2. Tomoyo Daidoji
Cumpleaños número veintiséis
Si había algo que me encantaba hacer, además de confeccionar vestidos, eso era planificar fiestas. El concebir un concepto, las decoraciones y hasta seleccionar los platillos y aperitivos adecuados, me llenaba de una felicidad y vitalidad tal que había tomado la decisión de dedicarme a ello de forma profesional hace un par de años.
Amaba mi trabajo sin lugar a dudas y más si lo hacía para alguien a quien amaba.
Había organizado las fiestas de cumpleaños de mi prima desde que teníamos catorce años, tratando siempre de cumplir sus gustos, lo cual era bastante complicado, a decir verdad, porque mientras yo adoraba la opulencia, Sakura era más bien de gustos sencillos. Ella era del tipo de persona que prefería una celebración íntima con sus personas más valiosas, y por eso celebrábamos generalmente en su casa o en la mía, pero este año deseaba que fuera diferente y por eso estaba en este momento buscando ideas en mi computadora, evaluando millones de opciones que podrían hacerla feliz y que fueran originales, manteniendo obviamente su premisa de sencillez.
―¡Ah! Esta imagen es maravillosa ―dije al ver la orilla de una playa iluminada con pequeñas lámparas de papel de diferentes colores―. Podríamos colocar pétalos de cerezo en la arena, una mesa alargada de bambú para la comida y el pastel… ¡Y una fogata! ¡Todo al atardecer!
―Veo que estás muy emocionada. ―Sentí unas manos posarse sobre mis hombros y enseguida sonreí.
―Es que por fin he encontrado algo que me gusta ―dije, mirando la imagen―. Quizás no soy muy fan del mar ya que tengo una piel delicada, pero estoy segura que a Sakura le encantará. Y sería completamente diferente. ¡Hasta puedo verla usando un vestido playero digno para la ocasión!
Sus labios se posaron en mi mejilla, haciendo que mi corazón aleteara.
―Me encanta verte tan animada, princesa, pero ya es tarde y mañana tienes una cita a las ocho con un cliente ―me recordó.
―Pero… ―Al desviar la mirada hacia la esquina de la pantalla, detallé que eran más de las once de la noche―. ¡Oh! No me di cuenta de la hora.
―Lo imaginé. ―Rio y volvió a dejar otro beso, esta vez más cerca de mis labios.
―Guardaré esta imagen y… Listo, ya estoy contigo.
La risa de Eriol era algo que siempre me había fascinado, era grave, pero a su vez delicada, como el suave ronronear de un gato, y a eso debía sumarle esa caballerosidad tan propia de él. Era similar a mí en muchos aspectos, quizás por eso siempre lo había involucrado en mis planes porque no necesitaba decirle mucho para que él supiera exactamente lo que yo quería, pero también teníamos nuestras diferencias y precisamente en ellas estaban los sabores de nuestra relación. Porque nos complementábamos.
Tomó mi mano con la suya siempre cálida y me guió hasta la cama, nos arropó a ambos y me giré dispuesta a caer rendida a los pies de Morfeo, con los brazos de mi caballero rodeándome, pero cuando estaba por cerrar los ojos, algo llamó mi atención. La luz de mi celular parpadeaba. Me preocupaba que fuera un mensaje de mi cliente, así que decidí revisar las notificaciones, tenía muchísimas de mis redes sociales, pero me centré en el Whatsapp. Mensajes de mi madre, varios amigos y de los grupos en los cuales estaba ni se diga, pero hubo uno en particular que capturó mi atención inmediatamente. Era un mensaje de Shaoran.
Shaoran_20:49
Hola, Tomoyo.
¿Estás ocupada?
¡Vaya! Cuando Shaoran Li me escribía, lo hacía porque realmente era necesario. Él pertenecía a esa clase de hombre que le importaban poco las redes, incluso podía decir que sólo usaba el celular para llamar o escribirle a Sakura.
Decidí responder, aunque sabía que vendría leyendo mi mensaje mañana. Conociéndolos, debían estar ya dormidos. Sakura era una criatura de hábitos y le gustaba dormir sus ocho horas, aunque si podía sumarle unos minutos más no estaba mal por ella. Por su lado, Shaoran… él sólo se había adaptado a lo que su novia hacía.
Yo_23:39
Lo siento, Shaoran.
Me sumergí en el trabajo y apenas me despegué de la computadora.
¿Sucedió algo?
Estiré la mano para dejar el teléfono sobre la mesita nuevamente cuando lo sentí vibrar, mi sorpresa fue enorme cuando vi que se trataba precisamente él.
Shaoran_23:39
Entiendo, no tienes que disculparte.
En realidad… necesito hablar contigo.
Pedirte un favor.
Yo_23:40
Claro, dime qué necesitas y con gusto te ayudaré.
Debía admitir que me tenía intrigada y más cuando lo veía escribir y no llegaba el mensaje.
―Princesa…
―Es Shaoran, cariño ―dije a manera de disculpa.
―¿A esta hora? ―Asentí y lo sentí levantarse para asomarse por encima de mí―. ¿Pasó algo?
―Dice que necesita un favor, pero no me ha dicho que… ―En ese momento llegó el mensaje y enseguida lo leí.
Shaoran_23:42
Es demasiado… complicado explicarte por mensajes.
¿Podríamos vernos mañana?
Es realmente importante.
Tenía una agenda apretada, pero ni loca decía que no, así que lo invité a desayunar para que pudiéramos conversar con calma a media mañana. Tendría que rodar algunas reuniones, pero lo valía.
Decir que pude dormir algo era mentira, pues estuve dándole vueltas y vueltas al asunto en mi cabeza, preguntándome ¿qué podría ser eso que él deseaba pedirme? Imaginé tantas cosas, una más loca que la anterior, y así me alcanzó el amanecer, pero a pesar de mis ansias por saber, me mantuve enfocada en lo que tenía planificado para mi día. Profesionalismo era mi segundo nombre, por supuesto.
A eso de las 9:30 a.m estaba ya estacionando frente al elegante café donde había quedado de verme con Shaoran, era un lugar que me gustaba frecuentar con las chicas pues ofrecía un ambiente ameno y relajante para conversar. El tintineo de la campana les avisó a los meseros de mi presencia y enseguida tuve uno a mi disposición. Iba a pedir una mesa cuando divisé esa melena desordenada que reconocería a kilómetros de distancia, Shaoran estaba haciéndome señas desde una mesa que estaba cerca de la ventana del fondo. Sonreí y tras disculparme con el mesero, caminé hacia mi querido amigo que me correspondió el gesto.
―Gracias por venir ―dijo, levantándose para ofrecerme una silla. En eso Eriol y él se parecían bastante.
―Sabes que jamás le diría que no a un amigo ―dije, sentándome―. Aunque no tengo mucho tiempo ya que el día lo tengo comprometido casi en su totalidad. ―Suspiré.
―Entonces aprovechemos cada segundo ―dijo y le hizo señas al mesonero para que nos tomara el pedido.
Debía decir que era la primera vez en tantos años que él y yo estábamos a solas, pero no era incómodo, todo lo contrario. La conversación era ligera y hasta los silencios eran agradables. Viendo esto podía comprender por qué Sakura y Shaoran se llevaban tan bien. Él le ofrecía esa serenidad reposada que a Sakura le hacía falta, mientras que mi prima le brindaba esa calidez y carisma que plasmaba sonrisas muy lindas en ese rostro tan serio. Una pareja hermosa, sin lugar a dudas.
―Bien… creo que llegó el momento de decirte por qué te pedí vernos.
―Debo decirte que me tienes bastante intrigada.
―Tu mejor que nadie sabe lo que yo siento por Sakura… ―dijo, rascando su nuca―. Pero no soy muy… romántico que digamos.
―Algo que no ha sido nunca un problema, según sé ―acoté, extrañada.
―Es cierto, pero me gustaría serlo… demostrarle que me importa. ―Desvió la mirada por un leve instante y cuando sus ojos volvieron a mí, derrocharon decisión―. Ella fue quien me propuso vivir juntos… y se esmeró para que fuera un momento especial para ambos… Ahora me toca a mí.
―Pero…
―Quiero pedirle matrimonio.
Literalmente, me quedé sin palabras… completamente congelada. ¡Hasta me rasqué los oídos para asegurarme de haber escuchado bien! Busqué en su mirada ambarina algún atisbo de broma, pero no… ¡Era Shaoran y él nunca bromeaba!
―¡Oh por Dios! ¿Esto está pasando? ―dije, abanicándome para no llorar.
―Oye…
―¡¿En serio lo harás?! ―Al verlo asentir lentamente, me levanté de la silla como si hubiera tenido un resorte y lo abracé mientras llenaba el lugar de mis risas―. ¡Oh dios! ¡No sabes lo feliz que estoy!
Cualquiera pensaría que me había pedido matrimonio a mí, pero… ¡Ah! ¡Qué felicidad!
―Por eso quise decírtelo en persona.
―¿Quién más lo sabe? ―pregunté al separarme de él.
―Sólo tú… De hecho, quería que me ayudaras con esto porque… realmente quiero que sea especial.
¡Me sentía como una niña en una dulcería! ¡Extasiada y eléctrica!
―¡Claro que te ayudaré! ―exclamé , feliz, y volví a mi silla, pero la arrimé un poco para estar cerca de él―. Tienes que decirme lo que tienes pensado. Todo y con detalles.
―Ese es el problema… ―dijo, suspirando―. No se me ha ocurrido nada y… de verdad quiero que sea especial.
―¿El anillo?
―Se supone que debo darle el anillo de mi familia, pero… siento que ella se merece algo especial. Un anillo que sea de ella. ―¡Oh! Pero que dulzura. Y decía no ser romántico―. Así que aprovecharé que debo ir a Tokio dentro de dos días para pasearme por las joyerías de la ciudad.
Repasé mi agenda mentalmente y… tenía una cita para las nueve y otra en la tarde. ¡Dios! Amaba mi trabajo, pero esto no podía perdérmelo. ¡Al demonio! Reprogramaría mis citas.
―Puedo acompañarte, si gustas ―me ofrecí―. Conozco casi todas las joyerías y podemos acortar la búsqueda. Incluso, si has visto algo que te guste, puedes enviármelo y con gusto consulto con los dueños.
―En verdad te agradecería mucho tu asesoría ―dijo, sonriendo y yo me sentí aún más extasiada.
¡Esto sería divertido!
Obviamente, no pude mantener la boca cerrada con Eriol, aunque Shaoran ya se lo esperaba y por eso él mismo se lo dijo, aunque le pedí encarecidamente a mi novio que se hiciera el sorprendido. Así que, dos días después, los tres nos sumamos a la búsqueda del anillo perfecto para Sakura.
Shaoran tenía una idea en mente, un anillo que hiciera juego con el brazalete que él le había regalado hace años, cuando eran unos chicos. Mi prima adoraba esa pulsera con su vida y por eso estuve de acuerdo con él, así que previamente envié fotos de la pulsera a mis contactos para que prepararan los modelos que combinaran.
Recorrimos varios lugares, pero ningún anillo parecía agradar a Shaoran y a mí tampoco. No gritaban "Sakura" a primera vista.
―¿Puede describirme a su novia, por favor? ―preguntó el señor Hatake, dueño de la joyería en la cual estábamos. Era muy famoso por sus diseños exclusivos y por eso tenía todas mis esperanzas puestas en él.
Shaoran pareció dudar un poco, pero cuando comenzó a describirla, simplemente no pudo parar. Sus ojos brillaban de tal forma mientras hablaba que casi se podía sentir en la piel el amor que él sentía por Sakura. Tantos adjetivos, positivos y negativos, porque según sus propias palabras, lo que más amaba de ella era su humanidad. Sakura cometía errores como cualquier persona, pero era capaz de rectificar y se esmeraba por corregirlos, reparar el daño causado. Su luz era tal que iluminaba los días grises y su entusiasmo llenaba de energía a cualquiera, así la había descrito y no podía estar más de acuerdo con él.
―Es mi torbellino de colores ―finalizó con una sonrisa.
El señor Hatake nos pidió esperar un momento y cuando regresó, dejó sobre la mesa una pequeña caja de terciopelo roja.
―Ábrala, por favor. Estoy seguro que esto es lo que ha estado buscando.
Shaoran cogió la pequeña cajita y al abrirla, sonrió. Lo había encontrado.
Cuando me lo mostró, no pude evitar hacer lo mismo porque ese anillo era perfecto para ella. Sencillo, pero gozaba de una belleza extraordinaria. El aro estaba compuesto por varios hilos dorados, como si fueran ramas de un árbol de cerezo, y hermosos brillantes de diferentes colores se posaban sobre ellos como si fueran flores delicadas. Y lo mejor de todo era que combinaba con los colores de la pulsera de Sakura. ¡Perfecto!
Teniendo el anillo en mano, le pedí a Shaoran y a mi querido novio que posaran conmigo para una selfie, porque no sería Tomoyo Daidoji si no inmortalizaba este momento, ¿cierto?
Habiendo escogido el anillo, ahora sólo nos quedaba elegir el momento y lugar adecuados para la propuesta. Estaba tan emocionada que incluso comiendo me la pasaba buscando imágenes e ideas, y se las pasaba a Shaoran para saber su opinión. Obviamente deseaba que fuera algo grande, inolvidable, pero Shaoran me recordó que era Sakura de quien estábamos hablando y… él tampoco se sentiría cómodo haciendo una pregunta tan importante delante de tanta gente. Una lástima en verdad, pero ni modo.
Me concentré entonces en buscar algo más adecuado para mi pareja favorita, cuando me encontré nuevamente con aquella imagen que había guardado hace días para el cumpleaños de Sakura. Me recosté en el respaldar de la silla y la observé con atención, Shaoran deseaba un momento especial, qué mejor momento que su cumpleaños… y si modificaba mi lista de deseos podía convertir lo que había planeado en una celebración íntima para dos. Mordí mi labio inferior, esto significaba tener que sacrificarme… no poder celebrar juntas su cumpleaños por primera vez en nuestras vidas, pero… lo valía. Ellos se merecían ese espacio y yo se los daría.
Inmediatamente contacté a Shaoran y le conté de mi idea con detalles incluidos, tratando de hacerle la mejor imagen mental de lo que yo podría preparar para ellos, y lo mejor de todo era que ella nunca se lo esperaría. Enseguida me dio su aprobación.
Consulté varios sitios, pero me pareció que, por la cercanía y fácil acceso, podía ser la playa de Shirahama. Tenía contactos que me podrían facilitar las cosas y lograr que un pequeño sector fuera privado para ellos, allí podríamos montar una carpa hermosa que les brindaría intimidad. ¿Decoración? Telas de colores que se arremolinaran en el techo, desde luego, también velas, una fogata, una mesa con diferentes aperitivos y luces preciosas. Asentí convencida y me puse manos a la obra.
La planeación fue sencilla, después de todo, era mi trabajo. Volverlo realidad y que Sakura no sospechara fue lo complicado, pero afortunadamente Eriol me ayudó en todo y pudimos hacerlo en el tiempo justo. Lo malo había sido tener que mentirle a mi prima al inventarme un viaje de negocios de una semana, justo para su cumpleaños, porque esa era la única forma de justificar que no podría planificar su fiesta de cumpleaños. ¿Qué si lloramos? Obviamente, pero el día previo lo pasamos juntas y nos atiborramos de dulces.
―¿Qué tal Okinawa?
―Todo genial por aquí ―le dije a través del teléfono―. La playa es hermosa, pero sabes que el sol y yo no nos llevamos bien.
―Con colocarte un poco de protector tienes, Tomoyo ―dijo, riendo― No puedes ir a Okinawa y no ir a la playa.
―Bueno… veré si paseo por allí en mis ratos libres.
Nos quedamos calladas por varios segundos, pero cuando ella habló, su voz sonaba partida.
―Te extraño.
―Y yo a ti, prima. Pero según tengo entendido, tu querido novio tiene preparada una sorpresa para ti.
―Shaoran quiere llevarme a un sitio especial ―me dijo, podía imaginarla con una enorme sonrisa.
―Mi regalo debe llegar pronto, espero te lo pongas para ir con él.
―¿Un vestuario especial?
―Sabes que no puedo mantenerme quieta ―dije, riendo―. Prométeme que podré organizarte una fiesta grande para el próximo año.
―Esta vez te daré permiso para que botes la casa por la ventana. De verdad te extraño mucho, Tomoyo.
Me sentía terrible por mentirle, pero sabía que mañana cuando fuera a su casa, primero me regañaría, pero luego me mostraría el hermoso anillo que adornaría su dedo y una preciosa sonrisa tan cálida como el mismo sol. Ese era mi aliciente.
―Yo también… ¡Feliz cumpleaños de nuevo! Y recuerda pasarme todos los detalles cuando regrese.
Tras un par de lagrimeos más, colgué la llamada y me dediqué a observar el panorama que tenía frente a mí, la vista de mi apartamento en Tomoeda.
―¿Qué hace una hermosa chica como usted aquí sola? ―dijo Eriol, pasando sus brazos por mi cintura y apoyando su mentón en mi hombro―. ¿Estás bien, princesa?
―Lo estoy.
―Me imagino que te hubiera gustado grabar ese momento.
―No sabes cuánto… ―dije, suspirando―. Siempre he estado presente en los momentos más importantes de Sakura, pero… realmente consideré que este es sólo de ellos y deben atesorarlo ―dije y me giré para verlo, pasando mis manos por su cuello―. Además, estoy segura que mañana conseguiré los detalles más jugosos, me encargaré de grabar su rostro sonrojado cuando me esté contando.
―Eres malvada.
―¡Me sacrifiqué por el equipo! ¡Es lo menos que merezco!
Ambos nos miramos y comenzamos a reír a carcajadas, rogando al cielo para que todo lo que habíamos preparado para nuestros queridos amigos saliera bien.
Ese año no hubo fiesta y por eso, para su cumpleaños veintiséis, usé precisamente la selfie que nos tomamos Eriol, Shaoran y yo al conseguir el anillo perfecto. Sakura sonríe en mi dirección porque ella sabe cuánto me costó hacerme a un lado para brindarles ese instante. Realmente, fue un momento de dos, pero yo había sido parte de él, había colaborado para que ellos estuvieran en sintonía perfecta y crearan ese hermoso recuerdo.
Obviamente, la fotografía que siguió a esa en el video, fue de una gran fiesta que planeé para ella en un gran salón del hotel más lujoso de Tokio. Me cobré el sacrificio de la mejor forma, pero como siempre he dicho… Tomoyo Hiragizawa siempre se sale con la suya.
N/A: escrito por CherryLeeUp, inspirado en las ideas de SnoopyMoon.
