"La sagrada locura, atentando con mentes cuerdas. Después del suplicio del encierro trae para ustedes su quinto proyecto"

Y el escritor dijo: Hágase el computador.

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¿Han leído Akuma? Si no es así, deberían darle una oportunidad. Es mi nueva recomendación semanal que ofrecerles en historias donde la pareja sea Hao y Jeanne. Tiene todo lo que yo espero ofrecer de mi proyecto, una relación adulta bien descrita sin rayar en lo absurdo.

Ahora sí, ¡Hola! Vaya, que semana, con toda honestidad no esperé que me escribieran pronto ¡Me alegra muchísimo que le den una oportunidad! Tengan la plena seguridad que intentaré dar lo mejor de mí en cada capítulo. Sobre todo, ahora que entramos en el pasado. Porque sí, ahora empieza lo interesante.

Otra de las cosas que me gustaría incluir en mi fic es la sección de "hablar con el personaje". Lo haré porque parece ser una tradición dentro de los fic de Shaman King. Así que todas las preguntas que me hicieron la semana pasada serán respondidas dentro de esta sección con mi Oc. ¡Bienvenida Asagao!

Asagao: Hola, es un placer saludar… ¡Vamos con las preguntas!

"¿Eres más parecida a tu padre o a tu madre?"

Asagao: A mi papá, probablemente de mi madre solo haya heredado la compasión y el sentido de "justicia".

"¿Seguirás apareciendo en la historia?"

Asagao: Sí, pero no por ahora. Esta parte se trata de la relación entre mis padres. Cuando yo vuelva a salir, seguramente sea para el capítulo final o algún epílogo extra. ¡Esas son todas las preguntas! ¡Gracias y disfruten el capítulo! ¡Nos vemos pronto!


Una mujer destinada a la desolación

Jeanne, quien no conocía más allá de los grandes muros de piedra franceses, de los barrios pobres donde solo los niños criados por vagabundos transitaban como ella, buscando algo que comer; encontró un pan arrojado en uno de los tantos charcos de agua que la lluvia había producido. Ella no nació de alguna mujer de pobreza extrema, pero sus padres decidieron arrojarla rápidamente a esa misma vida. No los reconocería de verlos pasar a su lado.

No tenía a nadie más que a ella misma.

Tomó el pan con la esperanza en ojos infantiles, sin realmente importarle la humedad que rápidamente lo convirtió en una pasta. Sin asco le dio un mordisco deleitándose del sabor de la comida, una que no tenía el lujo de darse desde un par de días. No importaba si lo encontraba en la condición más deplorable que podía existir, ella agradecía ese pequeño milagro.

Estaba empezando el frío propio de temporada. Jeanne pensó que sería agradable encontrar un pedazo de cartón, había visto a algunos otros vagabundos calentarse con él, tapaba el frío según le informaron. Eso la llevo a caminar unas calles afuera, donde la belleza de Mont Saint-Michel eclipsó sus ojos. La gran estructura de un ángel se alzaba sobre su cabeza, más allá de los árboles. Alguna vez escuchó que se trataba del Arcángel San Miguel, quien levantaba la espada de la gracia en contra del mal.

No llegó a comprender del todo a que se referían con el mal. ¿Qué podría ser aquello a lo que la gente desesperadamente le teme y se rehúsa a enfrentar? ¿Ella también debería tener miedo?

Eran muy pocas las personas que transitaban a esa hora. Por lo que no encontró tantas miradas fijas en ella que demostraban un sentimiento que no lograba identificar. Normalmente al verla, una que otra persona le arrojaría algún trozo de comida. Siempre esta iría acompañada del "pobre criatura". Encontró comodidad en la privacidad silenciosa de ese horario y la falta de personas, acercándose hasta poder admirar mucho más de cerca la torre donde estaba la imagen del ángel.

Al parecer tampoco era la única con ese interés. Al frente del particular sitio, una niña un poco más grande que ella ojeaba el lugar. Su largo cabello castaño era bonito. Vestía una capa de tela opaca, alcanzaba a ver un pantalón rojo por debajo de esta y unos zapatos que nunca había visto. De lo poco que sabía de Francia, podía asegurar que ella no pertenecía a ese lugar. Abrió la boca para preguntarle el motivo de su presencia, pero esa persona se adelantó con una sonrisa y actitud alegre. Solo entonces comprendió que no se trataba de una niña, era un niño de piel más bronceada.

-¿No es gracioso este lugar?

Jeanne no sabía que responder a eso, pero se las ingenió para emitir un comentario- ¿Por qué sería gracioso?

-¿No lo ves? El mal del mundo y todo eso, es una forma en la que los humanos creen que se ve. Solo necesitan un espejo -una risa sale de él, pero esa alegría que debe representar sentirse divertido no llega a sus ojos oscuros.

-¿Acaso no eres humano tú también? ¿Y yo? -murmuró confundida, no entendía sus palabras.

Él vuelve a sonreír- eso parece. ¿Cómo te llamas?

-Jeanne… -musita no muy segura. Era el nombre que escuchaba a menudo cuando se dirigían a ella- ¿Puedo saber tu nombre?

-No puedes.

La toma por sorpresa antes de escuchar nuevamente su risa, él parecía disfrutar de su extraña conversación. Incluso dejó de mirar la pilastra del ángel para observarla cerrar su boca molesta con su respuesta. Y seguiría estando enojada si su estómago no hubiese gruñido, el pedazo de pan que había comido se agotó rápidamente después de gastar energía en su intercambio de palabras. Avergonzada se tapó el rostro sin saber que hacer después de su demostración de hambre.

-Toma -el niño sacó de su pantalón algo que tenía el aspecto similar al pan, pero no se veía igual que el que ella comió, tampoco olía de forma desagradable, como suponía, debía oler el pan. No sabía que podía lucir tan limpio.

Dio un mordisco y se fascinó en cuanto su paladar captó el sabor del obsequio.

-Muchas gracias -aseguró entre pausas para masticar. No quería que algo como eso se agotara pronto. Tal vez no podría volver a comer algo tan delicioso nuevamente.

-Aun en tu miseria eres agradecida – ella ignoró el significado detrás de sus palabras, pero no la seriedad de su rostro al mirarla- debo irme. Fue un placer conocerte Jeanne.

-¡Espera! ¿No sabré tu nombre? -consultó con tristeza.

-¡Es mejor de esa forma, después de todo, esto fue solo un error! -anunció divertido elevándose en el aire gracias a lo que parecía tener una forma humanoide, pero era rojo como el fuego.

La niña no volvió a verlo después de ese día. La persistencia en su mente y la promesa de que lo recordaría, aunque él afirmó que se trataba de un error le hizo mantener en su memoria al extraño conocido. Esperanzada en que reconsiderara sus palabras y volviera a verla, incluso si no traía consigo el pan que nunca volvió a probar. Extrañaba hablar con alguien de su edad.

Con el pasar de los días, perdió la esperanza y adquirió tristeza en su corazón. El frío azotaba con fuerza, sus ojos rojos antes iluminados, se encontraban oscurecidos por la falta de estamina. Sus caminatas se redujeron hasta desistir arrinconada en una de las tantas esquinas del pueblo. Tenía tanto sueño, que le costaba mantenerse despierta. Pero lo prefería, era mejor estar así que sentir las horribles punzadas de hambre en su estómago.

Recordaba el pan.

La esperanza que creía extinta en su corazón se regeneró a partir de una pequeña y cálida llama cuando dos hombres se detuvieron para sacarla del sitio en el que se encontraba. Prometieron que todo estaría mejor desde ese momento y ella les creyó. Una fe ciega que no hizo más que consumirla en un desolado páramo.

Marcos, amparado por el fundador de los X-Laws, la condujeron a una vida en la que olvidó sus raíces y al extraño amigo de pie en la torre. Asistió a un monasterio que llamó hogar, criada en una ilusión de ser designada por Dios para erradicar el mal del mundo. Nuevamente escuchó el término y en esa ocasión, rápidamente lo reconoció como una aberración que solo ella podía exterminar, porque para eso había sido creada. Ese era su propósito en el mundo.

Pobre niña ilusa, encerrada en una jaula de cruces y oraciones. Con manos que no tardaron en teñirse de sangre, porque lo creía prudente. Sobre su corona de cabellos plateados, el espíritu que la escogió para el torneo de Chamanes, un Dios de la Justicia. Shamash, que estaba tan solo como ella, ajustado al criterio individual y a la sangre. Tenía una forma de un pequeño bebé, pero estaba muy lejos de ser inocente como uno.

Durante el torneo no solo descubrió que todo lo que pensaba era erróneo, que incluso la traición de Luchist Lasso a quien creyó un mentor, era menos dolorosa que la culpa. Jeanne había matado a participantes del torneo sin justificación. Y, solo llegó a comprenderlo cuando la voz de la razón, de la mitad del mal encarnado; se lo dijo. Yoh Asakura la educó mucho más que lo que habían logrado aquellos que dentro del monasterio justificaban el homicidio.

Comprendió el significado de la misericordia del Señor en una persona que no practicaba su religión.

Las oraciones que antes rezaba enfocadas en las últimas líneas dejaron de ser una mera repetición. El "no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal" pasaron a ser menos significativos que el "perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden". Jeanne buscó su redención desde el día que reconoció en Yoh más virtudes de las que creyó poseer perjudicando al prójimo. Junto a él y al resto de sus amistades intentaron detener a Hao.

El era el mal del mundo. Eso creyó, pero tampoco estaba en lo correcto.

Su monasterio se lo presentó como un demonio de fuego, arrasando entre las brazas de su espíritu todo aquello que no le satisficiera. Cuando lo vio por primera vez, pensó incluso peor. Era la imagen de la perdición, rodeado de devotos servidores del averno y otras derivadas del infierno. Cuando Yoh se refirió a él como un ser humano, como su familia; ella le costó adaptar la imagen que tenía con la que su amistad hablaba.

En serio le fue sumamente difícil. Hasta que Yoh y el resto de su equipo volvió, convenciendo al demonio de desistir de su genocidio. Hao, a quién ella creyó un ser sin alma, le dio una oportunidad de vida a los seres humanos.

Hao dejó de ser el mal para ella, se convirtió en otra persona con grandes defectos, pero persona, al fin y al cabo. Olvidó odiarlo, lo olvidó conforme el tiempo pasó. Sin saber que era la segunda vez que lo hacía.

Dejó atrás los vestidos de grandes volantes para sustituirlos por prendas más sencillas. Además, conforme pasaron los años, se centró en convertir a los X-Laws en una institución de caridad con sede en París, la capital de su país de nacimiento. El sitio que le daba tranquilidad, seguramente porque Marco así lo hubiese querido, que permaneciera enamorada de un sitio tan hermoso como lo era Francia.

Tenía dieciséis años y al encontrarse emancipada, pasaba su tiempo entre la administración de los fondos que se le habían otorgado por Marco, la fundación y su asistencia a la iglesia. No había dejado de creer en Dios, antes bien encontró en él la fuerza para continuar y pedir disculpas cada día, esperando su perdón. Oraba por los miembros del equipo Nilo, por las almas desdichadas del purgatorio; por Yoh Asakura y su familia, sus amistades.

Trataba de incluirlos a todos.

Sin embargo, una tarde, sus ojos reconocieron la figura de la única persona que no recordaba en sus plegarias. Creyó que se trataba de su imaginación, puesto que era absurdo concebir que el actual Shaman King estuviese en Francia. Después de todo ¿Qué podría motivarlo a manifestarse en ese país? No, dejó pasar esa idea mentalizada en afirmar que se trataba de un error visual. Caminó hasta llegar a la capilla e inmediatamente se inclinó en señal de respeto. Avanzó entre los banquillos antes de arrodillarse frente al altar como lo hacía regularmente. Apoyando sus manos sobre la madera, empezó su conversación.

-Señor, yo que he pecado contra mi prójimo, me arrepiento…

-La imagen Mártir de la Doncella de Hierro, Jeanne -comentó una voz detrás de ella. A pesar de olvidarlo en todo ese tiempo, en cuanto habló recordó su tono mordaz y peligroso encerrado en un aura de diversión perversa. Hao estaba en Francia, más cerca de lo que deseó experimentar.

Jeanne permaneció en silencio por cinco minutos antes de levantar su mano cruzándola en una seña de cruz que daba por finalizada su oración. Entonces se colocó en pie con la gracia de una dama educada por monjas, miró a su distractor, sin esperar que permaneciera dentro de la iglesia esperando a que ella terminara.

Hao sonrió, sin embargo, esa aura mortal que supuso estaría con él, no hacía acto de presencia.

-¿Puedo saber que le trae a esta capilla?

-No puedes.

Jeanne sintió que había escuchado eso antes- entonces, si me disculpa.

-¿No saludarás a un viejo amigo? -consultó apoyando su mentón en su puño, un gesto común en él.

-No puedo establecer una amistad con alguien que ha matado a personas preciadas por mi -no elevó el tono de voz para decirlo, pero parte de la dureza de la vieja imagen de la doncella se dejó entrever.

-Tus manos no están precisamente blancas, querida.

Jeanne cerró los ojos, el dolor de escuchar sus palabras y la realidad de ser similares en ese aspecto silenció toda protesta a la que tenía derecho. ¿Qué podría decir?, si expresó la única verdad de la que era plenamente consciente. Al abrir los ojos, enfocó sus ojos sangre en él sosteniendo su mirada incluso si la de él estaba haciendo lo mismo. La permanencia silenciosa se tornó en una tranquila exposición de que, de no hablarse con argumentos pasivo-agresivo, en silencio por lo menos podrían convivir.

-Lo sé -respondió ella después de mucho tiempo. Quiso seguir su camino sola, pero Hao se colocó en pie para seguir. ¿El Shaman King no tenía la capacidad de estar en todos los sitios? ¿Por qué la seguía como cualquier ser humano?

-Francia es… interesante.

Jeanne meditó en sus palabras antes de hablar- rebosa de vida en estas fechas.

Él sonrió- necesito un guía turístico.

Jeanne sabía que había más implícito dentro de sus palabras. Una solicitud con tintes de imposición. Por ese motivo estaba en Francia y entró en una capilla, dedujo rápidamente; necesitaba de ella para encontrar a algo o a alguien. Probablemente esa persona escapaba de sus habilidades de Shaman King, ¿Cómo podría hacer algo como eso?

-Eres bastante hábil como detective, doncella ¿No has pensado en dedicarte a eso?

Recordó que tenía la capacidad de leer mentes.

La Doncella de Hierro pensó en declinar su oferta contundentemente, pero se trataba de Hao Asakura, el actual Shaman King y decirle que no, representaba su insistencia hasta convertirse en una amenaza. ¿Qué podría perder, estando condenada a vivir en remordimiento? Nada.

-No creo que le sea difícil encontrar el sitio que busca sin uno.

Escuchó la carcajada abierta de su acompañante- solo tú tendrías la osadía de adornar con amabilidad palabras hirientes. Lastimosamente para ti doncella, no estoy pidiéndote permiso.

-Me encontrará inamovible si ignoras mi voluntad.

Hao continuó sonriendo, pero sus palabras se volvieron filosas- creo que no entiendes en la posición que te encuentras doncella.

Jeanne cerró los ojos momentáneamente molesta. Algo que de seguro le causó gracia a su acompañante, pues escuchó una pequeña risa que provenía de él. No llevaría a nada su confrontación y ella necesitaba ocupar el resto de la noche en la búsqueda de los obsequios que donaría. Hizo lo que creyó prudente.

-¿A dónde desea ir?

-¡Sabía que podía contar contigo! -apremió con un tono de fingida alegría- a lo alto de la torre Eiffel.

Ella no agregó comentario, pero empezó a caminar en dirección al destino. Su largo cabello se mecía con suavidad contra el viento y el vestido gris que usaba en ese día le daba un aspecto mucho más religioso que el acostumbrado. Hao no la miró más de lo necesario, pero en el corto tiempo que lo hizo, reconoció que los rasgos de la niña se hicieron más finos, creció un poco más y lucía menos severa. Esa aura de bondad que la rodeada y el aspecto religioso, toda ella exudaba belleza y fragilidad. Ni siquiera era realmente delicada a pesar de aparentarlo. Y esa imagen se perdía totalmente cuando abría la boca, adornando sus palabras en un léxico exquisito que podía insultar sin sentirse como una ofensa.

Sonrió divertido. Que interesante se tornaba la situación.

El sitio de destino estaba rodeado de turistas y fotógrafos. No era algo extraño considerando que se trataba de una maravilla arquitectónica. Jeanne estaba acostumbrada a la movida vida de París, pero en su humildad aún agradecía que a las personas le pareciera atractivo el lugar. Que pudiesen contemplar con el mismo amor que ella sentía, la belleza de la capital francesa.

Tomó una volante brindada por una de las jóvenes que trabajaban como turistas para, posteriormente, caminar por la entrada principal antes de tomar el ascensor. Después de todo no se trataba de una visita cualquiera, el joven a su lado era el verdadero interesado. Hao no le comentó el motivo, tampoco el porque del horario y el lugar; sin embargo, sus pensamientos la llevaron a imaginar que se trataba de alguna reunión de alguien que le era perjudicial o estaba actuando en su contra.

En cuanto llegó a esa conclusión sintió los ojos chocolates de él fijos en ella. Su sonrisa le dio a entender que debía detener sus pensamientos.

-Me disculpo -expresó después de un tiempo tomándolo por sorpresa.

-¿A qué viene eso?

-No debí inmiscuirme en algo que no deseas dar a conocer, la curiosidad no es bien vista. Así que me disculpo por ello -finalizó.

Hao llegó a preguntarse porque no la había visitado antes. No solo resultaba una persona diligente, sino que su actitud era un coctel de diversión que estaba disfrutando. La Doncella Jeanne era ridículamente correcta, aunque sus ojos carmesíes bulleran en pensamientos "rebeldes". Ella trataba por todos los medios de lucir perfecta, no por que fuese esa su finalidad; sino que sus principios impedían que actuara de forma contraria. ¿Qué tenían las religiones con el libre pensamiento? Aunque antes le desagradaba, ahora se los agradecía. El debate mental de Jeanne era algo digno de admirar.

-No pareces lamentarlo realmente -usó un tono de burla para acentuar la presunción de la obligación que parecía dominar su verdadero deseo.

-No somos lo suficientemente conocidos para que pueda determinar algo como eso.

Hao negó- los ojos son las puertas de la verdad, doncella.

Jeanne sabía que utilizaba su título como una mofa, sin embargo, cuando lo pronunció acompañado de esas palabras, se sintió como una oración sin malicia. Una verdad que él podría atestiguar.

Al llegar al piso más alto, la hermosa vista de la Francia que Jeanne amaba la hizo maravillarse una vez más de su belleza. El vasto cielo abrazaba uno de los paisajes que agradeció tener el privilegio de presenciar. Dios en su magnificencia permitía que el sol y las nubes con la brisa fresca brindaran un clima agradable.

Por primera vez en el día ella sonrió, algo enteramente sobrio, pero no dejó de ser un gesto honesto.

Hao la observó y no dudó en reírse. Sin duda ella era una caja de sorpresas. Luego perdió todo su buen humor al encontrar el motivo de su visita. Dentro de los tantos turistas reconoció a Yabisu Hula en su forma Pirámide al lado de un niño pelinegro. Con Jeanne y la supresión de su divinidad era nulamente probable que pudiese sentir su presencia. Así que se regocijó al saber que el séptimo Shaman King ahora patrullaba en la Tierra. Su desprecio por la posición que ahora tenía Hao había detonado en la búsqueda de alguien que pudiese destrozar todo cuanto protegía.

Asakura sonrió, ¿Acaso pretendía provocar una guerra? Al G-8 en su totalidad no le era de su agrado, pero Yabisu rayaba en un satírico nivel de envidia en estado puro. Probablemente quería provocar una queja y traer consigo la "Flor de maíz". Un torneo donde cada Dios tenía un equipo consigo para pelear por él.

Seguramente por eso estaba con ese niño, reclutando participantes antes de que todo explotase. Que ocurrente podía ser el Dios del capitalismo.

"Voy a tener que mantenerte cerca por ahora" pensó regresando sus ojos a Jeanne.

Notas de aclaración

*En 1994, cuando Jeanne tenía 4 años, Yamada Kouji fue reclutado por Hao en Francia, lo que permitió el enlace de este capítulo.

*La diferencia de edad entre Jeanne y Hao es de 5 años. Ella nació en marzo de 1990 y él en 1985.

*A criterio de la autora no es necesario narrar los hechos del manga en la contienda de Shamanes, porque estos no estarán modificados. Se quedan tal como son.

*Según el ensayo de Valdivia, los menores podían emanciparse a la edad de 16 años. En base a esta información se tomó en consideración que Jeanne pudiese ser partícipe de ese proceso.

*No se encontró la edad de Yosuke (el actual "shaman" de Yabisu Hula), pero en apariencias se puede determinar que en el 2006 debía ser más o menos un niño.