Entrada 1.
EL bosque de Oregon.
Oregon, uno de tantos estados de norteamérica, doscientos cincuenta y cuatro kilómetros cuadrados de tierra bendita, bosques de pinos, ríos y montañas; los pequeños pueblos trabajan la industria maderera como era de esperarse, pero Oregon es más que simples bosques y montañas, este lugar cuenta una historia de dos personas que pronto veremos rela—
—¿Se te ofrece algo?— dijo la persona sentada.
Era un señor que descansaba en el corredor de un mini-super de paso. Vestido como cualquier hombre de su edad, tomando un aire tranquilo en una mecedora mientras sostenía una lata de soda en su mano.
En realidad no, yo solo estoy pasando el rato y contando una ¡Un momento! ¿Puedes escucharme?
—Claro que puedo hijo, hablas muy alto— comentó tomando un sorbo de su bebida. —Deberías bajar un poco tu tono.
Pero soy el narrador, en teoría solo soy una voz alta, ¿No te asusta?
—¿Asustarme? ¿Porque debería?
Bueno, es algo raro e inusual, apuesto que en general su vida es muy—
—¡Hah! Muchacho, es eso te equivocas, Oregon no es nada normal,— miro su lata y siguió hablando —Te sorprendería las cosas que he visto en esta carretera. Dejando eso de lado. ¿Se te ofrece algo?
Bueno, me gustaria comprar unas botanas para el camino, no no, concentrado. ¿Dices que no hay nada normal aquí?
—Nop, Normal no es un adjetivo que usaría aquí.
Mmm... en realidad quería contar una historia relativamente normal, ya sabes un encuentro de chicos y amor de verano.
—Pues tendrá que ser algo especial porque aquí no.
Hm, bueno, entonces tendré que narrar otra cosa... ¿Esta carretera que pasa frente a tu tienda es la interestatal?
—En efecto, es la carretera doce, pasa por dos pueblos y llega al Noroeste de aquí.
¿Y si voy hacia allá a donde llegare?
—¿Ahí?— miro el camino hacia la derecha. —Si conduces un rato hacia allá, llegarás a un pueblo llamado Gravity Falls, un hermoso lugar, buenos pays y por cierto, tienen un lugar que debes visitar, se llama la cabaña del misterio. Es muy interesante.
Ya veo, ¿Y al otro lado?
—Por allá se llega a Royal Woods, no queda muy largo, verás, mientras que en Gravity Falls hay turismo y esas cosas, en Royal Woods es donde se comercia la madera que se tala ahí, es por así decirlo la zona comercial, es básicamente complementantes uno del otro.
Entiendo entiendo, hm.
—¿Y? ¿Que piensas hacer hijo?— preguntó poniéndose de pie y tirando la lata.
Creo que ire a mirar un poco.
—Buena decisión, si ocupas algo. Pasate por mi tienda, adios.
Adios... hm... Creo que buscaré una buena historia que narrar.
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—¡Oink Oink!
Ese sonido era en definitiva un cerdo, el mamífero que se comía a veces hizo el ruido mientras corría por ahí alegremente.
Estaba en una zona pastosa, rodeado de pinos y autos, pertenecientes a los turistas, si señor; esta era una atracción turística. Pues varias personas caminaban por ahí hacia una vivienda.
Era de madera, alta, tenía un letrero arriba decía "La cabaña del misterio" en letra grande, la gente se reunía para seguir a un hombre alegre, vestía un traje, un gorrito rojo y ¿Eso era un parche en su ojo?
No parecía estar tuerto, creo, creo que eso es más que nada apariencia, bueno, el cerdo paso por ahí junto a la gente, alegre como ningún cerdito en el mundo. Luego de caminar entre las personas el cerdo corrió hasta una chica, era una pelirroja que traía botas, pantalón y camiseta verde de cuadros.
—Hey pato, cuidado por donde pasas amigo— dijo ella, mientras cargaba con unas cajas. Ella trabajaba ahí, ayudando en la caja registradora y en este momento a mover unas cosas.
Pato, como se reveló el nombre del cerdo, siguió su ruta a toda velocidad.
Era un buen dia, habia sol y las nubes no tan altas, por lo que era de esperarse el ánimo del animalito, estaba a punto de llegar a su lugar o al menos a donde era que se suponía que iba, cuando se encontró con dos señores muy iguales, era interesante pues estos dos hombres eran gemelos, pero eh, que uno de ellos tenía seis dedos.
Eran señores ya mayores, uno con un traje simple y el otro traía unas ropas más técnicas acompañados de sus gafas, estos dos estaban sentados cerca de una casa remolque mientras tomaban una fría bebida y un poco de sol. Que delicia si que lo era.
—Eh pato— habló uno de ellos mirándolo— si buscas a Mabel esta por allá.— señalo.
Pero el cerdo se quedó mirándolos como si nada.
—Hacia allá, a-l-l-a —seguía apuntando —Oh vamos, se supones que eres un animal tan listo como nosotros.
—Stanley eso no es del todo cierto— hablo el hombre de lentes —es en parte y no tanto, los cerdos no son tan listos como nosotros pero si recuerdan ciertas cosas.
—Si si, como sea, es hacia allá amigo— lo levantó y puso hacia adelante —Ahora ve, vamos, haz algo.
Mientras este hombre trataba de que se moviera el porcino, el otro tomo unas botanas que tenía cerca suyo, se las dio al Pato quien se comió rápidamente y al terminar el bocado se fue de ahí.
Claro, esto le causó poca gracia a su hermano quien lo miraba serio.
—Te lo dije Stanley, no son tan listos.
—Si bueno como sea, se calienta mi soda.— comentó caminando de vuelta a su silla.
De nuevo con pato corrió por el resto del patio, llegando por quien a su destino. Cuando lo hizo una niña lo tomó entre sus brazos con suma alegría. Ella traía puesto un suéter de color púrpura con una imagen de cerdito en el centro.
—Muy bien muy bien, ¿Cuánto miden?
Cuando la niña acercó al cerdo junto a un tocón, se podía ver a su hermano gemelo también, trayendo un gorro de leñador junto con una chaqueta y pantaloncillos, el chico estaba escribiendo algo en un cuaderno de resortes.
—Nm nm nm... no lo sé niño. ¿Cómo veinticinco centímetros?
En el tronco estaba la cosa más ¿Rara? O chistosa que se puede ver, era un Gnomo, ya saben, barba, gorro de cono, este era de barba café. A la par suya estaba otro de igual manera, pero de barba gris y con un diente afuera, oh, tambien tenia ojos volteados en diferentes direcciones.
—Shmebulock— replicó el que estaba a la par suya.
—¿En serio?— preguntó el primero —Creía que era más alto.
—Bueno, entonces supongo que son como de treinta centímetros— apuntó el chico.
Mientras este seguía escribiendo esto los gnomos disfrutaban de una rebanada de Pay que tenían cerca y que los chicos les habían dado por su cooperación.
El chico seguía escribiendo, mientras pato se acercaba por el olor de la tarta, el Gnomo noto esto y le dio un leve manotazo a su nariz.
—Oye, consigue tu propio pay cerdo— dijo molesto.
—Mabel aleja a pato del pay de los Gnomos— comento el chico.
—Oh vamos, pato solo quería un pedazo del pai de la abuela de Soos.— replicó ella.
—¿Ocupas algo mas chico?— comentó el Gnomo.
Dipper miró el cuaderno en sus manos mientras revisaba los datos que había recogido, tamaño, dieta, comportamiento y otras cosas más era lo que tenía reunido en ese cuaderno. En esencia esto era una segunda versión del diario, pero una que no tenía misticismo o notas ocultas, parecía más un cuaderno de campo que un diario.
—No, creo que esto es todo,— cerró el mismo y guardo su lapicero —disfruten el pay señores.
Dicho esto los gemelos dejaron a los Gnomos con su tarta, mientras volvían Mabel se acercó a su hermano quien revisaba unas hojas de su cuaderno.
—¿Cuantas hojas llevas?— preguntó mirando el cuaderno.
—Por ahora— respondió Pines —No muchas, como quince apenas.
El cuaderno estaba lleno de muchas notas pero había algo peculiar en el contenido y era el crecimiento de este. Recordemos que Ford redactó tres diarios enteros, si es cierto, algunas partes estaban llenos de pensamientos y documentación aparte, sin embargo la mayor cantidad de peso de los mismos eran los datos de las rarezas y seres de la zona.
Dipper estaba en un dilema y si bien no quería volver a cometer el desastre de su tío, quería hacer un legado, un honor a estos diarios. Y qué mejor forma que escribir lo que este consideraba una enciclopedia de la fauna y ecología extraña del pueblo.
—Necesito reunir más información mabel.
—Tranquilo, apenas esta empezando el verano, tenemos mucho tiempo.— decía alimentando a pato.
—Eso es cierto, pero creo que hay poca actividad aquí, es como si las cosas se hubieran—
—¿Reducido?— levantó la mirada el chico para ver a Wendy caminando hacia ellos con una soda. —SI que lo ha hecho.
La pelirroja se sentó junto a los chicos en un tronco caído, mientras descansaban un poco por el calor, tomaban una bebida gaseosa para la temperatura.
—Desde que pasó el armaggedon, todo se volvió más tranquilo.
—El tio Ford dijo que quizás se debió a la reparación de las grietas de rarezas— comentó Mabel.
—Eso explica que prácticamente ya no haya nada fuera de lo común saliendo por ahí, bueno— tomo un poco más de soda —Excluyendo a esos hobbits y los hombres toro de por ahi.
—¡Hey!— grito Jeff desde atrás —¡No somos Hobbits, somos Gnomos! Son dos cosas diferentes.
Mientras las chicas seguían hablando un poco, Dipper sacó de su bolsillo un mapa pequeño que tenía de la zona, al abrirlo miro que el pueblo estaba rodeado de una enorme meseta de árboles y pinos, había un río, por ahí estaba el lago si, nada que no se hubieran dado cuenta ya antes.
—Hm... quizás deba de ir a visitar a los Hombres Tauros.— murmuró levemente.
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—Hm.
Era madera, pues eso. Era un árbol, creo que un pino, estaba maduro, tenía buen color y una buena textura.
—Hm.
Olio un poco la madera si, estaba buena, no no no, un momento. ¿Como que la estaba oliendo?
—Hm. ¡Hm!
¿Y ahora lo golpea un poco? Vale esto esta muy raro.
La persona, no, él chico era un joven como de quince años, de rasgos albinos si; traia puesto un gorro de invierno pero no uno para recreación, de esos con pompones en la parte de arriba, esto era como un gorro Beanie, uno castaño que cubría su cabeza contra el frío, sin orejeras, solo la cabeza.
En sus manos, los guantes para trabajar en la madera, protección ante nada contra las astillas, tenía puesto una camisa de cuadros, roja y castaña. Unos pantalones de trabajo y zapatos a juego y ojo, que no traía puesto alguna faja, sino que sostenía sus pantalones con un tirante naranja opaco; ah, se me olvidaba que encima traía un chaleco sin mangas, ya saben, el típico uniforme de leñador.
Era un chico el que estaba haciendo esas cosas raras al árbol, primero lo olió, luego lo golpeó para ver si estaba hueco, cuando termino con esto pegó su oreja contra la madera para escucharla, cerrando los ojos puso atención... y atención... y listo, creo que es suficiente, estaba mirando el árbol ¿O que? Cuando parecía que ya había terminado de hacer lo que sea que estaba haciendo, sacó su lengua para lamer el—
—¡Vale es suficiente!
Rápidamente un hombre más alto que el, adulto obviamente, lo tomó del cuello de la camisa y lo alejó del pino, antes de que hiciera una tontería.
—¿Está maduro si o no?— pregunto sosteniendo su hacha.
El chico se sacudió un poco las hojas de la camisa y respondió.
—Si, esta algo pasado de maduro, como unos dos meses, pero si es buena leña.
—Bien,— escupió en sus guantes y los froto uno contra el otro, luego tomó el hacha —Hazte a un lado chico, que ahora me toca a mi.
—Claro, diviertete con eso, ire a buscar mas arboles.— término.
Se alejó de ahí dejando al hombre con su herramienta, un poco mas adelante habia una faja con la funda que sostenía un hacha, también otras cosas para talar y escalar árboles, el muchacho tomó esta misma y se la puso, al cabo de acomodarlo y asegurarlo continuo caminando entre el bosque.
Teniendo solo el sonido del hombre cantando y cortando el muchacho caminó entre los pinos mientras buscaba más árboles para tirar.
—Oh, no sabia que estaba ahí— comentó él.— ¿Que estaba haciendo? Bueno, eso era parte de mi trabajo, veran, soy el encargado de ver cuáles árboles están o no listos para ser talados con el hacha.
Mientras explicaba seguía caminando, mirando los pinos a su alrededor.
—La mayoría pregunta ¿Cómo le hace un chico de quince años para trabajar en una maderera? Pues la respuesta es porque puedo jeje, no en serio— siguió sin burlarse— es porque el trabajo que realizo no es tan peligroso, no me dejan cortar árboles maduros pues porque ya saben, peligro para menores. Aun así me encanta lo que hago y es bueno.
De un salto se subió a un pino caído, se sentó en el tronco mientras continuaba.
—Esta es una empresa familiar.
—Hola Lincoln— saludo un sujeto caminando con una hacha.
—Hola Joe— devolvió el mismo —Como decía, es una empresa familiar, la fundo mi bisabuelo y mi actual abuelo la maneja, espero algun dia heredar la empresa y por ello, ayudo en la misma, si es cierto; hay más personas, porque aunque es familiar se necesita mucho personal.
Cuando termino de decir esto Lincoln bajo del pino y siguió su camino, sonriendo de lado camino por el bosque.
—Es un gran trabajo y no me quejo, de hecho lo adoro y espero que siga asi el resto del ve—¡Uff!
Antes de poder terminar, Lincoln chocó contra una enorme cantidad de cintas amarillas, levantándose, el chico miro como las susodichas rodeaban varios pinos como si fueran escenas de crímenes o algo asi. Confundido el albino rodeo las cintas mientras buscaba el origen.
—¡NO A LA TALA! ¡SI A LA VIDA!
—No puede ser— comentó molesto.
Más adelante Lincoln noto a un grupo de chicos y adultos, vestidos con camisetas verdes con las formas de los pinos, estaban reunidos con pancartas y letreros mientras protestaban en contra de la tala. Ecologistas, la peor pesadilla de los humildes leñadores.
Se acercó a la zona amarilla junto al resto de trabajadores de la empresa de madera, al hacer esto noto que cerca suyo estaba un señor de cabello naranja, se veía serio.
—¿Otra vez esta gente?— preguntó el chico al hombre el cual se limitó a suspirar molesto.
—Sep, ambientalistas.
—Ambientalistas— término Lincoln molesto —¿Y esos logos? ¿Uarry?
—Se pronuncia U.A.R.Y.— comentó el hombre.
—¿Que rayos significa eso?
—Unidad de Ambientalistas en Royal Woods.— terminó, el chico puso su mano en su rostro mientras escuchaba ese nombre.
—¿Otra vez se cambian el nombre? ¡Dios!
Mientras el chico se molestaba, los demás ambientalistas siguen gritando salve a los árboles con los letreros, Lincoln estaba realmente cansado de esta gente, cada semana vienen al menos una vez al día para hacer protestas innecesarias, en serio, estaban haciendo el trabajo de la madera más difícil, entre tanto y tanto, el chico noto a un joven con una bufanda de tono menta en el cuello, como el resto llevaba una camiseta verde con el logo del pino.
—¡Oye Mike!— gritó Lincoln molesto desde el otro lado de las cintas —¡¿No tienen algo mejor que hacer?!
—Para nada, el ambiente es lo primero— respondió tomando otro de los carteles, se acercó a Lincoln agitándolo.
—Por última vez, Mike, la tala que hacemos es sostenible, reforestamos las mesetas que cortamos— apuntó hacia el este —Toda la zona de aqui lado está volviendo a crecer.
—Esa es una mera excusa que le dan a los federales, pero nosotros sabemos la verdad y lucharemos por los árboles, cueste lo que cueste.— luego de ello se unió al círculo de protestantes— ¡NO A LA TALA! ¡SI A LOS ÁRBOLES!
—¡Pedazo de!— bufo molesto Lincoln mientras lo veía irse, en serio que quería meterle una patada en el trasero y sacarlo de ahi, pero si lo hacia le caía la ley a la empresa de su abuelo y no quería eso, menos con la edad que tenía él.
—Esto va a tardar un rato— replicó uno de los leñadores al otro lado del puño de trabajadores.—Iré a tomar un poco de café, mi esposa hizo unos panecillos que están calientes aún.
El sujeto tomó una lonchera mientras se alejaba de la protesta para disfrutar de su café con tranquilidad, lo que no noto era que uno de los protestantes lo avistó y se fue detrás de este.
Mike les había ordenado proteger a tantos árboles como pudieran así que lo siguió para ya saben, por si intentaba cortar otro de los mismos. Después de todo tenía un hacha en su cintura, así que en definitiva iba a cortar algo, malditos leñadores, destruyendo el planeta.
Mientras este lo seguía en silencio, el leñador caminaba silbando con la lonchera en su mano, siguió por un rato hasta que encontró un bonito lugar para comer cerca de las orillas de las montañas.
Había un arroyo que pasaba cerca, había paz, silencio y sobre todo, ni un solo ambientalista por ahi, asi que poniendo su hacha en un lado se sentó en la roca para disfrutar los panecillos.
Abrió la lonchera de metal y vio su contenido, se lamió los labios por lo delicioso que se veía lo que preparó su esposa, sacó un pañuelo y lo acomodo en su garganta, luego de ello tomó un termo y abriéndolo se sirvió un poco de cafe.
—Si señor, los panecillos de la abuela Margaret— dijo tomando uno, lo acercó a su boca para disfrutarlo y.
—¡AJA!
—¡AH!
Ser asustado como nadie por el protestante que lo estaba siguiendo, del enorme asombro dio un salto y dejó caer su lonchera. Al ver que no estaba ahí para talar un árbol sino para comer el muchacho se puso pálido de la vergüenza.
—Perdon, tu estabas? ¿Acaso ibas a?— preguntar nervioso.
Pero el leñador poca gracia le causó pues aparte de dejar caer los panecillos de su esposa, había regado café encima de su ropa. En su rostro estaba dibujado una expresión poco amistosa.
—Tran-tranquilo señor— dijo el chico levantando las manos —No hay que ponerse violentos.
—¿Ah sí?— replicó cabreado —¿Quieres que me ponga violento muchacho?
Tomó el hacha que tenía cerca y la levantó al frente suyo, el muchacho tragó saliva al ver eso y corrió hacia la dirección contraria.
—¡Vamos, no huyas!— grito detrás suyo.
Corrió lo más rápido que pudo por el bosque para evitar el molesto sujeto, en su ruta de escape el chico se metió dentro de un tronco viejo para perderlo, este sirvió pues el hombre llego a donde estaba y no lo veia por ningun lado.
—¡No huyas cobarde!— exclamó —¡Esos pastelillos mi esposa tarda demasiado en hacerlos!
Espiando por un agujero el chico esperó a que el sujeto se fuera de ahí, al cabo de unos minutos se largo y pudo salir de su escondite, bajo del tronco y se escabulló por debajo pero antes de salir toco algo extraño, era una corteza pero redonda, muy redonda, era extraño eso.
Confundido pico la misma levemente, se asustó cuando noto que se movió, esto era raro pues no conocía nada que fuese de madera, salió del tronco con la corteza en las manos, mirándola con cuidado era como si una esfera fuese cubierta por madera pura, se sentía más confundido el ambientalista.
Cuando estaba por ponerla en el suelo, la corteza se movió en sus manos, al hacer esto se ¿Abrió? Y dejó en vista algo mirándolo.
—...¿EH?
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—Mike— dijo Lincoln de nuevo acostado encima de la cinta amarilla —¿No tienen un restaurante de comida rápida en la que tenga que protestar por ahí? Hay gente que necesita trabajar para ganarse el pan.
—Di lo que quieras Loud— replicó Mike— pero esto es más importante que cualquier venta de carne contaminante en el pueblo.
—Ay si tu, como no— comento burlón el chico.
—Grr, ¿Tienes algún problema, leñadocito?— amenazó.
—Hippie.
—¡A ver dímelo en la cara!
—¡Te llamare como a mi me de la gana!— gritó Lincoln.
—¡Se acabo!— replico tirando el letrero a un lado, corrió hacia la cinta amarilla donde estaba Lincoln y levantó los puños —¡En guardia Burócrata!
—¡Tu lo pediste!— respondió Loud preparándose para pelear también.
Ambos chicos se pusieron frente a frente listos para darse hostias de las buenas cuando escucharon un leve ruido a lo lejos, ambos al mismo tiempo se voltearon en esa dirección y sobre todo, ambos se confundieron al ver algo negro levantarse en el cielo.
—¿...?
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Mientras los gemelos Pines seguían recogiendo información (Dipper más que todo) Pato estaba olfateando las ramas de los árboles, siguió un momento por uno de estos hasta que encontró algo en una de las raíces, desenterró con su nariz la tierra de este y saco de ahi un hongo de tono casi negro, lo cogio con la boca y se lo llevo a Mabel que estaba a la par de Dipper.
—¿Que es eso pato?— cogio el hongo —¡Hey Dipper mira! Pato encontró una trufa.
—¿Que? Oh sí, es fantástico— murmuró sin levantar la mirada, estaba sumido en su cuaderno que ignoró que su hermana tenía un alimento de casi mil dólares en sus manos pero bueno, allá él. —Que extraño que no haya rarezas en este bosque, y eso que el año pasado había cosas pasadas de la raya.
Siguieron los gemelos caminando por un sendero mientras buscaba cosas fuera de área cuando Mabel noto a lo lejo que las aves de sus nidos se iban, luego bajó su mirada y vio a unos venados correr por ahí.
—¿Eh?
No eran los únicos, por ahi se veian los búhos o las zariguellas escapar, entre los árboles.
—Eh Dipper— lo llamó ella.
—Un momento Mabel— respondió.
—No Dipper, creo que en serio hay algo raro.— hablo.
Rápidamente Pato sintió algo y salio corriendo de ahí.
—¡Pato oye espera!— gritó la chica.
Cuando Dipper escucho al cerdo de su hermana salir de ahí corriendo, levantó su mirada, en ese momento los Gnomos del bosque huían a toda prisa hacia la dirección contraria, confundido guardar su cuaderno y busco a su hermana que iba tras su cerdo.
—¡Mabel espera!— la alcanzó acercándose.
Ambos gemelos calmaron al cerdo cuando vieron que el cielo se puso oscuro un poco, volteandose vieron a muchas personas correr por ahí.
—¡Corran!— gritó uno de los leñadores saliendo de ahí.
—¡Oye! —grito Dipper levantando la mano —¿Corran de que?
En ese momento se escuchó el sonido de un enjambre, uno de murciélagos, esto era lo que estaba cubriendo el sol, la enorme nube de murciélagos volaban hacia los chicos.
—¡Ahhh!— gritaron al ver esto.
En ese instante alguien paso por ahí corriendo también, era Lincoln, quien vio a los dos niños ahí parados y se detuvo.
Rápidamente tomó a ambos chicos en cada mano y corrió con ellos de ahí.
—¡No se queden parados!— exclamó corriendo.
—¡Espera pato!— grito Mabel.
—¿Quien?— al voltearse vio al cerdito muerto de miedo, como no tenia mas manos libres cogio al mismo y lo puso en su espalda mientras corría.— ¡Sujetense!
Cargando a los niños y al pesado porcino en su espalda, el albino escapaba del enjambre de murciélagos a toda velocidad.
Salto por encima de unos troncos, se metió debajo de unos pinos caídos y cruzó el arroyo, todo lo más rápido que podía, en un momento casi se le cae el cerdo pero lo jalo para que no se resbalara.
Mientras ellos eran llevados por el chico, Dipper miró con atención las cosas que los perseguían y no podía creer lo que era.
—¡Mabel mira!— señaló hacia ellos.
En realidad no eran murciélagos como creyeron, eran Ojocielagos, los reconocieron de inmediato pues habían visto un enjambre en el raroamraggedon.
—¿¡Que esas cosas no se habían ido?!— pregunto Mabel.
—¡Parece que no!
—No importa, son pequeños— comentó ella, pero oh Mabel, que equivocada que estaba.
Pues aunque parecían estar lejos por el tamaño que tenían, era otra cosa, en realidad eran de ese tamaño.
—¡No recuerdo que fueran tan grandes!— grito Dipper al ver el tamaño que tenían.
Los que Ford tenia guardados eran pequeños, tanto que podías meter media docena en una jarra de vidrio, estos en cambio eran enormes, no tan colosales como los del Raroamaggedon, pero si eran gigantes.
Eran como el resto un enorme ojo tan grande como una bola de baloncesto, pero de cuatro alas y no de dos como sus homólogos pequeños, asimismo, parecen tener una corteza que cubría sus ojos por lo que podía parpadear perfectamente; sus alas también tenían leve corteza de madera. ¿Esto podría ser que servían para camuflarse? Quizás, pero no era este el momento de pensar en esa cosas, era el momento de salir de ahí.
Eran cientos, que cientos MILES de esos ojos ciegos los que perseguían a los chicos, Lincoln se metió por donde pudo para perderlos pero eran tal la cantidad que era imposible perderlos.
—¡Agh! ¡¿Que no se cansan esas cosas?!— gritó molesto Loud.
—¡Hacia la izquierda!— apuntó Dipper al chico, este hizo caso y se movió hacia la izquierda en el sendero.
Mabel estaba vigilando hacia atrás para asegurarse de que no los estaba alcanzando, cuando tenía uno de estos ojocielagos cerca, sacó de su bolsillo un spray para el aliento y se lo aplico encima, el animal se quejo mientras caía.
—¡Sabor frutilla!— exclamó la niña.
Lincoln mientras seguía las instrucciones del chico cada vez más cansado.
—¡Espero que tengas un plan!— comento mientras huía.
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—Y ahora dirijan su atención a esto, el hombre búho.
Soos estaba dando un tour de rutina a los turistas, develando una estatua hecha de una manera algo defectuosa de lo que parecía ser un tipo con cabeza de búho.
—¿Es un hombre, un búho?— preguntaba a todos —Nadie lo sabe, lo único que sabemos es que le encanta el maíz quemado.
—¡Ohhhh!— los presentes comenzaron a tomar fotos mientras se sorprendían.
—La leyenda dice que los leñadores de la zona le tenían miedo y respeto, pero no sabemos si es verdad o no.
Cuando termino de decir eso, el grupo de leñadores y ambientalistas pasaron al frente de la cabaña y alrededor de los turistas, estos corrían de pánico por el enjambre, tanto Soos como los demás se quedaron extrañados por esto, pero aprovechó rápidamente para tomar la situacion rara a su ventaja.
—Parece que los mitos fueron ciertos— dijo haciendo que los turistas se rieran.
—Wow, tuvo tiempo para pagarle a esos tipos para correr— comentó Stan mirándolo desde un lado. —¿Como cuanto ganan ahora?— pregunto a Wendy.
—No lo suficiente como para contratar a alguien para que lleve estas cosas—murmuró mientras terminaba de jalar las cosas.
—¡Corran por sus vidas!— gritó otro de los leñadores que paso por ahi.
—Okay amigo, basta con eso— replicó Wendy seria.
De inmediato se escuchó el sonido del enjambre venir hacia ellos, Ford y Stan se voltearon y vieron la nube de ojocielagos en el cielo acercarse, rápidamente corrieron hacia la casa rodante y cerraron las ventanas. En cuanto a Soos y su novia, ellos dos llevaron a los turistas rápidamente hacia adentro de la tienda para evitar que vieran el puño de animales.
—¡Wendy cuidado!— grito Dipper desde atrás.
La pelirroja notó que se puso todo oscuro y para cuando se volteo chocaron contra ella, Lincoln y Wendy salieron rodando por el suelo unos metros mientras que los Gemelos Pines se recuperaban y corrían hacia un vehículo para cubrirse; por otro lado, el albino se sujetó la cabeza y miró a la chica con la que había golpeado, era de su edad; recordó en ese instante que estaba escapando de algo, tomo la mano de Wendy y la llevó a ella detrás de unos troncos que había cerca.
—¡Cuidado!— exclamó Loud ocultándose junto a la chica.
Ambos adolescente bajaron su cabeza para evitar a los ojocielagos quienes al verse confundidos por la desaparición de sus presas comenzaron a moverse en el cielo erráticamente, golpeaban todo lo que podían, árboles, ventanas y la cabaña misma. Dipper y Mabel se asomaron desde el parabrisas para ver a uno de los ojocielagos golpear el susodicho.
—¡Ah!
Asustaron al animal, quien volvió con el enjambre, cuando hizo esto vio a Lincoln y a Wendy allá afuera bajo el ataque de los bichos voladores.
—¡Mabel hay que hacer algo!— decía su hermano.
—¿Pero que?
—No lo se, piensa algo rápido.
Los chicos buscaron entre los compartimientos del vehículo algo que los pudiera ayudar a salvar a los adolescentes. Mientras ellos hacían eso Lincoln levantó levemente la mirada, al ver que los estaban rodeando y picando se quitó el chaleco y lo puso encima de la pelirroja para protegerla.
Mientras ellos eran picados por esas cosas, los gemelos encontraron una lata de aflojador de tornillo, no era mucho pero podían usarlo para tirarlo encima de los ojos voladores.
—¡Mabel pasame esa cubierta!— apuntó Dipper, ella le entregó la susodicha y se prepararon para salir.
En ese instante y antes de abrir la puerta se escucho un ruido seguido de un disparo, los ojocielagos voltearon su atención a esto, mala jugada pues el disparo se convirtió en un enorme destello que los dejó encandilados, era una bengala.
Los ojocielagos se confundieron por el enorme destello, muchos cayeron al suelo y los demás volvieron al bosque; sosteniendo el arma, Ford la guardo y caminó hacia donde estaban los chicos.
—¿Están bien?— pregunto ayudando a Wendy y a Lincoln a ponerse de pie.
Ambos tenían raspones pero Lincoln unos cuantos más porque la había cubierto a ella, fuera de ello no fue la gran cosa, leves raspones.
—¿Que rayos fue eso?— pregunto agitado el albino.
—Quirópteros de un solo ojo— respondió.
—¿Qui, que?— se escuchaba mas confundido.
—Niño, no le hagas tanta mente a eso creeme, estas mejor sin saberlo.— murmuró Stanley.
—... ¿Ok?
Por otro lado Wendy se estaba sacudiendo la camisa, revisando los leves raspones que tenía, Mabel y Dipper se acercaron rápidamente hacia ella para revisar si estaba bien.
—Hey, tranquilos, estoy bien— respondió ella al darle Dipper su gorra.
Mientras Ford revisaba los enormes Ojocielagos, Lincoln estaba tomando su segundo aire, cuando el muchacho levantó la mirada noto más atrás a Mike quien estaba saliendo de un tronco viejo.
—¡TU!— grito señalando. —¡Ustedes y sus tonterías ambientales! ¡Ya me tienes harto!
Corrió y cogió a Mike del cuello listo para darle tremenda Hostia en la cara, el chico claro está trataba de detenerlo pero este más molesto se veía.
—¡¿Como se te ocurre llamar esas cosas, quieres matarnos?!
—¡Yo no lo hice, te lo juro!— se defendió Mike.
—¡Ya callate, te voy a!
Antes de poder hacer algo Stan tomo a Lincoln por la espalda y lo separó a ambos, Ford se puso en medio para evitar que se apañaran.
—Tranquilo chico, no creo que este muchacho sea el responsable de ese ataque... ¿Verdad?
—No no, lo juro, no tengo nada que ver con esto, ni siquiera se de donde salieron esas, esas cosas.— explicó.
—Tsk, tienes suerte Mike de que me están deteniendo o te juro que te daré una paliza.
—Te sugiero que te vayas— hablo Ford a Mike quien salio de ahi rapidamente —Escucha, esas cosas no las trajo tu amigo, pero si seria bueno que me dijeras de donde salieron.
—Vale, —cuando stan lo soltó se sacudió la camisa —vean, estaba en la zona de tala cuando de la nada todo se puso negro, luego salieron corriendo los demás y tuve que huir también.
Mientras Lincoln seguía explicando a Ford y Stan lo sucedido Dipper junto a Mabel estaban mirando los Ojocielagos que estaban noqueados en el suelo, el chico estaba muy asombrado por el tamaño de estos seres, los que tenia su tio en un frasco no se comparaban con los que tenía enfrente.
—Vaya, deben tener el doble, no el triple del tamaño que los de las cuevas de allí.— comentó.
—Y pica mas fuerte.
Wendy estaba cubriendo su brazo con unas vendas mientras se acercaba a los gemelos, traía consigo la chaqueta de Lincoln que tampoco se salvó del ataque.
—Me dajara marcas un buen rato— comento mirando su espalda.
—¿Estas bien? ¿Sientes mareos o algo asi?— preguntaba Mabel.
—Nah, estoy bien, pero mejor ire a que me revisen, no vaya a ser que tengan rabia.— volteando su mirada noto que Dipper seguía inspeccionando el ejemplar noqueado en el suelo —Amigo deja eso, no vaya a ser que te pique también.
—Perdon, es que, nunca había visto uno de este tamaño, me refiero en un hábitat natural. ¿Y tu Wendy?
—Para nada, solo los que hay en las cuevas, ya sabes, los pequeños.
—Hm.
Mientras el chico seguía pensando, sus tíos se acercaron junto al albino para conversar del asunto, Lincoln se agacho para tomar al Ojo Ciego con cuidado mientras lo miraba.
—En serio, ¿Me están diciendo que estas cosas son naturales aquí?
—Oh sí, y no son las únicas— replicó Ford.
Lincoln puso el animal de nuevo en el suelo, Wendy se le acercó y le entregó su chaleco.
—Gracias por lo de alla atras— dijo dándole la prenda.
—No hay porque.
—¿Oye y como te llamas ante todo esto?— preguntó Mabel.
—Lincoln, Lincoln Loud.
—Bueno Lincoln, gracias por salvarnos y a Pato.— dijo levantando al porcino.
Este se rió de lado y acarició la cabeza del cerdo levemente, se puso de nuevo el chaleco y miró hacia los lados un momento, se dio cuenta de algo, y es que este no es su bosque, bueno no del todo.
—¿Y ante todo esto, en dónde estamos?
—En Gravity Falls.— respondió Dipper.
—Chispas, estoy muy lejos de casa, bueno, será caminar de vuelta.— murmuró caminando hacia el bosque de nuevo.
—¿Y de donde vienes?— pregunto de nuevo el castaño.
—De Royal Woods, queda como a una hora de aquí en auto, bueno, gracias por todo, los veré pronto.
Terminado de decir esto Lincoln camino algo cansado hacia el bosque rumbo hacia su casa, mientras se iba perdiendo entre los arboles Stanley se acercó hacia su hermano.
—Si sabía que podía pedir que los fuéramos a dejar a su casa ¿No?
—Yo creo que no Stanley— replicó su hermano.
—Eso pensé.
Mientras ellos volvía a lo suyo, Dipper tomó el cuaderno que traía en su bolsillo, mirándolo con cuidado pensó en algo muy loco, loco pero interesante, Mabel noto una sonrisa leve en la cara de su hermano, algo estaba planeando.
—¿Que tienes en mente Dipper?
—Mabel, creo que ya se donde ir a buscar especies raras— respondió mirando el Ojocielago en el suelo.
—¿Royal Woods?
—Si, iremos a visitar a Royal Woods.
Fin del caso 1.
