Hay antimonio, arsénico, aluminio, hidrógeno, oxígeno, y también JK Rowlio y White-Squirreo.
Notas del autor: Vaya. Esto fue más difícil de lo que esperaba. Me di cuenta de que necesitaba cambiar algunas cosas en la escena del dementor al último minuto.
Por favor noten que he movido el ataque del dementor una semana para que sea antes del cumpleaños de Harry.
Notas de la traductora: Muchas gracias a todos los que suscribieron a esta historia y han decidido continuar este maravilloso viaje, y en especial a los que se tomaron la molestia de dejar un comentario. ¡Aquí vamos!
Capítulo 2
Rita Skeeter, antigua columnista de chismes, había decidido tomarse algo de tiempo libre en el mundo muggle. Bueno, había decidido la parte del mundo muggle. El tiempo libre no fue su elección. Fue esa mocosa, Granger, quien había descubierto que no estaba registrada como animago y la había atrapado en un frasco de mermelada. En serio, ¿quién cargaba un frasco de mermelada en su túnica? Pero eso no fue lo peor. Lo peor era que Granger la había chantajeado para que no publicara nada por un año.
–Esa niña va a arruinarme –masculló Rita para sí misma–. No tengo ahorros para un año. Y por supuesto, sus padres son profesionales adinerados. Incluso puede ir a estudiar a Francia. Mientras tanto, yo he tenido que trabajar por todo lo que tengo. Tuve que dormir en el mismo cuarto que Bellatrix Black por siete años por todos los cielos. Tengo suerte de estar viva después de eso.
Rita probablemente lucía extraña, murmurando para sí misma mientras caminaba en una biblioteca muggle. Los muggles sí tenían su uso. Tenían bibliotecas por todos lados, y algunos de sus libros incluso eran útiles. Así era como había descubierto a qué se dedicaban los padres de Granger: "dentistas" ... sanadores de dientes muggles. Extraño, pero lucrativo.
Además, el costo de vivir era menos en el mundo muggle, si hacía las cosas bien.
–Bueno, si no puedo publicar por un año, por lo menos puedo investigar –dijo–. Tener algo listo para mi gran regreso. Quizás incluso comenzar esa biografía de Dumbledore que siempre había querido hacer. ¡Ja! En cuanto el viejo estiré la pata y no pueda luchar, estaré nadando en oro.
Pero el proyecto de Rita del día era algo más normal. Algo de lo que Granger había dicho la había estado molestando durante la última semana y necesitaba de una biblioteca muggle para comprenderlo. Ahora, pensó para sí misma, ¿qué demonios significan las palabras "violación de derechos humanos"? Quiero decir, es obvio lo que significan, ¿pero por qué piensan los muggles que Azkaban es una, y por qué les importa tanto?
Resultados de Exámenes Terribles de Alta Sabiduría e Invocaciones Secretas
Calificaciones
Extraordinario (E) Pobre (P)
Supera las Expectativas (S) Desastroso (D)
Aceptable (A) Troll (T)
Hermione Jean Granger ha recibido:
Aritmancia E*
Querida señorita Granger:
Estuve bastante impresionada hace un año cuando consiguió la calificación más alta en la versión actual del examen TIMO en Aritmancia. Me alegró ver que mantuvo este nivel alto después de estudiar solo un año para este examen. Ha obtenido la calificación más alta en la versión actual del examen EXTASIS, la cual fue instituida en 1950. La felicito de nuevo por su excelente actuación.
También quiero informarle de una extraña oportunidad. Los exámenes de Aritmancia (junto al resto de los exámenes TIMO y EXTASIS) serán actualizados durante el año escolar 1998-1999, para su implementación en la primavera del año 2000. Normalmente, los mejores expertos activos en el campo de cada tema son invitados a contribuir a las revisiones para asegurarnos de que los estudiantes son examinados en las habilidades que necesitarán fuera de la escuela. Considerando sus calificaciones, creo estaría calificada para ayudar a actualizar el TIMO y probablemente el EXTASIS también, especialmente si, como sospecho, obtendrá su Maestría en el tema para esa época.
Si elige continuar viviendo en Gran Bretaña después de su graduación de Beauxbatons, la Autoridad de Examinación Mágica probablemente la contactará el verano de 1998 para que se una al proyecto. No necesita hacer nada por el momento, pero quizás desee prestar atención particular a las necesidades aritmánticas de la comunidad mientras continua sus estudios para que tenga una mejor comprensión al unirse al proyecto.
Sinceramente,
Griselda Marchbanks
Gobernadora de la Autoridad de Examinaciones Mágicas
Querido Harry:
Nos estamos comenzando a sentir en casa aquí. Lamento no poder decirte donde. Mamá está leyendo sobre mi hombro para asegurarse de que no diga nada que no deba. Parece pensar que mis sentimientos por ti podrían nublar mi juicio o algo. Estamos bastante ocupados con la mayoría de la familia aquí, y con ese perro viejo y loco. Los amigos de mi papá también visitan bastante. Mamá dice que podremos verte más tarde en el verano, pero no puedo decir más sobre eso. Desearía poder contarte todo, pero tendrá que esperar hasta que llegues aquí. Solo continúa ignorando al Profeta, y no dejes que los muggles te desanimen.
Extrañándote,
Ginny
Querida Ginny:
Gracias por tu carta. Es bueno saber que no he sido olvidado. En verdad quisiera que me hubieras dicho más, pero por lo menos escribiste una nota más larga que Ron, o incluso que Sirius. Dile hola a tu mamá de mi parte. Escuché de Hermione. Supongo que no los veré hasta después. Espero que las cosas no sean muy difíciles ahí para ti.
Me gustaría saber que estás haciendo, pero en especial me gustaría saber qué es lo que Voldemort está haciendo. He estado ignorando el Profeta porque no están reportando nada. Tú me dirías si sabes algo, ¿verdad? Todo parece muy tranquilo por aquí.
Los Dursley no están siendo peor de lo normal, lo cual es bueno. Aunque nunca creerás lo que Dudley hizo. ¡Bajó de peso! Aparentemente comenzó a ejercitarse y practicar boxeo (duelos muggle). Odio admitirlo, pero es bueno para algo. En verdad odio admitirlo porque lo hace un bravucón peor. Aunque aún soy más rápido.
Tuyo,
Harry
PD. Hazme un favor y hazle una broma a Sirius y Remus de mi parte.
–Mmm. Ese niño debe de ser un poco más discreto –dijo Molly Weasley–. No debería mencionar con quien estamos y por qué.
–Mamá, está aburrido y frustrado –dijo Ginny–. Quiere saber lo que está pasando y nadie se lo dice. Yo también estaría enojada. Y preferiría que no leyeras mi correo sobre mi hombro.
–Escuchaste lo que dijo el profesor Dumbledore, Ginevra...
–Sí, sí, las lechuzas pueden ser interceptadas, etcétera, etcétera. No es como si alguien pudiera descifrar esto de todos modos. No había nada secreto.
–Sólo asegúrate de que permanezca así –dijo Molly.
Una semana después, Hermione visitó a Cedric en el hospital de nuevo. Lucía mejor esta vez. Había recuperado su color, estaba usando ropa normal, y estaba sentado en una silla, leyendo, en lugar de estar en cama. Más notable, tenía cuatro extremidades de nuevo.
–Hermione, es bueno verte –dijo, poniéndose de pie cuando ella entró al cuarto. Se tambaleó un poco y tomó un bastón con su mano buena. Su pierna derecha había sido removida desde la cadera, así que sin importar lo buena que fuera la prótesis, le tomaría algo de trabajo acostumbrarse. Debajo de sus pantalones, vio un zapato de madera crudamente tallado que parecía estar unido a un brazo hidráulico y debía de estar encantado de algún modo. Él le dio un medio abrazo algo incómodo con su mano de madera con todas sus articulaciones que se movía sin ningún mecanismo visible.
–Hola, Cedric. Me alegra verte de pie –dijo Hermione con una sonrisa.
–Bueno, más o menos –dijo él, dando un golpe a su zapato de madera con su bastón–. Se supone que esta cosa es mejor que la de Moody, pero no lo veo.
–¿Lo es? Hubiera pensado que él tendría lo mejor posible.
–No, por lo que escuché, Moody usa una prótesis muggle. Es muy paranoico para conseguirse una encantada en caso de que alguien la cancele en una pelea.
–¿En lugar de tener una de madera que alguien podría maldecir? –dijo Hermione.
–Bueno, nadie dijo que fuera razonable –respondió Cedric–. El brazo no es mejor tampoco. No puedo escribir mejor que con mi brazo izquierdo, pero dicen que debería mejorar con la práctica.
–Y por supuesto, no puedes usar tu varita con él.
–También. Pero es para lo que estás aquí, ¿no?
–Ajá.
–Gracias por venir. Oye, deberías de haber recibido ya los resultados de tu EXTASIS, ¿no? ¿No tomaste el examen de Aritmancia?
–Sí, lo hice –dijo Hermione, ocultando su sonrisa.
–¿Y? –continuó Cedric–. ¿Cómo te fue?
–No como esperaba. –Él frunció el ceño.
–¿Quieres decir que no recibiste una E?
–De hecho… me fue tan bien que quieren que ayude a actualizar los exámenes –dijo con una sonrisa. Cedric la miró boquiabierto.
–¿Actualizar los exámenes? –dijo–. ¿En base a tu calificación? Eso es increíble. ¿Cuándo planean hacerlo? ¿Puedes hacerlo desde Francia?
–No será hasta después de que me gradúe, así que estaré libre entonces, a menos que mamá y papá quieran mudarse a Australia o algo, lo cual no sería una mala idea considerando las circunstancias actuales.
–¿Australia? –dijo la mamá de Hermione.
–Mmm… quizás valga la pena considerando que son muggles después de todo, Sra. Granger –dijo Cedric–. Aun así, vaya, nunca haces nada a medias, ¿verdad?
–¿Estás bromeando? –Hermione bajó su voz–. Necesito mejorar con Voldemort de regreso. –Cedric tembló–. Sabes que Harry va a meterse en problemas de nuevo. Aún estoy intentando ayudarlo lo más que puedo. –Él sonrió débilmente.
–Eres una buena amiga, ¿sabes? Desearía poder hacer más por ti. –Ella negó con la cabeza.
–Me la paso diciéndole a Harry que el que permanezca con vida es suficiente. Cuando eres cazado por un loco, no hay más que se pueda hacer.
–Solo espero poder ser mejor amigo para ti que eso –dijo Cedric con una mueca–. Y diría lo mismo sobre Harry. Se que no hemos sido tan cercanos como antes, pero incluso yo podía ver que cada vez que viste a tus amigos el año pasado, estabas trabajando hasta morir intentando ayudar a Harry con el torneo. Esa no es exactamente una amistad saludable, incluso si necesaria.
–Ambos fuimos víctimas de las circunstancias –dijo ella–. Aún lo somos, en mi opinión. Muchos de los problemas en su vida, especialmente. Pero estoy segura de que si alguna vez necesito algo de él, Harry movería el cielo y la tierra para ayudarme. Es como es… Pero bueno, necesitamos comenzar la lección.
–Cierto. Hechizos con mano izquierda. ¿Cómo lo hacemos? Nunca había prestado mucha atención a que mano usaban las personas. Se que no es tan sencillo como cambiar de mano.
–Tienes razón. Lo aprendí de Neville Longbottom. Quizás quieras hablar con él cuando comiencen las clases, pero básicamente, hay algunos movimientos de varita que se transfieren iguales de una mano a la otra, otros que se reflejan, y unos cuantos que son completamente diferentes. No se si lo has visto, pero tienen una versión para zurdos del Libro estándar...
–Libro estándar de hechizos. Sí, lo sé. Mamá y papá ya me compraron el set completo. Los examiné, pero asumen que tu mano izquierda es tu mano dominante, así que es mucho más difícil de lo que piensan el que haga las figuras.
–Lo sé. No solo tu mano derecha es la dominante, pero la has estado favoreciendo desde que aprendiste a escribir. No hay mucho que puedas hacer además de practicar bastante cada hechizo. Movimientos de varita que normalmente toman minutos en aprenderse con tu mano dominante pueden requerir de horas de práctica con la otra mano para crear la memoria muscular, especialmente para poder hacerlos rápido. Pero aprendí unos cuantos trucos que puedo mostrarte.
Hermione hizo que Cedric se parara con su varita en su mano izquierda y una de sus varitas de juguete en su mano derecha y lo hizo que practicara movimientos de varita sencillos como curvas, líneas, golpes, y espirales con ambas manos, en paralelo y reflejadas. Era más fácil entrenar la mano a que se moviera de manera correcta cuando se le unía al movimiento correcto de la mano derecha, o eso había dicho, pero era más difícil para Cedric de lo que había sido para ella porque aún no era muy coordinado con su brazo prostético. Su letra, antes bastante buena para un chico, ahora eran garabatos casi ilegibles peores que la letra de Harry.
–Raramente descomponemos los movimientos de varita en movimientos individuales, excepto en Aritmancia –dijo ella después de que practicaron por un tiempo–, pero es más fácil si aprendes movimientos individuales ahora y los juntas después. Te recomiendo que te enfoques en eso esta semana, y podemos trabajar en hechizos reales la próxima vez.
–Supongo –respondió Cedric intentando no sonar muy decepcionado por su actuación. Había sido el mejor en su clase, pero estaba seguro de que sus calificaciones en sus clases con varita iban a sufrir ahora, incluso con práctica intensa.
–Estarás bien, Cedric –le aseguró Hermione–. He aprendido lo suficiente que puedo realizar la mayoría de los hechizos con mi mano izquierda, y eso mientras trabajaba en muchos otros proyectos. Si pones el tiempo, deberías poder continuar con tus clases este otoño sin mucho problema.
–Pues, gracias, Hermione… –dijo–. Aunque desearía poder hacer más. Con Voldemort de regreso, Dumbledore va a necesitar toda la ayuda posible, incluso una vez que el Ministerio saque su cabeza de su trasero. ¿Viste como Fudge estaba solicitando que fuera despedido como Jefe de Magos?
–Sí. Uj. Mejor no te digo lo que pienso de Fudge. Pero aun así, estoy segura de que encontrarás algo útil. Necesitaremos más que luchadores, después de todo. Quiero decir, mírame. ¿Puedes imaginarme en una pelea a morir contra magos oscuros?
–De hecho, sí –dijo Cedric–. Creo que podrías aguantar.
Hermione se sonrojó, pero antes de que pudiera responder, su padre habló.
–Creo que aun así evitará cosas como esa. –Sus padres habían estado callados por la mayoría de la visita, se habían quedado y observado, en su mayoría por interés en el proceso de enseñanza, así que ciertamente estaban prestando atención.
–Entonces, cuando dices "mejorar", ¿qué quieres decir con eso? –preguntó Cedric.
Hermione lanzó una mirada a sus padres. Respondió tomando en consideración que estarían preocupados por lo que estaba considerando.
–Quise decir inventar maldiciones nuevas, como lo hice para Harry durante el torneo. Ahora que he terminado de estudiar ecuaciones diferenciales parciales, puedo crear unas bastante poderosas… cosas para destruir escudos, incapacitar enemigos, o limitar su capacidad para lanzar hechizos. Probablemente envíe las más serias primero a alguno de los profesores en Hogwarts, para que puedan decidir qué hacer con ellas. –Eso era en su mayoría cierto, excepto que aún tenía la intención de que su primer punto de contacto fuera Harry y no iba a ocultar las peores. Incluso su maleficio de taladro dental era algo que sus padres desaprobarían… especialmente el hecho de que lo había usado en Draco Malfoy, el bravucón más problemático de Hogwarts. Mamá y papá siempre habían dejado en claro que la ortodoncia debía ayudar a las personas, no lastimarlas.
Cedric comprendía bastante bien la posición de Hermione, pero no estaba seguro de que trabajo podría hacer en la guerra que venía. (Y no tenía ilusiones de que una guerra no venía. Definitivamente confiaba en Harry.) Quizás podía ser útil preparando pociones o participando en alguna otra parte de la industria de sanación. Eso seguramente sería necesario. Otra cosa importante que llegó a su mente era el involucrarse en la política, como su padre, pero eso sería más que inútil hasta que el Ministerio admitiera la verdad, sin mencionar que no le era de mucho interés. Aunque tenía que hacer algo. No había estado consciente cuando Quien-Tú-Sabes había regresado, pero recordaba el siseo de tres palabras: Mata al otro. Era su padre quien estaba más ofendido que él, el mejor en su clase, había sido llamado el "otro", pero aun así, Cedric sentía la urgencia de demostrar a Voldemort lo que el otro podía hacer. Tendría que pensar sus opciones. Por suerte, tenía el suficiente tiempo para hacerlo. Después de algo más de práctica, agradeció a los Granger una vez más, y se fueron, dejándolo con sus pensamientos.
Hermione había inventado unos cuantos hechizos útiles para ayudar a Harry a sobrevivir el torneo de los tres magos, pero su mejor trabajo había sido el hechizo que había preparado para la primera prueba. Al saber que Harry tendría que enfrentar a un dragón madre con sus huevos con solo dos días de anticipación, había construido y probado un hechizo para extraer polvo de magnesio del suelo en solo veinticuatro horas y se lo había enseñado a Harry junto al encantamiento desvanecedor en las siguientes doce, todo con solo el apoyo de una poción pimentónica. Cuando Harry salió a la arena, la lucha terminó en una nube de polvo de magnesio explotando en el rostro del colacuerno húngaro como una granada aturdidora, causando que la bestia desorientada cayera sobre su cola.
Eso naturalmente fue impresionante y provocó halagos a Harry y Hermione, pero Hermione había estado fascinada con las posibilidades. ¿Qué otros metales podía extraer del suelo? Era una perspectiva complicada. Cada elemento necesitaba su propio hechizo de purificación, y algunos de ellos no eran factibles por no otra razón que el hechizo los extraía en forma de polvo. Ni siquiera lo intentó con el sodio. ¿Una nube de polvo de metal de sodio sobre suelo húmedo? No quería quemar sus cejas de nuevo. Por suerte, compuestos sencillos no eran mucho más difíciles, y logró un hechizo para extraer cloruro de sodio.
Otros elementos eran muy raros. El oro estaba presente en el suelo, y cuando llegó a casa, construyó el hechizo para extraerlo, pero cuando lo probó en una esquina oculta en su patio trasero, sólo obtuvo una pizca. Hizo un cálculo mental y determinó que podría minar todo el patio y solo obtener lo suficiente para una moneda muy pequeña, y consideró que intentarlo sería muy llamativo.
El otro problema era que el polvo era difícil de manejar, así que durante el año escolar había encontrado maneras de derretirlo hasta ser pepitas sólidas, aunque para los elementos más refractarios, tuvo que usar termita para lograrlo. (Eso fue lo que había pasado a sus cejas la primera vez.) Y había un elemento, tungsteno, que ni siquiera la termita podía tocar. No tenía la necesidad para hacerlo aún, pero pensó que sería útil como un lastre o algo.
De cualquier modo, era con este y otros proyectos que Hermione se había mantenido ocupada durante el verano. Tenía su tarea de verano, claro, pero la terminó rápidamente. Su meta era tener hechizos completados para todos los elementos antes de regresar a la escuela, y en una esquina de su patio trasero, los probó extrayendo pequeñas cantidades de cada elemento para agregar a su colección.
En general, estaba mucho menos ocupada ahora que durante el año escolar, pero Hermione Granger nunca paraba. Compró un libro sobre C y se enseñó a sí misma las bases de la programación. Eso sonaría completamente inútil para una bruja que vivía la mayor parte del año en un lugar sin electricidad, pero había conceptos similares incorporados en Runas Antiguas que le permitirían impresionar a ciertos cartógrafos que conocía. Consiguió un libro de texto de Análisis Real de una universidad para continuar con su educación en matemáticas. Y por supuesto, comenzó a trabajar en maldiciones nuevas. Se sintió algo incómoda por lo último. El crear hechizos terribles no le era natural, pero estaba segura de que los necesitaría.
Recibió cartas, claro, incluyendo un par de sus amigas en Francia. Pero las cartas de sus amigos más cercanos dejaban algo que desear. Las cartas de los Weasley eran sucintas, y las de Harry sonaban como que se sentía cada vez más frustrado al no saber lo que estaba pasando. Ya tampoco mencionaba el Diario el Profeta, lo cual la hizo pensar que ya no lo estaba leyendo… solo buscando noticias de Voldemort. Eso era tonto en su opinión. Lo dejaba poco preparado para la situación política cuando regresara al mundo mágico. Hermione también se sentía frustrada, por supuesto, pero también tenía mucho más con que ocupar su tiempo. Los parientes de Harry no querían nada de su "extrañeza" en su casa. No tenía mucho más además de las cartas y su tarea, así que Hermione se aseguró de darle toda la información nueva que tenía sobre Cedric, los Delacour en Francia, Neville, y Luna. Algunas veces, incluso agregó algo que los Weasley no le habían dicho. No eran tan cuidadosos escribiéndole a ella como lo eran escribiéndole a Harry directamente.
Incluso las cartas de Ginny no daban mucho a Harry, si leía entre líneas, lo cual era una lástima. Hermione pensaba que Harry y Ginny eran buenos para el otro, pero este verano seguramente debía ser una prueba para su relación naciente. En cuanto a Hermione, bueno, no era lo mismo sin sus amigos… la misma manera en la que se había sentido casi todo el año anterior. Incluso cuando amaba el tiempo de calidad con sus padres, aún se encontraba contando los días hasta el treinta de julio, cuando podría verlos de nuevo.
Fue el veinticuatro de julio cuando Harry se descubrió recostado en el jardín escuchando las noticias a través de la ventana abierta. Quizás algo que Voldemort había hecho se filtraría al mundo muggle y sería reportado como algo extraño e inexplicable. Se suponía que no debía alejarse del número 4 de Privet Drive, donde su proximidad a los parientes sanguíneos de su madre se suponía lo protegía de una complicada manera mágica que no comprendía, pero no podía soportar estar dentro de la casa física más de lo necesario, y con buena razón. Los Dursley lo resentían, y él resentía a los Dursley. Y por lo tanto, todo era normal en su mundo… bueno, excepto por el ruido de una aparición que había escuchado antes por el que tío Vernon lo había culpado.
Era esperado que Harry hiciera labores domésticas mientras estaba con los Dursley, y había saltado a la oportunidad de hacer jardinería. Lo hacía salir de la casa. El jardín estaba muerto, por supuesto. El inusual verano caluroso y seco había empeorado hasta ser la peor sequía en años, y todo el condado estaba en una restricción de agua, pero le daba tiempo de pensar.
Harry estaba seguro de que se hubiera vuelto loco si no fuera porque Dobby lo ayudaba a intercambiar cartas con Hermione. Apreciaba las cartas de Ginny, por supuesto, e incluso podían tener conversaciones significativas sobre su relación a través de ellas (no que ninguno de los dos fuera verdaderamente sentimental), pero no incluían las noticias que tanto buscaba y solo podía conseguir una pizca de Hermione. Paradójicamente, había dejado de leer el Profeta, sólo revisando la primera plana para ver si el nombre de Voldemort aparecía. Lo ignoraba con tanto éxito que se hubiera perdido el hecho de que Dumbledore había perdido su título en el Wizengamot si Hermione no se lo hubiera dicho. Fue despedido supuestamente porque estaba muy viejo para manejar la presión. Harry no comprendía la importancia de eso, pero Hermione dijo que era malo.
Estaba contando los días hasta poder reunirse con sus amigos (y decirles lo que pensaba). Seis días más, y una fiesta de cumpleaños lo esperaba al final. Ese era su gran consuelo en todo esto. Incluso cuando su padrino, Sirius Black, le estaba ocultando lo que estaba haciendo, aún le prometió una extravagante fiesta de cumpleaños. De hecho, ahora que lo pensaba, nunca dijo "fiesta de cumpleaños". Solo dijo "fiesta". Nadie había escrito una fecha definitiva de cuando irían por él excepto Hermione.
Era frustrante.
También era difícil. Además de tener que aguantar a los Dursley había tenido pesadillas prácticamente cada noche este verano, llevándolo de regreso al cementerio donde Voldemort había regresado de la muerte… donde Cedric Diggory casi había sido asesinado por Barty Crouch Jr. En los sueños de Harry, algunas veces moría, y se despertaba sudando en frío. A veces, iba más atrás y escuchaba a su madre rogando por piedad.
–¡Oye, mocoso! –Los pensamientos de Harry fueron interrumpidos por un pie encajándose en sus costillas–. Deja de estar de flojo.
Dudley. El enorme y molesto primo de Harry. Harry realmente quería decirle de cosas. Podía pensar tantos comentarios, pero cerró la boca. Recordaba la única orden clara que le había dado Sirius para el verano: No te metas en problemas. Ten cuidado y no hagas nada drástico. En otras palabras, hacer exactamente lo opuesto de lo que Sirius hubiera hecho.
–El jardín está listo, Gran D –dijo, sin molestarse en levantarse.
–¿Qué estás… qué me llamaste? –dijo Dudley sorprendido.
–Escuché a tu banda llamándote así el otro día –dijo Harry. Se sentó en parte, manteniendo su cabeza debajo del borde de la ventana–. ¿Y cuándo te volviste Gran D?
–¡Tú no puedes llamarme así! –exclamó Dudley.
Harry se puso de pie, una mano descansando contra su pantalón donde se encontraba su varita. Aunque no podía usarla. Ya tenía una marca en su historial por el equivocado intento de Dobby de salvar su vida tres años antes, y arriesgaría una expulsión si usaba su magia ahora. Pero no quería estar en una posición vulnerable alrededor de Dudley.
Durante el año pasado, Dudley había hecho algo que Harry había dicho era imposible, incluso con magia: había demostrado disciplina. Su primo, quien había hecho berrinches desde que era un niño pequeño al ser puesto a dieta el verano pasado, no solo había perdido peso, comenzado a ejercitarse y a boxear, sino que lo había hecho lo suficiente bien que se había convertido en un campeón de peso pesado de liga juvenil. Aparentemente, todos esos años golpeando a Harry fueron buena práctica.
Harry odiaba admitirlo, pero los Dursley tenían algo de talento. Tío Vernon no había llegado a ser director de una compañía siendo incompetente. Tía Petunia por lo menos era buena cocinera, por lo poco que él llegaba a comer. Había una razón por la que Vernon y Dudley eran tan grandes, y había comenzado antes de que Harry pudiera usar la estufa. Y estaba el boxeo de Dudley. Cuando el bulto se aplicaba a sí mismo, podía ser impresionante. Bueno, suponía que Petunia y Dudley no podían haber perdido todos los genes de su madre.
Dudley no ignoró a donde había ido la mano de Harry.
–Te crees muy hombre cargando esa cosa, ¿no? –dijo.
Harry casi tomó el anzuelo y sacó su varita, pero eso hubiera sido extremadamente tonto estando afuera de la ventana de enfrente de los Dursley. En lugar de eso, sonrió y respondió.
–¿Te dije sobre la vez que derroté a un dragón en una pelea con esta cosa? –Eso debería esa una carta triunfal contra el boxeo de Dudley. Pero la temeridad de Dudley se estaba mostrando.
–Sí, hablas mucho, Potter. Pero no eres tan valiente en la noche, ¿verdad?
–¿Qué? –dijo Harry con genuina confusión.
–Te escuché gimiendo anoche –se burló Dudley–. ¡No mates a Cedric! ¡No mates a Cedric! ¿Quién es Cedric… tu novio?
–¡No hables de él! –gritó Harry. Sacó su varita y la apuntó al pecho de Dudley.
–¡Oye! ¡Chico! ¡Baja esa cosa…! –gritó tío Vernon, levantándose del sillón y corriendo a toda velocidad a la ventana.
–¡No apuntes esa cosa a mí! –dijo Dudley.
–¡Cedric luchó contra magos oscuros con más valor de lo que yo…! –gritó Harry.
–¡NO TE ATREVAS A AMENAZAR A DUDLEY! –gritó Vernon mientras que Petunia gritaba algunas palabras. Vernon se lanzó fuera de la ventana para tomar a Harry, pero Harry se hizo a un lado.
–¡NUNCA HABLES DE ÉL DE NUEVO! –gritó Harry.
–¡ALEJA ESA COSA DE…!
De repente, todo se detuvo. Vernon cayó de la ventana. Harry y los Dursley guardaron silencio al sentirse como si hubieran sido bañados con agua helada, excepto que no era tan agradable como debería serlo en ese clima. Fue como si alguien hubiera apagado el calor seco en julio y prendido la lluvia congelante de noviembre. Incluso el atardecer pareció más débil como si un velo lo estuviera encubriendo.
–¿Qu...qué estás ha...haciendo? –dijo Dudley con temor repentino–. ¡Basta!
–No soy yo. –Harry se dio la vuelta al instante, examinando la calle y el cielo.
–¡Para! –dijo Vernon. Intentaba gritar, pero salió ahogado, casi como un chillido–. ¡Para eso en este instante!
–¡Detente! ¿Qu...qué estás ha...haciendo? –repitió Dudley.
–¡Cállense! –exclamó Harry–. Estoy tratando de encontrar...
¡BAM!
Dudley lanzó un golpe a la supuesta fuente de los problemas y lanzó a Harry al suelo, tirando sus lentes y su varita.
–¡Demonios, Dudley! –gruñó Harry. Buscó sus lentes en la extrañamente tenue luz del sol. Tío Vernon tomó su tobillo con furia, y Harry lo golpeó en la cara. No era el momento para sutilezas. Dudley se fue corriendo.
Harry logró ponerse los lentes de nuevo para ver lo que estaba pasando, y casi se desmayó horrorizado.
–¡DUDLEY, NO! ¡ESTÁS CORRIENDO DIRECTO A ELLOS! –No parecía posible. Había reconocido la sensación de los dementores al instante… el frío y la desolación agobiante… pero nunca imaginó que estarían en Little Whinging. Era como si hubiera una regla en contra de que el mundo mágico y el normal se mezclaran de ese modo. Pero aun así, ahí estaban en la calle y acercándose rápidamente, dos figuras encapuchadas vestidas de un negro tan oscuro que parecían dos agujeros en el mundo. Y Dudley, el idiota, estaba tan desesperado por alejarse de Harry que estaba corriendo directo a sus bocas expectantes.
–¡TÚ… BASTARDO… MONSTRUO! –bramó Vernon, poniéndose de pie lentamente. Incluso en su enojo, estaba temblando como una hoja por el miedo. Se lanzó contra Harry de nuevo, pero Harry había tomado su varita y estaba corriendo hacia su primo. Bajo las circunstancias, quizás hubiera sido más prudente quedarse bajo la protección de las barreras de sangre y dejar que Dudley enfrentara su destino, pero siendo Harry Potter, la idea nunca cruzó su mente, y fue a salvar a su primo en piloto automático.
–¡DUDLEY, BASTA! ¿NO LOS VES? –dijo Harry, pero no parecía que lo hiciera. Quizás los muggles no podían verlos. Dudley se colapsó justo cuando Harry llegó a él. Sintió el vacío de los dementores incrementarse y sus rodillas temblaron. Su estupidez al dejar las barreras lo había alcanzado, pero tuvo que ignorarlo. Necesitaba lanzar su patronus mientras pudiera, y enfrentar las consecuencias.
Se paró sobre la figura de Dudley, elevando su varita en dirección a los dementores.
–¡Expecto Patronum! –gritó.
Un vapor plateado salió de su varita. Los dementores se acercaron rápidamente. Casi estaban cerca de él.
–Mierda. –¡Concéntrate! Pensó, pero su cerebro se estaba nublando. ¡Concéntrate! Casi estaban sobre él, removiendo sus capuchas. Estaba tan fuera de práctica. Hermione no tendría este problema. Practicaba todo el tiempo.
Hermione. La vería en solo unos días. Y a Ron, Ginny, los gemelos, Sirius, y Remus. Se sostuvo de ese pensamiento como una línea de vida.
–¡EXPECTO PATRONUM!
Un resplandeciente ciervo plateado salió de su varita y se lanzó contra los dos dementores, primero uno, y después el otro. La fría y oscura desolación se desvaneció casi al instante. Fueron arrojados al suelo desde donde se alejaron flotando como murciélago, derrotados. Se movieron a toda prisa al norte, fuera de la vista. Harry dejó salir un suspiro de alivio, aunque mantuvo un fuerte agarre en su varita.
–Vaya. Está bien, Dudley. Se han ido.
Dudley estaba temblando en el suelo, casi catatónico.
–Dudley, levántate.
Dudley no se movió. Harry lo giró, y él lo miró con una expresión vacía.
–Dudley, vamos, sé que no te besaron.
–Demonios, chico, solo levántalo y jálalo dentro de las barreras.
Harry dio un salto y se dio la vuelta, pero cuando vio quien era, rápidamente guardó su varita.
–¿Sra. Figg? –dijo con confusión.
–¡No guardes tu varita! ¿Y si regresan?
–¿Qué? ¿Es… es una bruja?
–Soy una squib. No sirvo contra esas cosas, déjame decirte. Ahora, rápido, necesitas regresar adentro. Oh, ¡voy a matar a ese Mundungus Fletcher!
Harry se estaba confundiendo más cada minuto, pero hizo lo que le dijo y recargó a Dudley sobre su hombro, lo cual no era una tarea fácil. El temerario boxeador de peso pesado juvenil parecía haber perdido toda la voluntad para moverse por sí mismo, y pronto vomitó en la calle.
¿Cómo pudo pasar esto? ¿Dementores en Little Whinging? ¿La Sra. Figg, la vieja rara con gatos era una squib? ¿Había un mago vigilando su casa? Bueno, eso explicaba la aparición que había escuchado antes, ¿pero por qué no había sabido de eso antes?
–¿A QUÉ DEMONIOS ESTÁS JUGANDO? –bramó tío Vernon mientras Harry arrastraba a su primo de regreso a la casa. Vernon estaba sobre una rodilla, intentando ponerse de pie. Tía Petunia se inclinó fuera de la ventana, su rostro de un inusual tono gris–. ¿QUÉ LE HICISTE A DUDLEY?
–Deja de hacer un escándalo, Dursley –exclamó la Sra. Figg mientras caminaba hacia él–. El chico acaba de salvar a tu bulto de los dementores. ¿Qué no estabas viendo?
–¿Dementores? –chilló tía Petunia.
–¿Qué demonios son los dementados? –demandó Vernon.
–Son los guardias de la prisión para magos.
Todos, incluso Dudley, incluso la Sra. Figg, se detuvieron y miraron a Petunia. ¿Cómo sabía ella? Sí, era la hermana de la mamá de Harry, pero nunca prestaba atención. Harry le había preguntado sobre la magia antes.
–Ese terrible chico se lo dijo a Lily hace años –dijo ella, para el asombro de todos.
–¿Esa… esa cosa plateada…? –dijo Vernon, ahora más confundido que enojado–. ¿Eso era un… un guardia de una prisión?
–No, eso era un patronus –gruñó Harry con fastidio–. Es como puedes enfrentarlos. –Continuó arrastrando a Dudley dentro de la casa–. Vamos, necesitarán chocolate.
Vernon lo miró con extrañeza.
–¿Chocolate? Yo… ¿qué crees que estás haciendo? Mira...
–Puedes callarte, Dursley –dijo la Sra. Figg–. Cierra la boca y escucha a alguien que sabe de lo que está hablando.
–¿Figg? –dijo con confusión–. Tú… ¿eres una de los suyos?
La Sra. Figg bufó como uno de sus gatos.
–Sí, soy una de los suyos. Y él acaba de salvar sus lamentables almas, así que quizás muestra algo de gratitud. –Pero Vernon no iba a aceptarlo.
–Oh no, ya he tenido suficiente de sus rarezas en mi casa. –Logró ponerse de pie y colocó una mano sobre el hombro de Harry, pero Harry se giró al instante y apuntó su varita a su rostro, la punta brillando. No estaba de humor para esto. Había sido obligado a hacer magia y estaba seguro de que estaba en problemas.
–Tío Vernon, acabamos de ser atacados por demonios chupa almas –gruñó–. Vinieron por mí, pero no son exigentes. Apuesto que serías un rico postre para ellos.
–Crees que puedes inventar tal cuento ri...
–Vernon, es cierto.
Vernon se desinfló y se dio la vuelta sorprendido cuando Petunia habló.
–Vi a Harry ahí. Estaba protegiendo a nuestro Dudley. No pudo haberlo hecho solo.
Las cejas de Harry se elevaron. No podía recordar la última vez que su tía lo había llamado Harry… en presencia de su tío, por lo menos. Parecía que incluso ella podía ser civil si se le sorprendía lo suficiente.
–Listo, escucha a tu esposa –dijo la Sra. Figg–. Por lo menos alguien tiene algo de sentido por aquí. Vamos, chico. Creo que yo también necesito algo de chocolate.
Obviamente abrumado, Vernon caminó dentro de la casa de manera automática, siguiendo a Harry por falta de algo mejor que hacer. Él y Petunia se sentaron en silencio incómodo mientras intentaban convencer a Dudley de que hablara de nuevo y escucharon la explicación confusa de lo que era un dementor y que estaba haciendo la Sra. Figg ahí. Sorprendentemente, el chocolate los hizo sentir mejor. Era una escena extraña en el número 4 de Privet Drive. Los Dursley casi estaban actuando amables. Y entonces la primera lechuza llegó.
