Buono
—Maldición —gruñó el italiano mientras intentaba, con un gran esfuerzo, apartar su vista del albino que había decidido ponerse a entrenar en ese preciso momento y con él allí.
No es que el tipo tuviese un gran físico, para nada. De hecho, comparado con el macho patatas rubio de su hermano menor él era más delgado, bastante más, pero sus músculos estaban bien definidos, marcados sin llegar a lo grotesco; sin la camisa puesta podía ver incluso las entradas, los huesos de su cadera marcados a cada lado y con algo de sudor resbalando hacia sus shorts deportivos. Lo estaban invitando a mirar más de cerca. Y no era lo único que lo invitaba a hacer algo, sino también esos brazos desnudos y firmes que parecían poder sujetarlo como si fuese frágil y ligera señorita… se preguntó cómo se sentiría que lo sostuviera así…
Sacudió su cabeza con semejante brutalidad que al detenerse se sintió mareado. Perfecto. El dolor por la sacudida evitaría que pensara en el atractivo cuerpo del hombre que tenía a escasos metros de distancia.
Y es que, maldita sea, Lovino tenía que admitirlo: Gilbert Belischmidt no era feo. Todo lo contrario, estaba bueno por donde fuese que se le ocurriese mirar (y vaya que se le ocurrió mirar, y mirar bastante).
Maldijo al idiota porque tuvo que ponerse a dar ese espectáculo en medio de la sala común de los dormitorios. ¡¿Es que no podía irse al maldito gimnasio?! ¡Estaba a 5 minutos caminando, y era gratis! No, se tuvo que poner allí, con todo su equipo, sacarse la camisa porque según él hacía demasiado calor, y empezar a ejercitarse como si fuese su casa.
El bastardo se estaba burlando de él, eso fue lo que pensó el Vargas. Pero más equivocado no podía estar, porque, si bien Gilbert estaba bueno físicamente, era un idiota poco disimulado. Y Lovino era un idiota que no sabía leer el ambiente ni captar indirectas muchas veces, porque de ser así se hubiese dado cuenta de que el albino lo miraba con cada movimiento que hacía.
Ah, pero claro, Lovino estaba muy ocupado con sus ojos clavados en semejante culazo… Gilbert Beilschmidt, otro maldito idiota incapaz de entender las señales obvias.
—Cazzo, ¿es que te piensas quedar todo el rato aquí? —Estalló finalmente, con los nervios de punta, la cara roja, y evitando por todos los medios mirar su-
—Kesesesese, ¡por supuesto! —Si algo divertía e idiotizaba a Gilbert, era ver la cara sonrojada del romano. Valía toda la pena— El asombroso tiene una imagen que cuidar —-y le guiñó un ojo mientras hacía una típica pose tonta de comercial de físicoculturistas.
Lovino se mordió el labio inferior y frunció el ceño.
—Eres un imbécil.
Y giró finalmente el rostro, negándose a sus deseos de seguir apreciando ese cuerpo y esa sonrisa tan ridículamente perfecta.
Gilbert, con una mancuernilla en la mano, giró el rostro de nuevo para volver a clavar sus ojos en el italiano, pero no en su rostro.
Ciertamente, el ojiolivo no era el único que tenía pensamientos acerca de lo bueno que estaba el cuerpo de su acompañante. Se había puesto a ejercitar ahí a propósito, porque quería que lo viera, pero también porque quería verlo, y en aquella posición sentado sobre la silla y apoyando su codo en la mesa para así reposar su mejilla sobre su mano… al albino se le cayó la mancuernilla, casi sobre el dedo meñique, pero sólo rompió un poco la cerámica.
—¡Oh, scheiss! —Maldijo en voz alta y con una expresión de pánico— Herr Vatter va a matarme, ahh.
De repente, entre su nerviosismo, escuchó algo que disipó toda sensación desagradable acerca del temible director (cosa que ya era mucho decir); la risa de Lovino era, quizá, bastante estruendosa pero nada a comparación de la suya. El asunto fue que lo escuchó, riéndose con ganas de su estupidez segundos antes de ponerse de pie y salir de la sala común.
Sin saber exactamente por qué, comenzó a reír de la misma forma.
Ambos, Gilbert desde la sala intentando ocultar su descuido y Lovino oculto tras la entrada y lejos de la vista del mayor, pensaban que su interés amoroso estaba REALMENTE bueno, y más allá del cuerpo y el físico que se comían sigilosamente cuando otros no se percataban… sino aquellos gestos que enganchaban y se contagiaban.
Oír su risa también era algo bueno.
Enamorarse era algo bueno, ¿no?
Oh, sí, lo había olvidado xDUu
Aggiungere significa añadir, peeeeero lo decidí tomarlo de otra forma ;) (?)
Sí, sí, sé que no tiene sentido ni nada pero meh xD
Oh, y la expresión "buono" en italiano es como en español, tal cual. Una persona puede "ser buena" en el sentido de ser amable, agradable o ser hábil en X actividad. O puede "estar buena" porque uff, perro culazo el que tiene.
Así como la comida, para un italiano no hay diferencia entre decir que una pizza está buena o que una mujer está buena. Igual a las dos se las quiere comer(?)
PD: Internet es traicionero. Internet se va y no avisa. Internet Culero.
An
