Fiesta de gala


Sumary: Donald está por ser presentado como el nuevo presidente del instituto de New Quackmore.

Advertencia: Contiene Donald x Daisy implícito.


Donald había creído que con la derrota de Felldrake no tenía nada de que preocuparse. Si bien Sheldgoose seguía libre no lo consideraba una amenaza estando sin poderes y sin dinero. En ese momento no estaba seguro de poder tener una vida tranquila o poder tomar las largas siestas en su hamaca que tanto disfrutaba.

Usar traje no le molestaba, asistir a fiestas elegantes sí. Había creído que sería divertido, pero como lo solía pasarle la mayoría de las veces, estaba equivocado. Durante días Daisy lo había obligado a someterse a un duro entrenamiento, le hizo pasar horas leyendo libros de modales y memorizando cada tipo de cuchara, tenedor o cubierto que se usaba durante la comida.

Su único consuelo era que sus amigos lo acompañaban. April, May y Jun no parecían tener ningún problema, Xandra sí. Ella se frustró tanto al equivocarse de cuchara que decidió comer directamente del tazón de sopa, algo que hizo a Daisy enojar considerablemente y suspender las lecciones de etiqueta por más de un día.

Panchito y José no se quedaban atrás. Panchito era muy tosco y prefería comer con las manos. Los modales de José eran buenos y habían sorprendido a Daisy la primera vez que lo vio comer, el problema con él era que no dejaba de coquetear con ninguna señorita y eso era algo que podía causar problemas en cualquier evento formal.

Ari ni siquiera lo intentó. Metió la cabeza de lleno en la comida y se lo tragó todo de un solo bocado. Había sido él quien hizo enojar a Daisy más que nadie y también el único en ser golpeado por la iracunda pata. Los demás solo se salvaron porque pudieron escapar, disculpándose silenciosamente con el amigo caído.

—Tus amigos son extraños —le había comentado Daisy poco antes de la fiesta.

—Lo sé, pero también son los más leales y valientes, no los cambiaría por nada.

—Si no aprenden a comportarse te van a causar problemas. Como presidente del instituto de New Quackmore tienes una imagen que mantener y ni creas que te voy a permitir perder este trabajo del mismo modo en que has perdido todos los anteriores.

—Eso es historia —Donald colocó su mano en su pecho en un intento por mostrar compromiso. Seguía teniendo problemas de mal humor, pero la cita que Xandra le había organizado para él y Daisy le había ayudado mucho a mejorar su temperamento y le había hecho estar más dispuesto a aceptar sus errores, algo que en el pasado solía adjudicar a su mala suerte.

—Deberías hablar con ellos y decirles que se comporten si quieren permanecer a tu lado.

—Nunca podría echarlos, todo esto también les pertenece —Donald le mostró a Daisy su amuleto. Si bien no creía que fuera a necesitarlo, le gustaba conservarlo pues era un recordatorio de todo de lo que vivió y del lazo que lo unía a Panchito y a José.

—Lo único que te digo es que debes ser más severo con ellos y hacerles entender lo importante que es esto para ti.

—¿Importante para mí? —preguntó Donald un tanto inseguro.

Si bien no podía negar que estuviera feliz con su herencia, no estaba seguro de que le importara perderla. Muchas veces lo había perdido todo y estaba seguro de que podría volver a recuperarse del mismo modo en que lo había hecho tantas veces en el pasado.

—Sí, para ti y para mí —Daisy acomodó la corbata de Donald antes de besarlo —. He estado pensando que necesitas mucha ayuda y que debería mudarme contigo a la mansión.

Donald sabía que si Daisy le estaba contando de sus planes no era porque lo estuviera pensando sino porque estaba segura. También sabía que no le estaba pidiendo permiso sino ayuda para trasladar todas sus pertenencias hasta el que sería su nuevo hogar.

—¿Cuándo comienzo con la mudanza?

—Mañana, después de la fiesta.

Daisy besó a su novio una vez más antes de dar inicio a la fiesta. Los patos más importantes y la prensa habían acudido a la celebración. Daisy se había encargado de ello. Había insistido en lo importante que era causar una buena primera impresión y trabajado arduamente en aquella fiesta, llegando inclusive a contratar los servicios de una empresa dedicada a la organización de ese tipo de eventos.

—¿Qué haces aquí, Donald? ¿Nuevo trabajo?

Donald se volteó sorprendido. Estaba seguro de haber escuchado la voz de su tío, aunque eso le resultaba extraño. Sabía que él no solía asistir a esa clase de eventos al menos que pudiera conseguir algo de dinero y no creía que ese fuera el caso.

—Se puede decir que sí.

Donald buscó con la mirada a Della y a los trillizos. Tampoco los había visto en mucho tiempo y, aunque su hermana tampoco era aficionada a esa clase de eventos, esperaba que hubiera asistido al tratarse de su hermano. Daisy había dicho que la había invitado así que no dudaba que estuviera enterada del evento.

—No veo que lleves una bandeja con bocadillos.

Una sonrisa maliciosa se formó en el rostro de Donald al entender lo que pasaba. Solo los miembros del instituto de New Quackmore estaban enterados del cambio en la administración y, aunque le ofendía que su tío no hiciera nada por saber de él, ni siquiera después de que su casa se quemara, el día de su cumpleaños, podía ver la oportunidad de molestarlo y eso era algo que disfrutaba.

—¿No crees que esa no es manera de tratar al anfitrión de la fiesta? —Donald se detuvo para ver la expresión de sorpresa en el rostro de su tío, luego agregó de manera pausada —, soy el nuevo presidente del instituto de New Quackmore.

—Es un bonito lugar, lástima que no durara mucho.

Donald sintió el impulso de sacar a Scrooge de su casa. Recordó su terapia para el control de la ira y logró calmarse. Mentalmente se dijo que Daisy lo mataría si llegaba a causar un alboroto y que no debía tomárselo como algo personal. Para Scrooge McDuck, Donald siempre había sido su sobrino bueno para nada.

—Ya lo veremos —respondió un poco más calmado —. Ahora si me disculpas, debo atender a mis invitados.

Donald se dirigió a la mesa de bocadillos, lugar en donde encontró a Della y a los niños. April, May y June estaban regañando a los trillizos por su falta de modales en la mesa, algo que los pequeños patitos no se tomaron a bien y que incluso los motivó a ser comportarse de peor manera. También notó que José estaba coqueteando con Della.

—Hola, Della, veo que ya conociste a mi amigo José —luego se dirigió a José —, ella es mi hermana Della.

Donald no pudo contener la risa al ver a José notablemente avergonzado. Nunca lo había visto comportarse de ese modo, ni siquiera cuando era sorprendido por el novio de una de las mujeres a las que pretendía. Mentalmente se dijo que José debía seguir algún código de honor del que nunca le había hablado y que, en teoría, él también debería conocer.

—¿Nuevo trabajo? No veo ninguna bandeja de bocadillos.

Donald se sintió ofendido. No era solo el hecho de que tampoco pareciera enterada de todo lo que pasó en su cumpleaños sino el que ni siquiera hubiera considerado que fuera uno de los invitados. De su tío Scrooge podía esperarlo, pero de Della no y eso le resultaba molesto.

—Soy el nuevo presidente del instituto de New Quackmore.

—Buena broma, hermanito, pero no soy tan ingenua.

—No es una broma —le dijo José, su voz ya no tenía el tono coqueto con él que le hablaba antes —, herencia de su abuelo Clinton Coot.

—Me enteré lo del abuelo —comentó Della y en esa ocasión lucía menos animada —. La última vez que nos vimos fue durante su funeral.

Donald recordó ese momento. También recordó que había pasado bastante tiempo desde la muerte de su pariente hasta que le notificaron de su testamento. En su momento no le dio importancia, pero después de lo que había ocurrido con Sheldgoose no estaba tan seguro. Mentalmente se dijo que averiguaría después si había ocurrido algo de lo que debería preocuparse y que de momento se preocuparía por divertirse.

O al menos esos habían sido sus planes. Daisy apareció para decirle que sus invitados lo estaban esperando y que era su deber dar un discurso frente a todos ellos.