Me hizo... sonreír.


Habíamos llegado a un lugar no muy especial, que efectivamente estaba habitado por muchas personas.

Hidan disimuladamente subió el cierre de su bata para cubrir su pecho y sus cicatrices, y yo noté en su rostro como si escondiese algo... pero no lo tomé en cuenta.


Otro error... mío...


Como ya era de noche y no llevábamos muchas cosas en especial, quise ir con Hidan a un hotel. Así que tuvimos que recorrer aquella aldea para encontrar uno...

Estábamos caminando por una feria enorme llena de luz y de vida, Hidan no despegaba los ojos de la gente, de los niños pequeños y de las frutas confitadas junto con los algodones de azúcar. Sus ojos estaban abiertos al máximo mientras miraba a su entorno, agitaba su cabeza de un lado a otro, parecía un niño pequeño en un zoológico o algo por el estilo.

Y no se apartaba de mí, y yo tampoco de él.

Era un ambiente muy libre de problemas, la gente no nos miraba porque nadie nos conocía, nosotros tampoco conocíamos a nadie. Era todo muy... muy... aceptable.

Al entrar a un hotel, pedí dos habitaciones, cada una con su respectivo dormitorio y llave obviamente.

Cuando la recepcionista me entregó las llaves, le di una a Hidan.

ー ¿Dormiremos en habitaciones separadas...? ー Hidan me miró desconcertado.

ー Claro que sí. ー le dije tranquilamente.

ー Kakuzu... ー me susurró ー ¿Por qué dos habitaciones? ー me preguntó Hidan asustado y más desconcertado aún mientras que señalaba sus llaves.

ー Es obvio, Hidan. ー dije obviando lo recién dicho, Hidan no borraba su mirada de preocupación. ー ¿Ocurre algo? ー pregunté otra vez.

ー ¿Y... no es mejor si nos quedamos juntos en una sola? ー dijo Hidan de repente.

Al escuchar esto me sorprendí demasiado, por lo que abrí mis ojos desmesuradamente. Con el sólo hecho de imaginarme a Hidan y a mí acostados en una sola cama me pareció algo extraño.

Me era curiosa la idea de querer dormir junto a Hidan, de hecho, quería dormir con él, de verdad. Estaba a punto de entregar mis llaves y decir que dormiríamos en una sola habitación

Pero preferí marcar algo de distancia.


Más errores...


ー Hidan... ー estuve a punto de decirle.

ー ¡Es decir! ー se exaltó ー Ya sabes, a ti no te gusta gastar dinero, ¿No recuerdas? ー cerró sus ojos y sonrió inocentemente.

ー Pero, Hidan, no podemos dorm... ー me volvieron a interrumpir, carajo.

ー Entonces ¿Dos habitaciones? ー me preguntó la recepcionista, Hidan le dirigió la mirada muy desconcertado.

ー Sí... ー dije.


Qué miserable...


Hidan no dijo nada más, y se dirigió a su habitación.

Habían pasado pocos minutos, y yo ya estaba ahí, en una habitación normal.

Yo estaba sentado en la que sería mi cama, cuando de repente salgo de aquella habitación y me voy a la de Hidan, que estaba un poco más lejos en aquel pasillo.

Quise tocar la puerta, pero estaba abierta. Por lo que entré, y vi que Hidan permanecía recostado en su cama observando el techo.

ー ¡Ka-Kakuzu! ー sonrió al verme y se levantó de golpe.

ー Hidan... ー le dije, este me miró sorprendido y muy feliz. ー ¿Puedo pasar?

ー ¿S-sí? ¡Sí! ¿Cómo no? ¡Ya estás dentro, idiota! ー se sentó en la orilla de su cama. Y yo hice lo mismo, me senté junto a él.

ー Hidan... ー volví a decir suavemente ー Quiero saber por qué tienes esas heridas. ー la sonrisa de Hidan pareciera que iba a desaparecer.

ー Eh... ¿Éstas? ¡No son nada! ー me dijo señalando su pecho, su sonrisa aún permanecía.

ー Hidan, dime quién te hizo eso... por favor dime. ー le dije y no me respondió, desvió su mirada.

Hubo un silencio de un par de minutos, y volví a hablarle.

ー Quítate la bata. ー dije de golpe y me miró extrañado

ー ¿Q-qué...? ー frunció el ceño mientras que su pálida piel en su pálido rostro se tornaba rosada. Y sus ojos rosados me miraban fijamente, pude notar que empuñó sus manos.

ー Voy a coser esas heridas que tienes. ー dije de manera natural mientras que saqué hilos y una aguja.

ー ¡A-ah, eso, claro! ー su rostro volvió a la normalidad y volvió su voz enérgica y divertida. ー ¡Se más específico, Kakuzu!

Hidan, con timidez empezó a bajar el cierre que había subido antes, mientras que nuevamente vi sus heridas en su pecho, seguían en el mismo estado las muy miserables.

Dejó su torso expuesto ante mis ojos, pero yo vi que habían más heridas por la parte de sus hombros, así que con mis manos descubrí sus hombros dándome más acceso a su torso completo.

No sé si esto es cierto, pero pude sentir que mis ojos se cristalizaron levemente al verlo.

Carajo, no sé por qué antes no había notado estas horribles cosas.

Toqué uno de sus hombros para que no se alterara demasiado al coserlo, me refiero a que Hidan odiaba cuando yo usaba una aguja para coser alguna herida suya.

Apenas lo sostuve de su hombro, pude sentir el escalofrío que recorrió por su cuerpo entero y sentí como si también me lo traspasara a mí.

ー Vamos, no te asutes. ー dije divertido.

ー Tonto, yo... yo jamás lo hago... ー dijo Hidan con voz temblorosa.

ー Es obvio que lo estás, terco. ー dije intentando ser divertido otra vez.

La piel de Hidan estaba muy helada, y aquel lugar no era tan frío.

Su rostro blanco volvió a ser rosado una vez más.

Finalmente con mi otra mano empecé a cerrar cada herida que veía, cada herida en sus brazos que antes no había visto en ningún momento.

Él nunca me dijo quién se las había hecho o por qué las llevaba consigo, era intrigante todo, sin embargo no salieron más preguntas de mi boca.

ー Kakuzu... Eso... ¡Duele! ー se sobresaltó mientras que yo seguía cosiendo esas marcas rojas. ー ¡Haha! Pensé que no te preocuparías por mí, eres muy lindo, Kaku... ー le introduje la aguja un poco más fuerte a propósito ー ¡Ah! ¡Ten cuidado, necio! ー dio un pequeño salto mientras que me agarró fuertemente el brazo con el que cosía.

Sonreí, sí, sonreí... Amaba cuando se alteraba o se enojaba así, me daba mucha gracia.

Afortunadamente yo siempre traía la máscara puesta, por lo que mi sonrisa no se vio. Espero que Hidan no la haya visto.

ー ¡Ahaa! ー expresó Hidan fascinado, no sé por qué ー ¿¡Kakuzu... Estás sonriendo!? ー ahora sí sabía ー ¡Mírate, haha! ー Hidan sonrió.

ー Imbécil... Quédate quieto. ー dije, al parecer Hidan sí había notado mi sonrisa.

Estuve menos de tres minutos cosiendo todas las heridas que tenía, en su pecho habían tres heridas super interminables, puedo asegurar que eran más de veinte centímetros, y en uno de sus brazos habían dos más.

ー ¿Ya está... listo? ー me preguntó sin dejar de mirar sorprendido los puntos que le había hecho con el hilo.

ー Así es. ー Guardé los hilos y aquella aguja.

Estuvimos varios minutos en silencio...

Y como si no hubiese sido yo, la mano que antes estaba posada sobre su hombro, empezó a bajar lentamente, recorriendo su brazo, su helado brazo.

Hidan me miraba, y no me decía nada, pude sentir cómo su piel volvió a erizarse y cómo tragó grueso.

ー Oye... Kakuzu ー me susurró. Pero no le respondí.

Luego sin darme cuenta yo tenía mi mano tocando su cintura por debajo de su bata. Y así fue durante un largo rato, explorando toda su cintura del lado derecho, tocando con la yema de mis dedos las heridas de sus brazos muy cuidadosamente.

ー Hidan... ー dije, y su mirada me penetró los ojos con algo de timidez, sus mejillas estaban rosadqs otra vez ー Ten cuidado... y por favor, idiota.

Mi mano abandonó el tacto con su cintura.

Me levanté de su cama, y apenas lo hice, Hidan subió su bata y dejo su cierre a medio abrir como siempre lo hacía. Salí de su habitación, y me fui a la mía.

La noche era muy solitaria, pero aquel pueblo no lo era tanto al menos.

Todo pasó muy rápido, hasta que amaneció y el sol salió lentamente.

El cielo era levemente rosado una vez más.

Al levantarme, fui directamente a la puerta de Hidan, ya que debíamos seguir caminando para continuar y completar el objetivo que mencioné antes.

ー Levántate, Hidan, debemos irnos. ー toqué su puerta, pero no me respondió. Probé con la perilla... y la puerta estaba sin seguro.

Así que entré.

Vi su cama y no estaba allí, de hecho pareciera como si no hubiese dormido allí. La habitación era pequeña, empecé a preocuparme... afortunadamente, también estaba el baño.

Así que me dirigí al baño para ver si se encontraba Hidan... y mis ojos volvieron a cristalizarse como dos gotas de agua...

Carajo, Hidan, ¿Qué habías hecho? Eso fue lo que me cuestioné... Y ahí me di cuneta de que debí haber estado junto a él.


Y no debí alejarme de su lado.