Capítulo II
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La ceremonia estuvo muy bonita.
La novia caminaba del brazo de su abuelo con una enorme sonrisa de alegría. Al abuelo en cambio, se le notaba que le costaba un poco caminar al ritmo de alguien más joven. Sin embargo, más de un presente —incluyendo a ella— se había quedado atónito al ver que el anciano sonreía orgulloso de su nieta como si no fuera su padre, y empezó a caminar como si no tuviera ochenta y ocho años de edad.
Se sentía orgullosa de él.
Su abuelo era como un viejo árbol robusto y fuerte, aguantaba cualquier dolencia que la vida le pusiera. En el fondo, con todo su ser, Rin deseaba que esa misma fortaleza le perteneciera. Y que por las noches dejara de llorar tanto recordando lo que perdió hace quince años atrás. Sonrió aplaudiendo a la feliz pareja y con el afán de apartar esos pensamientos que solo lograban ponerla triste.
Miró al ahora esposo de su hermana con una amplia sonrisa, y no pudo sentirse más que feliz de que hubiera elegido bien a su compañero. El tal Bankotsu Shichinintai jamás fue de su agrado. Inuyasha Taisho, en cambio, era todo lo que una mujer como Kagome podría desear y necesitar para ser feliz.
De pronto, su mirada se estrelló con otra que estaba a un par de butacas más allá, bastante más alejada de la que ella estaba.
Por un momento, los vítores y los aplausos de los presentes dejaron de sonar y se fijó en un hombre alto y hermoso que miraba con indiferencia a los novios. Estaba muy alejado de la mayoría de los presentes, casi como si no deseara que se le descubriera en medio de ellos. Y Rin sintió algo de desconfianza. ¿Quién era aquel hombre extremadamente parecido a Inuyasha? Tenía el cabello lacio y plateado como Inuyasha, y también los ojos dorados, pero más alto y llamativo.
Supuso que debía ser su pariente, solo que con mejor cuerpo que el joven Taisho, quién de por si era sumamente musculoso y fornido. Este hombre lo era más, se le notaba bajo el traje que llevaba que lo era. Mucho más fornido y tonificado, mucho más sexy que Inuyasha.
¿Quién era ese hombre que parecía bastante calculador? Ni siquiera sonreía como los demás. No estaba feliz por que los jóvenes se casaban, entonces ¿qué hacía ahí? ¿quién era?
Las manos empezaron a sudarle, y era ridículo. Ella no lo conocía y ya le atraía. Estaba segura que ni siquiera era su tipo de hombre. Su aspecto frío e imponente se lo confirmaban. Le producía algo de pavor, y era ridículo. Acababa de conocerlo de lejos.
—Cielo —susurró su madre detrás de su oreja para llamar su atención. Rin se giró a verla con una sonrisa
—¿Si?
—¿Nos vamos?
—Claro —asintió recogiendo su bolso de la butaca donde se había sentado. Siguió a su madre por el sendero que ella estaba cruzando por en medio de algunos invitados.
Volteó su rostro para observar al sujeto, pero este ya no estaba. Parecía como si se hubiera esfumado de la faz de la tierra y Rin tragó en seco sintiendo de nuevo un pequeño temblor en su menudo cuerpo, se dispuso a continuar caminando tras la que era su madre adoptiva con paso ligero.
«Sólo creíste ver a un hombre guapo en la fila de enfrente, Rin, tranquilizate».
o.o.o
Durante toda la fiesta no pudo pensar en algo más que no fuera lo hermosa que se veía Kagome con su vestido de novia. Había sido un lindo detalle que su suegra le permitiera modificarlo al gusto de su hermana porque el anterior era más de señora de sesenta años. Sin embargo, había visto una que otra foto que la señora Izayoi le había enseñado, y no podía dejar de pensar en lo perfecta y guapa que se veía usando ese vejestorio. Era realmente magnífica. Como una princesa de hace muchos años, como de la era del Sengoku.
La versión de Kagome era más o menos lo mismo, pero con la excepción de que este era un strapless, y con mucha pedrería. A Rin le hubiera gustado un poco menos de ostentación, pero Kagome era diferente, a ella le encantaba llamar la atención donde quiera que iba. Y ella solía recordarle lo sangrona y hermosa que era por partes iguales. Sin embargo, la peliazulina se lo tomaba como un chiste, amaba demasiado a Rin como para enfadarse por sus comentarios, que en lo fondo sabía que eran nada más que una broma.
Sonrió.
—Kagome se ve hermosa, Rin —dijo su primo acercándose a ella y la miró de arriba a abajo con una dulce sonrisa— casi tanto como lo eres tú.
—¡Kohaku!
—¡Soy yo! —la abrazó con cariño, y Rin correspondió efusivamente a su muestra de cariño— ¿porqué estás tan sola?
—¿Eh?
—No sales a bailar.
—Oh —dijo asombrada y luego hizo un gesto quitándole importancia y le sonrió anchamente— no quiero pisotear a nadie. Tú sabes, dos pies izquierdos.
—Si, pero —la tomó del brazo, suavemente empezó a dirigirla hacia donde estaba la pista. Rin lo miró con los ojos suplicantes para que se detuviera, pero no lo hizo— no funciona conmigo.
—Kohaku —dijo posicionando a su lado y permitiendo que el joven le colocara el brazo en sus hombros y le tomara su mano— ¡Por favor! ¡no sé bailar!
—Pretendo enseñarte.
—No —negó ofuscada— voy a pisotearte.
—No lo harás.
—Claro que si —regañó en un susurro a su querido primo, miró a todos lados buscando como zafarse de eso. Si alguien la miraba para reírse a sus espaldas, pero no encontró nada de eso sino a casi todo el mundo bailando con su pareja, incluso su madre bailaba con un desconocido con el que se veía muy cómoda. Suspiró— todavía no puedo perdonarme el pisotón que le hice a Inuyasha.
—¿Al novio? —asintió y Kohaku soltó una carcajada divertida.
—¡No es gracioso! —dijo enojada al ver que se burlaba descaradamente de ella, Kohaku se limpió una lágrima de tanto reír y negó.
—Disculpa, es que es muy divertido.
—Já, ja.
—Ya —dijo calmándose y sonriendo más ampliamente— disfrutemos juntos del baile, sin imprevistos ¿te parece?
—Como gustes —sonrió— ya me obligaste a bailar contigo.
—No lo veas asi, solo relájate. Y disfrútame ahora que nuevamente estamos juntos —Rin sonrió alegremente cuando lo escuchó decir aquello.
—¿Cuándo llegaron?
—Hoy.
—Ah —dijo asombrada.
—Si, fue un viaje interminable —suspiró— ¿donde está tu madre? No la he saludado.
Rin señaló a un costado la mujer alta y de cabello enchinado que bailaba muy sonriente con alguien que jamás había visto. Frunció el ceño al verlo bien, tal vez si lo conocía, pero no se podía acordar de donde o de que circunstancias. Negó y se concentró en su primo.
—¿Y Sango? ¿cómo llegó?
—Bien —le aclaró, la verdad era que su hermana estaba agotada, había trabajado hasta el último día de la semana— en la oficina no le dieron permiso de viajar hasta hoy, por eso faltamos a la ceremonia. Estaba entusiasmada por ver a mi prima enfundada con el vestido de novia. Me había dicho que se la habían pasado horas intentando diseñar algo que la conformara —rió— creo que es especial.
—Ni que lo digas. Al final yo terminé de diseñar algo que le agradara, me tardé horas y horas buscando ideas en mi cuaderno para que quedara mínimamente apropiado para su gusto. Ya ves que quedó hermoso —dijo con orgullo. Kohaku asintió dándole la razón y sonrió.
—Cariño, no eres diseñadora.
—Diseñadora gráfica. Y graduada de la Universidad de Okinawa. ¿Se te olvidó que estuve cinco años soportando tus ruidosas amistades cuando quería estudiar?
—Te he visto diseñar logos para la fábrica de uniformes donde trabajas. Más nunca te he visto diseñar ropa. Ni una sola prenda.
—Bueno, siempre hay una primera vez ¿no?
—Por supuesto —dijo dándole un giro con una sola mano y tomándole de la cintura— por cierto, tu vestido me encanta.
—Gracias.
—Pienso que definitivamente ese es tu color —le alabó.
—Yo pensé lo mismo —recordó en el momento en que lo vio, se enamoró completamente de él— es color melocotón.
—Ya veo.
—¡Rin! —volteó para saludar a la dueña de esa dulce voz con una sonrisa.
—¡Sango! —soltó a Kohaku y empezó a abrazar a su otra prima con cariño— que bueno es verte. Justo hablábamos de ustedes. Que bueno que están aquí.
—Lo sé, perdón por el retraso.
—No te preocupes —dijo con emoción— ¿saludaste a la novia?
—¡Si!
Las mujeres se sentaron en una mesa vacía para continuar hablando del vestido de la novia, y Kohaku se sintió un tanto aburrido, así que se disculpó con la intensión de ir a beber un poco de licor. Rin y Sango asintieron sin dirigirle ni una mirada y el moreno sonrió alejándose de ahí.
Las chicas hablaban de lo lindo que había resultado el enlace, y lo bonito y enorme que era el patio trasero. Los Taisho poseían mucho dinero. Y Kagome se sentía agradecida —al igual que los su familia— de que no hicieran distinción de clases ya que ellos no poseían ninguna fortuna ni apellido importante. El banquete se realizó en la mansión Taisho, junto con la pequeña recepción de bodas antes de la ceremonia. La decoración era exquisita, de un tono blanco y un suave color dorado. Justo como habían escogido los novios. Rin observó a los invitados bailar una dulce balada romántica, y a Kagome entre ellos abrazada fuertemente de su esposo. Sonrió, estaba completamente agradecido de que ese cabeza hueca de Inuyasha al fin se hubiera decidido hacerla su esposa. Después de dos años de relación.
—Este lugar es precioso —susurró Sango, y Rin asintió dandole la razón.
—Y no has visto la mansión por dentro. Es realmente un lujo —Sango la miró sonriendo.
—Muestramela.
—¡Claro! —se levantó y tomó de la mano a su prima, en eso que iban a marcharse un hermoso traje negro con un moño y una camisa blanca se interpuso en su camino. Rin levantó su mirada y se encontró con Kohaku sonriendole con chulería y pasandole una copa a su hermana, quién le agradeció con una breve sonrisa.
—¿Qué traman?
—Nada —dijo rápidamente y soltando a Sango— voy a mostrarle a mi prima la mansión de los Taisho. ¿Deseas acompañarnos?
—Oh no —dijo rápidamente negando— Prefiero disfrutar de la velada sentado y solo con mi amiga —dijo dándole un sorbo a su copa cargada con algún licor que parecía ser muy costoso a juzgar por su color claro— ustedes diviértanse, señoritas.
—¡Anda!
—No.
—Está bien —dijo Sango pasando por su lado como si nada. Rin la miró caminar con sus tacones rojos altísimos y con su vestido a juego dirigiéndose a el interior de la propiedad, miró a Kohaku con una sonrisa y le señaló la mansión con la cabeza.
—Ven conmigo.
—No, cariño —dijo negando otra vez— a mi hermana le encantan los lujos, pero yo soy un poco más sencillo. Por eso Kagome y ella son uña y carne.
—Pero...
—Rin —su madre apareció de la nada sonriendo con una amplia sonrisa y prendida del brazo del hombre con el que ella la vio bailando hace unos momentos. Soltó un pequeño hipo que la hizo reír aún más— quiero presentarte a Onigumo Kou. Onigumo ella es mi preciosa hija Rin Higurashi —el sujeto la miró de arriba a abajo y le sonrió mostrandole unos dientes muy blancos y aterradores. Casi que parecían más colmillos. Le extendió la mano y la tomó para besársela con humedad excesiva. A Rin se le revolvieron las tripas por su actitud.
—Un placer.
—Igual —dijo con tranquilidad— mamá, creo que ha bebido un poco de más —Nahomi la observó por un momento, terminó sonriendo y quitando importancia al asunto con la mano— será mejor que te sientes. Te traeré un vaso de agua.
—Te acompaño —dijo Kohaku, no deseaba quedarse en ese lugar un segundo más y menos cerca de ese sujeto tan repugnante— con permiso tía —dijo levantándose de su lugar como todo un caballero, tomó a Rin del brazo y empezó a conducirla por el mismo sendero por el que Sango había desaparecido.
Caminaron sin prisa como si se trataran de una pareja normal, no de simples primos. Caminaron con parsimonia, con sus brazos enlazados como un par de novios por el centro de todos los invitados. Debían verse realmente bien juntos porque varias personas cuchicheaban sobre lo guapos que eran. Rin sintió ganas de reír, claro que Kohaku era guapísimo, sin mencionar sexy, pero las personas ahí no sabían que se trataba de su primo por eso sacaban conclusiones erróneas.
Cruzaron el enorme puente que dividía el patio trasero de la entrada a la mansión, donde de paso existía un pequeño lago. Esa mansión era una maravilla, se dijo pasando por el puente y comenzando a subir los escalones de la casa. Al entrar, un mayordomo de la familia les preguntó que era lo que deseaban y les dejó pasar. A Rin se le ocurrió que podrían haberle dicho que él mismo les trajera un vaso con agua, pero recordó que Sango estaba adentro de la casa, si es que había logrado entrar con facilidad, el mayordomo no tenía cara de ser muy paciente que digamos, así que suspiró y se encaminaron hasta el interior. Recordaba vagamente a donde estaba la cocina y guió a Kohaku en esa dirección, al pasar por una de las salas de living se encontraron con Sango quién se había quedado helada ante lo que sus bonitos ojos veían.
Rin y Kohaku miraron hacia la dirección que veía y ahí estaba un joven, un muchacho de no más de treinta y tanto años besando con pasión a una de las sirvientas de la casa. Rin no sabía su nombre, pero recordaba haberla visto cuando participaba de las cenas familiares y de la fiesta de compromiso. Era bonita, alta y llevaba un escote muy poco apropiado para llamarse "mujer decente".
Carraspeó.
—Sango —llamó a la joven, y no solo ella se volteó a verla sino también la pareja que hace segundos habían estado pasándose la saliva el uno al otro— ¿te gustó la mansión? —la susodicha no dijo absolutamente nada. Asintió y desapareció a todo lo que sus bonitos tacones rojos se lo permitieron.
Kohaku salió detrás de ella y soltó su brazo, preocupado.
—Hermana —pudo escuchar Rin a lo lejos que le llamaba Kohaku, pero Sango era una buena deportista aparte de empresaria. No le sería fácil alcanzarla. Se concentró en la pareja que ahora miraba la partida de los hermanos con curiosidad.
—¿Quién son, Miroku? —le interrogó la chica envuelta entre sus brazos, pero este pareció no prestarle la más mínima atención.
—¿Miroku? eres amigo de Inuyasha, ¿verdad? —el tal Miroku asintió— te recuerdo por la cena de compromiso. No dejabas de coquetearme, si fuera tú lo pensaría dos veces —le dijo hablándole directo a la chica quién infló sus cachetes en un mohín enojado.
—¿Otra vez?
Pero el chico no dijo absolutamente nada, solo se quedó mirando como bobo el lugar por el que Sango se había ido rápidamente y negó.
—Disculpa, nena.
—¿Discúlpa? ¿qué se supone que estás haciendo? —el joven negó y la soltó alejándose todo lo que pudo de ella— ¿q-qué haces? ¿a donde vas?
—Discúlpame, Kannah —dijo caminando en dirección a la salida, Rin lo miró curiosa. Parecía ¿afectado? ¿es que acaso su prima y Miroku se conocían? sonrió a la chica y le preguntó donde estaba la cocina intentando salir de aquel tenso enfrentamiento de pareja.
De mala gana le dijo que al final del pasillo, se retiró dando grandes zancadas, y pudo deducir el nivel de enojo en su pequeño cuerpo pálido y de tez excesivamente blanca. Su cabello era del mismo color, casi pensó que era pariente de los Taisho. Caminó donde la joven le habían indicado, tomó un vaso de la alacena, lo cargó con el líquido cristalino de la canilla y se dio la vuelta para marcharse. La casa si que era un verdadero lujo, hasta la cocina estaba construida en puro mármol color marrón chocolate. Una maravilla, se dijo.
Sus tacones se resbalaban un poco por el mármol del piso y empezó a caminar con más cuidado, antes no lo había sentido así porque venía sostenida de Kohaku, dio un paso tras otro, y deseó por enésima vez haber escogido unos tacones que fueran cómodos y un poco más bajos.
Con dificultad y algo de torpeza llegó a la salida y saludó al mayordomo con cortesía. Aunque poco caso le hizo, no borró su sonrisa educada en ningún momento, y caminó más tranquila por los áspero adoquines que la llevarían de nuevo al puente donde estaba el pequeño lago y por ende a la fiesta.
Caminó distraída y en el proceso un hombre venía caminando por el sendero contrario de Rin, se le acercó y con una cabezada la saludó pasándola de largo. A Rin no le gustó para nada la sonrisa sardónica que vio en sus labios y se apresuró a llegar más rápido al banquete de bodas. Su hermana la divisó a lo lejos, dejó en pausa la conversación que estaba manteniendo con unas personas y se acercó para abrazarla con una sonrisa.
—¡Cielo! —dijo tomando con un brazo el pomposo vestido para no pisarlo con sus tacones blancos— te he estado buscando desde hace rato ¿sabes porque Sango y Kohaku se retiraron de la fiesta?
—¿Eh? ¿Cómo que se retiraron?
Kagome asintió con tristeza y la miró a los ojos.
—Kohaku me dijo que Sango se sentía indispuesta.
—Ah —dijo con asombro— y... ¿no te explicó porqué tuvieron que marcharse?
—No —se mordió el labio inferior— me molestó un poco, de verdad quería pasar un poco de tiempo con ellos.
—Tal vez solo se sentían cansados. Recuerdan que llegaron hace un par de horas.
—Si tal vez es eso.
Llegaron a la fiesta y ahí Kagome continuó saludando a los invitados. Rin fue a llevarle el vaso con agua helada a su madre y se quedó conversando con algunos conocidos, entre ellos la señora Izayoi. A Rin le agradaba bastante, la quería como si fuera su propia madre, y se había portado especialmente bien con Kagome y con su familia. Rin veía en la señora Izayoi una mujer buena, amable y cariñosa. El señor Taisho estaba loco por ella y viceversa, así que no le costó imaginárselos así a Inuyasha y a su hermana en un par de años más.
No supo porqué, pero presintió que alguien le miraba su nuca inquicidoramente, intentó girarse, pero no tuvo el valor. Y no sabía porqué, le parecía algo tonto. Quizá Rin temía que se tratara de ese sujeto que su madre le había presentado, y que no le había caído muy bien. El tal Onigumo Kou.
Como sea que fuera, ignoró deliberadamente esa sensación de que alguien la observaba tratándose de convencer que estaba un poco cansada.
La fiesta terminó, y la familia de los novios fueron los primeros en saludarlos. La pareja se iría esa misma noche a su luna de miel y pensó que Kagome no podía verse más bonita con aquel pequeño vestido rosado que descubría modestamente sus largas y hermosas piernas de modelo. Era un belleza, Inuyasha no le sacaba la mirada.
Esperaba mucha felicidad y dicha para su hermana. Para ambos.
.o.o.o.
Sango y Kohaku se habían quedado de visita unos días en su casa, y todo parecía marchar de mil maravillas sino fuera porque Sango estaba todo el tiempo con el semblante triste. No hablaba mucho desde esa noche de la boda, y Rin comenzaba a sospechar que lo que fuera que le molestara a su prima era importante. Así que decidió entrar a la habitación que ambas compartían por el momento y la vio sentada en la cama mirando hacia la ventana.
—¿Sango? —llamó sentándose a su lado preocupada al ver que el plato que le había llevado con comida estaba intacto— ¿te sientes bien? No has probado ni un bocado.
—Estoy bien —le sonrió falsamente y le tocó el rostro con cariño— no te preocupes, Rin.
—¿Segura?
—Segura —se levantó de su lugar al lado de la ventana y se estiró inhalando hondo— ¿me acompañarías a ir de compras?
—¿Hoy?
—¡Claro! —dijo sacando su bolso del clóset que antes Rin compartía con Kagome, y que ahora estaban colocadas las cosas de la castaña— siempre me reanima.
—¿Osea gastar como loca?
—¡Sip! —hizo un puchero adorable— te compraré un vestido si me acompañas. ¿Qué dices?
—No quiero eso —rió y asintió—, pero si eso te reanima te acompañaré a todas las tiendas de ropa y accesorios que quieras.
—¡Y de maquillaje! —le guiñó un ojo y Rin respondió con una carcajada.
—Te advierto que aquí los precios son mucho más altos.
—Tengo mucho dinero para gastar, y quiero comprárme un nuevo juego de pantys.
Ya se cansó. Ir de compras con Sango era igual de desgastante que en Okinawa, con la diferencia de que allá no había tanta variedad como en Tokio. Y su prima se volvía loca cuando veía escaparates de perfumes y vestidos muy costosos de firmas como Channel y Armani, suspiró pensando en lo mucho que sus pies le dolían.
—¿Podemos sentarnos un momento?
—¡Claro que no!
—Pero llevamos caminando al menos dos horas. ¡Quiero sentarme!
—Rin no te ofendas, pero a veces eres más quisquillosa que el abuelo —rió y Rin enarcó una ceja sacandole la lengua— vale, vamos a cenar algún lugar, pero luego seguimos.
—Como quieras —suspiró buscando algún lugar para sentarse, al hacer observó que una pareja extraña pasaba cerca de ellas, y con paso algo tranquilo, demasiado.
Cuando los observó mejor, Rin se quedó helada.
—Sango —dijo Rin con un tono de voz muy muy bajito— ¿quién es él? —la morocha frunció el ceño mirando a donde le indicaba su prima y se sorprendió—. ¿Lo conoces? —asintió.
—Es el medio hermano de Inuyasha, se llama Sesshomaru Taisho —frunció el ceño más al ver la mujer que le acompañaba— y la que va al lado es su asistente. Quiere ligarselo desde hace años, pero él solo la ignora. Se llama Kagura Sakazagami.
Rin dejó de prestar atención a todo lo demás que le estaban diciendo, por el contrario se concentró en el sujeto que ahora caminaba con paso tranquilo. ¡Era el mismo que había visto en la ceremonia! ¡Era él!
No lo había imaginado como creyó. Y a su lado la mujer que le acompañaba tenía el cabello sujeto en chongo sencillo, y portaba un traje gris que resaltaba sus largas y contorneadas piernas blancas. A leguas se notaba que era muy atractiva.
—Yo lo vi en la ceremonia —dijo volviendo a la normalidad y viendo a Sango— Estaba en las butacas alejado de todos. Como si no perteneciera al mundo de los vivos.
—Y no lo hace, te lo aseguro.
—No sabía que Inuyasha tenía un hermano.
—No conoces a Inuyasha de hace más de dos años, cielo —le recordó.
—Sí, pero creo que no es alguien que se pueda omitir tan fácilmente. Aunque sea su medio hermano ¿no?
Sango se encogió de hombros.
—Tengo entendido que odia a su familia. Y que no quiere saber nada con las empresas de su padre donde iba a ser elegido como presidente luego de que el señor Inu no se retirara. Hace dos años.
—¿Qué sucedió?
—Se cabreó.
—¿Por? —dijo observando como el sujeto de larga cabellera platinada desaparecía por la parte comercial de aquel Shopping, la mujer que se llamaba Kagura le hablaba explicándole cosas que a penas si parecía él escuchar.
Ese sujeto era justo como se lo imaginó, frívolo y desalmado. Su sola mirada, la que le había dirigido aquel día, se lo confirmó.
—Quiso que despidieran a Inuyasha por infligir una de sus propias reglas. No lo consiguió y decidió independizarse fundando su propia mini empresa —le relató— mi jefa, la señora Takahashi me contó que está creciendo como la espuma, al parecer el sujeto es un prodigio en cuanto a negocios se refiere, y quiere demostrarle a su padre que no lo necesita para ascender o ser alguien de renombre. O algo así son los rumores que le rodean. Me lo he cruzado en varias fiestas, cocteles y juntas de trabajo y te aseguro que no es sangre lo que corre por sus venas. No se que líquido fluye en su cuerpo de Adonis, pero no es sangre.
—¿Dices que lo conoces?
—Sip.
—¿Y no te gusta? es una belleza —dijo sonriendo.
—Lo es, pero no me gustan tan fríos.
—A mi tampoco. Creo que eso es una cosa que tenemos en común —rió y Sango también lo hizo animadamente.
Luego de una cena ligera, ambas chicas cargaron sus bolsas en un taxy, al llegar a casa Nahomi bromeó sobre si se traían todo el Shopping ahí dentro. Pero Sango era muy divertida y solía tomarse las cosas humorísticamente, sonrió y aseguró que medio lugar le pertenecía ahora. Toda la familia se la pasó conversando un rato más, luego de un par de horas cada miembro se fue despidiendo.
Kohaku se fue a la habitación que compartía con Sota, Nahomi y el abuelo se fueron cada uno a sus respectivas habitaciones y ellas dos se fueron juntas a la suya.
—¿Crées que mañana podrías acompañarme a comprarte un vestido? —Rin frunció el ceño al oírla.
—Te dije que no era necesario.
—Lo sé, pero —se encogió de hombros— te quiero mucho, solo quiero hacerlo. Además te extraño por las noches. Y este momento que estamos juntas me recuerda a las que pasábamos hace dos años ¿te acuerdas?
—Antes de que regresara con los Higurashi —susurró feliz— lo recuerdo.
—No soy expresiva muy seguido con lo que siento por las personas que amo —la miró— por eso quiero que sepas que te amo demasiado, Rin. Y que me importa un bledo que no tengas nuestra sangre. Eres mi prima, mi familia, y eso jamás va a cambiar —a Rin los ojos se le llenaron de lágrimas, se acercó para abrazar a su prima efusivamente, y ella la acunó entre sus brazos propinandole un casto beso en la mejilla— te quiero, cielo.
—Y yo a ti —murmuró entrecortadamente a causa de las lágrimas en sus ojos— nunca lo olvides ¿si?
—Nunca —dijo acariciandole el largo cabello castaño con una sonrisa.
En un abrir y cerrar de ojos, la más joven se quedó dormida en los brazos de la mayor. Pero de igual manera seguía acariciándole el cabello con cariño y ternura. Rin había sido un rayo de luz esperanzador en sus vidas. Cuando su tía decidió adoptarla la vida de todos había cambiado para siempre, y no supo en que momento esa pobre y desgraciada huérfana se había ganado el corazón de todos los que la rodeaban. Incluyendo a Sango, quién por supuesto, no dudo un segundo en amarla como si fuera su propia hermana.
Frunció el ceño al recordar algo, Kohaku no sentía lo mismo por ella que Sango, Kohaku sentía amor romántico hacia su «prima», y aunque hacia un gran trabajo ocultando sus sentimientos Sango estaba casi segura que pronto le confesaría a Rin lo que sentía por ella. Y ahí era donde nacia el miedo que sentía de que su pobre hermano tonto y enamoradizo sufriera.
Para ella no había pasado desapercibido el hecho de que a Rin le gustaba Sesshomaru Taisho esa tarde en que lo había visto de casualidad en el Shopping, prácticamente se lo comió con la mirada. Y no se molestó en disimular su deslumbramiento por semejante sujeto tan sexy. Y claro que a Sango le gustaba, pero como hombre y ya.
También observaba las personalidades de los que fueran sus amantes, o novios. Y ese tipo definitivamente no encajaba en su selecto catálogo de hombres dulces y amables. Una idea loca se le ocurrió de pronto.
¿Y si Rin de casualidad se acercaba a Sesshomaru para hablarle? conociéndola, no era alguien que gustara de hacer esas cosas. Todo lo contrario, era tímida y penosa al hablar con los jóvenes de su edad. ¿Qué seria si algún día ese sujeto endemoniadamente sensual pretendía cortejarla, y más aún acercarse, conocerla?
«Se hará pipí»
Una pequeña sonrisa acompañó ese pensamiento, y pensó que era hora de acomodar a la muchacha envuelta en una piyama celeste a su cama. El celular que había dejado en el bolso comenzó a sonar estrepitosamente, y con toda la rapidez que pudo lo tomó sin despertar a Rin.
—¿Hola? —susurró extrañada de ver que era un número desconocido el que llamaba.
—Hola —dijo una voz gruesa y masculina de barítono— ¿te desperté, nena?
—¿Quién habla?
—Soy Miroku —dijo despacio del otro lado de la línea luego de un breve silencio. Sango sintió como el color de su cuerpo se iba y quedaba pálida como un papel— disculpa, tenía que hablar contigo.
—¿De qué? —preguntó intentando parecer indiferente, pero a su parecer no lo había logrado— ¿no te parece que es algo tarde para llamarme?
—Si lo sé, pero me sentí realmente mal cuando vi que te marchabas de esa forma de la mansión de los Tasho —dijo con la voz más suave que pudo, y Sango sentía como un gran nudo se le iba formando en la garganta— no quería que nuestro primer reencuentro sucediera como lo hizo. Menos después de lo que pasó entre nosotros hace dos años ¿lo recuerdas?
—Lo recuerdo —cerró los ojos y sintió como las lágrimas le recorrían el rostro tibiamente y con dolor— escucha, Miroku. Entiendo a lo que te refieres ¿si? pero ahora mismo es muy tarde y mi prima está en mi regazo durmiendo. Así que debo colgar para no despertarla ¿comprendes?
—Comprendo.
—Que descanses —dijo con la intención de colgar, pero le preguntó si un día de esos podrían verse, y ella le contestó con sinceridad de que no lo sabía, que su permiso pronto iba a expirar y debía regresar a su hogar en Okinawa— disculpa, Miroku. Quizá en el aniversario de Kagome o en boda de Rin, si es que te invita, podamos charlar.
Miroku soltó una risita diciendo que dudaba que la chica lo invitara, pero que aceptaba su idea con mucho placer.
—Va a costarme esperarte tanto.
—Estoy segura que vas a conseguir muchas chicas para entretenerte —dijo mordaz, un segundo después se disculpó por lo que acababa de decir con eso— perdón, disculpa Miroku. No quise.
—Ya —dijo divertido del otro lado— admito que es tierno escuchar que te pones celosa porque me ves con otras chicas.
—¿Qué? Eso no es cierto.
—Descansa —le tiró un suave beso por el otro lado de la línea y le susurró antes de colgar— bombón —y colgó.
Sango se quedó mirando su celular un rato más, y la rabia la embargó como caudales de acido sulfúrico dentro de sus venas. «Estoy segura que vas a conseguir muchas chicas para entretenerte».
¡Era una tonta! ¿Cómo había podido darle a entender que tenía celos de que él frecuentara a otras mujeres? ¡Si ni siquiera eran nada, por el amor de Dios!
Suspiró intentando tranquilizarse, sino Rin sentiría su tensión y despertaría. La acomodó con cuidado y muy suavemente para que no notara que la estaba levantando y dirigiéndola hasta donde estaba su futón, sonrió cuando la oyó balbucear su nombre y le dio suave beso en su frente. Dios, como la amaba. Era la luz de su vida junto con su pequeño hermano. Ambos habían hecho más llevadero la tragedia de perder a su padre cuando solo tenía quince años y debió encargarse de Kohaku como mamá y papá.
Sacudió la cabeza, y se acostó en su propio futón mirando el techo de aquella rústica habitación con algo de desinterés. Todavía no se creía el hecho de que el morocho la hubiera llamado para disculparse y decirle que sentía algo por que no tenía culpa alguna, porque como bien le había dejado en claro, ellos no eran ni tenían nada. Sin embargo, no dejaba de sentirse realmente mal por haberlo encontrado besando a aquella sirvienta cualquiera, y como ella se dejaba manosear el trasero sin pudor alguno.
Sonrió, un recuerdo asaltó su mente de pronto. Uno de cuando conoció al morocho en una fiesta hace dos años.
La música estaba más que fuerte, y apenas se podían hablar. Suspiró mirando a Kagome, quizá no había sido tan buena idea venir, se dijo para sus adentros.
—¿Kag? —gritó para que la escuchara— la música está muy fuerte. Creo que deberíamos irnos a otro club.
—¡No! —dijo sonriendo— descuida Sango, así son las fiestas aquí. Te acostumbrarás, en serio.
—Dudo mucho que lo haga —dijo dirigiéndose a la barra— voy por un trago ¿quieres? —Kagome negó— ¡Ok! ya vuelvo.
Se abrió paso entre la multitud hasta que porfin consiguió llegar con mucha dificultad a la barra. Le pidió un trago al apuesto barman que no dejaba de mirar su blusa negra ni su marcado escote. Después bajó su mirada un poco más hasta sus piernas, y sonrió.
—Linda falda —alabó.
—Muchas gracias —sonrió con sinceridad.
—¿Y de dónde eres, cariño? —Sango le miró extrañada.
—¿Porque supones que soy de otro lado?
—Porque si alguna vez hubieras pisado este antro, yo no lo hubiera olvidado —Sango le sonrió con cinismo.
—Y si te dijera todas las veces que me han dicho eso, tú mismo sacarías la conclusión de que no eres un tipo para nada original —dejó su vaso vacío y se dio la vuelta para marcharse de ahí, caminó a donde estaba Kagome esperándola, al parecer un joven se le había acercado, pero le restó importancia ya que Kagome era un imán para los hombres, y ese específicamente le parecía bastante interesado en ella.
—¡Aquí estás! Sango, él es Miroku —Sango sonrió acercándose a ellos sin saber que más hacer, era sumamente atractivo. Y también se le antojó demasiado sexy, demasiado. Negó eliminando esos pensamientos cuando Kagome continuó con las presentaciones— Miroku, ella es Sango, mi prima. ¿Ves que es bonita?
Si las miradas mataran, se hubiera quedado sin prima ¡como podía decir eso delante de él! se recordó asesinar a Kagome cuando salieran de aquella mentada fiesta al regresar a casa.
—Si —fue la simple respuesta coqueta de ese sujeto que la hizo poner como un cúmulo de nervios, así que miró a la traidora de Kagome para despabilarse un poco y no pensar en que tenía clavados sus dos ojos azules clavados en sus piernas como si fueran moscas a la miel.
El tal Miroku era igual o peor de libidinoso que ese barman.
—F-fui..a..a —sintió que empezaba a tartamudear como una tonta e intentó contenerse lo más que alocados nervios le permitieron— a-a la barra. U-un placer —se dio la vuelta intentando ignorarlo para haber si así lograba calmarse un poco, pero fue inútil, y por poco empezaría a tiritar como gelatina.
Él solo asintió, mirándola ahora la cara. Parecía apreciar su belleza y sus rasgos suavemente orientales. Sabía que no era fea, y que tanto practicar deportes le había moldeado a la perfección el cuerpo. Sin embargo, no se consideraba ni de cerca bonita como lo era Rin o la misma Kagome. Era una chica preciosa normal, aunque el sujeto que delante suyo la observara como la siguiente Miss Universo japonesa. Sonrió con ese pensamiento, recordando que hacía mucho que nadie la miraba así, con esa devoción, ni mucho menos con ojos brillantes.
Tal vez el tal Miroku no era tan idiota como había pensado, y solo deseaba halagarla con su mirada un tanto extraña. De todos modos, debía andarse con cuidado porque al fin y al cabo acababa de conocerlo y no sabía nada de él excepto su nombre y que era libidinoso. Lo último era un tanto desalentador.
—Bueno —dijo mirando específicamente a Kogome y sonriendo— creo que Kagome me dijo que debía hacer algo. Sola.
Miró a su prima extrañada.
—¿Ah si?
Sin embargo, por la mirada asesina de Kagome comprendió que no era más que un truco para sacarla de en medio, y quedarse a solas con ella. No podía creer que la hubiera escogido por sobre Kagome Higurashi ¿es que estaba loco? Miroku amplió su sonrisa triunfal cuando Kagome empezó a retirarse. Y esta gritó varios metros lejos de donde estaban parados.
—Iré al baño.
Sango la observó retirarse a donde parecía que estaban los baños, luego regresó su visión a Miroku quién no había dejado de mirarla desde que se volteó para observar a su prima irse. Tragó en seco, sin saber bien que pretendía. De pronto, él le extendió la mano con una sonrisa y le indicó con un rápido movimiento de cabeza que le siguiera, miró por última vez en dirección a los baños y tomó su mano antes de que la entrelazara con calidez.
Sango tragó débilmente sintiéndose como jamás lo hizo, para empezar los hombres con los que había estado en el pasado raras veces querían tomarla de las manos, solo pensaban en la abertura entre sus piernas y la generosidad de sus pechos. Lo demás carecía de importancia para ellos, como sus sentimientos. Sonrió para sus adentros al sentir que aunque acaba de conocer a Miroku, no la trataba así. Pero claro, a penas estaba teniendo un «trato íntimo», por lo cual aún no podía sacar ninguna conclusión. La condujo en silencio y con parsimonia por uno de los lujosos pasillos de aquel antro y dijo que confiara en él. Sango ya no estaba tan segura de que eso fuera buena idea. Si tal vez le explicaba que no se sentía cómoda a donde la llevaba quizá podría escaparse de esa penosa situación.
Sin embargo, una parte de ella no deseaba huír, todo lo contrario. Deseaba quedarse para siempre en donde sea que la estuviera conduciendo ahora. Entraron por otro pasadizo que los llevaba a la sección más VIP del local, y ahí lo comprendió.
—Tranquila —le susurró— no te voy a comer. No si tú no quieres.
—Ya veo —dijo con ironía y el soltó una breve carcajada. La condujo por una de las puertas que estaban pintadas de color rojo mate, y la abrió dándole a ella primero el paso. Sango observó el interior con los ojos grandes a causa del asombro— ¡guau! ¿es un living?
—Casi —respondió él cerrando la puerta tras de él, y cuando sintió el sonido del cerrojo haciendo clic volvió a tensionarse— calma, ya te dije que no voy a comerte, bombón.
—¿Quién me lo asegura?
—Yo, ahora ponte cómoda —se empezó a quitar el abrigo mientras señaló uno de los sillones color negro a juego con la habitación— ahí puedes dejar tu chamarra.
—Creo que me la quedaré. Hace algo de frío —dijo pensando que él pensaba que era una vil mentirosa.
—Como gustes —dijo mirando la abertura de su chamarra abierta. Si tuviera frío, no la llevaría abierta mostrando su profundo escote y su pequeñísima blusita negra brillante, se dijo. Pero intentó olvidar eso y sentarse en uno de los sillones cerca de la ventana.
—Este lugar parece un trozo de apartamento —dijo mirando todo lo que le hacía recordar a una casa— hasta estufa tiene ¿no es increíble? —Miroku sonrió al escucharla. Parecía que jamás había asistido a un antro VIP, pero eso era imposible porque la manera en la que ella se había vestido esa noche le confirmaba que tenía experiencia en clubes nocturnos— ¿Hasta hay refrigerador?
—Si, pero sólo contiene bebidas.
—Ya veo.
—¿Una cerveza?
—No, prefiero una soda —Miroku rió.
—Acá no hay de esas, cielo. Sólo alcohol.
—Entonces, dame una —dijo aceptando resignada más alcohol, ya había bebido un mojito en la barra. No quería seguir ingiriendo alcohol, al menos no tan pronto— gracias —susurró cuando le pasó la latita de cerveza, y sonrió— al menos eres amable.
—Gracias —susurró dándole un sorbo a su cerveza y sentándose a su lado como si fuera de lo más normal, la miró a los ojos y sonrió de lado a penas— Sango.
—Sí —ella miró la marca de la latita de cerveza intentando no ponerse nerviosa frente a él, pero era imposible si tenía sus ojos clavados en ella tan fijamente como un búho, intentó entablar conversación para alejarlo de sus nervios por un momento, y le sonrió de lado también— yo, esto, quería saber porque me trajiste aquí —le enfrentó su mirada azulina sin poder evitarlo— no entiendo.. mucho.
—¿Quieres que te lo explique o...—se acercó a ella poco a poco ensanchando más y más su sonrisa lobuna, poniéndola más nerviosa que antes, y solo por eso se detuvo. Aunque sea un poco— tranquila —dijo de nuevo— no pienso hacer absolutamente nada que tú no quieras Sango —la chica no pareció tranquilizarse con eso, pero de igual forma asintió a penas.
—Ok.
—¿Qué edad tienes? —quiso saber.
—¿Cuánto crees que tengo?
—¿Diecinueve?
—Veintidós. ¿Y tú?
—¿Qué me das si te lo digo?
Sango lo meditó por un segundo y respondió.
—Un dolar.
—Que tal un beso.
—Que tal una bofetada —dijo enarcando una ceja, y Miroku borró de repente su sonrisa lobuna. Resopló.
—Treinta —contestó de mala gana dando un gran sorbo a su cerveza negra— treinta y uno dentro de un mes —Sango se sorprendió muchísimo al oírlo. ¡Estaba en una cabina VIP con un treintiañero sexy y pervertido!
¿Cómo había llegado ahí?
—Pensaba que tenías mi edad.
—Nop.
—Con menos razón voy a dejar que pongas un dedo encima —resopló negando— ¡Dios! voy a matar a mi prima.
—¿Kagome?
—Si a Kagome —dijo levantándose de su lugar—, esto es un error. No puedo, no debo hacer esto con alguien tan mayor a mi.
—¿Tan mayor a tí? —dijo frunciendo el ceño «ofendido».
—No he dicho que seas viejo. Sólo algo mayor.
—Ok —dijo parándose de su lugar y tomando de un solo trago lo que le quedaba de su cerveza negra— eres hermosa, no lo niego. Pero creo que estás algo chiflada y con eso no sé lidiar. Así que si quieres irte, ahí está la puerta —le señaló el lugar donde estaba la puerta, pero Sango estaba tan furiosa que no prestaba atención a lo que decía y sólo se dedicaba a fulminarlo con su mirada café.
—¡Me llamaste chiflada!
—Tú me llamaste viejo —se defendió.
—¡Claro que no! solo he dicho que eres algo mayor para mi.
—Define «algo» —dijo con ironía marcada en su voz.
—Ok —dijo intentando calmarse— ¿sabes qué? no voy a pelear con un desconocido, no sé como dejé que me conducieras aquí, pero no voy a ser parte de esto, lo lamento —caminó hasta la nevera y guardó en ella su lata de cerveza negra sin abrir y sonrió de lado al volverlo a mirar— gracias.
—¿Por?
—Eres muy amable —concedió con sinceridad— otro en tu lugar se hubiera aprovechado de mi sin dudarlo ni un segundo. Pero tú no lo has hecho, y eso lo valoro.
Miroku enarcó una ceja y Sango se tensó un poco, pero intentó disimularlo, no quería mostrarse débil ante él ni ante nadie.
—Asumes que yo no quiero aprovecharme de ti —dijo acercándose a ella lentamente, Sango retrocedió un paso para atrás, pero poco a poco, y sin ella notarlo, la terminó de acorralar entre la pared al lado del refrigerador y su propio cuerpo sexy y masculino. Tragó en seco, sin dejar de mirar esos azulinos ojos brillando de picardía.
—Suéltame —dijo con voz finita por el miedo— por favor.
—No —dijo bajando lentamente por su cuello y oliendo su suave perfume a sakuras, Miroku sonrió de puro placer cuando sintió la piel tersa y suave de su cuello chocando con su cálido aliento— que bien hueles, cariño.
—Basta.
—¿Porqué piensas que yo no quiero aprovecharme?
—No lo quieres.
—Mmm..
Sango sintió como su cálido aliento le acariciaba el cuello, y cerró sus ojos un momento dejándose llevar por el placer que eso le causaba, Miroku depositó un húmedo beso, y eso le arrancó un suspiro atorado en su garganta. Cuando escuchó la risita de Miroku es cuando se dio cuenta de lo que sucedía, así que abrió los ojos y lo empujó con fuerza alejándolo lo más que pudo de su cuerpo, acomodándose la chamarra empezó a caminar hasta la puerta con decisión.
—¿Te vas tan pronto?
—Así es —dijo jalando la puerta con fuerza, lo hizo una y mil veces, pero la maldita puerta no se abría— ¿qué carajos hiciste, Miroku? —dijo con la voz teñida con un tinte de horror, la puerta estaba cerrada con llave— ¿la cerraste con llave? —Miroku asintió y sacó la llave de su dedo para enseñársela con una sonrisa triunfal.
—¿Creíste que sería tan tonto de dejarte ir así como si nada?
—¡Ya basta! Esto no es gracioso.
—No, es sexy.
—¡Por supuesto que no! ¡dame la maldita llave ahora!
—¿O si no qué?
—Te golpearé hasta que nadie te reconozca. Y créeme, no serías el primer sujeto al que se lo hago.
—¡Uh que ruda! —metió las llaves en su pecho y por debajo de su camisa blanca, se sentó nuevamente en el lugar que estaba, y con una sonrisa juguetona le indicó que se acercara— ¿quieres la llave? ven por ella.
—Claro que lo haré y cuando la tenga desearas que no te patee el trasero —se acercó decidida a buscarla en el interior de su camisa, metió su mano mientras Miroku solo observaba divertido y con entusiasmo como ella solo metía el brazo y su cuerpo lo dejaba como a un metro del suyo.
—Tal vez si te acercas, la encontrarás.
—No gracias.
—Como quieras.
Siguió revisando más abajo, pero a decir verdad le estaba costando mucho trabajo encontrarla, y más trabajo no tocarle tanto su piel suave y tentadora, Miroku echó la cabeza hacia atrás, estaba más que complacido por sus "caricias".
—Oh si —murmuró con satisfacción, y Sango quiso golpearlo para que dejara de alborotarla a ella también— justo ahí, cariño.
—¡Cállate!
—Que rica se siente tu manita —se relamió los labios y la miró, le sacó la mano de su pecho y con la otra mano se sacó la llave que había caído en su abdomen. Sonrió— aquí esta. Pero lo que acabas de hacer, me ha encantado. ¿Qué tal si me acaricias un rato y luego te la entrego? —Sango abrió la boca para replicar, pero él la interrumpió— y sin trampas.
—¿Será? Ya me has demostrado no ser nada confiable —Miroku sonrió de manera enloquecedora y la atrajo hasta su cuerpo con ambas manos, y en una de ellas estaba la mentada llave que la sacaría de mano.
Cambió los lugares colocandola de espaldas al sillon, colocó ambas piernas a los lados de sus caderas y trató de pegarse todo lo que pudo a ella ignorando como si nada su expresión anonadada, se acercó peligrosamente hasta sus labios. Poco a poco fue tomando terreno hasta eso dos botones color rosa, y se aproximó hasta casi rozarles, miró la expresión de la chica, la cuál estaba como hipnotizada, y con una pregunta silenciosa le pidió permiso para continuar, Sango no dijo ni objetó absolutamente nada, a lo cuál Miroku se lo tomó como un pase libre a sus labios.
Los rozó hasta que finalmente los apretó suavemente con sus propios labios, provocando que ella se acercara más a él, eso le gustó, y con un movimiento rápido de sus manos la soltó para que le pasara sus brazos al rededor de su nuca. Sango obedeció sin chistar y corrió su cabeza a un costado para que el tuviera mejor acceso a su boca. El placer era sublime, repiqueteante. Y eso que todavía no habían empezado nada sexual.
Solo un simple beso entre un chica y joven, sus lenguas no tardaron en trenzarse mientras sus labios se apretaban más y más uno con el otro, Miroku corrió a la chica a un lado para acostarla por lo ancho en el sillón mientras ella se dedicaba a besarle y a suspirar repetidas veces.
—Sango —murmuró cuando obtuvo su cometido, se colocó encima de ella para continuar besándola, esta vez sintiendo todas y cada una de sus curvas como él deseaba. A placer— esto me enciende...
—A mi también.
—No quiero hacértelo aquí —dijo observando su rostro sonrojado y esos suaves botones rosa hinchados por su beso, sonrió de lado como ella le gustaba y le propinó un corto, pero profundo beso en los labios—, vamos a mi apartamento ¿si nena?
—Si —asintió atrayendolo a ella, y poniendo una mano en su mejilla para atraerlo hasta su boca, la cual devoró con pasión y ternura— besas muy bien, Miroku —volvió a besarle, y esta vez sintió un profundo cosquilleo en su centro, como si se tratara de una corriente eléctrica que se iba extendiendo hacia la superficie, dejó de besarle y se puso de pie, Miroku se quedó sentado observándola como si quisiera comérsela y no dejar nada de los restos a nadie.
—Quítate la chamarra —le pidió con la voz ronca, Sango obedeció y por un segundo sintió una pequeña corriente helada en la piel de su espalda que le quitó un escalofrió, Miroku lo notó y se paró para abrazarla y darle calor. Además de poder aplastar esos suculentos senos contra la piel dura de su pecho. Sonrió cuando la sintió temblar entre sus brazos al pasarle una mano por la suave piel de su espalda con ternura, Dios esa mujer iba a volverlo loco— que bien te siento entre mis brazos —le dijo— tienes un dulce cuerpo de infarto, cielo. Me estás poniendo duro con únicamente mirarte.
Sango lo abrazó acurrucándose más contra su pecho, estaba sintiendo los estragos de su desnudez en la espalda y pensaba que lo único que podía calentarla era sus caricias suaves y dulces, como las de un tierno amante enamorado.
Y no sabía si Miroku sería tierno al hacer el amor, pero enamorado no. Y lo sabía de sobra. Ese sujeto era un manipulador sexy y atrevido, además de mujeriego empedernido. Sonrió por sus caricias, Dios del cielo, se sentían exquisitamente.
—Déjame mirarte —dijo soltándola pero solo lo suficiente para mirarle los pechos redondos y generosos que poseía— eres tan malditamente sensual que no voy aguantar llevarte hasta mi apartamento.
—Pues tendrás que hacerlo —dijo soltándose con suavidad y tomándose uno de sus pechos con la intención de provocarlo, sonrió— Miroku.
—Me estás provocando —dijo aferrándola nuevamente hasta su cuerpo como si fuera un muñeca de trapo— no lo hagas.
—¿O si no qué?
—Te haré el amor aquí mismo —le advirtió, Sango negó al oírlo.
—Dijiste que no harías nada que yo no quisiera —le recordó, él rodó brevemente los ojos y clavó su azulina mirada de nuevo en la suya— no quiero hacerlo aquí —le quitó la llave de su mano que le apresaba la cintura, se libró de él y tomó su chamarra negra, lo miró una vez que llegó a la puerta y vio que no se había movido ni un ápice de donde estaba— ¿vienes?
Miroku sonrió de lado y asintió, pensaba que esa noche entre ambos sería una de las más interesante que hubiera vivido. Quizá la noche más interesante que hubiera vivido.
Aunque la idea había sido esa, nada pasó entre ellos esa noche. No hubo sexo, solo besos apasionados. Ella casi pudo deducir que él se lo esperaba porque cuando los juegos eróticos comenzaron empezó a ver la duda reflejada en sus ojos café, y eso le hizo detenerse. Le había dicho que todo estaba bien, que podían intentarlo cualquier día que se sintiera lista. Sango había dejado claro que solo estaba de visita que no estaría todos los días a su disposición, pero que intentaría hacer algo. Y así fue. Una noche, cuando Kagome y su tía Nahomi estaban durmiendo se escabulló con él en su auto hacia su departamento.
Habían pasado muchas noches en que solo bebían un poco de vino y charlaban riéndose como locos. Incluso aquella noche que no hicieron nada fue cuando bebieron demás y cualquier cosa les daba risa, incluso cuando Inuyasha le llamó Miroku le respondió con sarcasmo, insinuándole que no había oído sus llamadas perdidas por estar cogiendo con ella a lo loco. Nada más alejado de la realidad, ellos habían recién tenido su primera vez juntos cuando ella se escapó y la situación se había tornado demasiado candente. Primero Miroku estaba a un metro de distancia de ella, y después casi lo tenía encima de su cuerpo con brazo al rededor de su hombro hablándole al oído. Sango no lo tomó como nada raro, pues ya habían pasado por esas situaciones sin llegar a nada sexual. Pero en su mirada azul había algo distinto, casi que místico que le indicaba que ella era demasiado irreal para ser de este mundo, o algo así era lo que quiso interpretarle.
Sango recordó exactamente como fue.
—Eres hermosa —dijo con su rostro muy muy cerca del suyo, con un suave aliento a vino y con una sonrisa seductora que él sabía que la volvía loca— muy, muy hermosa. Demasiado.
—Ya, no paras de decir eso.
—Y no pararé de hacerlo nunca, eres hermosa Sango —en ese momento ella giró su rostro, se chocó con esos ojos azul como si quisieran decirle algo con una simple mirada. Sango vio algo distinto en aquella mirada, algo que no sabía como denominar que no fuera admiración. Al parecer él sentía admiración por ella, y quería expresarselo con su manera de mirar— esta es la parte en la que me dejas que te bese.
—¿Si? —Miroku asintió, y subió su mano para acariciarle el rostro con suavidad, realmente le gustaba mucho su piel, pensó sonrojada hasta las orejas. Sango cerró los ojos dejándose llevar por suave caricia y sonrió— entonces hazlo —murmuró, le acarició la mano fuerte y bastante más grande que la de ella para acariciarcela con cariño, sonrió aún al entender la intimidad y los sentimientos que en ese momento ambos intercambiaban.
El se acercó suavemente hasta su boca, y la besó con cariño. Con suavidad, con ternura, con pasión. No recordaba haberse sentido más dichosa con sus anteriores amantes, Miroku les superaba con creces a cada uno de ellos. Esa noche le hizo el amor como jamás pensó, con ternura y pasión, con dulzura y fuego, con gentileza y a la vez con deseo ardiente. La mezcla perfecta entre lujuria y cariño.
Sango despertó de sus recuerdos, y sonrió. Los momentos que había vivido con Miroku Tsujitani quedarían para siempre en su memoria como eso, solo un recuerdo. Miró el reloj y sorprendida se metió en su cama para intentar dormir un poco, aunque no lo creía posible ya que el morocho no solo se le había colado en la cabeza sino bajo la piel.
.o.o.o.
Rin despertó a eso de las tres de la mañana para beber un vaso con agua, estaba un poco inquieta de haber descubierto que Sango y Miroku no solo se conocían sino que parecían haber compartido algo.
Una vez llegado a la cocina se sirvió el vaso que aplacaría su sed. ¿Cómo era posible, de dónde se conocían su prima y el mujeriego muchacho? bebió despacio disfrutando la sensación de calma que le proporcionaba. Se limpió con el dorso y lavó el vaso antes de colocarlo de nuevo en la alacena, se encaminó de nuevo hasta su cama. Había hecho mal, lo sabía. Escuchar las conversaciones ajenas estaba muy mal, ella detestaba hacerlo, e incluso reprendía sin pelos en la lengua cuando veía que algunos les daba igual eso.
Pero hipócritamente, ahora lo había hecho, y se sentía realmente muy mal de haberle violado su privacidad a la castaña y al moreno. Sin embargo, no había podido evitar oírlo todo cuando sintió la angustia de su prima tan real. Eso era lo que la tenía tan triste y distraída. Y ella lo había visto todo, había visto a Miroku con esa muchacha del servicio a los besos apasionados cuando buscaban la cocina de la mansión, y Sango estaba petrificada en su lugar deseando no haber visto tan dolorosa escena. ¿Sango se había enamorado de Miroku?
No lo sabía. Lo que si sabía era que el moreno le importaba, y quizá no era una importancia para toda la vida, un revolcón y ya, pero le importaba. Y eso se notó claramente cuando le reclamó por haberse estado besando con la sirvienta. O con varias muchachas.
Sango la creyó dormida y habló con fluidez de sus sentimientos. Ni sospechaba que ella tenía medio insomnio en su mente que le impedía descansar con normalidad. Eso producto a las pesadillas que constantemente tenía con su familia brutalmente asesinada. Y que Sango conocía a la perfección ya ambas compartían la misma habitación en su casa en Okinawa.
Suspiró, es hombre no le agradaba para nada para su prima. Y si bien, nunca le había visto a ella en nada serio sentía que de alguna manera la podía lastimar irreparablemente. Rin la observó como dormía y rezó porque eso nunca pasara.
o.o.o
Sesshomaru se quedó pensativo, mientras trataba de buscarle solución a su inminente dilema. Odiaba de sobremanera tener que asistir a aquellos cócteles o fiestas de caridad. Y cuando recibió la invitación a la reunión de los Kou en Canadá.
No hizo más que romperla.
No importaba porque había una lista, y lo peor era que debía asistir a la fiesta si o si. No podía seguir escapándose, no siempre. Cogió su vaso cargado y se lo vació en la garganta, necesitaba otro, se dijo parándose de su escritorio y cogiendo más whisky del mini bar.
Su reputación de presidente pendía de un hilo a causa de sus reiteradas faltas a aquellas reuniones, y ya era hora de ponerle un alto a su actitud, por más que detestara tener que exponerse ante esos farsantes que él llamaba "socios". Además de que su carácter y su porte poco le ayudaban a desenvolverse. Una fiesta era lo que había tenido hace un par de días, y era nada más y nada menos que de la mano de su estúpido medio hermano, quién se casaba con su mujercita como se llamara. No había podido faltar a ella, y por varios minutos tuvo que soportar la presencia de antiguos accionistas de Taisho Inc, y a su despreciable padre. Quién no dejaba de mirarlo con una sonrisa socarrona implantada en sus carnosos y fieros labios. Como lo odiaba.
Lo odiaba mucho más que a Inuyasha, y a esa antigua empresa de la formó parte tantos años, la misma a la cual se vio decidido a abandonar por decisión propia. Y casi que por decisión de su padre. Ese era un motivo más de peso para odiar al sujeto. La puerta de su oficina sonó dos veces, y al no contestar la persona del exterior simplemente entró y dejó ciertos documentos que le había pedido, sonrió con amabilidad antes de dirigirle una mirada condescendiente, y cargada de otras cosas.
Suspiró.
—Puedes retirarte —dijo al ver que la mujer esperaba que al menos le agradeciera por el arduo trabajo. Cosa que no iba a suceder nunca. Enarcó una ceja a penas al ver que ella no tenía intenciones de mover ni un pie para salirse de ahí—. ¿Algo más?
—No.
—Entonces lárgate.
—Sólo que ahí está todo: resúmenes, cuentas bancarias y movimientos —dijo dándose la vuelta— ¿tienes algo que hacer esta noche?
—...
—Ok, entiendo. Deberías ser más amable con quienes son tu respaldo, Sesshomaru.
—Vete Kagura.
La pelinegra salió de la oficina golpeando suavemente la puerta, se concentró en los papeles que ella le había dejado cuidadosamente guardados en un sobre amarillo y sellados con un precinto seguro. Tenía que admitir que a Kagura no se le escapaba ningún detalle, lástima que la alta pelinegra no le interesara en lo absoluto. Tomó el sobre, apagó la computadora y se colocó el saco para salir de la oficina y partir hasta la comodidad de su hogar.
Una vez hubo terminado de cenar se sentó en el sofá ubicado en la sala comenzó a leer lo que la mujer había recolectado. Se quedó helado al ver que Inuyasha había hecho incrementar el número de las acciones en tan solo dos años. ¿Cómo lo había logrado? Tsujitani y él eran un par de fiesteros descontrolados. Continuó leyendo un poco más, después de diez minutos decidió que ya había leído lo necesario y se vistió para irse a dormir. Una vez acostado pensó en que quizá había sido un poco exagerado renunciar al emporio bruscamente. El odio que sentía hacia su medio hermano había sido la detonante para tomar tan exagerada decisión para siempre.
Amaba los negocios y amaba ser el vicepresidente, su afán era que algún día por fin terminaría por superar a su padre. Se había aferrado acérrimamente a esa idea. Nunca pensó que sus planes se irían al caño con la presencia de ese perro inútil en su vida, y el cual lo odiaba abiertamente. Sin embargo, tenía que aceptar que había visto una chispa de complacencia en sus ojos cuando sus miradas sin querer se cruzaron en su ceremonia. Inuyasha no deseaba su mal a él ni a ninguna persona. Desgraciadamente, Sesshomaru Taisho no había heredado su nobleza, y solo pensaba en destruirlo.
Había echado humo por las orejas cuando descubrió que Tsujitani y él habían escapado esa noche de las horas extras para irse a una fiesta. No le había costado nada averiguar que el bastardo de Inuyasha había ordenado apagar las cámaras de seguridad, sin recordar que la suya también se apagaría y que Sesshomaru notaría algo extraño. Quiso irlos a buscar y golpearlos, pero se contuvo y le expresó todo a su padre, quién obviamente se enfureció y decidió castigar a ambos con una suspensión sin goce de sueldo, pero para Sesshomaru esto no era suficiente, quería que sus cabezas rodaran sin necesidad de él tener que mancharse las manos por ello. Quería su sangre, lo que Inu no Taisho no le concedió, y que lo hizo salirse del imperio que con tanto esfuerzo su padre y él había sacado a flote.
Todo por un par de imbéciles y cachondos.
Sesshomaru no lo soportó, no soportó que su padre siempre terminara perdonando a Inuyasha. Y que por ende, éste continuara con su vida de fiestas y sexo. No le importó para nada lo bueno que había demostrado ser al cerrar negocios o sacar adelante la empresa con sus informes precisos, todo había acabado. Y se acababa con él. Sesshomaru Taisho se prometió empezar un nuevo imperio solo, y uno mucho más riguroso. La gente que lo había apoyado hasta ahora había demostrado ser eficiente, pero no le bastaban. Quería más y deseaba agradar a la sociedad que tanto odiaba. Meramente por negocios.
—Son solo negocios —susurró, mientras contemplaba la oscura soledad de su habitación— solo negocios —repitió hasta quedarse profundamente dormido.
Y si para cuidar esos mentados negocios debía asistir a esa fiesta de mierda, lo haría.
.o.o.o.
—Te dije que no era necesario, Sango.
—Y yo te digo que no me importa —dijo entregándole un vestido color menta y dándole la vuelta para conducirla al cambiador— ¡Pruébatelo, Rin!
—¡No, Sango!
—No me hagas que te lo ponga yo.
—¡Está bien! —Rin entró y empezó a desnudarse dentro del cambiador. Se estiró la falda del vestido antes de salir adelante de su prima—, ¿contenta?
Sango asintió entusiasmada.
—¡Wow! —dijo dando un chillido de emoción— ¡se te ve mucho mejor puesto!
—Es algo brillante, ¿no lo crees? —dijo observando el grueso bordado en pedrería— perezco un farol ambulante —rió, y Sango solo chasqueó la lengua como desacuerdo.
—¡Claro que no! te ves preciosa.
—Hermana, ¿volviste a ser la misma de...—Kohaku se quedó sin palabras al verla con la asomando su cabeza por la puerta— ¿R-rin? —la susodicha asintió con una sonrisa y se dio la vuelta para que la admirara mejor.
—¿Te gusta?
—Si —susurró con sinceridad— te ves realmente hermosa, bueno... es que tú lo eres de por si —su excesivo sonrojo puso en alerta a Sango, quién se levantó de inmediato y cerró la puerta en sus narices. Luego se volteó a ver a Rin como si nada pasara.
—No puede entrar como si nada a una habitación femenina. No importa que sea de la familia, esos modales no son propios de un caballero.
—Si tu lo dices.
—Realmente te vez muy bonita —le sonrió— apenas lo vi, pensé en ti.
—Es muy hermoso. Gracias, Sango —le propinó un pequeño abrazo y sonrió volteándose a ver en el espejo de su cuarto— ¿crees que alguna vez haya ocasión para usarlo?
—Por supuesto. De hecho ya tengo pensado donde usarlo.
—¿Ah si? ¿a donde?
—Es un cóctel de caridad es Canadá, será en un mes.
—¿Qué? ¿un mes?
—¿Si por?
—Es que trabajo, ya lo sabes —se encogió de hombros, pero Sango no estaba dispuesta a aceptar una negativa, sonrió.
—Será solo una semana. Anda, Rin. Te gusta ir de viaje —le dijo acusándola con el dedo— te les hubieras colado a Kagome e Inuyasha si hubieras podido, ¿o me equivoco? —Rin negó— entonces, acepta.
—Es que mamá. Y el abuelo.
—Yo pagaré a alguien que los cuide —aseguró.
—¿Porqué estás tan interesada en que viaje contigo? —preguntó.
Sango se encogió de hombros.
—Quiero hacerlo.
Hola! muchas gracias por leer. Aquí se va notando más el SesshRin (por lo menos de parte de Rin) guiño. Quizá mis personajes les parezcan muy planos, y si. Aún estoy aprendiendo a pulir mi escritura, así que les pido disculpas encarecidamente chicos y chicas. Quiero que sepan que los amo y me encanta leer sus reviews. Gracias a las preciosuras que me dejaron sus opiniones escritas y a los bombones que agregaron a sus alertas y favoritos el fic. Espero de corazón no decepcionarlos.
Nos leemos la próxima semana :D
