Disclaimer: todo lo que reconozcan, de JK, lo demás, mío.


2.

Don't want to close my eyes
I don't want to fall asleep
'Cause I'd miss you baby
And I don't want to miss a thing
'Cause even when I dream of you
The sweetest dream will never do
I'd still miss you baby
And I don't want to miss a thing

La siguiente vez que se encuentran es ella la que se esconde cerca de las duchas de Slytherin. Espera, impaciente y un poco nerviosa, temerosa de que un Slytherin la vea y todo salga mal. Pero los muchachos ríen y se pegan con las toallas, salen con el pelo mojado y el uniforme de Hogwarts.

Busca cabelleras platinadas y no las encuentre. Entra.

Todo es vapor y suelo mojado, barro en algunas partes y pastos en otra. No lo encuentra y se pregunta si se habrá ido antes de que ella llegue. No pudo irse tan pronto.

Pero siente como la toman de la muñeca y la atraen contra un cuerpo que siempre está frío.

— ¿Sabes lo riesgoso que es esto, Weasley? — no parece feliz de verle y más bien está enojado.

— Es lo que tú hiciste.

— Yo sé esconderme.

— Me escondo hace meses, Malfoy — y él sabe que tiene razón.

Los Gryffindors se esconden, se escurren en aulas vacías, hacen vandalismo en las paredes por las noches y nunca los encuentran.

No pregunta más y se sienta con ella arriba sobre un banco. Sabe para qué es ese encuentro, no es para hablar, ni para preguntarse cómo ha ido el día. Es para besarse, tocarse, sentirse.

Y Draco necesita sentir.

La Weasley se restriega contra él, mueve sus caderas con confianza y le toma el cuello con posesión. Si se lo pone a pensar nada de eso tiene sentido, no solo que él se esté frotando con una pobretona Weasley, traidora a la sangre, sino que ella le esté besando él. Eso tiene mucho menos de sentido y a veces Draco piensa en preguntárselo, pero no quiere darle para pensar a ella.

Draco debe ser todo lo que la Weasley desprecia; un cobarde, prejuicio purista a la sangre, sin ideales propios y demasiada poca personalidad como para relevarse.

Está seguro que ella piensa eso de él, por eso no entiende como ahora está sobre su erección, moviéndose cómodamente sobre ella, pero no se queja ni pregunta, porque en aquellos tiempos, sentir algo que no sea el miedo, la tristeza y la desolación, es un privilegio y Draco no piensa desperdiciarlo después de tantos meses de sentirse completamente vacío e indiscutiblemente solo.

Draco la aprieta sobre su cuerpo, investiga bajo el sweater, toca la piel caliente de su abdomen, y gruñe en su garganta, extasiado con su piel caliente que hace contraste con la suya y le traspasa un poco de calor. A Ginny ese sonido, ese quejido que provenía del fondo de su estómago le da ganas de hacer algo, algo para que se repita y resurja todo el tiempo que tengan en esos cambiadores. Lo besa, se distrae con su cuello, le pasa la lengua tibia sobre una vena y Draco gruñe y ella se moja.

Quiere más y sabe que él también, pero cuando es ella quien pasea las manos bajo su camisa e intenta desprenderle un botón, él le toma las manos y la detiene.

— Ya deberíamos irnos — Draco la quita de encima y se pone de pie, se arregla su camisa y se pone la capa, deja a Ginny sonrojada y mojada y se va sin mirarla.

Ginny se queda sola y confundida, y aunque quiere enojarse y gritarle algo, nada sale de su garganta.


Lo cruza en los pasillos, en las clases, en el Gran Comedor, ya no va casi nunca con Crabbe y Goyle y su aspecto parece más enfermizo.

A veces lo mira, pero no lo encuentra y Ginny se pregunta qué será que le pasa a Draco Malfoy y porque siempre parece estar preocupado y triste.

No tiene oportunidad de preguntárselo, hasta tres semanas después que encuentra una nota en su capa.


La había citado en la Torre de Astronomía, y Ginny se encaminó hasta allí sin dudarlo.

Nunca fue una persona que le haya importado mucho el que dirán, ya estuvo en boca de todos un año, el mismo en que Ron le había dicho que no salga con muchos chicos porque iba a tener una mala reputación, pero a ella poco le importo. Los malos chismes nunca perduraban mucho y Ginny no necesitaba de alguien más que ella misma para decirle cuanto valía o cuanto no lo hacía.

Pero si a veces se preguntaba que le diría Luna, y que pensaría Neville si se enterasen. Imagina que Luna no la juzgaría y que Neville se cercioraría muchas veces si no está bajo el Imperius.

Lo encuentra sentado sobre la abertura que da a la cancha de Quiddicth e imagina que desde allí la vio el día en que entrenaba con su equipo. Es tan alto que sus rodillas parecen llegarles a los hombros en esa posición y Ginny se acerca despacio.

Se ve algo nervioso, piensa Ginny, restregándose varias veces la mano contra la nuca y modulando en silencio. La pelirroja no es paciente, pero espera y le da lugar.

— No sabía si ibas a venir — admite abiertamente, y ahora la mira por primera vez. Se ve pálido y frío y Ginny siente el impulso de abrazarlo, pero se contiene.

— ¿Por qué no lo haría?

— Por la última vez — explica, quitándole la mirada de encima.

Imagina que habla de como se fue abruptamente, pero ella no esta enojada, solo confundida.

Ese día Ginny no insiste, solo comparten un par de besos, Draco se sienta sobre la columna y ella se acomoda en el espacio entre sus piernas, apoya su cabeza en su pecho y Draco la suya en su cabeza, se tocan las manos, él le acaricia el brazo, las piernas, le pasa las yemas por el cuello, produciéndole piel de gallina y pasan la noche así, entre toques, besos, un par de palabras compartidas y mirando la noche pasar y como se interpone el amanecer.

Hace mucho que ninguno ve uno así, primero todo es un azul oscuro, mezclándose con algunas nubes sombrías y unas estrellas que siguen dando batalla con su luz, luego, empieza a estallar el naranja.

Ginny, desde su posición, mira a Draco y se encuentre con sus ojos grises mezclándose con los colores del amanecer y le besa el mentón, él le aprieta la mano.

El naranja se mezcla con el tono rosado y el sol amenaza con hacer su entrada.

Draco piensa que algunas partes parecen al color de cabello de Ginny, y le besa la cabeza. Ella cierra los ojos solo un momento, cansada, aflojándose en el cuerpo de Draco, pero los abre devuelta porque aquel cielo teñido de rosa suicida y naranja rojizo le da esperanza.

— Hace mucho no amanece así — dice Ginny.

— Hace mucho no pasaba una noche así — admite de pronto, la sinceridad transparente confunde tanto a Ginny como a él, aunque mintió en parte; nunca había pasado una noche así.

Nunca había compartido la noche con alguien sin acostarse, solo besos esparcidos y toques necesitados. La pelirroja se endereza, deja de estar reposada contra él para estar frente a su rostro, acomoda sus piernas sobre sus caderas y se acerca tanto hasta que ambas caderas están pegadas una a la otra. Draco traga con fuerza porque eso provoca cierto roce y no sabe si podrá aguantárselo.

Pero Ginny parece no molestarle esas cosas, y mirándole a los ojos con demasiada claridad, le acaricia la mejilla pálida, le mira los detalles del rostro y se centra en sus finos labios, antes de acercarse, vuelve a mirarlo a los ojos y Draco piensa que nunca vio unos tan poderosos, luego, ella esta sobre su boca dándole un beso cálido, paciente, tranquilizador. Draco siente que lo llenan de algo que no puede expresar, siente que aquellos huecos que andan por todo su cuerpo de repente se sienten completos y una ola expansiva lo recorre dándole un calor que le da picazón, se siente tibio y le besa con más sed, con mas hambre, pero Ginny logra mantener la calma y aunque él le este apretando la espalda para acercarla más, ella mantiene su postura.

Se separa apenas y le mira, le besa ambas comisuras, bajo sus ojos y el puente de la nariz, le mira y le abraza.

Draco se siente confundido, no entiende porque ella esta haciendo eso, pero le gusta, los abrazos de la menuda Weasley son reconfortantes y cómodos y no le hacen sentir incómodo, tampoco quiere soltarla que es usualmente lo que piensa cuando le abrazan, que cuando va acabar aquello, pero Ginny entre su pecho, con su mentón apoyado al lado de su hombro y acariciándole los costados y apretándole de vez de en cuando se siente agradable.

Se siente bien.

Ella se separa, bosteza, se estira y le sonríe.

Él alucina viéndola. Su belleza le parece inmensa.

Se queda sentado mientras la ve colocándose los zapatos y rodearse con su capa.

— El toque de queda ya termina y Filch no suele andar a estas horas. Voy a aprovechar para irme. Deberías hacer lo mismo en un rato — se acerca, le roza los labios con un beso fantasmal que a Draco lo perturba y luego se va.

La ve irse. La mira con la boca levemente entre abierta y un tanto perdido.


Se entera por Pansy que a Ginny y varios de su grupo entraron al despacho de Snape para robar la Espada de Godric Gryffindor. Draco sabía por rumores que ésta solo se le aparecía a verdaderos Gryffindors y se preguntaba porque razón la pelirroja podría necesitarla o quererla.

Fue en vano, sin embargo. Fueron descubiertos y Draco escuchó que castigados, no quiso saber detalles, sabia que debía servir en detención con Hadrig en el Bosque Prohibido, pero Draco también sabía muy bien que en Hogwarts los castigos ya no eran simples excursiones al bosque, o quedarse limpiando el aula de pociones tras su uso.

Cuando se trataba de cualquier estudiante que se presentara como traidor al bando del Lord, los castigos eran a base de Cruciatus, de hechizos oscuros, de lastimaduras físicas.

No la vio por unos días en el gran comedor, aunque tampoco a sus amigos, pero eso no le aliviaba. Era extraño.


Se queda dentro de las duchas de los vestidores de Slytherin, el agua fría corría por su cuerpo y él temblaba, pero necesitaba quitarse los pensamientos de su mente.

Los sucesos en la Mansión Malfoy, las exigencias para con Slytherin en Hogwarts, las burlas a su apellido ahora que Voldemort estaba avergonzando a su familia.

Ginevra Weasley que no daba rastros de vida.

La garganta le dolía, la cabeza le explotaba, los bordes de las uñas le ardían por estar comiéndose toda la piel alrededor.

No hay nadie más y goza de la independencia, de la falsa libertad. Disfruta de la soledad.

Pero la puerta es interrumpida y cuando gira no hay demasiado tiempo para ni siquiera visualizar un rostro, Ginny le besa bajo la ducha fría tras un salto, está pegada a su cuerpo desnudo y se trepa apoyando sus brazos alrededor de su cuello, grita, abre la caliente y cuando el ardor comienza a calarse en ambos, busca un equilibrio.

Draco la ve desorientado, esta en ropa interior dentro de su ducha y cuando el agua no esta ni fría ni caliente, sino en el punto justo, ella vuelve a mirarlo. Es pelo sangriento pegado a su rostro, es ojos pardos mirándole con ardor, es pecas esparcidas, manchas inocentes, labios que pedían ser besados.

Draco la pega contra los azulejos, le levanta el muslo, le acaricia y le besa, le mete la lengua, le succiona los labios, le saborea el cuello, gime contra su oído.

Ginny toca su erección y aunque una parte de Draco arremate en irse para tras, al final se queda, ella va suave, despacio y busca su mirada.

— No tengo que segur si no quieres — escucha que le dice, con su miembro entre sus manos, pero ya no friccionando.

Es cuando se da cuenta que tiene los ojos cerrados y la cabeza ladeada. Suspira y le mira, ella, con toda su fiereza, toda su jodida valentía, le mira con una calma que le conmueve. No entendía como alguien que todo el tiempo se presentaba como una jodida leona podía transmitir tanta paz en otros momentos.

Ella espera paciente, no rehúsa la mirada y con la mano libre le acaricia el rostro.

— Quiero — dice Draco con la voz ahogada, necesitada.

Ginny sonríe y vuelve a lo suyo y cuando él muerde los labios, apura el ritmo.

Draco intenta mantenerse cuerdo y se moja sus dedos con saliva, hurga allí abajo y comienza a ir de arriba abajo intentando mojarla.

— Despacio — dice Ginny y a él le excita que parezca tranquila y segura siempre. A veces lo envidia y se pregunta como lo logra — Suave — lo dice con la voz aterciopelada y aunque Draco piensa que no puede ponerse más erecto, lo hace.

Le toca la punta, apenas, le roza con sus dedos y Draco se traga el grito y gime con fuerza. Ginny sonríe.

— Fuerte — le dice ahora y Draco le hace caso.

Le cola dos dedos mientras que uno intenta rozarle más arriba, Ginny sonríe porque la combinación le parece maravillosa y aunque Draco siga con los cerrados aguantándose las ganas de acabar ya, consigue hacer algo bueno con sus dedos.

Ginny empieza a sentir que se acerca aquella sensación y le aprieta sin querer a Draco.

— Quiero que… lo hagas más intenso… a los roces — Draco no sabe si entendió bien, pero lo intenta y Ginny asiente — Así. Perfecto. Y sigue abajo — él no puede digerir ni media palabra, pero adora que Ginny hable, le calienta de un modo que no sabía y ojala siguiera toda la vida.

Draco piensa que los dedos se le van a dormir después de esto, pero no le importa, tener a Ginevra Weasley gimiendo frente a ti, tocándote la polla, diciéndote que le gusta, bajo la ducha caliente y todo el vapor ondeando entre ambos es perfecto. Es jodidamente el paraíso.

Ambos se agitan y Ginny le acerca más a ella, rodeándose el cuello con un brazo, y cuando él siente que ella acaba, se deja terminar entre sus manos.

Se despega, tiene los párpados un poco caídos, el rostro rosáceo y sonríe embriagada. Draco no puede creer lo preciosa que es. Es que de verdad, es de no creer.

Le besa suave, pegajoso, como puede, con las fuerzas que le quedan y luego comienza a lavarse su mano, Draco hace lo mismo.

Se enjabonan mutuamente y Draco ve un par de raspones en su cuerpo, pequeñas cicatrices que suponen se irán con los días y luego ella le enjabona a él.

Él sabe lo que verá cuando le pasa jabón por la espalda, y se cruza con su mirada un poco perturbada cuando sigue mirando las líneas en su pecho.

Salen, se secan y se sientan en los bancos.

— Por eso me fui ese día — explica Draco.

Ginny le mira, estaba sentada en ropa interior, es rosa pálido y parece hacer juego con su piel blanca.

Él está de boxers también.

— No quería que las vieras — Ginny asiente, comprendiendo.

— No tienes que explicarme nada, Draco. De verdad — sabe que es su modo de tranquilizarlo, de mostrarle que no le va a obligar a hablar si no quiere.

— Lo sé. Pero quiero hacerlo.

Ella le sonríe apenas levantando sus comisuras y se le acerca, pegándose a su cuerpo ahora más caliente y se apoya en su hombro, acariciándole despacio.

— Fue él. En la Mansión. Cuando… se enoja con mis padres, la paga conmigo porque sabe que eso los hace sufrir a ellos — Ginny siente que se le enjuagan los ojos pero intenta ser fuerte — Lo suele hacer delante de ellos. Si gritas, es peor — no lo tolera y se le sube encima, le abraza con fuerza, le gustaría que ese abrazo sirviera de algo, que no fuera solo ese instante, que le quite algunas cicatrices, que lo arregle por dentro. Que le quite esa aura gris, ese rostro triste, ese cuerpo delgado y caído.

— Es horrible, Draco. Es horrible. Lo siento — Draco asiente y se rompe un poco cuando siente la voz ronca de Ginny, a quien se le caen unas lágrimas, pero se las corre rápido.

Se quedan así, bastante tiempo. Luego ella se separa y le mira.

— No… Jamás imagine que a ustedes también…

— No es solo a mi — dice Draco enseguida — A cualquiera que falle en una misión, que no cumpla con su palabra.

— Eso… es horrible ¿Cómo puede tener tantos en sus filas?

— Es el miedo. Y la creencia de un poder que jamás le dará a ninguno.

Lo último lo dice con los ojos grises un poco idos y Ginny se siente horrible por juzgar a un Draco Malfoy que claramente no conocía nada. Lo ve, y solo imagina lo que pasa en su casa. Lo ve, y se imagina a ese ser horrible dañándolo. Lo ve y siente pena.

Le acaricia y él toma su mano y le besa palma.

Comparten un par de besos más y luego comienzan a vestirse.

Cuando saben que se tienen que despedir, se quedan un momento mirándose, alargando el momento.

— Lo siento — dice Ginny. Draco ríe huecamente.

— No lo sientas. No fuiste tú la que me hizo daño.

— Por juzgarte — le dice entonces y Draco le mira serio, encontrándose con sus ojos sinceros y valientes, mientras ella le toma la mano con fuerza. Vuelve a intentar reír entonces.

— Me corresponde un poco. He sido una mierda por años y eso es culpa mía — Ginny sonríe un poco.

— Bueno, eso es un poco cierto — a Draco eso no le molesta porque la verdad ya no es algo a lo que le tema y toma a Ginny, la alza, ella ríe entre su cuerpo y la lleva contra la pared, para volver a besarla, para volver a sentir esos labios, para poder llevarse un poco de su calor a la cama.

— Perdóname tu a mí, Ginevra, por juzgarte — Ginny sabe perfectamente de que habla, y lo siente tan cerca que su rostro es borroso, solo puede ver su mirada sincera y cargada de una culpa que se desvanece cada vez que ella asiente.

— Te perdono, Draco — comparten una intensa mirada antes de que ella pegue su frente a la de él, roce su nariz con la de Draco y moje sus labios sobre los suyos.

Es difícil razonar que los unió. Que los incentivó a compartir tardes juntos, duchas tibias, besos calientes y noches en vela.

Es incomprensible para Ginevra, cuando lo ve a su lado con aquellos ojos grises tormentosos y dolidos, saber qué es exactamente lo que le gusta de Draco Malfoy. Que es lo que hace que no pueda dejar lo que tienen ni tampoco hacer parar ese sentimiento ausente que la absorbe cuando pasa muchos días sin verlo. Sin compartir el rato con él. Se da cuenta que lo necesita cuando está sola en su cama, que lo añora cuando lo ve en clase y no puede estamparle un beso porque su amor entre aquellas paredes de roca está prohibido, es imposible.

No hablan mucho, se acomodan en el silencio que comparten, él no le pregunta por Harry y Ginny tampoco lo nombra. Esta con él cuando la angustia lo carcome y lo escucha en silencio y con fuerza cuando él se descarga. En los partidos siguen compitiendo como auténticos rivales y en las clases apenas se miran porque no pueden correr el riesgo que los descubran.

No saben cómo terminarán, ni cuándo. Ignoran ese hecho aun sabiendo que en cualquier momento pasará algo que los separará intermitentemente y posiblemente para siempre.

Mientras tanto, se acompañan.

Y de algún modo curioso, se quieren.