Mis pasos me llevaron, sin yo pretenderlo, de regreso hacia hacia las habitaciones comunales de los aprendices de legado. Pasé de largo los dormitorios y seguí hacia los laboratorios. Habitualmente trabajábamos allí por temporadas, preparando ponzoñas, venenos y otras pócimas de propiedades interesantes.
Si yo hubiese sido una aprendiz de importancia, habría tenido mis aposentos en la vivienda de mi maestro y solo habría visitado ese lugar para trabajar en algún encargo, pero, aquel era mi tercer maestro y, al igual que los dos anteriores, no parecía mostrar ningún interés particular en mí más que en los servicios que yo pudiese prestarle. Los dos anteriores habían sucumbido a las luchas de poder y el actual parecía estar tomando el mismo camino.
Ese día no había nadie en el laboratorio, y fue una suerte. Yo no sabía hacia dónde iba, solo podía oír el grito en mi mente y un dolor tan duro, sordo y cortante que no podía ni gritar, ni reaccionar. Una parte alejada de mi mente pensó que yo estaba en shock, y tal vez lo estaba, pero mi actuación fue muy certera.
La estantería de los viales y alambiques estaba elevada, para permitir limpiar debajo con comodidad. Si metías la mano en cierto ángulo, encontrabas una tabla suelta en el entarimado. Si la presionabas en el lugar adecuado y con el ángulo adecuado, se levantaba. Si metías la mano, en caso de que tu mano fuese lo bastante fina, encontrabas una bolsa de cuero con ingredientes.
Muchas veces, me había quedado a limpiar después del uso del laboratorio. Lo peor era cuando se había sacrificado a una criatura para extraer algunos de sus órganos… Me resultaba difícil limpiar sin que se me revolviese el estómago. El resto de aprendices solían abusar de mí, o eso creían. Durante años guardé concienzudamente fragmentos de ingredientes, enganchados a mi túnica, o que rodaban hasta debajo de la estatería distraídamente, hasta que fueron suficientes como para crear dosis de utilidad. Los había ido guardando, así como otras cosas que no solían vigilar con atención.
Mis manos deshicieron el atado de cuero. Saqué varias hierbas, una de ella la conocía bien: ursadicta. Algunos sacrificios recibían el beneficio de una dosis de esa hierba antes de que sufrir el ritual. Alguna tierna alma lo deslizaba con su última comida. Y mientras esas pobres almas eran puestas sobre el espejo y desangradas hasta la muerte, sus ojos no expresaban temor ni miedo, solo una distante curiosidad. Todo un contraste con los chillidos, gritos y el descontrol sobre los esfínteres que traía un ritual donde un dios devoraba tu alma mientras tu cuerpo se desangraba sobre un espejo de negrura infinita.
Saqué la dosis adecuada cuando mi mente ya estaba entrando en pánico, pensando que no supe que mi madre había sido capturada, que nadie le llevó la ursadicta y que habría muerto llena de dolor, perdiendo toda su dignidad y creyéndose sola. Las lágrimas por fin hicieron su aparición junto con un gemido de dolor que no pude controlar.
Mastiqué la dosis y la tragué rápidamente. Hubo dos pensamientos más que me dolieron como una cuchillada… y luego, se silenciaron. Silencio en mi mente. Mis sentimientos habían desaparecido. Cerré concienzudamente la bolsa con los ingredientes y la escondí bajo la pechera de mi túnica. Mis senos habían sido una gran ventaja en varias ocasiones allí dentro. Tenían el tamaño adecuado como para que un pequeño fardo no se notase si lo colocaba adecuadamente. Y tenían la forma perfecta como para que algunos quisiesen tocarlos. Y, no os engañéis, poco podía obtener a cambio una aprendiz… Yo, como segunda aprendiz, no era de bastante interés como para siquiera ser asesinada junto a mis maestros y alguien me heredaba. Pero los legados eran posesivos con sus pertenencias, y que alguien me tocase sin permiso de mi amo era una falta de respeto. Ninguno de los que quisieron tocarme los pechos y hacer otras cosas con mi cuerpo que ahora no me apetece recordar, creyó que yo me atreviese a chivarme… Pero, por si acaso, me dieron comida extra, y me permitieron algunas otras complicidades, como acceso a la biblioteca de los tomos de alquimia.
