HISTORIAS DE PESADILLA

El interior de la elegante sala estaba envuelto en la casi absoluta oscuridad y no había rastro de alma alguna. Lo único que se podía apreciar era una gruesa capa de polvo que recubría los muebles acompañados de grandes telarañas que más que atrapar moscas u otra clase de alimañas su fin parecía ser el de apresar a toda ama que osara en ingresar a ese desolado lugar.

Hasta qué sin previo aviso, del suelo comienza a surgir un viejo ataúd creando un fuerte temblor sacudiendo todos los muebles y adornos ahí presentes. Pasaron unos segundos de sepulcral silencio hasta que su gran tapa se abrió cayendo duramente al piso dejando salir una gran nube de polvo acompañada de muchas arañas que se dispersaron en todas direcciones celebrando su libertad.

-Arg…- se oyó un gemido gutural, como el generado por un animal que despierta de un largo sueño al ser interrumpido y se ve como una temblorosa mano derecha sale y se apoya en uno de los bordes del ataúd.

-¡COFF, COFF, COFF! Imposible dormir bien con esas putas arañitas picándome…- se trataba nada más que de Luis Carlos que al salir de ese supuesto lugar de descanso eterno se sacudió toda la suciedad que lo cubría al agitar su cuerpo como si se tratase de un perro mojado y tomar asiento al haber prendido la chimenea con un chasquido de dedos y carraspear para sujetar un libro como si estuviese leyendo.

-Muy buenas noches, señoras y señores del Fandom de The Loud House, ¿Cómo han estado?- lo único que consiguió como respuesta fue un silencio incómodo que solo era interrumpido por el inoportuno canto de grillos hasta que fueron atacados por las arañas que salieron del ataúd.

-Sí, sí. Sé muy bien que me demoré bastante en actualizar este fic, pero estuve ocupado en otras cosas tanto en el mundo real como con mis otros fics y otros asuntos en todo este tiempo hasta incluso se me olvido que esta historia existía; así que espero poder actualizarla con más frecuencia al ser de mis primeros fics de la serie.

-En el capítulo anterior me enfoqué en Fenton, el zorro demonio que le quiere cobrar venganza a los Loud por lo que le hicieron- señaló con el pulgar al juguete mencionado que sigue postrado en la mesa desde la que ambos le desearon un feliz Halloween al público -hoy nos enfocaremos en otro juguete qué si bien nunca ha tenido un rol de antagonista, ha aparecido muchas veces en la serie Canon y es muy apreciado por el peliblanco que todos conocen.

-¿De quién se trata? Pues acompáñenme en este otro pequeño relato de horror para descubrirlo- río ligeramente a la vez que fuertes rayos caían afuera y se oyeran ensordecedores truenos.

CAPÍTULO DOS: CUIDO CON LO QUE DESEAS

Lincoln Loud ya estaba harto de todo con lo que debía lidiar día a día, más en específico, con los miles de pesares y porvenires que le generan cada una de sus hermanas desde que tiene memoria.

Siempre tenía que meter las manos al fuego por alguna de ellas sea por voluntad propia como el buen hermano que es o porque alguna de ellas lo obligaba a participar en alguna actividad que a él no le interesa para luego desecharlo o tirarlo a un lado cuando ya no le fuese de utilidad.

Como lavar la ropa sucia de Lori, servir como modelo para Leni, ayudar a llevar los instrumentos musicales de Luna, prestarse para las bromas de mal gusto de Luan, ser el saco de boxeo de Lynn, oír los poemas lúgubres de Lucy, asegurarse de que Lana no se meta en botes de basura y no coma cualquier porquería ensuciándose en el proceso, cumplir los caprichos infantiles de Lola, ser sometido a los demenciales experimentos de Lisa y cambiar los pañales sucios de Lily si es que esta no se los arroja en la cara, entre miles de cosas más que ya habrían acabado con la paciencia de cualquier otra persona.

Pero lo que más le molestaba era cuando ellas se metían en su vida y asuntos de índole de personal que se suponen deben concertarle a él y solamente a él y a nadie más. Aunque sería imposible mantener secretos entre una familia tan numerosa que comparte un espacio tan relativamente pequeño, habían ciertos asuntos que no se podían tocar y límites establecidos que se suponen no se pueden pasar.

Para el joven de pelo blanco uno de esos asuntos eran sus "relaciones amorosas" más en específico con su amiga-novia Ronnie Anne con la que tiene una relación de lo más peculiar porque en verdad ni siquiera sabía que era lo que tenía con ella, pero si hubo aunque sea alguna ligera esperanza de que pudieran volverse novios de manera formal, se desvaneció por completo cuando sus 10 hermanas decidieron a su modo devolverle los favores que él ha hecho por ellas al querer ayudarle a ganarse su corazón teniendo como resultado que ella lo repudiase no habiendo manera de revertirlo.

Y es por eso mismo que ahora desquitaba la enorme ira que llevaba guardada golpeando sin cesar las paredes de su pequeño cuarto haciendo caso omiso tanto de las palabras vacías de disculpa que todas ellas le decían al otro lado de la puerta como al dolor que sentía en sus manos cuyos nudillos estaban impregnados de sangre que salpicaba en todos lados manchando sus preciados comics, como juguetes, figuras de colección y demás pertenencias maldiciéndolas a todas y a cada una de ellas usando palabras que jamás hubiese usado en sus cinco sentidos.

Siendo ya más tarde esa noche y después de que sus hermanas desistieran de sus intentos de hacerle sentir mejor y de haberse casi partido los puños, Lincoln se encontraba tendido en el piso respirando agitadamente dejando fluir sus lágrimas de ira, dolor e impotencia intentando organizar sus pensamientos porque actualmente su mente era un completo caos.

Necesitaba tanto hablar con alguien en esos momentos tan difíciles, pero no contaba con el apoyo de Clyde, su súper mejor amigo, porque ahora mismo estaba de viaje con sus sobreprotectores padres. Tampoco podría llamar a sus demás amigos, Liam, Zach y Rusty con los que conformaba la Formación Serpiente porque dudaba de que estuviesen interesados en sus asuntos personales o dieran un buen consejo y mucho menos se lo podría decir a Stella, la chica del grupo, por lo bochornoso de la situación.

-Ah…- gimió desganado para sentarse en el suelo apoyando la espalda contra la cama viendo sus manos ensangrentadas para sujetarse los costados de la cabeza negando despacio -¿Qué voy hacer…? ¿Qué voy hacer…?- repetía lentamente intentando pensar en cómo librarse de todo aquello que le estaba carcomiendo el alma.

Luego notó a su posesión más valiosa, Bun-Bun, su conejito de peluche que ha estado a su lado desde siempre y que también se había manchado con su sangre. Así que lo tomó tratando de limpiarlo lo mejor posible.

-Bun-Bun… ¿Qué se supone haga ahora? No sé qué haré para recuperar a Ronnie Anne y aún por más que mis hermanas se disculpen conmigo o intenten ayudarme a solucionar el problema, a la larga volverán a ser las mismas de siempre como si nada hubiera pasado ignorando como me siento y volviéndome a usar para sus cosas sin ningún tipo de consideración repitiendo el maldito ciclo sin fin…- no pudo evitar apretarlo con fuerza.

-Lo que... lo que daría por ya no tener nunca más pasar por todo esto. Por poder desaparecer aunque sea por un día y descansar de todo lo que ellas me hacen pasar, que valoren todo lo que hago por ellas o hacer que sientan lo que yo siento y se den cuenta de la suerte que tienen de poseer a un hermano como yo que aguanta sus locuras y reciban una lección que jamás olvidaran- apegó el peluche al pecho dejando salir de nuevo esas lágrimas de dolor, ira y desdicha.

Toda esa amarga experiencia lo dejo cansado, por lo que se dispuso a dormir estando, usando como siempre, nada más que sus calzoncillos y medias puestas pero ahora siendo acompañado por el conejito desempeñando la labor de osito de peluche.

Pero tan profundo estaba que no se dio cuenta que cuando la luz de la luna traspasó su pequeña ventana y dio contra su delgado cuerpo los ojos del juguete se iluminaron levemente, y pese a que no tenía boca alguna, su normalmente expresión neutra fue cambiada por una mueca equivalente a una amplia sonrisa maligna con la que presagiaba malas pasadas para el "chico del plan"

(…)

-Ahhhh…- bostezó Lincoln una vez que los rayos del sol se posaron en su cara -hora de comenzar un nuevo amanecer en esta casa de locos…- con pocas ganas amañó con ponerse de pie y estirarse como un gato ya visualizando como sus hermanas lo saludaran con toda naturalidad como si nada malo hubiesen pasado.

Pero notó algo extraño y eso era que por más que se esforzase en levantarse no podía, como si su cuerpo estuviera paralítico y después se percató de que todo en su cuarto ahora era mucho más grane, mejor dicho, era como si él se hubiese encogido.

-Que… ¿Qué está pasando? ¿Por qué no me puedo mover?- empezó a entrar en pánico y vio de un lado a otro también dándose cuenta de que no traspiraba, mejor dicho, no tenía la necesidad de respirar y no podía sentir nada de nada como si su cuerpo ya no fuera de carne y hueso.

-¡¿QUÉ ES LO QUE ESTÁ OCURRIENDO?!- finalmente se dio cuenta de que a pesar de poder hablar, carecía completamente de una boca o de labios.

-Vaya, hasta que al fin despertaste, mi lindo conejito- oyó de repente y cuando miró a la derecha quedó pasmado al verse a sí mismo sentado en una silla cruzado de brazos sonriendo con malicia.

-¿Qué hago yo ahí? ¡¿Qué significa todo esto?!- por un momento creyó que estaba enloqueciendo hasta que ese otro Lincoln río ligeramente para levantarse, tomarlo y acercarlo a su cara como si se tratase de un gigante a punto de comerse a una desdichada persona -¡NO ME LASTIMES!

-¿Acaso no me reconoces? Si justamente ayer yo fui tu hombro sobre el cual descargaste todos tus pesares- le tomó unos cuantos segundos procesar esas palabras hasta darse cuenta de a qué se estaba refiriendo.

-¿Bun-Bun?- pudo sacarle una pequeña sonrisa macabra.

-Así es, soy yo. El único que por las noches está dispuesto a aguantarse cada una de tus quejas- corroboró para acercarse a un espejo y pudiese verse a sí mismo dándose cuenta de que ahora era él ese lindo conejo de peluche.

-Esto no… no puede estar pasando… no está ocurriendo, no es real… ¡ESTOY DENTRO DE UNA PESADILLA!- aunque físicamente no se podía apreciar, el ahora peluche estaba llorando presa del más absoluto horror a punto de perder la cordura.

-¿Pero de qué te quejas, Lincoln? Si esto fue justamente lo que ayer deseaste: desaparecer y nunca más tener que lidiar con la mierda que ellas te hacen pasar a diario y valoren lo que haces por ellas y que sientan todo lo que te hacen pasar- le reprocho todas sus palabras.

-Así que por lo amable y considerado que has sido conmigo, te cumpliré ese deseo. No te haré desaparecer como si nunca hubieses existido o que te hayan secuestrado o fugado ni nada de eso, pero haré que tengas tu merecido descanso al yo ocupar tu lugar como miembro de esta familia salida del peor de los manicomios a la vez que estarás en primera fila para que puedas atestiguar como haré que ellas paguen por las malas jugadas que te han hecho y al fin te valoren como te lo mereces, ¿Te parece bien?- ofreció teniendo una sonrisa amistosa de lo más perturbadora.

-No… no… ¡NO! ¡Yo no quería esto! Yo no quería ser un juguete, ¡POR FAVOR, YO NO QUIERO SER UN JUGUETE, POR FAVOR!- aún por más que lo intentase, no era capaz de moverse y liberarse de las manos de su ahora dueño.

-Deja de quejarte, ser un peluche no es tan malo como parece. No es como si pudieras sentir dolor o malestar alguno ahora que estás relleno de puro algodón- el verdadero Bun-Bun tomó una pequeña cadena y la usó para colgárselo del cuello -ahora iniciemos con un nuevo y maravilloso día- con una risa final salieron de la habitación para dirigirse al primer piso de la casa.

-¡Buenos días, Lincoln! ¿Cómo amaneciste?- quiso saber Leni que estaba desayunando junto con sus padres y demás hermanas, que igual a como Lincoln afirmó, actuaban como si nada malo hubieran hecho ayer.

-Muy bien y no gracias a ninguna de ustedes, grupo de locas imbéciles- contesto groseramente y sin vacilación alguna el muñeco dentro del cuerpo del único hermano varón de la familia dejándolos a todos estupefactos.

-¡LINCOLN!- gritó furiosa su madre tapándole los oídos a Lily.

-¡¿Cómo nos llamaste?!- Lynn golpeó fuertemente la mesa amañando con ir a agredirlo.

-Parece que alguien se levantó con el pie izquierdo hoy ¡JAJAJA! Un momento… ¡¿Nos llamó locas imbéciles?!- Luan al principio bromeó hasta percatarse de cómo les habló

-¡¿Cómo es que les estás hablando a tus hermanas?!- fue reprendido por un enfadado Lynn Sr.

-Como se me dé la jodida gana, ¿Y qué harán? ¿Arruinarme la mañana igual a como lo hicieron con mi cita con Ronnie Anne ayer?- estas palabras silenciaron las quejas que las chicas Loud estuvieron a punto de dedicarle, después de todo, él tiene todo el derecho de estar irascible.

-Lincoln, entiendo que estés molesto por eso. Pero entiende que todas ellas tuvieron la mejor de las intenciones- intentó ser comprensiva Rita ya sabiendo el motivo por el que está así.

-Sí, claro, "la mejor de las intenciones" tal vez si tú el vegete que se está quedando calvo fuesen en verdad buenos padres y supieran impartir disciplina la vida diaria dentro de este chiquero no sería una lucha por sobrevivir aguantando las miles de pendejadas que la manada de hienas que tengo por hermanas hacen- nadie podía creer que fuese capaz de insultarlas de ese modo.

-Ahora sí me disculpan, voy a tomar el cereal en la santidad de mi cuarto, a menos claro, que de nuevo quieran lanzarme mierda en un penoso intento de arreglar el problema como lo hicieron ayer- siguió caminando volviendo a sonreír tétricamente no prestándole atención a los gritos y reclamos que toda su familia le dedicaba.

-¡CHICAS, MAMÁ, PAPÁ, ÉL NO ES LINCOLN, SOY YO, SOY YO!- gritaba desesperado el Lincoln real pero su voz no podía ser escuchada por nadie más aparte de Bun-Bun.

-Grita todo lo que quieras, mi estimado Lincoln, pero de nada servirá. Ahora guarda silencio y prepárate para el mejor espectáculo que alguna vez se haya visto por parte de nuestra pintoresca familia, je, je, je- el chico del plan comenzó a pensar en las miles de atrocidades que su peluche al que tanto atesoraba le hará a sus hermanas y padres desde este momento.

(…)

-… y eso es todo por el día de hoy- Alarcón finalizó el relato cerrando su libro -sé muy bien que este relato fue bastante corto, pero al igual que el capítulo anterior, decidí dejar en suspenso y misterio de lo que pasará a partir de ahora.

-¿Qué hará entonces el pobre de Lincoln? ¿Podrá recuperar su cuerpo antes de que amado conejo de peluche lastime a sus seres queridos? ¿O las chicas Loud deberán atenerse a las consecuencias de cómo han maltratado a Lincoln en tantas ocasiones usándolo como un trapo sin ningún tipo de reparo y consideración alguna?

-Pues como dije anteriormente, cuando algún nuevo capítulo esté relacionado con alguno anterior lo avisaré para no generar confusiones.

-Pero antes de irme, quiero primero darle las gracias a Lourdes13, una muy buena amiga mía, porque fue ella quién me dio la idea para hacer este capítulo. Mil gracias por eso- chequea un ojo y manda un beso a la pantalla del computador.

-Ahora sí, me despido. Cuando me sienta bloqueado de alguna forma y no sepa como continuar con mis otros fics o cuando alguna idea suelta venga a mi mente, actualizaré esta historia para no dejarla de nuevo a un lado. Así que no se sorprendan si algún día de estos me vuelto a presentar con otra tétrica historia de horror- río ligeramente antes de que todo empezara a oscurecerse siendo sus ojos lo último que se vio antes de que desaparecieran por completo.

Capítulo dos completado el 08/03/2020.