Era un buen día, Alastor lo sabía. Un invitado sorpresa en su estación lanzó la audiencia por los cielos. Recibió varias llamadas felicitándolo por tan espléndido programa, pero la llamada que tanto esperaba no llegaba.
Hacía años que trabajaba para esa estación, estaba por rozar los 35 años y en todo ese tiempo nunca había conocido a una persona tan atolondrada y seductora como el sujeto que llamaba a su estación todos los días sin falta, negándose en cada ocasión a dar su nombre.
Y no importaba si la estación bloqueaba su número, siempre conseguía otro.
Para Alastor era divertido los dos minutos que duraba su conversación porque poco o nada tenían que ver con el programa, inclusive el hombre de cabello castaño se atrevería a decir que ya era un sketch especial de la estación esa leve intervención.
—Y la última llamada de la noche es para —al iniciar la llamada una suave risa se escucho y Alastor la reconoció de inmediato—, y el insensato ha vuelto.
—Un gusto Al —rió el chico—, mientras escuchaba tu programa, la persona que estaba conmigo dijo que tu voz era horrible, ¿puedes creerlo?
Alastor miro como del otro lado de la cabina, su jefe le hacía señales para que cortara la llamada, pero eso estaba fuera de sus planes.
—¿Es así? Bueno, no puedo gustarle a todo el mundo —dijo fingiendo pesar, guiñandole el ojo a a la chica en cabina al notar que su jefe que ya se había ido por las llaves para sacarlo de ahí.
—Bueno, eso me molesta mucho, tu voz es muy erótica —Alastor se llevó una mano a la boca, evitando soltar una maldición ante lo que dijo—, le he dicho que es un idiota y le he dado un tiro entre los ojos.
Alastor se mordió el labio inferior bajo su mano.
—Un poco extremo, ¿no crees?
—Igual iba a morir, fui muy considerado en darle muerte rápidamente —cuando lo dijo, se escuchó un fuerte golpe de fondo—, oh, sus amigos llegaron, es tiempo de irme. Adiós dulzura.
—Adiós, insensato —la llamada se colgó y Alastor se aclaró la voz—, ¿a que es todo un personaje nuestro invitado especial? —su jefe le veía totalmente furioso pero Alastor ni se inmuto—, sigan sintonizandonos, la estación 96.6, donde una sonrisa nunca les faltara.
—Y estamos fuera —dijo Niffty un poco encogida al lado del jefe de ambos que les veía con furia.
—¿Qué carajos te había dicho Alastor? —gruño Husk sacudiendo el juego de llaves que había ido a buscar en balde.
—Husk, mi viejo amigo, te preocupas por nada —rió saliendo de la cabina, palmeando el hombro derecho de este.
—¿Te parece esto un jodido juego o una mierda así? Es un puto demente y quizá asesino —gritó colérico haciendo saltar a Niffty quien se había puesto de pie y caminaba hacia la puerta con bolsa en mano.
—Eso no lo sabemos, quizá es solo un chico trastornado que quiere algo de atención —dijo restándole importancia colocándose su saco.
—Disparo en plena llamada hace dos semanas —le recordó siguiéndolo fuera del cuarto donde transmitían. Alastor negó con la cabeza acomodando su ropa—, se rió como un desquiciado mientras decía que los sesos del sujeto estaban por todo el suelo.
Alastor sonrió sutilmente al recordar todos los correos que recibieron esa tarde debido a ese pequeño percance y más la disculpa que tuvieron que dar al día siguiente.
—Pudo ser un sonido pre-grabado, te preocupas demasiado, insisto en que no es nada —continuo con soltura sin detenerse a ver la mirada furiosa que seguramente tendría su viejo amigo.
—Tu no te preocupas una mierda —ambos se detuvieron en la entrada de la estación de radio y Alastor miró detenidamente a Husk—, no vuelvas a contestar sus putas llamadas. Ese sujeto está obsesionado contigo, ¿y si te hace daño?
Ante esa última oración, algo saltó en el interior de Alastor. Sabía que cambia la posibilidad pero no confiaba en que fuera a ocurrir, de ahí el porque se tomaba la situación con tanta tranquilidad.
—Eso no pasara —al ver la preocupación en su compañero, suspiro derrotado—. Intentaré esforzarme más la próxima vez —le guiño un ojo y salió del estudio dejando a un Husk muy molesto por la respuesta tan vaga que había conseguido.
Alastor camino por la avenida con una gran sonrisa en su rostro, pese a que el día estaba nublado y muy probablemente comenzaría a llover antes de que cruzara las dos manzanas que separaban la estación de su casa; eso no borraba su buen humor. Comenzó a silbar metiendo las manos en sus bolsillos mientras caminaba sin prisa alguna.
A su mente inevitablemente acudió la voz melosa y profunda del chico insensato.
Hacía un mes a partir de ese día, que ese hombre había decido llamar y Alastor recordaba como si hubiera sido ayer cuando llamo y dijo:
Acabo de matar a un hombre y fue tan divertido
—Un asesino por diversión —musitó pensativo escuchando un trueno lejano—, que personaje tan... interesante.
No entendía la motivación de la persona en cuestión para llamar y hablar acerca de sus supuestas hazañas, pero debía admitir que si aún contestaba las llamadas era simplemente por morbo, el morbo de saber que sería lo que haría esa persona, que diría y cómo lo diría, pues al escucharle casi podía sentir que aquello que le faltaba, acudía a él.
—Me pregunto... si algún día nos conoceremos, chico insensato —musitó sonriendo a la nada.
