Quinn Fabray había perdido las esperanzas de conocer a su alma gemela, veía como todos sus amigos ya tenían a la persona que los hacía sentir completos a su lado menos ella. Dejo salir un suspiro, sabía que no podía hacer nada, sabía que solo podía esperar a que un milagro ocurriera.
Sus mejores amigas se había preocupado por ella, daba la casualidad que Santana y Brittany había sabido que eran almas gemelas desde que eran una niñas. Cuando Santana y Brittany le había dicho, ella había entendido porqué las dos chicas eran más cercanas, se habían amado desde que eran una niñas.
—¿Qué es lo que piensas? —Escucho Quinn a sus espaldas, no tenía que darse la vuelta para saber que era Santana.
—En todo.—Suspiró la rubia para voltear a ver a su mejor amiga. Santana pudo notar la mirada perdida e inmediatamente supo que era lo que la rubia tenía en mente.
—No tienes porque apresurarte.—Dijo la morena adentrándose en la oficina de la rubia. —Pronto llegara tu momento.
Quinn solo pudo rodar los ojos ante eso, Santana llevaba mucho tiempo diciéndole que pronto llegaría su momento, que pronto conocería a su alma gemela.
—Todo sigue siendo gris, Santana.—Dijo Quinn dejando salir un suspiro. —Es incómodo cuando alguien me dice "Oh mira eso de color azul" y pretendo saber cual es el color azul. Tu y Brittany han sabido diferencia los colores desde que son una niñas, todos los demás saben cual color es cual, luego las miradas de lástima cuando caen en cuenta que soy la única que no lo sabe.
Santana dejó salir un suspiro, no podía decir que entendía por lo que su mejor amiga estaba pasando porque no lo sabía, ella nunca había tenido que pretender saber los colores.
—No pierdas las esperanzas, Fea.—Dijo la morena con una sonrisa maliciosa en el rostro. Quinn solo rodo los ojos ante lo dicho por su amiga.
—Lo que tu digas.
….
Rachel sonaba con el dia en el que conocería a su alma gemela, no pierde la esperanzas que conocería a esa persona tarde o temprano. Miraba a su alrededor, sus amigos eran felices y ella no podía evitar sentir un poco de envidia, ella deseaba poder sentir esa felicidad pero aun no tenia la dicha.
—Tienes una entrevista en las empresas Fabray.—Dijo Kurt sacando a Rachel de sus pensamientos. —Creo que es bueno que te vayas preparando.
—Gracias.—Dijo Rachel para segundos después salir corriendo y alistarse para su entrevista.
Kurt solo podía negar con la cabeza, su mejor amiga estaba loca. Kurt sabía que Rachel siempre sonreía para evitar que los demás a su alrededor se preocuparan por ella, no quería causar problemas innecesarios. El chico sabía que era lo que provocó que la bajita se perdiera en sus pensamientos y esperaba que pronto encontrara a la persona que literalmente llenaría su mundo de colores.
Rachel no podía decir que no estaba nerviosa porque si lo estaba, buscar empleo en la ciudad de Nueva York no era fácil, había aplicado a diferentes lugares pero como era de esperar cientos de personas más estaban aplicando también. Era tomar la entrevista en las empresas Fabray como asistente editorial o buscar dos trabajos como mesera o algo mas que le permitiera sobrevivir.
Le gustaba caminar por las calles de Nueva York a pesar de que era una ciudad realmente ocupada, llena de tráfico, murmullos, personas yendo y viniendo. Estar en las calles le hacía sentir menos sola porque sabía que entre todas esas personas habían personas que aun no había conocido a su alma gemela.
Cuando llegó al edificio tomó una bocanada de aire y se dirigió hacía el ascensor, sabia que tenia que calmarse. Cuando salió del ascensor se dirigió hacia la recepcionista.
—Hola.—Saludo Rachel con una pequeña sonrisa. —Mi nombre es Rachel Berry y tengo una entrevista.
—Hola.—Saludo la secretaria. —Soy Tina, toma asiento y en unos minutos te llamaré.
Rachel solo asintió y tomó asiento.
—Quinn nos va a matar si las cosas no se arreglan antes de que la revista llegue a su fecha de entrega. —Escucho Rachel a una mujer quejándose.
—Calmate Mercedes, arreglaremos todo antes de que eso suceda. Santana estaba hablando con ella y por lo que me dijo Quinn no está alarmada.
—Estas segura, Brittany.
—Sabes que Sam nunca miente.
—A ti quizás.—Murmuró la morena encogiéndose de hombros.
Rachel estaba curiosa de saber de qué era lo que las mujeres estaba hablando, pero simplemente se tendría que limitar a escuchar. Estaba por prestar atención a lo siguiente que las mujeres iban a hablar cuando se vio interrumpida por Tina.
—Sígueme, la oficina donde harán tu entrevista esta lista.
Rachel rápidamente se levanto de la silla y siguió a Tina. No iba prestando atención a su alrededor, si era sincera no le servía de mucho en esos momentos. Cuando entró en la oficina se dio cuenta de que se encontraba sola.
—Santana y Mercedes estaran pronto contigo. ¿Deseas algo de tomar?
—No, gracias
Rachel sabía que si tomaba algo en esos momentos probablemente vomitaria debido a los nervios.
Miro a las dos mujeres entrar en la oficina, se tranquilizo y cruzo los dedos para que la entrevista saliera bien y que por fin pudiera obtener un trabajo. Sabía que Blaine y Kurt le ayudaron hasta que ella pudiera valerse por sí misma pero quería poder aportar con lo que le fuera posible. Cuando la entrevista empezó se dio cuenta de que Santana era la que hacía más preguntas, por lo poco que había visto Mercedes solo estaba ahí para evitar que Santana perdiera los estribos. Rachel no entendía como una entrevista podía hacer enojar a alguien hasta el punto de que terminara en una pelea física.
Ignoro todos esos comentarios que su mente estaba creando, se concentró en contestar las preguntas pero también en hacer las preguntas adecuadas que dejarían a esas mujeres con las ganas de que ella se quedara con el trabajo.
Rachel observó como Santana y Mercedes se miraban entre ellas y luego asienten.
—El trabajo es tuyo.—Dijo Mercedes con una pequeña sonrisa en el rostro. Rachel no pudo evitar sonreír ante esa noticia.
—Pero hay un pequeño problema.—Dijo Santana sonando desinteresada.
—¿Cual es ese problema? —Preguntó con un poco de temor.
—Nosotras podemos decir que si, pero quién juzgará tu desempeño en esta empresa será Quinn. Tienes un mes para evitar que ella te despida, así que si fuera tu haría lo mejor.—Dijo Mercedes con seriedad. Sabía que Quinn siempre esperaba que sus empleados hicieran bien su trabajo y si a ella no le parecía lo suficiente esas personas no merecen estar en esa empresa.
—Entiendo.—Dijo Rachel.
—Muy bien.—Dijo Santana. —Empiezas manana a las 8am, no llegues tarde.
Dicho eso Santana y Mercedes salieron de la oficina dejando a una Rachel con una enorme sonrisa en el rostro.
…
Llevaba dos semanas trabajando en las empresas Fabray, aún no conocía a Quinn Fabray. Rachel no sabía qué pensar, ¿estaba haciendo un buen trabajo? ¿La despedirán a fin de mes? Había visto a Santana caminar por los pasillos pero está siempre parecía estar ocupada, Mercedes siempre andaba corriendo de un lado a otro.
Miró su reloj y se dio cuenta de que si no se apresuraba llegaría tarde al trabajo. Eso era lo que necesitaba evitar, no sabia en que momento conocería a Quinn pero esperaba que no fuera esa mañana porque de ser así se iría despidiendo de su trabajo.
Corrió hacia los elevadores pero no se dio cuenta del rótulo que decía que el piso estaba mojado, abrió los ojos en sorpresa al darse cuenta de que no iba a poder parar e iba a chocar contra la mujer frente a ella.
Cerró los ojos ante el impacto, escuchó el quejido de la mujer bajo ella. Rápidamente se levanto queriendo disculparse lo antes posible, pero cuando sus ojos se conectaron con los de la mujer frente a ella se quedó paralizada. Ya no eran ojos gris, tenían un color diferente.
Se movió a un lado, tratando de salir de su sorpresa, quería decirle algo a esta mujer pero toda respuesta se había quedado atorada en su garganta al darse cuenta que podía ver los diferentes colores a su alrededor, al darse cuenta que había encontrado a su alma gemela.
—Lo lamento.—Susurró Rachel minutos después. —No me di cuenta del rótulo.
La mujer solo le dio una pequeña sonrisa. —Creo que tu y yo tenemos que hablar.
—Rachel Berry.—Se presentó la morena con una pequeña sonrisa.
—Quinn Fabray.—Dijo la rubia mientras se ponía de pie.
Rachel no pudo evitar su sorpresa, esta mujer solo era su alma gemela, también era su jefa. "Esto parece haber salido de una telenovela." Pensó la morena.
…
Quinn había tenido una mañana agotadora, cuando se dirigía hacía la empresa alguien le tiró su café porque al parecer esa persona iba tarde. Cuando llegó al edificio noto que el piso estaba mojado así que con cuidado se dirigió hacia el elevador. Escucho a alguien entrar corriendo y solo pudo rodar los ojos, pero segundos después sintió como el aire abandonaba sus pulmones debido al golpe que había recibido.
Estaba por gritarle a la persona que la había golpeado cuando se encontró con los ojos de una mujer, eran grises como se lo esperaba. Miró a su lado derecho y se dio cuenta de todos los colores que podía ver en ese momento.
No pudo evitar sonreír, después de todo Santana había tenido razón. Su momento había llegado.
Ahora todo tenía color, todo tiene sentido. Gracias a esa mujer frente a ella ya no estaría en la oscuridad.
