© 2020 Riot Games Inc. Todos los derechos reservados.
SEMINARE
UN ROMANCE EN TRES PARTES
La luz de sol poniente comienza a teñir la piel de una curiosa y adolescente Caitlyn, quien observa a una muchacha tan diferente a ella como el día y la noche, en tan obvia dicotomía de perspectivas que logra enmudecer todo pensamiento justificativo para la presencia de aquella invasora. Al extender su mano, tomaron segundos de incómodo silencio para recibir su tacto frío e inseguro. Se le nota demacrada, empapada y tiritando, como perro callejero que se oculta de la lluvia, sentir su mano hace que Caitlyn sienta culpa, leve pero inconfundible culpa que le hacen tragar rápidamente un nudo en su garganta. Las ropas de la fiera muchacha estaban maltratadas, sus brazos y piernas repletos de moretones. En su antebrazo derecho se delataba un corte debido a la sangre que se acumulaba en la manga y el vidrio que rasgaba la tela, ante todo eso literalmente emanaba olor a perro mojado. Ahora sí podía entender como era posible que semejante paria cargará consigo un collar tan valioso.
Ambas miradas se encuentran al lograr ponerse de pie aquella persona que momentos atras fue considerada una presa, una intacta calma de estudio en los ojos de Caitlyn, una fuerte necesidad de búsqueda en los ojos de la chica del cabello rosado. Eso último llama la atención de la potentada anfitriona, pero antes de poder abrir la boca su mano se ve desconectada de la mano de su invitada, debido a un rápido movimiento de esta última para tomar aquel cupcake que ella había abandonado en el césped momentos atrás; luego procede a devorarlo con recelo y voracidad frente a Caitlyn. La anfitriona ríe, la invitada le mira de nuevo sin poder ocultar el hecho de que de sus ojos estaban brotando lágrimas, las cuales decide secar pasando aquella manga ensangrentada, y de esa forma manchar su rostro con su propia sangre. Al darse cuenta, la chica mira su brazo mientras dibuja una expresión de total desconcierto.
"Debió suceder cuando caí dentro del taller", dice sin reparo al retirar uno de varios pequeños filamentos enterrados, Caitlyn frunce el ceño al verla cometer tal insensatez. "Ay, carajo. Digo. No me dolió".
"Ven aquí, ¿qué crees que estás haciendo?", reprocha Caitlyn al tomarla del otro brazo, y de esa manera le lleva consigo por el jardín en su camino de vuelta al templete. "No tenemos tiempo que perder, hay mucho de lo que hablar y el té se va a enfriar".
"Oye, espera, puedo caminar por mí misma…", la atolondrada intenta forcejear pero se detuvo tan rápido como empezó; Caitlyn le mira al descubrir extrañada como había estado todo este tiempo tomándola de la mano, pero al parece los ojos de la joven de cabello rosado estaban puestos en lo vasto de los jardines, su sangre había comenzado a pintar entre gotas el pasto y las flores.
Ambas suben la escalinata que da acceso a la fachada, Caitlyn guía a su invitada hasta aquel templete siempre tan solitario y solo ocupado por ella en la soledad del jardín. La muchacha suelta la mano de su anfitriona al observar aquella mesa con asombro, pues estaba repleta de postres de todo tipo, tartas de cereza, magdalenas cubiertas de azúcar quemada, galletas de distintas formas y tamaños, incluso cupcakes, pues estos no debían faltar, todos separados en sus respectivos platos de porcelana y bandejas de plata; y en el centro de la mesa, dos tazas de té y una tetera de porcelana de la cual salían los cordeles de las bolsitas de aquella infusión. Un hilo de baba resplandece al caer de los labios de la invitada, está solo alcanza a preguntar: "¿Cómo es posible?", pero Caitlyn se reserva la respuesta y solo sienta a la chica en una de las dos sillas disponibles.
Al acomodarla, Caitlyn toma un pañuelo de seda que se encontraba sobre la mesa y se lo entrega a la chica, le pide que se limpie el rostro. Luego abre la tetera, nota como el té se había enfriado y que la sangre de su casi famélica invitada no paraba de gotear, a punto de manchar el mantel, pero no parecía importarle a ella, sus manos parecen querer alcanzar un bocado más. Cubre de vuelta la tetera y mira tanto las ropas como la herida de esa muchacha, deja su rifle apoyado en el respaldo de la silla en la cual planeaba sentarse y detiene aquella mano impaciente con un pequeño golpe de palma.
"Podrás comer cuanto quieras cuando el té sea servido y tus heridas tratadas, ¿entendido?", ordena para luego verla querer acercar lentamente la mano a unos de los bocadillos, Caitlyn le da otro golpe. "Permíteme calentar el té… También te traeré una muda de ropa, esa no es forma de vestir en una fiesta de té, ni en ninguna otra clase de reunión".
"¿A esto le llamas una reunión? Yo preferiría llamarlo secuestro", contesta la susodicha rehén mientras mira con orgullo sus uñas maltratadas y repletas de mugre. "Ni lo sueñes cupcake, no dejare que me disfraces de payaso. Además acabas de dejar tu rifle a mi alcance, ¿qué evita que yo lo tome y te vuelve ese precioso rostro de un disparo?
Caitlyn dibuja una leve sonrisa y con suma tranquilidad responde: "Pensé que dirías algo así, puedes intentarlo con esa herida, pero también pensé que no serias capaz de desprenderte de una posesión de mayor valor, ¿o me equivoco?", de esa forma entonces, frente a una expresión alertada de su invitada la cual comienza nerviosamente a buscar entre sus ropas; decide sacar del bolsillo escondido entre los pliegues de su vestido, un collar de bronce con una joya incrustada en el centro del medallón. "Por cierto, tristemente para ambas, el rifle nunca ha estado cargado y aunque lo estuviera puedo asegurarte que no llegarías muy lejos, sin afán de presumir fácilmente podría derribarte", Caitlyn inspecciona el medallón y levanta una ceja, lo vuelve a esconder para luego volver su mirada a la chica de expresión furiosa. "Entonces, ¿cuál será tu elección? Si entre dos ideas como lo son la violencia y la sensatez solo el ego puede interponerse".
Su puño estaba cerrado con fuerza, pero luego de un instante lo abrió, su rostro de nuevo es invadido por la vergüenza. Ella solo pregunta inocentemente: "¿Dijiste que podría comer cuanto quisiera, verdad?"
Sin darse cuenta, Caitlyn había pasado de una sonrisa cínica a una de felicidad. Está suelta una corta risita y contesta: "Entonces lo haremos a mí manera", extiende su mano, revelando un pequeño regalo…
Y así frente a Vi se aparece una rosa, una rosa oculta que ella percibe como suya.
"Quédate aquí, no me tardo nada".
SEMINARE
PARTE II
[La casa está vacía… Soft Connection - L'Altra]
Caitlyn pone un pie dentro de la casa, todo se ha vuelto enorme, su reflejo se ve deformado en el piso de mármol. Su soledad mermada por los ecos distantes del murmurar desconocido que antes habitaba aquel lugar, se anclan como sonidos naturales en lo alto del techo, donde cuelga un candelabro dorado de cristales quebrados que ilumina tenuemente sin razón frente a la luz natural que entra a caudales desde los grandes ventanales a espaldas de Caitlyn. Un hogar colmado de espacios en blanco, cuyos propietarios orgullosamente no levantaron ni un solo muro, obra magnánima del antiguo arquitecto renacentista que en cuyo aburrimiento decidió recibir el pago de una oportunidad para demostrar así que su reputación le precedía. Demostraciones fútiles de orgullo para personas que viven en pos de probar su existencia, pero esa muchacha no quiere probar nada más que un pastelillo, daba igual si era de limón, daba igual si tenía nuez moscada o estaba acompañado con el queso más barato del mercado.
Por eso Caitlyn no puede evitar caminar con total brío mientras lleva la tetera hasta la cocina. Otrora repleta de criados, una cocina vacía al igual que el hogar, producto del terror que poco tiempo atrás atacó a la familia; uno que no puede olvidar pues aún no ha terminado, uno que Caitlyn lleva a flor de piel con rabia y desprecio. El té se ha enfriado…
"Ya no sirve", murmura Caitlyn al verterlo en la pileta, luego procede a hervir algo de agua. "Nunca sirve. Tendré que afrontar su verdad de otra manera. Tal vez algo de naranja", confirma para sí misma y se decide sobre otras bolsitas de té guardadas en una preciosa cajita de madera.
Con la tetera puesta en el fuego, Caitlyn apresura el paso hasta el recibidor para así quedar frente a las escaleras principales, partidas en dos direcciones con el fin de dejar un espacio central cuya pared se encontraba totalmente ocupada por el cuadro familiar. En él ve a sus padres, se ve a sí misma a la edad de doce años, apenas sobrepasando la cintura de su madre, que se encuentra detrás de su esposo, que es la imagen de un padre sentado magnánimo en el centro cuya mirada vigilante hiela la sangre, pero aun así con suficiente confianza en su hija para dejarle portar el arma. La cazadora aún busca a su presa, se hace preguntas pero no siente haber encontrado respuestas y los escalofríos trepan su espalda ante una imagen repentina y parpadeante de la muerte cubriendo su sala. Sangre ha manchado el lienzo, su rostro, su inocencia. Pero no había tiempo para emitir queja o reproducir miedo alguno, allá afuera le esperaba una joven hambrienta, herida y dejada a su suerte en una ciudad donde nunca fue recibida. Caitlyn tenía que ser rápida.
Sube a su habitación, una única habitación sin revisar, sin revolver, ordenada e intacta alejada de lo que fue el terror. Caitlyn busca entre los cajones algo en lo que pueda imaginar a esa chica sin pretender otras intenciones: "¿Que se verá bien en ella?", se pregunta la joven doncella frente a una simple camisa blanca con ramas de olivo bordadas en su pecho, pertenecía al gallardo y afeminado mayordomo que alguna vez hábito el hogar. "Tal vez sí, pero hay tantas opciones", desbordando el armario, vestidos y trajes de distintos talles, de mujeres y hombres que ya no están ocupando aquellos espacios de la mansión, guardados en memoria en pos a la cacería que pronto daría inicio. "Esto se le verá bien, se veían bien en él. Era muy joven…".
Levanta su cabeza y mira por la única ventana de su habitación, ella sigue allí, aún sentada mirando al cielo tapado por el techo del templete. Caitlyn al verla tan calmada, decide sacar de su bolsillo el collar, era fascinante poder encontrar en tan desgastada baratija un antiguo cristal hextech, su presunta dueña parecía no haberlo notado; después de todo le tomó tiempo darse cuenta que ya no lo traía consigo. Luego de inspeccionar un poco más aquel descubrimiento, Caitlyn se queda absorta mirando a través del cristal, mientras sus ojos se posan en una visión en mil piezas de su invitada, su oído le llama a la realidad cuando repentinamente oye el silbar de la tetera.
...
Vi peleaba consigo misma para sus adentros con tal de contener su mano huidiza con sed de arrebató, el dolor físico se distrae por el hambre, el hambre es contenida por la avaricia de un tesoro tomado en delicadas manos pudientes. Se cuestionaba una y otra vez al respecto, todo lo que le rodeaba parecía no encajar, sobretodo lo vacío de aquel hogar; ¿dónde estarán? ¿adónde habrán ido? ¿cuándo volverán? Era problemático, sentada allí como un pomposo cortezano de la élite. Incomoda no se explica, no parece querer levantarse de esa silla, pues en sus mejillas se abrazaba una calidez aún poco explorada para ella, se sentía tan bien a pesar de todo, por primera vez se sentía capaz de esperar a aquello que le retiene. Vi juguetea con su rosa, la cual descansa en su mano temblorosa hasta que a su mente llega repentina la imagen de cierta dama de vestido esmeralda, está tanteando con la flor antes de entregarla a su dueña, sonríe y le pide que espere… Eso hace.
Minutos pasan, Vi deja su rosa sobre la mesa y a través de la ventana logra verla aproximarse con las manos llenas hasta toparse con la puerta, logra abrirla con su hombro de un suave empujón, pasando así con una tetera en su diestra y en su zurda ropa limpia como también encima de esta una charola de plata que trae consigo vendas, una pinza y dos frascos de cristal, uno con alcohol y el otro repleto de algo rojo que no logra reconocer. La anfitriona deja la tetera sobre la mesa y acerca una silla hasta donde ella se encontraba, se sienta en está, quedando frente a frente la una con la otra.
"Acerca tu brazo", le oye decir, pero Vi comienza recelosa a retraerse en la silla, su anfitriona no lo permite y toma su brazo de un tirón.
"Ouch, ey ten cuidado, cupcake".
La susodicha ignora aquel pedido, toma las pinzas de la charola y las moja con el alcohol; luego de inspeccionar por unos segundos la herida, decide proceder: "No hay mucho que retirar aquí, intenta no ser quisquillosa", al acabar la frase, toma el alcohol y lo vierte sobre la herida para así comenzar a retirar los pocos trozos de vidrio que se habían anclado en la carne.
Vi cierra sus ojos con fuerza e intenta no armar escándalo frente al ardor en su antebrazo: "Tss, carajo eso dolió…", murmura luego de morder sus dientes, piensa en aquello que se encuentra sobre la mesa, arruga la nariz y respira pesadamente con cada roce del frío acero. Deja escapar una pregunta en su afán de distracción: "Y dime, ¿dónde están tus padres? No creo que les vaya a agradar que una citadina de tan buen nivel como lo es su hija, esté pasando su tiempo con una patosa impertinente salida del sumidero, ouch…", su palabrería se ve interrumpida por el accionar agresivo de su anfitriona a la hora de retirar uno de los vidrios.
"Aún estoy en ello… Ya retire los restos", al decir eso, toma el frasco desbordante de vivido líquido rojo.
"¿Qué rayos es esa cosa?", pregunta desconfiada Vi al lograr alejar su brazo unos cuantos centímetros.
La damisela se detiene y mira un momento aquel espeso líquido : "Oh, ¿esto de aquí?", con sus dientes retira el tapón que bloquea la boca del frasco, un aroma revitalizador invade el ambiente. "Supongo que en tu jerga lo llamarían… una poción", y así sin más vierte la "poción" sobre la herida. "Cuyas propiedades mágicas de sanación apuntan a alquimia de lo más elemental", Vi observa cómo el líquido empieza a fundirse con la carne. "Tranquila, son costosas pero esta vez va por parte mía".
"¡Por Janna! Increíble", exclama Vi al notar como la herida se había disminuido considerablemente y como la sangre que la rodeaba había sido absorbida por donde brotaba, "esto del progreso no para de sorprenderme…", se siente abochornada al oír sus propias palabras, procede a tozer con tal de olvidar. "Digo, como sea, está bien".
"Como te he dicho, una obra de los taumaturgos, a pesar de todo esta ciudad siempre ha optado por la sustitución ante la idea de restauración", le responde la anfitriona con cierto pesar mientras termina de cerrar la herida con vendas. "Puede que adore Piltover, mi hogar desde que tengo memoria pero, hay cosas con las cuales nunca estaré de acuerdo", luego de eso, suspira al ver su trabajo terminado. Vi denota como el dolor físico había desaparecido, ahora solo su hambre le mantendría alerta. De repente, la señorita del vestido le lanza ropa directamente a la cara, Vi dibuja una expresión de total confusión al descubrir como su tesoro se encontraba entre las prendas. "Vístete mientras yo sirvo el té, luego podrás comer cuanto quieras".
"¿Vas a observarme mientras me quito la ropa?", pregunta Vi a punto de quitarse el chaleco, "no pensé que los piltovianos tuvieran esas costumbres".
En el rostro de la anfitriona se colorea un leve tono rojizo, entonces responde con firmeza: "No seas ridícula, vístete de una vez y deja tus trapos cerca, luego me encargaré de ellos… Con mucho fuego", murmura eso último con una mueca de desagrado.
...
Colgando del cuello de Vi, el collar termina de decorar a la muchacha que se percibe como una total extraña vistiendo ropajes tan cómodos y suaves, a pesar de lo ridículo del bordado o lo tonto de lo levemente acampanado del pantalón de vestir negro que se aprieta en su vientre como una faja. Toma asiento e inconscientemente coloca su rosa en el bolsillo del pecho, dejando caer en el proceso un pétalo que acaba flotando en su té; luego apoya sus manos sobre la mesa y con impaciencia espera una sola palabra de la boca de su anfitriona.
"Hora del té", aclara la joven dama al dar tintineantes golpecitos a su taza con una cucharita. "No perdamos el tiempo, adelan…", es interrumpida apenas Vi decidió abalanzarse sobre la mesa, tomando todo lo que pudo para luego meterselo a la boca, la doncella percibió aquel accionar con cierta repugnancia. "Muy bien entonces, bon appetit".
Vi estando aún con la mitad de su cuerpo sobre la mesa, escucha aquella última palabra y levanta su rostro repleto de migajas como también de interrogantes, para de esa forma encontrarse con una belleza y su sonrisa. Está le devuelve la mirada por apenas unos segundos, repentinamente cubre sus labios con su palma y comienza a reír en tonos bajos. Vi evita el contacto visual con cierta incomodidad, traga con fuerza toda esa montaña de bocadillos y vuelve a acomodarse en su silla, mira su té, estaba casi rebosando los bordes, acercando sus manos con inseguridad estaba a punto de tomar la tácita hasta que…
"Ni se te ocurra sostener la taza de esa forma", le advierte la doncella con fuerza en su voz, pero era demasiado tarde, Vi le estaba lanzando una pequeña mueca burlesca, con ambas manos rodeando los bordes de la tacita de té. "No tienes remedio".
Al recibir reproche por aquella falta de modales infundados por los clásicos pensamientos piltovianos, Vi es abordada sin previo aviso por las manos de su anfitriona, quien suavemente retira su diestra y toma su zurda para así comenzar a lo que ella supone es "acomodar tus dedos". Para Vi, verla morder sus labios mientras parece jugar con sus dedos le distrae soberanamente, el delicado tacto de la damisela controla sus movimientos y mantiene su pulso firme hasta dejar su mano en una posición tal, que sus dedos índice y pulgar parecen pellizcar la taza de té, mientras que su dedo del medio sostiene establemente el mango, dejando el líquido en un estado de calma perpetua. Misma calma que invade a Vi al sentir el aroma a naranjas del té; quién suelta un susurro antes de dar el primer sorbo: "Lo entiendo, pero no vuelvas a hacer eso, cupcake".
"Veo que te has empecinado en llamarme cupcake, veo que no te causa ninguna tipo de inquietud saber mi verdadero nombre", al oírla, Vi se detiene abruptamente para dejar la tacita en su plato. "Supongo entonces que tú tampoco planeas decir tu nombre, ¿o me equivoco?".
"Y sí así fuera, ¿habría algún problema?", pregunta Vi al perder toda clase de comodidad que aquella situación le había alguna vez otorgado, así que baja la mirada.
"Para nada, pero tendremos que buscar una forma de referirnos la una a la otra", la anfitriona aparta también su taza y coloca su mano en su mentón mientras parece observar los bustos que se encuentran dispersos por el jardín. "Tu puedes seguir llamándome cupcake, y yo te llamare… C, ¿qué te parece?".
"Que así sea entonces", responde "C" sin ninguna clase de miramientos y de nuevo vuelve a su bebida, jurando haber sentido cierto repudio en la voz de Cupcake, "aunque podrías haber sido más original".
"Dedos C, dedos…", advierte Cupcake mientras apunta a los dedos de "C", la cual con hastío vuelve a dejarlos tal cuales le habían enseñado. "¿Qué te trae a Piltover, C? ¿Por qué subiste hasta aquí?".
"Subí hasta aquí para poder entender de qué tanto se ríen allá abajo", Cupcake levanta una ceja ante la respuesta, "puede que ahora comprenda de qué iba el relato".
"¿Y de qué iba el relato?", pregunta Cupcake bajo una expresión casi robótica.
"Iba sobre el progreso, iba sobre una muerte", "C" toma un cupcake y le da un gran mordisco, "hmm, pues de eso se trata…", traga el bocadillo para luego enseñar una corta sonrisa repleta de glaseado de frutilla. "El hombre de Piltover no ha perdido su sentido del olfato, solo lo ha bloqueado para no sentir aquello a lo que él llama podredumbre terrenal, la cual aqueja a su lujoso hogar a orillas de las Puertas del Sol. El hombre de Piltover no ha perdido su sentido de la visión, solo la ha amplificado para poder apuntar más alto de lo que jamás alcanzará, olvidando así lo que se encuentra bajo sus pies. El hombre de Piltover no ha perdido su tacto, solo lo ha recubierto con tal de no envejecer, por temor a dejar de ser amado…", guarda silencio y remoja sus labios con un sorbo de té. "El hombre de Piltover sabe bien sobre la existencia de los niños de Zaun, pero de todas formas decide huir con sus piernas de hojalata cuando estos se le acercan a pedir limosna. Porque el hombre de Piltover sabe bien…", se toma una pausa y presiona el collar en su pecho, "que tarde o temprano tendrá que morir, y todas aquellas cosas que tanto desprecia, seguirán allí sin importar qué. Por eso siente miedo e intenta reemplazar mecánicamente su corazón con tal de no volver a sentir. Pero no puede hacerlo, pues descubre que este jamás ha estado allí en primer lugar. Luego, él solo muere".
"Todos le tememos a algo, C. Sobretodo cuando se trata de aquellos a lo que no podemos escapar", responde Cupcake al quitar la envoltura de una magdalena. "No puedes culpar a los hombres por ello. El pasado, la muerte, el amor, lo desconocido y la soledad…", muerde el dulce y se toma un momento hasta tragar. "Carcomen a cualquiera, incluso a ti. Abre tu mente y déjalo salir, ¿cuál es tu mayor miedo?".
"Puedo asegurarte que nunca será algo tan inconsecuente como el amor, porque yo no le temo a nada", "C" voltea la mirada hacia el jardín, su taza de té cercana a su pecho.
"Entonces, ¿por qué no me has dicho tu nombre?".
Otro pétalo se desprende de la rosa de Vi, ella solo guarda silencio frente al cuestionamiento, una contradicción justa que respondía a una intolerancia aún presente entre las ciudades hermanas. Tantos oídos en la ciudad del progreso, en ellos entran los susurros, murmullos y secretos, nombres de quienes no pertenecen, de invasores que desmerecen pisar los suelos de Piltover; Vi es solo una joven zaunita dentro de casa ajena, donde por cada minuto que pasa pone en mayor riesgo su vida. O eso se empeña en pensar, porque algo andaba mal, allí dentro no hay nadie más, porque una voz en su cabeza le advierte, que ese hogar apesta a muerte. Pero el miedo no tarda en contestar: "Sin nombres, sin miedos. Decir mi nombre sería una sentencia de muerte, no sólo para mí, sino también para todas aquellas personas que me importan. Conozco a los de tu clase, les gusta jugar con la mente, te ofrecen una oportunidad, así le llaman. Y si te niegas, si les provocas, si acaso llegas a soltar la lengua, dando nombres o apellidos. Son gente cautelosa, Cupcake, y yo también…", Cupcake chasquea con la lengua luego de dibujar una sonrisa al oír a su invitada llamarse a sí misma cautelosa.
Luego de aquella pequeña burla, Cupcake se levanta de su asiento mientras dice: "Mientes, C. Aunque aún no sabes el porqué de tu mentira. Pero yo creo saber el porqué… ", al decir eso, bruscamente toma del collar a "C", acercando su rostro, juntando así ambas narices. Ella se niega a hacer contacto visual. "Eres una ladrona, C".
"C" al oír eso último, aleja de un empujón a su anfitriona, una vez más presiona el medallón con fuerza sobre su pecho y, esbozando una macabra sonrisa, responde: "Ya somos dos entonces…", Cupcake vuelve a su asiento con gran interés reflejado en su mirada. "Está no es tu casa, eres un parásito, y estás completamente sola, deambulas por los jardines, juegas a la puritana bajo las reglas de aquellos que no saben de tu existencia… ", Cupcake amplía su sonrisa, la de "C" disminuye en pos al fastidio. "Te crees muy lista pero eres igual que yo, eres escoria. Al menos yo soy capaz de aceptarlo, pero tú tienes miedo. Dime, Cupcake, ¿a qué le tienes miedo?".
"Le temo a muchas cosas, "C", admite firmemente Cupcake para luego tomar un sorbo de té, mira el fondo de su taza, está vacía. "Al igual que el hombre de Piltover, le temo a la muerte, a lo desconocido, al pasado y al amor. Pero por sobretodas las cosas, la soledad me cubre de pies a cabeza en su frazada húmeda y pesada. Ésta es mi casa, pero nadie habita en ella, te traje hasta aquí porque a decir verdad eres la primera chica de mi edad con la que tengo el gusto de platicar…".
Vi no podía negarlo, pues ella también llevaba tiempo sin hablar con alguien que realmente le escuchará, o al menos pretendiera hacerlo. Así que, luego de un abrir y cerrar de ojos para beber su té, baja la taza y lleva sus pupilas dubitativamente para los lados, tamborilea con los dedos hasta que pasados unos segundos suelta un suspiro y deja escapar sus palabras: "Entonces, empecemos de nuevo. Pero sin nombres".
"Sin nombres. Sin miedos".
...
[Sobre cosas que nos hacen sentir mejor… The Only Thing - Sufjan Stevens]
Ambas muchachas consiguieron una charla amena, cómoda con leves risas, silencios aprovechados para masticar. Flores ensombrecidas ante la brisa que mece los troncos, se perciben quietas bajo el movimiento constante de las hojas; nubes acumuladas se dispersan en cuestión de segundos, dejando pasar al sol el cual ha comenzado su descenso en el horizonte. Vi con orgullo relata aquella persecución que protagonizó hace lo que ella siente fueron días, más no simples horas que habían pasado volando frente a sus ojos distraídos por la serenidad que carga aquella dama del vestido esmeralda, la cual no dejaba de demostrar una profunda atención al oír en silencio las anécdotas de su invitada, quien daba nombres, pero ninguno creíble. Sobre todo aquel nombre dado a cierta chica por la cual Vi parece haber metido las manos en el fuego en más de una ocasión, su sola mención era evocaba con cierta melancolía y preocupación. La mencionaba como Jinx, un tonto apodo por donde se lo vea, pero riendo Vi confiesa, que la verdadera gafada es ella. Caitlyn interesada, necesita preguntar al respecto, pues sentía que su invitada ocultaba, más emociones de las que aparentaba: "Parece que le tienes mucho cariño a esa tal Jinx, pero ¿qué significa ella para ti?".
"Me sigue a donde quiera que voy, como un perro al cual pateas pero luego le compartes tus sobras", Vi guarda silencio, cierra sus ojos y lanza hacia atrás su cabeza, quedando con la vista puesta en el techo del templete. "Me admira, tal vez demasiado, no se que significa eso para mí, pero ella siempre ha estado allí, cuidando mis espaldas pese al temor que le produce todo. Se volvió un problema".
"Por lo que veo te quiere mucho, o tal vez solo quiera demostrarte algo, como Weasel en tu anécdota de la trampa caza bobos", Vi se extraña al oír ese nombre, no recordaba siquiera aquellos apodos que ella misma había inventado con tal de tapar aquellas identidades que considera amigas. "Tu eres su líder, su escudo, solo intenta demostrar lo agradecida que se siente de estar a tu lado. Y ahora estás aquí, hablándome a mí sobre el pasado, ¿acaso le has abandonado? ¿Qué intentas demostrar?".
"Todos intentamos ser el ejemplo de alguien, pero cuando no se sabe quién es una…", Vi al decir eso baja la cabeza y, como si de una vieja maña se tratase, vuelve a aferrar sus manos al medallón presente en su cuello. "No quiero perderla, Cupcake. No me queda nada más que mis manos y su credulidad".
Los labios de Caitlyn tiemblan en busca de mejores palabras, viento se levanta como así también su cabello, maravillada se había quedado estudiando a aquel reflejo del bajo mundo, el cual murmuraba insultos para sí misma en una suerte de evocación al arrepentimiento. Luego de un incómodo silencio y sin encontrar respuestas que ofrecer, Caitlyn se levanta de su asiento y camina hasta el final del templete, apoya sus brazos sobre la barandilla y con sus ojos puestos sobre todo aquello que tiene enfrente, admira el paisaje. No podía evitar compararse con esa muchacha, aunque no estaba segura con cuál exactamente, por eso Caitlyn se dedicó mientras tanto a dibujar en las tenues estrellas esquemas e ideas con tal de no pensar más; la luna transparente había aparecido mientras que el sol se escondía entre las altas torres de la ciudad. Una sola verdad podía ser dicha, entonces de su boca es escuchada salir: "Es un bello atardecer, ¿no lo crees?", levemente fisgonea con el rabillo de su ojo a su invitada, ésta le responde afirmando tímidamente con la cabeza. "¿Por qué no vienes y me acompañas?".
"Está bien…", Vi se levanta desganada, coloca sus manos detrás de su nuca y caminá hasta quedar al lado de Caitlyn. "Ha decir verdad no puedo parar de pensar que he hablado demasiado, pero de todas las cosas que dije sobre mí, nunca dije lo más importante… No te he dado las gracias, creo que me he dejado llevar al sentir que me escuchabas, rompiendo así de algún modo mis propias reglas".
Ambas con la vista puesta en el cielo, comparten un momento más de silencio y contemplación…
"Pues ya lo has hecho, no hace falta que digas más. Tú no has pedido nada de esto", responde repentinamente Caitlyn, provocando en Vi una sonrisa que le hace bajar los brazos hasta dejarlos depositados en sus bolsillos. Al notar eso, Caitlyn se acerca un poco más a esa chica de cabello rosado. Apenas unos centímetros de distancia dejan entrever dos mundos totalmente diferentes pero a la vez tan similares, esos pocos centímetros que dejan pasar a los últimos rayos del sol. "La noche está al caer, mi cacería estar por comenzar, y no sé bien si este será mi último atardecer. Por favor, quédate conmigo hasta que el sol deje de brillar".
"Aquí estoy, Cupcake. Aquí estoy".
Continuará…
...
SEMINARE
© 2020 Riot Games Inc. Todos los derechos reservados.
Nota de la autora: Con eso damos por concluida la segunda parte, difícil de escribir a decir verdad, aunque con algunas cosas que he dejado en el tintero. La tercera y última parte se planteará más corta y a modo de epílogo realmente, espero tenerla lista en mucho menos tiempo. Ya saben que hacer.
Namaste.
