"Has visto a Ares?" Nathaniel quiso saber aún cuando sabía que los dos se habían encontrado en sueños.
"Ares?" Marinette repitió el nombre. Por supuesto que sabía quién era Ares. "Es el que odio, verdad? Es decir, el hombre a quien Afrodita odia."
Una risa escapó de los labios de Nathaniel. "Por qué piensas eso?"
"Porque siempre peleamos y luego...bueno peleamos." Ahora fue Marinette quien no pudo encontrar como decir que ellos, ella y Ares, siempre terminaban su pelea haciendo el amor dulce y apasionadamente.
"Odiar?" Nathaniel se rió divertido. "Es lo opuesto de hecho..."
"Qué?"
"Ese no es el punto." Nathaniel le sonrió traviesamente. "Como decía, tú representas a Afrodita y Adrien a Ares." Nathaniel pausó un momento y continuó después de un suspiro. "Adrien una vez vivió como los mortales...él se encontró con los semidioses, Luka y Chloe..."
"Por qué no los veo en mis sueños?"
"Tus sueños son algo...limitados." Le informó Nath. "Los semidioses no viven en nuestro bosque. Ellos prefieren vivir con los humanos. Ellos vigilan nuestros templos y mantienen la paz mientras estamos ocupados en este mundo."
"Cuántos semidioses hay?"
"Muchos."
"No los vemos?"
"Raras veces los vemos." Reiteró Nathaniel. "Ellos van por su cuenta. Tienen sus respectivos poderes y áreas de especialización."
"Ya veo..."
"Regresemos a nuestra historia, sí?"
Marinette asintió y esperó con anticipación. Quería saber todo lo que iba con respecto a sus sueños.
"Adrien tiene el espíritu de Ares dentro." Repitió Nath y la miró. "Supongo que ya sabes sobre la relación amorosa entre Afrodita y Ares. Verdad?"
"Tengo una vaga idea de ello. Casi plena, de hecho." Contestó Marinette. Con ese tipo de sueños, llegó a la conclusión de que Afrodita y Ares son pareja.
"Luka y Chloe disfrutan de vivir con los humanos. Ellos son alabados y aman eso. Los mortales son tontos en lo que respecta a un dios. Ellos creen que haciendo que nos enamoremos de alguno de ellos, tendrán nuestra seguridad y serán salvados. Lu y Chloe aman jugar con ellos. Les gusta armar problemas pero saben cómo librarlas. Les gusta divertirse con las mujeres y hombres, ya que la mayoría son vulnerables y frágiles. Las mujeres son las mejores presas para el predador que habita en los dioses."
"Eso es cruel..."
"Eso depende de quién lo ve y cómo lo ve, Mari." Dijo Nath. "Son cercanos a él porque Adrien es su medio hermano. Su lazo es muy profundo. Como Ares que es, Adrien juega el papel de un predador. Él representa al dios de la guerra y es...entendible. Busca aventura en todo. Y como hombre, envidia a los otros dos por poder ir con cualquiera. Ares se rehúsa a ser pasivo. Él quería ir de 'cacería' aún cuando tú eras su pareja. Él quería ser libre y bueno...Adrien quería hacer lo que sus amigos hacían."
"Los hombres son tan rastreros y superficiales." Remarcó Marinette.
Nathaniel solo sonrió, sabiendo que lo que dijo era cierto. "Es cierto. De todas formas, la tentación es grande. Provocado por ellos, Adrien salió de nuestro bosque y se divirtió con las mortales..."
"Y luego?" la voz de Marinette era diferente; no tenía emociones en ella. Era vacía y fría.
"Se divirtieron como lo haría un soltero; licor, mujeres, juegos de azar y todo lo que se supone grita 'diversión'. Aterrorizaron a algunos hombres y los mataron."
Marinette ni se inmutó ante el hecho de que Adrien junto con Luka y Chloe mataron humanos.
"Y qué hay del sexo?" Marinette no pudo evitar preguntar.
Si ella era Afrodita y Adrien era Ares, Adrien sabía a quién le pertenecía.
Marinette sabía que no le gustaría el hecho de que Adrien haya hecho un acto tan íntimo con una mortal a pesar de que ellos eran pareja. Nathaniel le acababa de afirmar que ellos eran pareja! Si Adrien se había acostado con alguien más entonces eso sería traición y dioses o no, la traición era considerada como un pecado mortal. Lo sabía porque una vez vio en sus sueños que un dios era castigado por engañar a su pareja.
"Celosa?" la voz de Nathaniel rompió los pensamientos de Marinette.
"No."
"Sonabas muy posesiva hace unos momentos."
Marinette permaneció en silencio mientras Nath se reía.
"El agua refleja lo que sientes, Mari." Dijo el pelirojo mientras escuchaba que el mar rompiendo salvajemente las olas.
"Aún no has contestado mi pregunta." Marinette trató de cambiar la conversación.
"Estás segura que quieres saber?" preguntó el pelirojo.
"No puede ser tan malo."
Nath dejó salir un suspiro y dijo, "Ares visitó a los mortales y vivió con ellos durante dos meses. Su atractivo físico fue suficiente para ganar la atención que quería. Le gustaba ser el centro de atención. Eventualmente, los hombres y mujeres supieron que dentro de Adrien habitaba el dios de la guerra. Era un hecho que las mujeres se sentirían atraídas por él y los hombres lo admirarían. Además, ellos necesitaban el apoyo de Ares para ganar sus batallas y las mujeres querían darle un hijo."
"Se acostó con una mortal, verdad?" siseó Marinette. Sentía la ira irradiando dentro de su ser, recorriendo sus venas.
Sin que Marinette esté al tanto, Nathaniel había estado tratando de controlar las emociones de la menor. Era un poder que él poseía. Aparte de que ser la diosa del amor, belleza y sexualidad, Afrodita era bien conocida por ser vanidosa, malhumorada y fácil de ofender. Nathaniel podía ver que Afrodita estaba saliéndose de control. Las orbes azules reflejaban furia, celos, y el sentimiento de traición.
"No me has contestado." Una fría y seria voz hizo eco en el silencio de la noche.
"Hubo una mujer..." Nathaniel empezó a hablar otra vez. "Era la más hermosa de las mortales. Ella lo amaba pero en lugar de rogarle como las otras, le demostraba su amor tratando a Adrien como el más superior de todos los hombres y dioses."
"Ha! Y Ares lo disfrutaba." Ambos sabían que era influencia de Afrodita lo que hacía que la menor dijera eso. La diosa del amor se rehusaba a agachar la cabeza ante alguien. Ares podría llorar lágrimas de sangre pero Afrodita jamás le rogaría.
"Cuéntame más..." dijo ella, "...de esa mortal..."
Nathaniel vio la ira en los ojos de Marinette. Sabía que no debería seguir enojándola pero tenía derecho de saber lo que pasó.
Adrien había mantenido el mundo en la oscuridad y había prendido fuego a las ciudades que había encontrado molestas. Los sueños no eran sustento suficiente para controlar los deseos de Ares y Adrine; lo que Ares sentía, Adrien sentía. Lo que Ares hacía, Adrien lo hacía.
Si esto continuaba, el mundo sería destruido en cuantoAdrien dejara que Ares tomara completo control de él. El lado violento de Ares gritaba porque se derrame sangre, quería que el mundo se bañara de sangre. Ares deseaba a Afrodita y Adrien ansiaba tener a Marinette.
Dependía de Afrodita y Marinette ponerle fin a esto.
Pero Afrodita era testaruda y mantenía lejos a Marinette. Esa era la razón por la cual ella no podía recordar su vida y quién era realmente. Ella era la razón por la cual Marinette estaba confundida. Nathaniel sabía que la menor sabía lo que estaba pasando. Solo que se rehusaba a creerlo porque Adrien la había lastimado a través de Ares.
"Te dije que me dijeras más de esa mortal." La voz de Marinett reverberó a través de la noche. Nathaniel miró el mar y vio que las olas estaban más altas de lo normal. Oscuras y espesas nubes cubrían el cielo. Empezó a llover mientras Marinette sentía que su amor por Ares despertaba.
"Basta decir, que la mujer se ganó su aprecio. Ambos Ares y Adrien se encariñaron con ella y la trataron como si fuera una reina."
"Es por eso que me aislé?" una celosa Afrodita y una celosa Marinette no era algo con lo que le gustaría lidiar.
"No, Marinette." Nath sacudió la cabeza. "Lo que te enfureció fue el hecho de que Adrien la tomó en uno de tus templos..."
Mentir era una cosa pero enamorarse de una mortal y acostarse con ella en su, mejor dicho, en el lugar de adoración de Afrodita era...
Los músculos de su rostro se tensaron. Marinette encontró difícil el poder hablar.
"Marinette...?"
"Dile a Adrien que no me visite en mis sueños. Nunca más."
Nathaniel vio a la menor adentrarse a la mansión.
La calmada noche se convirtió en una abrumadora con la tormenta presente. Las luces danzaban en el cielo, el trueno hacía eco fuertemente y la fuerte lluvia causaría daños en algunas partes de la tierra.
"Marinette..." Nathaniel susurró pero la menor no volteó. Suspiró y trató de calmar el agua con sus poderes.
"Atrévete a detener lo que hice y haré una catástrofe, Nathaniel Kutzberg."
La voz era fuerte para los oídos de Nathaniel pero estaba lo bastante seguro de que la menor ya no estaba en el lugar.
Nathaniel Kutzberg ...
"Por fin regresas a tus sentidos, Marinette. Sé que no debería, pero estoy feliz. Muy, muy feliz de que empieces a recordar."
El fuerte sonido del trueno lo sacó de sus sueños. Miró hacia afuera y vio una luz cruzar el cielo.
Vio que la lluvia caía con fuerza. Podía incluso escuchar que las olas rompían con fuerza. El viento, estaba seguro, estaba siendo calmado por Nino a pesar de la tormenta. Pero no pudo evitar pensar que sería un esfuerzo inútil para Nino ya que el viento estaba completamente fuera de control.
A veces, se preguntaba si Nathaniel era realmente el superior de todos ya que otra diosa era capaz de controlar y crear tales daños solo dominando un elemento.
"Estoy feliz de que hayas despertado. Marinette." Susurró delicadamente, viendo cómo los árboles, plantas y piedras eran arrancadas y golpeaban contra lo que obstruyera su camino. Alya y Kim tendrían mucho trabajo en cuanto la tormenta haya cesado.
Adrien cerró los ojos y trató de buscar cierta burbuja de sueños. Pero no la encontró. Enfocó todos sus sentidos para encontrarla pero sus esfuerzos fueron en vano. Después de un último intento, se dio por vencido y trató de dormir otra vez, sintiendo el vacío dentro de él.
Le tomó tres días antes de encontrar lo que buscaba. No estaba dentro de sus sueños.
Adrien visitó a Chloe y a Luka, y cuando estuvo por regresar al bosque y tratar de visitar a Marinette en sus sueños, se encontró caminando hacia otro lugar. Había pasado tanto tiempo. Ares pronto alcanzaría su límite y Adrien estaba seguro que no sería capaz de controlarlo ya que él mismo estaba fallando en controlar la fuerza de sus deseos. Ambos necesitaban a su pareja.
Adrien se detuvo cuando llegó a aquel lugar. Se paró frente a uno de sus templos. Era un lugar donde los mortales lo adoraban; dejando sacrificios a cambio de su ayuda. El olor a sangre era pesado porque los mortales sacrificaban animales ahí, derramando sangre en cierta parte de su templo. A Adrien no le importaba, tanto mientras no derramaran sangre de gente inocente.
Ahí había una estatua suya en la cual montaba un semental.
Su boca había sido esculpida, abierta, simulando su grito de batalla. Su cuerpo tenía una posición de defensa, como si estuviera listo para la pelea.
Una figura dentro de su templo llamó su atención. Hoy no era el día para algún sacrificio entonces, por qué había una persona ahí?
Lleno de curiosidad, Adrien caminó.
Se congeló cuando vio la figura frente a él.
Unos metros lejos de él estaba Marinette, elegantemente enfundada en sus apretados pantalones y un crop top, con un bonito y gran escote, dejando expuesta su blanca y delicada piel.
La cortina de su negro cabello estaba recogido en dos coletas.
Marinette también lo vio. Le sonrió dulcemente, haciéndole señas para que se acerque.
Adrien no pudo evitar sonreírle también. Había extrañado ver a Marinette así de inocente y dulce.
"He estado preguntándome qué te retrasó, mi amor..." los ojos azules de Marinette lo miraban juguetonamente y el pequeño puchero en sus labios la hacían ver más atractiva.
"Me has bloqueado la entrada a tus sueños, My Lady." Adrien contestó mientras alzaba la mano y acariciaba la mejilla izquierda de Marinette. "Te he extrañado, mi amor..."
"En serio?" preguntó ella. Se recostó en el pecho del mayor y dejó que la abrazara.
"En serio." Contestó Adrien, besando la cabeza de la menor,
"Dime, Ares...me amas?"
"Sabes que sí."
"Y Adrien...me ama?"
"Como Ares, amo a mi dulce Afrodita y como Adrien, amo a mi dulce Marinette."
"Pero Afrodita y yo somos una." Dijo ella, sintiendo los poderes de Afrodita fluyendo dentro de ella. Estaba enojada por lo que Marinette estaba haciendo. Habían sido traicionadas por el hombre que amaban, y el que aún mandaba en sus corazones.
"Lo sé. No importa a quién llames. Ares siempre responderá si es Afrodita y Adrien siempre lo hará si es Marinette."
"Cuánto me amas?"
"Daría lo que fuera por ti, mi amor."
"Es bueno escuchar esas palabras..." Marinette se inclinó y lo besó.
Se unieron en un beso húmedo. Sus lenguas peleaban por dominar. Sus dientes mordían los labios del otro mientras que sus alientos se mezclaban al besarse. Trazaron y lamieron el labio del otro cuando sus lenguas se rehusaban a ser dominadas.
Fue Adrien quien tuvo que separarse para recuperar el aliento.
"Eso es..." dijo Adrien entre jadeos.
"Arrebatador. Lo sé." Marinette terminó la oración y le sonrió al dios frente a ella. Le dio un beso en los labios antes de trazar la curva del cuello de Adrien con su dedo, tocando la clavícula del otro. Incapaz de resistir besó y mordió la piel haciendo que Adrien gimiera de satisfacción.
"Diviértete con tu regalo, mi amor..." Marinette susurró en la oreja de Adrien, quien aún estaba atontado.
En cuanto Marinette se desvaneció, Adrien se encontró frente a la mortal que una vez fue su pareja.
Él podía recordarla porque ella era la más hermosa de las mortales. Su cabello color negro con destellos azules, su corta cabellera. Su piel blanca y delicada como porcelana cubierta de pecas en la nariz. Su rostro pequeño y simétrico, ojos cafés, nariz perfilada y delicados labios. Ella podía ser una diosa si la calificación estuviera basada en solo la apariencia.
Era algo bueno que no se basara en eso.
Ella se convirtió en su pareja debido a un error. Pensó que se había enamorado de ella cuando de hecho, nunca lo hizo. Ella jugó con él y lo hizo perder a su verdadero amor.
La escena frente a él era una aberración para todos los dioses y la humanidad entera.
La mujer estaba echada desnuda, en el interior de su templo, mientras que dos hombres desnudos estaban sobre ella. Sus pechos estaban expuestos, sus piernas abiertas mientras uno de ellos se hundía en ella. El otro hombre estaba perdido en su propio placer mientras la mujer lo rodeaba con su boca.
Ella estaba gimiendo de placer mientras que ambos buscaban su liberación usando su cuerpo.
Era enfermizo.
"Agradece que Afrodita decidió hacerte gritar de placer y no de dolor." Dijo en voz alta, sus ojos se enfocaron en la chica.
Adrien se giró mientras más gemidos se dejaban escuchar en su templo.
En el instante en el que los tres lograron su liberación, el fuego consumió todo el templo, incluyendo los patéticos y sucios mortales quienes gritaron al darse cuenta de lo que estaba pasando. Por supuesto, Adrien no los dejó escapar y le indicó al fuego que quemara a los pecadores.
Desde el risco, Marinette sonrió cuando su confiable ninfa vino y le informó que uno de los templos de Ares se había reducido a cenizas debido a que nadie había podido apagar el fuego. Los tres mortales perdieron sus vidas en el interior del lugar que una vez fue un recinto sagrado para el dios de la guerra.
Estaba totalmente despierta ahora. Desde la noche en la que había hablado con Nath, Afrodita había sido liberada y Marinette vivía su espíritu.
Lo primero que hizo fue mandar a sus súbditos para que encontraran a una mortal.
Sus súbditos encontraron a la mujer por la cual su pareja se había atontado un tiempo. Marinette debía castigarla por desear a Adrien.
Aparentemente, la mujer sabía sobre Ares porque el dios de la guerra había ayudado a sus hermanos a ganar una batalla crítica. Ella pertenecía a una poderosa familia que necesitaba proteger sus tierras para que no sean adquiridas por otra codiciosa alma. Ella los vio pelear y supo que perderían. Su padre buscó la ayuda de Ares y ofreció su vida al dios a cambio de ello, mientras sus hermanos y sus sirvientes peleaban.
El sacrificio de su padre fue aceptado. Ares les dio su bendición y la pelea terminó.
Desde ese entonces, la mujer adoró a Ares y su odio por Afrodita creció. Ella visitaba el templo de Ares y los días que tenía que adorarlo, ella profesaba su amor por medio de canciones. Afrodita nunca haría eso. Nunca. Su confianza creció cuando los mortales le dijeron que ella podría reemplazar a Afrodita en el corazón de Ares ya que ella sobrepasaba la belleza de cualquier mortal y amaba incondicionalmente a Ares. Se volvió ambiciosa. Sus esfuerzos valieron la pena porque tuvo la oportunidad de estar con Ares, con Adrien, pero ahora, ella tenía que pagar por lo que hizo.
Y a pesar de que tenía un bonito rostro, Marinette vio que ella era una persona interesada. Fue fácil encandilarla y hacerla caer en su trampa. Ella solo tuvo que mover algunos hilos tal cual la diosa Afrodita lo habría hecho.
Si ella hubiera sido malvada, la habría matado en el instante en el que la vio. Pero se rehusó a mancharse las manos de sangre. En su lugar, hizo que ella se enamorara de dos hombres, quienes eran lo feos suficiente como para que nadie los deseara. Fue entretenido verla perseguir a esos hombres, confesando su amor por ellos. Sus hermanos encontraron una forma de encerrarla pero por supuesto, Afrodita, quien era la diosa del amor, no podía permitir que una pobre chica llorara por su amor. Era muy triste y difícil. Sarcasmo en su máximo esplendor. Marinette ayudó a la mujer a escapar y llevarla con ellos.
Fue algo fácil hacerla rendirse y tener sexo con esos hombres.
Marinette sabía que si la mujer estuviera en sus cabales, jamás se atrevería ni a mirar siquiera a esos tipos.
Todo fue fácil, debido a que ella era Afrodita.
Y sí, estaba satisfecha con su venganza.
Pero no era suficiente.
Dos semanas después de ese evento, Marinette decidió pasear por la playa. Disfrutaba de la compañía de sus súbditos.
Una sonrisa surcó sus labios cuando una de sus sirenas favoritas tocó una dulce melodía mientras ella jugaba con el agua en sus pies. Ella quería estar ahí para siempre, en la compañía de sus súbditos quienes nunca se atreverían a atraicionarla, y no en ese hermoso, encantador bosque en donde vería al hombre que la traicionó.
Estaba tan metida en sus pensamientos que no vio lo que las sirenas le trajeron.
"-tte."
Antes de castigar a la mujer, la llevó a su templo. Fue ahí donde Marinette se mostró ante ella. Marinette estuvo emocionada cuando vio el temor en sus ojos. La mención de Ares y Afrodita hizo que la mujer sintiera temor. Cuando Marinette la hizo desear a esos hombres, ella les avisó que se fueran de su templo antes de que las aguas lo tragaran. Merecía ser destruido ya que había sido manchado y profanado por esa mortal y su infiel pareja.
"Señora Marinette!"
Marinette saltó cuando una voz rompió sus pensamientos. Frunció el ceño cuando una docena de sirenas la miraron. Sus ojos repararon en una sirena de cabello largo y café que cubría la mitad de su torso mientras que su cola era un tono de amatista. Tal como las demás sirenas, perlas y conchas adornaban su cabeza, cuello y muñecas.
Se asustó cuando vio a un hombre inconsciente echado en la orilla, justo frente a la hermosa sirena.
Desde donde estaba, Marinette vio que el hombre era joven y atractivo. Se veía fuerte y gentil al mismo tiempo.
"Dónde y cómo lo encontraron?" preguntó a la sirena mientras se arrodillaba al lado del hombre. Alzó una mano y el agua siguió sus movimientos. Le tomó un minuto limpiar al hombre y sanar los pequeños raspones en su piel. Ella solo podía curar ligeramente mientras que Nath podía curar a una nación entera con tan solo alzar el dedo.
"Ella lo encontró inconsciente sobre una roca." Una voz interrumpió a Marinette. Ella se giró hacia el mar y vio a una de las ninfas, quien era bastante habladora, de hecho, la había visto hablando todo el día.
"Era un desastre. Pensé que era feo pero ahora que está limpio, debo decir que es bastante guapo. Y su trasero! Oh, su trasero~" suspiró soñadora y dramáticamente.
"Tiene los pantalones puestos." Dijo Marinette.
"Está húmedo, mi señora. La tela se adhiere a su cuerpo." Dijo la ninfa, sonriendo a su dueña.
Marinette sacudió la cabeza ante su ingenioso comentario. La ninfa movió su cola en el agua y jugó. Lo encontró divertido y lo habló con una de sus amigas.
"Yo lo cuidaré." Le dijo a sus súbditos quienes asintieron en acuerdo. "Ustedes pueden jugar aquí pero por favor asegúrense de que los mortales no las vean. No sabemos lo que les puedan hacer y no quiero que las lastimen. Entendido?"
Un eco de voces femeninas llenó el aire después de que Marinette caminara al lado de las sirenas quienes sin esfuerzo alguno llevaron al hombre mientras agitaban sus alas en el aire. Las demás permanecieron en el mar, jugando, cantando, nadando y tomando el sol.
Marinette miró a la durmiente figura en su cama. Le había pedido a sus siervos que investigaran sobre lo que podría haber sucedido en el mar. Fue una de las sirenas la que le dijo que había habido un naufragio. Ella le agradeció y le dijo que regresara al mar.
Un gemido de dolor escapó de los labios del extraño y Marinette se apresuró a atender al hombre.
Cuando el hombre despertó, Marinette supo que había encontrado a un amigo. El chico era un tanto torpe pero era de bastante ayuda en la mansión. Hablaron sobre la vida del chico, su colegio y las peleas, sus amigos y compañeros de aula. El chico parecía bastante unido a esta otra chica llamada Bridgette porque el joven no dejaba de mencionarla.
Marinette sabía que el amor algo tenía que ver en esto.
Eventualmente, Marinette se encontró a sí misma disfrutando de la compañía del recobrado chico quien una vez solo fue un cuerpo inconsciente siendo traído por las sirenas.
"Felix Graham?" se escuchó grito. "Quién mierda es Felix Graham?"
"Cálmate Adrien!" dijo Nath. "Marinette me dijo que este tal Felix sufrió un accidente y ella lo llevó a la mansión para cuidarlo."
"Cómo esperas que me calme cuando llevó a este hombre a su casa y nosotros ni siquiera podemos poner un pie en esa enorme y estúpida mansión!" Adrien gruñó frustrado.
Marinette había hecho un hechizo que evitaba que cualquier dios entrara a la mansión. Adrien había intentado muchas veces romper la barrera pero no había tenido éxito. Ninguno de ellos podía.
"Deja de estar así!" Nath lo regañó. "Se supone que es la una de la tarde pero tu humor ha oscurecido al cielo! Acláralo!"
Adrien bufó e hizo un puchero pero finalmente obedeció a Nath. Los pájaros volaron nuevamente en cuanto el sol salió.
"Por qué no vas y le explicas? Ambos están hartándome! Ve por ella y encuéntrala en el risco. Se queda ahí durante las noches porque se rehúsa a dormir para no soñar contigo. Tráela antes de que la cascada se seque!"
La cascada era esencial para los humanos. Era su fuente de agua potable. La cascada iba directo a las vías para poder distribuir suficiente cantidad de agua para que los humanos bebieran- si Marinette no regresaba en dos días, la cascada se secaría. Nath podía ganar algo de tiempo controlando el agua pero la habilidad de Marinette y la suya estaban en niveles diferentes. Ahora mismo, necesitaba a Marinette para que se ocupe de la cascada y necesitaba que Adrien le dijera su lado de la historia para que trajera de regreso a la menor.
En estos momentos Nath deseaba que en lugar de Afrodita fuera Julieta.
"Adrien, escuché que uno de mis cachorros vio a Marinette y a un hombre actuando como si fueran pareja." Dijo Nino al ya enfurecido dios.
Alya se giró hacia Adrien. "Una de las aves me dijo que mientras estaba arreglando las nubes, vio a Marinette presentándole al chico a la sirena que lo salvó. Las sirenas también fueron en su ayuda cuando el chico accidentalmente se cayó del risco. Las aves piensan que es un chico torpe." Dijo mientras acariciaba al fénix que estaba en su antebrazo.
"A Marinette le debe gustar mucho este chico si ya hasta lo presentó con sus súbditos." Dijo Kim antes de comer una uva. "Bue~no no es imposible que ese hombre ya se haya enamorado de ella. Después de todo es Afrodita y los hombres tienden a enamorarse de ella, a primera vista."
Adrien estaba enfurecido y los celos recorrían sus venas. Estaba harto! No había visto a Marinette durante casi un mes y las noticias sobre ella y este tal Felix, le estaban pasando factura. Ares no renunciaría a Afrodita así de fácil y Adrien no iba a renunciar a Marinette tampoco. La había perdido una vez. No quería que eso volviera a pasar.
Adrien aclaró su mente. Marinette sería suya esta misma noche.
El mundo parecía estar a oscuras estos días pero Marinette no se sentía con ganas de aclararlo.
'Estúpido Adrien!' Pensó. Se dejó caer al suelo y miró el mar.
El delicado sonido la apaciguaba. Se había vengado, la ambiciosa mujer había muerto. Estaría Adrien de luto por su muerte?
"Eres tan imbécil!" gritó enojada. Las olas se volvieron grandes y Marinette tuvo que calmarse a menos que lo que buscase fuera que otro barco naufragara.
Sonrió cuando vio las colas brillando bajo los rayos lunares. Los hermosos tonos de amatista, turquesa, esmeralda, zafiro y escarlata, se veían increíbles. Las sirenas debían estar jugando. Frunció el ceño cuando las sirenas se sentaron en las rocas. Las ninfas marinas fueron hacia ella llevándole perlas, rosas y demás chucherías.
"Qué hacen?" le preguntó a sus ninfas.
"Has estado muy solitaria estos días, Mi señora."
"En serio?"
Las ninfas asintieron y regresaron al mar. Las sirenas empezaron a tocar una dulce melodía mientras cantaban.
Marinette se permitió relajarse.
"Veo que te diviertes, My Lady."
Marinette se negó a mirar a su visitante. "Sabes que estás fastidiando mi paz, Chaton?"
"De verdad?"
Marinette bufó, tratando de calmarse con la música que se estaba tocando esa noche.
Marinette sintió que un pecho era presionado contra su espalda. Fuertes brazos rodearon su cintura, así como unas piernas atrapaban las suyas.
"Te extrañé, My Lady..." la voz era gentil.
"Ha! Las mortales ya no son suficiente para satisfacerte, gatito?" dijo con sarcasmo.
"Fue un error."
"Error o no, me engañaste. Me destruiste al amarla y acostarte con ella en mi templo!"
"Y ella ya lo pagó con su vida! Te encargaste de ello." Dijo Adrien mientras dejaba ligeros besos en el cabello de Marinette.
"Y tú? Cómo vas a pagar por lo que me hiciste?" preguntó ella. Algunas veces, ser Afrodita era una desgracia porque aunque tratara de resistirse, no podía.
Marinette tomó sus cabellos y los colocó al lado. Ladeó la cabeza, dejando expuesta la piel de su cuello para que Adrien pudiera besarla.
Marinette tenía un aroma celestial. Adrien no pudo evitar succionar la delicada y porcelana piel de cuello de la menor, haciéndola gemir.
"Ya he pagado por ello, My Lady..." susurró Adrien, sus labios tocaron la piel de Marinette.
"Cómo?"
"Te perdí, no?" Adrien mordió un lado del mentón de Marinette, sus dedos se adentraron por debajo de la ropa de la menor.
"Tal vez..." contestó ella. Alzó una mano y jaló el rostro de Adrien para acercarlo a ella. Finalmente besándolo.
El beso estaba lleno de deseo. Era demandante y furioso, apasionado y dulce, delicado y gentil. Era una mezcla de emociones.
Cayeron al suelo completamente y Marinette se rió cuando el mayor se quejó. La música se había terminado y ella agradeció silentemente a sus siervos por haberlos dejado a solas.
Afrodita se sentía agresiva y deseada, el sentimiento de odio era cubierto por el fuerte sentimiento del amor. Nunca le habían dicho ni a Adrien ni a Ares que los amaban. Y aún ahora, no era el momento.
Las prendas estaban regadas por el lugar mientras exploraban el cuerpo del otro.
La noche y el cielo eran mudos testigos de esa entrega.
Marinette besó el rostro de Adrien antes de succionar la piel del cuello del mayor. Adrien acarició la espalda de Marinette, trazó las curvas y dejó su mano en el trasero de la menor mientras sentía la delicada piel.
Gimieron cuando la fricción creció. No era suficiente. Necesitaban más. El fuego líquido dentro de ellos estaba rogando por ser liberado. Sus cuerpos rogaban por unirse.
"Marinette...Marinette..." Adrien no pudo evitar llamar a su pareja cuando sus cuerpos se unieron mientras ella se movía con lentitud sobre él.
Fue Ares quien le rogaba a Afrodita por liberación. Era el dios quien se rindió y pedía misericordia a la diosa.
Cuando el acto terminó, Marinette colapsó sobre su pareja y permaneció quieta, tratando de ganar aire. Sus cuerpos estaban cubiertos de sudor y su esencia los rodeaba.
"Te amo." Susurró Adrien, besando la cabeza de la menor.
Marinette sonrió contra el pecho de Adrien. Lo miró con ojos de inocencia y besó sus labios.
"Me halaga saber eso pero...ya estoy ocupada." Dijo poniéndose de pie. Se vistió mientras Adrien aún registraba sus palabras.
"Es por ese Felix?" una potente y enojada voz hizo eco en la noche. "Te ha tocado?!"
Silencio...
"Dime! Te ha tomado?"
"No te debo una respuesta, Chaton. Ni tampoco Afrodita le debe una respuesta a Ares." Marinette dijo y caminó hacia la mansión.
Sabía que sus palabras enojarían a Ares.
Ella tenía razón. A la mañana siguiente recibió la noticia de que alrededor de veinte ciudades habían sido consumidas por el fuego. Los ingenuos mortales pensaban que había sido un ataque enemigo. La guerra había empezado y Ares se rehusaba a ayudar a los humanos, el mundo se estaba bañando de sangre.
Estaba enojado.
Estaba enojado y estaba celoso.
Había buscado en toda la tierra por aquella que sería su cebo. Después de la violencia, había encontrado a la que estaba buscando.
Adrien arrastró a esa persona hasta el risco, y la ató a un árbol. Chasqueó los dedos y el fuego la rodeó. Podía oler el miedo. Podía incluso probarlo mientras la joven veía las llamas con horror. Sería quemada viva si todo fallaba.
Felix escuchó gritos desesperados viniendo fuera de la mansión. Por curiosidad, salió y se asustó con lo que vio.
"Bridgette..." susurró. Pudo ver a la chica peleando con el creciente fuego que pronto la consumiría.
"Felix." Una voz hizo eco.
El chico giró pero no encontró a nadie. Sus ojos se abrieron grandes cuando un hombre apareció frente a él. El hombre vestía una remera negra de manga larga con cuello 'V' y pantalones oscuros sueltos. Las mangas estaban subidas y dobladas en sus codos.
"Qué tal fue tu estancia con Marinette?" preguntó, la mirada en su rostro era amenazante.
La profunda voz estaba llena de ira.
"B-bien...s-señor..." tartamudeó.
"Eres un cobarde." Se burló. "Tartamudeas solo con mi presencia. Me pregunto qué harías si mato a tu amiga especial." El fuego creció y el pesado humo estaba casi sofocando a la chica que estaba atada al árbol.
"No!" gritó Felix cuando escuchó los dolorosos jadeos de la menor. "Libérala! Si esto es por Mari, estoy dispuesto a tomar el lugar de Bri!" trató de negociar con el enojado dios. Él sabía quién era él. Este chico era de quien Mari hablaba. Aquel del que estaba enamorada.
Adrien iba a decir algo pero la lluvia cayó con fuerza. Una malvada sonrisa cruzó su rostro.
"Qué bien que ya estés aquí." Dijo Adrien en cuanto la otra diosa apareció.
"El que es idiota, siempre es idiota." Dijo Marinette con un tono burlón en su voz. "Así que...te divertiste destruyendo el mundo?"
"Para nada. Pero estoy seguro que me divertirá matar a esa chica." Adrien gesturizó hacia el árbol y vio que los ojos de Marinette se abrían.
"Cómo supiste sobre ella?" preguntó.
"Tengo mis métodos." Dijo Adrien casualmente. "Ahora, Felix..." se giró hacia el chico, quien miraba horrorizado como las hojas de los árboles ardían nuevamente. "Crees que My Lady es para ti? Bridgette es bastante atractiva, debo admitirlo, y se parece bastante a My Lady."
"Por favor, no la lastimes." Rogó Felix.
"Por qué estás haciendo esto, Adrien?"
"Tú sabes la razón, mi amor."
Marinette roló los ojos. "Bien. Deja de hacer tonterías. Deja libre a la chica."
"No hasta que digas que me perteneces! Eres mía Marinette!" las llamas danzaban y la chica atada en el árbol gritó cuando el fuego tocó la piel de su brazo. Marinette chasqueó los dedos para tratar de domar las llamas que pretendían quemar viva a la chica.
"Tú eres el que me pertenece, Adrien." Marinette sonrió dulcemente. "Nunca será de otra forma."
"Estoy harto de tus juegos." La voz de Adrien sonaba cansada. "O me dices lo que quiero escuchar o mato a esta chica y vivimos separados para siempre."
"Si te digo mis sentimientos, me aseguras que no te sentirás tentado por ninguna mortal? Sabes que a Afrodita no le gusta compartir sus posesiones."
"Fue un error, Marinette. Encontró la forma de engañarme. Me hizo pensar que estaba enamorado de ella. Se aprovechó de la situación y sin estar al tanto de todo; me acosté con ella en tu templo. Ella te odiaba. Quería que tú vieras que yo le pertenecía cuando lo hicimos en tu templo." Adrien trató desesperadamente de explicar. Por qué Marinette era tan testaruda?
"Me estás diciendo la verdad?" los ojos de Marinette se llenaron de gentileza. Nunca había escuchado la versión por parte de Adrien ya que Afrodita se negaba a escuchar a Ares.
"Sí." Dijo Adrien, secándose la lágrima que rodaba por su mejilla.
Por primera vez estaba totalmente despierta, Marinette le dio una sonrisa sincera a Adrien. Caminó hacia él y acarició su mejilla derecha.
"Dime My Lady, me amas?"
"No habría estado contigo y no te habría esperado durante tanto tiempo si no lo hiciera." Susurró Marinette antes de besar a Adrien.
"Oye! Quita el fuego y libera a Bridgette!"
En un parpadeo, el fuego se consumió y las sirenas ayudaron a Bridgette, quien corrió hacia Felix. El mayor la calmó y caminó con ella hacia la mansión.
Adrien y Marinette ignoraron a los chicos mientras se perdían en ese beso.
Las cascadas regresaron a la normalidad. El agua era abundante otra vez. Las guerras se detuvieron y Nathaniel había revivido las ciudades quemadas y había sanado a las personas. Kim había recompensado a las personas con cuantiosos cultivos, Alya le había ordenado al viento que aclarara toda evidencia de guerra y Nino hizo que la tierra fuera un mejor lugar para vivir.
Marinette estaba sumergida en el manantial, otra vez.
Esta vez no estaba en un sueño. El cálido cuerpo en el que estaba recostada era un buen soporte. Adrien tocó las húmedas hebras que cubrían el rostro de Marinette.
"Te amo, Buginette." Susurró delicadamente en la oreja de Marinette. Sonrió cuando fue recompensado con un profundo y amoroso beso.
Estuvieron un buen rato bañándose.
Una hora después, ambos estaban sobre la cama.
El cielo estrellado era hermoso. El agua les ofrecía una tierna música.
Marinette era más hermosa que la naturaleza. Adrien sabía que era cierto mientras veía el rostro de ella contrayéndose de placer.
Aseguró las piernas de Marinette a sus caderas y la embistió profundamente. Marinette se revolvió y se sujetó de las blancas y sedosas sábanas.
"Adrien...Adrien..." la menor lo llamó mientras Adrien continuaba sus embestidas.
Marinette se veía atractiva contorneando su cuerpo, su cabello adherido por el sudor solo dejando ver un poco de sus senos. Sus pestañas y parpados casi cerrándose. Sus ojos estaban negros, pero ya no de furia. Los ojos de Marinette estaban oscurecidos a causa de la lujuria, debido a su deseo por Adrien.
"Chaton por favor~" rogó la menor. "Aahh...por favor~"
"Por favor qué, mi amor?" la voz de Adrien estaba llena de lujuria.
"N-necesito...aahhh" la voz de Marinette se convirtió en gemidos cuando Adrien embistió contra aquel lugar dentro de ella.
Ares estaba satisfecho de escuchar a Afrodita rogando. Adrien complació a su pareja, dándole fuertes embestidas y Marinette tuvo que abrazarse con fuerza a Adrien mientras su cuerpo se sacudía a causa de la intensidad de su orgasmo.
La forma en la que sus músculos se apretaron contra Adrien, lo llevaron al borde y con un fuerte gemido, se vino. Colapsó sobre su pareja, restregando su nariz contra la curva del cuello de la menor. Su respiración se rehusaba a regresar a la normalidad.
Marinette acarició las delicadas hebras doradas del cabello de Adrien. Lo escuchó suspirar lleno de satisfacción. Besó la cabeza del mayor y susurró las palabras que tanto Adrien como Ares habían esperado por mucho tiempo.
"Te amo, mi amor..."
"Yo también te amo, My Lady..."
Adrien le sonrió y la volvió a besar, empezando a moverse para volver a hacerlo.
Fin.
