Él estaba enojado con ella, no hacía falta que lo dijera para saberlo. Sasha sabía que quizás era mayor al enojo, y sinceramente Nicolo tenía derecho.
Ella no se lo dijo, decidió que no serviría de nada aparte de dañarlo más. Pero sus sentimientos por él eran diferentes desde hacía mucho, no eran necesariamente malos, pero tampoco buenos. Desde hace tiempo, eran confusos.
Y él no iba admitirlo, pero la odiaba. Lo decía su mirada.
Sasha podía verlo en sus manierismos repentinamente fríos con ella, en su falta de palabras.
¿Le daba igual? Claro que no. Pero ella se lo merecía, estaba segura de que sí.
Aunque le gustaba pensar que él también se merecía su indiferencia. Él se había comportado desde el principio como si ella lo hubiera engañado, aunque no fuera así. Ella le había dejado claro desde el principio todo.
Mas sí, ella no era tan buena como le gustaría y quizás quería exactamente eso, aunque ella sufriera por lo mismo. Porque ella sufría el dolor de Nicolo. Lo había amado, parte de ella aún lo amaba.
No es que todo lo que hizo para ganarse eso de él, pero a estas alturas él sí lo creía y ella no iba a negárselo.
Él pensaba eso, así que no es como si importara. Ella solo estaba echando leña al fuego, por rencor.
Era imposible hacer otra cosa. Finalmente se había cansado.
Estaba harta de ser amistosa, estaba harta de tratar bien a otros para recibir a cambio desinterés o frialdad, u odio. No es que hubiera recibido de él eso frecuentemente, pero incluso estaba cansada de mostrarse así con él porque sentía que no era suficiente.
Nada era suficiente, en realidad, para lo que quería. Y cuando él le preguntó qué es lo que realmente quería de él, o de los demás, por qué ese repentino desliz que arruinaba no solo su vida, sino que había avergonzado a sus conocidos más cercanos y puesto en peligro, ella simplemente hizo lo que esperaban que hiciera.
Porque ellos lo dirían. Porque sabía que lo estaban esperando, porque sabían que no lo querían. No de ella.
Ella los culpó a ellos, simplemente. Incluso si no dio razones, decidió que los dejaría averiguar, si acaso querían averiguarlo.
Sin embargo, sus padres no iban a cargar con esa culpa porque ella era adulta, sus amigos no iban a cargar con esa culpa porque ella era una adulta y no iban a tomarse ese favor. No por ella. Podían entenderla, o no, pero perdonarla estaba más allá de su posibilidad.
Lo entendía porque ella tampoco podía perdonarlos, aun si no los odiaba realmente.
Nicolo tampoco.
Era gracioso que eso pensaran personas que estaban abogando por romper las costumbres, las tradiciones porque eran anticuadas, y lo demás, quienes al final estaban decepcionados porque no cumplió con la norma establecida.
Era hipócrita de Nicolo tratarla como una cualquiera, cuando había hecho lo mismo con ella.
Sasha tocó su vientre, un bulto apenas perceptible sobre la ropa y que en movimiento era invisible, pero muy notorio en un cuerpo como el suyo al estar de pie como ahora, siendo la causa de todo aquel desastre. Aunque ella fuera el receptor principal del odio, sabía que era debido a éste que todo empezó aun si ellos mismos no lo aceptaban, no es que eso la dejara satisfecha, todo lo contrario, diría que la molestaba, pero estaba tan harta de todo que ni siquiera eso podía sentir.
Al final, quien menos Sasha quería que tuviera razón la tuvo. Ella debió asumirlo antes, él nunca mentía. Él sabía leer a las personas. Él era el padre de su hijo, un hombre que ella no amaba, pero que con algo de suerte quizás aceptara al niño algún día. Con algo de suerte… si lo conocía alguna vez porque no lo ejecutaban antes o si ella salía impune de esta traición para presenciar tal evento. Se había salvado porque estaba embarazada, pero eso solo le daría tiempo, no anularía sus cargos y se iría volando el tiempo restante para que la volvieran a encontrar lista para un juicio apropiado.
No es que le importara mucho.
Al prisionero ahora mismo encarcelado y a la esperaba de un juicio militar (de otro más), por crímenes superiores a éste, menos que menos le importaba.
—Siempre creí que terminarías pariendo un bastardo marleyano —dijo Floch, en el otro extremo de la mesa que los separaba apenas, cuando ella le avisó de su estado. Aun si auguró su reacción, verla en persona simplemente la deprimió más, aunque no lo demostró (ni una sonrisa, él estaba menos emocionado que ella, pero al menos no mostró asco, eso ya era algo considerando que a veces ella se asqueaba de sí misma)—. Deberías ser feliz de que al menos será un bastardo eldiano. Los problemas que tendrás serán mínimos en comparación.
—¿Por qué crees que voy a conservarlo? —ella preguntó sin miramientos. Detrás, pudo oír el ruido de alguien tensarse contra las barras. Al parecer al guardia de turno no le cayó bien la posibilidad de que aborte un niño aun cuando eso era hecho común desde hace décadas.
La gente era ciertamente hipócrita a menos que no fueran ellos los juzgados, como Floch le dijo una vez.
—Lo harás —él dijo, una sonrisa apareció en su rostro hasta ese momento inexpresivo—, no para ser la mujer buena y misericordiosa que otros quieren. Sino porque él te necesita, aunque sea menos de lo que tú lo haces. Lo único de lo que no estoy seguro es de si fue realmente un accidente.
—Nunca quise un hijo tuyo —ella sentenció en voz baja, y fue lo último que él oyó de ella antes de que se alzara para terminar la visita permitida.
—A diferencia de los demás, yo no te estoy juzgando. Lo sabes, ¿no Sasha?
Por supuesto, él tuvo la última palabra. Y claro que eso tenía que recordarle por qué recurrió a él, por qué cuando sucumbió optó porque fuera él quien la viera quebrarse al máximo.
Él ya tenía su condena eterna, y ella pensó que nada podría empeorar las cosas para él a diferencia de otros. Lo que fuera que sentía, que había sido imposible de ocultar, con él pudo hacerlo. A él no le importaría y tuvo razón, no le importaba. No había dañado a nadie más, al menos durante todo ese tiempo hasta hace poco que lo descubrieron todo.
Si estuvo con él no fue para dañar a sus conocidos y seres queridos. Solo quería una vía de escape que la hiciera olvidar un momento y en la cual nadie fuera a interferir.
Necesitaba alguien que no estuviera manchado por sus acciones en Marley y las consecuencias que la siguieron aquí hasta Eldia, en forma de una niña que había querido matarla.
Floch simplemente cayó en el momento perfecto. Sasha lo escogió porque un único motivo.
Nadie sospechó durante ese lapso. Había funcionado porque, como él mismo declaró, Sasha necesitaba eso.
Él no la juzgaba por sus emociones respecto a ese tema que prefería olvidar, pero que sabía nunca olvidaría porque no solo había tocado a su familia sino al hombre con quien quiso formar una.
Es como si nada fuera suyo nuevamente. Todo estaba sucio, contaminado y sabía que era debido a ella, pero también que no era la única. Era esto lo que, estaba segura, le ganaría el odio infinito si lo expresaba o alguien que la apreciaba anteriormente lo supiera.
Pero… Floch lo había descubierto por sí mismo y él no la había visto como alguien horrible.
Fue eso lo que más le dolió, ¿cómo era posible que aquel (a quien todos ellos calificarían de mal hombre y ejemplo lo que no debe hacerse) era capaz de sentir lo que otros expresaban tener en mayor medida?
Era eso por lo que ella había luchado en un principio, y ni siquiera eso tenía. Y si Sasha lo tenía era de la persona menos esperada.
Así que Sasha se preguntó para qué fue todo.
Para qué la guerra, para qué ir a Marley y llevar a cabo todo eso si total sus conocidos y amigos lo veían como un desastre, algo que no tenía razón de ser, y a ella que tocó y lastimó más a gente de la cual ahora ellos conocían y eran amigos.
Sasha más que alejarse por odiarlos, porque no podía sentir ese sentimiento a pesar de todo, se había alejado para que no la odien y para no lastimarse a sí misma.
Todo había empezado a derrumbarse antes de que cayeran las murallas, estaba segura, así que a veces sentía que todo lo que siguió fue inútil. Comenzando por enlistarse en el ejército.
Sus padres, sus amigos, su primer amor, desde el principio los tuvo y a la vez no, así que no es como si esto fuera nueva esta contradicción.
Quería y a su vez no ser lo que ellos esperaban, pero había optado por no serlo porque intentarlo la estaba matando.
Éste era el resultado.
Estaba viva, su país estaba a salvo, iba tener un hijo en algunos meses, tenía una vida con todo por lo que una persona razonable había luchado contra el mundo… Pero ella se sentía muerta por dentro.
