Capítulo 1 "El Niño Maldito"

"Solo eres un idiota sin Quirk, que podrías hacer en contra de nosotros"

- Decía un niño alto mientras pateaba a otro niño de menor tamaño.

Se encontraba en el suelo, en posición fetal, con muchos moretones visibles en su cuerpo, se abrazaba a sí mismo intentando evitar que le causarán más dolor. Era un niño de cabello verde con un peinado que destacaba por sus risos.

"Deberías aprender que nadie te quiere cerca, nadie en la clase te soporta, incluso les enfermas, les das náuseas, hasta nos quitas las ganas de comer" - Otro niño habló causando más dolor, aunque esta vez era psicológico.

Lo que el niño decía no era mentira, los otros niños de verdad se sentían con náuseas cuando estaban cerca de él, muchos perdían el apetito, otros tenían dolores de cabeza de la nada y habían algunos casos de otros que vomitaban. Era verdad, algo con lo que vivía, sabía que todo lo que le pasaba a los otros niños era cierto.

Lo que no sabía era cómo pasaba, más bien, no sabía porque pasaba, el no poseía tal poder, de hecho no poseía ningún tipo de Quirk, nada que pudiese explicar porque causaba esas sensaciones en sus compañeros.

"Al final la única explicación es que esta maldito" - decía el niño alto mientras posaba su pie sobre el niño estaba en el suelo.

"Si exactamente, esta maldito y tampoco tiene Quirk!, jaja" el otro niño hablo mientras se reía de la situación.

"K-Kacchan..." - El niño en el suelo murmuró en dirección detrás de la pareja de niños que le estaban molestando.

Era un niño alto, de cabello amarillo y puntiagudo, por su estatus detrás de los otros dos se podía suponer fácilmente que era el líder del grupo.

"¿Hmmm??, Quien te dijo que podías llamarme de esa manera con tanta confianza ¡Deku!" - El rubio habló de manera amenazante, haciendo notar su autoridad en el grupo.

"Solo eres Deku, no tienes Quirk y estás maldito, deberías de morir y volver a nacer, quizás así podrías servir para algo"

El rubio y sus dos amigos eran uno de los pocos niños que no se veían afectados por náuseas o falta de apetito, pero eso no les impedía molestar al niño en el suelo.

"K-Kacchan, yo solo..." - El niño en el suelo volvió a murmurar.

"¡TE DIJE QUE NO ME LLAMARAS ASÍ!" - El niño grito mientras expulsaba pequeñas explosiones de sus manos en dirección del niño en el suelo.

"¡AAAGGH! " - Él niño de cabello verde grito por el dolor.

El abuso físico que había recibido hasta ahora por fin había logrado que el niño se rompiera en llanto.

"Vámonos de aquí, solo hay un Deku llorón aquí, nada que valga la pena..." - El rubio se dirigió a sus dos compañeros.

"Si, Vámonos, ya no quiero tener nada que ver con él"

"Exacto, de todas formas esta maldito, así que es mejor si nos acercamos a él o nos veremos afectados por su maldición jaja"

Ambos niños respondieron a las órdenes del líder mientras se iban alejando.

Este tipo de sufrimiento, este dolor, estos sentimientos no eran raros para el niño de cabello verde, era normal, desde hace muchos años había sido diagnosticado sin Quirk y era un hecho real de que las personas a su alrededor se sentían mal al estar junto a él. Todo esto había logrado que sufriese una gran cantidad de abusos a diario, pero los que más le hacían daño eran los que provenían del niño rubio.

"K-Kacchan, solo quiero jugar u-ustedes..."

Volvió a murmurar como si aun estuviesen allí los niños que abusaban de él, como si no le importase nada de lo que había ocurrido.

Habían pasado algunos minutos y el niño de cabello verde ya se había recuperado de la paliza que había recibido, había sacudido su de polvo su uniforme y se hallaba caminando en dirección a su salón de clases.

Se encontraba en frente del mismo, solo debía de abrir la puerta para entrar y tomar asiento, pero no era algo fácil para el, ya que sabía lo que pasaría al entrar.

Cuando no pudo esperar más, se armo de valor para abrir la puerta y entrar al aula solo para encontrarse con lo que más temía.

Todos lo miraban, todos lo observaban como si de algún tipo de fenómeno de circo se tratase. El sabía que esto ocurriría, casi siempre ocurre, cuando entra al salón pasa, siempre lo observan y nunca eran miradas buenas, todas estaban llenas de mala intención.

"Es el Niño Maldito" - Murmuró alguien al momento de ver entrar al niño de cabello verde al salón.

"No lo mires o caerá una maldición en ti".

"Baja la voz o te esuchara y la maldición de verdad caerá en ti".

"Si de verdad esta maldito debería morir y dejarnos en paz".

Estos eran algunas de las palabras que escuchaba, cada vez que alguien lo veía, no sólo en el salón de clases, en toda la escuela pensaban así. No solo eran sus compañeros de clases, también pensaban así los de otras clases, incluso había logrado escuchar a algunos profesores hablar así, todos odiaban la existencia del Niño Maldito.

Sin embargo el sólo escuchaba una palabra, una que se quedaba grabada en su mente, esta se repetía y repetía en un bucle infinito.

"Muere, muere, muere, muere, muere, muere, muere , muere, muere, muere, muere, muere, muere, muere, muere, muere, muere, muere, muere, muere, muere, muere, muere, muere, muere" - Es todo lo que podía escuchar, eran los deseos de sus compañeros, de sus profesores, incluso pensaba que eran los deseos de las personas en general.

El ignoraba a todos hablar pero dentro de él solo podía esuchar eso, la palabra "muere" estaba grabada en su mente, desde que entraba a la escuela hasta que salía de ella solo pensaba en esa palabra.

Pero cuando escuchaba la palabra venir de cierto niño en concreto lo hacía temblar aún más.

"Muere" - Dijo el niño de cabello amarillo y puntas puntiagudas. Él ya se encontraba en el aula junto a sus dos compañeros uniéndose a todos mientras hablaban del niño de cabello verde.

Lo único que pudo hacer en todo ese tiempo fue sobrellevar este tipo de abuso o al menos eso intentaba. Era difícil, pero no podía hacer nada más, los profesores no hacían nada y aunque no había pruebas de que el era la causa del malestar en sus compañeros, le culpaban de todas maneras.

"El Quirk Maldito" - Dijo alguien en el aula.

"De qué hablas, el no tiene Quirk..."

"Quizas si tenga uno, solo que esta maldito y por eso no lo podemos ver"."Que Aterrador..".

Esto tampoco le sorprendía, el mismo lo pensó alguna vez, quizás si tenía un Quirk pero este estaba maldito y por eso los médicos no lo podían detectar, quizás era algo sobrenatural, algo que la medicina no podía manipular.

Pero el no se mentía a sí mismo, el sabía muy bien lo que le dijeron muchos médicos a él y a su madre, no poseía un Quirk, era imposible, ya lo hubiese manifestado.

Esto solo le afectaba más, volviéndolo más inestable, encerrandolo en una obscuridad de la cual no sabía si podría volver, si podría salir de ese abismo infinito en el cual estaba cayendo.

Lo que nadie sabía era lo perjudicial que era para todos ellos, el abusar de él, no sabían que las náuseas, dolores, vómitos eran causados precisamente por los abusos a los cuales sometian al niño.

Cada vez que lo intimidaban, insultaban o abusaban físicamente de él no sabían que estaban jugando con el diablo, cada vez que lo hacían rozaban un muy fino hilo que de cortarse, les causaría un destino peor que la muerte.

Pero eso no les importaba, al final lo único que querían era intimidar al niño, si, al niño Izuku Midoriya.

Pero para Izuku Midoriya no todo era malo, no todo estaba perdido, el no estaba solo y aunque no tuviese amigos, la tenía a ella, a su madre.

Inko era amable con el, nunca lo había tratado mal, siempre lo protegía, era normal, ya que el deseo de una madre es criar y proteger a su hijo.

El solo debía esperar que la campana sonase para dejar la escuela e ir a casa, el sabía que su mamá lo esperaba, que llegaría para ver por televisión su serie favorita de Super Héroes mientras su madre le hacía la cena y lo consentía.

En su hogar estaba su paraíso, estaba su zona de confort y sobre todas las cosas estaba la única persona que de verdad lo quería por lo que era, la única persona que lo trataba como un humano, era normal normal que ella actuase de esa manera, ya que era su madre pero esto no le importaba, ese amor que ella le daba era lo único que mantenía unido su corazón.

Sin ese cariño, sin ese apoyo, sin esa compañia que le daba su madre, hace mucho se hubiese roto, pero para el, no todo estaba perdido.

Lo que él no sabía, era que su paraíso, su zona de confort era tan frágil como lo era él.