"(…) la historia, pues, ha dejado en muy mal lugar a nuestro Líder Uchiha Madara I, el Conquistador. Recordemos que el Norte y el Sur no solo no comparten al mismo rey, sino tampoco las costumbres y mucho menos los Dioses.
Sólo hace falta ver que en el sur se adora a Amaterasu, la Diosa del sol, mientras que en el norte adoramos a Tsukuyomi, el Dios de la Luna. Así de grandes son las diferencias entre las tierras del verano y las tierras del perpetuo invierno.
Los libros del dominio hacen ver a Madara como un amanerado enamorado de Hashirama, pero lo cierto es que el amor era mutuo y para comprobar esto existen cartas que el Conquistador envió a su mejor amigo luego de exiliarlo a las infértiles tierras del hielo. Cartas donde le contaba lo infeliz que era, que la paz no había logrado llenar todos los vacíos existenciales que tenía, sin embargo, no existe rey que perdone la traición y esto va para ambos reyes.
Hashirama fue el primero en cometer traición al casarse con Uzumaki Mito y al tomarla como esposa traicionó a sus Dioses e incluso a sí mismo. La traición fue el precio que Senju Hashirama tuvo que pagar para obtener paz.
Pese a esto Madara permaneció al lado del Conquistador, aun cuando pudo haber tomado el trono para sí mismo, se conformó con ser su consejero, su mano derecha, sin embargo, no pasó mucho tiempo para que Uzumaki Mito, una muchacha de quince años notara la atracción física y química que existía entre ambos hombres y aunque Hashirama hubiese cambiado de Dioses frente a su esposa y el pueblo, lo cierto es que seguía perpetuando las prácticas que sus Dioses le heredaron.
Para los antiguos Dioses -los que siguen teniendo los Uchiha y los que solía tener el Conquistador- el coito entre hombres no sólo da placer, sino fortaleza y valor para los guerreros. Los hombres son la creación misma de Hachiman, el Dios de los Guerreros y tener intimidad con un hombre no es otra cosa que tenerla con un Dios. Solo hay una Diosa entre los Antiguos Dioses: Kore, Diosa de la muerte. He ahí porqué las mujeres no son consideradas seres sagrados para los hombres que se rigen por los antiguos Dioses.
Muchos creen que Mito castigaba a Madara al crear leyes e impuestos para los amanerados, pero lo cierto es que estaba castigando a su esposo, era una manera de decirle "sé lo que está sucediendo".
Hashirama ordenó al bien amado Uchiha casarse, esto para tratar de alejarlo de él y olvidarlo, incluso lo envió lejos, a las Islas de La lluvia donde no le era útil a nadie, pero Madara obedeció, fue ahí donde finalmente calló los rumores que había sobre él y contrajo matrimonio con sus hermanas: Valahj y Kayan, ambas gemelas y antes de la siguiente nueva luna ambas ya estaban encinta.
El Conquistador, se dice, tenía dos años casado con Uzumaki Mito y sólo había desflorado a la muchacha la noche de bodas, luego de eso no hubo nada más o al menos eso llegaron a revelar una o dos doncellas de la niña, sin embargo, apenas se enteró que Madara sería padre, no tardó mucho en embarazar también a su esposa, sin embargo, sus diosas no fueron tan benevolentes como los Dioses de Madara.
Uma No Uzume la Diosa de la fertilidad colocó un bebé muerto en el vientre de Uzumaki Mito y dos más luego de este.
Los cuatro hijos de Madara ya tenían siete años para cuando Hashirama tuvo por fin a su primera hija: Senju Tsunade, la primera con el nombre y su futura heredera. La chiquilla comenzó a ser entrenada por su padre en cuanto tuvo edad para sostener una espada y así mismo había hecho Madara con los suyos, quien ya tenía una hija de cinco años -Bekka- para cuando Hashirama tuvo a su primera.
Su primogénito llevaba su nombre, sin embargo, jamás mostró talento para la guerra, en cambio Yuhui, Obito y Valahi ya habían matado cientos de hombres antes de cumplir diez años, a los catorce ya eran guerreros habilidosos y pronto tuvieron sus propias opiniones respecto a la política y el por qué estaban tan lejos del dominio.
Madara regresó al dominio con una propuesta para su mejor amigo: Él tenía cuatro hijos, todos apuestos, inteligentes y tres de ellos habilidosos con las armas y Hashirama tenía una hermosa hija.
"Tú y yo no pudimos reinar juntos, pero nuestros hijos podrían hacerlo, yo tuve dos esposas ¿por qué una reina no podría tener dos esposos también?"
Mito respondió con una ruidosa carcajada.
"¿Por qué mejor no te largas a casar a tus hijos unos con otro? ¿A Valar con Yuki, por ejemplo?"
"Valahi y Yuhui, mi señora, esos son sus nombres".
"Poco me importa" había dicho Mito encogiéndose de hombros. "Mi hija es la futura reina del dominio, jamás la comprometería con alguien de su estirpe maldita".
Se sabe porque Madara había llevado a un maestro de las letras para anotar todo lo que pasara, pensando en que su propuesta sería bien recibida por su amigo, pero éste nunca estaba solo.
Y Madara hacía tiempo que tampoco estaba solo, sus cuatro hijos le acompañaban y Obito, quien pasaría a la historia como Obito Desflorareinas, enseguida desenfundó su espada y señaló a la reina, su padre no intentó nada para detenerlo, se limitó al sonreír al ver la expresión de su señora, la reina y la sonrisa burlona de Hashirama.
"Muestre respeto ante mi padre, el hombre que sentó a su esposo en el trono" ordenó Obito quien tuvo apodos peores que Desflorareinas.
"Pero si son iguales a ti" se rio Hashirama y Mito salió de la sala de audiencias echando humo por las orejas.
Sin embargo, no hubo ceremonia entre Uchiha y Senju, pues la heredera ya estaba comprometida con el futuro líder del Clan Shimura que en ese entonces era numeroso y poderoso.
Entonces Bekka y Yuhui se casaron para mantener la sangre Uchiha pura, Obito y Valahi se casaron con primas, ya que Madara no volvió a tener hijos ni hijas. Madara, el primogénito, quien pasó a la historia como Madara el Fiel jamás se casó, pasó su vida estudiando la vida, las letras, los números y las estrellas.
En el año veinte después de la conquista el caos volvió al dominio, alguien había envenenado las aguas aledañas y Mito no tardó en estirar su dedo acusatorio para señalar a Madara y a sus hijos. ¿Cómo si no? Estaba furiosa, pues apenas había logrado sacar al viejo Madara de la cabeza de su esposo cuando se enteró que Madara el Fiel era el nuevo amante del rey.
Para empeorar las cosas sobrevino una gran sequía y nuevamente Mito acusó a los Uchiha y a sus prácticas incestuosas y amaneradas que enfurecían a las Diosas. Pronto comenzó una cacería de Uchihas o más bien de personas parecidas a éstos, pues un Uchiha jamás fue asesinado en el lecho de los tenderetes; la reina entregaba una moneda de plata por cada cabeza de cabello y ojos negros que le entregaran y una de oro por cada cabeza con ojos rojos. Los hombres desesperados por monedas en una sequía donde no sólo escaseaba el agua sino también la plata para conseguir alimento para sus hijos y sus animales, eran capaces de todo. Mataban a personas de cabello negro y luego les picaban los ojos con navajas para que se les pusieran rojos por la sangre. Por supuesto, la reina no entregaba en persona las monedas, de esto se encargaba un primo suyo.
Valahi, tercer hijo de Madara, recibió el apodo de Arrancaojos luego de que asesino a más de cien hombres que habían obtenido monedas del primo de la reina, les arrancó los ojos y luego colocó las cabezas en las puertas de la fortaleza y todos los ojos en un costal junto a las monedas.
Mientras Valahi arrancaba ojos, Madara el Fiel se acostaba con Hashirama, Obito Desflorareinas con la princesa Tsunade y Yuhui El Cruel no se conformaba con arrancar ojos, él seguía sigiloso a las personas que cometían crímenes contra los "Uchiha" o más bien contra simple gente de apariencia similar, violaba a sus hijas, bebés, adolescentes o viejas, luego las cortaba desde la cara hasta los genitales y metía la cabeza de los hombres en las entrañas de éstas para morir asfixiados entre su sangre y viseras.
La guerra entre Uchiha y Senju no tardó en llegar.
Los cuatro hijos de Madara: Obito, Yuhui, Valahi y Bekka pronto comenzaron a hartarse de la paciencia de su padre y éste, al ver que sus hijos ya habían entendido todo, comenzaron a reunirse por las noches, a murmurar y a dibujar mapas.
Los Uchiha eran un clan antiguo, poderoso y sin embargo era humillado y despreciado por los simples celos de una mujer.
Muchos clanes se unieron a su rebelión secreta, señores hartos de una mujer que reinaba a través de un hombre que alguna vez había sido fuerte, hartos de adorar a los antiguos Dioses secretamente y molestos por las nuevas leyes de sucesión que únicamente beneficiaban a las mujeres.
Mataron a cientos de hombres de alta y baja cuna a través de sus ojos y los hilos comenzaron a moverse a su favor.
Madara engendró y educó a los mejores hombres de su ejercito y también al mayor traidor de éste.
Madara el Fiel se enteró de lo que estaba planeando su familia y acudió ante su único rey. Le contó todo y esto, lejos de calmar los deseos de guerra sólo causó la guerra más grande que se haya visto luego de la conquista.
Quizá Hashirama amó a la Sombra Sangrienta algún día, pero no hay rey que pueda soportar la traición como Madara lo hizo.
Madara hijo pasó a la historia como El Fiel en el Sur mientras que en el norte fue Madara el Comevergas Real.
Año ochentaidós después de la Conquista.
Libro: La Primera Gran Guerra d.C.
Autor: Uchiha Bekka.
La Heredera del Trono
Capítulo II
Una reina para un rey
El Bosque de la Muerte era grande, tan grande que un hombre común que no está siendo perseguido tardaría una luna entera en atravesarlo. Naruto intentó ser rápido, evitó el camino más concurrido para no toparse con bandidos ni enemigos, ya que llevaba a una débil y triste princesa sobre sus hombros, literalmente.
El camino no fue ameno, la muchacha apenas pronunció palabra, apenas probó alimento, apenas bebió agua, apenas se mantenía con vida, lloró durante los primeros cuatro días de trayecto, empapando la ropa y la espalda del chico que la cargaba. Era imposible no afligirse al ver a la pobre niña llorar de esa forma tan desconsolada, pero lejos de eso, era peligroso ser escuchados por alguien indeseable, por lo cual, Naruto, que conocía bien el bosque, buscó y recogió unas cuantas flores de ciroflora. Una hierba que sabía, ayudaba con los males del corazón y silenciaba las voces de la mente, además de inducir un sueño profundo en aquellos que bebían su infusión. No había manera de hacer té en aquel lugar, por lo que simplemente le indicó a la princesa que las masticara y ella obedeció sin objetar nada, los labios se le pintaron del color purpura de la flor y luego de cinco kilómetros más cayó presa de un sueño profundo.
Naruto aprovechó esos lapsos de sueño y corrió a toda prisa abriéndose paso entre los arboles y maleza que se cerraban en torno a él. Cuando Sakura despertaba él le ofrecía agua y alimento que rara vez aceptaba, Naruto desaceleraba el paso e intercambiaban una o dos palabras antes de que los efectos de la ciroflora la envolvieran de nuevo.
Un camino que un hombre recorrería en una luna entera, Naruto lo hizo en media. Cuando la muralla de la Ciudadela de Uchigakure se levantó imponente ante él supo que la travesía había terminado, al menos momentáneamente. Los últimos dos días habían sido los más difíciles, le dolían las piernas, los pulmones le ardían, su espalda estaba cansada y las veces que Sakura despertaba lo hacía solamente para pronunciar incoherencias que no hacían más que preocuparlo.
Suspiró agotado cuando se plantó frente a un hombre alto y fuerte, su mejor amigo, quien parecía tener días parado ahí, esperándolos. Hubiera querido abrazarlo luego de tanto tiempo sin verlo, pero le era imposible con sus brazos ocupados sujetando por las piernas a una muchacha que dormía placidamente recargada en su espalda y hasta entonces notó lo irrespetuoso de su tacto.
Miró a su mejor amigo a los ojos mientras a su alrededor caían los primeros copos de nieve que había visto luego de mucho tiempo; desde hacía dos días todo había dejado de ser gris verdoso y se había convertido en puro blanco y los árboles y hierbas quedaron atrás para convertirse en pinos. Así era el norte, también conocido como las Tierras del Invierno Perpetuo, un nombre que le quedaba bastante bien. Agradeció a sus Diosas por haberle permitido cumplir su promesa a la princesa y haberla llevado con bien hasta su destino y fue como si en ese momento estas le hubieran quitado las fuerzas que le habían prestado y sus rodillas se doblaron vencidas por el peso de su cuerpo, entonces notó un cansancio tremendo que lo hizo sacudir la cabeza para sobreponerse.
— ¿Es ella? — cuestionó el hombre frente a él.
Asintió, colocándola suavemente sobre la nieve.
— Debes llamar a un hierbaestro, está muy mal, Sasuke.
El aludido se arrodilló frente a la chica y arrugó la nariz mientras le apartaba un mechón de cabello del rostro. El aspecto de Sakura era terrible, tenía la piel pálida, los labios agrietados y morados por las flores que había masticado durante días, tenía el rostro hinchado y sucio, su vestido estaba rasgado y se cubría con una simple capa de algodón. Parecía que estuviera muerta pero su pecho seguía subiendo y bajando.
— ¿La hirieron? — quiso saber el norteño.
Naruto negó.
— Sólo hazlo.
Sasuke asintió con la cabeza. Sobre ellos nubes gruesas y oscuras se movían con extrema lentitud, soltando de a poco lágrimas de hielo sobre sus cabezas y hombros.
Apenas podía caminar, se levantó con dificultad del suelo apoyando las manos sobre sus rodillas, sintiendo el ardor del pecho disminuir conforme respiraba el aire gélido de Uchigakure y observó como su amigo, Uchiha Sasuke, levantaba a la princesa del suelo con sumo cuidado. Apenas la separó unos centímetros de la nieve ésta abrió los ojos jade, los tenía hinchados y rojizos, observó el cielo unos segundos con confusión, ambos hombres se mantuvieron en silencio e incluso contuvieron la respiración instintivamente y cuando la muchacha miró los ojos negros de quien la tomaba en brazos suavizó el gestó y parpadeó aún más confundida.
— ¿Por qué…? —una nubecilla de vapor se formó fuera de su boca, negó levemente con la cabeza y pareció no saber que decir durante unos segundos, pero luego continuó— ¿por qué estás tan triste? ¿Tú también… perdiste a tus padres?
Naruto y Sasuke se miraron, pero ninguno dijo nada y acto seguido la muchacha volvió a cerrar los ojos para dormir una vez más.
Sasuke avanzó a toda prisa por entre los árboles, sólo había un lugar en el que Itachi podía estar cuando no se le encontraba en la fortaleza: el patio trasero, en medio del bosque sumergido en el hirviente estanque de aguas termales. Eran aguas milagrosas, acudían a reparar el cuerpo maltrecho y cansado de su hermano.
Se había encargado de dejar a la niña en los que serían sus aposentos, una habitación acondicionada especialmente para ella. Tenía un colchón de plumas cubierto de pieles y rodeado de seda para poder esconderse por las noches; tenía su propia letrina, un brasero para darse calor, una tina para tomar baños calientes, un pequeño balcón y una vista maravillosa al bosque; además Itachi se había encargado de tener a dos damas de compañía que la ayudarían a todo. No se trataba de simples mozas, el asunto de la princesa era algo muy delicado, no podía quedar a cargo de dos criadas vulgares. Las jóvenes habían llegado al castillo tiempo atrás, se habían ganado la confianza del rey y entonces él les había encomendado esa labor. Tal vez limpiarle el culo a una princesa no era algo que una dama de alta cuna deseara, pero serían bien recompensadas.
Así, nadie podía ver a la princesa, sólo él y las damas.
Itachi aún no sabía que la princesa había llegado y había muchas cosas que hacer. Sasuke no sabía casi nada, sólo estaba enterado de que la niña ni siquiera había alcanzado a sentarse en el trono cuando se lo habían arrebatado. Había tenido una conversación muy corta acerca del tema con el rey. "Sólo cállate y haz tu trabajo" le había dicho, y a él no le quedó más que obedecer pese a no estar de acuerdo con darle asilo a aquella niña.
Conforme se adentraba al bosque comenzó a oír risillas y voces secreteándose. Conocía muy bien aquellas voces, se trataba de su hermano y su mejor amigo y primo: Uchiha Shisui. Itachi nunca estaba rodeado de mujeres, aquello comenzaba a levantar sospechas y a hacer que ciertos rumores corrieran, sin embargo, nadie se atrevía a decir nada de aquello en presencia del rey.
Se aclaró la garganta cuando las aguas termales quedaron frente a él y los hombres dentro se giraron a verlo, enseguida se borró la sonrisa en sus rostros, Shisui bajó la cabeza enseguida y depositó un cortés beso en la mano del rey antes de salir del agua desnudo; Sasuke desvió la mirada e ignoró la desnudez del muchacho.
— Ser— reverenció Shisui dirigiéndose a él con una sonrisa burlona en los labios, se giró a ver nuevamente a Itachi y ambos soltaron una risita de complicidad.
Sasuke lo ignoró.
Cuando quedaron a solas Itachi comenzó a estirar los brazos con cansancio y se giró para quedar de frente a él. Enarcó una ceja y suspiró. Lucía agotado, casi enfermo.
— ¿Llegaron? — preguntó luego de unos segundos de silencio— ¿Y? ¿Pasa algo?
— Tienes que parar— sugirió con amargura.
Itachi ladeó el rostro y entrecerró los ojos.
— ¿Hermano?
Sasuke dio un paso al frente, su gesto no cambió.
— Las personas comienzan a hablar.
— ¿Ah sí? ¿Y de qué hablan? — cuestionó con gesto desafiante.
— Lo sabes tan bien como yo, Itachi, tu amante no está siendo nada discreto y tu tampoco, vas por ahí llenándolo de joyas y favores. Debes casarte ya y callar todas esas voces.
Itachi se puso de pie de golpe, salió del agua muy rápido, por su cuerpo se escurrió el agua humeante y su desnudez fue golpeada por una ráfaga de aire frío.
— Cuenta la historia que Uzumaki Mito le pidió lo mismo a Madara, nuestro antepasado, el verdadero conquistador ¿y sabes cómo respondió él? — Sasuke lo sabía, Madara había tomado a sus dos hermanas como esposas más por molestar a la reina que por devoción, sin embargo, no respondió. Itachi esperó unos segundos para continuar— Se casó con sus hermanas… yo no tengo hermanas, Sasuke, pero te tengo a ti ¿qué dices?
Aquello no le causó la menor gracia, no apartó la mirada de los ojos burlones de su hermano mayor y la sonrisa divertida en el rostro de éste pronto se convirtió en un gesto severo que podría asustar al señor más curtido.
— Los cuervos no dan explicaciones a los colibríes, sólo hacen lo que hacen— explicó el rey encogiéndose de hombros.
Itachi era conocido como el Cuervo Negro de Uchigakure, tenía fama de ser un guerrero excepcional, un muchacho que jamás había perdido una guerra y un hombre sabio. Había tomado el trono con apenas doce años y lo había defendido furiosamente desde entonces, era un buen rey y había sido un buen hermano mayor, pero como todos los reyes antes que él, el poder comenzaba a cegarlo y cambiarlo.
— ¿Cuánto tiempo va a quedarse?
El rey había comenzado a vestirse, ya tenía los pantalones y estaba ocupado colocándose las botas.
— Lo sabrás— aseguró—, haz llamar a todos los señores, quiero verlos antes de la nueva luna.
Sasuke asintió y se dirigió rápidamente a la Torre de Valahj, lugar en el que se encontraba el maestro de las letras, quien se apresuró a escribir mensajes para todos los señores del reino, grandes y pequeños por igual, Itachi siempre los tomaba en cuenta a todos. El gran hombre de cabello cobrizo colocó el sello de cera negra con el emblema del Clan Uchiha y los cuervos partieron.
En todas las ciudades del otro lado del Mar de Shinatobe y en Sakuyo No Hime utilizaban a los halcones para enviar mensajes, pero Itachi, al ser el Cuervo Negro de Uchigakure se empeñó en entrenar a estas aves para entregar los mensajes, además los cuervos soportaban mejor el frío que los halcones, quienes muchas veces morían durante el camino a causa de las bajas temperaturas invernales.
Las aves partieron y tres días después comenzaron a llegar los primeros señores. El clan Nara quien gobernaba Monte Nevoso, Akimichi del Corazón del Herrero, Fujimori de Aguasclaras, el clan Yuki del Valle Maldito, Nimura de Bosque Negro, Aoyama de Poza de la Luna, el clan Arada de Tierra Blanca, Yamanaka de Camino Estrellado, el clan Kato de Tioamad y todos los demás estuvieron en Uchigakure antes de la luna llena. Todos los señores fueron hospedados en la Fortaleza de Madara, sus sirvientes levantaron tiendas a las afueras de Uchigakure junto a una pequeña hueste de guardias.
Sasuke no había vuelto a ver a la princesa ni había tenido noticias de ella, no había motivo para tenerlas, pero sabía que el rey aún no se dirigía a verla; se imaginaba que ella tendría muchas preguntas, incluso él las tenía, no sabía qué era lo que su hermano tenía en mente que merecía guardarse en secreto con tanto recelo. En la fortaleza todos actuaban como siempre, nadie sabía lo que se escondía en el Torreón de Kayan y no había motivo para que lo supieran.
Él era la mano derecha del rey, su mejor consejero e incluso había juramentado su vida a él como una espada de sangre, no podía desposarse ni tener hijos, títulos o tierras y el día en que Itachi muriera tendría que seguirlo al más allá para continuar cuidándolo, cada rey del Norte partía del mundo junto a su mano derecha, había sido así siempre. Una espada de sangre que sobrevivía a su rey no era un buen guerrero, ni siquiera merecía ser llamado así. Por este motivo Itachi había confiado en él para enviarlo a recoger a la princesa sureña a las afueras de Uchigakure. Él siempre era el primero en enterarse de todo, excepto en esta ocasión.
Hacía dos días había despertado, no sabía en dónde estaba, cuánto tiempo tenía ahí o en qué calidad, pero todo parecía indicar que era una prisionera. Las doncellas no le dirigían la palabra, ignoraban sus preguntas y sus comentarios. La trataban con brusquedad y la hacían pasar frío.
Estaba recargada en el balcón, mirando el bosque nevado, aquello sólo le decía que se encontraba en el norte, nada más, jamás había estado ahí, no conocía los castillos, los emblemas ni nada; sólo conocía el clima. No podía ver la ciudad, tan sólo el frío bosque y sus pinos verdes que parecían grises. Cuando miraba hacia abajo a veces tenía ganas de lanzarse al vacío, sus días estaban contados, lo sabía, no era estúpida.
¿Su madre había sentido miedo alguna vez?
Sí, su madre había sentido miedo prácticamente toda su vida y por eso la había apartado del pueblo.
Recordó que alguna vez fue amada por ellos, cuando nació, el pueblo clamó conocer a la heredera del trono, su madre le contó que la gente gritaba de emoción y el siervo del templo la bendijo en una ceremonia en la que le auguró buena salud, belleza y fuerza.
La reina madre había estado embarazada antes de tenerla a ella, de tal embarazo nació un ser que era niño y niña a la vez, con el rostro deforme y las extremidades amorfas… dicen que su apariencia era tal que cuando la partera lo vio lo dejó caer al suelo por el miedo, creyó que la reina había parido a un demonio. Aquella criatura apenas vivió dos noches, pero contaban las nanas y las doncellas que Tsunade no había soltado a la criatura en ningún momento, ella lo amó a pesar de su apariencia, lo mantuvo pegado a su pecho hasta que su corazón dejó de latir y cuando esto pasó mandó apresar a la partera, asegurando que su hijo habría vivido una vida entera si no hubiera sido por aquella mujer que lo dejó caer. La partera tuvo el mismo destino que el bebé.
"¿Para qué quería la reina que aquella criatura viviera toda una vida? Era claro que se trataba de un castigo de las Diosas" explicaban las personas que se atrevían a contar aquella historia.
Todo el pueblo lloró a ese bebé y en su honor hubo cinco días de luto, uno por cada Diosa. Cuando la reina volvió a quedar encinta todos rezaron para que se tratara de una niña, una heredera para el trono y en esa ocasión Uma No Uzume había sido bondadosa, la colocó a ella y a su hermano en el vientre de su madre y cuando nació, según Tsunade, toda la ciudad celebró durante cinco días y cinco noches, los señores de todo el reino habían viajado para conocerla y habían quedado complacidos de comprobar que se trataba de una niña hermosa y sana.
Se sobresaltó cuando alguien tocó su hombro. No supo cuánto tiempo había pasado mirando el cielo gris; se giró enseguida esperando que se tratara de una de las doncellas, pero se trataba del hombre rubio que la había llevado hasta ahí.
Se abalanzó a sus brazos en acto impropio de alguien de su rango, pero no le importó, era la única persona conocida que veía en varios días que a ella le habían parecido una eternidad y sin notarlo lágrimas comenzaron a salir de sus ojos y se dio cuenta de lo frágil que era y de lo herida que estaba.
Lo había perdido todo en tiempo récord, nunca existió entre sus antepasados alguien a quien le quitaran el trono.
— ¡Estás aquí, creí que me habías abandonado! — suspiró con anhelo y él correspondió a su abrazo con pena.
Cuando lo soltó, él inmediatamente se dejó caer sobre su rodilla en un acto solemne y ella se limpió las lágrimas y se obligó a sonreír.
— Soy su hombre, princesa.
La sonrisa de Sakura se convirtió en un gesto amargo.
— Será mejor que deje de llamarme así, ser, ya no soy más una princesa y creo que… si sigo viva en unos días, lo mejor será que cambie mi nombre.
Naruto se levantó del piso y se aproximó a ella, tomó su mano entre las suyas. Era un acto atrevido, pero Sakura lo dejó pasar, era todo lo que tenía ahí, un hombre al que apenas había conocido y con quien había hecho el viaje más largo de su vida.
— Está en Uchigakure, princesa, aquí la protegerán, se lo aseguro.
Entrecerró los ojos con duda.
— ¿Uchigakure?
Naruto asintió.
— La capital del Norte, lady Sakura. El mismo rey le ha dado asilo en su fortaleza.
—¿Asilo, dice? ¡esto es una prisión! Necesito salir de aquí, quien haya tomado la corona no se detendrá hasta encontrarme y si logra sobornar a este "rey" … no quiero imaginármelo— sacudió la cabeza y se alejó del noble hombre.
— No tema, por favor.
Ella soltó una risilla amarga.
— ¿Desde hace cuánto estamos aquí, ser?
— Hace siete días, mi lady. Usted estuvo dormida porque, bueno…— las mejillas se le pusieron coloradas— el hierbaestro dijo que estaba intoxicada de ciroflora, por eso pasó tanto tiempo dormida.
Recordaba algo de eso, tenía la memoria aún borrosa, pero recordó haber bebido una pócima que le causó vomito y diarrea, había pasado casi un día entero sentada en la letrina. Tal vez las doncellas estuvieran molestas de tener que limpiarle el trasero a una mujer casi inconsciente.
— ¿Quién dio la orden, ser? ¿Cómo fue que el anciano de los sapos pudo sacarme de la fortaleza?
— La reina dio la orden, mi lady y yo recibí la orden del rey Itachi, estuve esperando por usted en el bosque de la muerte durante… tres días…— fue como si Naruto se hubiera dado cuenta de algo y calló.
Sakura negó con la cabeza y se dio la vuelta para quedar de frente al hombre.
— ¿Mi madre? ¡Imposible! Ella ya estaba muerta ¿cómo iba a saberlo? ¿cómo es que el rey del Norte sabía que ella iba a morir? ¿Te das cuenta, Naruto? ¡Ellos tienen algo que ver con la muerte de la Reina Madre! — su respiración se volvió agitada y sintió que de pronto sus pulmones no alcanzaban a llenarse de aire, tuvo miedo y bajó la voz— No estoy a salvo aquí… Tienes que ayudarme a escapar.
El rubio parecía asustado, tenía los ojos muy abiertos y casi vidriosos.
— No, por favor no diga eso… podrían oírla.
— ¿Y qué más da? ¡Van a asesinarme! Si realmente significo algo para usted sáqueme de aquí.
El rostro del muchacho no cambió, Sakura entendió que lo había acorralado y se sintió avergonzada por ello, ella ya no era más una princesa, su clan estaba prácticamente extinto o al menos la rama principal lo estaba. Senju Sakura era un nombre que ya no significaba nada.
Naruto quiso hablar, pero ella no se lo permitió, caminó a toda prisa hacia la puerta y lo miró.
— Váyase, ser, no voy a arrastrarlo a la muerte conmigo. Me queda claro que ya no sirve al clan Senju.
— No la pueden asesinar porque van a casarla con el rey— soltó de pronto. Sakura se quedó pasmada y tragó grueso; Naruto miró sus pupilas temblar y temió haber dicho demasiado— Me lo dijo el viejo Jiraiya, por favor no diga que se lo dije.
Sakura se llevó ambas manos al pecho, sin darse cuenta sintió su espalda tocar el muro de piedras y sus rodillas se doblaron, de tal modo que se deslizó lentamente hasta el suelo. El miedo a la muerte se había marchado sin decir adiós, pero temió que algo peor se instaló en sus entrañas, un nudo en su garganta y un vacío en el estómago que no podía describir; sintió que le faltaba el aire. Tenía los labios entreabiertos y no podía dejar de ver al muchacho que acababa de confesarle aquello.
Los nobles se unían diariamente mediante matrimonios arreglados que resultaban beneficiosos para los clanes implicados, no estaba envuelta en nada del otro mundo, sin embargo, era la primera vez que la realidad la golpeaba de aquella manera. Aún lloraba la pérdida de su madre y maldecía su destronamiento, se sentía vulnerable y definitivamente tenía la inconsciente necesidad de ser protegida por alguien más ¿sería aquello obra de las Diosas? ¿habrían recordado su existencia? Estaba consternada, sí, pero ya no tenía miedo.
Ante él se encontraban los Grandes Señores norteños,Uchiha, Nara, Yuki, Yamanaka, Kurama, Akimichi, Aoyama, Otsotsuki, Fujimori, Fukushima, Harada, Izumki, Kato, Mori y Nimura. La noche ya estaba bien entrada, Itachi no quería llamar demasiado la atención, ante él sólo se encontraban hombres de confianza, ningún mozo o sirviente estaba presente ni enterado de todo aquello. Itachi había enviado a su mano derecha, Sasuke, a buscarlos.
Las velas iluminaban apenas los rostros de los hombres, pero esa noche no necesitaban el sentido de la vista, necesitaban el oído y el entendimiento. Las ventanas estaban cerradas; se escuchaba el cantar de los insectos y los sonidos propios de la noche. Estaba nevando como en mucho tiempo no nevaba; las copas de los hombres humeaban y ellos se frotaban las manos y se limpiaban los bigotes llenos de vino. Nadie hablaba, todos estaban a la expectativa, conocían muy bien aquel ritual que sólo podía significar una cosa: Guerra. Los hombres conocían muy bien a su joven rey.
El rey se puso de pie en aquella mesa rectangular, tenía a sus cuatro consejeros al lado, quienes observaban a quienes los veían desde abajo. Cuando el rey abrió la boca incluso los insectos se callaron.
— Mis señores, agradezco su presencia esta noche, lamento haberlos sacado de su lecho— sonrió y algunos lo imitaron, pero otros parecían molestos e impacientes, su hermano menor quien se encontraba entre los señores era de estos últimos—. Me han informado que mis señores están impacientes de ver a su rey casado y con herederos… He encontrado a la mujer que deseo desposar, muchos de ustedes me han ofrecido a sus encantadoras hijas, sin embargo ¿qué mejor esposa para un rey que una reina?
La sala se inundó de silencio, aquellos que bebían de sus copas las bajaron inmediatamente. Itachi miró confusión en algunos y molestia en aquellos que no estaban para nada confundidos. Él mejor que nadie conocía las rivalidades entre el Norte y el Sur, era su trabajo escuchar a sus leales consejeros, hombres sabios que conocían la historia de todos los clanes desde antes de la conquista. Había cosas que nunca cambiaban, pero estaba dispuesto a hacerlas cambiar.
— Sólo existe una reina al sureste de Shinatobe, Alteza, La Viuda Dorada— habló Aoyama Aki, el Señor de Poza de la Luna, un hombre grande, robusto y de larga barba oscura, además de ser viejo era listo.
Itachi, el rey, asintió.
— La Viuda Dorada ha muerto en circunstancias extrañas, mi lord—. Informó ante la atenta mirada de aquellos fieros hombres— tuvo una hija, la heredera del trono: Sakura.
— La destronaron— intervino el señor de Bosque Negro Nimura Hiro, se trataba de un hombre aún joven, rondaba los cuarenta y era conocido por haberse casado con una prostituta del sur, una mujer muy bella e inteligente pero ya mancillada—. Mi mujer recibió un halcón, hay caos en Sakuyo no Hime y si mi señor me lo permite, Sakura ya no es ninguna reina y si aprecia su vida lo mejor que puede hacer es tomar el apellido de su desconocido padre y atravesar Shinatobe.
— La mujer toma la condición de su señor esposo, mi lord, usted lo sabe mejor que yo— Hiro se removió incómodo en su silla y miró de reojo a los hombres que lo veían— es reina la mujer que se casa con un rey. Sakuyo no Hime le pertenece a Sakura por derecho de nacimiento y por derecho nupcial me pertenecerá a mí. Vamos a recuperarlo.
La sala explotó en murmullos, gritos y maldiciones. Itachi esperó pacientemente a que todos se callaran, él sabía lo que iba a suceder y tomó la decisión. Fujimori Dai se puso de pie y golpeó la mesa con tal fuerza que todos callaron.
— El Norte disfruta de su primer decenio de paz ¿qué es lo que sugieres, Itachi, que nos metamos en asuntos de Senju? — Opinó el señor de Aguasclaras— Soy un hombre viejo— admitió— y los Dioses no fueron bondadosos conmigo, mi único hijo murió en la Batalla de los Impostores, mis hijas aún no tienen edad de desposar a un hombre ¿qué sería de mi linaje si marcho a una guerra ajena?
Pronto un murmullo se escuchó por toda la sala, muchos estaban de acuerdo, otros se encontraban en la misma situación.
Itachi hizo una seña para callar las voces.
— Cuando la despose dejarán de ser asuntos de Senju y se convertirán en asuntos del rey.
La inconformidad aumentó, Sasuke lanzó una mirada a su hermano, pero éste continuó.
— Las cosechas son más escasas, los hombres nacen y mueren sin haber sentido nunca el calor del sol besar sus cabezas, los viejos se adentran en los bosques para buscar la muerte y dejar de ser una carga para sus familias. El invierno es cada vez más crudo, en cambio, en el Sur existen cuatro estaciones y en cada una de ellas las cosechas son frondosas y variadas, los hombres no necesitan meter mujeres en su lecho para sentir calor y los árboles de fruta crecen en sus castillos. En el pasado los Senju nos entregaron estas tierras como un castigo por la Gran Guerra y en lugar de seguir luchando nuestros antepasados bajaron la cabeza, hoy, el mismo clan Senju nos ha entregado a su Reina y junto con ella todo el basto Sur, Sakuyo No Hime. ¡Las tierras del Sur son bastas y fértiles! ¡Este es el momento que Madara el verdadero Conquistador estaba esperando!
Los hombres habían callado y escuchado a su rey, Itachi se encontraba de pie mirando a cada hombre sentado frente a él y vio la determinación en todas aquellas miradas, el joven rey conocía bien a los hombres y más a los suyos, los vio sedientos de gloria y esbozó una sonrisa.
— Llegó el momento de tomar lo que era nuestro y nos fue arrebatado. Somos fuertes y orgullosos. Jamás hemos perdido una guerra y les juro que cada uno de ustedes será bien recompensado con tierras, títulos y castillos, tendrán oro para vivir cien vidas.
Sasuke se puso de pie.
— Le sirvo a usted, Alteza, nunca a una mujer del sur. Si a usted le place pelear esa guerra lo acompañaré y daré la vida si es necesario, pero si muere… no lucharé la guerra de una mujer extranjera.
Itachi sonrió, sabía que todos pensaban igual a su hermano, era lo que se temía.
— Marcharemos hasta que tenga un heredero— aclaró— todos ustedes hicieron votos y juramentos. Un hombre que no cumple los juramentos que hace ante los Dioses no vale nada y por eso les digo que Sasuke no es mi sucesor, si muero no es a él a quien tienen que seguir— miró al aludido con ojos filosos y éste frunció el ceño—. Mi heredero será producto de mi semilla y cuando nazca será su trabajo luchar su guerra.
— ¿Y quién será su heredero, Alteza? ¿Una niña como se acostumbra en el sur o un varón al que los sureños no aceptarán?
Las velas ardían y el crujir del fuego sonaba fuerte ante las atentas miradas silenciosas, pero que gritaban muchas cosas. Aquella pregunta podía tomarse como un signo de rebeldía, pero él no era como el rey Sauron, no iba a cortar cabezas sólo por un comentario mal intencionado. Sabía mejor que nadie lo que sucedería si de su semilla nacía una niña… nadie iba a seguirla, eran las costumbres de su pueblo, no podía cambiar eso y la muerte era un concepto que se había apropiado desde muy joven y aún más cuando enfermó. Sabía que iba a morir tarde o temprano y cuando se marcha a una guerra nadie podía prometer vida.
Todos los hombres deben morir, incluso los que llevan una corona sobre sus cabezas.
Sonrió.
— Los hice llamar porque quiero que se preparen, desempolven las armas y desentuman los brazos. Una guerra se aproxima.
Había pasado casi una luna desde que la princesa había huido y la ciudad había caído. El rey Shimura ya había hecho tantos cambios como era posible, el populacho parecía temer a su nuevo rey, las calles se encontraban vacías mientras los hombres Shimura patrullaban la ciudad. Danzo tomaba aquello como señal de respeto y temor, los hombres con miedo eran más fáciles de manipular y eso le agradaba, un pueblo dócil.
Las Diosas cayeron el segundo día del reinado de Danzo, los templos fueron quemados y las estatuas fueron machacadas y con sus restos de piedra se planeaba empedrar algunas avenidas y caminos. El cielo estaba gris debido al humo que aún no terminaba de disiparse; los pobladores fueron invitados -obligados- a asistir a la quema de las Impostoras -Diosas- para quemar todas aquellas imágenes y figuras que pudieran tener de las ya antiguas deidades. Apenas unos cuantos asistieron y mientras tanto los halcones volaron a todos los castillos de Sakuyo No Hime, invitando a los señores a asistir a hincar la rodilla ante su nuevo rey y celebrar un torneo en honor a su coronación. Algunos habían respondido afirmativamente, otros se habían abstenido y como respuesta cerraron las puertas de sus castillos y reforzaron la seguridad de sus torres.
Destronar a una niña huérfana de trece años había sido más fácil de lo que pensó, ni siquiera había tenido que verla a la cara, sin embargo, su existencia representaba un riesgo para él. Mientras ella viviera existiría en el reino alguien con un mejor derecho al trono que él y si algún señor quisiera fornicar con ella y coronarse rey no dudaría en financiar su guerra. Su plan había sido desposar a la princesa quien era su prima; una costumbre muy común en el Norte donde el clan Uchiha mantenía el linaje puro casándose entre primos y hermanos. Le llevaba treintaicinco años a la princesa, lo cual no era para nada raro dado las costumbres de Sakuyo no Hime, apenas una mujer tiene su primera luna roja puede ser desposada, pero la chiquilla había huido como si fuera más lista de lo que aparentaba.
Él sabía que quien la había puesto al tanto de todo debía tratarse de uno de sus propios hombres, pero ¿quién?
Danzo llegó a la sala del consejo y tomó asiento. Tan solo tres de sus consejeros lo esperaban impacientes, los otros tres se encontraban resolviendo asuntos de la ciudad.
— ¿Noticias? — cuestionó apenas sentarse.
La sala se veía casi oscura, en la fortaleza se sentía aún el luto de la Reina Madre; Danzo había pasado por la espada a toda la servidumbre de la fortaleza por lo que no existía nadie que pudiera llorar a la reina, sin embargo, era como si las paredes de piedra lloraran, como si las velas iluminaran con un fuego más tenue, incluso el cielo había estado nublado desde su llegada. Parecía que todo Sakuyo no Hime lloraba en silencio la muerte de las dos reinas.
— La información ya fue revelada, mi señor, todo Sakuyo no Hime sabe a estas alturas que Senju Sakura murió de tristeza, pero que antes de hacerlo lo dejó a usted como su sucesor— habló el joven pelirrojo de ojos color miel, tenía los mismos ojos que su madre y una voz casi melodiosa. Era el consejero más joven que hubiera existido jamás en Sakuyo no Hime, pues apenas tenía trece años.
Un viejo refunfuñó.
— Me parece atrevido haber dicho esa mentira, Alteza, si la princesa sigue viva no tardará en buscar un señor que la despose y con un heredero su reclamo al trono no hará otra cosa que volverse más fuerte.
Danzo soltó una risilla amarga.
— ¿Princesa? ¿Escuché bien acaso? ¿Mentira? ¿De qué mentira hablas, mi viejo amigo?
Ebisu interrumpió.
— ¡Mi lord, su comentario ha sido demasiado atrevido! No existe princesa porque su Alteza no ha tenido hijos…
— ¿Lord? — se río nuevamente Danzo y luego frunció el ceño y torció la boca— Jiraiya no es ningún lord, es apenas un viejo estéril y estúpido, sin clan, sin tierras, sin nada más que algunas cuantas técnicas inútiles.
El aludido calló y los consejeros intercambiaron rápidas miradas.
— Mi trabajo es aconsejarlo, Alteza, no voy a mentirle ni a endulzar sus oídos con palabras preciosas. No tengo tierras, ni clan, pero si estoy en su honorable consejo es porque cree y confía en mi ¿o me equivoco? Y créame que su reinado no estará a salvo hasta que la niña muera.
— ¡Estás hablando de mi hermana! — se apresuró un furioso muchacho pelirrojo. — ¡Es débil y estúpida y no representa ningún riesgo para nadie!
Jiraiya asintió y extendió los brazos.
— Su hermana es hermosa, mi lord y no dudo que habrá más de un hombre que tratará de ganarse sus favores. Recemos a los nuevos Dioses para que no se trate de ningún señor poderoso que le pudiera dar asilo.
— ¡¿A qué se refiere?!
Danzo apreciaba la escena en silencio, era como ver a sus consejeros luchar por demostrar quién era más leal a él. Observó a su primo, el joven Sasori y permaneció en silencio unos segundos, pero luego se puso de pie y colocó una mano sobre la mesa de caoba. Los hombres lo vieron.
— Ya le hemos dado suficiente ventaja… encuéntrenla y mátenla— miraba a Jiraiya y el viejo simplemente asintió en silencio. Movió su vista hasta Sasori quien se limitaba a observar la mesa mientras movía los dedos ligeramente y con rapidez impaciente.
La luz del día le lastimó los ojos cuando las doncellas entraron a la habitación y abrieron ventanas y cortinas, se cubrió el rostro instintivamente con las sabanas que le brindaban calor y se encogió en el colchón de plumas.
— Mi lady, el rey quiere verla de inmediato para dar un paseo a caballo— escuchó a través de las pieles.
Se descubrió el rostro y observó a la muchacha rubia que había hablado, era la primera vez que le dirigía la palabra, desvió la mirada para ver como la otra chica pelirroja se acercaba con un vestido. Sakura se sentó al borde de la cama, vestida únicamente con una túnica de algodón.
— No puedo usar un vestido para montar, necesito unos pantalones— aclaró poniéndose en pie, el suelo frío la hizo estremecerse y luego vio como las dos doncellas se miraron una a la otra con confusión.
Enarcó una ceja nerviosa.
— ¿Mi lady? Los pantalones son para los hombres y las prostitutas.
Se sintió ofendida, pero mantuvo la compostura.
— ¿Y cómo se supone que voy a montar?
La doncella pelirroja soltó una risa burlona que Sakura casi pasa desapercibida.
— Como una señorita ¿no saben hacer eso en el sur?
En el sur las mujeres montaban con una pierna a cada lado del caballo y para ello usaban pantalones y botas, era más cómodo así. Se había acostumbrado hacerlo de esa manera luego de la Gran Guerra en donde las mujeres habían tenido un papel relevante en la victoria; decían los viejos sabios que ver a las mujeres luchar montadas a caballo era un poema para la vista, pues utilizaban vestidos de seda con una transparencia casi vulgar, sus pechos saltaban al compás de los pies del semental que montaban y gritaban con tal fuerza que sus gritos en conjunto ensordecían a los enemigos. Los oponentes morían sordos y con una erección entre sus piernas. Las antiguas mujeres del sur creían que era humillante para sus enemigos el saberse vencido por mujeres y usaban aquellas vestimentas para que no quedara duda de lo que eran. En la Gran Guerra cambiaron los vestidos de seda por pantalones pues descubrieron que era más cómodo y entonces fueron vistiéndose más y más hasta que no importó si quienes montaban eran hombres o mujeres.
No entendía las costumbres del Norte, pero imaginaba a dónde iba todo aquello.
— ¡Karin! — regañó la chica rubia, la aludida se disculpó y bajó la cabeza.
A Sakura no le importó, se dejó hacer por las doncellas para que la vistieran. Le colocaron un vestido negro de terciopelo que la cubría hasta el cuello y le trenzaron el cabello para adornárselo con florecillas blancas que nunca había visto. Se miró frente al espejo con marco de plata, el vestido se ajustaba a su cintura y caderas y el color negro del vestido hacía resaltar su piel blanca y el jade de sus ojos. Finalmente iba a conocer al rey y si lo que había dicho Naruto era cierto entonces quería causar una buena impresión. Un matrimonio significaba protección y cuidados, una vez que estuviera casada no tendría que temer por su vida, poco le importaba si la casaban con un carnicero o con el mismo rey; las únicas personas que se casaban por amor eran los pobres, los agricultores, los pastores, los carniceros… la gente de alta cuna se casaba por interés y había sido así siempre.
"Una convivencia prolongada desata al amor, mi pequeña, tan sólo ten paciencia" le decía su madre.
No sabía nada del Norte, sus costumbres, sus castillos, sus señores, ni siquiera el nombre del rey, pero ¿qué se podía esperar de alguien que no conoció si quiera al que era su pueblo? Lo único que no le gustaba de aquel posible matrimonio era que se tratara de un hombre norteño y no le interesaba si el hombre era feo o viejo. Tenía mucho que aprender.
Cuando llamaron a la puerta respiró profundo y sintió su corazón estrellarse contra su pecho.
La doncella abrió y se hizo a un lado para dejar a un hombre entrar. Un hombre alto, de cabello negro y ojos filosos y oscuros, de piel blanca y mandíbula apretada; tenía los labios delgados y las cejas gruesas, una nariz recta y el cabello ligeramente largo y descuidado. Le pareció extrañamente familiar y se obligó a sonreír.
— Lady Sakura ¿se encuentra lista? — la aludida asintió y se dirigió a él, quién le ofreció el brazo para que lo acompañara, Sakura lo tomó y deseó que Naruto se encontrara cerca para sentirse protegida.
Caminaron por la fortaleza y mientras lo hicieron el muchacho no pronunció palabra, llevaba la vista al frente y el ceño fruncido y entonces recordó en dónde lo había visto.
— Eres el hombre triste— murmuró, pero él no le prestó atención y se detuvo cuando salieron de la fortaleza que resultaba ser mucho más pequeña y menos lujosa que la Fortaleza del Conquistador en el sur.
La luz de día le lastimó la vista a pesar del cielo nublado. Frente a ella se encontraba un hombre montado sobre un semental de color negro y a su lado un hombre que parecía pertenecer a la servidumbre sujetaba de la correa a una yegua blanca y a otro caballo negro.
Tuvo que girarse a ver nuevamente al hombre triste cuando miró al hombre sobre el caballo, ambos eran muy parecidos; el hombre del caballo tenía el cabello más largo que el hombre a su lado, tenía unas profundas ojeras oscuras bajo los ojos y su mirada no transmitía tristeza ni molestia, transmitía tranquilidad y algo tibio la invadió por dentro. Sonrió sinceramente cuando reconoció al que debía ser el rey.
— ¿Sabe montar, lady Sakura? — preguntó el hombre con voz fuerte, pero amable.
Asintió y el hombre triste la llevó hasta la yegua blanca, Sakura se giró a él.
— Puedo hacerlo sola— murmuró y el pelinegro asintió en silencio para alejarse de ella y montar el caballo negro.
Sakura subió a unos peldaños de madera hechos especialmente para alcanzar al caballo, se sujetó de la silla y ante la mirada atónita pero silenciosa se montó a la yegua, con las piernas abiertas, una de cada lado. Escuchó como el rey se rio divertido y se giraba a ver al hombre que la había acompañado hasta ahí, no pudo evitar ruborizarse.
— Lamento que esta sea la primera vez que hablamos desde su llegada, princesa, pero entenderá que las cuestiones del mundo ahora son muy caóticas, tan caóticas que dejamos muchas otras cosas de lado. Soy Uchiha Itachi…— se presentó, pero enseguida fue interrumpida por el hombre triste.
— Es el rey.
Sakura miró a quien interrumpió Itachi, pero éste lo ignoró por completo y continuó mirándola a ella con una ligera sonrisa en los labios.
— Este es Sasuke, mi mano derecha y mi hermano menor— informó el rey restándole importancia y Sakura asintió.
— Haría una reverencia si no estuviera montada sobre el caballo, Alteza. — Itachi rio divertido y comenzaron a avanzar, Sasuke los seguía a unos cuantos metros de distancia.
Pronto se alejaron de la fortaleza y comenzaron a adentrarse más y más entre los callejones y las calles escalonadas en donde las personas vendían algunos alimentos; olía a fruta podrida y a pescado, pero a Itachi parecía no importarle, se veía orgulloso de su ciudad y de su pueblo. Los niños corrían por entre los puestos jugando con kunais y espadas de madera y las risas de éstos hicieron sonreír a Sakura mientras Itachi la observaba. El populacho seguía en sus actividades con normalidad, vendiendo sus productos, comprándolos, simplemente dando un paseo, era como si ya estuvieran acostumbrados a recibir las visitas de su rey.
Uchigakure era una ciudad apretada, había demasiados puestos, demasiada gente y calles demasiado estrechas.
Sakura no podía parar de sonreír, ella jamás había tomado un paseo como aquel en Sakuyo no Hime, apenas y la dejaban salir a los jardines de la fortaleza. Jamás había visto a tantas personas reunidas en un solo lugar y aunque se sentía temerosa al verse pequeña ante tantos desconocidos también se sentía alegre.
Itachi parecía un buen hombre a simple vista, apenas habían cruzado palabra, pero Sakura ya sentía que era un hombre en quien podía confiar, pensó que aquel era un lugar al que podía acostumbrarse a pesar del clima y su mente comenzó a hacer muchos planes a pesar de que el rey no había mencionado nada aún sobre un matrimonio. De pronto se vio deseando no ser alejada de él nunca y se recriminó por haber creído que Itachi podía tener algo que ver en la muerte de su madre, tan sólo de verlo le parecía inverosímil pensar que aquel hombre pudiera hacer algo como eso.
— ¿Qué edad tiene, lady Sakura?
La aludida vio sus pensamientos interrumpidos y se sobresaltó con disimulo. Tardó un momento en responder, era como si su cerebro no pudiera descifrar lo que había dicho.
— Trece— respondió por fin sintiéndose una tonta.
El rey asintió sin quitarle los ojos de encima, Sakura comenzaba a sentirse cohibida.
— Una excelente edad para reinar, yo tomé el trono hace quince veranos con quince años apenas cumplidos— confesó.
Sakura giró a ver instintivamente a Sasuke, quien parecía no estar poniendo atención a lo que ellos hablaban, mantenía su distancia y sus ojos negros se habían vuelto rojos mientras observaba a su alrededor. Estaba cuidándolos.
Negó levemente con la cabeza.
—Creo que el título de reina no fue hecho para mí, yo no tengo un trono y no sé quién habrá tomado mi lugar, pero imagino que la corona le sienta mucho mejor que a mí— se encogió de hombros avergonzada de su debilidad.
— Yo tengo una corona que podría sentarle muy bien—. Sakura se ruborizó enseguida y abrió los ojos nerviosa—. Tengo entendido que nuestras leyes para el matrimonio y las suyas son distintas, aquí las mujeres pueden ser desposadas hasta cumplidos los quince veranos, pero en el sur, si no me equivoco. cualquier mujer que haya tenido su primera luna roja puede celebrar un matrimonio ¿es así?
— A-así es, Alteza.
— Y usted, Sakura ¿ya tuvo su primera luna roja?
— ¿Itachi…? — estaba terriblemente avergonzada y nerviosa, apretó los puños sobre las riendas del caballo sintiendo los dedos entumidos por el frío pero sobre todo para ocultar el temblor en sus manos.
Sakura miró a su alrededor, no supo en qué momento habían dejado la ciudad atrás y habían atravesado las puertas de Uchigakure, se encontraban rodeados sólo de nieve y vegetación. Itachi detuvo su caballo y Sakura hizo lo mismo.
— Su madre estaba enferma desde hacía años, mi lady, cuando enfermó comenzó a enviar halcones hasta mi fortaleza, estuve tan sorprendido entonces como usted lo está ahora. Estaba buscando mi ayuda, tengo en Uchigakure al mejor hierbaestro que jamás ha existido, un hombre que ha pasado su vida experimentando con todo tipo de cosas. Jamás la conocí en persona— admitió—, pero hice tanto como pude por ella, enviamos cientos de pociones y remedios que sólo sirvieron para retrasar su inminente muerte— Sakura sintió su corazón encogerse, hacía días que no pensaba en su madre como una mujer viva, como solía ser, pasó saliva y los ojos se le llenaron de lagrimas que no derramó.
— Ella nunca… yo nunca… no, no lo sabía— confesó insegura.
Itachi asintió y dejó de verla para ver más allá de los pinos y arbustos que los rodeaban.
— En el sur usan halcones para comunicarse, sin embargo, los halcones suelen morir de frío en el norte así que entrenamos cuervos. Su madre y yo hablamos por medio de cuervos, por eso nunca nadie lo supo. Ella estaba enferma, su sangre se convirtió en veneno y sus órganos comenzaron a morir, trató de hacer cuanto pudo por mantenerse con vida, pero le fue imposible sobrevivir. La muerte de una gran reina dejaría un reino en ruinas y ella lo sabía, era consciente de lo que hizo con usted— observó a Sakura de arriba a abajo—, la convirtió en una niña débil y la alejó del reino que le pertenecía, ella misma sembró la semilla de la traición. Tsunade no murió repentinamente, estaba lista para morir, podría asegurarle que eligió el día y la hora para hacerlo y antes de bailar al son de Kore, envió un cuervo para que la sacáramos a usted de su fortaleza. La llamada fortaleza del Conquistador— sonrió con ironía—. Senju Tsunade, La Reina Puños de Hierro, La Justa, La Viuda Dorada, la llamaban de muchos modos ¿no es así? Ella confió en mí y me entregó un reino en decadencia a cambio de que cuidara de usted.
Sintió una oleada de resentimiento, Tsunade sabía que iba a morir y nunca dijo nada, no le dio instrucciones, no le advirtió absolutamente nada. La tristeza se esfumó y se convirtió en coraje. Desvió la mirada. El encanto también se acabó, Itachi no la quería a ella porque pensara que era inteligente o hermosa, tan sólo quería las tierras que por derecho de nacimiento le pertenecían.
¿Si Tsunade no le hubiera ofrecido Sakuyo no Hime él abría accedido a darle asilo y protección? Se sintió nuevamente rodeada de traidores. Apretó los labios.
Quedó impresionado cuando miró a Sakura por primera vez, pocos hombres conocían el rostro de la princesa del sur y había oído decir que se trataba de una niña preciosa, pero verlo y comprobarlo con sus propios ojos lo habían tomado por sorpresa. Cuando la miró subir al caballo y montarlo como si de un hombre se tratara no le quedó duda de que se trataba de una autentica mujer sureña.
A veces fantaseaba con la idea de haber nacido en el cuerpo de una mujer y estaba seguro de que a partir de ese día fantasearía con ser una mujer tan hermosa como la mujer que tenía frente a él.
Cuando le confesó a Sakura lo que había sucedido antes de su llegada notó enseguida como la mirada de la muchacha cambió y como su sonrisa se esfumó, su semblante se volvió oscuro. Itachi esperó pacientemente para que ella recobrara un poco la compostura. Enarcó una ceja ante la atenta mirada de ella, que permanecía sobre el caballo, con la espalda recta y el vestido entallado que resaltaba las curvas que la convertían en mujer más que en una niña. Sus labios eran una línea recta y sus ojos no transmitían el mismo brillo alegre de antes.
— Sólo soy una niña, no sé nada sobre los grandes señores, sus costumbres, sobre la guerra o el matrimonio, tan sólo sé que quiero seguir con vida y pienso mantenerme así, Alteza, no importa qué tenga que hacer para lograrlo— Sakura hablaba con completa honestidad, podía verlo en sus ojos de brillante color jade. — Si quiere Sakuyo no Hime voy a dárselo a cambio de protección.
Se esforzó por esbozar una sonrisa y suavizó el gesto para Sakura, él sabía jugar muy bien el papel de la galantería, todo rey tenía que hacerlo, sobre todo cuando estaba de por medio todo el basto sur.
Sasuke los esperaba a la distancia, vigilando a su alrededor.
— Acepte ser mi esposa y jamás faltará un techo sobre su cabeza, siempre tendrá pan y vino en la mesa, un abrazo abrigador durante el invierno y una espada fuerte para protegerla. No caminará más en la oscuridad porque yo seré el fuego que la ilumine y le brinde calor, a mi lado no volverá a sentir frío y jamás volverá a estar sola. Los hombres que rompen los juramentos que hacen ante los Dioses no significan nada y yo no soy nada, soy el rey y mi palabra vale más que la de cualquier hombre.
Sakura curvó sus labios en una sonrisa, pero sus ojos no sonreían. Apenas la conocía, pero pudo notar que le era imposible ocultar sus sentimientos. Estaba asustada y molesta.
— ¿Cuándo será la ceremonia? — preguntó a modo de respuesta.
— Mañana mismo y si los Dioses son justos mañana llevará a mi heredero en el vientre.
Ella asintió y se miraron a los ojos por unos instantes, hasta que Sakura hizo girar a la yegua y sacudió las riendas para salir a todo galope con dirección al castillo. Itachi se giró a Sasuke y le hizo una seña con la cabeza para que la siguiera, su hermano obedeció.
Hola, queridos lectores, sé que no hay mucha gente por aquí, pero de verdad escribo esta historia con mucha emoción. Tardé más de un mes porque estuve perfeccionando algunas cosas. Normalmente hago capítulos de 10 páginas o 5mil palabras, pero este capítulo constó de 24 paginas y 10mil palabras, de verdad espero que no se les haga tan pesada la lectura y si sí, díganmelo para hacer capítulos más cortos.
No quiero que sea una historia tan larga, espero que tenga unos 10 capítulos o a lo mucho unos 15.
Por favor muéstrenme su apoyo a través de su valiosa opinión, de verdad no se imaginan cuánto me motivan a apresurarme.
¿Se imaginaban ya que Itachi sería el rey? ¿Cómo creen que va a nacer la relación SasuSaku? Diganme todas sus teorías y conspiraciones porfa, me encantaría leerlas. Y si encuentran algún error no duden en decírmelo, paso muchos días escribiendo así que es posible que haya olvidado algunas cosas.
¡Los quiero mucho, cuídense y no salgan de casa!
