Zelda:
Mis pasos sonaban firmes, pero sólo yo podía sentir el enorme cansancio que pesaba sobre mí. Mi vista no podía ni mirar las hermosas formas que constituían el techo de los dominios zora, ni el agua cristalina, ni el albergue que cada vez estaba más cerca.
No. Tenía que mirar ese maldito diario.
Sé que son los pensamientos más íntimos de la princesa zora.
Sé que ahí está plasmado todo lo que opina de Link.
Y tengo miedo. Mucho.
Miedo a perderlo. Miedo a que él esté enamorado de ella, aún estando muerta. De que se dé cuenta de cuántos celos me provoca ella. De que me mire mal.
Cálmate, Zelda.
Creo que llevo bastante tiempo mirándolo, tanto que Link se da cuenta y me mira, interrogándome con la mirada.
-Es bonito -medio mentí, forzando un tono que hiciera parecer que me gustaba. En verdad era bonito, pero lo que había dentro ya no era tan bonito.
El volvió a centrar su vista en el camino. Yo hice lo mismo. A juzgar por su expresión, sé que no me cree.
Sé que tampoco me creyó cuando le dije que estaba pensando en lo de Ruta, cuando se me notaba que estaba pensando en lo infeliz que sería si Mipha sobreviviera y ellos dos se marcharan, dejándome completamente sola. Pero algo que me gusta de él es que no insiste.
Por todas las diosas, eso lo hace más atractivo.
Por fin llegamos. El albergue tenía un interior bastante acogedor. El recepcionista nos dio la llave de una habitación para dos personas. Poseía dos camas.
Bien, así podría mirarlo mientras duerme...
Está claro que necesito una buena dosis de sueño.
Nos dirigimos a la habitación. Algunas son habitaciones para uno, otras familiares... E incluso hay puertas que te llevan por pasillos que acaban en el río, por si algún zora necesita refrescarse. Han pensado en todo.
Puse la llave en la cerradura de la puerta y la abrí. Ambos pasamos al interior.
Esta habitación era grande. Tenía dos camas, separadas por una mesita de noche, una mesa con dos sillas y dos puertas que llevan a dos baños, permitiendo que los dos nos podamos cambiar a la vez. Los armarios eran bastante grandes y había un perchero, ideal para dejar armas.
-Voy a cambiarme -ya era hora de dormir, así que cogí una túnica blanca que encontré por el castillo. Me perteneció, así que me venía de perlas como pijama. Me quité el sujetador. La túnica no transparentaba, como mucho se podían notar mis pezones.
Salí del cuarto, guardando mi ropa en la bolsa de viaje, y me tiré en la cama, cerrando los ojos justo cuando mi cuerpo chocó con el blando colchón, haciendo rebotar mis pechos. Abrí mis ojos y me encontré con los de Link, que recorrían mi cuerpo de forma curiosa. Cuando se dio cuenta, él desvió la mirada, con las mejillas teñidas de rojo.
-¿Te importa si leo el diario? Quiero devolverlo mañana -dijo él. Yo asentí.
Volvió su mirada al diario y lo abrió.
-¿Eres consciente de que son los pensamientos íntimos de Mipha? -se me escapó -me refiero a que a ella no le gustaría que leyesen su diario, el lugar donde ella se desahoga.
Link me miró mientras cerraba el diario.
-Tienes razón- no dijo nada más. Dudó un poco antes de acercarse a mi y depositar un suave beso en mi frente -Hasta mañana, Zelda -susurró en mi oído. Su voz me mandó escalofríos por todo mi cuerpo. Estaba tan cerca...
-Hasta mañana, Link -también susurré en su oído. Él se estremeció. Le di un besito en la mejilla -Descansa.
Él asintió, y apagó la luz.
Me quedé mirando su espalda, y con eso y el recuerdo de su beso aún latente en mi frente me quedé dormida.
Al día siguiente...
-Zelda... abre los ojos. Despierta.
Esas palabras me sonaban.
Link... abre los ojos.
El mensaje que yo le transmití cuando él despertó de su letargo.
Mis párpados se separaron lentamente, acostumbrando a mis ojos a la luz del sol. A mi lado estaba Link, quien me miraba sonriente.
-Mmph... -gemí perezosamente. Él rió suavemente.
-Vamos, princesita perezosa -yo me erguí y lo miré, y él se dirigió a la mesa. Le seguí. Allí había un apetecible desayuno que devoré inmediatamente. Estaba muy hambrienta.
El se rió.
-Luego dices que el hambriento soy yo.
Lo fulminé con la mirada.
-¿Tú desayunaste?
Él asintió.
-Me desperté antes que tú. Desayuné, me vestí, y fui a buscar cierta cosa que me dieron para ti -miró hacia su cama. Seguí su mirada y me encontré con un traje zora de mujer. Yo le miré sorprendida -A ver, no te permitirá nadar como un zora como el mío, pero sí protegerte del agua, y si te caes al agua, de que no te hundas.
Le di las gracias, emocionada.
La túnica era preciosa. Azul, hecha con aletas de zora, amplia en la zona de pecho y ajustada en las caderas. El zafiro de los zora era plateado, y pendía de un collar.
-Me lo voy a probar -Él asintió.
Al salir, su mirada se posó en mi cuerpo. Eran mis medidas exactas, y a la vez resaltaba mi figura. Por bromear, moví mis caderas sensualmente.
-¿Qué te parece? -pregunté con voz sexy.
-Increíble.
Me reí por la cara que puso. Estaba muy avergonzado. Las palabras habían salido de su boca sin procesarlas. Pero yo también estaba roja. Su halago me llegó al corazón.
-¿Vamos? -me preguntó, haciendo una reverencia. Yo solté una risita.
-Vamos.
¡Hola!
Siento no haberos podido traer un cap interesante, pero mis ideas eran tantas que me costó el capítulo.
El otro será mejor.
PD: Yo escribiendo a 15 min del Nintendo Direct xD
A ver si hablan de la secuela ;)
Tengo muchas ganas
