PRÓLOGO
H I N A T A
La primera carta que escribí en mi vida estaba dirigida a un niño de mi clase de primer grado. Su nombre era Nate Cloud, e incluso a los seis años de edad, mi enamoramiento por él (y su overol azul claro) era abrumador. Mis palabras fueron escritas con un lápiz verde brillante y con un simple:
¿Te gusto? Encierra sí o no.
Ese imbécil marcó no.
La segunda carta que escribí fue a una chica de mi clase de la biblioteca.
Su nombre era Ashley Donovan, y quería desesperadamente ser su mejor amiga.
Escribí tres líneas completas contándole todas las cosas que teníamos en común, todas las cosas que nos convertirían en el par perfecto de amigas. (Sandalias de goma rosa, una casa de ensueño de Barbie y una colección de brillantes Beanie Babies). Mis palabras fueron escritas en papel de cuaderno, con una pregunta final que decía:
¿Quieres ser mi mejor amiga? Encierra sí o sí.
No marcó ninguna.
Creó una nueva opción: NO.
Pasé el primer y segundo grado con el corazón roto y cero amigos, así que guardé el resto de mis cartas para mí.
Hasta que conocí al chico que vivía en mi nueva calle, el chico que se convirtió en mi primer mejor amigo.
Durante tres segundos.
Era la peor persona que había conocido en mi vida, y en el mismo momento en que citó algunas tonterías sobre "mantener a [sus] amigos cerca y a [sus] enemigos aún más", mientras me tiraba de la bicicleta y me pateaba en el suelo, estuve convencida de que la palabra "amigo" nunca sería parte de mi vocabulario.
Pensé que nunca encontraría a alguien que amara las cartas tanto como yo.
Es decir, hasta que se convirtió en la primera persona en mi vida en responderme.
No solo una vez. No solo dos veces.
Siempre.
A pesar de que nos odiábamos hasta la médula y de que no podíamos llevarnos bien durante más de veinte minutos seguidos, siempre respondíamos...
Antes:
7 años y medio
N A R U T O
Podría haber jurado que mi nuevo vecino se suponía era un niño...
Eso es lo que mis padres me dijeron cuando la casa en venta de nuestra calle finalmente se vendió. Dijeron: "¡Oh, parecen una familia tan agradable! Incluso tienen un hijo para que conozcas. ¿No sería agradable?"
Sería genial porque todas las familias en nuestra calle estaban llenas de niñas estúpidas. A ninguna de esas niñas les gustaba, y tampoco me gustaba ninguna de ellas.
Por esa razón, cuando mi papá entró en mi habitación hoy y me dijo que me vistiera para conocer a los vecinos, me sorprendió cuando tomó mis figuras de acción y las devolvió a mi mesa de noche.
—No lo creo —dijo—. A Hinata probablemente no le gustará ver eso.
—¿Hinata? ¿Quién es Hinata? —pregunté.
—Tu nueva vecina. —Sonrió tan felizmente, como si esas tres palabras no hubieran arruinado mis esperanzas de tener finalmente un amigo en este vecindario. Ya era bastante malo que viviéramos en los suburbios y tardáramos media hora en llegar a un lugar decente como el cine o el parque de patinaje.
Pero ahora, la última casa en nuestra calle albergaba lo peor del planeta. Una niña. De nuevo.
Gimiendo, coloqué unos auriculares y un reproductor de CD en mi mochila, listo para desconectar todo en cuanto mis padres hablaran de las cosas aburridas.
Bajé las escaleras y agarré el pastel habitual de "Conocer a los nuevos vecinos" de mi madre. La seguí a ella y a mi papá por la puerta principal y por la acera, rodando los ojos hacia las gemelas Cramer que jugaban en el patio delantero.
—¡Hola, señor y señora Namikaze! —saludaron—. ¡Hola, Naruto!
—No me saluden —les dije.
— Naruto... —Mi mamá entrecerró los ojos hacia mí—. Sé amable.
—Hola, Clara. Hola, Joan. —Me forcé a sonreír. En el segundo en el que mi madre les dio la espalda, alzaron sus dedos medios hacia mí. Felizmente les devolví el favor.
Agh.
Cuando llegamos a la casa de los nuevos vecinos, una mujer y su esposo salieron y nos sonrieron.
—¡Vaya! ¡No esperaba que realmente nos hicieras un pastel! —La mujer parecía realmente sorprendida—. Hace mucho tiempo que no tengo algo hecho en casa.
Lo compró en la tienda. No es hecho en casa.
Mientras nos hacían pasar a su casa, esperaba que la conversación con un nuevo vecino no durara tanto como lo hacía habitualmente. Siempre hablaban de lo mismo con cada nueva familia. ¿Las escuelas aquí son tan buenas como dicen? ¿Qué hacen los niños por aquí para divertirse? ¿Qué lindo sería si nuestros hijos se hicieran amigos?
—Bueno, ¡mírate! —La mujer se inclinó a mi nivel—. Te saludé el otro día cuando estabas jugando en tu jardín, pero no creo que me hayas visto. Soy la señora Hyuga . ¿Cuál es tu nombre?
— Naruto Namikaze —le dije.
—Bueno, Naruto Namikaze , tengo una hija llamada Hinata Hyuga que es de tu edad. Déjame adivinar. Tienes siete años, ¿verdad?
—Siete y medio.
—Ella dice lo mismo. —Se rio y señaló la escalera—. ¿Por qué no subes y te presentas con ella mientras les sirvo a tus padres una copa de vino? Es la primera habitación a la izquierda.
—No, está bien. —Me encogí de hombros—. No quiero conocer a otra chica. Ya he conocido bastantes.
— Naruto Namikaze —advirtió mi madre en voz baja—. Ve a saludar a Hinata ,ahora.
Puse los ojos en blanco y me tomé mi tiempo para subir los escalones, deteniéndome cuando vi los carteles en el pasillo. Eran todos de superhéroes y artistas. Superhéroes y artistas que me gustan.
Tal vez ella tenga un hermano después de todo.
Golpeé al Spiderman que cubría la puerta del dormitorio, y una chica con flequillo desigual y feas pecas la abrió.
—Mi mamá dijo que eras un chico lindo. —Se cruzó de brazos—. Mintió.
—Mira quién habla —me burlé—. Te ves como una de esas muñeca de trapo, Raggedy-Ann, y tu cabello luce como si lo cortaste tu misma. Con una navaja sin filo.
—Lo corté yo misma. —Entrecerró los ojos hacia mí—. Y usé una navaja de afeitar.
La fulminé con la mirada y ella me devolvió la misma mirada.
Contemplé derribar algunas de sus cosas o empujarla al piso para mostrarle quién mandaba en esta cuadra, pero el enorme póster de Jurassic Park en su pared llamó mi atención. Debajo, en su cómoda, tenía una colección de figuras de acción de Star Wars y una enorme pila de cómics.
—¿Tienes un hermano mayor? —Olvidé por qué estaba enojado con ella—. ¿Es por eso que tienes todas estas cosas?
—No, todo esto es mío. —Se dejó caer sobre su cama—. Todas las chicas de mi antigua escuela pensaban que era rara, pero no me importa. Los superhéroes le ganan a Barbie cualquier día sin esfuerzo. ¿Tienes una hermana?
—Nop. Soy hijo único.
—Yo también. —Me miró, y luego dejó escapar un suspiro—. ¿Es un buen barrio?
—Es súper aburrido —dije, acercándome a su segundo juego de cómics—. Sin embargo, no tendrás problemas para hacer amigos. Cada familia en esta cuadra y la siguiente tienen puras hijas.
—Ya me di cuenta —gimió—. Conocí a las gemelas ayer, y me invitaron a jugar a disfrazarme y tomar té este fin de semana.
—¿Ves? Serás la mejor amiga de las gemelas Cramer antes de que te des cuenta.
—Odio jugar a los disfraces. —Arrugó la cara—. Y también odio el té. Solo fingiré estar enferma.
Sonreí. Tal vez Hinata no era tan mala después de todo. Bueno, ella todavía era una niña, pero tal vez era una chica genial. Por ahora.
—Fue un placer conocerte, Hinata. —Me dirigí a la puerta una vez que escuché a mi madre decir mi nombre.
—Espera. —Señaló a mis auriculares—. ¿Qué estás escuchando?
—Buena música, confía en mí, estoy seguro de que no sabrías nada sobre eso.
—Pruébame. —Me lanzó un porta CDs, así que saqué mi porta CD de mi mochila y se lo tiré a ella.
Revisé todos sus discos y sentí que mis ojos se ensanchaban mientras leía los nombres de cada artista. Con la excepción de unas pocas bandas de pop terribles, escuchaba a casi todos los artistas que yo escuchaba.
—Supongo que tu gusto no es tan malo. —Me devolvió mis CDs y yo le devolví los suyos—. Y sabes, tú tampoco tienes mal gusto en música. ¿Tus padres te dejan usar internet?
—Sí y no —admití—. Mis padres siempre revisan la computadora antes y después de utilizarla, así que realmente no la uso.
—Está bien, bueno… —Sacó una tarjeta y anotó su nombre completo y dirección—. Prefiero escribir cartas de todos modos.
—¿Quieres que te escriba una carta? ¿Incluso si vivimos en la misma calle?
—¿Por qué no?
—Porque estás justo al final de la calle —le dije, riendo—. Siempre estoy afuera. Solo ven si tus padres te dejan. Además, por el aspecto de las cosas en tu panel de corcho, parece que apenas puedes deletrear. "Olvidar" se deletrea con una "i", no una "e". Claramente, sería injusto para mí esperar que escribas una carta decente si no puedes entender una palabra tan simple como esa.
—Agh. —Puso los ojos en blanco—. Bien, como sea.
—Bien. —Caminé hacia el pasillo, pero antes de que pudiera poner mi pie en el primer escalón, sentí que presionaba sus manos contra mi espalda. La sentí empujándome hacia adelante, y antes de que me diera cuenta, estaba cayendo por las escaleras. Con fuerza.
¿Qué dem...
Contuve un grito cuando golpeé el último escalón y miré hacia arriba esperando una explicación, pero todo lo que hizo fue cruzar los brazos.
—Cambié de opinión —dijo—. No me agradas y no quiero ser tu amiga. Además, la palabra "olvidar" está deletreada exactamente como yo la deletreé, así que quizás necesites que te revisen los ojos o aprender a leer. Toma eso, Naruto.
—Yo tampoco quiero ser tu amigo. —La miré furioso mientras me ponía de pie, sabiendo que nunca debería haber confiado en una chica estúpida—. Olvídalo, Hinata.
Continuará...
