Capítulo 2: Ese conejo singular
"Cómo he llegado a esto?" se compadeció de sí mismo el pobre japonés, percibiendo el cálido cuerpo de Victor vivamente apretado contra el suyo en su cama. Ese conejo engatusador, que había aprovechado el mínimo descuido para meterse bajo sus sabanas, sonreía ahora con auténtica satisfacción, demasiado evidentemente contento de pegarse a Yuuri cómo una lapa.
- Victor.- murmuró en la oscuridad de su cuarto.
- Sí, Yuuri?- ronroneó este, pasando un brazo por sobre su pecho y acurrucándose contra su hombro.
- Esto es incómodo.- expuso, logrando una mirada desconcertada del otro.- Pesas.- aclaró, sintiéndose sofocado por el fuerte agarre con el que ese conejo demoníaco le tenía apresado.- Y eres demasiado grande para que quepamos los dos.- añadió, siendo además, cierto. Victor no era precisamente pequeño en su forma humana, y él poseía una cama modesta, suficiente para uno, pero incómodamente estrecha para dos cuerpos adultos. Incluso aunque él fuera tan escandalosamente enjuto.
- Yuuri también me dijo que era grande antes, pero al final...- comenzó a decir con voz endiabladamente seductora ese maldito conejo manipulador. Pero Yuuri lanzó una mano a su boca casi en un sopapo, acallándolo y sintiéndose morir de vergüenza. No tenía porqué recordarle su propia indecencia...- Si Yuuri se siente más cómodo puedo cambiar.- le escuchó decir, con la voz ahogada por su mano. Y al segundo siguiente, una bola de pelo sedoso y esponjoso había ocupado el lugar del atractivo hombre. Victor dio un par de saltitos, hasta situarse sobre el pecho de un asombrado Yuuri. El conejo movió su rosada nariz un par de veces, antes de acurrucarse cómodamente sobre el japonés y dejar caer sus orejas a los lados de su cabeza, somnoliento. Yuuri parpadeó varias veces, perplejo.
- Después de todo...sí eres un conejo...- musitó, anonadado. Aunque el animalillo no parecía oírle ya, dormitando profundamente sobre su pecho. Yuuri esbozó una sonrisa enternecida y, sin pensarlo siquiera, envolvió al animalillo en su brazo, percibiendo la suavidad de su pelaje. Victor era incluso...adorable con ese aspecto. "Sería fácil encariñarse con él..." se dijo Yuuri, sintiendo sus párpados cayendo pesadamente. "Sería fácil acostumbrarse a tenerlo cerca..." pensó, antes de caer rendido.
"Demasiado pesado" fue el inconsistente pensamiento que se deslizó en la aún adormilada mente de Yuuri, a tempranas horas de la mañana. Ni siquiera había sonado el despertador aún, pero el sueño le había rehuido por la molesta y persistente sensación de ahogo que le atenazaba el pecho. Abrió los ojos perezosamente, apenas dos rendijas, inconforme con abandonar aún el plácido sopor del sueño. Y vislumbró un destello plateado que le desconcertó por un instante, mientras algo suave y peludo cosquilleaba en su mejilla. Los acontecimientos del día anterior atacaron su mente cómo un bombardeo mientras sus ojos se abrían definitivamente, desorbitados. Ese conejo travieso había cambiado de forma en algún punto de la noche, aún encaramado sobre él, y ahora su firme cuerpo le mantenía clavado contra el colchón cortandole la respiración, por lo pesado.
- Victor.- bufó, casi sin aliento. El cuerpo sobre él se removió un tanto. Y el mencionado alzó el rostro, apenas despierto, con un largo mechón de cabello pegado a la mejilla. Sin embargo, en cuanto sus ojos aguamarina se enfocaron un tanto, sonrió, contento.
- Buenos días, Yuuri.- musitó, cruzando ambas manos sobre el estrecho pecho del japonés y recargando su barbilla en ellas, dedicándole una mirada afectuosa y adormilada.
- Victor, pesas!- exclamó, apenas en un hilo de voz, Yuuri. Las cejas del hombre se alzaron un instante antes de removerse y cargar su peso sobre sus manos, a cada lado del rostro del japonés, el cuál aspiró con fuerza, aliviado y sonrojado por el esfuerzo. Victor esbozó una sonrisilla cautivadora, su mirada repentinamente mucho más despierta.
- Yuuri es aún más lindo recién levantado...- murmuró, inclinándose para rozar con la punta de su nariz la mejilla sonrojada del japonés, su largo cabello cayendo en cascada sobre ambos y creando un pequeño espacio íntimo.- Me provoca tan temprano en la mañana. Qué debería hacer?- musitó, seductoramente. Victor cerró el espacio entre sus labios, antes de que el joven japonés tuviera tiempo de replicar. Fue un beso dulce y lento que, por un momento, dejó la mente de Yuuri totalmente en blanco. "Oh! Esto no es malo..." se dijo el japonés, demasiado obnubilado para recordarse rechazar a ese conejo conquistador. Para nada malo, de hecho. Era incluso bastante placentero. Los suaves labios moviéndose con ternura sobre los suyos, húmedos, repartiendo pequeños mordisquitos sensuales y deliciosos, su lengua, caliente y grande, invadiendo su boca con travesura... su miembro erguido y predispuesto apretándose y frotándose firmemente contra su cadera..."Oh por dios! Conejo del demonio..." bufó Yuuri para sí, maldiciendo. Aunque se maldijo aún más a si mismo por ser incapaz de rechazar el tacto caliente y duro contra su piel, que comenzaba a dejar un rastro húmedo contra su ingle. "No voy ha hacer esto otra vez." se dijo, sus dedos aferrándose a los costados de esa amplia espalda. Y apretando en un intento tan miserablemente endeble por sacarse de encima ese cuerpo candente que Yuuri gimió para sí, sintiéndose patético. Trató de cerrar las piernas en un último desesperado intento por no caer en la perversa tentación, pero Victor ya se había situado hábilmente entre ellas, impidiéndoselo y haciendo trastadas con una de sus manos en su bajo vientre, repartiendo besos y tenues mordidas por su cuello y sus clavículas. Yuuri se llevó ambos antebrazos al rostro, tratando de ocultar su vergüenza y el furioso sonrojo que descendía invariablemente hasta su pecho, al percibir el corazón y el anular del hombre, húmedos ahora tras una rápida lamida, deslizándose entre su nalgas apretadas, con deseo. Acariciando con sensualidad, rotando impacientes entorno a su entrada. Yuuri se mordió con fuerza el labio inferior al sentir la presión de esos largos dedos queriendo invadirle, aún percibiendo una punzada dolorosa por el día anterior.
- Yuuri es tan adorablemente tímido...- oyó jadear a ese conejo inmisericorde en su oído, al tiempo que aumentaba la presión y hundía su corazón y anular en su interior hasta los nudillos. Y aunque se sentía más fácil que la última vez, aún percibía demasiado estrecha su entrada cómo para recibir algo tan grande cómo lo que Victor se cargaba entre las piernas. Quiso decirlo. De verdad quiso hacerlo. Pero sentía la garganta cerrada en un gemido atorado, y su natural timidez no estaba ayudando. Y ese conejo impaciente prácticamente había alzado sus caderas y abría con ansia incontenida su rosado anillo con ambos pulgares para adentrarse en la cálida estrechez de Yuuri. El cuál sintió que se partía en dos al percibir ese gran trozo de carne abriéndose paso un tanto bruscamente en sus entrañas, pulsando con fuerza.- Yuuri!- le oyó gemir roncamente, sus caderas inclinadas hacia adelante, profundamente enterrado en su trasero. Ese conejo arrollador comenzó a moverse tan apretadamente en su interior que era casi orgásmico. Pese al dolor que le mantenía los ojos fuertemente cerrados, conteniendo la humedad que amenazaba con caer de ellos. Pese al placer que estaba cosquilleando cada vez más ardientemente en su bajo vientre, haciéndole perder la razón, por el delicioso roce de su miembro contra ese vientre trabajado y duro. Las embestidas se tornaron erráticas y aún más profundas, así cómo la respiración de Victor, que apenas podía contener el orgasmo que amenazaba con sacudirle de un momento a otro. Porque Yuuri era tan estrecho, tan pequeño, tan lindo, que Victor solo podía pensar en llenarlo de inmediato.- Yuuri!- gimió, llegando a su límite. Y cuándo las torneadas piernas se cerraron entorno a su cintura, apretándolo mas cerca, mas hondo, estalló. Y Yuuri, que había estado conteniéndose por pura fuerza de voluntad, no pudo evitar seguirle al sentirse de pronto repleto del cálido y viscoso semen de ese conejo indecente que le hacía perder la razón tan vergonzosamente. Tanto, que incluso era capaz de retener el dolor tras sus ojos porqué era tan malditamente bueno que no deseaba detenerse. Solo que, una vez los escalofríos disminuyeron, y su cuerpo se relajó lo suficiente, este escapó sin permiso.
- Yuuri es tan...- comenzó a decir Victor, con una sonrisa encandilada y satisfecha en su rostro. Pero esta se borró al instante, dejando una mueca preocupada y un tanto aterrada, al ver las gruesas lágrimas que habían comenzado a empapar las mejillas del japonés.- Yuuri!- exclamó, angustiado, intentando retirar los brazos que el joven aún mantenía fuertemente contra sus ojos.- Yuuri! Hablame!- gimió el pobre conejo, alarmado por el leve sollozo que se dejó oír. Sus orejas se agacharon, abatidas, mientras intentaba apartar ahora esas manos que habían cubierto el rostro de su Yuuri, impidiéndole ver.- Lo siento! Lo siento!- se deshizo en suplicas Victor, sin saber cómo debía actuar ahora.- Fui muy brusco con Yuuri! Lo siento!- gimoteó, repartiendo pequeños besos en sus mejillas y percibiendo, afligido, la salada humedad en sus labios.
- Lo fuiste, conejo idiota...- le oyó sollozar, su corazón apretándose con dolor. De todas las cosas, lo que menos deseaba era, precisamente, herir a su Yuuri. Pero era un conejo estúpido e impulsivo, incapaz de contenerse cuándo ese lindo japonés ponía un rostro tan erótico que se sentía derretir.- Creí que me moría...- le oyó gemir, y sus orejas gachas se abatieron aún mas, deprimido.
- Lo siento Yuuri...- musitó, compungido.- La próxima vez seré más dulce, sí? No llores...- suplicó, intentando de nuevo separar las manos del rostro de su compañero, inquieto y agobiado. Finalmente el joven japonés se dejó convencer, pese a que desvió su mirada, cohibido y aún algo enfurruñado de los otros tan azules y tristes. Victor se sintió miserable al advertir el tono rojizo y la sombra del dolor en esos ojos color vino que adoraba, y se disculpó de nuevo cómo mejor sabía hacerlo, frotando su nariz contra la de su compañero, en un mimo que esperó fuera bien recibido. Un golpecito, apenas doloroso, en lo alto de su cabeza le indicó, para su profundo alivio, que había sido castigado y perdonado por su descuido. Yuuri suspiró, derrotado por esa mirada alicaída, y finalmente proporcionó una caricia consoladora en el sedoso cabello de ese conejo impetuoso. Aunque a quién seguía doliendole el trasero como mil demonios era a él...
- La próxima vez te tiraré de la cola.- bromeó, en un tono levemente amenazante. Y para reiterar la seriedad de su advertencia, pasó un brazo por detrás de la amplia espalda y atrapó la mullida cola de conejo en un apretón gentil. Solo que no esperó esa reacción...
- Ah! Yuuri ahí no...!- exclamó Victor, ruborizándose hasta las orejas y arqueándose con un gemido ronco, clavándose más profundamente en el interior de Yuuri, dentro cómo se hallaba aún.- Voy a...!- gimió. Pero no le dio tiempo a finalizar su advertencia, porque ya se estaba corriendo de nuevo, en un orgasmo tan abundante, que cualquiera diría que era el segundo en pocos minutos. Yuuri parpadeó, perplejo, justo antes de que un furioso sonrojo ardiera en sus mejillas al sentirse llenado de nuevo en una serie de pulsaciones húmedas que escurrieron rápidamente de su entrada hasta hacer un desastre en las sabanas. Ese conejo multiorgásmico jadeó, rendido. Pero al instante sus orejas se abatieron contra su rostro sonrojado, evidentemente avergonzado.
- Lo lamento, Yuuri.- se disculpó, contrito y encogiendo sus hombros un poco, temiendo un regaño. Pero Yuuri tan solo suspiró, dejando un par de palmaditas sobre la cabeza del hombre, quién se acurrucó contra su pecho, tratando de ocultar su bochorno. Después de todo, esta vez había sido su culpa. Y no podía decir que no se sentía interiormente complacido de haber descubierto el punto débil de ese conejo atribulado.
-Yuuri!- gimoteó Victor, siguiendo al joven japonés por toda la casa mientras este se preparaba, aparentemente, para salir.- A dónde vas? Puedo ir también?- preguntó, contemplando con inquietud cómo Yuuri se colocaba las zapatillas deportivas en la entrada y recogía una mochila de aspecto pesado. El joven suspiró, un poco exasperado. En realidad, debería haber supuesto que su apretado ritmo de vida no era lo más conveniente para tener una mascota. Ni siquiera una tan...especial, como esta. Después de todo, pasaba demasiadas horas fuera de casa. Aunque, siendo justo consigo mismo, podría decir que había sido engañado por ese vendedor taimado, al que, por cierto, le debía una visita de cortesía... Yuuri acarició levemente la cabeza de Victor, entre las peludas orejas, y esbozó una sonrisa tranquilizadora.
- Tengo que ir a la Universidad, y después de eso a trabajar.- explicó pacientemente.- No puedo llevarte conmigo.- las esponjosas orejas se abatieron, afligidas. En realidad se sentía un poco culpable.- Te he dejado comida y la televisión encendida.- trató de animar al evidentemente deprimido conejo. Aunque en realidad no tenía mucha idea al respecto de nada. Podía comer Victor tallarines? Entendería si quiera los intrincados programas de la televisión? Por si acaso había dejado también zanahorias...- Tú solo...esperame, sí?- añadió, recargando la pesada mochila en su hombro.- Qué hacen los conejos cuándo su...- Yuuri se interrumpió un instante. Había estado a punto de decir "amo", pero no le pareció correcto dada la situación.-...compañero no está?- se corrigió, palmeando levemente la cabeza del hombre. Victor tan solo agachó la cabeza, entristecido y provocando un nuevo suspiro del joven.- No tardaré tanto cómo crees.- se despidió finalmente, sin poder evitar una leve punzada de culpa al contemplar por última vez la desolada estampa de su mascota.
Victor se encogió sobre sí mismo, sentado en el suelo, y abrazó sus piernas, recargando su barbilla sobre sus rodillas. Yuuri había dicho que regresaría pronto, y él quería creer... pero había recuerdos dolorosos en su pasado, y el miedo y el instinto le hacían temeroso. Sus orejas se alaciaron a ambos lados de su cabeza, tristes. Qué hacían los conejos cuándo su compañero no estaba? había preguntado Yuuri.
- Morirse de soledad...- musitó al recibidor vacío, sintiendo su corazón encogerse.
Yuuri se apresuró por la solitaria calle, casi jadeando por las prisas. Había sido un día demasiado aburrido, tanto en la universidad cómo en el trabajo, y pese a que había intentado distraerse con otra cosa, se había encontrado a sí mismo regresando una y otra vez al solitario conejo que había dejado en casa, preocupado. Aún así, aunque sentía la urgencia de regresar pronto a su hogar, aún había una cosa más que debía hacer en ese día.
- Si es que encuentro ese maldito lugar!- casi exclamó en voz alta, molesto. Había recorrido la calle un par de veces, pero nada similar a un tienda de animales había aparecido en su trayecto. Demonios! Qué tan difícil podía ser? Estaba seguro de que ese era el sitio.- Quizá algo más arriba?- murmuró, echando una ojeada a la siguiente calle, colindante con la que transitaba. Pero estaba prácticamente seguro de que ese era el lugar. Había tantas preguntas que necesitaban respuesta... Qué comía Victor? Cuales eran sus necesidades? Cómo debía cuidarlo? Qué, concretamente, era él? casi sin darse cuenta, Yuuri había abandonado la idea de regresarlo. Aún así, su parte lógica había abordado el tema cómo casi todo lo demás en su vida. Carecía de la suficiente información cómo para hacerse cargo adecuadamente de esa peculiar mascota. Y esa maldita tienda seguía sin aparecer... Sacó su móvil con la intención de goglearla y buscar la ubicación exacta, pero se percató de que ni siquiera se había fijado en el nombre la primera vez. Diablos! Con un suspiro exasperado, el joven japonés se dio finalmente por vencido. Volvería en otra ocasión, y quizá tuviera más suerte. Por el momento, era mucho mas acuciante regresar a casa y comprobar si Victor se encontraba bien.
Con esa idea en mente, Yuuri dio media vuelta y apresuró sus pasos hacia su grupo de apartamentos. Ni siquiera estaba demasiado lejos de esa calle, por lo que le resultaba aún más frustrante el ser incapaz de hallar el local. El mal humor se desvaneció en cuánto abrió la puerta de su hogar con un cansado "tadaima". Apenas cerró la entrada una pequeña bola de pelo correteó por el pasillo, derrapó en el recibidor y se lanzó a sus brazos de un salto, frotando ansiosamente su rosada naricilla con su mejilla y meneando vivamente la esponjosa cola.
- Tadaima!- repitió Yuuri, riendo por la animada bienvenida y el cosquilleo del nervioso olfateo en su cuello. Al segundo siguiente, Yuuri se encontró sentado de bruces en el suelo con el pesado cuerpo desnudo de Victor sobre él, estrechándolo en un apretado abrazo.
- Yuuri!- gimió ese conejo invasivo.- Han pasado siglos! Dónde estabas? Estaba preocupado! Tardaste demasiado!- exclamó en una avalancha de preguntas y reclamos que tan solo consiguió hacer sonreír aún más ampliamente al joven. No podía sentirse molesto. Sin duda, era mejor esa clase de bienvenida que el pegajoso y solitario silencio que solía recibirle cuándo no había nadie.
- Exagerado...- rió en voz baja, feliz pese a todo. Acarició con ternura el largo cabello plateado, tratando de tranquilizar a un inquieto Victor, quién no parecía dispuesto a soltarle, tal vez temiendo que se fuera de nuevo. Era demasiado cálido en comparación con el frío exterior. Tal vez por el suave sentimiento que se anidaba en su pecho al sentirse tan bien recibido. O quizá por la mirada preocupada y anhelante que parecía querer comprobar que, efectivamente, estaba sano y salvo. O tal vez por el tacto apretado y demandante de esas manos de largos dedos que se aferraban a su espalda. Fuera lo que fuera, era tan grato que Yuuri olvidó sus preocupaciones del día y simplemente recargó la barbilla en el ancho hombro, abrazando a su vez, y sonrió despreocupadamente.- Tadaima...- repitió una vez más, sintiendo, por primera vez desde que se mudara a ese apartamento, que llegar a casa era algo bueno.
Yuuri consultaba su móvil mientras Victor parecía embebido en un absurdo programa de televisión. Había comprobado la cocina antes de ducharse. Victor se había comido los tallarines, aunque también había roído alguna de las zanahorias. Sin embargo, Yuuri también añadía de tanto en cuánto ese vegetal a su dieta, así que no estaba seguro de si tenía algún significado. Gogleó rápidamente un "los conejos pueden comer tallarines?" en el buscador y palideció un tanto ante las respuestas. Bien...tampoco era cómo si estuviera buscando información sobre un conejo corriente... Aún así, borró su búsqueda y tecleó un " cómo cuidar un conejo". Algunas respuestas le resultaron interesantes, mientras que otras tan solo aumentaron sus dudas. Era consciente de que la percepción del tiempo en la mayoría de animales era distinta a la de los seres humanos, por ejemplo. Recordaba haber leído en alguna ocasión que, puesto que los perros no tenían noción del tiempo, tendían a sentirse abandonados cuándo eran dejados solos en casa, puesto que un par de horas podían traducirse perfectamente en una eternidad para ellos. De ahí su efusivo recibimiento. Aunque no estaba seguro de si sería lo mismo para los conejos. Lanzó una mirada furtiva al hombre, cómodamente estirado sobre su tatami, con la mirada fija en el aparato. Sus orejas vibrando de tanto en cuánto ante algún sonido demasiado fuerte. Podía considerarlo humano siquiera?
- Tal vez debería comprarle un reloj?- se planteó Yuuri, pensativo. Después de todo, él no disponía de tales mecanismos en su casa, a excepción de su móvil, que solía utilizar cómo alarma y que llevaba consigo a todas partes. Sería más fácil para Victor si sabía exactamente cuánto tiempo debía esperar? Y después estaba ese otro asunto. La mayoría de entradas del buscador aconsejaban mantener a esos animales en pares, puesto que los conejos eran gregarios por naturaleza. Yuuri meditó por un instante esa cuestión. He inmediatamente su ceño se frunció, su expresión opacada, haciendo un gesto con su mano, negando. Imposible! Su trasero apenas podía soportar un conejo, dos seria un suicidio. "Aunque..." pensó para sí, frotando su barbilla, ensimismado. No tenía por qué ser cómo Victor. De hecho, la condición de su mascota era algo común? Tal vez alguna clase de avance científico que se había perdido por andar con la nariz metida siempre en los libros sin prestarle atención a las noticias? O era alguna clase de maldición sobre su persona? Cualquiera que fuera la respuesta, desestimó rápidamente la idea. Victor era más que suficiente, gracias.
Yuuri suspiró, sintiéndose mentalmente agotado. Suponía que debía ir descubriendo poco a poco la forma de tratar con ese conejo inverosímil, en alguna clase de acierto y error. Hasta que diera con la ubicación de esa dichosa tienda de mascotas... Por el momento, lo único que le quedaba era tratar de pasar esa semana de la mejor manera posible.
Esta historia tendrá 4 capítulos. En principio, intentaré publicar cada cinco o seis días, excepto causa de fuerza mayor. También publico en Wattpad bajo el mismo pseudónimo.
Gracias por leer ;).
