CAPÍTULO 2
Eva llevaba más de media hora dando vueltas en la cama, tratando de conciliar de nuevo el sueño, aunque sus intentos eran infructuosos. Giró la cabeza para mirar el reloj, y vio que marcaba las 4:30 a.m. Sabía que era muy temprano para que Sakura la llamara; sin embargo, el hecho de que estaba segura que ellos no tendrían una noche de bodas convencional, la ponía intranquila. Sasuke era capaz de todo, y ella solo esperaba que no de lo que más temía.
Se encontraba en la habitación del hotel, en una de las suites alquiladas por la familia para pasar la noche. Todos dormían en ese momento, pues la fiesta había terminado hacía un par de horas; pero ella estaba tan nerviosa que no pudo tener un sueño reparador, y luego de despertar, le resultó imposible retomarlo. Retiró la sábana de su cuerpo, y perdiendo la esperanza, se levantó y se dirigió al baño a lavarse la cara. Salió del cuarto para caminar hacia la cocina, donde todo a su paso se encontraba a oscuras. Al entrar en ella, tuvo que ahogar un grito al ver una figura sentada en una de las sillas de la mesa central.
―¡Naruto por Dios! Casi me matas del susto ―exclamó, llevándose una mano al pecho por la impresión.
―Lo siento, Eva. No tengo sueño y quise venir a tomar algo ―explicó, levantando el vaso de jugo de naranja que tenía en la mano. Eva encendió la luz de la estancia y se sentó al lado del chico, quien le ofreció un vaso de su misma bebida, y que ella aceptó con una media sonrisa.
―Por lo que veo tampoco puedes dormir, y según sé por Kendal, tú no sabes madrugar ―comentó Naruto. Eva sonrió, negó con la cabeza y decidió que lo mejor era mentir, pues estaba claro que él no podía dormir por la misma razón que ella, y alimentar su preocupación no sería algo bueno.
―Tuve una pesadilla y… debes saber que es muy difícil conciliar el sueño después de eso. Daniel asintió, miró unos segundos a un punto indeterminado frente a él, y suspiró.
―Eva, tengo miedo, y siento que si no sé nada de Sakura en las próximas horas, voy a enloquecer. Eva frunció el ceño. Ella también necesitaba saber de Sakura, y aunque sabía que quien corría peligro era ella, su primo también le preocupaba.
―He pasado toda la noche intranquilo ―continuó―. Luego de que se fueron, mi aprehensión aumentó y no sé por qué, solo siento que algo malo le pasó a ella.
Sé que puede sonar estúpido eso de los presentimientos, pero estoy casi seguro que algo la está atormentando, y sea lo que sea, no es bueno. ―Giró su cabeza para mirar a la mujer a su lado, y ella se sorprendió al notar que sus ojos estaban rojos y brillantes. Naruto estaba a punto de llorar―. Eva, por favor, ayúdame. No soporto esta incertidumbre. Sé que Sasuke es tu primo, y que puede que pienses que nada le sucederá estando en su compañía, pero yo no confío en él, y temo que…
¡Dios! No soy capaz de decirlo siquiera. La mujer pudo sentir la angustia del chico, y lo peor de todo era que lograba entenderla, porque ella misma la sentía. Necesitaba al igual que él saber lo que estaba sucediendo, o lo que ya había sucedido en la noche; no obstante, no podía demostrar mucha ansiedad. Colocó una mano sobre la espalda de Naruto y comenzó a frotársela.
―Tranquilízate, nada le está pasando a Sakura. Es su noche de bodas, todo está bien. Aunque si quieres salir de dudas, espera a que sea un poco más tarde y llámala. Lo más seguro es que se moleste contigo.
―No puedo llamarla, me dejó su celular. Dijo que era para mayor privacidad. Estoy seguro que fue
él quien se lo pidió ―explicó Naruto, y enseguida su expresión cambió a una de mayor esperanza―. Tú tienes el número de él, puedes llamarlo, o directamente a la casa. No se molestará contigo, o al menos no te mandará al demonio, como seguramente lo haría conmigo.
―Te aseguro que conmigo es peor; lo que dudo es que tenga su celular encendido, y no tengo el número de Gillemot Hall. Hace muchos años que no voy allá. Naruto frunció los labios por la decepción.
―Lo que puedo hacer es ir directamente con la excusa de llevarle el celular a Sakura ―agregó Eva―, después de todo, me lo encontré en la mesa de la cocina, y no sabía que te lo había dejado a ti. Le guiñó un ojo a Naruto, quien le respondió con una sonrisa.
―Te lo agradezco mucho, Eva. Solo quiero hablar con ella, saber que está bien, que está feliz de verdad. Ella es muy importante para mí, y por momentos desearía no tener ningún valor para ella, así no le afectaría lo que yo sintiera, y dejaría de ocultarme cosas para evitarme sufrimientos.
―Ella no te oculta cosas. No sé de dónde sacas eso.
―Lo hace, Eva, lo hace, solo que no logro descifrar qué puede ser, aunque tengo mis sospechas. Dos horas después, Eva se encontraba de camino a Gillemot Hall. Aunque estaba ansiosa por llegar, decidió demorarse para que Naruto no notara su afán, y al no recordar bien el camino a la propiedad, tuvo que acudir a su chofer para que la llevara, pues él en otras ocasiones, había llevado a otros miembros de la familia. Al llegar el auto al portón principal, uno de los hombres que vigilaba lo detuvo.
―Lo lamento, señorita, esta es propiedad privada y no puedo permitirle el ingreso.
―No me importa si lo lamenta o no, o las razones que tenga para no permitirme la entrada ―dijo Eva en tono molesto, mirando fijamente al hombre que no conocía, y que asumió él tampoco la reconocía a ella―. Soy Eva Lancaster, y tengo todo el derecho de entrar a mi propiedad como cualquiera de mi familia. Así que apártese si no quiere pasar a encabezar las listas de desempleados de este país. El hombre se la quedó mirando con sorpresa y miedo.
Conocía los nombres de toda la familia, pero a algunos no los identificaba, pues solo llevaba un par de años trabajando en Gillemot Hall, y de los jóvenes herederos solo conocía al mayor de ellos.
Reparó en las hermosas facciones de la mujer, y notó el gran parecido con el señor Joseph Lancaster y con el mismo señor Sasuke Uchiha, por lo que supo en ese momento que si llegaba a la noche con su empleo intacto, sería un completo milagro.
―Lo…Lo siento, señorita Lancaster. Discúlpeme yo no…no la reconocí.
―¡Ya cállese! No tengo tiempo para esto, y abra esa puerta de una vez ―ordenó, acomodándose de nuevo en su asiento. El asustado guardia se apresuró a despejar el camino del lujoso auto, y observó cómo este se perdía en el sendero flanqueado por grandes árboles.
―¿Crees que te despida? ―preguntó el otro guardia que había preferido mantenerse al margen. ―Espero que no, aunque es lo más seguro. Para respiro del muy asustado hombre, la carta de despido nunca llegó. Eva olvidó el incidente al instante.
Cuando el auto se detuvo en la puerta principal de la mansión, Eva bajó, y observó a varios miembros del personal de servicio, haciendo sus quehaceres por toda la extensión del frente. Aunque no reconocía a ninguno, hubo alguien que sí la recordaba.
―¿Niña Eva? ¿Es usted? Eva giró la cabeza al escuchar que una voz femenina le hablaba, con el acento propio de la zona. Se encontró entonces con una mujer regordeta y bajita, que rondaba los sesenta años de edad, de piel clara, que resaltaba las pecas en la nariz y las mejillas; cabello rojizo, recogido en un moño en la parte baja de su cabeza, vistiendo falda negra por debajo de las rodillas, blusa gris y zapatos negros, con un muy bajo tacón.
Luego de unos segundos, los ojos de Eva se agrandaron por el reconocimiento y la sorpresa.
―¡Nani, eres tú! ―exclamó, inclinándose para abrazar a la mujer que la recibió con una gran sonrisa.
―Niña Eva, tantos años sin verla. ―Se separó de ella y le tomó la cara entre las manos―. Está hermosa, y se ha convertido en una mujer muy elegante. Es el vivo retrato de su madre, que Dios la tenga en su Santo Reino. Creí que no la volvería a ver… ¡Lo estás haciendo mal, Jenny! Necesito que quede todo perfecto para cuando la señora Stone despierte. Eva rio alegremente, al escuchar cómo la mujer reprendía a una de las empleadas más jóvenes.
―¡Ay, Nani! Tú nunca cambias, tan regañona como siempre. ―No es mi culpa que solo yo pueda hacer bien las cosas, y estas muchachas parece que nunca hubiesen visto un trapero o una escoba. Pero dígame, niña, ¿qué hace aquí? Al niño Nico no le gustará verla interrumpiendo su luna de miel. La chica bufó, y agitó una mano en el aire para restarle importancia al comentario.
―Que haga lo que quiera, pero tengo urgentemente que hablar con Sakura, le guste o no a su esposo.
―¿Sakura? ―preguntó la mujer, mirándola extrañada―. ¿Se refiere a la nueva señora? Eva asintió.
―No recuerdo dónde está la habitación principal. Imagino que ahí se están quedando. ¿Puedes indicarme el camino, Nani?
―No sé si debería, niña. Aún recuerdo las discusiones que ustedes dos tenían. Levantaban a gritos toda la propiedad; además, él dio órdenes específicas de que nadie se acercara a esa ala de la casa.
―¡Vamos, Nani! ―rogó Eva, haciendo un puchero que sabía era la debilidad de la mujer mayor―. Es algo muy urgente. Solo dame la llave maestra e indícame el camino, yo asumo toda la responsabilidad. La mujer lo pensó por un momento, y suspiró. Introdujo la mano en uno de los bolsillos de la falda, y sacó una llave con forma extraña que entregó a la chica. Eva sonrió, y escuchó las instrucciones de cómo llegar a la habitación principal, donde efectivamente se estaban alojando. Al entrar en la mansión, su mente comenzó a reconocer los espacios que varias veces había recorrido cuando era niña, y sus padres la obligaban a pasar unas semanas de vacaciones en el campo. Incluso sin las instrucciones, ella habría podido hallar el camino.
Se encontró por fin frente a la puerta de madera que llevaba a la antecámara, en la que muchas veces se hospedaron sus padres en el pasado. Probó la cerradura, y esta cedió. Empujó con cuidado de no hacer ruido, e ingresó al pequeño vestíbulo en el que habían dos puertas: una dirigía al antiguo cuarto de baño, que había sido convertido en vestidor hacía ya muchísimos años, y la otra a la recámara. Se acercó a esa puerta y trató de escuchar algún sonido. Un sollozo amortiguado por la madera llegó hasta sus oídos.
Era un sonido femenino. Era Sakura. Imaginándose lo peor, introdujo rápidamente la llave en la cerradura y la giró. Empujó la puerta con fuerza y entró sin reparo alguno. Sus ojos se enfocaron en la gran cama matrimonial, y al instante, en la mancha de sangre que resaltaba de entre las sábanas blancas; pero fue la escena que percibió junto a esta, la que hizo que su corazón se contrajera de terror.
―¡Sasuke! Sakura se encontraba desnuda, temblando en el suelo, con lo que parecía ser un extraño puñal en sus manos; mientras que Sasuke estaba acostado en la cama, girando la cabeza hacia ella al escuchar su grito. Por un momento creyó que Sakura había apuñalado a Sasuke, pero al verlo levantarse, a la vez que se cubría la parte baja de su cuerpo con la sábana, se tranquilizó por ese lado, y por otro se horrorizó. La mancha de sangre en la sábana, la desnudez de los dos, y el estado en que su amiga se encontraba, le indicaban solo una cosa.
Corrió al lado de Sakura, y arrodillándose en el suelo junto a ella, le arrebató el arma de las manos, la
arrojó lejos y la abrazó protectoramente. La chica se aferró a su ropa y comenzó a llorar sin control, lo que le arrancó lágrimas a ella misma.
―¿Sakura, te hiciste daño? ―preguntó Sasuke preocupado, agachándose para revisarle las manos.
―¡No la toques! ―advirtió Eva entre dientes―. Cúbrete y sal de aquí. Sasuke frunció el ceño, pero no refutó la orden, tomó la bata de seda negra al lado de su cama y salió de la habitación, no sin antes darle un último vistazo a su esposa, con expresión preocupada. Eva concentró su atención en la chica que temblaba en sus brazos. Su mente era un total caos; alivio y horror se mezclaban.
Amaba a su primo, y el solo pensar en que algo le sucediera, le hacía sentir un fuerte dolor en el pecho; sin embargo, presenciar de lo que él era capaz, y lo peor de todo, en contra de la que consideraba su mejor amiga, era algo que la hacía llorar presa del gran sufrimiento. Haciendo acopio de todas sus fuerzas, logró que Sakura se colocara de pie y la arrastró hacia el baño, se metió con ella en una gran tina ubicada en una esquina.
Abrió la llave, y sin importarle que su ropa se mojara, dejó que el agua corriera por el cuerpo de Sakura. No se atrevía a decir palabra alguna. En realidad no sabía qué decir, solo podía llorar en silencio. De pronto, las imágenes de su primera vez llegaron a su cabeza. Había sido con un chico muy guapo de la universidad, su primer novio oficial, el único que había tenido en realidad. Un chico tierno, que siempre la trató como a una reina, y que con toda la paciencia y delicadeza, la había hecho suya una noche de San Valentín. Es verdad que le dolió, incluso una lágrima escapó de sus ojos mientras escuchaba cómo él le susurraba palabras tranquilizadoras, pero luego de que el ardor pasó, se convirtió en la mejor experiencia de su vida. «Si a mí me dolió, a Sakura…». Su llanto se volvió angustioso, y su abrazo se apretó más.
―Lo siento, lo siento, lo siento… Era lo único que podía decir una y otra vez. El pensar que ella guardaba un hermoso recuerdo de su primera vez, mientras que Sakura lo recordaría con odio y tristeza, la hacía sentirse la peor persona del mundo.
Todas las chicas tenían derecho a su primera vez de forma mágica, romántica y delicada; un recuerdo que perduraría por siempre en sus corazones, y que les arrancaría sonrisas y sonrojos con la sola evocación. Ahora, una de las personas que más quería, le había arrebatado todo eso a quien había aprendido a querer.
«¡La dañé! Le produje más dolor del necesario, y todo por mi maldita necesidad de ella». Sasuke se encontraba en una terraza alta, ubicada en el ala norte de la casa, en donde un juego de muebles de ratán color caramelo y cojinería blanca, adornaba el espacio. El clima típico del verano le hacía sentir en el cuerpo un poco de calor, pero su corazón y su alma solo percibían el frío del arrepentimiento. «Nunca me perdonará por esto». «Debe odiarme en estos momentos».
«Soy un maldito animal». «¡Soy un completo imbécil!». Llevaba ahí casi dos horas, cuando escuchó las rápidas pisadas que se acercaban a él, y vio a una mujer vistiendo una bata parecida a la suya, dirigirse a él con la rabia bullendo en su interior. Se puso de pie para recibirla, imaginándose lo que le esperaba, hasta que unos puños se estrellaron contra su pecho de forma violenta y frenética.
―¡¿Por qué, Sasuke?! ¡Eres un maldito! ¡Desgraciado! ¡Te odio! ¡Te odio! Sasuke no hizo algo para detener los golpes que su prima le propinaba; solo trató de abrazarla, y una vez que lo consiguió, la apretó con fuerza contra él y escondió el rostro en el cuello de ella. El
momento se prolongó, y obligó a su boca a enmudecer con el peso de la culpa. Ciertamente no sabía qué podría decirle luego de lo que hizo.
Su prima se había encariñado con quien ese día amaneció siendo su esposa, y era mucho decir venido de una mujer que no tenía amigas, pues a todas las veía como «estúpidas cabezahueca»; pero esa jovencita norteamericana se convirtió en su confidente y amiga, y el que no estuviera tratando de arrancarle la cabeza en esos momentos, era algo que debía agradecer, aunque era consciente de merecerlo.
El ataque de la mujer se fue deteniendo poco a poco, hasta que solo quedaron sollozos y pequeños estremecimientos, mientras Sasuke trataba de tranquilizarla respirando pausadamente, como si ella fuera una bebé que se calma con el suave movimiento de su pecho. Cuando sintió que Eva había entrado en estado de sopor, la miró al rostro, y vio que tenía los ojos cerrados. Sabía que no estaba dormida; pero aun así, se inclinó para pasar un brazo por debajo de sus rodillas y la alzó.
―Te odio ―susurró Eva sin abrir los ojos.
―No, no lo haces. Tú me quieres, soy yo el que me odio en estos momentos. Se acercó a una tumbona con sombrilla, la recostó sobre ella y dejó un suave beso en su frente.
―¿Cómo está?
―Es cínico de tu parte preguntar eso ―respondió Eva, abriendo por fin los ojos. Su expresión era de dolor y rabia.
―Por favor. ―Le di una pastilla para dormir. Está destrozada. Sasuke cerró los ojos en agonía y la culpa cayó sobre él, haciéndole sentir miserable. «Soy un maldito, no la merezco… ¡No! Ella es mía… Soy un maldito imbécil». Se dirigió a la recámara principal y encontró a Sakura acostada en la cama, cuyas sábanas habían sido cambiadas. Se acercó y notó que estaba profundamente dormida, vestida con un camisón de color azul.
Su rostro mostraba una tranquilidad, una paz que él sabía que si no fuera por la medicación, no la sentiría. Se sentó en ese lado de la cama y le acarició el rostro con suavidad, y tal como esperaba, ella no reaccionó. Se recostó entonces, y con un brazo la estrechó contra su cuerpo, quedando los dos acostados de lado, frente a frente.
―Perdóname, mi amor, mi nena, mi vida, mi todo. Perdóname. La besó en los labios y estuvo con ella por un par de minutos más. Levantándose, la tomó en brazos y la llevó por el pasillo, que daba a la terraza donde se encontraba antes.
―Fred, acerca una sombrilla a ese sofá, por favor ―ordenó a un empleado con el que se topó en el camino, y luego de que su orden fue cumplida, indicó que no deseaba que se acercaran al lugar. Sentándose, acomodó a Sakura en su regazo, haciendo que sus piernas se apoyaran en los cojines y su cabeza en su brazo.
―No entiendo cómo puedes decir que la amas, y luego convertirla en víctima de esa atrocidad ―recriminó Eva en voz baja, acercándose y sentándose en el sillón más cercano.
―La amo ―afirmó Sasuke en un susurro, sin apartar la vista del rostro de la chica dormida en sus brazos―, pero soy un estúpido. Me dejé llevar por el deseo que siento por ella, y no fui capaz de tratarla como se merecía en su primera vez. Eva lo miró con espanto, sin poder creer lo que escuchaba; aunque con la típica esperanza floreciendo desde lo más íntimo de su ser, respecto a alguien de su propia sangre, decidió preguntar
. ―Sasuke, ¿qué fue exactamente lo que sucedió anoche? ¿Qué es eso tan malo que le hiciste? Sasuke levantó la vista y la miró extrañado, pensando que tenía en claro la situación.
―Por la forma como me reclamaste pensé que ya lo sabías.
―Regresó su vista al rostro amado, y levantó la mano libre para acariciarle suavemente el contorno del rostro―. Ella era virgen y yo no lo tuve en cuenta, no la estimulé como debía, no la tomé con la suficiente delicadeza, y no esperé el tiempo suficiente para que se recuperara y el placer volviera a ella. Para ese momento Eva temblaba. En la garganta un fuerte sollozo la atragantaba, y en el corazón la verdad ante ella la apuñalaba.
―Sasu…Sasuke ―dijo entrecortadamente por la sensación en su garganta. Tragó pesadamente para poder continuar―, tú abusaste de Elizabeth, la tomaste por la fuerza, contra su voluntad. ¡Por Dios, Sasuke! ¡La violaste! Él levantó la cabeza y la miró como si estuviera loca. «¿Yo? ¿Violarla?».
―Te volviste loca, Eva ―afirmó, mirándola con el ceño fruncido―. Cómo te atreves a decir semejante atrocidad. Yo jamás sería capaz de algo así. La amo y ella me ama a mí, y por eso se entregó a mí como mi esposa. No sé de dónde sacas esa idiotez. El sollozo que ella había intentado reprimir, encontró por fin su camino a la libertad, y con él el llanto.
Sabía que él tenía un problema, que su obsesión se había salido de control, y que como los desquiciados de las clínicas para enfermos mentales, había creado una realidad paralela en la que él era feliz; sin embargo, negar que había violado a Sakura, y sobre todo, creer fervientemente que ella lo había deseado la noche anterior, demostraba que su cerebro no funcionaba bien, que estaba completamente loco; pero no en el sentido romántico con que todas las mujeres deseaban y soñaban, sino en el sentido peligroso, nefasto, trastornado y retorcido.
―Eva, no llores, por favor. No me gusta verte así. ¿Qué sucede? Sabes que haría lo que fuera por ti. Eva lo miró con los ojos bañados en lágrimas, y en un último intento, habló entre sollozos como mejor pudo.
―Cuando entré a la habitación, Sakura estaba en el suelo con un cuchillo en la mano, y tú estabas en la cama, inmóvil, con los ojos cerrados. Pensé que estabas muerto, por un momento creí que ella te había apuña… ¡Dios! Por favor, dime qué sucedió, qué crees tú que la impulsó a hacer eso. Sasuke sacudió la cabeza y suspiró.
―Me quedé dormido con ella en brazos ―dijo, mirando de nuevo a Sakura con adoración―. He estado con muchas mujeres en mi vida, incluso con las más despreciables. ―Su mirada se ensombreció por un segundo, y volvió a su anterior expresión con las siguientes palabras―: pero el estar con ella fue la sensación más sublime que he experimentado. Las personas dicen que cuando hacen el amor con el ser adorado, se sienten morir, y al final renacen en sus brazos temblorosos…
Debo decir que conmigo esa afirmación no se aplica. Yo he estado muerto desde que tengo conciencia, y al hacerla mía, al tenerla entre mis brazos, fue la primera vez que me sentí vivo realmente. Ella me dio la vida, Eva. Ella me arrancó de los brazos de la muerte. Eva lo escuchaba atentamente, aún con lágrimas brotando de sus ojos, y tratando de entender los sentimientos que embargaban a su primo.
―¿Qué pasó después? ―Me desperté por el sonido de su llanto, y la encontré de pie a mi lado, sosteniendo en lo alto una de las dagas del abuelo. Estaba desnuda, la luz de la ventana iluminaba la mitad de su cuerpo, y juro que nunca había visto una imagen más hermosa que esa. ―Acarició de nuevo a la chica y continuó―
: En ese momento comprendí que le había hecho más daño del necesario, que la había maltratado sin piedad, y ella con toda la razón deseaba verme muerto…, y se lo permití. Eva se llevó una mano al pecho, presa de un fuerte dolor que le producían las palabras de Sasuke. «Se iba a dejar matar porque se sentía culpable de maltratar…
¡Oh, no!». Comprendió entonces las dimensiones del estado de obsesión de su primo. «Si se iba a dejar matar porque creía que había sido brusco con Sakura… ¡Santo Dios! Si llega a tener conocimiento de la violación él…», no fue capaz de terminar el pensamiento, porque de algo estaba segura: si Sasuke se convencía de haber abusado de Elizabeth, él mismo podía acabar con su vida.
―No cerré los ojos porque deseaba que ella fuera lo último que viera en este mundo ―continuó―. La vi sollozar, y bajar los brazos. Esperé a que el dolor llegara, a sentir el ardor en mi pecho… Nada. Solo vi cómo se derrumbaba en el suelo, y al segundo tú entraste a la habitación. No sé qué la detuvo. No fuiste tú porque llegaste después. Ahora pienso que pudo ser el amor que siente por mí el que no le permitió herirme.
»Vivo para hacerla feliz, Eva, y si eso implica mi muerte, yo mismo enterraré esa navaja en mi pecho. Por eso no entiendo cómo puedes llegar siquiera a imaginar que yo sería capaz de abusar de ella. Eso no tiene sentido. Es simplemente ridículo. Eva lo miró por unos segundos. No sabía cómo se habían desarrollado las cosas la noche anterior.
Cualquiera que hubiese sido la reacción de Sakura, él la había olvidado. La chica entre sollozos solo le había dicho que él había abusado de ella, que intentó huir sin conseguirlo. Todos esos sucesos solo quedaban en el recuerdo de ella, pues la mente retorcida de Sasuke había desechado cualquier indicio de abuso por su parte, y de rechazo por parte de ella. Se levantó y se arrodilló a su lado.
―Sasuke, no sé qué clase de amor sientes hacia Sakura, solo sé que es uno más intenso que cualquiera que haya conocido o leído alguna vez, por eso te pido, te suplico, que pase lo que pase, te mantengas con vida. Trata de conservar tu corazón a salvo, y por lo que más quieras, no permitas nunca que te derrumbes por la agonía. Sasuke la miró con entendimiento y tristeza al mismo tiempo
. ―Quítamela a ella, y estarás arrancándome el corazón; mátala a ella y será mi alma la que perecerá de infinito dolor.
―Así mi alma se condene, te prometo, primo, que nada ni nadie la apartará de tu lado, yo misma me encargaré de eso. Eva sabía que esa promesa podía originarle grandes arrepentimientos en el futuro, y sobre todo, sabía que estaba traicionando a su única verdadera amiga.
Quizá fuera la terca esperanza que todos tienen de lograr que las cosas mejoren, o por el contrario, un deje de locura heredada de la rama de su madre; pero confiaba, y más aún estaba segura, que Christopher podía lograr que Sakura se enamorara de él, si ella se encargaba de apartar cualquier obstáculo en su camino. «Cualquier obstáculo, sobre todo él de entre todos».
―¿Qué piensas hacer cuando despierte? ―preguntó Eva luego de varios minutos, mientras veía cómo su primo consentía a la chica, con suaves besos esparcidos por su rostro, caricias y palabras susurradas, que no logró comprender.
―Primero obligarla a comer ―respondió Sasuke sin demora y con seriedad―. Ya son más de las diez de la mañana y no ha ingerido ningún alimento desde ayer, y después… arrodillarme y pedirle que me perdone por ser un bruto con ella. Eva suspiró y decidió apartarse a las tumbonas, logrando así brindarle intimidad a su primo, sin descuidar a la chica, pues el haber hecho esa promesa, no indicaba que no pudiera evitar que ella sufriera; al menos, más de lo que toda la situación conllevaba. «Soy una traidora, y solo espero que algún día ella me lo agradezca, o al menos me perdone», pensó Eva mirándolos desde lejos.
―Sé que no merezco tu perdón ―susurró Sasuke a su esposa aún dormida―, que es justo que desees matarme por no tratarte como merecías en tu primera vez, por eso te juro que dedicaré mi vida a compensar tu dolor, mi amor. Quiero que despiertes rápido para que comas algo, nena; no es saludable que dures tantas horas sin comer. ―Besó sus ojos con devoción―. Deseo tanto mostrarte la propiedad. Creo que te gustará, solo no debes andar sola; el lugar es demasiado grande y puedes extraviarte. »También quiero que conozcas a Nani, es algo quisquillosa y regañona, pero sé que te va a adorar…
Todos lo hacen, tú naciste para eso, para ser adorada, amada, consentida y mimada. ―Acercó su boca al oído de ella―, y siempre recuerda esto, solo yo puedo amarte como un hombre, y tú solo puedes amarme a mí como la mujer que eres.
Me perteneces, Sakura, siempre ha sido así; naciste para mí y yo para ti, nadie podrá separarnos nunca… nunca. ―Se separó un poco y acomodó el brazo, que ya sentía se le estaba durmiendo, por el peso de la chica―. A Sam y Leo no los he visto esta mañana.
Deben estar correteando por los campos, persiguiendo conejos, o asustando a los niños más pequeños; a ellos les gusta eso, y así se mantienen lejos de la pequeña bestia que ronda la casa, a ese lo conocerás cuando despiertes. Es un poco posesivo con esta zona de la propiedad, y los pobres Sam y Leo se han visto relegados, aunque a pesar de todo es un buen chico. No veo la hora de mostrarte todo esto que ahora te pertenece, la gente, los árboles, las…
Así continuó Sasuke, hablándole a su amada de todo lo que se le venía a la mente. Cualquiera que viera la escena desde lejos, pensaría que conversaba con la chica, y aunque ella no le respondía, era así como él lo sentía. Muy en el fondo sabía, que charlar con ella cuando despertara, o incluso mucho después, sería casi imposible. Ella lo odiaba, y él la entendía. Mientras tanto, Eva trataba por todos los medios de calmar a Naruto, quien se resistía a entender por qué no podía hablar con Sakura, si en realidad estaba bien.
―Naruto, ya te lo dije ―habló Eva en tono cansado―. Se levantaron tarde, le dije a Sakura y me dijo que no te preocuparas, que dejaras el papel de hermano acosador, y que ya era una mujer casada; luego se fue con Sasuke de paseo
. ―Pero nada le costaba hablarme solo unos segundos. Solo quiero oírlo de sus labios.
―Hagamos esto: ellos no regresan sino hasta la noche, y creo que bien tarde; entonces una vez lleguen, yo le digo que te llame y problema solucionado.
―¿Y por qué no le diste el celular para poder llamarla directamente?
―¡Ay, Naruto!, porque en estos momentos debe estar follando de lo lindo con Sasuke, y no quiere ser interrumpida.
―No tenías que tirarme en la cara que ahora mi niña es una mujer.
―¡Pareces un viejo! Ya déjala en paz que tu niña se creció hace rato; ahora cálmate y deja que llegue la noche. Eso sí te advierto, si me discute por tu culpa te las verás conmigo. Colgó y se quedó mirando el teléfono celular por unos segundos. «Si supieras, Daniel, lo que sucedió, estoy segura que terminarías con lo que Sakura no fue capaz». A la hora del almuerzo, Eva se acercó a Sasuke pidiéndole que comiera algo, aunque tal como se lo imaginaba, él se negó. No deseaba por ningún motivo apartarse de Sakura.
―Puedes recostarla en el sofá mientras comes ―propuso―. Te sientas en un sillón y así no te separas de ella. Si bien Sasuke accedió de mala gana, no aceptó el sillón, sino que se sentó en el suelo luego de acomodarla en el sofá, y allí almorzó un emparedado de pavo que su prima le había mandado a preparar, pues sabía que no estaba en condiciones de una comida elaborada. Ella comió lo mismo y le hizo compañía. Cuando la tarde avanzó y el sol comenzó a bajar, Sasuke tomó a Sakura en brazos y se paseó con ella por la terraza.
―Está algo pálida, es bueno que tome un poco de sol ―explicó a Eva, quien no le había hecho pregunta alguna. El sueño de Sakura era plácido, por momentos se removía un poco, tan solo para cambiar de posición y nada más. Eva le explicó que la pastilla que le había dado Nani, sin saber la situación real de la nueva señora, la mantenía así, y que hasta que no pasara el efecto, ella no despertaría, lo que calculaba sería hasta en la noche. Sam y Leo aparecieron al rato, y Sasuke permitió que se le acercaran un poco, sin llegar a tocarla.
―Está dormida, necesita descansar ―dijo a las dos bestias, quienes al parecer entenderle, lanzaron un suave gemido y se perdieron por las escaleras que daban a las terrazas del primer piso. Naruto había vuelto a llamar, por lo que Eva continuó con la excusa del paseo, y que aún no habían regresado. No había querido decir nada a Sasuke, y ciertamente él no le había preguntado qué hacía ahí, así que para evitar enfrentamientos, prefirió mantener las llamadas en secreto. Ya después vería cómo hacía para que Sakura hablara con el intenso joven.
El sol ya comenzaba a esconderse en el horizonte cuando el cuerpo de Sakura empezó a removerse, y sus ojos a abrirse lentamente. Eva, que no había despegado la vista de la chica, corrió a colocarse a su lado, para que en el instante en que despertara, pudiera ver un rostro confiable. ―Es mejor que te vayas. No creo que sea bueno para ella verte aquí.
―No la voy a dejar sola, Eva. Quiero estar con ella en todo momento. Sakura abrió por fin los ojos, y su cara, al estar girada a un lado, lo primero que enfocó fue el rostro de Eva, quien tenía una clara expresión de preocupación.
―¿Cómo te sientes? ―preguntó Eva con cautela. Sakura iba a responderle cuando sintió que sobre lo que estaba recostada, se movía levemente, como si respirara; fue entonces cuando se percató de que estaba en los brazos de Sasuke. Intentó ponerse de pie, pero el movimiento fue tan rápido y repentino para su cuerpo adormecido, que cayó al suelo apoyada en sus manos y rodillas.
―Sakura, déjame…
―¡No me toques! ¡No me toques! Eva se apresuró a ayudarla a levantarse, y una vez teniéndola de pie, la abrazó por los hombros.
―Tranquila, Sakura, estás a salvo. Tranquila. Sakura se abrazó a ella y enterró la cara en su pecho, donde las lágrimas comenzaron a brotar de nuevo de sus ojos.
―Elizabeth, perdóname, por favor. Mi amor, mírame, soy yo, perdóname. Juro que no lo volveré a hacer. Soy un imbécil. Perdóname, por favor. Sasuke suplicaba una y otra vez por el perdón que creía no merecía, y que esperaba ganarse a como diera lugar. Alargó entonces una mano para tocarla, y al no alcanzarla, se bajó del mueble en el que estaba sentado, se arrodilló en el suelo y le colocó una mano en la cadera, rogando por una mirada, por una palabra, cualquier cosa.
―¡No me toques! ―gritó Sakura, girándose para mirarlo. En sus ojos se reflejaba un odio tan grande, un desprecio tan intenso, que Sasuke se sintió morir en ese momento
―. No quiero saber nada de ti, Sasuke. ¡Te odio!, te odio con toda mi alma. Te odio, Sasuke Uchiha, eres… Las palabras de Sakura se detuvieron de repente, mientras su mirada se fijaba en el hombre arrodillado ante ella. Su cuerpo comenzó a temblar, sus lágrimas se detuvieron, y el odio antes reflejado en sus ojos, se convirtió en angustia, dolor y agonía pura.
Si bien Sasuke frente a ella solo se encontraba arrodillado con una bata puesta sobre su cuerpo, a los ojos de Elizabeth estaba completamente desnudo, y en igual posición, con algo que sobraba en su cuerpo: una gran flecha que atravesaba su pecho a la altura del corazón.
La chica enfocó la vista en donde la madera perforaba la piel, y observó cómo una línea de sangre comenzó a brotar de la herida. Sin ser consciente de sus movimientos, se zafó del abrazo de Eva e intentó acercarse a él; en ese preciso momento, la línea de sangre aumentó y la piel de él comenzó a tornarse de un color grisáceo; eso la detuvo de nuevo, mientras observaba cómo esta se resquebrajaba, como si se tratase de sedimentos después de un voraz incendio; una briza helada que nada tenía de reconfortante, la golpeó, haciendo que la figura ante ella comenzara a desmoronarse rápidamente.
―Sálvame, amada mía. Fueron las últimas palabras que escuchó a Sasuke decir, antes de terminar esparcido en el suelo, siendo arrastrados sus restos como cenizas al viento.
―¡No! Fue el grito desgarrador que emitió Sakura, antes de caer en la más profunda oscuridad. Al verla caer hacia adelante, Eva se apresuró a tomarla por la cintura, mientras Sasuke, olvidando el dolor que le causaron las palabras de su esposa, la tomó por los hombros para evitar que se golpeara contra el suelo.
―Sakura, mi amor, ¿qué tienes? Despierta. Sasuke había visto su reacción, y observado todos los sentimientos que pasaron por su rostro, pero no entendió lo que significaban, solo sabía que ella estaba sufriendo, y eso lo atormentaba horriblemente.
―Cálmate, Sasuke, solo está desmayada. Llévala a la cama. Mañana, dependiendo de cómo amanezca, llamaremos al doctor Morgan para que la revise. Sasuke la levantó en sus brazos, y acompañado de Eva, la llevó hasta la habitación y la recostó en la cama.
―No te vayas, Eva, acuéstate con ella mientras yo me quedo en el sofá. No quiero que se asuste de nuevo si me ve tan cerca ―dijo Sasuke con voz triste y apagada. Eva asintió y se recostó a su lado. Envió un rápido mensaje de texto a Naruto, diciendo que la pareja había avisado que se quedarían a pasar la noche donde unos conocidos de Sasuke, y que a la mañana siguiente Sakura lo llamaría; y previendo la intensidad del joven, apagó el aparato. Los dos trataron por todos los medios de no dormirse, no obstante, estaban agotados tanto mental como físicamente, y luego de un rato, el sueño los venció.
La chica se encontraba en lo alto del risco, mirando la gran batalla que se desarrollaba a lo lejos. El cielo pintado en tonos morados y grises, parecía presagiar una terrible tormenta; sin embargo, a la distancia se podía percibir el sol en todo su esplendor; era una escena extraña, pero a ella solo le interesaba lo que ocurría en la llanura. Si bien desde donde se hallaba, sería imposible para cualquier ser humano distinguir los detalles de la contienda, ella lograba atisbar los rostros de todos y cada uno de los guerreros, que arriesgaban sus vidas por el ideal de la victoria, distinguiendo y reconociendo a cada cual.
Divisó entonces a su padre, cabalgando sobre un gran caballo negro, batiendo su espada en lo alto, y con el rostro deformado por la furia desmedida que emanaba al elevar tremendo grito de guerra, haciendo retroceder a todos sus enemigos; también logró ver a su fornido hermano con el rostro pintado en parte, enterrando sin titubeo, una espada en el corazón de otro enemigo.
Estaba orgullosa de ellos, eran su familia, pero no eran su todo. Buscó entonces el rostro amado y lo encontró; iba montado en su caballo, solo que algo andaba mal. Alejado de sus compañeros, se le veía perdido, distraído, como si solo su cuerpo fuese el que se encontrase allí, mas no su mente ni su alma.
Ella comenzó a gritar, desesperada, tratando de romper el embrujo y sacarlo de su trance, de avisarle que debía actuar, que era vital que lograra reintegrarse al grupo, pues era un blanco fácil; y aunque sus labios gesticularon las palabras de advertencia, de su boca no salió sonido alguno.
Por más que lo intentara, por más que llenara los pulmones de aire y moviera su lengua, ningún ruido se producía en su boca. Estaba en pánico, algo horrible iba a suceder, y ella nada podría hacer para evitarlo. Por fin el guerrero hizo girar su montura, y comenzó a dirigirse a todo galope hacia donde los demás se encontraban.
Ella apartó por un momento la vista de él, y observó cómo desde el lado enemigo, se alzaba un arco en dirección al joven, y disparaba. La flecha avanzó por el camino trazado por el destino, y llegando finalmente a su objetivo, atravesó el corazón del valiente guerrero…
―¡Kopján! ―Fue el grito agónico que despertó a Sasuke y a Eva, al tiempo que Elizabeth se sentaba en la cama, como impulsada por un resorte.
