SPIDERGIRL
PARTE 2
Créanme, Shizuru estaba decidida a pasar tiempo conmigo, cuando sonó la campana para el receso, no dudó en acompañarme a la cafetería. -Oye Shizuru, creo que debería decirte que no soy la mejor compañía-. Entre que era pésima conversado y mis constantes desapariciones sin sentido, bueno, creo que como amiga era pésima. -Quizá... -. Con un movimiento de cabeza señalé a la mesa de los populares. -Estés más cómoda con ellos-.
-Ara, ¿Natsuki quiere deshacerse de mí?-. Alzó una ceja a la par que sonreía.
-No quería decir eso-. Fruncí el ceño. -Solo que ya sabes, creo que rompes el equilibrio natural al hablar conmigo-.
Rio. -Hablas como si esto fuese un hábitat animal-. Nos formamos en la fila para comprar nuestros almuerzos.
Justo Nao entró a la cafetería, empujando a un chico más pequeño que ella. -Ahí vemos al depredador sin cerebro-. Suspiré al ver como sus amigos se reían de sus abusos. -Y los carroñeros con complejo de perritos falderos-. Por suerte, ya había unos cuantos formados tras nosotras cuando Nao se puso a la cola.
-Interesante descripción-. Avanzamos. -¿Cuál animal serías tú?-. Sonrió, saben, creo que ella sonreía mucho, no sé cómo no le dolía la cara.
-Un lobo solitario-. Respondí sin dudar.
-Ara-. La vi de reojo. -Me pareces más una araña-. Hice un gran esfuerzo para que mi rostro no delatara mi sorpresa. Con esa frase sí que había sentido pasos en la azotea.
-¿Una araña?-. Hice una mueca burlona. -No sé si ofenderme o no-. Tomé una charola para la comida.
-Es que por lo que mencionaste del parkour, y ese detalle de que en un momento te veo y al otro ya no-. Ok puesto así, su comparación tenía sentido, nada de que preocuparse, relajé mi postura.
-Entiendo-. La vi tomar una charola. -Un consejo, no pidas el puré de papa-. Desde mi lugar había visto cómo le caía una mosca, y la cocinera en lugar de quitarla, solo revolvió el puré.
Rio. Cielos, que risueña era esa mujer. -Gracias por el aviso-. Avanzamos hasta que por fin nos atendieron. -Buenos días, quiero…
Pongámoslo así, yo pedí carne, con carne, más carne, y oh, postre, necesitaba muchas calorías al día, las envolturas de chocolates y galletas en mi mochila eran una buena prueba de ello; por su parte Shizuru pidió una comida más saludable, con saludable me refiero a que sí estaba balanceada, un poco de cada cosa sin mucha grasa, sí es que tenía algo de grasa, cosa que dudaba.
Ya con nuestros almuerzos, caminamos hacia el área de las mesas. Por lo regular me sentaba al fondo, en una de esas barras pegadas a la pared, para evitarme la molestia de verle la cara a las personas que me caían mal. -Sí bueno…-. No creía que ella optará por ese tipo de lugar. -Mejor escoge tú los asientos-.
-Que honor-. Bromeó. Admito que me sacó una pequeña sonrisa. -Por allá-. La seguí a una mesa junto a uno de los ventanales.
Puse mi charola sobre la mesa, coloqué mi mochila al lado de la silla y me dejé caer en mi asiento. -Espero que esta vez la carne no esté cruda-. La piqué con un tenedor.
Ella, que sí era una dama, tomó asiento de forma más delicada, al sentarse cruzó las piernas con elegancia. -¿Te ha pasado-. Para los chismosos de la escuela no pasó desapercibido que Shizuru estaba conmigo.
-Ayer-. Los ignoré. -Si llevaba mi almuerzo al veterinario, aún podía salvarse-.
Rio. -Eres agradable-. Vaya eso era nuevo, la gente no solía sacarme de antipática y/o asocial. -Es un misterio porque pasas tanto tiempo sola-. Se llevó un bocado de ensalada a la boca.
Me encogí de hombros. -No hay ningún misterio-. Corté un trozo de carne. -Simplemente, no tengo tiempo-. Técnicamente no estaba mintiendo.
-Ara, ¿y qué hacemos almorzando juntas?-.
-Presiento que tú no aceptas un no-.
Sonrió. -Me declaro culpable-. Sin pensarlo, le devolví la sonrisa.
Mi sentido arácnido me dio un pequeño aviso, fruncí el ceño, con qué así serían las cosas. -Abajo-. Puse una mano en la nuca de Shizuru e hice que se inclinara hacia adelante, al mismo tiempo incliné mi cabeza, sin que llegáramos a tocar nuestros almuerzos, una bola de puré de papá voló sobre nosotras, retiré mi mano y volteé hacia atrás. -¡Imbéciles!-. Esa bola era para mí, pude haberme agachado sola, pero le habría dado a Shizuru.
-Ara…-. Giré hacia ella, lucía sorprendida, pero por suerte, no estaba enojada por mi acción tan repentina. -Gracias-. Le echó un rápido vistazo al puré de papá en la ventana y regresó a mí su mirada. -¿Cómo…
-Hacer parkour aumenta tus reflejos-. Dije de inmediato. -Es un excelente pasatiempo, lo recomiendo-.
-Pero…
-Come antes de que tu ensalada se enfríe-. Dos segundos después medite lo que dije. -¿Puedes omitir que dije eso?-.
Su sorpresa fue sustituida por una sonrisa. -¿Te han dicho que eres adorable?-. Fruncí el ceño.
-Quizá te empuje demasiado fuerte…
-Kuga-. Desgraciadamente conocía muy bien esa voz.
Recargué un brazo en el respaldo y volteé. -¿Nunca dejas de molestar, Nao?-. Ella estaba ahí, con su mueca burlona con la que intimidaba a los niños. -Haznos el favor de maravillar a otros con tu presencia-.
-Tenemos un asunto pendiente-.
Alcé una ceja. -¿Ah sí?-. Me paré de la silla. -Sabes Nao-. La miré de frente, manteniendo la distancia. -Tu estupidez es contagiosa, y no quiero contagiarme-.
Cambió de postura. -¿Acaso quieres quedar bien con Fujino?-. Mantuvo su sonrisa socarrona, pero vi como cerraba sus puños.
-Quiero que nos dejes almorzar tranquilas-. Caminó, golpeó mi hombro con el suyo, se paró frente a mi charola y le escupió a mi almuerzo.
-Provecho-. Se largó riendo.
Dejé la charola de lado y volví a sentarme.
-Vaya imbécil-. Shizuru estaba enojada, lo notaba en su tono de voz y en su mirada. -¿Qué diantres le sucede?-.
-Tiene aire por cerebro-. No tenía caso volver a la fila de la comida, era más fácil esperar a llegar a casa para comer.
-Creo que tú descripción es demasiado amable-. Empujó su charola hacia mí. -Tal vez pienses que es comida para conejos-. Su tono se suavizó. -Pero toma algo-.
-No es necesario-.
-Nos faltan cuatro clases, insisto-.
Esa chica no iba a aceptar una negativa, tomé la manzana de su charola, al ver que solo tomaría eso, empujó hacia mí un paquetito de galletas integrales. -Necesitas energía para tu parkour-. Con esa sonrisa suya, prácticamente era mi deber moral aceptar las galletas.
-Gracias-. Le di una mordida a la manzana.
Además de mi madre, no recordaba quien había sido la última persona en ser amable conmigo cuando era Natsuki Kuga.
Entramos al laboratorio de Biología, después de Química, esa era la materia que mejor se me daba. Era la única clase en la cual me sentaba en la parte de enfrente, normalmente tenía una mesa para mí sola, los demás preferían amontonarse en el fondo, como ya se imaginarán, Shizuru continuó rompiendo mi rutina.
El profesor ingresó al aula, enseguida notó a Shizuru sentada junto a mí. -Excelente cambio, señorita Fujino-. Era de los pocos que tenía fe en mí y en mi potencial, y también uno de los contados que me caía bien.
Ella asintió con la cabeza. -Será mi asiento a partir de hoy-. Me percaté de que me veía de reojo, supongo que quería ver si había algún cambio en mi expresión.
Él sonrió. -Perfecto-. Se dirigió a su escritorio.
No todos los alumnos del salón eran los mismos de las clases anteriores, ahhh, pero todos, en serio todos, nos veían. -Si siguen viéndonos comenzaré a cobrar-. Solté en voz alta. Algunos tuvieron la decencia de mirar a otro lado.
-¿En serio no te molesta eso?-. Le pregunté en voz baja, solo para ella.
Sacó su libro se biología de la mochila. -Estoy acostumbrada a llamar la atención-. También sacó su cuaderno, los puso sobre la mesa.
Fruncí el ceño. -No dijiste si te molesta o no-.
-Admito que hace algunos años sí me molestaba-. ¡Lo sabía! -Pero ahora no me provoca nada, creo que los ignoro en automático-.
Guardamos silencio cuando el profesor empezó la clase. A él sí le ponía atención e iba tomando apuntes, la información que anotaba estaba bien, pero… mi letra era un asco, era muy posible que solo yo le entendiera; le eché un ojo a los apuntes de Shizuru, tenía una caligrafía perfecta, sí hasta parecía impresa.
A media clase, el profesor dio un aviso que me hizo creer que el mundo tenía una confabulación en la cual estaba involucrada. -Les daré las instrucciones para su proyecto de período-. Él era conocido por encargar trabajos bastante cargados. -Primero que nada, deben saber que se elaborará en parejas-. ¿Qué parte de, trabajo yo conmigo, no entendía el mundo?
-Y las parejas las haré yo-. Me le quedé viendo con una clara expresión de: No te atrevas. -Fujino con Kuga-. Continuó con la siguiente pareja.
-Ara-. La miré. -Juro que no tengo nada que ver con su decisión-. Lo dijo en tono de broma. -Pero oye-. Apoyó su rostro en su palma. -Que conveniente-.
Sonreí con sorna. -¿Acaso no temes que te dejé tirada con el proyecto?-. Ese era el miedo de todos, diablos, por eso hasta ese momento había hecho sola todos los trabajos.
-No creo que lo hagas-. Me desconcertó su seguridad. -En esta clase siempre pones atención-. No le respondí. Preferí meditar sobre ese detalle de que al parecer, Shizuru era muy observadora, y para bien o para mal, no tenía claro eso, yo era una de sus vistas preferidas.
Al terminar de hacer las parejas, el profesor procedió a decirnos de que constaba el proyecto, como lo quería, las fechas de entrega de los avances y la fecha de entrega final. Como esperaba de él, su proyecto iba a ser tardado, laborioso y tedioso, además traía consigo un hecho inevitable: Tendría que pasar mucho tiempo con Shizuru.
Iba a tener que inventar un par de excusas que fuesen creíbles.
Con el sonido de la campana pasamos a la siguiente clase, para mi desgracia, tocaba educación física. Caminamos juntas a los vestidores, saben, Shizuru no dudó ni un poquito antes de comenzar a cambiarse conmigo al lado, rayos, eso era lo común, todas mis compañeras se cambiaban ahí, digo, eran los vestidores. -¿Sucede algo?-. Ella estaba confundida por eso de que yo parecía una estatua.
-Sí bueno... Soy penosa, me da vergüenza-. Vergüenza y un demonio, era más descarada que nada, pero llevaba mi traje debajo.
-Ara, pero si ambas somos chicas-. Ajá, la chica con la que aún no sabía si tenía o no una cita romántica.
-Es que tengo cicatrices-. Era eso o una fea marca de nacimiento, lo primero sonaba más como algo que ocultaría.
-No puede ser tan malo y…
-De cesárea-.
-Ara-.
Les dije que era pésima con las excusas. De por sí ya sabía que lo que había dicho era una tontería, sin embargo, la cara de shock de Shizuru reforzó mi teoría de que no pude decir algo peor que eso. Rasqué mi cabeza. -Era broma-. Creo que su rostro recuperó el color. -En realidad son cicatrices de quemaduras-. Y su preocupación volvió.
-Yo…-. Sin querer la dejé en una posición muy incómoda en la cual no sabía que responderme.
-Nah no te preocupes-. Intenté aligerar el asunto. -Fue de bebé, ni lo recuerdo-. No lo logré. Llegué a la conclusión de que esa mentira solo podía empeorar. No le di tiempo de decirme algo. -Iré a los baños a cambiarme-. Corrí allá con mi mochila.
Honestamente, no sé cómo era capaz de mantener una identidad secreta cuando era tan mala mintiendo. Me encerré en uno de los cubículos del baño. -Claro Kuga-. Mascullé malhumorada. -Ve y cáusale traumas a Shizuru, no hay problema-. No la culparía sino quería hablarme después de eso.
Rápida, me quité mi traje y me puse mi ropa deportiva. Puse la evidencia debajo de todas mis cosas en la mochila y cerré la cremallera por completo. He de decir que me sorprendió ver a Shizuru esperándome afuera. -No era necesario que te quedarás-. Ya lucía tranquila.
-Lo sé, pero quería hacerlo-.
Fruncí el ceño. -Comienzo a creer que quieres algo de mí-. Lo dije con los ojos entrecerrados.
Sonrió. -Ara-. Mientras caminábamos, me miró de reojo. -Me atrapaste, quiero esa cita contigo-. Amplió su sonrisa. -Para empezar-. Y me guiñó, estoy segura que sí me guiñó.
Con ese evidente coqueteo, quedó claro que con cita, Shizuru sí se refería a una cita romántica. Pensé en lo que eso conllevaba, ¿Ella pensaba que yo era homosexual?¿O solo había hecho su jugada sin saber ese detalle? Fuese como fuese, estaría mintiendo si dijese que la idea me incomodaba. Aunque nunca le había dado importancia al tema de mi sexualidad, si resultaba que no era heterosexual, me tenía sin cuidado, vaya, escalaba muros y tenía sentido arácnido, que me gustasen las mujeres sería lo más ordinario en mi vida.
Cuando pisamos la cancha, escuchamos al profesor.-Hoy harán el ejercicio de trepar la cuerda-. Hasta que haríamos otra cosa que no fuese quemados. -Tomaré su tiempo-. Señaló a la cuerda que colgaba del techo, debajo de ella había un colchón de gimnasia. -Pueden tardarse lo que necesiten, pero aquellos que no lleguen hasta arriba, tendrán un punto menos-. Hubo más de un reclamo. -Continúen quejándose y serán dos puntos menos-. Mejor se callaron.
Mientras la mayoría veía con fastidio y preocupación la cuerda, yo tenía una postura relajada, esos 10 metros serían un juego de niños. -Luces muy tranquila-. Shizuru estaba parada a mi izquierda.
-Tú también-. Contesté.
-Soy pésima en quemados-. Se encogió de hombros. -Pero confío en mi fuerza-. Vi sus brazos, eran delgados, eso sí, bien tonificados, me pregunté qué tipo de ejercicio haría.
La primera en pasar fue Nao, trepó sin hacer pausas, creo que los deportes eran lo único en lo que era buena, al llegar a la cima, sonrió desde arriba, con esa mueca burlona que la hacía ver más imbécil de lo que era, regresó al piso sin dejar de sonreír. Las siguientes personas no consiguieron un mejor tiempo que el de ella, algunos a duras penas pudieron lograrlo, y de hecho hubo un chico con miedo a las alturas que se echó a llorar cuando ya estaba arriba, me dio pena ajena su caso.
Al final solo quedábamos Shizuru y yo. Pasó ella primero, tomó la cuerda con confianza, al verla subir, contemplé que en efecto, tenía unos brazos fuertes, no se veía que le costara trepar, mantenía una respiración controlada y se movía de forma armoniosa, con ese toque femenino e incluso elegante que le quedaba perfectamente. Con esa demostración de destreza llamó mi atención, al parecer, Shizuru Fujino era una chica mucho más interesante de lo que habría imaginado.
Nao vio de mala manera a Shizuru, esta había mejorado su tiempo. Sonreí mientras caminaba hacia la cuerda, en el trayecto me crucé con Shizuru, sentí que su mano rozó la mía, fue una sensación desconcertante pero agradable.
-Apuesto a que se cae-. Dijo Nao. Sus perritos falderos le siguieron el juego.
-Apuesto a que te gana-. Todos, hasta yo, volteamos a ver a Shizuru.
Confieso que desde antes tenía ganas de demostrarle a Nao que en realidad, yo era mejor en cualquier ejercicio físico, y después de escuchar a Shizuru, mi motivación aumentó.
Tomé la cuerda, esperé la señal del profesor y trepe. Tenía el tiempo calculado para ganarle a Nao sin verme demasiado anormal, al llegar hasta arriba, miré abajo, la imbécil estaba que se moría de la ira, pero quitemos a esa cabeza hueca del panorama, era una mejor vista Shizuru y su sonrisa.
A la misma velocidad regresé al suelo.
El profesor anunció los lugares, yo me quedé con el primero, Shizuru con el segundo, y la cosa pelirroja esa con el tercero.
-El parkour hace maravillas-.
-Sí-. Iba a sonreírle a Shizuru, sentí que alguien se aproximaba desde mi espalda, no le evité, no podía exponerme tanto en un solo día.
Una mano en mi hombro me giró bruscamente, y luego, otra mano me tomó por el cuello de mi playera. -¿Qué demonios hiciste?-. Nao estaba muy cerca.
Fruncí el ceño. -Ganarte, ¿no es obvio?-. Su agarre se hizo más fuerte.
-Kuga…
-Ya deja de desgastar mi apellido-.
Enfurecida, Nao alzó su puño izquierdo, cuando me golpeará, sus nudillos se romperían y mi cara quedaría intacta.
-Ara-. Shizuru estaba parada a mi izquierda. -Si yo fuera tú, no haría eso-. Sostenía su celular. -Al menos que quieras que el director lo vea-. Chica inteligente.
Nao dudó un segundo antes de soltarme. -No sé porque Fujino de repente se ha interesado en ti-. Aunque seguía muy cerca de mí, demasiado. -Pero no le durará mucho-. Mascullaba solo para nosotras. -Y entonces te partiré la cara-. Se dio la vuelta.
-Gracias-. Le dije a Shizuru.
-Ni lo menciones-. Ella vio como Nao se alejaba. -¿De verdad es así contigo por un problema del kinder?-.
-Idiota se nace-.
-Definitivamente-.
Un rato después, terminaron las clases, fue glorioso escuchar la campana de salida. -Natsuki-. Por supuesto, Shizuru iba conmigo mientras caminaba a la puerta.
Le mostré el dedo medio a un chico que nos veía de una manera muy desagradable. -¿Sí?-. También le eché una mirada de indiferencia a un par de chicas que susurraban cosas sobre nosotras.
-Estaba pensando que somos compañeras en Química, y también en Biología-. Oh cierto, la confabulación del mundo. -Sería bueno poder contactar contigo-. Volteé a verla.
-¿Quieres mi número?-. Ya me había pedido una cita, pedir mi número no debería ser problema
-Ara, solo si quieres dármelo-. Su expresión era coqueta.
Extendí mi mano, entendió la idea, desbloqueó su celular y me lo pasó, registré mi número como Kuga, después cambié de idea, mejor me puse como Natsuki K. Le regresé su móvil. Saqué el mío de mi bolsillo. -No le contesto a desconocidos-. Sonrío al coger mi celular, la vi registrarse y cuando me lo devolvió lo guardé de inmediato.
A lo lejos, escuché el sonido de sirenas. -¡Nos vemos mañana!-. Eché a correr. Sino me equivocaba, ese era el camión de bomberos.
Pero por supuesto que no me equivocaba. Al seguir el escándalo hasta su origen, me encontré con un edificio en llamas, el fuego ardía con furia, al paso que iba, no tardaría mucho en consumir toda la estructura. -¡Spidergirl!-. Rompí una de las ventanas para entrar, aterricé sobre los vidrios, frente a dos pequeños que lloraban asustados.
-Ya, ya-. No me gustaba ver mocosos llorando. -Vengan acá-. Cargué a ambos con mi brazo izquierdo. -Agárrense bien-. Aunque no se los hubiera dicho, los dos ya estaban aferrándose a mí como chicle a la suela de mi tenis. Salí por la misma ventana.
-¡Spidergirl!-. Le dejé los niños a uno de los bomberos, unos segundos después ya estaba de vuelta en el edificio.
-¡Rayos!-. Apenas entrar una parte de la pared más cercana se me vino encima, me dio un buen golpe. -Salvo mocosos…-. Me sacudí los escombros. -Y la vida me da ladrillazos-.
Saqué del edificio a otros dos niños, una viejita, seis adultos, dos gatos y un perro. -¡Spidergirl!,¡Spidergirl!,¡Spidergirl!-. Tenía el humo calado hasta la garganta y los ojos irritados, además del golpe que posiblemente me había dejado un moretón en el hombro, en ese estado, lo último que me apetecía era aguantar gritos, a la primera oportunidad desaparecí de la escena.
Me moría de hambre, mi estómago gruñía muy ofendido por mi negligencia alimenticia, ingresé a mi habitación por la ventana. -Mataría por una pizza ahora-. Me quité la máscara. -Tal vez debería ponerle un filtro a esta cosa-. Al igual que el resto de mi traje, estaba manchado de cenizas y apestaba a humo. -Ahora sí tengo que lavarlo-. Giré sobre mis talones. -¡Ahhhhh!-.
-Na… Natsuki…
Mi madre estaba ahí, con un cesto de ropa limpia que se le cayó al piso, me veía con ojos incrédulos y la boca abierta, temí que la sorpresa fuera a causarle un desmayo, o peor aún, un infarto, como el que casi me estaba dando a mí.
-He… yo… es que…-. No había excusa alguna que me salvará de esa. -Llegaste antes-. Estaba acostumbrada a que ella siembre llegaba tarde a casa, ni en mis más locos sueños la imaginaba saliendo antes del laboratorio.
-Oh dios…-. La ayudé a sentarse en la cama, que aclaro, ella había tendido. -Santo dios-. Me quedé parada frente a ella. -¿Hace cuánto no lavas esa cosa?-.
Discretamente olí la axila de mi traje. -En mi defensa, vengo de un incendio-. No me enorgullecía que de todos modos llevaba como un mes sin lavarlo.
-Dejemos tu higiene personal para otro momento-. Aspiró hondo. -¿¡Cuándo pensabas decirme que eres...
Cómo auto reflejo, cometí la idiotez de taparle la boca con mi telaraña. -¡Mamá!-. No podía andar gritando por ahí que yo era Spidergirl, por todos los cielos.
Al caer en cuenta de lo que hice. -Perdón, perdón, solo no lo grites-. Rápidamente le quité la telaraña.
Ella asintió con la cabeza. -Tienes muchas explicaciones que darme señorita-. Suspiré.
-¿Puedo tomar una ducha y comer antes?-.
Arrugó la nariz. -Por favor-. Fruncí el ceño.
-No iba a oler a flores después de que evitará una barbacoa humana-.
-¡Natsuki!-. Ya me había metido a la ducha de mi habitación.
Aunque me tentó mucho la idea de salir huyendo por la ventana, más temprano que tarde terminé sentada a la mesa con mi madre, al menos la lasaña estaba buena. -Entonces…-. Ella estaba sentada frente a mí, con los dedos cruzados sobre la mesa, en esa pose pensativa que usaba cuando ataba cabos. -Eres Spidergirl-.
-Yo no escogí el nombre-. Dije con comida en la boca.
Me pasó una servilleta. -¿Por qué decidiste pasearte por ahí en un traje de licra?-. Frunció el ceño igualito a como yo lo hacía.
-He… ¿Por qué un gran poder conlleva una gran responsabilidad?-. Creo que leí algo así en una galleta china, no estoy segura.
-Natsuki…
Me metí otro bocado de lasaña a la boca. -¿Estás molesta conmigo?-. Y otro, tenía mucha hambre.
-¿Molesta por qué seas una superhéroe? Claro que no-. Sonreí. -Molesta porque no me lo dijeras, por supuesto que sí-. Adiós sonrisa.
-Existe algo llamado identidad secreta, mamá-.
-Identidad secreta mi trasero, no te llevé 9 meses y soporté un parto como para que me ocultes algo tan fantástico-. Oh no, su lado científico había salido a la luz. -Esa telaraña tuya, dime qué no te sale por el…
-¡Mamá!-. De verdad que no quería tener esa platica. -Son disparadores, disparadores, en mis muñecas-.
-Un momento-. Algo hizo clic en su cabeza, maldije internamente. -¿Por eso desaparecen cosas de mi laboratorio?-.
Tal vez no debí sonreír cínicamente. -Di que no le robé a los laboratorios Searrs-. A fin de cuentas, ellos eran los culpables de lo que vivía, tomar un par de cosas de sus almacenes habría sido una compensación justa.
Más tarde, mientras estaba en mi habitación pasando los apuntes de Química del cuaderno de Shizuru, mi celular vibró, pese a que estaba a mi alcance, a apenas unos centímetros de mi mano sobre el escritorio, lo ignoré. Una media hora después, dejé los apuntes un momento para estirarme, aproveché para tomar mi móvil, al desbloquearlo…
-¿Qué demonios…
Vi que tenía un mensaje de un número registrado como Shizuru, con un emoji de corazón al lado. Negué con la cabeza. Cada vez era más obvio que sí se refería a una cita romántica.
-Veamos que dice-. Abrí el mensaje.
"Linda foto de perfil, Natsuki" Sí hasta pude imaginarme su tono.
"He… gracias." En chat no era mucho mejor platicando que en persona.
Dejé el celular sobre el escritorio para seguir con los apuntes, volvió a vibrar, miré la pantalla, era ella. -¿En qué me estoy metiendo?-. Cogí de nuevo el celular.
Al día siguiente era sábado, aproveché para despertarme tarde, cuando me levanté tomé una ducha y por costumbre busqué mi traje, no estaba donde lo había dejado, fruncí el ceño. -Ok tal vez lo arrojé debajo de la cama-. Me agaché para ver ahí, nada. -Bueno quizá…-. Miré en la parte superior de mi clóset. -Puede ser…-. Le eché un ojo a la silla de mi escritorio. -¡Con un demonio!-.
Salí de mi habitación en ropa interior. -¡Mamá!-. Los fines de semana no iba a trabajar.
-¿Qué?-. La encontré en el pasillo.
-¿Dónde está mi traje?-.
-Buenos días a ti también-. Dijo con sarcasmo. -Está en la secadora-. Me di la vuelta para ir por él. -¿¡Qué rayos te pasó en la espalda!?-.
Sin entender de qué hablaba, miré sobre mi hombro. -Ah ya-. Con que a eso se refería. -Ayer me cayó una pared encima-. Dije como si nada.
-¿¡Qué!?-. Me tomó del brazo. -Vamos al hospital ahora mismo-.
-Ayyy mamá, pero si no es nada-. Tenía un moretón desde el hombro hasta media espalda, en colores morado y negro, creo que la piel pulsaba un poco. -En un par de días estaré como nueva-.
-Hospital, dije-.
Alcé una ceja. -¿Y qué diremos?-. No podía llegar a la sala de urgencias diciendo que me cayeron kilos de concreto encima y luego había dormido a pierna tendida. Creo que ella entendió la idea, se detuvo en medio del pasillo. -Que bueno que lo entendiste-. Comenzó a caminar de nuevo, con dirección a su laboratorio.
-Allí tengo un botiquín-.
-Pero…
-¡Pero nada!-. Podría haberme resistido, pero no quería provocarla, más. -Superhéroe o no, sigues siendo mi bebé-.
-¡Mamá!-.
Admito que no tenía ni idea de que hacer para una cita, solo se me ocurrió estar presentable, a las 7pm salí de mi segunda ducha del día. Me puse mi traje y mis disparadores, arriba de eso me coloque un jeans oscuro, una playera gris y una chaqueta negra; a mi cabello no le invertí el gran esfuerzo, ¿Para qué? Si igual siempre terminaba despeinado por andarme columpiando de un lado a otro.
A las 7:50 bajé las escaleras. -¿Natsuki?-. Mi madre estaba en la sala, le extrañó verme arreglada un sábado por la noche.
-Yo…-. El timbre de la puerta sonó.
Mi madre acudió a atender la puerta. -Buenas noches, vengo a recoger a Natsuki-. Reconocí la voz de inmediato.
Mamá giró su rostro hacia mí, con expresión incrédula. -Esto es más difícil de asimilar que lo de ayer-. Pasé caminando al lado de ella.
-Gracias por la fe, mamá-. Abrí del todo la puerta, Shizuru estaba del otro lado. -Hola-.
-Hola Natsuki-. Tenía una sonrisa coqueta. -Te ves muy bien-. Ella iba vestida con un jeans rasgado que remarcaba sus piernas, una blusa blanca con el primer botón desabrochado y una chaqueta roja, se veía muy muy muy bien, creo que me costó mucho no verla más de la cuenta.
-Yo… -. Mis neuronas necesitaban un empujoncito. -Linda chaqueta-. Gracias al cielo eso le causó gracia.
En la calle vi estacionado un Mustang rojo oscuro, me abrió la puerta del copiloto. -Gracias-. Sentí extraño que tuvieran ese tipo de atenciones conmigo.
Shizuru rodeó el auto y tomó su lugar tras el volante. -Creo que será una noche encantadora-. Me sonrió y encendió el motor.
