Capítulo II: Ángel

El primer día había iniciado de esa manera, Kara en la celda 103 que sería su cuarto de ahora en adelante o al menos eso esperaba, y Lena en la celda de castigo del centro.

Varias horas pasaron desde que la encarcelaron, ella dejó de llorar en algún punto cercano a las dos horas.

Kara estaba atenta a todo, y más cuando llegó el almuerzo, a ella y a todas las celdas del piso exceptuando a la celda de castigo, se le deslizó una bandeja con alimentos balanceados, sopa, segundo, pan y una manzana, con jugo de maracuyá, un alimento rico, una comida rica.

Kara vio su bandeja y vio por la mirilla de su celda a la celda de Lena, sin saber quién era la chica que estaba ahì, notando que no le habían dado nada, aún sin saber quién era ella y el porque del castigo.

- No debería importarme – susurró para sí misma – no debería entrometerme – siguió ella – Alex dijo que no – se volvió a repetir.

Más pensó, que cuando la chica lloraba, su voz era muy nítida y muy suave – debe tratarse de una chica no más de veinte años – susurró – pobre – siguió – no te entrometas Kara, no es tu asunto – volvió a decirse a sí misma – pasa la maldita prueba y a con Alex – añadió.

Y con eso ella comió en silencio, con el corazón apretujado al recordar los gemidos en su cabeza, aquellos provenientes de la celda de castigo, tan nítidos cómo una canción en enormes parlantes.

- Tal vez un poco – susurró – guardando una pieza de pan debajo de su almohada, sólo por el poder hacerlo - cómo experimento - se mintió a sí misma.

Las horas pasaron después del almuerzo y tal cómo lo predijo Kara, ella pasó casi todo el día en esa celda, intentando ser paciente, agradeciendo por tener una ventana, aunque alta y pequeñita, una muy eficiente de dónde entraba mucha luz, no solar, pero luz al menos.

Cerca a las 6pm, Kara seguía en su celda, la cena no llegó – tengo hambre – soltó ella ante el rugido de su pancita – auuu comida – dijo con su desarmador puchero, pero rayos, no había nadie que ceda ante él – mierda – susurró y sacando su pieza de pan, miró por la mirilla hacia el exterior mirando la celda de la chica, y nadie aún aparecía en su puerta.

- Rayos – susurró – entonces era cierto que no ibas a comer por tres días – soltó – mierda – añadió y pensando ella en sus amigos y en los pasantes de cuándo trabajaba en CatCo, todas eran menores de edad.

- Pobre, tal vez tú también lo seas – soltó mirando la celda negra y de ahí a su pan y de ahí otra vez a la celda negra, con lo que se apiadó de la chica – talvez lo merezcas más que yo – susurró ella

Kara recostada en su puerta, empezó a pensar en cómo hacer, ella no podía salir y aparentemente sus vecinos un tanto ruidosos tampoco podían, algunos gritaban, otros pateaban las puertas, otros lloraban y otros al igual que ella permanecían callados, sin saber si estaban siendo evaluados o qué pasaba.

Kara intentó con toda su fuerza escuchar a la chica de la celda negra, más ella sólo hizo ruido durante la primera mitad del día, después parecía que la celda estaba vacía.

Ella hasta llegó a pensar en que talvez la chica se había dormido, pero leves gemidos que logró escuchar entre tanta bulla, le confirmaron, que no.

- Mierda – susurró otra vez – aguanta por favor, no llores – susurró, incapaz de decirlo en voz alta, pensado en la advertencia de su hermana que sonaba tan nítido en su cabeza, tal cual campana de iglesia.

- No defiendas a nadie, no te fíes de nadie, todo puede ser una prueba – le había dicho Alex

- Mierda – susurró otra vez, pensando una y otra vez en cómo ayudar a la chica y en cómo eso iba en contra de lo que le había dicho Alex.

- Mierda, mierda – pensó y susurró, muy decidida a hacer lo correcto, a poder ayudarle a la chica.

- Y que tengo que preguntarle su nombre, no le puedo llamar eternamente "chica" – dijo un pelín feliz de que iba a poder ayudarle.

Lena por otro lado estaba mojada y fría, recostada en el piso de la celda muy hambrienta y dolorida susurrando sin parar – hice lo correcto, hice lo correcto – seguía ella.

Ya que cuando Lex le pidió que asesinara a una mujer embarazada, Lena se negó rotundamente y arriesgándolo todo ya que el hecho de que siguiera viva sólo se debía a que era un "Luthor" y por tanto las pruebas hacia ella eran mayores que el resto.

- Gracias abuela – susurró ella, pensado en que si seguía con vida, debía talvez tener que ver por lo mucho que imponía su abuela.

Y así, entre susurros, intentó dormir y no romperse la cabeza de acerca cómo sobrevivir esos tres días sin comida ni agua, sólo la que le echaban con la manguera, lo cual la obligaba a chupar prácticamente toda la humedad acumulada en su ropa con el único fin de obtener más agua.

Llegada la madrugada, Kara se despertó con un fuerte grito muy agudo…

- Mierda, mis oídos – se quejó ella cubriéndolos y sentándose en el catre que tenía por cama – auuu estoy muy adolorida – se quejó haciendo pequeños estiramientos.

- Ahhhhhhhhh ¡ – los gritos volvieron a oírse, causando que Kara se parase cómo si de una emergencia se tratase y con mucha cautela se pusiera a mirar por la mirilla desde dónde venía el sonido, viendo así que venía de la celda negra, los guardias habían vuelto a echarle agua y parecía que era helada.

- Mierda – susurró ella otra vez tratando de mirar a la chica, observando que un cuerpo, posiblemente el de ella, estaba tirada y mojada en el piso, aún con ambas manos esposadas.

- Carajo – dijo mirando todo atentamente arrodillada en la puerta, observando también que la cámara de vigilancia giraba en su eje, dejando puntos en blanco que ella podía aprovechar – eureka ¡ - medio gritó y medio susurró ante lo que ella había creído era una gran idea.

Los guardias cerraron la puerta riéndose todo el tiempo, antes de irse a otro ambiente. Momentos después todas las celdas se abrieron electrónicamente, Kara observó todo muy atenta sobre todo a la cámara para aprovechar el punto ciego.

Y cuando ésta giró, Kara empezó a correr hacia la celda negra, ante la mirada de algunos que no sabía que pasaba, Kara fue muy cuidadosa con sus acciones y con lo que veían los otros, siempre tratando de cubrir su pan con el borde de su polera larga .

Ella corrió hasta llegar a la celda, buscó un agujero o algo por dónde ofrecerle su ofrenda, encontrando un hueco tan pequeño cómo un puño, la mirilla, que estaba a una altura de dos metros, incapaz de usarla los que estaban adentro, pero posible para Kara quién le susurró a la puerta – hey, hey, chica bonita – le susurró tratando de hacerla sentir mejor – ten un pan, lo siento, no pude traerte nada más, ánimo, tú puedes con lo que sea – le dijo, antes de volver a correr hacia la salida dónde los elegidos estaban saliendo a por su siguiente prueba, todos con el estómago vacío.

Dentro de la celda, Lena apenas asimilaba lo que había pasado, una mujer le había dado palabras de aliento y un pan para comer para aliviar no su hambre, sino su espíritu, impidiendo que ella se rinda e incentivándola a que siga hacia delante.

- Gracias – susurró antes de devorar su pan con muchas ansias, un pan duro, un pan que le supo a gloria, ella desde ya estaba muy agradecida con "su ángel" así le llamó en su cabeza, "su ángel"

Ella devoró su pan antes que alguien entrase a verle, aunque le parecía descabellado que así ocurriera, más al pensar que Lex posiblemente estaba a cargo de todo esto, pensó que sí, era muy factible de que así ocurriese.

No quería meterse en problemas y aún más importante no quería meter a "su ángel" en problemas.

Kara y los otros diecinueve participantes caminaron por un muy largo pasadizo hacia el lugar de la prueba…

- He visto lo que has hecho allí – le susurró Lucy al oído

- No sé de qué coño hablas – lo negó determinante Kara muy a la defensiva, causando que Lucy ría con mucho engreimiento al poder cabrear tan rápido a esta hermosa mujer que tenía por delante.

- Tranquila, no he visto nada – le susurró Lucy colocando un dedo sobre sus labios de manera muy rápida y escondida para que ella sólo la viera, dejándola con sus pensamientos y a su corazón que latía fuertemente de la impresión.

- Mierda – susurró internamente Kara – tendré que vigilarla – añadió – tendré que ser más cuidadosa – susurró.

Los elegidos, voluntarios, los participantes, los pacientes, la gente, los que van al matadero, uff de denominaciones que caen cómo anillo al dedo, estas 20 personas se presentaron a una prueba conjunta de ejercicios que iban desde simples hasta nivel militar, sólo para probar qué tan atléticos eran, o si no lo eran.

Con un circuito de seis horas de ejercicio puro, 14 personas incluyendo a Kara pasaron entre sobresaliente a simplemente pasar, pero todos ellos lo hicieron, los 6 que no pasaron fueron hacia otro pasillo a continuar con otras pruebas.

- Acaso ¿eso es todo para ellos? – preguntó Kara exhausta al aire sin creer que una razón tan simple cómo esa prueba determinase su existencia y/o supervivencia

- No – dijo Lucy mirándole – ellos van a pasar a otra prueba, ves que para todos es diferente, el nivel de especificación por prueba es brutal – soltó mirándole – Lucy – se presentó ella y Kara le estrechó la mano respondiendo – Kara Danvers – a aquella pregunta sin pregunta.

- Hola Kara, un gusto conocerte – le respondió Lucy y Kara le iba a decir algo similar, cuando una voz por megáfono les pidió ir a la cafetería a almorzar.

No hubo que decirlo dos veces, todos estaban famélicos ya que desde ayer apenas si almorzaron, no cenaron.

Los 14 elegidos trataron de sentarse juntos para conversar, compartir todo lo que creían que sucedía.

Un banquete frente a ellos, así, más de lo necesario para llenar a alguien.

- No te sirvas mucho – le dijo Lucy mirando de reojo a Kara

- ¿Por qué? Si estoy hambrienta – le replicó Kara sirviéndose así muy lleno todo, muy rico todo, también de los famosos posticker que tanto adoraba Kara.

Lucy quitó mucho de su bandeja ante la queja de Kara – hey, es mi comida, y es sagrada¡

Lucy rió un poco por lo adorable que era Kara, e igual le quitó un poco de comida y dijo – no sabes lo que viene en la tarde, podría ser perjudicial, tienes que estar atenta.

Y con esa premisa Kara asintió y comió moderadamente, observando todo, al rato los seis que habían fallado la primera prueba llegaron aún más exhaustos de lo que estaban y a comer sin comentar nada, situándose en diferentes mesas.

- Ten cuidado – susurró Lucy mirándola, a ella, a ellos, a las cámaras, a todo un poco

- Te siento paranoica – le indicó Kara entre bocados

- Lo estoy – le soltó – y tú también deberías estarlo

Acabado el almuerzo, todos juntos volvieron a hacer la prueba de ejercicio físico, esta vez 19 pasaron, uno se agotó tanto que cayó desmayado, dos soldados vinieron a llevárselo y Kara, Lucy y todos los demás no volvieron a verle, ni por esa tarde, ni en su celda, ni nada más.

Kara llegó más que agotada a su celda, a punto de desmayarse, pero casi al llegar, ya de noche, se ralentizó un poco o mucho, según cómo lo vean, Lucy se dio cuenta, pero no dijo nada, siempre con curiosidad de la menor de los Danvers, ella observaba todo.

Kara aprovechando el descuido y la rotación de la cámara, corrió nuevamente a la celda negra de castigo y le deslizó por la mirilla un trozo de manzana, lo que entró, la mitad de una.

- Come pequeña – le susurró eso y corrió con el mismo empuje a su celda, arrojándose antes que la puerta electrónica se cierre y la deje afuera.

- Mierda – susurró al llegar y recostarse en su catre que le marcaba todas las costillas incomodándole de sobre manera – auuuuu – se quejó ella de dolor antes de tirar todo al piso y dormir sobre él con su almohada debajo de su cuello.

Lena por otro lado estaba muy sorprendida y más que agradecida de poder comer algo en su segundo día de castigo y al ver que se trataba de un pedazo de manzana, no hizo más que alegrarse por quien sea que le esté ayudando.

- Gracias, muchas gracias – le susurró a la nada esperando que la otra chica que le ayudaba la pudiera escuchar.

Y con el agradecimiento suelto de la punta de su lengua, ella empezó a comer todo, sin dejar cáscara, tocón, semillas, nada que hiciera presumir que había comido algo y a tomar el agua de su casaca, sorbiendo la humedad en un intento de hidratarse y de disimular su aliento de manzana.

Así terminó su día dos de castigo, con la ayuda de "su ángel"

Sin saber que Lex no la había visto gracias a todo lo que es bueno y grandiosos en esta vida y a su abuela el sí poder verla, disfrutando muy en su interior cómo sin saberlo ambas chicas estaban forjando una relación, que ella veía les hacía bien a ambas y que esperase que escalara a más y a mejor.

- Tienes un ángel, mi vida – se dijo internamente ella por su nieta mirando las cámaras que habían cubierto tal acción, pero que gracias a ella no habían sido gravadas.

Y es que por más que los jueces sean 10 y sean los que determinan todo y los que evalúan todo, los Luthor estaban por encima de ellos y siempre podían modificar todo lo que quisieran.

El tercer día de castigo, pasó de manera similar, Kara en pruebas y Lena en detención, mojada, hambrienta, pero no cabreada ni enojada, ella por más chica que fuera y aún no tuviera mayoría de edad, ya iba moderando y conceptuando ideas que pudiera ayudar a su situación y también a los otros, creyendo que la ciudad no debía seguir el ritmo de Lex o el de su madre, ya que así no quedaría ni una sola persona a la que cuidar y la que nos cuide.

Ese día, ella no pudo comer nada, pero no se quejó, estrategias tal cual puesta en escena invadían sus pensamientos, eso y su ángel, que cada que la imaginaba se sonrojaba, aún sin conocerla, ella ya se la imaginaba.

- Mierda, cómo que sigan así, no podré seguir el ritmo – decía agotada Kara de regreso a la cafetería para almorzar, observando que había mucha gente que no había visto el día anterior.

Lucy observando todo y a ella dijo – en este centro de detención hay miles de personas Kara, y varias se van por día para bien o para mal y no regresan, y al siguiente día entra otro grupo similar, todos se combinan en los 15 pisos que tiene este complejo y los casi 20 sótanos que posee.

- ¿Cómo sabes todo esto? – le preguntó incierta de cómo reaccionar a que Lucy supiera tanto de todo.

- Lo averigüe antes de venir – le respondió ella sin aspavientos, Kara seguía incrédula y eso se lo transmitió a Lucy - Oh vamos Kar - siguió ella – si fueras igual que yo, y te mandaran a este infierno, averiguarías primero que pasa, antes de sumergirte en todo.

- Bueno no lo he hecho – contestó Kara mirándole un rato para luego dejarlo ir.

- Oh vamos – intervino un hombre guapo y muy intrigante – yo también lo he averiguado no es tan difícil – dijo sentándose con ellas cómo si se conocieran de toda la vida.

- ¿Y tú quién coño eres? – preguntó Lucy borde, siempre a la defensiva

- Tranquila, tranquila – dijo él levantando ambas manos al aire – soy Mike – se presentó él - estuve en tu grupo de ejercicios el segundo día, pero cómo sudabas cómo cerdo, no te hable, la imagen me impactó mucho – soltó antes de reírse cómo si hubiera dicho una gran broma.

Kara le tomó la mano a Lucy por debajo de la mesa para que ella no salte contra él y se busque problemas – eh basta, basta – pidió ella – o te vas – le amenazó a Mike, él volvió a levantar ambas manos desestimando el caso cómo si se tratara de nada, jamás se disculpó.

- Es bueno que seamos un grupo, aunque seas un cabrón o un payaso aún no lo decido – dijo Lucy mirándole de mala manera a Mike quién asintió sonriente regalándole un guiño coqueto a Kara que volteó sus ojitos dramáticamente.

- ¿Por qué es bueno? – preguntó Kara inocentemente entre bocados.

- Porque no sabemos que viene adelante – respondió Mike serio – venga Kara, Lucy esta paranoica, yo lo estoy ¿por qué no tú? La mierda se puede volver real muy rápido – soltó él serio susurrando la última parte.

- No te creo – respondió ella siempre tratando de ser positiva.

- Ah, un reto – sonriente dijo Mike – entonces mañana te enseñaré cómo se ve la verdadera maldad

Nota:

- Kara: 24 años

- Lena: 17 ½ añitos

- Mike, Lucy, Alex: 30 años

- Hola Slam, muchas gracias por tan bonitas palabras. Básicamente he basado esta historia en información de aquí y allá de la cuál soy consciente, no he visto pelis relacionadas a esta historia, aunque pienso que podría haberlas con toda seguridad.