—Gracias Jorgen, cuando lleguemos al muelle ordene que le quiten las esposas a nuestro invitado, Hans Westergaard.— dijo Elsa con el mentón en alto con algo de nervio al decir la última oración.

—Pero reina, ¿no cree que el Príncipe Hans pueda ser peligroso? Ademas tengo ordenes exactas de su hermana, la princesa Anna, de mantenerlo esposado y lejos de ambas.—

—Jorgen, comprendo que sigas las ordenes de Anna para cuidarnos desde que papá murío. Pero recuerda, tengo 24 años de edad, soy una adulta y puedo tomar mis propias decisiones aunque no siempre sean las mejores.—

—Sabe que son como mis hijas, despues de que el Rey Agnaar y la Reina Idunna murieran, en paz descansen en la gloria del cielo. Les hice la promesa de siempre cuidarlas y matenerlas a salvo de todos y de todo.—

—Tranquilo, no me sucederá absolutamente nada. Hans merece una segunda oportunidad como yo la tuve despues de... ese accidente.— contestó Elsa con tristeza en su mirar.—De alguna manera, gracias a Hans pude salvar a mi hermana y gracias a los cielos, ella aún vive y esta con nosotros Jorgen.

—Lo se, lo se. Esta bien, solo porque ústed me lo pide, dejaremos al prisionero Westergaard sin esposas al llegar a Arendelle.— Jorgen hace reverencia mientras que Elsa susurra un gracias con una media sonrisa.

Elsa podia olfatear ese olor de su hogar, Arendelle. Su reino olía exactamente a una mezcla de brezos púrpuras y felicidad. Despues de aquel accidente que dejó a su reino congelado, los aldeanos de Arendelle aprendieron a perdonar a su reina.
Por lo tanto, la tristeza o la angustia ya no existia en aquel reino pequeño de Noruega.

Pero, Elsa no sentía ese olor tan familiar mientras más se acercaba al muelle. De hecho, sentía angustia y el olor de los nervios y la ansiedad. Su mente se lo repetía una y otra vez, no sabia si sentirse bien o mal todas sus decisiones parecían estar equivocadas.

—Reina Elsa, hemos llegado a Arendelle.—

Las palabras de aquel guardia esfumaron sus pensamientos y simplemente agradecio con la cabeza. Suspiró y bajó del barco hasta el muelle donde su hermana, Olaf, Sven y su cuñado, Kristoff, la esperaban con grandes sonrisas.

—¡Elsa!— Anna corrío a los brazos de su hermana y sonrío.—¡No sabes cuanto te extrañe!

—Yo tambien te extrañe Anna.— sonrío Elsa pero su sonrisa se desvanecío al observar aquella mueca que poseía la pelirroja.

—¿Por qué lo dejan libre? Creí haber dejado claro que el Príncipe Hans estaría esposado y sería llevado a los calabozos de inmediato.— Anna dijo mientras se acercaba a los hombres con una furia en su corazón.

—Anna espera...— Elsa trató de hablar pero fue interrumpida por su hermana.

—Elsa, te mandé una carta diciendote que la única manera en que recibiriamos a Hans era esposado. ¿Por qué está libre hermana? ¿Acaso quieres que mi ex-novio trate de asesinarnos de nuevo?— Anna preguntaba con angustía, mientras Kristoff estaba detras, tratando de consolarla.

—Quiero explicartelo Anna, tome la decisión de perdonarlo y darle una segunda oportunidad asi cono Arendelle y tu me la dieron hace 3 años.—

—Eres mi hermana, por supuesto que te voy a perdonar pero al menos tú no trataste de asesinarme como alguien que veo.— Elsa hizo una mueca al escuchar esas palabras.

—Anna... recuerda que congelé tu corazón con mis poderes y casi mueres... soy el peor monstruo Anna. De no ser por Hans estarías congelada y... muerta.— Elsa susurró la última palabra y lágrimas cayeron sobre sus rosadas y pecosas mejillas.

—Lo siento Elsa, no quize hacerte sentir mal.—

—S-si me permite hablar, quisiera pedirle perdon a ambas monarcas de Arendelle por haber intentado un asesinato y por la sed de gobernar. Le prometo a la reina y a la princesa que cambiaré a ser una mejor persona.— Hans se inclinó frente a ambas hermanas y bajó su mirada.— Por mi honor

Anna y Elsa se vieron mutuamente y Anna simplenente suspiro.—De acuerdo... que quede claro que solo lo hago porque respeto todas las decisiones de mi hermana.

—Su trabajo comenzará limpiando establos y ayudando en la cocina. Caballeros, yo puedo llevarlo a conocer el castillo. Pueden retirarse.— Elsa ordenó y los guardias dejaron a Hans al lado de las hermanas.

—Anna, creo que Sven gusta de un paseo no hemos ído al lago en varias semanas. ¿Quieres acompañarnos?— Kristoff sonrío esperando un sí.

—Por supuesto cielo, vamonos ahora mismo.— Anna tomó la mano de su adorado rubio y dirigio su mirada hacia su hermana, sonrío de lado.—¿Esta bien si voy? ¿Segura que puedes sola hermana?

—Hermana, anda, Kristoff y tú merecen un día juntos.— Elsa sonrío.—Claro que puedo sola, no te preocupes por mi.

Las hermanas se dieron un abrazo y Anna caminó hasta Kristoff donde Sven los esperaba para irse.

—Prometo volver temprano para nuestro juego familiar.— Anna dijo al subir al trineo.

—Anna ¿puedo ir yo?— preguntó Olaf con una sonrisa.

—Claro que puedes Olaf, pero recuerda nada de irse solo a vagar por el bosque.—

—¡Esta bien Anna! Ya traje bocadillos espero y les gusten los sandwiches y los chocolates. Oh espera, creo que son sus favoritos.— el muñeco de nieve solo río apenado.

—Adios Elsa, te veo en un rato.—

—Adios Anna...— Elsa observó como Anna, Kristoff, Sven, y Olaf partían a un bosque cercano al lago "mágico" de Arendelle.

Elsa debia admitir que solía sentirse muy sola a veces. Ahora que Anna habia encontrado el amor verdadero en Kristoff, volvía a estar encerrada en su oficina firmando documentos, recibiendo y entregando cartas a reinos vecinos. No era que se sintiera celosa de su hermana, ni mucho menos enfadada, pero a veces Elsa soñaba de estar con un príncipe azul, feliz, como su hermana.

—¿Reina Elsa? ¿Va a mostrarme donde está mi alcoba y donde trabajaré?— Hans preguntó esfumando los pensamientos de la rubia.

—A-ah si, lo siento... sígame.—

Elsa y Hans caminaban por el reino de Arendelle donde muchos aldeanos temían que el pelirrojo estuviera tan cerca de su reina. Hans solo rodaba sus ojos, aunque dentro en su corazón, se sentía triste y culpable. Elsa trataba de acelerar su paso para poder entrar al castillo sin sentirse juzgada por los demás y cuando por fín pudo entrar al castillo, suspiro.

—Bien, la cocina esta por aqui.— Hans la siguío y Elsa abrío la puerta donde se encontraban mujeres y hombres trabajando.—Hola...

—Buenas tardes Reina Elsa.— los sirvientes hicieron reverencia y al observar al pelirrojo, simplemente hicieron una mueca.

—Se que esta noticia es muy inoportuna pero, desde ahora tienen un compañero. Hans Westergaard, ayudara con las comidas, el desayuno, almuerzo y la cena.— Los sirvientes asintieron de mala gana y una chica en particular, habló.

—Bienvenido Hans, me llamo Clarissa yo te ayudaré y tu puedes ayudarme tambien, ya que soy nueva aqui. Vaya, eres muy apuesto.— La chica de cabellera castaña trataba de seducir a aquel joven pelirrojo quien solo se sonrojo.

Elsa no pudo evitar algo de enojo en su corazón, ¿por qué Clarissa estaba tan interesada en Hans? ¿por qué se sonrojaba el pelirrojo?

—Vuelvan a su trabajo, le indicaré donde está su alcoba prisionero Westergaard.— Elsa habló con enojo y ambos salieron de la cocina.

—¿Está molesta?— preguntó Hans por mílesima vez.

—Ya le dije que no lo estoy, ahora si me disculpa, lo dejo a cargo de sus deberes en Arendelle. Si necesita asistencia consúlte a sus compañeros, no a mi. Si necesito su asistencia, yo te llamaré ¿entendido?—

—Entiendo Reina Elsa, pero...—

—No más charla, puedes irte a descansar, yo debo esperar a Anna. Adios y que descanse.—

Pero que mujer tan extraña... primero está angustiada conmigo cerca, luego feliz de ver a su hermana quien parece más la reina que Elsa. Ahora molesta y enfadada Dios sabra por qué. No entiendo a estas mujeres de Arendelle.

Hans se recostó en aquella pequeña cama y sintio un alivio enorme de no escuchar charla o gritos que provenian de sus padres o sus hermanos. Admitia que estar en Arendelle no era una idea perfecta ni planeada, pero, por fin en su vida sentia una paz y feliz que se apoderaba de su cuerpo. Sonrío a su mismo antes de quedarse dormido poco a poco.

Seré diferente... prometo que cambiaré y sere bueno. Se que puedo ser alguien más que el decimo-tercer príncipe bastardo de las Islas del Sur.