Se puso en contacto con el Sr. Oizumi en cuanto se enteró de que era el candidato ideal para realizar la inversión. Solo era cuestión de tiempo para que la empresa diera un salto al mercado nuevamente como lo hizo en el pasado.

Puso la cita del encuentro en esa semana.

Todo va bien.


Estuvo ocupado, leyendo documentos sobre financiamiento y la administración de la empresa, el manejo que su padre manejaba con anterioridad desde el comienzo del negocio hasta el presente.

Buscaba encontrar un patrón, porque llevaba dos años sin tener una gran cantidad de ventas en el producto y la falta de imaginación se notaba cuando la calidad del juguete no era la más llamativa.

De pronto encontró un patrón.

Los juguetes que fabricaban no se enfocaban al público femenino, si no, al masculino.

Debido a sus celos a causa de los chicos que Kotoko comentó en esa semana, cegó su juicio ante la idea oculta que proclamaba al incluir al público femenino en la salida del producto y en el comercial se enfocaría en ambos sexos. No uno solo.

Debió de haberse fijado en el incentivo y no cegarse tanto en cuanto a los celos. Es una emoción muy conflictiva y difícil de manejar.

¡Eso es!

El secretario de su padre entró a su oficina nuevamente, avisando que era la hora del almuerzo y estaría fuera de la empresa.

—Espera!— Le dijo con rectitud.

—Sí?—El secretario estaba ansioso por irse a comer. —Dígame jefe—

—Dígale a Aihara que la idea del comercial está aprobada por mi— Movió su asiento, mirándolo intensamente. —Y también dígale que yo estoy a cargo del proyecto, así que me uniré en la producción de la animación en la que están en proceso— Vio que el secretario anotó lo que le pidió y se detuvo al borde de la puerta esperando algo más. —Puede retirarse—

—Gracias, jefe— Salió disparado.

Se frotó la frente, sopesando las preocupaciones que corrían en su mente, aquello no seria tarea fácil, pero se divertiría si de su chica se tratase. Si las cosas marchaban bien, pronto estaría en la universidad estudiando medicina.

El crujir de su estómago le recordaba que no había comido nada desde la mañana que desayuno rápido en casa, sin acabarse siguiera el plato de arroz.

Tengo hambre.

El toque de la puerta, le dio a entender que lo buscaban.

Antes de decir "pase" Kotoko apareció detrás de la puerta, con la frente en alto y una caja envuelta en tela de color azul con distintas tonalidades.

—Traje tu lonche— Le dijo con cautela. Este se sintió dichoso de ser tomado en cuenta. —No te lo llevaste esta mañana— Recordó que se había mudado de regreso a su hogar por lo de su padre y como su madre se la pasaba en el hospital con él, no cocinaba ni limpiaba la casa.

—Déjalo aquí— Apuntó a la orilla de la mesa de trabajo.

—Claro— Depositó la caja azul en donde le indicó.

—No vas a comer tu?— Exigió saber.

—Iré a comer a uno de los locales de por acá— Ella comentó, rascándose la cabeza.

—Quédate aquí— Pidió como una orden, no una opción.

—No te molestes por eso— Se dio la vuelta, pero este la tomó de la muñeca. Se sorprendió por lo impulsivo que se miró haciendo eso.

—Insisto— Sonaba como una imposición. Hasta se asustó de escucharse a él mismo.

Desde cuándo era de esa manera?

Nunca fue un niño que implorara por amor y atención de sus padres, siempre andaba de independiente desde que su identidad como hombre fue revelada en la escuela primaria y fue de los peores momentos de su corta existencia.

Cuando ocurrió la tragedia, se prometió que no sería un chico expresivo, sino uno cerrado al mundo y solo hablaría lo necesario. Palabras de más o de menos, eso era irrelevante. Mientras no expresara su verdadero ser, le bastaba para sobrevivir a una vida vacía y silenciosa hasta el final de sus días.

Ahora estaba detrás de una muchacha basquetbolista, estudiante de cine, amante de la música, hablante hispana y que se vestía como chico.

—Me quedo— Dijo ella, accediendo a sus caprichos.

—Bien, si nos envenenamos al menos no seré solo yo— Bromeó, soltándola de su agarre.

—Cállate— Se rió. —Eres bien delicado—

Almorzaron juntos, ella sentada en el sofá de la oficina, uno extenso de dos metros con ocupe dos cuatro personas. Mientras este la observaba a distancia, comiendo lo más que le cupiera en el estómago antes de ponerse a trabajar.

—Encontraste a un inversionista?— Preguntó ella.

—Sí, de hecho ya lo contactamos y lo veremos esta semana a más tardar el viernes por la mañana tendremos una junta y discutiremos sobre el nuevo proyecto— Informó con pesadumbre en su voz.

—Vaya— Suspiró apacible. —Eso quiere decir que es el proyecto en el que trabajamos?—

Él asintió.

—Ya veo, entonces trabajaremos arduamente hasta tener un buen avance con el que puedas presentar el proyecto, esperemos a que sea un éxito— Guardaba el Bento donde había terminado de comer, junto a este que la continuaba contemplando con los hombros relajados y los ojos fijados en los movimientos que ella realizaba.

—Lo será— Afirmó tranquilo. —Porque yo intervendré en el proyecto—

—Cómo?— Dio un salto de sorpresa.

—Que yo tomaré las riendas del equipo de trabajo para poder terminar el proyecto con más velocidad y así estar al tanto de los avances— Aseveró tratando de imponer autoridad.

—Yo pensé que estaba al mando del proyecto— Expresó decepcionada.

—En absoluto, no podemos arriesgarnos tan pronto con eso— Trató de sonar comprensible pero no le salía. —Y yo quiero saber cómo funcionan las cosas y opinar, acuérdate que el producto no saldrá si no pasa bajo mi juicio— Recordó suavizando el tono de su voz.

—Quieres decir que estás a cargo, pero todos podemos opinar?— Sonrió poquito.

—En efecto, Kotoko— Asintió. —Tu eres la subjefe del proyecto, de acuerdo?—

—Está bien—Ella aceptó el acuerdo que los dos hacían. —Entonces me retiro—

—Espera!— Acudió a ella casi tropezándose del asiento. Esta se detuvo confundida por su acción. —Olvidaste el Bento—

—Oh sí— Se rió apenada. —Gracias por acordarme—

—Sí— Asintió, esbozando una pequeña sonrisa dirigida a ella.


El día de la cita había llegado y el avance del proyecto cobraba forma dentro de las anotaciones y sugerencias que se iban haciendo.

El nombre del manga era "Kotorin", en efecto, la chica del manga no lucía nada parecido a Kotoko. Una mujer con pechos prominentes, usando un bikini atrevido, el cabello rosado y una raqueta de tenis en la mano.

Se disgustó rotundamente al ver la imagen que le dieron a ella, por lo que la primer cosa que hicieron para mejorar el videojuego que sacarían posterior al comercial, era cambiar las prendas de la chica y reducir el tamaño prominente de sus curvas y pechos.

La trama quedaría intacta, el diseño y el formato de los tres mosqueteros cambiaría un poco pero casi nada seria diferente a la versión del manga.

Los tres chicos parecían ser inofensivos para Kotoko, por lo que sus celos no se demostraron tan drásticos, siendo así, no bajaba la guardia con esos tres y procuraba no dejarla sola. No se permitía bajar su defensiva, prefería mantenerse dominante y cercano antes de arrepentirse de su inactividad.

Por ende, las horas de trabajo se pasaban más rápido cuando se metía al área creativa y se ponían las pilas en el diseño del videojuego y leer los cuatro tomos del manga analizándolo tanto los dibujos como el desarrollo de personajes que sería un elemento fundamental para el público de ambos sexos.

Veía que Kotoko se mataba filmando las mismas tomas varias veces durante el día. El lugar donde filmaban era en el estudio del área creativa, un cuarto espacioso y aireado de color blanco, donde ella se apoderó del cuarto para filmar frente a la pantalla verde que adquirió por internet.

Unos compañeros que se amigaron con ella, se acompañaban al estudio y se pasaban horas filmando, a veces trayéndolo a él para que diera su opinión sobre el desarrollo del comercial donde juntaban clips que animaban en el piso del área creativa.

No se oponía con los compañeros que se hicieron sus amigos, porque no los veía como un enemigo o un elemento decisivo para ponerse en sus cinco sentidos.

No, nada de eso.

Esperaba con ansias la hora en que el Sr. Oizumi entrará por la puerta y se pusieran a discutir sobre los problemas que Pandai presentaba y la nueva propuesta.

En caso de obtener una respuesta favorable, tenia en su pantalón guardado un usb con el pequeño corto que ya tenían elaborado del comercial y los diseños del manga con las portadas de los cuatro tomos publicados.

Esperemos que las cosas salgan a flote. Se dio ánimos minutos previos a la hora de la cita.

Tomó asiento en la silla de su padre, demostrando su posición de jefe pero también su posición de seguridad y rectitud que siempre se le etiquetaban.

—Llegó el señor Oizumi— Avisó el secretario a ojos abiertos como platos.

Naoki tragó saliva, dispuesto a no dejarse caer por los principios suyos.

El Sr. Oizumi era tal como se lo imaginó. Un señor en sus setentas, usando bastón para desplazarse, canas como cabello, anteojos circulares, sombrero de copa de color obscuro y un traje de acuerdo al mismo color del sombrero.

—Bienvenido— Expresó Naoki, acercándose al inversionista con mucha seguridad. —Sr. Oizumi—

—Oh, Irie Naoki, verdad?— Asintió, a la pregunta. —Mucho gusto en conocerle, su padre es un excelente hombre y mis respetos por haber mantenido a flote esta empresa durante muchos años—

—Gracias— Se inclinó en forma de reverencia. —El placer es mío— Le tendió la mano y lo invitó a tomar asiento.

—Dígame cuál es la propuesta que tienen para convencerme de que mi dinero no se irá a la basura— Demandó saber de manera respetuosa, tomando asiento de manera discreta y lenta.

Naoki le comentó la idea del proyecto siendo tan elocuente como pudo, disponiendo el poco tiempo que se le permitía para exponer los que llevaban adelantado y lo que querían terminar en menos del mes.

El Sr. Oizumi se mostró abierto ante la idea de un videojuego que fuese dirigido a ambos sexos al público juvenil para el verano, donde los adolescentes tendían a aburrirse en periodo vacacional. Tenían en mente hacer pensar a los jóvenes y también entretenerlos, siendo un buen videojuego para pasar sus vacaciones por la tarde.

—Me parece una buena idea— Dijo con franqueza, presionando el borde del bastón para mantener el equilibrio de su postura. —Creo que un juego de ese calibre puede aumentar las ventas y devolverle a Pandai lo que ha estado perdiendo—

—Lo mismo pensamos nosotros— Continuó éste. —Queremos posicionarlos en el primer puesto del mercado, y esperemos que sea un éxito que lo será— Reafirmó contundente.

—Bien, entonces firmaré los papeles autorizando la inversión— Declaró recto con su voz queda.

—Muchísimas gracias—

—No, por favor, Naoki-san, dejémonos de muchas formalidades— Corrigió, negando con la mano. —Con un simple gracias es suficiente—

El tocar de la puerta no significaba nada bueno, porque se suponía que nadie debía de interrumpir la cita de los dos.

Kotoko.

—No me dijiste que te llevaste mi USB— Dio un pisotón en el suelo.

Es verdad, me lo llevé anoche sin permiso. Quiso reírse por la expresión de fastidio que tenía en el rostro. Se miraba tan graciosa y adorable.

—Kotoko, estoy ocupado— Susurró molesto.

—Me da igual— Sentenció abriendo los ojos, empuñando los nudillos. —Al menos avísame que te lo ibas a llevar—

—Hablamos de esto después—

—No, ahora— Tendió la mano de modo insistente, esperando a que este le entregara el usb.

—Y usted, joven, quién es?— Se había olvidado de que el Sr. Oizumi seguía sentado en el mismo lugar. Maldición.

—Amiga de Naoki y subjefe del proyecto "kotorin"— Declaró al aire, percatándose de la presencia del señor mayor, sonriendo afablemente. —Una disculpa por mi interrupción, es solo que el jefe se llevó mi USB sin pedirlo prestado, no es la gran cosa.—

—Ah, eres una mujer?— Preguntó asombrado. —Pero si usa traje y corbata, está muy bien peinado y tiene mucha presencia—

—Sí, soy una mujer— Dijo sonriente. —Aihara Kotoko a su servicio— Extendió la mano.

—Kotoko ya te puedes retirar— Sentenció Naoki, fastidiado por la inconsciencia de la chica de entrometerse en un momento crítico.

—Me agrada su amiga, Naoki-san— Halagó contento. —Es verdad que el joven siempre se mantiene recto?—

—Por supuesto— Ella contestó sin dudarlo. —Es más siempre tiene el ceño fruncido y su voz es más fría que un iceberg, le decimos el T-800, el terminator— Tomó asiento ignorando a Naoki que rechinaba los dientes del coraje. —Porque siempre tiene esa cara de témpano de hielo, pero no se deje engañar por el increíble físico que tiene, es una excelente persona. Muy lindo, y su sonrisa es muy bonita, a mi me gusta mucho verle sonreír porque es muy raro, sabe?—

—Sí, me imagino— Dijo el Sr. Oizumi bastante interesado.

¡Trágame tierra!

—Es como dirían el hombre perfecto por el coeficiente intelectual de doscientos que porta, pero también es muy buen jugador de tenis, y los deportes se le dan enseguida. Todos en casa estamos orgullosos de él, sobre todo yo porque ha cambiado y se ha convertido en un buen chico, capaz de aprender nuevas cosas—

—Kotoko, salte— Sentenció a modo de regaño.

—Pero si la platica apenas se ponía buena— Se defendió indignada.

—Interrumpes mi trabajo— Se quejó, frunciendo el ceño.

—Ya ve, Sr. siempre tiene ese gesto— Saltó como resorte al ponerse de pie. —Bueno, un gusto conocerlo y me retiro al trabajo.— Al borde de la puerta, se giró para verle a él. —Me devuelves mi USB— Exigió.

Naoki portaba expresión de molestia y fastidio, aunque por dentro se sentía dichoso por haber escuchado los halagos que ella le hizo sin vergüenza alguna y hablando de él de manera orgullosa y feliz.

Por fin se enteraba de lo que ella pensaba de el y lo mucho que lo quería y tomaba en cuenta. Le dijo lindo, y que él tenía una sonrisa bonita y que ella estaba orgullosa de él.

No dormiría del gusto esa noche.

—Que chica tan energética y linda— Dijo carcajeando el Sr. Oizumi. —De verdad es una buena chica—

—Así es ella de escandalosa—

—Comentó que era la subjefa del proyecto, es verdad?— Quiso corroborar a modo de pregunta.

—Sí, es la directora del comercial— Se frotaba la frente, queriendo deshacer el ceño fruncido de su rostro. —Esta realizando sus practicas aquí en Pandai—

—Es estudiante de cine?— Asintió. —¡Vaya! Que amiga tan talentosa tiene usted—

—Lo es, es un buen elemento para la empresa— Dijo grato.

—Es solamente su amiga?—

—Sí— Contestó bajando la guardia siempre que se trataba de ella.

—Entonces no le molestaría mi siguiente condición— Prosiguió ausente de la confusión del castaño. Naoki se limitó a fruncir el ceño nuevamente.

—Condición?—

—Sí, no le interesaría ir a una entrevista de matrimonio?—

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P.D. La tercera parte va rápido y quizás sea la más corta de todas.