanto la lastima?


Soy una persona muy distraída, demasiado diría medio mundo.

Y en parte era cierto, soy distraído con las cosas que no me importan pero con Yuuri era diferente, cada pequeño detalle que en él cambiaba, me daba cuenta de ello.

Mientras lo miraba caminar por la habitación estirando sus manos para no chocar con los muebles, mi ceño se frunció levemente.

¿Qué tenía?

Era obvio que tenia que ver con sus ojos, su visión cada vez era peor, el otro día casi se quemo con la estufa, ahora tiene prohibido entrar en la cocina si no soy yo o Pichit que últimamente viene mucho.

Le seguí en silencio por el pasillo, pero rápidamente fui despachado.

—Víctor, estoy bien, no necesito que me sigas a todas partes —dijo con un tono seco.

Nada de mi chico dulce.

—Yuuri sea lo que sea que te moleste, puedes decírmelo —le dije acercándome hasta él, tomando sus manos entre las mías. Él trato de soltarse pero no lo deje ir.

—No tengo nada... se me hace tarde Víctor —musito desviando la vista, aquellos ojos chocolate que tanto amaba ya no brillaban cuando me veía, en realidad ya no brillaban con nada.

—Yuuri, ¿confías en mi?

Torció los labios en respuesta y mis manos le soltaron.

¿No lo hacia?

Lentamente se dio la vuelta y Makkachin le siguió hasta la puerta. Me quede estático en mi sitio escuchándolo abandonar la habitación.

Un nudo de dolor y frustración se comenzó a formar en mi garganta, apreté los puños con fuerza mientras veía como Makkachin volvía a mi lado, mirándome con tristeza.

—¡Hey amiguito! —llame agachándome hasta su altura, acariciando su cabeza—, ¿crees que se acabo? ¿Ya no me ama como antes? —murmure sintiendo mis ojos arder.

La sola idea de imaginar como Yuuri me abandonaba hacia a mi corazón oprimirse, no podía ser posible que Yuuri hiciera eso... ¿verdad?

—¿Por qué no me dice lo que tiene Makkachin? —mis voz salio temblorosa y de pronto se rompió.

Sin poder evitarlo comencé a llorar.

Abrace a mi caniche y suspire profundamente contra su pelaje.

—¿Por qué..?


Todas las teorías e hipótesis que pude formar en mi cabeza desaparecieron cuando la oración de la verdad abandono los labios de Yuuri.

—Me estoy quedando ciego, Víctor.

Un vértigo mortal amenazo con tragarme de un momento a otro. Mi esposo, el amor de mi vida, se estaba quedando sin vista.

No podía ni imaginar todo el miedo e impotencia que debía de estar pasando Yuuri, pero eso no justificaba que en esas dos semanas no me hubiera dicho ni una sola palabra de nada.

—Y creo que lo mejor será terminar esto.

Parpadee un par de veces consternado, ¿él acababa de decir eso?

—Pero Yuuri...

—No quiero ser una carga... —dijo apretando sus puños.

—¡Y no lo eres! No lo seras nunca, Yuuri.

—Víctor, no quiero que te quedes a mi lado solo por hacerlo, me convertiré en una persona que no servirá para nada y no quiero atarte a mi por eso...

—¡No! No me importa que motivo digas, no me importa que excusa utilices, nada y escúchame bien, nada en este mundo me hará renunciar a ti —me acerque hasta el y apreté sus mejillas mientras las acariciaba—, podemos superar esto.

—Pero yo...

—Yuuri, cuando dije esos votos los dije bastante en serio, en las buenas y en las malas —musite acercándome hasta él, rozando su nariz con la mía—, en la salud y la enfermedad —mis labios rozaron los suyos y pude sentir sus lagrimas mojando mis manos—, hasta que la muerte nos separe. Soy tuyo y tu eres mio.

Lo que siguió a eso son una serie de imágenes difusas.

Yuuri me abrazo con fuerza mientras escondía su rostro en mi pecho me pedía perdón por todo, por no haberme dicho, por no haberse sincerado antes. Y yo solo lo estreche contra mi.

Sabía porque lo había hecho.

Inclusive yo tenía miedo, miedo de que se hiciera daño, miedo de que de pronto un día desapareciera de mi lado, miedo a que las cosas ya no fueran como antes. Aquella noche hablamos hasta que la se hizo de día.

Yuuri me explico con calma toda su situación y yo le escuche atento. Pese a que él mismo dijo que no quería someterse a esa operación, yo sabía que no quería quedar ciego, y de ser posible reuniría todo ese dinero. De eso no había duda.

Las cosas podrían ponerse difíciles pero mientras tuviera a ese adorable chico que conoció en la universidad a su lado, todo podría pasar sin mayor problemas.

Porque cuando tienes al amor de tu vida al lado, los buenos y malos momentos pueden pasar y quedarse, marcharse. Sin embargo, su amor seguiría intacto.

Y de eso no cabía duda.

—Te amo, Víctor.

Una tenue sonrisa creció en mis labios mientras besaba su frente.

—Te amo, Yuuri.

FIN


Lo he dejado en un final abierto porque este tipo de problemas no se arreglan en mil palabras, es un proceso muy largo.

Proceso que ellos dos están dispuestos a cursar juntos.

Gracias por haber leído.