CAPÍTULO II: TORMENTA O CUANDO EL CORAZÓN FLAQUEA

Draco visitó a sus padres esa misma tarde.

Tal como ya sospechaba. El pergamino que Astoria le entregó, contenía una atenta invitación a pasar por la mansión a la hora que le fuera conveniente.

Su padre era una persona que no aceptaría un no por respuesta, así que allí estaba, esperando a que Lucius soltara la bomba mientras él sorbía un trago de su exquisito té.

Por unos minutos admiró las hermosas flores que embellecían el jardín hasta que por fin escuchó hablar a su padre.

— ¿Estoy en lo correcto si aseguro que ya sabes para qué te he llamado?

Draco afirmó mientras colocaba la taza de té con suma delicadeza sobre la mesa.

— Bien, entonces me ahorro la introducción —Lucius pareció pensar cómo iba a iniciar su discurso hasta que por fin comenzó—. ¿De qué se trata? ¿Acaso por un momento te has detenido a pensar en tu familia?

Draco permaneció en silencio.

— Ya no eres un niño. Eres un mago adulto, enlazado, con un hijo y con muchas responsabilidades. Responsabilidades con tu familia. Principalmente con tu esposo, quién, por cierto, no ha demostrado ser digno de ti.

El rubio Omega apretó la mandíbula.

— Harry no es digno ni indigno. Solo es una persona comprensiva, que me permite ser quien soy sin juzgarme.

Lucius negó repetidas veces.

— Dragón, escúchame bien. No te has dado cuenta del alcance que pueden tener tus acciones. Y él tampoco lo ha hecho. Puede ser que en el lado muggle las cosas sean distintas, que alfas, betas y omegas se manejan a su antojo. Pero este es el mundo mágico, y las leyes son muy diferentes. Potter, como tu Alfa, tiene la obligación de procurarte, cuidarte y estar pendiente de ti. Si Potter permite que hagas lo que tú quieres podría ponerte en peligro.

«Lo cual me lleva a pensar que no te ama lo suficiente...

— ¡Alto, padre! —el Omega se levantó indignado, ¿Cómo osaba insinuar tal cosa?—. Harry me ama y se preocupa por mí. Y no es que me deje hacer lo que yo quiera, solo está apoyándome, como lo debería hacer cualquier pareja.

— Estás equivocado.

— No, no lo estoy...

— ¡Draco! —un pequeño rubio corrió hasta estar a su lado.

El Omega desvió su atención para concentrarse en su pequeño hermano.

— ¡Hola, pequeño! —lo levantó en brazos, recibiendo a cambio un dulce beso en la mejilla.

— ¿Dónde está Orión?

— En casa, estudiando sus lecciones —respondió sonriéndole.

Tom caminaba en su dirección para reunirse con la familia.

— Draco, ¿cómo va todo?

— Muy bien —y luego lanzando una mirada significativa miró a su padre y agregó—, de hecho, de maravilla. Estoy trabajando en un nuevo proyecto para el Centro de Apoyo.

— ¿Y qué dice Harry al respecto?

Draco entrecerró los ojos por un segundo antes de responder:

— Él está de acuerdo.

Tom asintió antes de tomar a su pequeño hijo entre sus brazos.

— Vamos Cygnus, es hora de tu clase de la tarde.

Tom se despidió de Draco, al igual que su hermanito, y volvieron al interior de la mansión.

— Tu madre tampoco está de acuerdo con tus acciones, ni con las de ese... —Draco ya se estaba preparando para defender nuevamente a su esposo, pero Lucius no terminó la oración—. Draco, eres inteligente, no arruines tu reputación, ni la de tu familia.

¿Qué más daba la reputación de su familia? ¿Ante quiénes serían vistos como una peste que debe ser urgentemente erradicada?

Draco Malfoy tenía un compromiso, una misión que tenía que cumplir a costa de lo que sea o de lo contrario la condición de los omegas jamás mejoraría.

No creía que su madre estuviera completamente en desacuerdo. Pero Lucius, sería difícil de convencer y seguramente tomaría tiempo en comprender que estaba haciendo lo correcto.

oOo

Ese día había sido una completa mierda.

Primero el maldito artículo de Rita Skeeter desvalorizando su trabajo y difamando a Harry, luego la reunión con su equipo, que aunque todos le apoyaron también mantuvieron evidentes sus dudas acerca del éxito de su objetivo y por último, la desastrosa visita a la mansión Malfoy.

Así que, llegada la noche, solo tenía ánimos para convivir con Orión.

Estuvieron jugando por un buen rato hasta que el pequeño rubio se quedó profundamente dormido. Draco lo llevó a su habitación y lo cobijó. Besándolo un par de veces en la frente.

Miró el reloj observando que casi eran las once de la noche y Harry aun no llegaba.

En ese momento, el timbre del teléfono sonó.

Rápidamente se dirigió a contestar.

Era Harry. Quien le avisaba que de último momento tuvieron una reunión importa y al ser imprevista no tuvo tiempo para avisarle.

Draco se quedó más tranquilo al finalizar la llamada. Así que decidió ir a acostarse.

oOo

Harry llegó a su casa en el valle de Godric, lugar al que se habían mudado después de que naciera Orión, pasando un poco de la media noche.

Se cambió rápidamente y se acurrucó junto a su esposo, envolviéndolo en un reconfortante abrazo.

Draco se removió despertando ligeramente.

— ¿Qué hora es? —cuestionó mientras sentía que el sueño se apoderaba de él.

— Pasa de la media noche —respondió Harry besándole la nuca y aspirando su delicioso aroma frutal.

— ¿Qué tal estuvo tu reunión? —alcanzó a cuestionar.

— Bien. Duerme, mañana te hablo de los detalles.

Draco asintió y se permitió caer profundamente dormido.

oOo

Al día siguiente, mientras desayunaban, Harry le explicó que habían conocido a un mago que estaba muy interesado en difundir su música en el medio mágico. Al principio se había negado a aceptar, pero el resto de la banda estaba muy animada con la oferta, así que le rogaron que aceptara. Fue así como fueron convocados a una reunión de último momento, donde el mago, de nombre Amos Diggory, les ofreció firmar un contrato por cinco años.

― Pensé que permanecerían de por vida en el mundo muggle, cantando para muggles y que nadie estaba interesado en sucumbir a las exigencias del mundo mágico ―comenzó a hablar Draco, después de la anécdota de Harry.

― Yo también lo creí así, pero parece que Anthony convenció a todos, haciéndoles ver las ventajas de volver a incursionarnos en el medio y ellos… bueno, ellos me convencieron a mí.

― Asumo que estarás más ocupado que ahora.

― Bueno, sí. Sabes que tenemos un compromiso con la disquera muggle y…

― Por supuesto, no necesitas explicar tanto.

Draco se levantó de la mesa y comenzó a levitar los platos para ponerlos a lavar. Orión, por su parte, se mantuvo atento de la conversación de sus padres. Por primera vez los veía muy serios al hablar.

― Estaré contigo cuando me necesites. Además, aún faltan un par de semanas para tu celo.

Comúnmente el celo de los omegas se manifestaba dos veces al año, cuando ya se encontraban enlazados, y en el caso de Draco estaba a punto de suceder.

― Ya dije que no tienes que explicarme.

― ¿Entonces por qué estás tan enfadado? ―cuestionó el alfa levantándose de su asiento para llegar a Draco.

El omega suspiró.

― No lo estoy ―afirmó mirando a su esposo a los ojos―. Simplemente me siento un poco ansioso. Hoy iremos al ministerio para presentar el caso de la familia Creevey.

Harry lo abrazo con la intención de reconfortarlo.

― Estarás bien, todo saldrá perfectamente ―comenzó a susurrar mientras frotaba círculos en su espalda, Orión aprovechó para escabullirse―. Eres un excelente abogado, sé que ya lo sabes, pero quiero recordártelo para cuando te encuentres en la corte.

Draco se aferró más a su esposo e inhaló profundamente su aroma para calmarse.

"Harry me ama, me permite hacer lo que yo quiero porque es comprensivo", se quedó un tanto perturbado al ser consciente de lo que acababa de pensar. En sus siete años de matrimonio no hubo una sola vez en que tuviera que reafirmárselo para estar seguro, ¿Entonces qué le estaba ocurriendo?

― ¿Sucede algo? ―cuestionó Harry al notar la tensión en su pareja.

― Nada, es solo por el juicio y lo demás.

― Tranquilo, lo harás bien ―besó su sien y luego sus labios.

Ambos se sonrieron y posteriormente cada uno se dirigió a sus actividades rutinarias.

Sin embargo, Draco no pudo evitar sentir una extraña sensación instalarse en su pecho. Algo dentro de sí, le advertía que después de esa despedida las cosas no volverían a ser igual y eso le provocó un terror que no pudo calmar durante el resto de la mañana.